Olaaaa! M abeis echado d menos? Dios, k gilipoyex mas grande.

Aki tamos puntualmente, como siempre. Como sus va? Ay k ver k no m aceis coments! M teneis abandoná ¬¬

Weno, mentira, parece k ya m leen asta los k no juegan a FF XDDD

Sí, m leído una review y m kedao… WTF?! K ilusión, x dios, al final va a resultar k sta mierda s buena (psss… claro k si! =) )

Vale, ya paro k s m va XD nus vemos n 1 semana! Besosssssss!!!


CAPÍTULO XXIX:

-No, lo siento, no lo he visto.

-Seguiré buscando. Gracias igualmente.

Basch suspiró débilmente mientras el seek al que había preguntado se alejaba. Llevaba toda la tarde buscándole y la ansiedad estaba empezando a hacerle mella. No encontrarle en la casucha fue el único aviso que necesitó para saber que había hecho una estupidez. El día empeoraba, y no estaba ni en el campamento ni en sus alrededores. Era algo verdaderamente frustrante. Por muy bien que se sintiera, no estaba en condiciones para irse por ahí solo habiendo estado inconsciente hasta hacía apenas un puñado de horas. No entendía de dónde sacaba aquella energía que le convertía en alguien tan inquieto.

Tenía que encontrarle y explicarse, sabía perfectamente que si no daba con él era porque el pirata no quería ser encontrado. La misma sorpresa de Balthier había sido la suya propia, pero no había podido parar. No había querido. Había sido completamente incapaz de controlarse, y cuando se dio cuenta se quedó abrumado ante la intensidad de sus emociones. Se revolvió el pelo en un vano intento de serenarse y pensar con frialdad. Dónde buscar. Sin duda, conocía aquel terreno mejor que él mismo, que para eso había estado recorriendo Ívalice de confín en confín, así que no sabía por dónde seguir.

Miró el campamento con desinterés, pasando por enésima vez por delante del pequeño establo donde estaban los chocobos de Fona junto al de la acólita, que graznó felizmente al verle. Basch se acercó a darle unas palmadas, observando su propia expresión de abatimiento en las enormes pupilas negras del ave. Empezó a llover.

-Ése no puedo alquilárselo, kupó. No es de los míos, kupó – el guerrero se giró, recibiendo a la joven moguri, que traía consigo uno de aquellos pájaros dorados -. ¡Oh, kupó! Perdón, pensé que era un cliente…

-No importa, Fona.

-Como puedes ver, ya está totalmente recuperado, kupó. No sé porqué tu compañero no se lo llevó.

-¿Q…qué? – Basch parpadeó.

-Sí, kupó. El pirata que trajeron herido hace días – la moguri le miró extrañada mientras revoloteaba dando de comer los chocobos -. Vino a alquilarme uno y me pareció raro que no se llevase el vuestro.

-¿Hace cuánto fue eso? – preguntó con el corazón encogido.

-Pues… - se detuvo, pensativa -… hace ya bastante, la verdad – Basch abrió la puertezuela con brusquedad, haciendo que las aves se sobresaltasen. Tomó el chocobo de la acólita por las riendas y lo sacó del corral -. No debería salir, kupó. Ya sabe que se acercan los restos de una tempestad marina. Hasta ha empezado a llover ya, kupó.

-Tengo que ir a buscarle.

-Lo más seguro es que pronto esté de vuelta – intentó tranquilizarle -, espera un poco más.

-No puedo – declaró, subiéndose hábilmente al asiento una vez hubo cargado todos los bultos -. Pero gracias por todo, Fona – la moguri le observó, extrañada.

-Supongo que no hay de qué, kupó. Ten cuidado y volved pronto, kupó. El tiempo empeora con rapidez en estas costas.

-Lo tendré en cuenta.

.

.

.

Pegó un fuerte tirón de las riendas y espoleó a la criatura abandonando el campamento con presteza. Fue cuando ya estaba lejos cuando cayó en la cuenta de que no sabía hacia dónde dirigirse. Chasqueó la lengua, molesto, deteniéndose en seco. Ya estaba lloviendo con bastante fuerza, pero el terreno no estaba aún embarrado. Se bajó del chocobo y comenzó a examinar palmo a palmo el camino. Aunque Balthier se hubiera desviado, seguramente al principio habría seguido el sendero. Encontró unas huellas relativamente recientes de chocobo, pero la lluvia ya había empezado a hacerlas desaparecer. Montó de nuevo y las siguió por más de una hora, haciendo frente al aguacero que les avasallaba. Continuó hasta que dejó de poder entrever las hendiduras triangulares en la tierra embarrada. Su humor se tornó negro, aumentando la tensión acumulada en su estómago. Notó que, al venir un golpe de viento, el chocobo se puso nervioso, dejando momentáneamente de obedecer sus órdenes. Sus fosas nasales se cerraban y abrían rápidamente, negándose a seguir. Temiendo ser lanzado por los aires, se bajó e intentó calmarlo, pero asombrosamente no podía convencerle de continuar y su nerviosismo pasó a convertirse en un terror atroz. Extrañado, Basch oteó la dirección hacia donde se negaba a proseguir, entendiendo de golpe porqué la pobre criatura estaba en un estado que rozaba la histeria.

A algo más de treinta metros, en medio de un sinfín de plumas doradas desperdigadas, estaba lo que a todas luces parecían ser los restos de un chocobo muerto. El capitán palideció. Tiró del animal con fuerza enfrentando voluntad con voluntad, sin excusas, obligándole a acercarse a un árbol cercano y atándola allí. Echó a correr hacia allí, olvidando toda opción de prudencia.

-¡BALTHIER! – nadie le contestó. Enormes dentelladas habían dejado profundas marcas en los descarnados huesos del animal, del que apenas quedaban unos jirones de carne. Desparramado por el área estaba el inconfundible equipaje del pirata. Provisiones, saco, mantas, cuerdas, municiones... Todo menos él. Basch cayó de rodillas junto al cadáver cuando vio el frasco de ungüento que los moguris de Sálika les dieron. Se obligó a calmarse. No había ropa rota, ni tampoco estaba su fusil, tenía que confiar en que había huido. Si le hubieran… atacado, también le habrían devorado allí, pero no había rastro del pirata. Balthier era inteligente y ágil, le debían haber sorprendido. Tenía que haberse deslizado lejos, aunque hubiera tenido que irse a pie. Estaba vivo. Balthier estaba vivo. Tenía que encontrarle. Estaba en alguna parte, cerca. ¡Tenía que estarlo! Se levantó. Recogió cuanto pudo y lo cargó en las alforjas de su atemorizado chocobo. Montó y se alejó de allí con renovadas esperanzas.

"Si hubieran atacado mi montura y me viese obligado a caminar bajo una tormenta, con arma pero sin más municiones que las que tiene cargada y, a lo sumo, llevaba encima… ¿A dónde iría? Sin alimento. Sin abrigo…". Un bosquecillo, un roquedal, una cueva… No había que ser muy listo, pero aquello era una zona costera en lo que casi todo era terreno llano de matorral bajo… "¿No había acantilados hacia el sur?". Recordaba que no muy lejos de allí había unos desniveles muy grandes, como junto al campamento de cazadores. Instó al chocobo a dar lo mejor de sí en una frenética carrera en aquella dirección. Fue tal la velocidad que le obligó a mantener que llegaron en pocos minutos. Una vez allí, se bajó de su montura y, mientras el ave le seguía, agotada, comenzó a examinar recoveco a recoveco cada grieta y pequeña gruta, llamando con fuerte voz su nombre, olvidando cualquier fiera que pudiera estar por la zona, demasiado cargado de ansiedad para preocuparse por su propia seguridad.

Llevaba ya un buen rato por allí. Se apartó el empapado pelo rubio que se le venía al rostro dándose una pausa. El chocobo se puso a husmear dentro de una grieta estrecha que había inspeccionado hacía nada. Era una hendidura bastante ancha en el inicio que después se estrechaba verticalmente, hundiéndose en las entrañas de la piedra. Intuyó por su disposición que más adentro volvía a ensancharse, pero la noche estaba ya en ciernes y no iba a adentrarse en una casi completa oscuridad a verificarlo. A demás, no iba a buscar refugio para él hasta…

El chocobo graznó, metiendo la cabeza cuanto podía en la hendidura, olisqueando. Basch suspiró y fue a por él, tirando de las riendas, pero el ave no quería moverse.

-¿Qué te pasa ahora? Ahí no hay nad… - sus orbes celestes se abrieron desmesuradamente, creyendo comprender. Le apartó, volviendo a intentar entrever lo que había dentro, pero estaba demasiado oscuro. Llamó, pero no recibió respuesta. Se quedó en silencio, pero no alcanzaba a escuchar signo de vida alguno. No obstante, el chocobo seguía sin querer marcharse, tironeando de su chaleco con el pico, ansioso. Basch tuvo que ponerse de lado para colarse entre las paredes de piedra, hundiéndose en la penumbra. Como había supuesto, dentro el techo se hacía más bajo y la pequeña caverna más ancha. Una vez allí, al habituarse sus sentidos al silencio eterno de la piedra y su profunda oscuridad, entrevió una forma acurrucada al fondo, a apenas un par de metros. Se lanzó hacia ella sin dudarlo, sabiendo sin prueba alguna qué era lo que reposaba en el suelo de piedra. Arrodillado, abrazó aquél cuerpo inerte y helado, musitando su nombre.

-Balthier… Balthier, contéstame. Por favor. – sujetó su rostro, dándole pequeñas palmadas para obligarle a reaccionar. Sentía su piel helada, pero no estaba tiritando -. Por favor, Balthier, háblame – el pirata gimió débilmente, sin parecer consciente. Fuera, el chocobo intentaba inútilmente deslizarse hasta ellos, pero tenía que conformarse con el ancho hueco que le ofrecía refugio de la lluvia.

Basch le tendió de nuevo, yendo a por los fardos que cargaba el ave y volviendo con presteza tras asegurarse de que ésta estaría bien. Aunque lo había empacado todo, las mantas no habían escapado de la intensa lluvia y estaban humedecidas. Se dio cuenta de que estaba llenándolo todo de agua, porque literalmente estaba chorreando. De un rápido gesto se quitó chaqueta y camisa, tirándolas lejos. Se agachó junto a Balthier, palpándole, comprobando que él estaba tanto o más empapado que él, a demás de que su piel era de una frialdad y palidez extremas. La humedad le había calado los huesos y congelado su cuerpo, y por mucho que insistía no respondía a ningún estímulo. Le quitó el peto y la camisa con suavidad, envolviéndole en todas las mantas antes de llevar la ropa de ambos fuera y retorcerla allí para librarla de la mayor cantidad de agua posible, que no fue poca. Después de eso, lo colgó todo de los salientes de roca de dentro, poniéndolas para que se secasen lo más pronto posible. Se dispuso a intentar hacer fuego. Estuvo un buen rato con la tarea, pero su yesca estaba cargada de humedad y fue imposible arrancarle nada que no fuera una tímida columna de humo, por lo que acabó desquiciado.

La situación le resultaba dolorosamente similar a aquella primera noche en que llegaron al bosque de Sálika, solo que esta vez no tenían ni fuego para calentarse, una fuente de calor que ofrecerle. Comenzó a frotar los hombros del pirata, justo tal y como en aquella ocasión.

"Al menos, estamos a cubierto"

Balthier ladeó la cabeza al cabo de varios minutos eternos, entreabriendo los ojos.

-¿Basch…?

-Sí – dijo, inclinándose sobre él en la penumbra, vislumbrando unos ojos vidriosos que le miraban sin ver -. Sí, sí. Soy yo. Estoy aquí – le tomó las manos, sintiéndolas como témpanos de hielo -. Aquí me tienes.

-Tengo… frío.

-Lo sé – respondió con pesar, abrazándole con fuerza para ocultar el dolor que se reflejaba en su rostro -. Lo siento, Balthier… Lo siento.


Vaaaale, se parece mucho a la escena del boske d Salika. Sí, es un calco, k pasa? 0¬¬ algún problema? Donde keriais k lo metiera si no? K no tenia paraguas, joder! XD

Cuidaos!^^