Por fin por estos lares.
El suspenso, comienza.
De aquí en más me odiarán por dejarles corto el capitulo.
¿No es genial? ¡Si!
Nos quedamos en:
-Hola querida. –sonrió el hombre.
Mi lengua se trabó y aunque hubiera querido responderle, no hubiera podido.
-Robert, no seas mal educado. –dijo severo.
¿Robert? ¿Daniel tenía razón? "Él volverá" Él volvió, él esta aquí… frente a mi. Mi respiración se corto al rectificar que él estaba en el bosque conmigo.
-Annie, me da gusto volver a verte. –su semblante era calmado pero sus ojos no eran color ocre como antes, sus ojos eran tan rojos como los de Lutor.
-No te quiere. Te lo dije Robert: ella me querrá más a mi. Annie sabe mi nombre. –su tono fue de burla, segundos después su pequeña mano apareció entre mis dedos, haciéndome saltar.- No te asustes, ya nos vamos a casa.
¿A casa? Estaba asustada, alarmada. ¿En qué me había metido?
29. Un visitante en la reserva.
Llevábamos horas preparando la fiesta, todos se movían rápidamente mientras que Michelle y yo permanecíamos a nuestra usual velocidad. Aún no concretaba el hecho de que mi prima estuviere enferma a tal grado. Estado terminal, se le veía ojerosa y poco enérgica, pero no parecía tener lo síntomas que le daban fama a los enfermos del corazón o al menos no estaba muy informada en ese ámbito. Necesitaba ir a sacar información al trasto de la casa de mi padre.
Llevaba viviendo con los Cullen varios días seguidos, mi casa había quedado sola sin mi padre en ella viendo los partidos; en la nevera solo quedaban un par de pescados congelados, ¿quién iría a reabastecer aquella despensa?. Cuánto más me haré este tipo de preguntas.
-Edward…-chilló Alice sonriéndole.
-Me parece perfecto. –contestó mi ángel, segundos después me alejó de la puerta y tomo con ambas manos su piano haciéndolo pasar por la puerta.
-La música alegra el ambiente… -comentó Elizabeth caminando lentamente, a su naturaleza, detrás de Edward.
-¿El ambiente necesitará ser alegrado? –preguntó Emmett asomándose por la puerta.
-Nunca esta de más, sin embargo, no podría decirlo… -había un tono en su voz, algo pasaba, ella no estaba segura. Su frente se arrugo.- Bueno, creo que deberíamos de estar afuera. ¿Esme, Jazz, podrían darles la bienvenida a los invitados en cuanto entren? –estiro la cabeza la duendecilla antes de salir por la puerta.
-Es una gran idea, Jasper y yo podremos nuestra mejor cara. ¿Cierto Jasper? –Esme salió de la cocina y entró a la sala dando rayos verdes por el reflejo de su vestido a las luces que se asomaban del jardín.
-Nosotros daremos la bienvenida a todos. –sonrió condescendientemente.
-Por enésima vez, ¿hay algo en lo que pueda ayudar? –los seguí al dichoso jardín, quería distraerme, dejar de pensar en las enfermedades, en las perdidas, en los posibles problemas futuros…
-No, gracias. -respondieron todos en unísono.
-Bien… -dije refunfuñando. ¿Qué se supone que esperaban que hiciera?
Las mesas eran de un color blanco con centros florales y las luces hacían ver al jardín como un salón para fiestas. Edward me guió junto al piano que se encontraba más cercano a la entrada de los árboles y las personas comenzaron a llegar después de que él empezó a tocar.
-Bella… -mi ángel abrió los ojos y me miró divertido.- ¿Estás lista?
-Lista para qué exactamente. –pregunté un tanto asustada. Arqueé mi cuerpo hacia él admirando el ocre de sus ojos. Su sonrisa me hipnotizo, venía una petición, sabía que debía esperar algo feo.
-Este "baile" es la presentación de nuestro compromiso. –dijo con una sonrisa enorme en el rostro.
-Pero si las invitaciones ya fueron enviadas. A esta hora todo Forks debe estar enterado de nuestro compromiso.
-No oficialmente. –dijo animado.
-No… oficialmente. –bufé.- Esto es lo que significa este "baile" para Alice. La presentación oficial de nuestro compromiso y una fiesta más que organizar.
-Exactamente. –me dio aquella hermosa sonrisa tan suya.- ¿Le he dicho lo hermosa que se ve hoy Bella de Cullen?
-Repetidas veces Edward. –dije apunto de sonrojarme.
En ese preciso momento la pieza que estaba tocando terminó, sus manos detuvieron mi rostro y me acercó a su pecho dulcemente.- Luces hermosa Bella. –sus labios rosaron los míos dejándome, así, absorber su aroma.- Y no soy él único que lo cree. Supongo que la novia causa más atención en vísperas de la boda, ¿no es así?
Me apoye en su pecho; tenía razón, todas las miradas estarían sobre mi a partir de aquella noche. Edward continuo tocando y yo me senté a su lado.
Su cuerpo se contorsiono de risa- Michelle piensa que somos la pareja perfecta… -dijo con voz dulce acercando su rostro de nuevo al mío.
-Tú eres perfecto. –respondí sin pensarlo.
Él depositó un beso en mi mejilla y siguió tocando.- Tú eres mi vida, ahora. Eres cuanto necesita un hombre para ser perfecto. –cerró sus ojos sonriendo.- Deberíamos tocar los tres juntos algún día…
-Los tres: Elizabeth, Michelle y tú. Sería memorable.
-Thomas la conoció tocando; mi amigo es otro desde que conoció a tu prima, Bella. Es más… humano. –tocando a Bach, el jardín de iba llenando de gente.
-Todo es subjetivo y…
Edward achico los ojos.- Una cosa más. -lo miré a los ojos preocupada, él siempre esperaba a que terminará de hablar.- Alice no pudo ver el éxito de la fiesta por que vendrán algunos invitados… inesperados.
Inesperados... Mi mente se desligo de mi cuerpo.- ¿Vendrán los de la reserva? Jacob… -comencé a formular lo que diría cuando llegarán, debía saber que decir, debía tener un guión preparado…
El piano ceso de tocar.- Bella… Me parece que Jacob sigue sin querer ser encontrado.
-Entonces, qué sucede. ¿Él esta bien? –mis preocupaciones emergieron de nuevo.
El rostro de mi ángel se giro y al seguirlo me encontré con Seth, Embry y Leah caminando hacía nosotros. Los invitados los observaban con repudio.
-Quieren hablar a solas contigo, Bella. –estaba nervioso.- Estaré aquí, solo… -noté la frustración en sus ojos.
Lo tome de la barbilla y lo besé rápidamente.- Gracias Edward, te llamaré si es necesario. –dije tratando de tranquilizarlo.
-¡Chicos, felicidades! Nos alegra mucho su compromiso. –Seth me abrazo al llegar frente a nosotros.
-Dilo por ti, Seth –dijo tajante Leah, sus ojos se posaban nerviosos por todas las esquinas del lugar.
-Bueno, la verdad es que no estamos aquí por voluntad propia…
-¡Yo sí!-grito Seth haciéndonos reír a Edward y a mi.
-Seth, si… -lo miró con furia Embry.- Nos han pedido que hablemos contigo en privado.
-¿Dónde? –fu lo más coherente que logré pronunciar. Pensaba en toda una serie de razones que los haya hecho acudir aquel día, pero todas podrían encajar y por cual me quedaba igual que en un inicio.
-Tras los árboles, aquí apesta a chupasangres. Tú apestas, Bella. –gruño Leah.
-Leah, no te lo pido como favor, sino, te advierto que cuides tus modales. Por lo menos en presencia de Bella. –mi ángel respondió a su gruñido.
Lo miré tiernamente, un gruñido sordo me aviso que los quelites se habían adelantado.
-Te amo, Edward. –besé su coronilla, él sonrió y me beso apasionadamente por unos segundos. Su aroma me quedo impregnado, era un detalle para Leah, sin duda alguna.
-También te amo, Bella. Ahora ve antes de que decida ir contigo.
-Alguien que estar por los dos, después de todo es nuestra pre-celebración.
-Cierto… -me sonrió mientras caminaba hacia la entrada de los árboles.
Cuando llegue con los quelites, Seth estaba recostado en un árbol, Embry estaba nervioso dando vueltas en un pequeño circulo y Leah lo miraba desesperada, cuando me acerqué, ella me miro con odio y torció su nariz.
-Díganle por favor, ya me quiero ir de aquí. –dijo con cara de asco.
Nunca había entendido el olor que les parecía tan desagradable a ambos, para mi era exquisito, tanto uno como otro. Aunque Edward, era Edward claro.
-Sam nos pidió que habláramos contigo.- comenzó nervioso Embry.
-Y… qué tienen que decir. –dije después de unos segundos en silencio.
-Por favor, Embry. Eres un idiota. –Seth se acercó a mi.- Bella… -su mirada era nostálgica, triste.- él…
-¿Él, Jacob? ¿Qué dices? ¿a qué te refieres?. –dije acalorada.- ¿Esta bien?
-Sí… Jacob esta bien. –hecho una carcajada.- Sabía que lo seguías queriendo… -rió de nuevo.
El coraje subió por mis mejillas y le asenté un puñetazo en el hombro. Podría haberme dolido más a mi que a él, pero esta vez no había usado tanta fuerza como con Jacob tiempo pasado.
-Deja de jugar, Seth. –ordenó Leah.
-El caso es que Sam a detectado a un hombre lobo que anda rodeando la frontera, no es de la reserva. La verdad no tenemos información sobre él. Pero Sam cree que si no se ha comunicado con nosotros, es… por algo.
-¿A qué se refieren a… "por algo"? –pregunté.
-Creemos que no viene de visita, Bella. Ha habido muertes a los alrededores, tanto humanos como animales; algunos eran de la reserva. –continuó Embry.
Llevé mis manos a la boca. Un hombre lobo… ellos tenían un hombre lobo de su lado.
-Seguramente te preguntarás por qué te lo decimos personalmente a ti. –dijo Seth rompiendo una bara de madera.- La verdad, es que nosotros también. Últimamente Sam ha tenido algunas ideas extrañas… Supongo que son los nervios y el estrés.
-Él… solo esta cansado, Seth. Déjalo tranquilo, ¿ok? –grazno Leah.
-Claro, cansado… -bufó.- Entonces no has sabido de nuestro querido amigo Jacob. –Seth dijo divertido.
Nuestros adversarios estaban armados, tomando en cuenta que no sabíamos cuántos eran concretamente, le sumábamos el tener un hombre lobo. Por esa razón Alice no podía predecirlos… Todo estaba muy bien pensado, debieron conocer a los Cullen desde antes, conocer sus habilidades.
-¿Bella? –Quil se acercó con rostro preocupado.- Estás muy pálida, volvamos con Edward, ¿quieres?
-Uh… tanto así te pone el asunto de Jacob. Le comentaré cuando le veamos. –se burló Seth.
-¿Están en contacto con él? ¿Saben dónde está? ¿Él esta bien? –las preguntas salieron de mi boca.
-Lo único que sabemos es que puede llegar en cualquier momento. –se acercó Seth y bajo la voz.- Esto era secreto…
-¿Seth, estás borracho? Ya verás cuando mamá se enteré. –advirtió Leah.- Ya le han dicho todos los secretos, vámonos.
-Mhm… el ponche esta delicioso, sí. Pero no estoy borracho. –Seth frunció el seño.
-Dejen de pelearse. Hemos cumplido, ahora nos vamos. Fue un gusto verte Bella. –se despidió Quil.
-Sí. ¿No desean quedarse a la fiesta?
-¡Sí!
-Eres un alcohólico, Seth. ¡Vámonos! –gruño Leah.
-Adios, Bella. –me abrazó Seth, dándome su aliento en la nariz, no estaba pasado de copas definitivamente.- Felicidades. Te mantendré al tanto de Jacob…
- Te lo agradecería mucho. –los tres caminaron de nuevo a la fiesta. Seth y Quil se despidieron con un saludo de mano y se perdieron entre la gente.
-Bella… -mi ángel llamó.
-Estoy bien. No comprendo por qué les pidieron que me lo contarán a mi personalmente. –tome su mano y caminamos para ir con la multitud.
-Nosotros tampoco. –la voz de Edward temblaba. ¿Habría escuchado algo mientras hablábamos?
-¿Qué sucede?
Su seño se frunció y por instinto, segundos después, la mano presionaba su tabique nasal.
-Me estas asustado, Edward…
-Esta… bien. Tranquila. –dijo entre dientes
-¿Entonces, qué te sucede? –lo tomé de los brazos.
-Thomas esta histérico. Michelle… se ha ido. –sus palabras sonaron pesadas, arrastradas unas a otras.
-¿Se ha ido? –me uní a la histeria. Sentía como el cuerpo me vencía. Ella no podía irse, no podía morir también. Ella no. No.
¡Espero que les haya gustado!
Reviews –
Para ti, mi nicotina.
Bisses.
(V)ichesica.
I love EdAnMaCu
