18. HACIA LA ISLA.
Sawyer se levantó mareado, esperó un momento a que pasase la sensación, pero no disminuyó, entonces se dio cuenta de que estaba en un barco y de que se movía bastante. Recordó lo último que había hecho, aquella zorra le había pinchado en el cuello. Aún cuando se había dado cuenta de lo que planeaban, se había dejado engañar como un idiota. Ya no tenía remedio, seguro que Kate ya no estaba allí, habían pasado todo el trayecto en silencio, demasiado recluido en sí mismo para decirle todo lo que pasaba por su cabeza, que tenía miedo de quedarse de nuevo atrapado en aquel condenado lugar, que no soportaba el pensamiento de que a ella o a Mary les ocurriese algo, que no quería condenar a sus hijos a crecer sin padres como creció él.
No hubiese podido decirle todas esas cosas, no era apenas capaz de tolerar el hecho de pensar en ellas. Pero querría al menos haberla estrechado en sus brazos antes de separarse. Ya no servía pensar en ello, al menos la vería allá dónde estuviese, sino que se fuesen olvidando de contar con él para llegar a la isla. Saltaría por la borda si hacía falta.
Probó el cierre de la puerta y se abrió sin problemas. Había unos pocos escalones, los subió y salió a cubierta. Era un barco de tamaño medio, casi como una especie de gran yate, por un momento creyó haber despertado en el lugar equivocado. Unos cuantos chicos y chicas en traje de baño o pantalones cortos paseaban por el barco tan despreocupados como si estuviesen en un viaje de placer. Una de las chicas se le acercó en cuanto lo vio.
- Hola, soy Ilse, ¿cómo estás?
No tendría mucho más de veinte años y tenía un ligero acento nórdico, todo su aspecto era nórdico, y sonreía como si en el mundo no existieran las preocupaciones.
- ¿Quién demonios sois vosotros?
- Ya te he dicho, yo soy Ilse, él es Peter, aquella Marga y…
- Corta, me refiero a qué hacéis aquí.
- Ah, te acompañamos a la isla, nos han elegido a nosotros, hemos sido muy afortunados.
Sawyer la miraba sin acabar de dar crédito a lo que oía, le habían metido en un barco con un puñado de poco más que adolescentes que decían estar encantados de ir a la isla. Ahora comprendía el poder de las sectas.
- ¿Y quién está al mando aquí, guapa?
- ¿Al mando? No hay mando, hacemos las cosas de común acuerdo.
- Ya, pero quién os dice a dónde tenéis que ir.
- ¿La ruta? Nos la comunican por radio.
- Por radio, muy bien. Pues yo quiero hablar por la radio.
- Entonces ven conmigo, te llevaré.
Le acompañó hasta la cabina.
- ¿Qué tal, Stieg? ¿Le enseñas como se habla? Hasta luego. ¿Sabes? Yo también pienso que eres guapo.
Ilse se fue y él se quedó con la duda de si realmente podía ser tan estúpida o sólo lo fingía. Stieg le pasó la radio y alguien contestó. Era Hegel.
- ¿Ya está levantado? Muy bien, esto prospera, hoy he hablado con desarrollo, creo que en un par de días estaremos llegando a las cercanías de la isla.
- No sabe lo feliz que me hace. ¿Dónde está Kate?
- Con su hija, también muy feliz. Tiene un encanto de hija.
- Quiero hablar con ella.
- Me habría gustado complacerle pero cuando esta mañana hablé con ella me dijo que por el momento prefería no hacerlo, parecía apenada.
- ¿Cómo de estúpido cree que soy para que piense que me voy a creer esa asquerosa mentira?
- Piense lo que quiera, intentaré convencerla, mientras tanto para que vea que todo va bien puede ver las imágenes que le he mandado hace un rato. Stieg, enséñaselas. Ya hablaremos.
Stieg encendió una pequeña pantalla y entonces las vio, Kate sentada en el suelo y Mary yendo y viniendo por la habitación mostrándole dibujos y muñecas. El dolor le atravesó de parte a parte, parecía que estuviesen en el salón de casa, sin embargo estaban a merced de aquel grupo de chalados que tan felices se sentían de dirigirse a la isla. Y ni siquiera podía hablar con ella, no era posible que ella hubiera dicho eso, pese a todo un pensamiento cruzó su mente, no habían hablado mucho últimamente… Lo rechazó. Una cosa era segura, no pondría el pie en la isla sin antes hablar con ella.
Salio de nuevo a cubierta, aparentemente no había más de cinco personas en el barco, aparte de él, dos chicas y tres chicos de no más de 25 años, y por su aspecto todos parecían suecos o noruegos. Como mínimo era desconcertante, ninguno parecía llevar armas ni tampoco prestarle mucha atención. No era el tipo de gente que esperaba que Hanso mandase a la isla. Hasta el mismo Ben podría acabar él sólo con esos chiquillos para la hora de la merienda.
Vio a Ilse sentada en cubierta con la otra chica, le miraban y cuchicheaban sonrientes entre ellas. La tal Marga se levantó y se acercó a él.
- Hola, soy Marga, ¿podría hacerte una pregunta?
- No.
- Yo sólo…
- ¿No me has oído bien antes? Vete a la mierda y déjame en paz, ¿entiendes?
- ¡Oh! Disculpa.
Volvió a sentarse junto a Ilse, pero uno de los chicos la llamó y se fue. Ilse también se marchó. Los días en el barco se le iban a hacer muy largos. Volvió a la habitación en la que había despertado, en un rincón estaba la bolsa que Kate le había preparado. La abrió, había algo de ropa, comida y también un libro, era La isla del tesoro. Kate…. Llamaron a la puerta, guardó el libro. Era Ilse.
- Te he traído algo de comer.
- No tengo hambre.
- Te lo dejo aquí por si te apetece luego. Siento si ella te ha importunado pero no has sido muy amable con Marga, es una buena persona. Aquí todos sentimos curiosidad… nos han dicho que ya has estado en la isla.
- Sois muy sensibles para estar del lado de la gente que ha secuestrado a mi hija.
Ilse le miró sorprendida.
- ¿De qué estás hablando?
- Vamos ¿crees que me voy a tragar que no sabes nada?
- ¿Quién ha secuestrado a tu hija?
- Tu amado líder o quien demonios sea, Hanso y su amigo Hegel. Volvieron tan loca a Clem como lo debéis estar vosotros.
- ¿Clem? ¿Clementine Philips?
- ¿La conoces?
- Si, bueno, apenas. En realidad, no. Perdona, tengo que irme.
Sawyer la cogió por el brazo.
- ¿De qué conoces a Clem?
- Suéltame, me haces daño.
- Cuéntame lo que sepas de Clem o verás cuanto más te puede doler.
- No sé casi nada de Clem, la conocí esta primavera en una de las reuniones, estábamos en el mismo grupo de estudio, coincidimos un poco.
- ¿Y qué hacíais allí?
- Hablábamos de la isla, algunos escogidos llevamos años preparando el viaje, yo llevo desde los dieciséis años y Marga también pero Clementine era la primera vez que venía. La costó un poco adaptarse porque los demás llevábamos más tiempo, intentamos que se sintiese a gusto, pero ella no es como nosotros.
Eso era una verdad evidente, poco tenía que ver Clem y su profunda tristeza con aquel grupo de sonrientes y luminosos clones rubios.
- ¿Por qué?
- Estaba entusiasmada con la isla, eso estaba claro, incluso presentó un proyecto pero no estaba cómoda entre los demás. Sin embargo estaba muy unida a Sigmund y él la honraba con su compañía. Es un gran hombre ¿le conoces?
- No, no le conozco.
- Es magnífico, un genio que cambiará el mundo, ahora que el mundo necesita más que nunca ser cambiado. Es imposible que él mantenga secuestrada a tu hija, aquí todos estamos libremente, aunque sé lo que piensan algunos. Claro que últimamente parece cansado y delega mucho en Hegel. Nunca me gustó Hegel, busca su propio interés no el bien mayor. Él fue quien localizó a Clem, alardeó mucho de ello en la reunión.
- ¿Y por qué alardeó?
- Porque decía que el padre de Clem había estado en la isla, eso no es decir mucho, mi padre también estuvo en la isla y los abuelos de Marga, pero claro, están muertos, Hegel decía que el padre de Clem estaba vivo.
Sawyer no pudo evitar un gesto de pesar.
- ¿Qué te pasa?
- No me pasa nada.
- Es tu hija, ¿verdad? ¡Eres el padre de Clem! ¡Sí, hay algo en vosotros dos! ¡Pero Clem no está secuestrada! Estaba en Fidji cuando salimos de allí y estaba perfectamente y mucho más feliz que la última vez que la vi.
- ¿La viste en Fidji? ¿Quién más estaba con ella?
- Creo que es mejor que me vaya, yo no entiendo de todo esto, habla con Stieg, él es quien trata con Hegel.
- No te vas a ninguna parte.
- ¡Ilse! ¿Dónde te has metido?
- Tengo que irme.
Se fue y le dejó allí sin saber qué pensar, no tenía dudas sobre que Hanso era un canalla, Hegel sólo era un subordinado, no llevaba la iniciativa, eso era evidente, pero Clem… ¿Qué tenía que ver Clem con la isla? Nunca habían hablado de lo que había ocurrido antes de que él apareciese en la vida de Clem, los tímidos intentos que ella había hecho por preguntar sobre esa época habían sido rechazados de plano por él, nunca creyó que sólo alimentaba el deseo de saber de Clem, él quería protegerla y dejarlo todo atrás. Tal vez si no hubiese tenido secretos con ella habría podido evitar esto. Ahora ya era tarde para lamentarse. Tendría que hacer frente a las consecuencias.
