¡Wolas amores!
Lo prometido es deuda y aquí tenéis un nuevo cap :D
Ayer colgué el primer capítulo de la otra traducción en la que me he enfrascado "Partners" y como quiero subir mañana el segundo capítulo voy a tener que dejar los reviews para cuando me estabilice un poco y vuelva a recuperar mi disco duro con esta traducción, porque si no, no me da la vida y me paso todo el santo día traduciendo sin tiempo ni para mear... xD Y además los capítulos de la otra historia son muy largos y ni siquiera se si lo voy a poder sacar para mañana... pero lo intentaré :D Os invito a que os paséis por allí ;P
Y os doy muchisisisismo las gracias por todo el apoyo que recibo siempre con los reviews, las alertas y favoritos. ¿Cómo sois tan enormes? ¡Ya hemos pasado de los 500 reviews en Parenting Class! Os achucharía a todos hasta dejaros sin aire para después comeros a besos (L) Gracias (L)
Besitos cielos y espero que estéis preparados para el cap... xD
Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a IcyPanther (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de IcyPanther -.
Capítulo 29 – GIMME THE MAGIC! (¡DAME MAGIA!)
- ¿Qué es Hogwarts? – preguntó Hermione inocentemente, aunque sus ojos brillaban con picardía.
Harry y Dumbledore intercambiaron una mirada.
- Es un internado. – respondió Dumbledore con cuidado.
- ¿Por qué lleváis puestas esas ropas tan divertidas? – la niña señaló las túnicas de ambas figuras - ¿Por qué también las llevo yo? – gritó, percatándose de que ella también lleva puesta una túnica.
- Es parte del uniforme. – añadió Harry apresuradamente – Te lo puse mientras estabas pateando a Draco. – por supuesto, eso no era cierto, pero Hermione pareció aceptarlo.
- ¿Y por qué tú tienes un dibujo tan bonito? ¡Quiero uno! – se quejó, señalando el escudo de Gryffindor de la túnica de Harry. Tan pronto como se había vuelto pequeña, su insignia había desaparecido de sus túnicas, ya que su casa no estaba definida y era demasiado joven para asistir al colegio.
- Simbolizan nuestras casas… como los clubs de cada escuela. – le contestó Harry – Yo soy de Gryffindor y Draco es de Slytherin.
- Albus, creo que deberíamos llevar a Draco a la enfermería… ha quedado en mal estado. – interrumpió Snape, mirando al director.
- Pues bien, Harry, - dijo Dumbledore sonriendo – puedes, o bien acompañar al señor Malfoy hasta la enfermería y desayunar allí con la señorita Granger o puedes llevar a la señorita Granger a desayunar al comedor.
- Me quedo con la primera opción. – soltó Harry - ¿Podremos desayunar todos? Draco podría tener hambre cuando despierte.
- Veré que puedo hacer. – dijo el hombre echándose a reír – Vamos, Severus; debemos informar en la planta baja. Harry, por favor, escolta al señor Malfoy hasta allí. Que tengáis un buen día. – sin dejar de reír salió por el agujero del retrato, agitando su varita hacia las gafas de Harry justo antes de salir, los cristales rotos se repararon automáticamente aunque todo eso perdió atención cuando Hermione se acercó a Draco y le dio un golpecito en el estómago.
Draco gimió y medianamente intentó alejarse, aunque su cuerpo estaba demasiado cansado como para separarse más de unos centímetros.
- ¡DING-DONG! – canturreó Hermione alegremente, metiendo el dedo en el ombligo de Draco - ¡DING-DONG! ¡DING-DONG!
- Creo que ya es suficiente. – intervino Harry, agarrando la mano de Hermione, antes de que se las ingeniara para volver a aguijonear con su dedito a Draco - ¿Puedes caminar delante de nosotros hacia la enfermería?
Hermione resopló.
- ¿No crees que puedo caminar? ¿Qué piensas que soy, un bebé? Puedo hacer más que caminar. Puedo dar patadas… - enfatizó sus palabras con un golpe en la espinilla a Harry – y morder… - lanzó sus dientes hacia el brazo del pobre chico, logrando que Harry gritara – y tirar del pelo… - con sus dos manos agarró varios mechones del rebelde cabello azabache del chico y tiró de él, llevándose varios pelos con ella – y gritar… ¡AAAAAAAAHHHHHHH! ¿Ves? Entonces que sería, ¿puedes caminar o quieres caminar?
- Por favor, ¿querrías caminar delante de nosotros? – exclamó Harry entre dientes, llevándose una mano a la adolorida cabeza, masajeando la zona donde los pelos habían sido arrancados y la otra mano apretada alrededor de las marcas del mordisco - ¿Por favor?
- Claro. – de un salto se plantó frente a Harry – bueno y… ¿qué estamos esperando? ¡Vámonos ya! ¡Tengo hambre!
- Tendrás que ser paciente. Es culpa tuya que tengamos que ir primero a la enfermería. – replicó Harry, ayudando a Draco a levantarse, pasando uno de los brazos del Slytherin alrededor de su cuello para poder mantener el equilibrio – Ahora, despacio y sin prisas… No creo que Draco quiera ir demasiado rápido.
- Jodidamente correcto. – murmuró Draco, haciendo una mueca mientras daba un paso hacia adelante.
- Vigila tu lenguaje. – le reprendió Harry, dirigiéndose con Draco cuidadosamente hasta la salida, afortunadamente Hermione le obedeció y empezó a caminar delante de ellos.
- Ella es la que ha hablado mal primero. – dijo Draco en un quejido, señalando con la cabeza a Hermione, quien sonrió.
Harry se quedó pensativo un momento, parado en medio del pasillo.
- ¡Creía que íbamos a la enfermería! – exclamó Hermione - ¡Muévete! – sin que Harry se diera cuenta, intentando recordar cuando había hablado mal Hermione, la niña soltó un suspiro agitado y dirigiéndose hasta el Gryffindor le soltó otra patada en su ya magullada espinilla.
De inmediato pegó un brinco, perdiendo el control sobre Draco y provocando que este cayera al suelo con un ruido sordo y un gemido de dolor.
- ¿QUÉ HA SIDO ESO? – gritó Harry, saltando alrededor del pasillo a la pata coja mientras se agarraba la espinilla con las manos - ¡ESO DUELE!
- ¡TENGO HAMBRE! ¡Y ESTÁS HACIENDO QUE ESPEREMOS! ¡AHORA DATE PRISA!
- ¡NO TENGO PORQUE ESCUCHARTE! ¡ERES UNA NIÑA PEQUEÑA!
- ¡TIENES QUE ESCUCHARME! ¡O VOLVERÉ A GOLPEARTE EN LA ESPINILLA!
Harry gruñó, pero decidió acabar esto sin derramamiento de sangre y más heridos.
- Bien. – dijo en otro gruñido – Tú ganas este asalto, pero no has ganado la guerra. Venga, en marcha. Vamos, Draco.
El Slytherin gimoteó desde el suelo.
- No me puedo mover… - Harry, ya de mal humor, estiró a Draco del brazo y procedió a arrástralo por el pasillo, haciendo caso omiso de las protestas del rubio mientras su cuerpo seguía siendo golpeado. Hermione seguía al dúo, con una sonrisa en su rostro, siguiendo alegremente las instrucciones de Harry de "Es por aquí".
Finalmente, – afortunadamente para Draco – llegaron a la enfermería a los pocos minutos, el Slytherin ahora yacía inconsciente tras golpearse la cabeza con una esquina de un pasillo cuando Harry se giró bruscamente porque Hermione volvía a ponerse gruñona.
La señora Pomfrey, escuchando fuertes pasos, salió de su despacho y gimió en cuando vio quien estaba entrando en su enfermería.
- ¿Ya, señor Potter? ¡Es el primer día! – al ver a Draco, dejó escapar un grito ahogado - ¡Por Merlín! ¿Qué le ha pasado?
- ¡He sido yo! – exclamó Hermione sonriendo - ¡Y le he dado una patada a Harry en la espinilla!
- ¡Merlín! ¿Está usted bien, señor Potter?
- Estoy bien. – murmuró Harry – Podría no ser capaz de tener hijos… pero después de esto, no estoy seguro de quererlos.
La medimaga asintió y comenzó a examinar a Draco, frotando un poco de ungüento en sus cortes y empezando a cubrirlos con pequeñas tiritas, que habían sido introducidas en el mundo mágico a principios de ese año y se habían hecho increíblemente populares.
- Dame mi desayuno. – exigió Hermione, cuando su aburrimiento empezó a aumentar de ver a la enfermera poniéndole las tiritas a Draco.
- Está justo allí. – le contestó Harry, señalando una bandeja con comida posada justo bajo una ventana – Ves tranquilamente a sentarte allí y comételo, así Draco podrá recuperarse en paz.
- Usted también le hirió, señor Potter. – le informó Pomfrey – Arrástralo hasta aquí no ha sido la mejor de las opciones .Tiene un gran hematoma donde usted le ha estado agarrando y un hinchazón en la cabeza de lo que puedo presumir es un muro de piedra.
Harry se encogió de hombros avergonzado.
- Lo mío ha sido lo mínimo. ¡Le aseguro, que esa niña es el diablo! – por suerte para Harry, Hermione estaba demasiado ocupaba examinando la selección del desayuno.
- Bueno, el señor Malfoy ya está curado, debería despertar en breves momentos. Asegúrese de que coma algo, estaré en mi despacho por si ocurre algo drástico. – dicho esto la enfermera palmeó la mano de Draco y se internó en su oficina, cerrando la puerta con un golpe firme detrás de ella.
Los ojos miel de Hermione miraban con curiosidad toda la selección de comida. Diferentes rosquillas, algunos buñuelos – mmm -, un plato con tostadas untadas en mantequilla y pequeños tarros con mermelada para untar, varios tipos de cereales y – de ninguna manera – avena. Un buen surtido. Eligió unas rosquillas bañadas en crema de chocolate, después de todo ella no solía tener ese tipo de comida en su casa y se dispuso a echarle un vistazo a las bebidas.
Un poco de leche, un vaso de chocolate caliente – Creo que vendré a por más, después – y un vasito de batido de fresa. "No es una mala decisión… pero…"
La niña caminó tranquilamente hacia Harry y Draco, este último apenas comenzaba a despertarse y a buscar frenéticamente por los alrededores por si había algún tipo de peligro mientras Harry se disculpaba con él una y otra vez por las lesiones adicionales.
- Oh, mira. – dijo Draco sonriendo, viendo la bandeja del desayuno, pero no a Hermione – Rosquillas con chocolate; mis favoritas.
- Oh, oh. – murmuró Harry, al ver a la niña deslizarse hasta ellos, demasiado dulcemente y casi con una sonrisa en sus labios – Algo pasa…
- No veo que es lo que está mal… simplemente trae rosquillas. A los niños les encantan los dulces como esos.
La mente de Harry, se puso en funcionamiento intentando buscar un recuerdo de algo relacionado con eso… ¿algo sobre el brócoli? No… debía haber recordado mal.
- Harry, - dijo Hermione con una tonta sonrisa en sus labios y con la voz recubierta de azúcar y miel. Demasiado dulzona para la comodidad de Harry.
- ¿Sí? – le preguntó Harry con inquietud, no le estaba gustando en absoluto como Hermione cada vez se acercaba más, las rosquillas habían quedado abandonadas en la cama libre de al lado y la niña tenía las dos manos extendidas con las uñas apuntando hacia él.
- ¿Puedo hacerte una pequeña pregunta? ¿Te importaría responderla?
- En realidad sí… - al ver como los ojos acaramelados de Hermione se endurecían, rápidamente cambió de opinión. – Me encantaría hacerlo. – exclamó, colocando ambos brazos a modo de escudo en caso de que la niña intentara algo.
- Bien. Hay algo que me gusta siempre tener para desayunar…
"Hola a todos. Soy Barb y seré vuestra camarera. ¿Queréis algo para beber?"
- Mi mamá y mi papá siempre se aseguran de que lo tenga…
"Estos dos, – dijo Hermione, señalando a los niños – tomaran leche."
- Pero por alguna razón aquí no hay…
"Es lo que me ha dado mi apuesta apariencia. – bromeó el chico de piel oscura, lanzándole a Hermione una encantadora sonrisa – Crecí bebiendo ese tipo de zumos en vez en vez de zumos de frutas… mi madre es alérgica a todos los cítricos y odia las manzanas"
- Y me estoy enfadando. Dime Harry…
"Lo siento. – le dije Hermione – No sé qué habría hecho en mi infancia sin mi…"
- ¿Dónde está mi…
"Zumo de naranja diario."
- … zumo de naranja?
- Mierda, - susurró Harry, alejándose con temor de la chica, que se preparaba para saltar sobre él – Escucha, Hermione. Ahora no tengo zumo de… - interrumpió la frase con un grito cunado la niña se lanzó a por él, hundiendo los dientes en su nariz y golpeando sus gafas.
Draco inmediatamente salió de la cama para que no le alcanzara el peligro, él ya estaba lo suficiente herido. Hermione lanzó una patada al aire con el pie derecho alcanzando a Harry una vez más en esa zona tan sensible y delicada para él. Dejando al chico de pelo negro a un lado, se lanzó encima de Draco, arañándole la cara y mordiéndole la cabeza.
El Slytherin empezó a correr por la enfermería, sin ser capaz de ver hacia donde iba, gracias a que las manos de Hermione le tapaban constantemente la vista, el chico gritaba e iba estrellándose con varios objetos. Harry sólo se había recuperado lo suficiente como para desovillarse, simplemente para ver como Draco corría por encima de él aplastando su cara con el pie.
Al ver que Draco iba a toda velocidad contra diferentes objetos peligrosos, Hermione saltó de su espalda y observó con satisfacción como el Slytherin acabó de cabeza en una chimenea de piedra, con un fuerte golpe y sin moverse. Gritando de alegría, Hermione saltó sobre la espalda de Harry, quien estaba empezando a levantarse. Cubriéndole los ojos, Hermione volvió a gritar de emoción cuando Harry empezó a correr salvajemente en círculos, desesperado por deshacerse de la niña.
Pomfrey, finalmente decidió ver que pasaba ya que no podía seguir ignorando los gritos y salió de la seguridad de su despacho para averiguar cuál era el problema. La escena que se encontró le heló la sangre.
"No puede ser la señorita Granger… esa horrible niña no puede ser ella. ¡Mira cuanto alboroto! ¡Cuánto estropicio! ¡Los chicos! ¡Oh, Merlín! ¡Los chicos!"
- ¡DESMAIUS! – exclamó, apuntando hacia Harry para que dejara de correr sin sentido en círculos.
El chico se quedó estático a media carrera y finalmente se desplomó hacia adelante, Hermione quedó sentada sobre él con una cara de clara confusión. Levantó la mirada, con los ojos iluminados hacia la varita de Pomfrey y mucho más abiertos de lo normal.
- Magia. – susurró Hermione y la enfermera de repente se sintió muy vulnerable - ¡QUIERO MAGIA! ¡DAME MAGIA!
La medimaga dejó escapar un gritito cuando Hermione abandonó el cuerpo de Harry y cargó contra la mujer, con un brillo maníaco en sus ojos. Dando una vuelta sobre sí misma, Pomfrey salió corriendo de la enfermería con Hermione pisándole los talones. Sus gritos se hicieron eco por los pasillos y muchos estudiantes asomaron sus cabezas por las aulas para ver cuál era la conmoción.
Todos se quedaron mirando el extraño espectáculo, preguntándose por qué una niña pequeña estaba persiguiendo a la enfermera del colegio mientras le gritaba "dame magia" con toda la fuerza de sus pequeños pulmones a pesar de que apenas podía oírse sobre el estruendo de los gritos de la mujer.
En Transformaciones, cierto pelirrojo levantó la mirada del pergamino en el que se suponía debía estar tomando notas para convertir una vela en un marco de fotografías.
- ¡Conozco esa voz! ¡Es Hermione! – dejando a Terry para que vigilara a Lavender, saltó de su silla y corrió hacia el pasillo, con una gran sonrisa en su cara pecosa cuando vio a la niña corriendo por el pasillo con la señora Pomfrey justo delante de ella.
- ¡Hermione! – gritó, capturando a la niña y envolviéndola en un abrazo de osos después de que Pomfrey hubiera pasado delante de él - ¿Qué estás haciendo persiguiendo a la pobre…
- ¡DESMAIUS! – exclamó Pomfrey, volteándose y apuntando con su varita a Hermione. Lamentablemente, en ese momento Hermione decidió golpear a Ron en el estómago y saltar hasta el suelo, por lo que el hechizo chocó contra el pelirrojo, dejándolo aturdido en el suelo.
Rebuscando en los bolsillos del chico, Hermione salió victoriosa al encontrar una varita a la vez que una sonrisa enloquecida se extendía por su rostro y su risa retumbaba por todo el pasillo.
- Ahora también tengo magia… - y volvió a soltar una carcajada diabólica.
- ¿Qué está pasando aquí fuera? – exigió saber McGonagall, traspasando la puerta de su aula con todos los estudiantes detrás de ella, varios de los niños observaban a Hermione con curiosidad.
- No… no te… acerques… a ella. – balbuceó la medimaga – Es… peligrosa.
- Es mejor creérselo. – dijo Hermione sonriendo, haciendo girar la varita entre sus dedos - ¡Os voy a convertir a todos en sapo!
- Eres demasiado joven como para hacer magia. – le contestó McGongall remilgadamente – Si le devuelves la varita al señor Weasley…
- No. ¡Ahora es mi magia! ¡Es mía y no voy a devolvérsela!
- ¡Señorita Granger! Soy profesora de Hogwarts y hará lo que le diga.
- ¡NO! ¡ES MI MAGIA! ¡HOCUS POCUS! – exclamó, agitando la varita hacia la profesora. Varios estudiantes gritaron cuando una explosión de humo verde los recubrió a todos. En cuestión de segundos se desvaneció, aunque el nuevo accesorio de McGonagall no lo hizo…
- ¿Qué pasa con Hermione? – susurró Neville, mirando con horror como la niña se alejaba de Ron y lentamente comenzaba a caminar hacia la clase, blandiendo la varita delante de ella como si fuera una espada – Pensaba que sería agradable.
- No lo sé, pero no me importa. Pase lo que pase, simplemente debemos proteger a Blaise. – dijo Pansy con firmeza. Neville asintió. Desde luego, no quería que el niño acabara con un par de orejas de conejo blanco adheridas a su cabeza. Ni él tampoco, siendo sinceros.
La profesora de Transformaciones con cautela llevó una de sus manos a tocar sus nuevas orejas, con la incredulidad cubriendo su rostro, antes de empezar a retroceder, alejándose de la niña.
- ¡He hecho magia! – gritó Hermione, saltando con alegría – He hecho magia… ¡HE HECHO MAGIA! ¡Y VOY A HACER MUCHA MÁS! ¡HOCUS POCUS! ¡HOCUS POCUS! ¡HOCUS POCUS!
Los estudiantes empezaron a retroceder del alcance la niña loca, aunque no muchos tuvieron la suerte de escapar de sus garras. De hecho, no escapó ninguno. De inmediato todos los estudiantes del aula de Transformaciones, estaban corriendo y gritando simplemente para mantenerse alejados del alcance de Hermione, todos con un par de orejas blancas en la cabeza.
Pomfrey, fue la única que se libró de las orejas de conejo, salió corriendo por el pasillo hasta el despacho del director en busca de ayuda… la necesitaban.
De vuelta en la enfermería, Harry con cuidado se puso en pie, el efecto del hechizo por fin había pasado. Agarrando una de las jarras de agua que había sobre una de las mesitas de noche, se la lanzó a Draco en la cara, el cual despertó con un fuerte grito.
- Hermione anda suelta. – informó Harry a Draco, después de que este hubiera terminado de gritar y de mirar a su alrededor buscando a la diabólica niña – Probablemente deberíamos salir a buscarla.
- ¿Estás loco? ¡Haz una barricada en la puerta ahora que todavía tenemos la oportunidad! – ignorando la mirada furiosa de Harry, Draco se puso en pie tambaleándose y corrió hacia la puerta, cerrándola y bloqueándola apresuradamente – No es suficiente. – exclamó con los brazos abiertos – Un Alohomora podría abrirlo.
Harry observaba divertido como Draco procedía a empujar cada mueble disponible contra la puerta, usando su varita para apilar varias de las camas unas encima de otras, hasta que chocaron contra el techo. Una de las camas quedó esquinada y Draco fue a refugiarse detrás y con una manta se cubrió la cabeza.
Estaba justo en la cama donde Hermione había dejado las rosquillas, las cuales cayeron directamente sobre el regazo de Draco. Draco estaba demasiado cansado como para hacer el camino hacia la bandeja del desayuno que estaba en la otra punta de la enfermería y en su lugar optó por comerse el desayuno de la niña.
Harry se acercó hasta él y se sentó a su lado, cogiendo parte de la manta y cubriéndose también la cabeza.
- ¿Ahora estamos a salvo? – susurró, intentando alcanzar una rosquilla. Draco gruñó y Harry retiró la mano apresuradamente.
- Probablemente no. – susurró Draco, después de una pausa reflexiva - ¿Qué ha pasado exactamente? Estaba encima de mí y después todo se volvió negro.
- Te estrellaste contra la chimenea. – le contestó Harry secamente – Ni siquiera estaba encima de ti cuando pasó… lo hiciste por cuenta propia.
Draco frunció el ceño en silencio, antes de volver a las preguntas.
- ¿De qué estaba hablando en el pasillo, sobre patearte?
- Nada. – le dijo Harry con voz baja – Simplemente olvídalo.
- Vale… bien, ¿cómo ha salido de aquí?
- Vio como Pomfrey usaba su varita… para aturdirme y Mione que no sabía nada de la magia se quedó sorprendida, sin embargo, se emocionó mucho y salió corriendo detrás de la enfermera. Pobre mujer… odio pensar en lo que le ha podido pasar.
- Estoy de acuerdo. – asintió Draco – Simplemente nos quedaremos aquí… es más seguro.
Ambos volvieron a sumirse en el silencio – Draco volvió a engullir las rosquillas de Hermione – de mientras en otras partes del castillo en el ambiente se podía respirar de todo menos tranquilidad.
- ¿DÓNDE ESTÁN SUS TUTORES? – gritó Ron finalmente recuperado, quien ahora estaba acurrucado bajo el escritorio de McGonagall con Terry y Lavender, la cual estaba gimoteando y tirándose de las orejas - ¡ELLOS DEBERÍAN ESTAR VIGILÁNDOLA!
- ¡NO ME GUSTAN MIS OREJAS! – sollozaba la niña de entre sus brazos, ahora golpeándole con sus puñitos - ¡HAZ QUE DESAPAREZCAN! ¡AHORAAA!
- ¡NO PUEDO! ¡SIMPLEMENTE OLVÍDALAS!
- ¡PERO SON MUY FEAS! ¡NO QUEDAN BIEN CON MI PELO!
- Algunas cosas nunca cambian. – murmuró Ron, sin ser capaz de escucharse a sí mismo por encima de los gritos de sus compañeros de clase.
Un pequeño cuerpo se precipitó sobre el escritorio y aterrizó con un plop sobre el regazo de Ron. Un niño, de cabello negro miró al pelirrojo con sus pupilas dilatadas con miedo. Un segundo después, Pansy y Neville se precipitaron también sobre él.
- ¡UN PLACER VERTE AQUÍ! – exclamó Pansy por encima del ruido - ¡CREO QUE DEBERÍAS INTENTAR DETENERLA!
- ¿ESTÁS LOCA? ¡NO QUIERO MORIR!
- ERES UN GRYFFINDOR. – puntualizó la Slytherin - ¡NEVILLE TAMBIÉN ES UN MALDITO COBARDE!
- ¡NO LO SOY! – se defendió torpemente el chico - ¡SÓLO ESTOY COMPLETAMENTE ATERRORIZADO POR ESA NIÑA! ¡NO ESTÁ CUERDA!
- ¡BUU! – gritó una nueva voz, saltando por encima de la mesa y aterrizando detrás de los adolescentes.
- ¡ES ELLA! – gritaron todos al unísono.
Hermione se quedó pensativa por un momento.
- ¿PODRÍA PRACTICAR CON VOSOTROS? ¡SERÍA GENIAL!
- ¡NO! – exclamó Terry - ¡PODRÍAS DEJARNOS SOLOS Y LO HAREMOS NOSOTROS!
- ¡PERO ME GUSTA USAR LA MAGIA! ¡MIRA MI NUEVO SAPO!
Metiéndose la mano en el bolsillo, Hermione alzó un sapo verde oscuro con un par de orejas de conejo adheridas a la cabeza.
- ¿QUIÉN ES? – gritó Pansy alarmada.
- ¡LA PROFESORA! ¡Y CREO QUE SE VE MEJOR DE ESTA MANERA!
- ¡NO PUEDES HACERLE ESO A UN PROFESOR! – exclamó Ron - ¡DEVUÉLVEME A LA PROFESORA MCGONAGALL!
- ¡NO! ¡ES MI SAPO! ¡Y QUIERO QUEDARME CON ELLA!
Y así comenzó una batalla de tira y afloja con McGonagall como objetivo, Ron le agarraba las patas de sapo y Hermione las orejas de conejo, ninguno de los dos dispuestos a ceder ni lo más mínimo y sin tener en cuento a la pobre profesora.
En una planta diferente y más tranquila del castillo, Pomfrey se paseaba frente al escritorio de Dumbledore frotándose las manos con nerviosismo y soltando palabras incoherente. El director sabía que todo lo que había pasado tenía a la pobre bruja en un estado casi histérico.
- Siéntate, Poppy. – le dijo amablemente, haciendo que un sillón apareciese frente a él. Dejándose caer la enfermera se sentó, pero seguía retorciendo sus manos - ¿Quiere una taza de té? – sugirió, haciendo aparecer con una sonrisa una taza de humeante té negro – Una vez que te hayas calmado, cuéntame lo que va mal.
Tomando unos sorbos, la medimaga finalmente se sintió con la suficiente entereza como para empezar a contar lo que había pasado.
- Es la señorita Granger, Albus. No sé cómo la poción ha tenido ese efecto en ella… pero, ¡es horrible! ¡Simplemente horrible!
- Lo sé. – le contestó Dumbledore sonriendo entre dientes – Tuve un encuentro con ella esta mañana. Una pequeña bastante animada… Hogwarts será muy interesante durante las dos próximas semanas.
- ¡Pero Albus! ¡No lo entiendes! ¡Es peligrosa! Lo ultimo que vi, fue como estaba poniendo orejas de conejo a toda una clase de estudiantes de Minerva, ¡después de robarle la varita al señor Weasley! ¡Tienen que pararla! Por favor, ¿no podemos volver a cambiarla?
- No puede ser tan mala, Poppy. Sólo es una niña, hay que darle una oportunidad.
- Pero Albus…
- Veré lo que puedo hacer. – sonrió Dumbledore – Vamos, probablemente ya esté todo resuelto.
Dumbledore estaba muy alejado de la realidad.
Cuando llegaron a la sala de Transformaciones, ambos sólo pudieron mirar como los estudiantes gritaban y seguían buscando un lugar en el que resguardarse. En el escritorio de McGonagall había una niña pequeña con el pelo castaño y con una gran colección de sapos entre sus brazos, todos ellos con grandes orejas de conejo, la niña seguía con la varita firmemente agarrada en su mano y que usaba para disparar hechizos al azar.
- ¿Ves? – exclamó Pomfrey – Está loca, Albus, ¡loca!
- Voy a arreglar esto. – dijo el hombre gravemente, entrando en el aula. El nivel de ruido se convirtió rápidamente en ensordecedor - ¡SEÑORITA GRANGER! – bramó - ¡DETÉNGASE EN ESTE MISMO INSTANTE!
La clase entera se congeló y los gritos se desvanecieron al reconocer a su salvador.
- ¡Tú! – escupió con rabia Hermione, saltando de la mesa sin soltar sus sapos - ¡Me mentiste!
Dumbledore parecía desconcertado.
- ¿Perdón, señorita Granger?
- ¡Me dijiste que esto era un internado!
- Y lo es.
- ¡Pero aquí hay magia! ¡Y no me lo dijiste!
- Lo siento. – se disculpó Dumbledore – Debe de haberse escapado de mi mente.
Hermione frunció el ceño con petulancia.
- ¿Intentabas que no me enterara?
- Por supuesto que no. – dijo el director – Aunque dadas sus últimas acciones podría ser mejor enviarla de vuelta a casa.
Los ojos de Hermione se abrieron como platos. ¡No podía hacer eso! Acababa de descubrir que la magia realmente existía. ¡No podía irse ahora!
- Pero…
- Ha perjudicado a varios de los estudiantes bajo mi supervisión como director. – le dijo Dumbledore con gravedad – Robó la varita de un alumno y ha faltado el respeto y dañado a un miembro de mi personal. ¿Sus padres no le enseñaron a tratar con más respeto a sus mayores?
Hermione bajó la mirada hasta sus pies, con un ligero rubor cubriendo sus mejillas.
- Sólo soy buena con mami y papi. – murmuró – Nadie más se lo merece.
- Entonces no tenemos otra opción que enviarla de vuelta a casa. Si no puede cumplir con una regla tan simple como esa, me temo que Hogwarts no es lugar para usted. – volvió a decirle Dumbledore con gravedad.
- ¡Oh, señor, por favor! – exclamó, arrojándose a sus pies, a la vez que soltaba la varita y los sapos - ¡Seré buena! ¡Y amable! ¡Lo prometo! ¡Por favor, no me envíe de vuelta!
- Una oportunidad, señorita Granger. Si vuelve a hacerles daño intencionadamente a los profesores o a los estudiantes, entonces se irá de vuelta a casa.
- Sí, señor. – le contestó dócilmente - ¿Puedo ir a comer mi desayuno ya?
- ¿Aun no has comido? – le preguntó Pomfrey – Pero os había llevado una bandeja con el desayuno…
- Pero faltaba mi zumo de naranja. Y entonces me enfadé con Harry cuando me dijo que no tenía ninguno.
- ¿Dónde está Minerva? – preguntó la medimaga de repente, mirando alrededor de la sala buscando cualquier indicio de la mujer, después de notar su ausencia.
- ¿La profesora? – preguntó Hermione – Está aquí… es este, creo. – dijo con orgullo, recogiendo uno de los sapos - ¿Puedo quedarme con ella?
- ¡Por supuesto que no! – exclamó la enfermera - ¡Devuélvelos a su estado normal, ahora mismo!
- ¿Cómo?
- Bueno, eso sin duda complica las cosas. – murmuró Dumbledore, acariciando su barba con una expresión pensativa - ¿Sabe cómo cambiarlos de nuevo, señorita Granger? – le preguntó de nuevo – De lo contrario me temo que tendré que llevarla detenida con el señor Filch.
- ¡Los cambiaré de nuevo! ¡Sólo prométeme que tendré el desayuno después de que lo haga!
- Podrá tomarse el desayuno cuando todos hayan regresado a la normalidad. – acordó el director.
- Vale… dejadme pensar. El "Hocus Pocus" les dio las orejas de conejo. ¡Tal vez tengo que decirlo al revés para revertirlo! ¡Sucop sucoh! – canturreó, apuntando con su varita a Seamus. El adolescente gritó, cuando las orejas de conejo desaparecieron para dar paso a unas astas de ciervo enormes, que hicieron que su cabeza cediera del peso hasta el suelo - Bueno, es una mejora.
- ¿Mejora? – exclamó Seamus, intentado infructuosamente de levantarse del suelo - ¡Esto no es una mejora! ¡Devuélveme las orejas de conejo!
- Creo que podría conocer el hechizo correcto. – susurró Hannah, compañera de Seamus - ¿Puedo intentarlo, profesor?
- Adelante, señorita Abbot.
La chica sonrió y movió su varita hacia un Hufflepuff.
- ¡Lepus mimi absentis! – las orejas de conejo se desvanecieron y los estudiantes vitorearon.
Después de varios minutos, todo el mundo – incluidos los sapos – habían sido desorejados y ahora todos los estudiantes estaban buscando entre los numerosos libros de texto que recubrían las estanterías algún hechizo que también deshiciera la transformación de sapo.
- ¡Hey! ¡Aquí hay un libro sobre sapos! – exclamó Padma emocionada - ¡Mira Parvati! – ambas gemelas se inclinaron sobre el libro, y la más joven de las dos – Parvati – empezó a leer el texto en voz alta.
- Para devolver al sapo a su forma de joyero debe… no, eso no funcionara, ¿verdad?
- Me temo que no. Pero buen intento. – le sonrió Hannah.
- ¡He encontrado algo! – exclamó Seamus, ojeando un libro desde el suelo – Oh… esperad, no es nada. Es sobre sapos hirviendo para drenarles la mucosidad de los ojos.
- Eso es simplemente asqueroso. – exclamó un Ravenclaw estremeciéndose - ¿Qué hace un libro como ese en una clase de Transformaciones? – Seamus se encogió de hombros y cogió un nuevo libro del montón que un estudiante había dejado junto a él.
- ¡Conejo! – graznó una de las ranas, saltando con entusiasmo sobre uno de los libros abiertos - ¡Conejo! ¡Conejooo!
- Creo que está intentado decirnos algo. – adivinó Pomfrey, yendo a examinar el texto - ¡Albus es esto! ¡El hechizo para devolver la forma humana en sapos transfigurados!
- ¿Cuál es Poppy? Cuanto antes podamos devolverles su forma humana, mejor.
- Esperemos que funcione. – rezó y apuntó con su varita al sapo que había estado saltando sobre el libro - ¡Hiki licentia!
El sapo empezó a crecer a la vez que la piel cambiaba de color, hasta que una muy demacrada profesora McGonagall apareció frente a todos.
- Albus, si no te importa, creo que me tomaré el resto del día libre, ¿podrías encontrar a alguien para sustituirme? No aguanto más.
- Por supuesto, Minerva. Ve a relajarte y a tomarte una buena taza de té. Puedo pedirle a Filius que tome tu asignatura, hoy casi no tiene clases que impartir.
McGonagall le dedicó una sonrisa antes de marcharse de allí apresuradamente hacia sus aposentos.
- ¿Puedo tomar ya mi desayuno? – se quejó Hermione, tirando de la túnica de Dumbledore.
- Sí, sí. – asintió el hombre – Vayamos a la enfermería.
- Nosotros también vamos. – dijo Ron con firmeza, poniéndose en pie después de ser liberado de su forma de sapo – Tengo que hablar con Harry y Draco… una larga y dolorosa charla.
- Y estoy seguro de que lo apreciaran, señor Weasley. – dijo Dumbledore riendo entre dientes – Entonces, ¿nos vamos?
El pequeño grupo – bueno, realmente era grande – que constaba de Dumbledore, Pomfrey, Ron, Terry, Lavender, Pansy, Neville, Blaise y Hermione, se dirigieron hacia la enfermería, sorprendiéndose al encontrarse las puertas cerradas.
- Podría haber jurado que las dejé abiertas. – reflexionó en voz alta la enfermera.
Una de las reglas de Hogwarts es que las puertas de la enfermería siempre debían permanecer abiertas hasta las nueve de la noche cuando las horas de visita se daban por finalizadas. Que estuvieran totalmente cerradas era algo extraño…
Ron se encogió de hombros y trató de girar el pomo de la puerta, confundido cuando la puerta no se abrió.
- Creo que está bloqueada.
- Entonces, intenta desbloquearla. – suspiró Pansy, resistiendo el impulso de poner los ojos en blanco. Ron la fulminó con la mirada.
- Ahora iba a hacerlo. ¡Alohomora!
La puerta se desbloqueó, pero cuando Ron intentó empujar para abrirla, se encontró con algún tipo de resistencia. Escucharon un grito ahogado y varias maldiciones desde el interior.
- Deben haber hecho una barricada detrás de la puerta. – dijo Pansy fulminando con la mirada el trozo de madera - ¡Vamos a sacaros de ahí, cobardes! ¿Tenéis miedo de una niña pequeña?
- ¡Sí! – gritaron tanto Harry como Draco al unísono.
- ¡Abre la puerta, Harry! – exclamó Ron, agitando su varita peligrosamente, que había conseguido volver a arrebatarle a Hermione.
- ¡Nunca! ¡Nunca conseguiréis sacarnos!
- ¿Explosión? – preguntó Neville.
- Explosión. – dijo Terry con firmeza – A la cuenta de tres.
- Tres. – empezó Pansy.
- Dos. – dijo Ron, sombríamente.
- ¡Uno! – exclamó Lavender, escondiéndose detrás de Dumbledore.
Una luz púrpura brillante salió de los extremos de sus varitas y se estrelló contra la puerta, abriendo el paso y arrojando por los aires las puertas. Las camas también volaron por los aires y las mesitas de noche cayeron al suelo con gran estrepito. Hermione corrió hacia adentro hasta una cama apartada, donde dos figuras estaban acurrucadas bajo una manta.
- ¡He vuelto! – canturreó, agachándose delante de ellos e intentando tirar de la manta.
Debajo de ella, Harry y Draco intentaban salvar sus vidas, pero como Hermione tenía la ventaja de estar de pie, la manta finalmente cedió ante sus tirones.
- ¿Sabéis una cosa? – les gritó, saltando emocionada delante de ellos sin percatarse de sus miradas de terror – He hecho magi… - sus palabras murieron en sus labios al dirigir su mirada hacia el plato vacío que Draco tenía justo al lado, con un poco de crema de chocolate en el borde – Te has comido mis rosquillas…. – dijo con la voz peligrosamente dulce.
Harry lentamente fue alejándose del Slytherin y tan pronto como estuvo a un metro y medio, se levantó de un salto y corrió a esconderse detrás de Ron.
- ¿Qué pasa contigo? – le espetó el pelirrojo.
- No quieres ver de lo que es capaz… da miedo.
Un grito rompió la pequeña conversación y todo el mundo observó cómo Hermione abordaba a Draco e intentaba golpearle la cara con los puños, pero el chico había aprendido en el poco tiempo que lleva allí a interceptar sus golpes, a pesar de que tuviera que hacer una mueca cada vez que ella rebotaba contra su estómago al fallar.
- Recuerde, señorita Granger. Muestre respeto por sus mayores. – le dijo Dumbledore en voz alta. Eso incluye al señor Malfoy y al señor Potter.
Hermione frunció el ceño y le sacó la lengua a Draco, optando por dirigirse hacia la bandeja del desayuno que había bajo la ventana.
Ron haciendo honor a la valentía Gryffindor, corrió hasta Draco y lo alejó de la zona de peligro, sintiendo lastima por el pobre Slytherin. Nunca pensó que ese día llegaría.
- ¿Draco? ¿Estás bien? ¿Puedes oírme? ¡Háblame! – espetó Pansy, sacudiendo al chico por los hombros.
- Deja de hacer eso. – gimoteó Draco débilmente, intentando sacudirse a Pansy de encima.
- Tome un calmante para el dolor. – sugirió Pomfrey, cogiendo un frasquito de uno de los estantes y vertiéndolo dentro de la boca de Draco – Eso debería hacer que se sienta mejor.
- ¿DÓNDE ESTÁ MI ZUMO DE NARANJA? – gritó Hermione, levantando la vista de la bandeja del desayuno.
Dumbledore conjuró un vaso que apareció directamente en las manos de Hermione. La chica sonrió y volvió su atención al surtido de comida.
- Oh, Merlín. – exclamó Ron, entrando en pánico - ¿Dónde va Lav?
Todos se miraron entre ellos con horror, cuando la dulce niña se acercó a Hermione, con una expresión cautelosa y amable en su rostro.
Harry, agachándose detrás de una mesita de noche empezó a comentar:
- Estamos en una limpia y estéril habitación de enfermería donde la salvaje Hermione Granger ha causado un desastre. Está cerca de la zona de alimento, seleccionando sus piezas hasta que una dócil niña, Lavender Brown, se ha atrevido a ir hasta allí a reunirse con ella. Se acerca con cautela… casi está allí, parece agradable y fácil…
- Suenas como una de esas personas de un Safari. – le sonrió Terry – Sigue haciéndolo Harry, esto es bueno.
Harry sonrió y volvió su atención hacia las niñas.
- Lavender ya ha alcanzado a Hermione y ambas simplemente se están mirando. Lavender da un paso al frente y recoge un vaso de leche. Y… ¡oh, por Merlín! ¡Hermione se lo permite! Tenemos las primeras señales de interacción positiva. Ahora se dirige hacia la comida y recoge la última rosquilla de chocolate que quedaba.
- ¡Hey! ¡Es mía! – exclamó Draco poniéndose en pie. Terry y Ron le tiraron al suelo ya que ambas chicas habían levantado la vista, pero no vieron a nadie – todos estaban escondidos detrás de las camas y mesitas – y volvieron la atención al desayuno.
- ¿Estás loco? – le dijo Ron entre dientes - ¡Es sólo una rosquilla! Es mejor dejarlo pasar.
Así que Draco puso mala cara en silencio mientras Harry continuaba.
- Ambas se dirigen hacia el banco bajo la ventana… y están comiendo. Hermione ataca con saña sus rosquillas con mermelada mientras Lavender come con calma, acabando cada bocado antes de morder otro. Hermione ha pasado a atacar el zumo de naranja, por el contrario, Lavender todavía no ha tocado su vaso de leche. ¡Oh, oh, se están moviendo!
Ambas chicas se alejaron de la ventana, para volver donde la bandeja y Hermione agarró unas tarrinas de gelatina, mientras Lavender cogía unas cuantas más de uvas. Y las dos empezaron dibujar unas líneas en el suelo con la mermelada, creando cuadrados.
- Vaya, ahora parecen estar jugando a un extraño juego de saltos. – comentó Harry en un susurro – Hermione lanza un trozo de rosquilla y se pone a saltar con un pie, no ahora con dos, ahora con uno de nuevo… ahora se agacha coge la rosquilla y empieza a dar saltos hacia atrás volviendo al principio. Lavender hace lo mismo que ella recogiendo la rosquilla que le ofrece Hermione, aunque la mayoría de las migas están esparcidas por el suelo. Y ahí va, saltando mucho más lento, sin darse cuenta de la mermelada que cubre sus zapatos. Ha recuperado la rosquilla y ahora tiene que volver. Y… ¡ay! ¡Eso tiene que doler! Lavender ha caído, pero se mantiene firme, sin lágrimas en los ojos. Cruza los cuadrados restantes y le entrega el resto de la rosquilla a Hermione. ¡Y vuelve a empezar! ¡Mirad como salta, apenas podemos ver sus piernas! Por poco se salta una de las líneas de mermelada, pero…
- ¿Harry? – le interrumpió Draco enfadado, con sus ojos plateados entrecerrados en dirección al Gryffindor.
- ¿Sí?
- Cállate.
