CAPÍTULO 29
AL LÍMITE DE LA REALIDAD
—Es una locura Peeta. Ella no está bien— era la voz del médico que me despertó pero no abrí los ojos para no delatarme.
—Yo la puedo cuidar en casa, no quiero que se queda aquí— contestó Peeta con clara preocupación en la voz.
—No es tan simple. Ella empeora cada día. Y es posible que su enfermedad le esté afectando su percepción de la realidad— ¿el médico cree que estoy loca?
—¿Qué?— preguntó Peeta asustado.
—Ha estado delirando. Dice que alguien intenta envenenarla.
— No es posible ¡Katniss está bien!— gritó Peeta.
—No puedo darla de alta, lo siento— escuché pasos y el médico salió. La respiración agitada de Peeta me confirmaba que estaba nervioso. La puerta se abrió nuevamente, eran tacones de mujer. Esperaba que fuese Johanna.
—Peeta— susurró Teresa. Volví a sentirme culpable.
—Hola mamá— saludó mi novio.
—Quiero hablar contigo, acompáñame al pasillo—le pidió.
—No quiero dejar a Katniss sola ¿Qué tienes que decirme?
—Es Delly. Dice que Katniss la acusa de haberla envenenado— suspiró mi suegra. Ay maldita Delly, cuando pueda levantarme le voy a retorcer el cuello.
—Pues no le creo a Delly— me defendió Peeta. —No creo ni una palabra que diga. Y no es el momento para esto.
—Peeta, debemos preguntarle a Katniss porque cree que ha sido envenenada. Estuve aquí hace rato ¿Lo recuerdas? La oí. Hijo quizás ella necesite tratamiento— Teresa hablaba como si en verdad no me creyera.
—No necesita un psiquiatra para responder preguntas, Katniss no está loca— ¡Ay no! Querían mandarme con un loquero.
—Hijo entiende mi posición. Katniss evidentemente está enferma pero según los resultados no padece ninguna enfermedad, se ha descartado todo.
—Pues le preguntaré cuando despierte si lo que dijo Delly es cierto. Yo lo dudo. Pero aquí no se queda— se oía ofuscado, Peeta casi nunca se molestaba.
—Se está deteriorando más cada día, no creo que sea prudente que te la lleves— suspiró Teresa.
Estaba tan cansada que a pesar de la tristeza que sentí ante esa conversación, me quedé dormida. Me despertó un insistente pitillo, creí que era alguna de las máquinas a las que estaba conectada, pero no, mi celular sonaba de manera fastidiosa. Me estiré para alcanzarlo. Estaba sola.
—Señorita Everdeen— era la voz de Séneca Crane, se oía muy lejano, como si estuviese a mil kilómetros de distancia.
—Crane ¿Por qué no me ha llamado antes?— pregunté furiosa con el investigador que hacía días no se comunicaba conmigo.
—Lo lamento señorita, salí del país, estoy en Haiti, siguiendo una pista de Cato, el sujeto que me trajo a investigar— no entendía de lo que me hablaba, si me había dicho antes que Cato era canadiense.
— ¿Cato está en Haiti?— pregunté aliviada por tener al demente ese tan lejos.
—No. Es su esposa la que vivía aquí.
—¿Pero eso que tiene que ver con que Cato trate de matarme?— otra vez el miedo regresó. Ese loco podía estar aquí en el hospital y Crane paseando en Haiti.
—Es complicado, sólo puedo decirle que averigüé que Cato mató a su esposa hace menos de un mes y está prófugo. Voy a pedir la orden de captura aquí, para que las autoridades de Atlanta le nieguen la estadía. ¿Cómo está usted?— preguntó, algo insólito en él.
—Estoy hospitalizada— le contesté secamente.
—Estaré allí pronto señorita, no tardaré, tenía que decirle algo más importante…— su voz se hizo más lejana, apenas podía oírlo.
— ¿Qué? ¿Crane?— grité, dentro de lo que las fuerzas me permitían.
—… no estoy seguro… debo probarlo… si es así…— apenas pude descifras algunas palabras antes que la comunicación se cortara pero no entendí lo que trataba de decirme de modo tan vehemente.
Será cuando regrese que me diga lo que era tan importante. Ahora necesitaba ver a alguien que sabía que podría serme de gran ayuda. Llamé por el timbre a la enfermera. A los segundos abrieron la puerta, era Peeta.
— ¿Amor te pasa algo?— parecía tan preocupado, debía verme peor que ayer. Y no sabía qué hacer para mejorar.
—Sé que te puede parecer una locura y que tal vez no te agrade lo que voy a pedirte— le advertí.
—Lo que necesites, sólo dime— se acercó a mí.
—Necesito hablar con Finnick— se me había ocurrido algo y sólo mi amigo podía ayudarme.
— ¿Odair?— hizo un gesto de afirmación lo cual demostraba que no le agradaba mi pedido pero no se quejó.
"Ay amor, no es lo que tú crees, yo sólo quiero probar que Delly tiene conexión con Cato" pensé. Pero no se lo dije, ya era suficiente con que Teresa creyera que necesito un psiquiatra.
—Iré a traerlo. ¿Te sientes mejor?— preguntó acariciando mis mejillas.
—Sí, me siento mejor ¿Nos iremos pronto a casa?
—En cuanto te den de alta te llevaré conmigo. Voy por Odair, no tardo— sonrió tristemente.
"Ay mi pobre amor, con lo celocillo que es. No creas que necesito ver a Finnick porque lo extraño… es sólo para desenmascarar a Delly, sólo eso"
Dormí, o al menos lo intenté varias veces. Extrañamente la garganta me volvió a fastidiar. Llamé a una enfermera para que me diera algo para el dolor. Pero no hizo efecto, parecía que me hubiese tragado una piedra. Casi no podía respirar, el aire apenas pasaba. Tragar mi propia saliva me costaba tanto y dolía como si hubiera una gran herida abierta. No quería llamar al médico, tenía miedo que me envíe a un loquero. Tal vez pensaban que mi enfermedad era mental. ¿Cómo podía imaginar tales dolores? Lo que tenía era tan real como yo.
Escuché la puerta abrirse, salté del susto. Afortunadamente era Peeta y detrás de él Finnick. Les sonreí pero ninguno me devolvió la sonrisa. ¿Tan mal me vería?
—Regreso, preciosa— Peeta depositó un suave beso en mi cabeza y salió.
Usualmente Finnick era muy alegre pero ahora se veía asustado.
—Es de buena educación saludar— lo reprendí.
—Ah. Hola Katniss— pero allí no había una sonrisa.
— ¿Tan mal estoy?— pregunté. Él pareció recordar algo y sonrió.
—No, no, cómo crees. Es sólo que jamás pensé que Mellark vendría a mi trabajo a rogarme algo, todavía estoy en shock— soltó una carcajada fingida.
Tal vez sea mejor que me quede aquí y no regrese con Peeta a su apartamento, si volvía a necesitar a Finnick, no quería obligar a mi amor a ir por él y llevarlo a casa. Sé lo que le costaba.
—Finnick necesito un favor enorme— él pareció bastante interesado. —Quiero el celular, la agenda personal o el diario de Delly. Lo que me puedas conseguir— pedí.
— ¿Delly? ¿La loca psicópata? Ya no salimos ni a la esquina, no me llama, no me ha vuelto a buscar y yo doy gracias a dios por eso— dijo algo aliviado.
—Estoy segura que quiere matarme— le confesé.
— ¿En serio? ¿Estás bien Katniss?— otro que no me creía. ¿Qué pensaba? ¿Qué estoy loca?
—Te lo voy a explicar para que entiendas ¿Si? Siéntate— pedí. Tomé aire, lo cual dolió como si tuviese una roca atracada en mi garganta. —Gale, mi ex esposo falleció. Pero antes de morir me dijo que dos rubias habían contratado a Cato un antiguo conserje, para que acabara conmigo. Una de las rubias es Glimmer, la mujer que golpeé cuando me rescataste ¿Recuerdas? Y la otra, estoy segura que es Delly— le solté. Él no dijo nada. — ¿Me entendiste?— pregunté ante su falta de respuesta.
—Claro, no soy retrasado mental. Sé que Delly es capaz de mandar matar al Papa si se interpusiera en su camino, lo supe el día que fui a casa de los Mellark— seguía pensativo.
— ¿Que pasó allá? Nosotros nos fuimos tan rápido— todavía podía recordar ese desayuno desastroso.
—Hizo un berrinche de dimensiones colosales. Me acusó de ser tu amigo, de estar de tu parte, de no ayudarla en nada. Prácticamente me echó de la casa de los Mellark. Pero… ella juró que pronto iba a hacer algo, no le entendí bien, tal vez sea lo que dices— me aseguró.
— ¿Lo ves? Ella está detrás de esto— casi me echo a llorar.
—Calma Katniss, te voy a ayudar, calma— me abrazó o al menos intentó hacerlo.
—Finnick, necesito que consigas algo que lo pruebe, sé que ella conoce a Cato o a Glimmer de alguna parte. Contraté un investigador pero el muy tonto está fuera del país investigando una pista que no tiene nada que ver con lo que pasa acá— me quejé.
—Bien. Veré que hago, si la busco, la llamo, le invento que me muero sin ella… o simplemente trepo a su habitación como lo hice una vez hace años—sonrió.
—Gracias, en verdad te lo agradezco, no sé a quién más recurrir, Teresa cree que estoy loca por decirle a Delly que sospechaba que me envenenó— confesé.
—No te enfrentes a Delly, te va a ganar. Yo aprendí con ella que lo mejor es darle por su lado y dejarla que ella misma me bote, a negarme a salir y arriesgarme a sus locuras. Si le dijiste eso Katniss, niégalo. La posibilidad de que ella te esté envenenando es remota, sobre todo si no la frecuentas. Van a creer que lo inventas o…— se interrumpió.
— ¿O qué?— pedí que terminara de hablar.
—Que tu enfermedad te está volviendo loca. Estás muy desmejorada, tanto que asustas, no te lo tomes a mal. Lo digo porque estoy seguro que Mellark te dice que te ves bien y no es cierto— casi me echo a llorar pero me contuve. Es cierto, Peeta siempre me decía que me veo bien. ¿Asustaba? ¿Tan mal me veía?
—Lo sé, será mejor que me quede en el hospital ¿Verdad?
— ¿Qué es lo que tienes?
—Nadie lo sabe, según los análisis no tengo nada. Gale murió también de una infección que no pudieron curar. No sé lo que tengo Finnick, por eso pensé que me estaban envenenado— una lágrima se me escapó.
— ¿No sería posible que fuese Mellark?— preguntó.
— ¡Peeta no me haría algo así!— grité.
—No intencionalmente. Qué tal si Delly puso el veneno en donde ustedes viven— era una posibilidad. Pero no me lo podía creer.
—Peeta también estaría igual, comemos lo mismo, bebemos lo mismo pero sólo yo estoy enferma— me quejé.
—Muy extraño. No me huele bien, voy a traerte lo que pides, así tenga que robarlo, volveré pronto— aseguró.
Me despedí de él aún perturbada. Debía saber más de Delly, de sus amistades. Mientras Crane volvía para seguir investigando.
Traté de aclararme la garganta, sentí como si una fuerza extraña me cerrara el paso del aire. Algo me impedía respirar, me desesperé y caí de la cama trayendo conmigo uno de los aparatos a los que estaba conectada.
Se me nublaba la visión, poco a poco iba perdiendo la conciencia otra vez. "Katniss" "Katniss" escuché gemir a Peeta, ya no podía quedarme con él, ya no tenía fuerza para seguir luchando. Me iban a arrancar de Peeta, de su amor, de su vida.
"Todo se puede destruir, todo. Una persona, una vida, un amor, nada es para siempre, nada hay demasiado fuerte que no se pueda echar abajo" me había dicho esta mañana Delly.
Tal vez era cierto. Quizás no tenía más alternativa que dejarme ir.
¿Qué le pasará a Katniss? ¿Podrá seguir luchando para quedarse al lado de Peeta?
Gracias por leer.
PATITO
