29 – Una escena dulce

Dulce: que causa cierta sensación suave y agradable.

Mary, John y Sherlock regresan exhaustos de la resolución de un misterio. Tres días y tres noches corriendo detrás de una banda de criminales que utilizaba una peluquería como tapadera, pero al final han atrapado a Carmen Sandiego, la más escurridiza del grupo, y se han asegurado de que el inspector Lestrade la encerrara entre rejas.

A Elizabeth le habría encantado acompañarles, pero era un caso demasiado peligroso, decían, así que se ha pasado las mañanas con Archie y su hermanita Stephanie, jugando a piratas y a detectives en el parque; las tardes con la señora Hudson, dibujando gatitos y elaborando galletitas de chocolate; las noches con tía Harry y tía Kumiko, probando y posando como modelo para la nueva colección de kigurumis.

Al tercer día escribe una entrada en su blog:

La capitán pirata Stephanie me ha rescatado de nuestro Archie enemigo y lo celebramos con dulces de la señora Hudson. Harry y Kumiko se han ido a París. Stephanie se queda a dormir a Baker Street.

Cuando las chiquillas suben, con una bandeja de dulces entre manos, se encuentran a Sherlock, Mary y John profundamente dormidos en el sofá, piernas y brazos entrelazados. Apenas esconden sus risitas, pero los adultos ni se enteran. Están perfectos para una foto del blog.

Pasada medianoche la señora Hudson sube a echar un vistazo y sonríe: no le sorprende encontrarse a John, Sherlock y Mary acurrucados en el sofá, ya hace años que esta escena le resulta familiar. No, esta vez lo que la divierte es encontrar otra maraña humana en la habitación de arriba. Las niñas se han dormido acurrucadas también. Igual va en los genes, piensa.

Avanza de puntillas, toma un dulce de la bandeja y suspira antes de abandonar el apartamento 221b de Baker Street.