BLUE WINGS

By Tenshi Lain

Notas en tinta escarlata:

1- Estos personajes no son míos sino de Maki Murakami, solo los he cogido prestados para jugar (los devolveré al acabar) A excepción de algunos personajes secundarios que han salido de mi retorcida imaginación.

2- Esta historia es un Universo Alternativo, así que tanto las relaciones entre los personajes como las situaciones y personalidades, han sido modificadas en benefició de la historia (no os enfadéis si las cosas no son igual que en el manga :P)

3- Tratándose de GRAVITATION es más que obvio, pero por si acaso: esta historia contiene "Shonen Ai" (amor entre chicos)

4- Para la descripción de personajes, me he basado en el diseño del anime, no del OVA ni el cómic (menos Maiko, su descripción me la he sacado de la manga XD)

Cap. 29

La carroza se detuvo ante las imponentes puertas del castillo Askaler. Varios sirvientes se apresuraron a recibir al ilustre recién llegado. Mientras unos descargaban el equipaje, otros atendían a los pasajeros.

Varias doncellas bajaron y se apresuraron a ayudar a su señora. Una hermosa mujer de treinta y pocos años, lisos cabellos morados elegantemente recogidos, ojos violetas fríos como el hielo y expresión seria, parecía impensable que aquella mujer supiera sonreír o mostrar gesto tierno. Vestía un elegante vestido verde oscuro con una gruesa capa de piel sobre los hombres.

- Bienvenida Majestad - dijeron los lacayos inclinándose respetuosamente ante la reina del reino del norte, esposa del rey Tachi y madre del príncipe Saito: Mäer Ukai.

- ¿El rey ha regresado? - preguntó con tono glacial mientras avanzaba majestuosamente hacia el interior del castillo.

- Llegó ayer, antes de lo previsto - dijo el lacayo.

- ¿A caso algo va mal? - preguntó enfrentándolo. El hombre se estremeció. La reina era una mujer dura y estricta, su ira era implacable.

- No... no exactamente, pero...

- Ha surgido un imprevisto - desde el interior se acercaba el viejo Seragin. Se inclinó respetuosamente ante la reina. Esta hizo un gesto al lacayo para que se marchara y este así lo hizo.

- Explícate Seragin ¿acaso no era cierto lo que nos dijo el joven Suguru?

- Al contrario, efectivamente encontramos a la hija de Noriko - los dos caminaron hacia los aposentos de su majestad -, pero había algo más.

- ¿Qué? - preguntó secamente, detestaba los rodeos.

- Un mellizo - la reina se detuvo de golpe y lo miró a los ojos.

- ¿Un varón? Pero él no tendrá...

- Todo lo contrario. Las marcas de su espalda están perfectamente definidas.

- Pero esto es inaudito, ningún varón a sobrevivido a...

- Este lo ha hecho y su poder podría decirse que es superior al de su hermana.

La reina guardó silencio varios instantes, como meditando sus palabras.

- Quiero verlos.

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Maiko acariciaba distraídamente los revueltos cabellos de su hermano. Después del baño volvían a ser tan sedosos como siempre. Habían conseguido dormir en la misma habitación después de varios gritos insultos y guardias inconscientes. Aun no sabía como habían conseguido hacer aquello, pero estaba segura de que pronto hallaría respuestas a sus preguntas.

Shuichi se removió inquieto llamando la atención de su melliza. El pelirrosa dormía tranquilamente con la cabeza en el regazo de su hermana, mientras ella estaba recostada sobre los almohadones de la cama. El chico parecía estar soñando algo.

- Yuki... - murmuró.

Maiko sonrió y acarició su cabeza. El amor que su hermano le procesaba al rubio príncipe era tan intenso, que incluso había conseguido establecer un vínculo en el mundo de los sueños. Se alegraba porque su hermano amara y fuera amado, pero temía que en las actuales circunstancias fuera dañado.

- Se os ve muy unidos - dijo una voz desde la puerta.

Allí estaba Saito, observando la escena con lo que a Maiko le parecieron celos y anhelo.

- Claro que si - dijo simplemente Maiko con tono dulce sin apartar la mirada de su otra mitad.

Saito se acercó con cautela a la cama y se sentó en el borde de la misma observando al recién llegado. El día anterior lo había podido ver tan solo unos instantes antes de que los encerraran en el cuarto, con medio regimiento en la puerta. Si que se parecía a Maiko, pero a la vez no. Era extraño.

- Saito - llamó la chica sacándolo así de sus pensamientos.

- ¿Si?

- ¿Tú sabes por qué tu padre se empeña en tenernos separados?

- Pues no estoy seguro de eso - dijo rascándose la nuca -. Alguna vez escuché a madre decir que los varones nacidos con las alas no suelen sobrevivir a los 8 años.

- Pues Shuichi casi tiene 18 - sonrió Maiko. Una idea cruzó su mente -. Si nuestras madres eran familia, la reina Mäer también tendrá las marcas - Saito asintió con una sonrisa - ¿y tú...?

- No, yo no las tengo - dijo mientras negaba con la cabeza -. Aunque eso ni alivia ni alegra a padre - dijo con cara triste - soy demasiado enclenque para mi edad...

- ¿Quién dice eso? - preguntó Maiko sorprendida de que alguien pudiera decirle esas cosas a un niño.

- Padre - suspiró -, supongo que él hubiera preferido un hijo más fuerte o una hija con las alas completas. Madre dice que no me tengo que preocupar, que ya creceré...

- Y tiene razón - ahora fue Shuichi el que habló, se había despertado y ninguno de los dos se había percatado de ello -, tiempo al tiempo. Me llamo Shuichi - dijo tendiéndole una mano.

- Saito - contestó devolviendo el saludo.

El pelirrosa se sentó en la cama y miró a su alrededor, había mucha claridad en aquella habitación.

- ¿Qué hora es?

- Casi las diez de la mañana - contestó Saito - ¿Tenéis hambre?

- Un poco -admitieron al unísono los mellizos. Saito sonrió divertido.

- Voy a pedirle a Miha que os traiga algo - y el pequeño príncipe salió del cuarto alegremente.

- ¿En serio es hijo del rey Tachi? - preguntó Shuichi mirando a su hermana con cara de "no me lo creo".

- Pues si que lo es - admitió la chica. Siguió un breve silencio - ¿Qué pasó con los demás?

- Están en un lugar seguro, pero no sé donde. Ni siquiera sé como conseguí enviarlos a donde quiera que fueran. Desde que llegué a este reino que me siento raro.

- Yo también y esa voz...

- ¿También la escuchas? - preguntó Shuichi arrodillándose ante su hermana.

- Es apenas un murmullo, no entiendo lo que dice.

- Yo tampoco... - volvieron a quedar en silencio unos instantes.

- Tatsuha...

- Está bien - sonrió Shuichi -, tremendamente preocupado por ti, pero bien.

- Ya... - dijo Maiko con una pequeña sonrisa en los labios. Después miró a su hermano a los ojos y le dijo - Seguramente Yuki también estará bien.

- Eso espero - suspiró -, pero anoche no pude encontrarle. No durmió...

Maiko lo abrazó con ternura, como lo hacía siempre desde niños, cuando alguno necesitaba del consuelo del otro.

La puerta se abrió crujiendo levemente, los mellizos se volvieron y se encontraron, ante la majestuosa figura de una hermosa mujer a la que nunca habían visto, pero que a la vez se les hacía conocida.

La elegante dama los observaba de forma analítica, como estudiando coda rasgo. Entró en la habitación y cerró a su espalda. Finalmente habló.

- Así que vosotros sois los hijos de Noriko - dijo más para si misma que para ellos. Los mellizos intercambiaron una breve mirada y volvieron su atención hacia ella -. Maiko y Shuichi...

- ¿Quién es usted señora? - preguntó Maiko intentando sonar formal, aunque un poco fría.

- Mäer Ukai, esposa de Tachi de Askaler, reina del reino del norte. Y principal ángel azul de la Torre de la Alianza.

Ahora sabían porque les era tan familiar, si se fijaban bien podían ver parte de los rasgos de Saito heredados de su madre.

La reina se acercó a ellos y miró a Shuichi con detenimiento. Aquel escrutinio tan intenso lo estaba poniendo nervioso. En ese instante sintió algo extraño, como una oleada de emociones que no podía descifrar, cálida y fría a al vez, amarga y dulce...

- Lo sientes ¿cierto? - preguntó la reina en un susurro.

Los dos mellizos asintieron con la cabeza.

- ¿Qué ha sido eso? - preguntó Maiko estremeciéndose y frotándose los brazos como si de repente estuviera helada.

- Una prueba - dijo llanamente observando las reacciones de los mellizos.

Maiko parecía que hubiera estado paseando por el nevado jardín sin ropa de abrigo, incluso sus labios habían adoptado ese leve tono azulado que solo provoca el frío intenso. Shuichi por su parte, parecía como en trance, como si algo lo hubiera dejado sumido en sus pensamientos.

- Interesante - murmuró la mujer con tono frío y una sonrisa ladeada ¿Quién lo hubiera dicho...?

- ¡Madre! - Saito acaba de ingresar en la habitación seguido de una sirvienta que llevaba una bandeja con comida.

El pequeño príncipe sonrió ampliamente y fue a abrazar a su progenitora. Por primera vez, la expresión en el rostro de Mäer se relajó. Un gesto tierno y una sonrisa cálida apareció en su rostro haciéndola ver aun más bella de lo que era y menos adusta y fría.

- Saito, hijo mío -dijo la mujer depositando un beso en su frente con infinito amor.

- ¿Cuándo has llegado?

- Hace unos minutos.

- ¿Ya has conocido a Maiko y Shuichi? - se los quedó mirando un momento, parecían muy abatidos - ¿ocurre algo? Estáis pálidos.

- No es nada, hijo. Solo necesitan descansar - dijo la reina mirándolos un momento antes de volverse -. Venga Saito, dejémosles descansar. Tienes que contarme que has estado haciendo en mi ausencia...

- Si, madre. Nos veremos más tarde - aseguró el pequeño mientras salía de la habitación.

- ¿Qué era eso? - murmuró Maiko sin dejar de temblar mientras se recostaba en la cama. Shuichi le pasó los brazos por encima y la abrazó.

- Un llamado... - susurró apenas el pelirrosa y después ambos se sumieron en el denso silencio.

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- También repasé gramática, literatura, matemáticas e historia, pero no me acaba de quedar claro eso de las Stonias... - decía Saito alegremente.

Sentado con su madre en la pequeña salita que la reina tenía en sus aposentos privados, le relataba todo lo que había ocurrido en su ausencia. La salita era un lugar sobrio, como lo era la reina Mäer y a la vez acogedor a la que muy pocas personas podían acceder.

La expresión en el rostro de la reina en aquellos momentos, era desconocido para muchos de los que la conocía. Ella jamás se permitía mostrar sus sentimientos en público y ante todos se mostraba severa y adusta. Pero todo era diferente cuando se trataba de Saito. Su único hijo, lo único que amaba en este mundo.

- ... y el tutor Suguru me prometió que me enseñaría a tocar piezas de su tierra cuando dominara las bases - continuaba entusiasmado el pequeño príncipe. En ese momento se quedó callado y pensativo.

- ¿Te preocupa algo? - dijo la reina con el tono dulce que reservaba para el pequeño Saito.

- Es que Maiko y Suguru no parecen llevarse bien... la primera vez que la vimos, en la posada¡Maiko le cruzó la cara de una bofetada! Y desde entonces siempre le mira como si quisiera tirarle algo a la cabeza en cuanto lo tiene cerca. Le pregunté a Suguru, pero él no me quiere decir que pasa...

- No te preocupes por eso -dijo Mäer con voz cálida -. Yo hablaré con ellos.

- ¿Los mellizos se van a quedar aquí? - preguntó Saito esperando que le dijeran que sí.

- Parece que te caen bien - sonrió la reina.

- Si, mucho - afirmó el niño.

En ese instante las puertas se abrieron sin que nadie hubiera pedido permiso para entrar y el rey Tachi apareció con sus relampagueantes ojos clavados en su esposa. Estaba furioso.

- Tenías que venir a hablar conmigo nada más llegar - dijo con furia mal controlada. La reina se puso en pie y le enfrentó.

- Antes quería hablara con mi hijo y ver a los mellizos - se volvió hacia el pequeño príncipe que miraba con aprensión a sus progenitores. Sabía que se acercaba una pelea, siempre era así -. Saito cariño, ve a tus habitaciones. Ya tendrías que haber empezado a estudiar.

- Si madre... padre - inclinó levemente la cabeza ante el soberano y salió de la salita sin decir más. Una vez solos la reina le recriminó.

- Sabes que no me gusta que Saito nos vea discutiendo.

- Déjate de tonterías - replicó el rey asqueado. Se acercó a una pequeña mesita y cogió una botella de vino, llenó una copa y la bebió -, le tienes mimado, así nunca se convertirá en un digno heredero. No hay más que verle. Enclenque y débil... parece una niña desnutrida...

La copa estalló en diminutos fragmentos y las elegantes ropas del soberano se mancharon del dulce líquido.

- No hables así de mi hijo - le dijo la reina irradiando una aura hostil inconfundible.

- Maldita mujer ¿Tienes que hacer eso siempre? - rugió furioso el soberano sacudiendo la tela en un vano intento por limpiarla.

- No te consiento que hables así de mi hijo. Saito tiene mucho más potencial que tú... Gracias a los seres invisibles no se parece en nada a ti.

- Eso es algo que siempre me ha mosqueado -remugó Tachi hastiado.

- ¿Qué insinúas con eso? - dijo la reina con los ojos entrecerrados y fulminándolo con la mirada - Maldito... ¡Ya siempre te he sido fiel¿Cómo te atreves siquiera a pensar algo semejante de mí¡En todo caso soy yo la que tendría que reclamarte en ese aspecto!

- ¡SILENCIO! - bramó Tachi cogiendo a su mujer por los hombros y empujándola hacia la pared hasta que su espalda chocó contra la fría piedra - ¡No tengo porque escuchar tus estúpidos reclamos mujer! Sabías desde un principio que esto era un matrimonio por conveniencia. Que mi corazón no alberga sentimiento alguno por ti ¡Ahora no me reclames! - la soltó y la mujer se quedó quieta en el mismo sitio mirándolo de forma fría e inescrutable - Además tengo todo el derecho de buscar en otras camas lo que tu te niegas a darme.

- La única finalidad de este enlace era optener un heredero, ya lo tienes - dijo ella con frialdad.

Tachi le dedicó un mirada cargada de veneno y salió de la habitación dando un portazo tan fuerte que uno de los cuadros calló.

Mäer suspiró y se acercó a la ventana, contempló el manto blanco inmaculado que cubría los jardines. Sus manos fueron hasta el lugar en el que Tachi había apretado tan dolorosamente y suspiró. Veía tan lejano aquellos tiempos en los que el odio de su corazón era amor por el soberano... hacía tanto, tanto tiempo...

-------------------FLASHBACK-----------------

Cerca de un pequeño castillo, se extendía un lago de aguas cristalinas, en sus alrededores los árboles y demás plantas alzaban orgullosas sus verdes tallos en busca de la deseada luz del sol que las hacía crecer fuertes. Entre la maleza, un pequeño embarcadero de madera se adentraba unos metros en el lago y sentadas en la orilla dos figuras hundían sus pies en las tibias aguas. Una de ella alzó la mirada hacia el azul del cielo y cantó.

So... hitotsu-me no yoru ni (So... la primera noche)
izuko kara koishi ga sekai ni ochiru (un guijarro calló en la tierra (venido) de algún lugar.)

So... futatsu-me no yoru ni (So... la segunda noche)
koishi no ko ga te wo tori WARUTSU wo kaku (los hijos del guijarro se cogieron de las manos y compusieron un vals)
Sound life (el sonido de la vida)

La brisa fresca de las tardes de verano revolvía aquella espesa mata de cabellos lilas a la vez que elevaba su canto hasta lo más alto del cielo.

La figura que se sentaba a su lado hundió una mano en el agua y trazó círculos con sus dedos a la vez que proseguía con la canción.

So... mitsu-me no yoru ni (So... la tercera noche)
WARUTSU no ko wa yonamo ni UE-BU wo utsu (los hijos del vals hicieron murmullos en la cara del mundo)

So... yotsu-me no yoru ni (So... la cuarta noche)
nami no ko wa kishibe ni shibuki wo ageru (los hijos de la ola salpicaron la costa)
Sound life (el sonido de la vida)

Retiró sus cabellos morados de su rostro y sonrió a su compañera al ver como un pequeño pececito plateado mordisqueaba sus dedos. La otra alzó su mano izquierda al cielo y entonó las siguientes dos estrofas.

So... itsutsu-me no yoru ni (So... la quinta noche)
sono kakera ikudomo yonamo wo tataku (esas piedras golpearon la cara de la tierra otra vez.)

So... mutsu-me no yoru ni (So... la sexta noche)
sono aizu ni tabibito wa tsudoiau (esas señales viajaron saltando juntas)
Sound life (el sonido de la vida)

La chica de cabello lila se dejó caer de espaldas sobre el muelle de madera aun con su mano extendida hacia el inmenso cielo. La de cabello morado la imitó mientras observaba como las gotas de agua de sus manos reflejaban la luz del sol y seguía cantando.

So... nanatsu-me no yoru ni (So... la séptima noche)
omosa no nai fune wa sora e to hashiru (un ingrávido barco navega por el cielo.)

So... yatsu-me no asa ni (So... la octava mañana)
izuko kara no uta ga mimi e to todoku (una canción venida de algún lugar alcanza mis oídos)
Sound life (el sonido de la vida)

Entonces las dos chicas unieron sus cantos en perfecta armonía para concluir la canción.

saa... atarashii sora ni (Bien entonces... una canción que será recordada)
subete wo shirushita kumikyoku ga hibiku (ecos en el nuevo cielo)
Sound life (El sonido de la vida)
Sound life (el sonido de la vida)

La naturaleza misma pareció estremecerse de gozo ante tan bello recital, que había sido ofrecido por dos de los seres más bellos de la creación. Las chicas intercambiaron una mirada al sentir las vibraciones que las envolvían y rieron alegremente aun con los pies en el agua.

- Aaaah... - suspiró la de cabellos lilas extendiendo sus brazos por encima de su cabeza - desearía poder permanecer aquí por siempre...

- Sabes que eso no puede ser Noriko - dijo la otra quitándose un brizna de hierva de sus cabellos morados y observándola con atención.

- Tú siempre tan aguafiestas Mäer - dijo la otra sacándole la lengua de forma infantil.

Mäer se limitó a sonreír con la actitud de su prima. Noriko era rebeldía pura, no importaba cuanto intentaran dominar su temperamento sus nodrizas, jamás doblegarían su espíritu. La admiraba por eso y la quería como a una hermana, pero a la vez en el fondo de su corazón la detestaba... se sentía culpable por aquel sentimiento que no podía borrar, pero así era.

- "Dos días" - se dijo a sí misma - "por dos miserables días ella tendrá lo único que yo siempre deseé..."

- Mäer ¿Sigues enfadada? - preguntó Noriko mientras seguía con la mirada el rumbo de una ligera nube.

- ¿Enfadada? - repitió sin entender.

- Porque me hayan elegido a mí como prometida para Tachi - dijo clavando sus ojos amatistas en los suyos.

- ¿Qué te hace pensar que eso me molesta? - dijo Mäer evitando su mirada inquisitiva.

- Lo sé - aseguró -, porque tú amas a Tachi de una forma en la que yo jamás lo haré.

Mäer no dijo nada, se limitó a permanecer en silencio largos minutos mientras las nubes eran empujadas por el viento.

- ¿De verdad no le amas? - preguntó Mäer finalmente mirándola a los ojos.

- No, nunca he conocido ese tipo de amor. Pero sé que cuando tenga que entregar mi corazón no será a alguien como él.

- ¿Por qué dices eso? - preguntó sentándose y mirándola confundida.

- Su corazón es oscuro, frío como el hielo... tan diferente al de Keizaro...

- ¿A él si le hubieras entregado tu corazón?

- Tal vez...

- De todas formas él murió - dijo Mäer negando con la cabeza, por todos era conocido la suerte que el legítimo heredero había tenido a manos de los bandidos.

- Si, Keizaro murió - dijo Noriko sentándose también, había algo extraño en su mirada que Mäer no supo descifrar - y Berusho nació...

- ¿Quién es...? - empezó a preguntar Mäer con curiosidad pero fue interrumpida por unos pasos que se acercaban.

Ambas jóvenes se volvieron y el corazón de Mäer se hinchió de alegría. Al principio del embarcadero estaba Tachi, con su figura estoica y su mirada penetrante. Tan atractivo como siempre.

- Buenas tardes señoritas - saludó cortés con una inclinación de cabeza.

Las dos chicas se levantaron y fueron a su encuentro. Tachi cogió sus manos y depositó un beso en ellas. Mäer sintió el sonrojo en sus mejillas, pero no mostró signos de turbación.

- Majestad - dijeron con una leve inclinación.

- Tengo entendido que estuvisteis enferma - dijo Tachi sin apartar la mirada de Noriko.

- No fue nada, tan solo un pequeño resfriado. Ya estoy bien.

- Me alegro - después miró a Mäer y le sonrió -, necesito hablar con Noriko a solas.

- Oh... por supuesto - respondió con el corazón contraído de dolor y después se alejó.

Siempre sería así. El rey Tachi solo tenía ojos para Noriko el primer Ángel Azul completo nacido en las últimas décadas. La que había sido designada como su prometida... poco importaba que ella tuviera prácticamente las misma cualidades, que sus alas estuvieran casi completas... porque no lo estaban y eso la descartaba.

Poco después se anunció el compromiso oficialmente, Noriko partiría hacia la capital y permanecería allí hasta el día de su enlace. Le costó mucho llegar hasta su habitación para despedirse la víspera de su partida. La herida de su corazón sangraba dolorosamente.

- Mäer, quiero pedirte una cosa - dijo Noriko cogiéndola por las manos -. No me odies. Yo no pedí esto, los seres invisibles saben que daría mis alas con tal de hacerte feliz.

- Gracias por tus palabras prima, pero de la misma forma que no puedo evitar amar, no puedo evitar odiar. Yo no puedo dictar a mi corazón lo que debe sentir.

- Entiendo... - susurró Noriko soltándola.

- Pero al menos prometo intentar perdonarte - añadió mientras una lágrima rodaba por su mejilla. Noriko la abrazó fuerte -, y tú prométeme que serás una buena esposa y le cuidarás.

- Haré lo que esté en mis manos - contestó Noriko apartándose y secándose las lágrimas.

Esa fue la última vez que la vio. Partió al día siguiente rumbo a la capital. Los días eran monótonos para Mäer en la mansión familiar. Al menos con Noriko su vida tenía algo de luz, pero ahora estaba sola atormentándose con sus pensamientos y su amor no correspondido. Escuchaba con atención cualquier noticia que viniera de la capital para saber como iba todo. Los preparativos de la boda iban según lo acordado, Noriko le escribió diciéndole lo mucho que la extrañaba y de lo fría que era la vida en palacio... también llegó la noticia de que el mismísimo rey Tohma, iría a la capital para trazar un acuerdo de paz.

Apenas unas semanas después se recibió una noticia asombrosa: Noriko había huido hacia el reino del sur. Tachi había intentado encarcelar al rey Tohma para así poder hacerse más fácilmente con el control de su reino, pero el grupo del rey había escapado con la ayuda de Noriko.

A Mäer no le cabía aquello en la cabeza ¿Noriko una traidora a su reino¡Era absurdo¿Cómo estaban tan seguros de que se había fugado, y si se la habían llevado como rehén? Al fin y al cabo era la prometida del rey Tachi... esa misma mañana recibió a un espíritu mensajero. Este le transmitió un mensaje de su prima y Mäer no pudo quedar más desconcertada ante aquello.

'Mi querida Mäer:

Sé que lo que voy a hacer no será bien recibido por nadie, pero ya sabes que siempre me he dejado llevar por los designios de mi corazón y no voy a ignorarlos ahora.

¿Recuerdas lo que hablamos aquel día en el lago¿Que nunca entregaría mi corazón a alguien como Tachi? Pues así ha sido, he descubierto el amor con la persona más dulce que jamás he conocido. Es honesto, honrado, sincero, alegre, encantador, caballeroso... y me ama tanto como yo a él.

Se que pensarás que me he vuelto loca, pero es lo que siento. En apenas unos días se ha colado en mi corazón, mucho más de lo que Tachi podría llegar a hacerlo aun pasando toda la vida juntos.

También sé que mi decisión no está exente de consecuencias y espero ser capaz de afrontarlas todas.

Te prometí que cuidaría de Tachi, pero no puedo. Perdóname.

Noriko.'

Aquellas palabras desconcertaron por completo a Mäer y a la vez la llenaron de una extraña dicha. Sin Noriko allí, tal vez ella...

Poco después de esto el ejercito fue organizado y las tropas marcharon rumbo al sur para invadir el reino de los Seguchi. La guerra empezaba y nadie sabía como podía terminar. Sin un Ángel Azul capacitado en la Torre de la Alianza, el lugar en el que confluían las energías de todo el mundo, los seres invisibles no podían ser convocados para que otorgaran su protección al reino del Norte, así que todo dependería de los hombres.

Durante cuatro largos años, ambos reinos mantuvieron una encarnizada lucha que no parecía ir a resolverse nunca. Hasta que un día llegó el esperado desenlace: el reino del Norte había perdido la guerra. Las tropas se retiraron de regreso... y Noriko había mierto.

Nunca supo los detalles, Tachi únicamente le dijo que había fallecido y que ahora ella sería la que se desposaría con él. Todo era confuso para Mäer, por un lado el dolor que le causaba la perdida de su prima y por otro, la alegría de saber que por fin estaría por siempre con el hombre al que amaba.

La ceremonia fue un año después de la derrota. Una boda por todo lo alto como exigía la tradición de la familia Askaler. Pero su dicho pronto se vio opacada al descubrir que su ahora esposo no era capaz de olvidar a Noriko. Tal vez ella nunca lo hubiera amado (o apreciado siquiera), pero él sí. De una forma tan obsesiva que en ocasiones llegaba a asustar a Mäer. En las noches lo escuchaba llamarla en sueños... al principio había llorado amargamente, pero con el tiempo comprendió que de nada le iba a servir aquello. Así que siguió viviendo forjando una coraza de indiferencia para proteger su maltrecho corazón de cualquier ataque.

Cuando quedó en cinta, pensó que tal vez las cosas mejoraran, con un heredero, el rey Tachi tal vez se ablandaría... Cuan equivocada estaba.

El rey recibió con indiferencia al joven príncipe, como si nada tuviera que ver con él. Aquello destrozó las últimas esperanzas de la reina y desde entonces decidió que volcaría toda su atención y cariño en su hijo. Ya no quedaba nada de amor para el rey. Se distanció de él lo más que pudo incluso negándose a obedecer sus obligaciones conyugales. Con esto lo único que consiguió fue que Tachi buscara amantes en la corte y que cada día la odiara más: por no ser una buena esposa, por no obedecer sus órdenes, por ser fría... por no ser Noriko.

Tachi también le recriminara que su hijo fuera un niño débil de aspecto frágil y no un muchacho robusto como él hubiera deseado. Mäer siempre sacaba su peor cara cuando insultaba a su hijo y aunque nunca habían llegado a los golpes, sabía que Tachi no vacilaría en deshacerse de ella si tuviera oportunidad. Pero eso no pasaría. Era la última descendiente del clan Ukai capacitada para controlar a los seres invisibles desde la Torre de la Alianza, pese a que sus alas no estuvieran completas, nadie tenía más poder que ella.

Hasta el día en que llegó el joven Suguru a palacio... el muchacho llegó recomendado como el mejor músico que jamás hubiera salido del principado de Ática. Sería perfecto para que tutelara a Saito. Si hubiera sabido lo que ese chico traía consigo jamás lo hubiera llamado a palacio.

Cuando Suguru descubrió el retrato de Noriko, se apresuró a contar que conocía a una muchacha muy parecida que vivía en el castillo del rey Tohma bajo la tutela del capitán Sakuma. Tachi rápidamente empezó a atar cabos y empezó los preparativos para ir a investigar en el reino del sur.

Mäer estaba totalmente en contra de aquello, pero su voz nunca había sido escuchada en la corte y no iban a empezar a atenderla ahora. Así que lo único que podía hacer era prepararse para recibir a la nueva cautiva en su jaula de oro.

-------------------FLASHBACK/end-----------------

Limpió el bao con su mano para poder observar el exterior. Jamás pensó que esto se pudiera dar: un ángel azul varón y completamente capaz de usar sus poderes. Inaudito...

Pero aquello no dejaba de ser peligroso, quien sabe cuan alto era el potencial de aquel chico... al menos había comprobado que no era inmune a su poder, Maiko era otra historia. Pero pudiendo controlar al chico todo iría bien.

Claro que primero tendría que descubrir el origen de la antipatía entre Suguru y Maiko, lo que le había contado Saito la tenía preocupada. Por parte del chico estaba claro que se sentía fuertemente atraído por ella, pero ¿y Maiko?

Tenía que ir con mucho cuidado o las cosas se les escaparían de la manos.

CONTINUARÁ...

MAÑÓÓÓÓÓÓÓÓO! Chapter up!

¿Qué voy a decir en mi defensa? Nada... simplemente no consigo tener inspiración para este fic u.u Me ha costado sangre, sudor y lágrimas terminar este capítulo, pero al menos me gusta como ha quedado. Espero que el próximo no me cueste tanto. Manda narices, ahora que estamos en la recta final me entra el bloqueo .

Thank you to: Iserith, cimari, ThE nIgHtMaRe CoRp. PrOdUcT... (creo que se cortó el Nick n.n), Amazona Verde, Dark-san86, Kmiloncia y lucy kusnetzov.

Ja ne!