CADA VEZ MAS CERCA

Susan pareció tranquilizarse al ver nuevamente a Bobby rondando por la nave libremente al cabo de unos días. Jack había decidido dejarlo fuera para formarlo como era debido. Ese muchacho era una vergüenza para el sexo masculino, y Jack pensaba cambiar eso endureciéndolo y trayéndolo de vuelta a tierra. Y que mejor manera que dejar que se metiera en problemas y se tuviera que enfrentar el solo contra algún que otro pirata? Si eso no endurecía el chico, ya nada lo haría. Después de todo, William Turner había cambiado bastante luego de tener que enfrentarse con piratas; ya no era el mismo noble herrero. Todo gracias a la influencia de Jack.

Tomar a Bobby temporalmente como un tripulante más durante el día (para que volviera a ser prisionero durante las noches) era la manera perfecta de hacerlo madurar.

Kate, Barbossa y Elizabeth lo habían llamado insensato, y hasta demente, respecto a eso. Pero Jack no le veía mal. Ni para el bien del muchacho o, mas importante, para su bien. Que podría intentar? Seria una idiotez querer "vengar a su amada". Que haría luego de matar a algún tripulante, o mas posiblemente, a Jack? Pues se las tendría que ver con el resto de la tripulación.

O eso era lo que a Jack le gustaba creer... y Bobby parecía pensar.

Y ningún incidente no esperado había ocurrido. El muchacho ya había sufrido alguna que otra "inofensiva travesura" por ser marino ingles, cosillas que casi todos en el Perla Negra creían que se tenía bien merecido.

Permanecieron un par de semanas navegando sin tierra a la vista, pero aquella tarde pareció cambiar su monótono escenario.

Florida se abrió ante ellos, iluminada por el sol del atardecer.

- ¡Tierra a la vista, Capitán! – grito un tripulante.

Jack, quien se encontraba como de costumbre detrás del timón, no pudo evitar reprimir una sonrisa.

- Perfecto – murmuró bajo su respiración.

La tripulación contemplo silenciosamente, pero extrañada, como su Capitán ni siquiera se acercaba al puerto de Florida. Simplemente, continuó rodeando la costa hacia el norte por varios minutos que pronto se convirtieron en horas.

Todos le contemplaban algo inseguros, a excepción de Hector Barbossa. Ese hecho era lo que les había tranquilizado; si Barbossa, el sobrio Capitán Barbossa, no se quejaba, entonces Jack no podía estar haciendo las cosas mal.

¿O si?

- Y… ¿a donde nos llevas? – preguntó casualmente Kate mientras se acercaba al timón y se sentaba en la barandilla.

- Se paciente, Katherine – respondió Jack despreocupadamente.

- Solo espero que sepas lo que haces – agregó ella encogiéndose de hombros.

- Siempre se lo que hago – enfatizó Jack frunciendo levemente el ceño.

Kate arqueó ambas cejas.

- Por cierto, Kate, ¿no tienes algo más importante que hacer? –

- Sinceramente, no – respondió ella sin importancia.

- ¿No? No sé… por ejemplo, ¿evitar que un par de niños arruinen mi nave? –

Con poco interés, Kate miró hacia cubierta para ver como Oliver y Meg jugaban, correteando y esquivando con agilidad a los marineros que varias se interponían en su carrera para insultarles.

- Ahora que lo mencionas, creo que es hora de que los lleve a dormir - respondió finalmente, volviéndose nuevamente hacia el Capitán del Perla Negra.

- Créeme que si no fuera por que me cortarías la cabeza si lo hiciera, ya los habría tirado por la borda – suspiró Jack.

- Creí que te agradaba Oliver – no pudo evitar reprimir Kate, algo sorprendida y molesta.

- Cuando se encontraba tranquilamente solo y no era mi nave la que destruía, si –

- Pues yo veo como algo bueno que ya no este solo – replicó Kate, para luego murmurar en un imperceptible susurro – Es bueno verlo al fin comportándose y relacionándose con otro niño… o niña –

Sin más que decir, se dirigió a ambos infantes y, con una maternal e increíblemente suave autoridad se los llevo a que se acostaran.

La mañana siguiente, al subir a cubierta Kate se encontró que ya no se encontraban en mar abierto. Atónita, vio como arboles pasaban rozando al Perla, tanto por babor como por estribor.

- ¿Que demonio esta ocurriendo? – no pudo evitar preguntar.

- ¡Navegamos por tierra! – chilló a su lado Oliver con una gran sonrisa.

- ¡Eso es imposible! – contradijo Meg, no muy segura de su declaración.

Con prisa, los tres asomaron por la barandilla. El Perla navegaba por un angosto río, con apenas espacio para navegar la enorme nave.

- Te lo dije – murmuró con suavidad la niña.

- ¿Que cosa? - fingió incredulidad Oliver.

- Que no se puede navegar por tierra - frunció el ceño ella.

- ¿Cuando? –

- ¡Recién! –

- No lo hiciste –

- ¡Si! -

- Mientes –

- ¡Es verdad! –

- Ah-ah – Oliver acompañó su respuesta negando con su cabeza.

- ¡Oliver! – y Meg acompañó su respuesta colocando sus manos en sus caderas.

- ¿Que? – sonrió fingiendo inocencia el niño.

Kate suspiró y se dispuso a terminar con su infantil pelea, pero una brusca sacudida de la nave la tiro al suelo, junto con el resto de la tripulación.

- ¿Están bien? – la pregunta salió de los labios de Katherine como un acto reflejo.

Algo aturdidos, ambos niños asintieron mientras se paraban.

- Se ve que la nave tocó fondo y se atoró. El río no es lo suficientemente profundo como para que podamos navegar – gruñó la mujer, asomándose nuevamente por el barandal – Solo a un idiota se le ocurriría hacer navegar a un galeón como este por aquí. Oh, si. Lo olvidaba. Jack es Capitán –

Mientras tanto, junto al timón, Jack estudiaba las cartas sin inmutarse del atascamiento de su amada nave. Luego de unos segundos, una sonrisa iluminó su rostro y, arrugando las cartas bastante mientras las guardaba en su casaca, para toparse con Elizabeth y Barbossa.

- ¿Y ahora que? – preguntó la joven mujer, un notable brillo de mal humor en sus ojos.

- Desbordamos del Perla para explorar en busca de agua mientras el resto de la tripulación se mata intentando desatorar a mi nave -

- Aun tenemos agua – informó Barbossa cruzándose de brazos.

- No de la que quiero – sonrió levemente Jack.

Elizabeth y Barbossa intercambiaron sorprendidas pero ansiosas miradas mientras su Capitán pasaba por su lado y se disponía a alistarse.

Como era de esperarse, Jack no pudo (o intento) persuadir a Elizabeth, Barbossa o Kate de que se quedaran en la nave.

Bastante a pesar de todos, ésta última se vio forzada a unir al pequeño grupo tanto a Oliver como a Meg, a quien ya había tomado mucha confianza y cariño. La había tomado bajo su protección, y había caído en el encanto de la niña. Y por ello, aunque no le agradara mucho la idea de llevarla junto su hijo consigo hacia lo desconocido, lo creía mejor que dejarlos solos en una nave llena de piratas.

Y ninguno de los otros tres aventureros se atrevió a quejarse o contradecirla.