ROSA DE DOS AROMAS

Vigésimo Octavo Capítulo

"El Ocaso de Akatsuki"

Itachi encendió el ordenador portátil. La carpeta seguía allí. Intacta. Al igual que los códigos inconclusos.

Naruto permanecía inmóvil, sentado en una silla y apoyado de frente sobre el respaldo de ésta, dejando su desnuda espalda visible.

Kyuubi. Ése era el término y el nombre de la carpeta extraída de los archivos de Akatsuki y también de aquel trazo plasmado en el omóplato derecho de Naruto Uzumaki. El único número que inicialmente Itachi dedujo de la palabra era nueve, debido al número de colas del mitológico animal. Pero eso no bastaba para llenar los ciento veinte espacios faltantes en el sistema operativo de ejecución de la carpeta.

Había algo más. Pero ¿qué?

Itachi se levantó y volvió a indagar en el tatuaje.

—¿Desde cuando tienes eso, Naruto? –quien preguntó fue Sakura, sentada en otra silla junto a él. Y por curioso o peculiar que pareciese, nunca había visto o por lo menos prestado atención al dibujo.

—Desde que tengo memoria, dattebayó…—El chico lucía ya mas calmado. Se pasó una mano por detrás de la nuca—…nunca me di cuenta de que parecía un kyuubi, hasta que Jiraya me lo explicó.

Tal vez puede que haya parecido desapercibido. Más que un tatuaje o un dibujo parecía un lunar difuso.

—¿Te dijo algo más?—Itachi seguía con la vista el contorno.

—Nop…creía que era una marca de nacimiento o algo así. No sé nada más

—Pues no parece una mancha...y…—el Uchiha acalló de inmediato, acercándose más, encontrando una peculiar vertiente en una de las colas del "kyuubi impreso". Un número—… ¿eso es un cuatro?

Lo era, y antecedido a éste, había otro. Un ocho. Luego un cinco. Y había más.

—Sakura-chan, tráeme la lupa que dejé en el buró –pidió Itachi, sin despegar el dedo índice del tatuaje, como alguien que no quiere saltarse un renglón en alguna lectura.

La joven le alcanzó el objeto y bajo el lente amplificador, Itachi descubrió una secuencia de algoritmos alineadas cuidadosamente a lo largo y ancho del área del Kyuubi. De hecho, el propio tatuaje estaba hecho a base de números. Todos puestos sin orden aparentemente visible o al menos deducible para cualquier ojo inexperto.

—Cinco…nueve…dos…—Itachi releía los códigos para él mismo, tratando de encontrar alguna secuencia lógica.—…esto está ordenado…aleatoriamente…

—Dattebayó…me siento como animal de zoológico ¿Es tan necesario que me esculquen la manchita esa?...ya me dio frío… ¿puedo ir al baño?

—Naruto, cállate –quien apremió fue Sakura, mientras sus dedos se movían sobre el teclado del ordenador. Se dirigió a Itachi con un dejo de mustia duda en su semblante—Los números no encajan, faltan espacios Itachi-chan…

Éste alzó la mirada, sin enfocar a nadie en particular a nadie en particular. Concentrado en un foco interior, sopesando las combinaciones y el sistema impreso tal cual en la forma del Kyuubi.

Todo adquiría un ritmo. Claro. Conciso…¡Obvio!

—….no faltan números…—exhaló él—…es un código. ¿Cuáles eran los últimos tres?

—Ocho…cinco y dos.

Itachi arqueó una ceja. Una baja sorpresa, permisible en el tono de su voz.

—La clave de la aseguradora Akimishi…

Sakura prestó atención a la siguiente combinación. La última tecleada en los espacios contiguos.

—Siete, cuatro, uno…

—Nara…—Itachi volvió a concentrarse en las otras plasmadas en la temblorosa piel de Naruto—…Los Sabaku…hasta los Hyuuga…—y entonces descubrió el patrón oculto en el dibujo—…una espiral. Todo esto va en una espiral y el inicio es…—tragó duramente y sintió que la presión y el ritmo cardiaco afloraba en un compás más acelerado—…el inicio es…Uchiha Ad Worx.

Un detonante. Kyuubi era un detonante.

Números aleatorios…cables y mecanismos, que se suponía que era lo que Itachi y Kisame habían estado acarreando en paquetes…y la propia carpeta accedía con números.

Detonante…y las claves eran los códigos de las principales empresas del compendio de la Franja de los Reinos…las claves que yo ayudé a conseguir…y esta accionando ya en cada una…Kami…no puede ser…

La joven de cabellos rosas alzó la mirada hacia su pareja, pudiendo ver un rictus de aseverada tensión en sus negros orbes.

—¿Itachi-chan?

—Kyuubi…lo que planea Pein…es una bomba…

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—Sasuke-san…—Suigetsu le miraba con extrañeza cuando abrió la puerta del desgastado cuartucho en el que habitaba. Lógicamente asistir a la escuela no fue parte de sus planes el día de hoy…y recibir aquella visita por parte de Sasuke Uchiha, tampoco.—¿Qué ocurre ahora?

Sasuke no aprestó ni al menor movimiento ni gesto de saludo. Entró, seguido de un sujeto de edad adulta. Las facciones eran un tanto similares, cabello negro y ojos de penumbra. La expresión del semblante de Sasuke no le agradó en nada.

—Trae el maldito auto…tenemos cosas que hacer.

Suigetsu seguía estúpidamente de pie, mirándolo como si fuese una alucinación.

—¿Qué? —se dirigió a Sasuke y luego al extraño—¿y éste?

—Mi primo…—Sin esperar ni un ápice de cordialidad, Sasuke tomó a Suigetsu del cuello de la camiseta, halándolo hacia la puerta—Ahora muévete, no tengo tu tiempo.

— Eh…esta bien, jefe…—éste se despojó del agarre—ya voy pero no hay necesidad de ser tan brusco—pasó de largo del "primo" de Sasuke, sin siquiera verle a la cara y a punto estuvo de salir hacia la calle en busca del dichoso vehículo, cuando se detuvo volviendo a mirar a su supuesto compañero— ¿qué se supone que haremos a esta hora? Por lo menos quiero saber porqué tanta urgencia, jefe.

Tras haber pasado una noche tratando de conciliar siquiera un poco de descanso usando de catre una de las sillas de aquel muladar llamado "La Nube Roja" y el resto de la mañana escuchando la fraguada estrategia de Obito, el rostro y ánimos de Sasuke Uchiha hondeaba ahora entre el arrebato de revancha ante el profanador de su destino, el culpable de su infortunio…su propio hermano. Y aunque la idea la había estado repasando desde la supuesta ayuda de Obito, sentía que parte de su ser ya había asimilado inclusive hasta la resolución de todo aquello.

Pagar era lo que obligaría a hacer a Itachi. Al cuerno con la jerarquía existente entre hermanos, al diablo con las malditas normas de respeto familiar…a la mierda con todo.

Pagar no era una opción. Habían enlodado el orgullo de Sasuke Uchiha y eso…eso exigía un precio.

—Sabes dónde se encuentra, ¿verdad? –Sasuke espetó un hierático contacto visual hacia Suigetsu.

Éste se encogió de hombros, sin entenderle al inicio.

—Itachi.

—¿Tu hermano?...—el joven de cabello blanco platinado comentó con duda. El gesto reflejado en Sasuke le dio la silenciosa y afirmativa respuesta—…sé que vive en uno de esos apartamentos del este, pero ¿para qué le buscas?

—…sólo vamos a ajustar cuentas. De una vez por todas —y en mucho tiempo, esta era la primer sonrisa auténtica que aparecía en los labios de Sasuke. Una mueca congelada e insensible.

Desagradable y tan negra como las profundidades del infierno.

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—¿Que? —Naruto parecía haber escuchado aquel último diálogo como si fuese proferido en otra lengua.

—…las claves. Todas las claves son un acceso en secuencia para un dispositivo explosivo. Una bomba activada en los sistemas operativos de Konoha—Itachi trató de explicarlo lo más abstracto y entendible posible. Dirigió a Naruto una expresión de interrogación meditabunda—¿Dijiste que hirieron a Jiraya? ¿Quién fue, Naruto?

El muchacho rubio se removió en la silla, volviendo a ponerse su camisa e irguiendo el rostro, todavía con un leve atisbo de congoja.

—Un tipejo de cabello medio rojizo o medio naranja…—Naruto bajó la mirada hacia el suelo, como si éste pudiese brindarle una visión clara de sus recuerdos—…tenía unos aretes en la nariz y estaba acompañado de una mujer de pelo azul. Cuando llegué al apartamento oí un disparo, encontré a Jiraya oji-san en el suelo y esos bastardos salieron huyendo como ratas por uno de los pasillos de emergencia. —se pasó una mano por la sien—. Creí que habían herido al viejo, pero resulta que el disparo fue hacia ellos…a él sólo lo golpearon. —Naruto hizo una pausa casi forzada—…es Anko-san quien me preocupa. Estaba con él…¡y ese maldito bastardo de pelos naranjas la dejó casi inconsciente!

—…Pein —Itachi murmuró y su voz apenas y se escuchó. Volvió de nuevo su atención a Naruto—…¿Cómo supiste de Akatsuki?

—Yo…me había enfrentado a uno de esos tipejos. Hace tres dias, trataron de hacerle algo a Hinata-chan. Y el tipo había dicho algo respecto a la alianza de los Uchihas con no sé que diantres…y…supe que podía tratarse de ti

Ahora también los Hyuuga saldrían afectados…y Pein tratando un atentado contra un fiscal…la maldita bomba…el kyuubi…

Las piezas habían embonado por completo.

—Rayos…—Itachi se irguió, dirigiéndose directamente hacia la alcoba.

Sakura, quien hacía un instante se había mudado de ropa por algo un poco más "visible", permanecía en un inquietante silencio desde la silla delante del ordenador. Escuchó el ruido proveniente de la habitación y miró a Itachi salir de ésta, enfundado en unos desgastados jeans, una camisa grisácea y en el hombro, aquella gabardina negra que solía utilizar en sus trabajos auspiciados por Akatsuki.

Naruto también se había puesto de pie.

—Tengo que volver a casa, se lo prometí a Jiraya…y a Hinata—Dijo y al igual que Sakura, contempló extrañado a Itachi mientras éste tomaba el dispositivo usb y las llaves del auto.—¿qué piensas hacer?

—El interruptor de esa cosa está en un solo lugar, y sé donde exactamente. Llévate a Sakura contigo y yo…

—¡No!

La respuesta corta pero audible había sido expresada por la joven de cabellos rosáceos. Su vista estaba clavada en Itachi Uchiha: su compañero, su pareja…el dador de aquella semilla que crecía en su vientre.

—Sakura, de ninguna manera voy a exponerte a un riesgo. En tu estado…—Haciendo un acopio por hablar y sin que la preocupación aflorara de nuevo en su semblante como lo amenazaba a hacer desde que descubrió el hilo negro sembrado en Akatsuki—…no quiero que …

—Itachi, yo voy contigo.

—No. –cortó él, a punto de salir del apartamento—. Ésto es asunto mío.

A sólo un par de pasos de cruzar el umbral, sintió las frágiles manos de Sakura asirle entre los brazos, abrazándole por detrás y aferrándose a su espalda con el trémulo y apremiante contacto de una inmensa necesidad.

—Es tanto asunto mío como tuyo, Itachi —no lloraba, su voz no se había alzado de nivel. Pero el agarre de sus manos justificó todo lo que sus palabras expresaban—. Iré contigo. Allá o hasta el maldito fin del mundo si es necesario. No me importa. No voy a dejarte.

Se dio la vuelta, tomando las manos de la joven y habló muy en serio, mirándole a la cara, pensando –sabiendo- que tal vez jamás volvería a hablarle tan enserio (o con tanta sinceridad) a alguien más.

—No, Sakura, me importas demasiado y no quiero perderte también

—¿Cómo ocurrió con Shisui?...¿con todos los que importaron en tu vida?—no se sentía histérica, sino simplemente preocupada, pero su voz se estaba levantando de una manera que a ella no le gustaba y que no había pretendido. Clara e irrebatible. Defender lo defendible, la razón por la que estaba y estaría con él—...¡Soy tu pareja y no voy a quedarme aquí y esperar a que el mundo de derrumbe a mis pies! ¡Ya no! ¡Tus problemas también eran mis problemas, ¿recuerdas?!…si tu caes, yo también…—le miró con expresión suplicante y el rigor de su seguridad flaqueó haciéndole hundir el rostro en el cuello de Itachi—…porque te amo.

Itachi le apartó un mechón de pelo de la frente, rozando suavemente ésta con dos dedos.

—Necia –murmuró mientras le abrazaba. Asintió con una distante y forzada media sonrisa—…y yo debo de estar completamente loco.

Escuchó pasos detrás suyo, miró de reojo, encontrando a Naruto ahora justo al pie de las escaleras. La mirada entre ambos se cruzó.

—Yo me voy –dijo sin más. Y un rictus severo se enmarcó en el rostro de Naruto, específicamente dirigido a Itachi, gesto acompañado de un brillo de solvente confianza en sus azules ojos—eh, Itachi…más te vale que la cuides. Si algo le pasa a Sakura-chan, ahora sí seré capaz de matarte. Dattebayó.

La respuesta fue un vago "Hmp" por parte del Uchiha.

Naruto salió trastabillando escandalosamente en las escaleras. Dejando a Itachi y a Sakura aun en el alféizar de la puerta.

Ocho en punto de la noche y el tiempo seguía su marcha sin parar.

Huir. No, no era esa la respuesta ni la siguiente fase del plan. La única salida era, anteponerse a lo que pudiese venirse en adelante. Salir e ir en dirección al punto clave de la estrategia de Pein.

¿Y el apartamento? ¿Y el equipaje? ¿Y después?

Las trivialidades así carecían ahora de importancia. Itachi ya pensaría en algo después.

Bajaron, teniendo únicamente las llaves del auto, el disco portátil con kyuubi en su interior y el corazón en un hilo. Al encender el celular, Itachi advirtió un mensaje de texto por encima de todo el listado de llamadas perdidas y mensajes de voz.

"Te tenemos, Uchiha. "

No lo mostró a Sakura. Se lo dijo y aun a pesar de éste aviso la determinación de ambos no decayó. Ni siquiera en el instante en que Itachi se detuvo delante del vehículo.

Estando a minutos de encenderlo, Itachi sintió el aliento congelarse en sus pulmones, al percibir el cañón del arma de mano y la gravedad de la voz de Kisame Hoshigaki, detrás de él.

—Hola, chico listo…

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—¡Maldita sea! ¡No pudo haberse desaparecido así como así! –Kakuzu golpeó frustradamente el tablero del discreto e ilegal Ford que conducía. –¡Que me lleve el diablo!

Arrojó el móvil hacia la guantera. El copiloto, un displicente Hidan, sólo se limitó a chasquear la lengua y negar con la cabeza.

—¿Así que ahora seguimos a dos?—dijo, echando ambos brazos detrás de la nuca—Vaya manera de pasar la noche. ¡Esto es un jodido sacrilegio!

—No empieces con tu estúpida religión. –el conductor pisó a fondo el acelerador. Dio un respingo ante la dureza del volante—. Bien, si no se puede en un lado se puede en otro. Nadie se va a cargar todo el dinero sin que sea yo el que lo haga.

Kakuzu viró hacia la avenida contigua, después de haber llegado en vano a la jefatura de policía sin encontrar ni pista de su supuesto agente encubierto.
Hoshigaki parecía que también había movido una de las piezas en el tablero de Akatsuki a su conveniencia. Pein se había reportado con la novedad de que la maldita policía –la de verdad, nada de farsantes que trabajaban para la nube roja— le pisaba los talones de cerca. Le habían disparado y el roce de la bala en el hombro le impedía haberse dirigido al tiempo deseado a la guarida B. Deidara seguía la pista del joven rubio, en el cual según el ufano Obito, estaba el resto de las claves. Zetsu, a la expectativa de todo esto, desde el estratégico punto de vigía de la guarida A. La quema de evidencias también era importante.

Akatsuki se estaba moviendo, los planes se adelantaron, se perdió a un elemento si bien no importante por lo menos necesario, y dos malditos miembros parecían haberse dado a la fuga por sus malditos motivos personales: el genio de las empresas Uchiha y el elemento del largo brazo de la ley.

¡Carajo…no se puede tener tan mala suerte!, mascullaba Kakuzu mentalmente. Diecisiete años cargados al caño. ¡No, de ninguna manera!

—¡Cabrón, nos mataremos a como sigas conduciendo así!–Hidan sacó el cinturón de seguridad con un pulso intempestivo, casi arrancándolo—¿A dónde rayos nos dirigimos?

Kakuzu volvió a tomar el teléfono, releyendo el último mensaje de texto enviado por Obito.

—Uno de esos apartamentillos baratos de las afueras –respondió sin mirar a su compañero—En cuanto le apañemos, le volaré la tapa de los sesos a esa maldita comadreja. ¡Nadie se mete con MI dinero!

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El puño de Itachi se dirigió con certero pulso hacia la mano armada de Kisame. Éste detuvo el golpe y al instante el Uchiha dirigió otro. El arma cayó y afortunadamente no se disparó gracias al seguro debidamente accionado.

Sakura gritó algo desde el interior del auto. Itachi cerró la puerta de éste y apunto estuvo de volver a arremeter contra el supuesto compañero de equipo, en cuanto Kisame le inmovilizó. El impacto contra el auto hizo que éste trastabillara en el momento en que la espalda de Itachi fue a dar contra el costado. Un golpe seco pero más débil de lo que podía esperarse viniendo de Kisame Hoshigaki.

—Vaya que aprendes deprisa, muchachito…

—¡¿Qué rayos quieres tú?! –Itachi se removió del agarre de Kisame, el cual le soltó. La inercia produjo que el Uchiha cayera al suelo de rodillas. Se levantó, encarándole y con un puño en alto—¡Ya sé lo del detonante y si el bastardo de Pein te ha enviado yo…!

Kisame simplemente se echó ambas manos en los bolsillos, luego de levantar el arma y volver a enfundársela en la gabardina.

—Yo también lo sé –dijo llanamente—. Pero eso no significa que me fuera a quedar con los brazos cruzados.

Itachi se tambaleó sobre sus talones, mirándole sin entender.

—Esa cosa se va a accionar a como dé lugar y toda Konoha va a volar hasta la luna para mañana en la mañana.—prosiguió Kisame sin esperar respuesta de su compañero—Kakuzu y Hidan no tardarán en dar con tu paradero también y Pein, si es que no cayó en la emboscada, creo que…

—¿Porqué? –interrumpió Itachi—¿Porqué, Kisame?

Éste se encogió de hombros.

—¿Y porqué no?...de un modo u otro, si no volamos en pedazos, Obito se iba a asegurar de cortar todas las cabezas de la organización después. —Esbozó una sonrisa torcida pero sincera—Y a mi ningún mozalbete remilgado como ese me jode la existencia.

Obito…claro. Arguyó mentalmente Itachi. La pieza faltante, el inicio de la cadena. El asesino de Shisui.

Sin pensarlo demasiado, aspirando al único recurso mental que le impulsaba a confiar al menos en una única y sólida vez en su vida, sus dedos rozaron la portezuela del asiento trasero.

Confiar o no.
Kisame también era un Akatsuki…como él. Y el arma que traía no estaba accionada. De haberlo querido matar ¿no tenía que haber quitado el seguro?

—Muévete…—dijo Itachi a Kisame y abrió la puerta de mala gana. Sakura le dirigió una mirada de duda hacia el supuesto atacante/conocido/y…¿aliado? —Supongo que podemos fiarnos de Kisame—resolvió para ella y de nuevo sitió su atención en Hoshigaki—…pero si esto es una trampa… –Itachi le arrebató el arma a Kisame del bolsillo y lo guardó en el de su propia gabardina—…te mato.

El supuesto teniente Hoshigaki sólo se limitó a una risilla escueta.

—Eres pésimo para imitarme, "comadreja"—gruñó despreocupadamente Kisame desde el asiento de pasajero—¿Por lo menos sabes a dónde ir o darás vueltas en círculos?

Itachi miró de reojo hacia él.

—Es la guarida B…supongo que es…

—El edificio a cuatro kilómetros antes de la Nube Roja.—Completó Kisame—el subterráneo

El vehículo encendió y arrancó a marcha moderada sobre el asfalto de la calle. Comenzó a llover y el sonido de las prominentes gotas que recién caían amortiguaron el sonido del auto que aparcó exactamente en el mismo punto donde había estado antes el Honda GT propiedad de Itachi.

Nadie deparó en él Ford ni en sus pasajeros, ni siquiera cuando uno de ellos emergió del auto como un alma que va rumbo al infierno y abrió fuego en una de los apartamentos.

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—¡Estúpido! –Kakuzu casi dejó caer el arma al suelo. El impacto de la escena no se debió a la violencia con que irrumpieron, sino al error de cálculo de Hidan—¡¿Qué acaso no sabes contar, pedazo de idiota?!

Hidan arrojó su automática con furia.

—¡Hice justamente lo que me pediste!—gritó a voz en cuello—¡Dijiste ve, abre la jodida puerta tres! ¡Ábrela y dispara! ¡¿Y qué fue lo que hice?! ¡Abrí la puta puerta tres y disparé la puta pistola! ¡Es tu maldita culpa, Kakuzu!!

Éste se llevó una mano a la frente, un vano gesto de frustración y coraje en uno sólo.

—¡Ésa es la uno! –señaló furioso hacia la puerta contigua. Luego a la de enfrente y finalmente a la que estaba enseguida de la que Hidan había abierto de una patada—¡Ésa es la dos y la otra la tres! ¡Imbécil cabeza hueca!

—Ya hombre, ni que fuera para tanto…en el tres no hay nadie de todas maneras…—Hidan parecía más responsable de un delito menor que de un homicidio.

Delante de los pies de ambos, sobre un charco de sangre derramada por el impacto de la munición, yacía un sujeto de aproximadamente treinta años, cabello negro y barba espesa. El humo de su cigarro casi apagado proyectaba una esquela difusa en el aire. Kakuzu gruñó exasperado hacia su compañero, tomando de nuevo el teléfono de su bolsillo y apunto estuvo de marcar cuando dos sonidos impidieron el hecho: las reprimendas incesantes de Hidan y el eco de varias voces provenientes de la planta inferior.

—¿Qué haremos ahora, Kakuzu? ¡El maldito hijo de perra no está aquí!

—¡Cállate!...Déjame pensar…—el ruido del exterior se intensificó.—¡Mierda, Pein no contesta!

Hidan fue hacia el corredor que daba a las escaleras.

—¡Carajo! –jadeó echando a correr en dirección contraria, hacia Kakuzu—¡La puta policía!

—¡¿Qué?! —Kakuzu dejó caer el teléfono.—¡Me lleva…! —estuvo a punto de llevarse la mano en busca del mango protector de la automática, cuando vio a Hidan enfundar la suya, a su lado izquierdo—…¡¿…que rayos…?!

—Y te va a llevar. ¡El maldito dia del juicio!—Hidan rió histéricamente.

—¡Baja eso, Hidan!

—¡La redención! ¡El día del Juicio ha llegado! ¡Jashin-sama sólo permite la redención de los puros! ¡Y aunque camine por el Valle de las Sombras…nada me faltará porque la redención de Jashin sama es infinita!

—¡A la mierda con eso! ¡Baja la condenada pistola Hidan!

—¡Manos en alto! —exhalaron tres oficiales amotinados y armados con todo el equipo reglamentario. No era una. Ni dos, sino tres certeras armas de mano situadas en ambos miembros de Akatsuki—¡Arrojen las armas al piso! ¡Ahora!

Pero los gritos y la debida atención de negociación por parte del cuerpo de seguridad distrital, no impidieron el segundo disparo proferido en el interior de aquel edificio.

Puede que tal vez hubiese algo de razón en las letanías histéricas del tipo de pelo blanco; Konoha estaba yéndose directo al infierno.

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—¡Pein! —Obito volvió a gritar, pero la comunicación se había extinguido al otro lado de la línea. No se cortó la llamada, pero oyó al sujeto que respondía al nombre de Pein exhalar un grito. No de agonía, pero si de frustración o sorpresa, y luego, nada.—¡Contesta! ¡Pein!

Algo había pasado e interrumpido el dialogo dejando sólo el hueco del ambiente

—¡¿Qué tanto estamos esperando?!—Sasuke se levantó desde la silla de la modesta sala al cobijo de uno de los sub-habitaciones de La Nube Roja—Mierda, si vas a quedarte allí parado como idiota hablando por teléfono, me largo. Yo puedo encontrar a Itachi por mí cuenta.

El único ojo vivo y movible de Obito se centró en el Uchiha menor y dejó escapar un suspiro de exasperación, mientras apretaba los puños hacia ambos lados del cuerpo se volvió lentamente hacia la ventana manchada de grasa y dejó que su mirada se perdiera al otro lado.

—Paciencia, Sasuke…la venganza es un plato que frío siempre sabe mejor—dijo con voz profunda.

Alzó de nuevo el teléfono, marcando el mismo número. Esta tercera vez, no hubo línea ni comunicación. El aparato al que marcaba aparecía como fuera del área de servicio.

Zetsu, aquel sujeto de discreta vestidura negra, emergió con el sigilo propio de él, detrás del quicio de la puerta.

—Les tendieron una emboscada –dijo sin más, informando directamente hacia Obito.—A Pein, y a Kakuzu. Toda la fuerza de policía y equipos antimotines. Algún "listo" es el responsable de todo. No se sabe aun que ha sido ni de Kisame ni de tu querido primo.

Obito recibió la noticia con una expresión severa e inescrutable.

—Sabía que esos inútiles no servirían para nada. ¿Es que tengo que hacerlo siempre todo yo? —musitó entre dientes. Dirigió una mirada mordaz hacia Zetsu y luego a Sasuke —Bien, es hora de mover los engranes.

Sasuke golpeó con impaciencia el respaldo de la silla.

—¡Ni se te ocurra largarte!. ¡¿Qué hay del resto del plan?!

—Tú quédate aquí…ya será el momento, Sasuke.—el tono de urgencia de Obito se abrió paso a través del impulso iracundo de Sasuke, y a continuación salió sin decir palabra de la habitación.

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El infierno se encontraba, en efecto, a varios metros por debajo de Konoha, en un sistema de búnkeres subterráneos construidos durante las guerras que abatieron al País del Fuego hacia ya años. La cavernosa excavación había sido utilizada en el pasado como almacén pero había caído en el olvido desde hace mucho tiempo y eso provocó que fuese sumiéndose en un estado de penoso abandono, y quedando como un apartado extra y una burda imitación de la oficina verdadera de Pein.

El lugar perfecto para ocultar el acceso informático de Kyuubi. El sitio en el cual se habían inmiscuido hace media hora.

Los dedos de Itachi se paseaban inquietos por el teclado, con la presteza de un analista informático experimentado mientras una mitad de su mente repasaba el orden indicado de las claves y la otra…se debatía en el giro intempestivo de las cosas.

Madara había caído, según la aseveración de Kisame; a manos de Obito. Una más a la lista, y la saña arremetida contra éste llevaba impresa la firma de aquel buitre que aun formaba parte de su rama familiar. El mismo Madara también tenía metidas sus narices en el asunto y tratándose del soberano mentor de Obito, ¿no era lógico que tarde o temprano la "marioneta" demostrase tener mente propia y arrancase sus propios hilos?

El gran patriarca de la empresa más trascendente del País del Fuego junto con Hyuuga Enterprises, había sido reducido a vil mierda…tal y como Kisame aseguraba que ocurriría con el resto de la organización. Kyuubi sería el delimitante entre la destrucción de una nación anteriormente desfalcada monetariamente, para luego "renacerla de las cenizas", claro, teniendo a Obito como el heroico responsable de tal hazaña. Control mundial, monetario y totalitario, a costa de varias almas. Familia, conocidos y el resto de Konoha…y a ella…Porque también se sumaba a la lista.

No estaba seguro, no quería haberla arrastrado hasta allí. Quería que Sakura se quedase a salvo, por el bien de ella y por el del bebé. El bienestar de ambos y las melladuras de lo que se cernía en el horizonte impedían en instantes la concentración de Itachi, a pesar de tenerla cerca y sabiendo que estaría fuera de peligro con él…

No, estando conmigo nunca estaría a salvo…¿Porqué tenía que terminar con alguien como yo?...¿Porqué esto ahora?

No. Había que seguir con el plan. Kyuubi era algo que iba más allá de lo que Itachi tenía pensado y la construcción de alguna estrategia emergente no era precisamente algo que él quisiera usar.

Concéntrate, Itachi…un maldito error y…todo se acabó.

Sólo un número más. Tiempo de inicio del detonante: siete de la mañana.

Y ya eran las diez y media de la noche. Había tiempo, suficiente como para una victoria fortuita…o la firma de un acta de defunción masiva. Debería tomarse el asunto con calma y al mismo tiempo con desesperación. Kisame estaba custodiando el exterior. Aliado, ¿verdad? Podría solventar un poco de tranquilidad por ese lado.

Sakura estaba de pie, mirando hacia la puerta en ratos y en otros hacia él. Sin decir palabra alguna, pero Itachi interpretaba a la perfección el contacto efímero de sus ojos jade; "Confío en ti, mi amor"

¿Y él confiaba en lo mismo? No lo sabía antes y ahora menos. Se sentía más hundido de lo que ya estaba al aceptar el trato con Akatsuki, y le había hundido con él. Sakura iría hasta el fin del mundo por él, e Itachi haría lo mismo, daría su vida si fuese necesario pero ahora…y si ahora…

¡Concéntrate, hombre!

Una cifra. ¿Ocho o tres? ¿Par o non? Vivir o…

…Lo mejor para todos. Sólo por ella…y por mi hijo…

¿Pares o nones?

…nuestro hijo…

Sólo una cifra. ¿Ocho o tres?

Sakura chan…huir…sólo nosotros…Nosotros…tres

Tres. Itachi tecleó el tres, presionó ENTER y…

El sistema comenzó un escaneo totalitario de la carpeta. Se abrió una ventana emergente y apareció una codificación en sistema binario. Los "códecs" de acceso iniciaron una secuencia coordinada y el mapa de Konoha apareció mostrando el desplegado de la ubicación de los mecanismos y su orden de activación, mediante un circulo rojo. Al inicio, el plano parecía un desplegado de luces de navidad.

Poco a poco cada una de éstas comenzó a apagarse, una por una. Sólo quedó la que se ubicaba en el centro de todo esto; Uchiha Ad Worx.

Apágate…sólo apágate, maldita sea.

Y en cinco segundos, también esta se extinguió. El sistema se reactivó, dejando el mapa en blanco totalmente y emergiendo una ventanita con la opción de formatear por completo a Kyuubi. Itachi accedió a la petición y en diez segundos, Kyuubi pasó a ser parte del recuerdo.

Todo había acabado. Diecisiete años de planeación, destruidos en una hora. un ataque que había arrasado con vidas inocentes, aun sin ser activado,.

…lo…hice…Sakura…Shisui…

Suspiró y se dejó caer de lleno sobre el respaldo de la silla. La presión se había bajado y comenzaba a restablecerse en su pulso. El sudor le cubría la frente y tuvo el presentimiento de que se desmayaría de un momento a otro. El contacto cálido de aquellas manos suaves como la seda le devolvieron de nuevo al mundo real.

La tibieza de la fragancia a flor de cerezo que emanaba de los rosados y delicados cabellos de Sakura le inundó en el momento en que ella le abrazó por la espalda. Itachi llevó una de las manos de la joven hacia sus labios, como si el tacto de aquellos pudiesen devolver la vida a su aliento y a sus palabras.

Aspiró la tersura de su piel.

—Todo va a estar bien…Sakura-chan…

Él se levantó, sintiendo que las piernas aun le flaqueaban y se encontró de pie frente a Sakura, contemplando el recóndito brillo de alivio en sus ojos. La joven alargó los brazos hacia él, al cobijo de aquel abrazo tan necesitado.

—Todo va a estar bien…—repitió, con un tono más audible y seguro. Hizo una pausa, mirando de reojo el ordenador aun prendido y el carpeta portátil conectada—…Ahora, tenemos que llevar esto a la jefatura…—señaló hacia el dispositivo usb. Una copia, sin instalar pero completa de los datos que fuesen de Kyuubi y la escasa información de ficha de cada miembro de Akatsuki reposaban en la mitad de la memoria virtual—…hay que entregar esa información. Procesarán a cada Akatsuki y…yo…

Sakura se encogió al escuchar aquellas palabras tensas. Aunque todavía estaba confundida, comprendía lo bastante de aquella guerra demente para poder apreciar lo que Itachi había estado haciendo todo este tiempo.

—También te encerrarán a ti —susurró—Sólo por haberlos ayudado.

—Lo sé –Itachi trató de ocultar la vehemencia de la frase y el temor anticipado de su mirada.—En ése archivo también hay información mía…fui el responsable de las cuentas de Suna.

—Itachi-chan…

La presión de sus brazos no aminoró y el calor de su aliento recorrió el dorso de su cuello. Itachi apremió a sujetarla más fuerte.

—Te necesito…te necesitamos, Itachi. –su voz se perdió en un sollozo ahogado.

—Yo también…pero…

Bajo la incandescencia del momento, la turbulencia del advenedizo futuro, una oleada de ideas inconexas rebatió de nuevo su mente.

Huir…largarse o desaparecer de Konoha…

¿Acaso sonaba tan descabellado?

Huir…Sólo nosotros tres.


NOTAS DE LA AUTORA:

...No hay más que decir salvo...

Preparense.

Realmente....PREPARENSE...