CAPÍTULO 029


Richard alargó su brazo buscando el contacto con Kate. Ella se desentendió de aquel gesto momentáneamente hasta que pudo comprobar los pequeños pucheros con los que Richard intentaba llamar su atención y cedió. Cogió su mano y se acercó a la cama.

- No me gusta que te alejes así cuando sabes que no puedo acercarme por voluntad propia. - se quejó el escritor.

- Es que te vuelves muy pesado cuando te da por un tema.

- Pues este pesado es con el que dentro de unos minutos te vas a casar. Así que piénsalo antes.

- No digas tonterías.

- Entonces tendrás que aguantarme.

- O podrías dejar de tocar ese tema.

- ¿Cómo voy a hacerlo? Estamos hablando de tu padre.

- Por eso. Mi padre. Mi tema.

- No, no. Olvídate de esa fórmula. Tu padre, nuestro tema.

- No voy a ceder.

- Te arrepentirás de que no esté junto a nosotros.

- Ahora mismo no, Rick. Sé que no puedes comprenderme pero al menos necesito que respetes mi decisión.

- Estarán mi madre, Alexis, Ro...

- Y mi padre no.

- Es nuestra boda. Una boda rara pero una boda.

- Rick...

- ¿Quieres que la aplacemos hasta que mañana me quiten las vendas?

- No. Nos casamos ya y punto.

- Qué carácter.

- Con el que vas a tener que vivir el resto de tu vida.

- Menos mal que ya te conocí así. - bromeó sonriendo.


La pequeña ceremonia civil se llevó a cabo en la habitación del hospital para que Richard no sufriese ningún movimiento extraño o más forzado de lo habitual. Indicación médica fundamental hasta quitar su vendaje.

Martha, Alexis y Ro llegaron junto al alcalde. Kate sonrió cuando, oficialmente, les nombraron marido y mujer. Besó a Richard con tanta devoción que todos los allí se presentes se emocionaron al ser conscientes del amor de ambos.


- Aprovechando que tu amigo se acaba de ir... - Martha se acercó hasta su hijo - He de admitir que es un gran partido Richard.

- Madre... - movió su cabeza negando - ¿No cambiarás nunca?

- ¿Mi esencia?

- Olvida lo que te he dicho.

- Te traigo a Ro. - dejó al pequeño en sus brazos - Porque este muchacho solo quiere estar contigo.

- Eso es porque volamos y volamos muy alto, ¿verdad? - rio Richard abrazando a Robert.

- ¡Vío! ¡Vío! - Robert se abrazó a su cuello.

- Te prometo campeón que si mañana todo sale bien estaremos todo el día volando.

- ¿Estás seguro de lo que has prometido? - Kate.

- ¡Claro! Que no vea no significa que no razone cuando hablo. - bromeó.

- Papá... - intervino Alexis apoyando a Kate - Todo el día volando.

- Sí, sí, todo el día volando. ¡Volaremos Ro! Y les demostraremos que podemos volar y volar todo el día. - besó la cabeza de su hijo.

- ¡Pa! ¡Vío! ¡Vío! - lanzó en un tono muy bajito mientras cerraba sus ojitos.

- Creo que este campeón tiene un poco de sueño.

- Y con razón, esta noche no ha dormido nada, por la mañana ha estado gateando por toda la casa. En algún momento tiene que dormir. - Alexis.

- ¿Aún está con cierta ansiedad? - Kate.

- Creo que sí, Katherine. Se despertó a media noche entre sollozos. Imagino que algún recuerdo molesto. - Martha.

- Seguro que cuando estemos de vuelta en casa se quedará más tranquilo. - Richard.

- Es que estar sin ti es complicado. - Martha acarició el hombro de su hijo.

- Una frase cariñosa de mi madre... ¿Le habéis comprobado la temperatura? - rio, contento.

- ¡Richard! - le dio un pequeño golpecito.


Compartieron varias horas, de forma conjunta, debatiendo sobre las mil travesuras de Richard desde pequeño hasta la edad adulta. Rememorando, sobre todo, las más parecidas a las travesuras que ya comenzaba a realizar Robert.

- Será mejor que nos vayamos. Es tarde y tenéis que descansar. - Martha cogió a Robert en brazos.

- Pero mamá... - se quejó Richard.

- Todos tenemos que descansar. - sentenció Martha sin devolverle al pequeño.

- ¿Os lo lleváis? - Richard.

- Sí, mañana vendremos a la hora que nos ha dicho el médico. - Alexis.

- Vaaaleeee. - se rindió poco convencido - ¿Tú también te vas? - apretó la mano de Kate.

- No. Me quedo contigo.

- Tú también tendrías que descansar.

- La decisión está tomada.

- A sus órdenes.


La inspectora acompañó a Martha y a Alexis hasta un taxi y se despidió de su hijo, adormilado, prometiendo que ante cualquier novedad llamaría al momento.

- ¿Eres tú? - preguntó Richard al escuchar la puerta.

- ¿Esperas a alguien más? - sonrió Kate.

- Sé que está deseando seducirme pero primero, soy un recién casado y segundo, estamos en un hospital. Deberá controlarse.

- ¿Te crees un Don Juan, eh? - se sentó en uno de los extremos.

- Pero solo el tuyo.

- Eso me gusta mucho más. - acarició su mejilla.

- Tengo ganas de que llegue mañana y saber definitivamente qué es lo que pasará.

- Tenemos que pensar positivamente.

- Yo no sé si pensar positivamente ayudará o no. Voy a pensar por necesidad. Necesidad de verte, Kate. - le dejó un espacio para que se echase a su lado. Kate se acurrucó contra él.

- Yo también quiero que me veas. - confesó mientras acariciaba su mano con delicadeza.

- Ro está a punto de comenzar a andar solito. Me lo ha dicho Alexis. Hoy dice que lo ha intentado. - la estrechó más fuerte contra él - Y no quiero perderme eso, Kate. Por favor.

Ella no contestó. La angustia recorrió su estómago y antes de dejarse vencer por ella, buscó su cuello y comenzó a repartir pequeños besos.

- Kate... - exhaló Richard.

- Necesitas pensar en otra cosa. - susurró.

- Pero...estábamos hablando... - suspiró ante sus incesantes caricias.

- No te preocupes. Todo saldrá bien. Mañana volverás a ver.

- ¿Lo celebraremos?

- Hmmm...

- ¿Cómo yo quiera?

- Más o menos.

- Esa no es la respuesta que estaba esperando.

- Ya.

- Inspectora, deberías dejarme hacer todo lo que quiera después de estos nefastos días.

- Es que yo también quiero hacer cosas. - mordió su lóbulo y lo succionó.

- O paras...

- ¿O qué? - lo tentó bajando su mano peligrosamente.

- ¡Kate! - frenó su movimiento.

- Hmmm...

- No, no, no. - se movió inquieto.

- ¿De verdad? - rio divertida y encajándose contra él.

- ¡Oh, vamos Kate! - se quejó excitado por sus atenciones - Que sabes lo rápido que reacciono ante ti. Y estas enfermeras entran sin avisar como si estuviesen en su casa.

- Es su trabajo.

- Da igual si es su trabajo o no. El tema es que entran. Y...o paras o no paramos hasta el final. Y cuando digo hasta el final me refiero a...

- Sé a lo que te refieres. - rozó su mandíbula con la punta de su nariz.

- ¡Entonces no juegues más!

- Es muy divertido verte tan nervioso.

- Mañana, cuando salga de aquí, llegará mi turno. Y entonces me suplicarás.

- No lo creo.

- Lo harás. Sobre todo para que vaya mucho más rápido.

- ¡Rick! - lo golpeó.

- Ya estás roja. - acarició su rostro - Son esas cosas las que no me quiero perder nunca más. . - besó su frente y ambos se acoplaron al otro intentando descansar.


El médico traspasó la puerta con cierta rapidez. Aquella mañana las urgencias habían sufrido cierto colapso y estaban limitado de personal.

- Siento haber tardado tanto. - se disculpó y se dispuso a cortar el vendaje - ¿Está listo señor Rodgers?

- Listo. - asintió.

- Le recuerdo que si ha recuperado la visión comenzará a ver muy borroso y que poco a poco lo hará con nitidez. No se asuste.

- Entendido.

- ¿Alguna pregunta?

- ¿Quién está delante de mí?

- Yo... - susurró Kate.

- No hay mejor forma de recuperar la vista entonces. - sonrió.

Richard tensó su mandíbula cuanto la venda se desgarró y la presión entorno a su cabeza fue disminuyendo.

- Ahora los dos parches. - le comunicó el doctor - Primero el derecho y después el izquierdo. - le fue explicando todo el procedimiento para calmar sus nervios.

- Adelante. - entrelazó sus manos con cierta preocupación.


Kate se quedó completamente inmóvil cuando observó a Richard sin vendajes ni parches en sus ojos. Su escritor parpadeó reiteradamente. Miró al frente. Frunció su entrecejo y esbozó una tímida sonrisa al ver la imagen de ella. Se levantó de la silla en la que lo habían ubicado y acortó la distancia con su inspectora favorita.

- Ves... - susurró Kate emocionada.

- Creo que sí. - asintió Richard sonriendo - Te recuerdo perfectamente y sé que esto no es ninguna alucinación. - abrió sus brazos y ella se abalanzó. Lo estrechó como nunca y como siempre lo haría.