El corazón se le detuvo al verlo tendido en la camilla y cuando comenzó a correr ya tenía aquella terrible sensación de pérdida. No podía ser cierto.

Justo antes de que lograra acercarse lo suficiente como para poder mirarlo mejor pese a su vista empañada, fue detenida.

-¡Déjame pasar! -Gritó haciendo movimientos con sus brazos en el aire, aguantando las ganas de abofetear al sujeto por entrometerse en su camino.

Miró con rencor a quien se atrevía a contenerla, pero éste solo la observaba con algo de lástima.

-¿Lo conoce, doctora? -Preguntó, aún imaginándose la respuesta.

-Por supuesto, es mi... Mi... -Se detuvo en seco cuando otro de los doctores que acababa de entrar para ayudar en el desastre dijo fuerte y claro:

-Lo estamos perdiendo -Dio a conocer, en un control del que Sakura no era poseedora en ese instante. Lo siguiente volvieron a traer sus lágrimas.- Tendrá que ir a cirugía.

Algunas enfermeras tomaron la camilla y empezaron a tirar de ésta. Como pudo, la pelirosa se soltó del agarre del que era cautiva gracias al ayudante de ambulancia y a trompicones acudió a su encuentro.

No lo dejaría solo. Nunca.

Conscientes de su pérdida de profesionalidad gracias a las emociones, sus compañeros no dejaron que se acercará demasiado, cerrando las puertas del quirófano casi en sus narices.

Golpeó la superficie herida y muy, muy asustada. Quería saber que todo estaría bien, que Sasuke seguiría con vida y a su lado.

Necesitaba tener esa certeza tanto como dependía del oxígeno para continuar.

Una mano reposó sobre su hombro cuando sollozó, sabiéndose sin herramientas ante la situación.

No quiso girarse, solo se permitió rezar en silencio y llorar por el dolor que cada vez se hacía más grande y feroz en su pecho.

-Sakura. -Llamó Sarutobi a su espalda, más siguió sin enfrentarlo. No podía creer que aquello estuviese pasando. ¿Cómo resistiría la pérdida del hombre que más había amado?

Con pesar reconoció que esa situación le resultaría insoportable. Pero no era momento para pesimismo, por más que se viese como la única posibilidad.

-Sakura. -Era Kakashi esta vez, reconocía su voz amable y casi paternal.- Creo que deberías girarte.

-Déjenme sola. -Gruñó, seguido de un silencio que no tardó en romperse.

-¿Qué ocurrió? -Esa voz... Un palpito la hizo abrir los ojos desmesuradamente, aún afianzada contra la puerta.

¿Acaso estaba enloqueciendo? ¿O se trataba de otra pesadilla?

Lentamente, tal cual película de suspenso, se giró sobre sus talones, necesitada de una confirmación física, real, de que sólo se había tratado de una equivocación.

Y lo era... Un Sasuke confundido mirándola con extrañeza se lo dieron a entender.

Entonces sintió como el peso de su cuerpo iba desvaneciendo y el terrible sabor de boca comenzaba a pasar.

Era él, pero lo más importante, estaba sano.

Se lanzó a sus brazos con renovada energía, sintiendo el respiro de tener al hombre de su vida frente a ella y mirándola. Sasuke alcanzó a estabilizarse justo a tiempo para así evitar una estrepitosa caída al suelo del hospital, pues la pelirosa se había precipitado con tal fuerza que por un momento creyó podría perder el equilibrio. La rodeó con sus brazos y acunándola contra su pecho la sintió apretarse más contra su cuerpo, casi como si quisiera cerciorarse de que estaba ahí.

Sabía de sobra que le dejaría su traje totalmente arrugado por la presión con la que se sujetaba a la solapa de éste pero no podía evitarlo. Escuchó a lo lejos, aún envuelta en su nube de felicidad y alivio como Kakashi le decía en unas pocas palabras la equivocación anterior. Sintió al azabache tensarse entre su agarre y fue entonces cuando reaccionó, esfumando su efusividad en un parpadeo, si no había sido Sasuke, ¿entonces quién era?

Sus orbes se abrieron desmesuradamente cuando un nombre llegó a su cabeza, lentamente levantó la vista para enfocarlo y vislumbrar la expresión de su rostro. Él estaba pensando lo mismo, sus ónix opacos por la preocupación no dejaban duda alguna.

Se separó de su cuerpo y pasándose una mano por el rostro para concluir acomodándose un mechón rosa detrás de su oreja, suspiró. Tendría que ir a averiguarlo.

-Denme unos minutos, iré a ver.

-¿Y crees que te dejaran pasar? -Intervino Kakashi claramente interesado.

-Eso… -Estaba por concluir que lo esperaba después de explicarles que en estos casos de emergencia la ayuda nunca estaba de sobra cuando un teléfono comenzó a sonar.

Era el de Sasuke, quien por cierto, seguía inmiscuido en sus cavilaciones. No era posible, ellos hablaron el día anterior y a pesar de que no pudo ir a visitarlo a la hora del almuerzo, se negaba a darle paso al pesimismo y la desgracia de la creencia que lentamente se formaba en su mente, tomando mayor potencia cada vez.

-Sasuke… -Llamó Sakura, esperando a que espabilara, cuando lo hizo le dedicó un asentimiento de cabeza y sacó el aparato de la chaqueta de su traje para contestar, que el identificador mostrara el número de su madre no tenia porque darle mala espina, ¿o sí?

Lo primero que escuchó al atender fue el peculiar sonido de un sollozo. Cerró sus ojos sintiendo como la sangre a la par que su espíritu parecía drenar de su ser.

-Hijo -Su mamá se escuchaba llorosa, dolida-, vamos camino al hospital… -Se detuvo para tomar aire pues hablaba tan rápido que entenderla era muy difícil- Itachí… -Y se derrumbó. El menor tuvo que cerrar sus ojos y el puño disponible para asimilar del todo la noticia.

-Estoy en el hospital.

El silencio lo recibió de lleno por enteros segundos en los que se permitió pensar sobre todo lo que un hermano mayor en peligro de muerte indicaba.

-Por favor, no lo dejes solo, Sasuke. -Rogó la matriarca-. Pronto estaremos allá.

-No me moveré de aquí.

La llamada entonces se cortó y con ello la pequeña esperanza que mantenía oculta en su interior. Al abrir de nuevo sus ojos se encontró con unos jade observándolo detenidamente, ya no había duda alguna para los presentes. Poco a poco la pelirosa detalló cada una de las expresiones que transitaban por su rostro, buscando alguna manera de reconfortarlo hasta que retomo lo que estaba a punto de hacer. Le dedicó un apretón a la mano de su pareja y se dio media vuelta, dispuesta a averiguar de primera mano el estado de salud en el que se encontraba el hermano de Sasuke.

Lo primero que recibió al ingresar a la delicada sala fue miradas furtivas, el cirujano a cargo frunció el ceño al verla y fue una de las enfermeras quien intentó hacerla regresar a los pasillos.

-Estoy bien, ya me calme. -Musitó.

-Pero, doctora Haruno usted…

-Déjala. -Concedió el hombre a cargo, echándole un vistazo.- Creo que necesitaré una mano extra para lo que viene.

Sakura miró de la enfermera al doctor un par de veces y haciéndose con toda su confianza y profesionalidad de regreso, preguntó:

-¿Cuál es su estado?

Pero cuando le dieron a conocer el mismo, prefirió no haberlo hecho.

Minutos después Sasuke quería entrometerse en la sala para poder averiguar qué pasaba con su hermano, pero no podía hacerlo, la ojijade estaba dentro y aunque estar sin saber nada era un sentimiento opresor de angustia, de cierta forma lo agradecía pues era sabido que si no habían salido a comunicarle nada era porque trabajaban en estabilizarlo, lo cual quería creer, era una buena señal. Lo salvarían.

Se encontraba dando vueltas por toda la extensión del pasillo que albergaba la puerta por la que Sakura había entrado antes. Con sus manos en los bolsillos de su fino pantalón y la mirada un poco lejana, pasó los siguientes e insoportables minutos, checando cada cinco segundos su reloj y mirando a la espera. Se sentía impaciente, a la expectativa, como si cruzara un laberinto con los ojos cubiertos por un ajustado pañuelo y solo esperara encontrar la salida, en cierta forma, asustado. No era común en él dar indicios de demasiada preocupación más sin embargo no era capaz de ocultar la miseria que lo empañaba justo allí, mientras daba otra vuelta en la esquina del pasillo y repetía la misma acción muchas veces, demasiadas si le preguntaban a cualquiera, o en este caso a los jubilados y el oficial Hatake.

-¿No sería mejor que tomaras asiento? -Propuso el peliplata en tono afable, imaginando la agonía que presenciaba el hombre joven.

Una mirada con el entrecejo ligeramente fruncido al igual que sus labios fue respuesta suficiente, sin embargo, no pudo evitar expulsar con desdén:

-¿No te necesitan en la estación de policías?

El vivido reproche fue notorio para cada uno de los presentes, creando distintas reacciones en cada uno, un bufido de parte de Jiraiya, una negación muda de parte de Sarutobi y una mirada evaluativa de quien había recibido la mordaz re-pregunta.

Si algo caracterizaba al oficial con más años de lo esperado laborando en su profesión era la perspicacia para tratar las difíciles situaciones a las que día a día era sometido. No culpaba al azabache por portarse de tal manera, después de todo la ocasión no era la más propensa a cordialidades por lo que solo se dedicó a exhalar profundamente mientras cruzaba los brazos sobre su pecho y recostaba la cabeza de la pared a su espalda.

-Si tu hermano despierta seré de mayor utilidad aquí.

-Lo hará. -Fulminó el menor de los Uchiha.

El ajetreo del hospital seguía su curso, completamente carente de afección por lo que ocurría con una de las familias más adineradas de la ciudad. Pues así es la vida, no se detiene por nada, ni por nadie.

El azabache quería tirar de sus hebras en la media hora que transcurrió para que los restantes llegaran a la escena, lo primero que escuchó a su derecha fue unos pasos presurosos y leves, los de una mujer que bien conocía. Una delgada y pequeña mano tocó su hombro poco antes de escuchar la voz.

-¿Te han dicho algo? -Expulsó. A Sasuke le costó de sobremanera no destilar el pesimismo en su voz, mucho más al ver las gruesas lágrimas corriendo por el rostro de su madre pese a que las secaba rápidamente con un pañuelo.

-No, madre. Está en cirugía.

La respuesta obtenida fue recibida como un balde de agua fría, con muchos cubos de hielo. Su hijo mayor estaba en grave peligro, una intervención quirúrgica no indicaba nada más. La respiración se le atoró en la garganta a la par que sollozaba, dolorida, preocupada, temerosa de que le arrebataran a su hijo. Los brazos del menor la acunaron contra su pecho mientras ella se derrumbaba poco a poco entre el agarre firme. Fugaku se mantenía a unos pocos pasos de ellos, con las manos en los bolsillos y la vista perdida, acto que logró que Sasuke le mandara una mala mirada. Su mujer estaba desplomándose del dolor, ¿y él solo podía hacer eso?

Inmensas ganas de asestarle un puñetazo lo invadieron pero se contuvo por dos razones, era su padre, primero que todo, y por ultimo sabía que si se atrevía a llevar a cabo sus pensamientos su madre se pondría mucho peor. No era el momento ni el lugar, sin embargo un sentimiento amargo, nació en él, el rencor hacia su progenitor.

Los oficiales se dieron una mirada entre sí que comunicó mucho más que cualquier palabra expresada, ese era un momento familiar, así que al mismo tiempo los tres hombres se pusieron de pie, se excusaron por educación aunque no obtuvieron respuesta y eso fue indicador suficiente para cederles su espacio.

Ya solos, el pelinegro llevó a su madre a uno de los asientos y la sentó a su lado, sin dejar de darle el apoyo que ella tanto necesitaba en ese instante. Acarició su espalda lentamente una y otra vez.

-Todo estará bien, mamá. -Alentó cuando ella sollozó nuevamente.- Es Itachi. -Dijo, con una tenue sonrisa.

Escuchó como la mayor sorbía por la nariz y temblaba levemente.

-Debe estarlo hijo. -Limpió nuevamente sus mejillas con el pañuelo ya empapado.- Yo enloquecería sin algunos de ustedes. Son mi vida, lo son. -Y volvió a romper en llanto.

-No pasará, jamás. -Atrevió él a responderle deseando fervientemente que la declaración se volviera realidad.

Tomando las solapas de su traje como tiempo atrás lo había hecho Sakura, Mikoto preguntó:

-¿Cómo ocurrió?

No obtuvo respuesta inmediata, pues Sasuke no tenía respuesta segura a parte de lo que había salido de los labios de Kakashi y la única también llamada especulación que rondaba su mente era mucho peor que lo que seguramente le había informado a su madre.

-Tuvo un accidente de auto por la inter-comunal, al parecer perdió el control de su auto cuando otro embistió en su contra, problemas de frenos, creo… -Tomó un suspiro largo y profundo para rellenar sus pulmones a la par que su valentía para no herir a su madre más de lo que estaba.- Se precipitó por el barranco y…

-Dime la verdad. -Exigió la pelinegra de un momento a otro, deshaciendo el agarre de su hijo y haciéndose para atrás, queriendo mirar su rostro cuando le respondiera.

Sasuke parpadeó repetidas veces, mirando a sus padres de uno en otro por escasos segundos.

-No sé de qué me hablas.

Aún llorosa, ella pudo articular:

-No me creo lo que me han dicho por teléfono, hay algo más detrás de esto.

-No, no lo hay.

-Sasuke… -Llamó su padre por primera vez desde que había acudido al lugar.

-¿Qué?

La mirada que le transmitió Fugaku lo confundió. ¿Acaso ellos sabían algo que él no?

-Nada. -Pronunció lentamente al final, negándose a volver a tomar asiento y recostándose contra la pared.

-Itachi es muy buen conductor… -Prosiguió la matriarca.

-Sí, pero el que tuvo fallas en el auto no. -Gruñó el menor.

-No lo entiendes. -Musitó, pensativa, mientras pasaba nuevamente el pañuelo contra sus mejillas y le dedicaba una mirada triste a las baldosas lustradas que cubrían el suelo del hospital.- Él podría haber manejado ese percance…

-¿Qué estás queriendo decir, Mikoto? -Inquirió su esposo con el entrecejo tenso.

-Todo resulta sospechoso, conozco a mi hijo, por favor, lo tuve nueve meses en mi vientre y vivió bajo nuestro techo por 21 años.

-Pero, ¿a qué quieres llegar?

La mujer con el rictus teñido de preocupación se acomodó en su asiento y cerró sus ojos, manteniendo a los otros dos hombres en la espera de lo que fuese a decir.

-Estoy confundida y asustada, olvídenlo. -Soltó al final, mirando, como Sasuke hacía minutos antes, la puerta que la conducía a su hijo, a quien por cierto querían salvarle la vida mientras ella se armaba una telenovela en su cabeza, porque sí, podía llamarlo sexto sentido o intuición de mujer, pero en el fondo sabía que la historia que escuchó por teléfono y la que su hijo menor le acababa de repetir no era del todo cierta y por más que quiso, esa sensación nunca la abandonó.

No fue sino hasta pasada tres horas más en las que divisaron movimiento detrás de la puerta, un pequeño cumulo de personas salieron de la sala de operaciones, dos doctores quitándose sus utensilios indispensables para la ocasión y un par de enfermeras arrastrando una camilla con los implementos utilizados. A la familia se le escapó el aliento al ver tanta sangre en las gasas que pronto serían desechadas, sin evitarlo Mikoto volvió a ponerse llorosa, ansiosa por saber el estado de Itachi.

La primera en acercarse a ellos fue Sakura, ninguno de los tres se sorprendió de verla allí pues el azabache les había informado que ella era participe en la cirugía.

La mirada de la pelirosa se encontraba llena de compasión y tristeza cuando su ahora suegra se lanzó a sus brazos pidiendo saber todo lo que había ocurrido a la par que trasladaban a Itachi en una de las camillas rápidamente a la unidad de cuidados intensivos. Le costó evitar que no fuesen tras de él, pero era lo mejor, necesitaba descansar. El doctor que llevó la batuta en toda la operación le dio un asentimiento de cabeza y se disculpó para retirarse del pasillo, sabiendo que ella era la más indicada para darles los detalles.

-Sakura, dime que mi hijo está bien. -Rogó la menuda mujer.- ¿Por qué no dejaron que fuera con él?

Mierda, fue lo que pensó al instante. ¿Cómo podría arrancarle las esperanzas a una madre desesperada y además, a quien tanto cariño le había cogido? Ella sola se había metido en eso al pedirle a su colega que la dejara hablar, sabía que no era parcial en absoluto pero pensó que podría suavizar el tono de las cosas al venir de una voz amiga.

-Los signos vitales de Itachi se han estabilizado.

Nuevamente los oscuros ojos de la madre de su novio se empañaron con amargas lágrimas que no tardaría en derramar.

-¿Estabilizado? -Repitió en un murmullo.- ¿No tienen certeza alguna de que se recuperará?

Sakura desvió su mirada por un milisegundo y eso fue suficiente para Sasuke intuir la gravedad de la situación actual.

-Lo que escucharán será difícil… -Comenzó, mirando al azabache carente de emoción.- Pero debo ser sincera con ustedes, mi ética profesional me indica serlo pero en realidad es el cariño que les tengo que me da la fuerza para hacerlo. -Inconscientemente llevó una de sus manos a la parte posterior de su cuello y lo masajeó.- Itachi llegó en estado crítico, presentó contusión cerebral, la mayoría de sus costillas del lado derecho se partieron, cosa que nos preocupó por una posible perforación de pulmón… -Miró a Sasuke y solo eso acto le bastó a él para confirmar que les estaba suavizando la situación.- Su fémur izquierdo se ha destruido casi en su totalidad… -La mirada horrorizada de la mujer mayor le dolió.- La situación es la siguiente, estará bajo estricta observación. Está noche será decisiva.

-¿Para su vida?

-Así es…

Un nuevo silencio se apodero del pasillo hasta que un jadeo proveniente de Mikoto las hizo centrar su atención en ella. La mujer cayó en la silla como un peso muerto, con los ojos parpadeantes por las nuevas lágrimas y su corazón realizando un movimiento sumamente doloroso.

Se apresuraron a darles palabras de aliento, tanto Sakura como Sasuke, pues Fugaku había abandonado el lugar al escuchar la ultima oración de la doctora.

-En unos minutos podrán pasar a verlo, solo tengan paciencia y fe. -Resultaba contradictorio que un medico pidiera tal cosa intangible, pero era lo que les quedaba. Cuando la mayor se calmó un poco y alegó que necesitaba un poco de agua, Sakura se ofreció a buscarla con otra intención bajo la superficie, tendría que realizar unas llamadas.

-¿Por qué hay policías rondando por aquí? -Indagó la mujer a solas con su hijo al ver pasar a dos hombres uniformados justo después de que Sakura saliera de su punto de visión.

-No lo sé. -Respondió con sospechas.

La noche estaba tan oscura y fría mientras las mismas cuatro personas se mantenían en vela, ya en el pasillo al que Itachi había sido trasladado, esperando por poder ver aunque fuese unos segundos al hombre en delicado estado de salud. Sakura ya lo había visto, pero la decisión de quedarse a ayudar en lo que fuese o por lo menos prestar apoyo mientras resultara posible ―pues ya el sueño comenzaba a obnubilar su mente― era inevitable. Un pequeño bostezo escapó de sus labios, intentó cubrirse la boca y ladear su cabeza lo más que pudo para que Sasuke no lo notara, pues ella persistió en quedarse aun cuando él le recomendó descansar después del largo día. Como si el de él hubiese sido más llevadero.

Lentamente regresó su mirada hasta los puestos frente a ella, donde Sasuke y Mikoto reposaban, al final Fugaku sí se decidió por tomar asiento, junto a ella ya que solo quedaba ese puesto disponible. Los asientos habían sido reducidos en cantidad por la gran afluencia de personas que transitaban y acudían al hospital central de una gran ciudad, así también se ayudaba a que no se formaran tantos tumultos y alivianaba el transito del pasillo.

Un ligero sonido se escuchó a su lado pero no le prestó atención hasta que se repitió. Miró hacia el asiento adyacente y se sorprendió a ver al padre de su novio dormido, los sonidos leves eran de los bajos ronquidos que emitía por la mala postura en la que estaba. Todos estaban cansados en ese pasillo, más ninguno quería renunciar a la vigilancia. Le preocupaba enormemente que aún no les hubiesen permitido el acceso para mirar a Itachi, pero no dijo nada al respecto, la pobre madre ya se veía lo suficientemente mal como para añadirle un poco de peso extra a su estado de ánimo. Volvió su vista al frente para saber sí Mikoto le seguía los pasos a su esposo, ya que no creía que ese fuese el caso de Sasuke.

Sus ojos se encontraron con los del azabache y le revolvió el estomago de pesar al ver la desesperación e incertidumbre en la mirada de su pareja. Miró un poco más a su derecha y supo que Mikoto también estaba agotada y poco le faltaba para quedarse dormida. No era de extrañar que estuviesen así, después de todo les habían comentado que estaban de regreso de un viaje cuando los llamaron, estos estresan y agotan a cualquiera así dure unas pocas horas por lo que era entendible. Por un momento sintió empatía con ella, si estuviese en su lugar Sakura haría lo mismo, fue entonces cuando bajó su mirada…

-Ven. -Escuchó por lo bajo. Regresó su vista al rostro de su compañero y le tomó un poco de tiempo entender lo que quería aunque resultó más que obvio cuando con una inclinación de cabeza le indicó que dejaran el pasillo. Un temblor la sacudió, sabiendo que debía decírselo. Infundiéndose valor, repaso sus manos una y otra vez sobre la tela de su pantalón y se puso de pie, comenzando a andar por lo largo del tramo y sintiéndolo seguirla.

Al llegar al cruce con otro pasillo y sentirse lo suficientemente lejos de los oídos de los mayores, se recostó suavemente contra la pared y metió las manos dentro de su bolsillo.

-Sasuke… Debo decirte algo que omití por el bienestar de tu madre…

-Lo imaginé. -Él echó una mirada hacia la entrada del pasillo por el que antes habían salido antes de volver a encararla.- ¿De qué se trata?

No quiso dar mucho rodeo sobre lo que diría pues era más que obvio que tenía que decírselo.

-Lo de Itachi no fue un accidente, sino un atentado.

Lo observó apretar los puños a sus costados y una idea pasar por aquellos oscuros posos una fracción de segundo.

-¿Cómo lo sabes? -Preguntó con voz sombría.

-Le… dispararon.

-¿Qué? -Soltó al instante aunque con un tono tranquilo, muy distinto a como se sentía en realidad.

-Tuvimos que extraerle un par de balas del pecho… -En ese momento ella odiaba ser la portadora de esas noticias.- Quisieron asesinarlo.

-Fueron ellos. -Sentenció para después rectificarse.- Fue él.

-Ya Kakashi está al tanto, se encuentra en la escena donde todo ocurrió intentando recolectar pistas…

-Nunca hace nada con sus malditas pistas. -Gruñó en respuesta.- Es más que evidente quien atacó a Itachi.

-Deben cerciorarse antes de hacer cualquier cosa, Sasuke. Las pruebas son imprescindibles en casos como éste. Mientras cada pieza es puesta en su sitio, nos toca esperar.

-Maldita sea. -Bramó intentando contenerse y pensando en lo próximo a hacer. Aquel malnacido lo pagaría, se juró, dándose media vuelta y comenzando a andar en dirección a la salida.

Sakura lo tomó de su brazo, logrando detenerlo a duras penas.

-No seas testarudo Sasuke, así no eres tú. Piensa las cosas. -Pidió en tono amistoso.- No puedes cometer un error del que luego te arrepentirás, tienes que quedarte aquí, tu madre te necesita, Itachi te necesita.

Al escucharla supo que tenía razón, que su lugar en ese momento era allí, pero se prometió hacer pagar al hombre que lentamente arruinaba su vida, con sangre. Y mucha.

Cuando regresaron de terminar con aquella conversación, se sorprendieron de no encontrar a la pelinegra por ninguna parte y a Fugaku completamente despierto y alerta.

-¿Dónde está? -Preguntó Sasuke a su mayor.

-Adentro, con tu hermano. Solo puede entrar una persona a la vez. -Explicó, pasándose una mano por su cabello oscuro. Era obvia su ansiedad y eso le confirmó a Sakura que pese a su comportamiento, era humano y sentía como todos.

Uno a uno, sus familiares fueron pasando, primero una llorosa Mikoto fue la respuesta que obtuvieron los Uchiha al verla salir, cuando Sasuke se preparaba para entrar, su padre lo detuvo, quería saber de primera mano cómo estaba su hijo, el remordimiento en su mirada fue lo único que privó al pelinegro de oponerse y despotricar. Cediendo el espacio, dejó que avanzara para finalmente cerrar la puerta tras de sí. Un apretón en su mano lo hizo fijarse en ella, Sakura le estaba transmitiendo valor, paciencia, amor… No se imaginaba a nadie más haciendo lo que ella lograba en ese momento. La conexión entre ellos resurgió con un ladrido potente, poco importaba si la noche anterior había sido de remordimientos y tensiones, el ahora importaba más.

-Todo saldrá bien. -Alentó con una pequeña sonrisa que por más que él quiso, no logró corresponder. Pero estaba escrito en su mirada, el agradecimiento grabado como un tatuaje en sus oscuras pupilas.

Se obligó a alejar la mirada al escuchar un suspiro por parte de la matriarca, retomando su atención en ella se le acercaron, solo quedaba esperar.

Para cuando a Sasuke le tocó su turno de entrar, sintió una corriente fría recorrerle el cuerpo, cerrando la puerta tras de sí con sumo cuidado, observó el cuerpo inmóvil de su hermano mayor tendido sobre la cama, se encontraba conectado a varios aparatos que emitían sonidos agudos y molestos, pero que resultaban necesarios para monitorear sus signos vitales. Verlo allí le provocó una enorme cólera, ¿por qué su hermano, alguien tan amable y buena persona vivía momentos como esos?

Definitivamente la vida era injusta.

Acercándose a la camilla del hospital, detalló su rostro pacifico, mucho más pálido que de costumbre, yacer allí. Las vendas en su cuerpo, pese a que la manta lo cubría hasta la cadera eran visibles, como prueba de lo que su hermano tuvo que pasar. Entonces sintió dolor, aquello no debía suceder. Elevó una de sus manos para apretar la menos magullada y sentirla fría.

Se sentía como un cadáver.

Su vista se empañó ante el pensamiento, él no era un cadáver, estaba vivo y saldría en perfecto estado de la situación. Era Itachi, después de todo. Una pequeña y cargada lágrima recorrió su rostro hasta caer en la unión de sus manos, fue entonces cuando ido, susurró al viento:

-Esto no se quedará así, hermano, lo prometo.

Abandonó la habitación con expresión mucho más seria para darles paso a los doctores que se encargarían de realizar una revisión imprescindible. A su alrededor todo quedó en silencio muerto.

Un par de horas después, poco antes del amanecer, los jubilados se encontraban alrededor y habían comunicado que Kakashi estaría de regreso en poco y que necesitaba reunirse con ambos, Sakura y Sasuke, a solas, para poder tener una conversación. Intuyeron de lo que iba el tema al instante y como era de esperar, no se negaron.

Antes de tomar asiento, Sakura les dio un repaso a cada uno de los presentes para evaluar sus estados, entonces se le ocurrió una idea:

-¿Quieren que les traiga un poco de café? -Como esperaba, ninguno se hizo del rogar. En su lugar, Mikoto se puso de pie y restándole su emoción habitual al hablar, pidió acompañarla, alegando que necesitaba estirar sus piernas unos minutos.

Juntas emprendieron su rumbo seguidas de cerca por Sarutobi, después de todo ahora se encontraban en alerta. Mucho más que antes.

Deambularon en silencio por los largos y blancos pasillos del hospital hasta dar con una maquina de café que reposaba más o menos cerca de la entrada, la pelirosa ingresó el dinero y seleccionó el botón de cafés cargados, aguardando luego a su preparación. Un corto carraspeo llamó su atención, Mikoto la observaba detenidamente, con la interrogante explicita.

-¿Ocurre algo, Mikoto?

-¿Qué han omitido Sasuke y tú sobre el accidente de Itachi? -Soltó a los segundos de pensárselo.- Y no me mientas, por favor. Sé que algo anda mal -Llevándose una de sus manos al pecho, lo masajeó-, Lo presiento, no me tomen por tonta. Necesito saber que ocurre con mi hijo mayor.

Aquello la dejó helada y poco después con un sentimiento de remordimiento al saber que no podría contarle nada. Alejó su mirada de la de ella cuando la maquina dio el habitual pitido que indicaba que terminaba su proceso de preparación de cafeína. Utilizando eso como una distracción, abrió la pequeña compuerta en la que estaban sus pedidos y tomando una pequeña bandeja de cartón, los colocó uno a uno en su sitio, pero cuando iba por el último, algo ocurrió.

La luz se fue.

Un espasmo la recorrió al recordar la vez de los casilleros en que algo similar ocurrió, un mal presentimiento se instaló en su caja torácica mientras el palpito de su corazón se aceleraba.

Ocho segundos, eso era lo que tardaría la planta eléctrica en activarse por completo.

Entonces una peligrosa cuenta regresiva dio inicio.

Siete… La sensación de que algo malo ocurría se intensificó. Seis… Respirar se le dificultó. Cinco… Sus sentidos se alertaron. Cuatro… Necesitaba desesperadamente salir del lugar. Tres… Dejando parte de las calientes bebidas en manos de Mikoto, le lanzó una mirada a Sarutobi. Dos… La presión en su pecho se volvió insoportable y una imagen se le vino a la mente. Uno… Una detonación resonó lejana y entonces temió lo peor.

Contrario a lo que se hacía en esos casos, corrió hacia el lugar del que provenía el estallido, detrás de Hiruzen quien inmediatamente sacó su arma. Llegaron al pasillo en el que los Uchiha se encontraban lo más rápido que pudieron, Kakashi también venía llegando y no tardó en deducir lo que sucedía.

La puerta de la habitación en la que Itachi reposaba se encontraba abierta y los médicos se precipitaban al lugar, aunque Sakura como pudo se abrió paso para poder mirar dentro. Lo primero que notó fue un charco de sangre que cada vez se hacía más grande y sobre ella, dos cuerpos, un hombre desconocido de espaldas al suelo y otro, muy conocido sobre éste, Sasuke. Todo ocurrió en cámara lenta ante sus ojos, no logró descifrar lo que decían los demás, sus sentidos se centraban en él, quien después de propinarle un golpe al desconocido, se levantó e inmediatamente se acercó a su hermano. Los doctores entraron al lugar y despidieron a los presentes, aglomerándose alrededor del hombre herido y el de la camilla, fue cuando despertó de su trance y escuchó como las maquinas a las que el hermano mayor estaba conectado se colgaban.

Sasuke salió de allí siendo arrastrado por Kakashi y Sarutobi, uno en cada brazo porque se rehusaba a dejar solo a su hermano, su pilar en tantos momentos importantes. La puerta se cerró y él deseó fervientemente que lo que fuese que el malnacido que se escabulló en la habitación hizo, no hubiese logrado su cometido. Lo sabía, lo sintió a penas la luz fue cortada porque no creía que fuese espontaneo, en su interior siempre creyó que regresarían y debía estar alerta, solo esperaba haber reaccionado a tiempo. Se sentó en la silla más próxima a la puerta y aguardó afianzándose en sus rodillas con sus codos, entrelazando sus manos y moviendo una y otra vez su pie derecho contra las baldosas. Lo tenían todo planeado, querían que estuviese solo al momento de llevar a cabo el atentado, de nuevo, con Fugaku fuera atendiendo su teléfono celular y él aguardando en el mismo asiento en el que en ese momento se mantenía. Nada, a excepción de la salud de Itachi abarcaba su mente, una y otra vez. Recordar como la inquietud lo había golpeado cuando la luz se fue, le hizo apretar los dientes hasta que le dolieron. Entró a la habitación con un poco de sospecha y desconfianza encontrándose con la rejilla del techo abierta y un desconocido el cual cubría su rostro con una tela militar, portando una pequeña jeringa en su mano que acababa de conectar a la vía del moreno. De inmediato supo que algo estaba mal, y se lanzó contra él en una embestida brutal, logrando derribarlo al suelo y golpearlo varias veces antes de que el otro sacara un arma el cual no tardó en detonar en medio del forcejeo, dándole en el abdomen. Tronó sus dedos nerviosamente, a la espera, su mamá regresó al pasillo después de que Asuma decidiera que era lo más seguro, pues poco después se enteró que no la había dejado avanzar cuando ella así lo quiso y se lo agradeció.

La inquietud no lo dejó hasta que la puerta sonó al ser abierta. Un par de enfermeros llegaban con una camilla que poco después salió con el hombre que atentó contra la vida de su hermano. Pudo apreciar la sangre en su cuerpo y una parte retorcida y vengativa de él, celebró con una media sonrisa. Hasta que Kakashi llamó su atención, lo que tenía para decir no podía esperar. Al igual que la salud de Itachi cuando los doctores salieron del sitio, con caras largas y serias.

Alejándose sus gafas, uno de ellos suspiró y las dejó dentro de su bolsillo antes de repasar a su público y entonces Sakura lo supo.

-Lo siento mucho. -Comenzó con pesar.- Hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance, pero no pudimos contrarrestar a tiempo los efectos de lo que se le inyectó.

Sasuke sintió desaguar su alma al escuchar el comunicado.

Lo habían perdido, Itachi había muerto. Escuchó a su madre romper en llanto al instante y por más que quiso, no pudo consolarla, era imposible hacerlo cuando él mismo se sentía devastado. Escuchó pasos pesados acercarse y un murmullo preocupado:

-¿Qué sucedió? -Vaya, al fin Fugaku había regresado. Dándose media vuelta de forma violenta, se preparó para gritarle cuatro verdades en su rostro, pero verlo con los brazos llenos de utensilios que le alivianarían la estadía en el hospital lo calmó un poco, por lo menos no había hechos llamadas de negocios, como pensó en un principio, sino más bien pensando en la comodidad de su esposa, quien al escucharlo se lanzó en sus brazos y sollozó.

-Itachi… -Gimió aferrándose a él como nunca antes lo había hecho, fue entonces cuando Sasuke observó el rostro de su padre perder color y mirarlo a él, en búsqueda de una confirmación.

-Murió. -Le dijo escuetamente, tratando de no fomentar el malestar de su madre con el suyo.

-¿Qué?... No, no... ¡Eso no puede ser! -Estalló incrédulo, soltando lo que llevaba para rodear con sus brazos a Mikoto y ocultar su rostro en el cuello ajeno. Otro sollozó se escuchó y para sorpresa de algunos, ya no provenía de la mujer, sino de él. Un vistazo a sus padres le hizo comprender a Sasuke todo lo que vendría.- No debí dejarlo solo… -Murmuró.- Orochimaru podía esperar, mierda, no tenía…

-¿Qué dijiste? -Interrumpió al instante, endureciendo su mirada, todos a excepción de sus padres se tensaron al escuchar el nombre.- ¿De qué hablas? -Repitió.- ¿Él está aquí?

-No lo sé, vino a traerme unas cosas y… -De nueva cuenta, Sasuke no dejó que su padre continuará y se precipitó hacia la entrada del hospital, pese a los llamados de los demás. Kakashi corrió detrás, intuyendo lo que se cocía en su mente y temiendo seriamente a ello, lo cogió de un antebrazo pero el azabache logró liberarse de su agarre propinándole un golpe en el centro de la nariz con fuerza desmedida y tan escurridizo como nunca, logró encontrarlo montándose en su auto.

-¡Bastardo! -Llamó su atención justo antes de que cerrara la puerta. Verle el rostro después de tanto tiempo le dieron arcadas pero la furia fue más poderosa que todo al verlo sonreírle de medio lado con su mirada serpentina. A la mierda las pruebas que necesitaban para arrestarlo, él, con sus propios puños se encargaría de demostrarle las consecuencias de cada acción malvada que había ejecutado contra su familia. Sin detenerse a pensarlo, lo tomó de la camisa y lo sacó del auto, derrumbándolo en el suelo estrepitosamente.

La sorpresa en el otro no se hizo esperar pero una mirada le bastó para darse cuenta de que el muy maldito ya estaba al tanto de que la muerte de su hermano mayor era un hecho, el regocijo en sus iris lo encolerizó aún más. Tomando la mayor fuerza que podía, llevó uno de sus brazos hacia atrás y lo impacto contra su mejilla. Sintió un crujir bajo sus nudillos que le envío una corriente de satisfacción a su organismo, invitándolo a no detenerse, cosa a la que no se opuso, ya que después de dar ese primer golpe, muchos más le siguieron, pequeñas gotas de sangre saltaron al romperle la parte superior de la ceja y el labio. Sonrío de manera desquiciada, fuera de sí en su totalidad. Lo mataría, ese era su único propósito. Y para su poca sorpresa, éste no oponía resistencia, no como debería, sino que dejaba que lo golpeara una y otra vez, mirándolo a los ojos, sin borrar su maldita sonrisa. Sintió el tironeo que le daba alguien desde la parte trasera, pero se lo sacudió a la fuerza y volvió a golpear al cuerpo maltratado que yacía de espaldas sobre el piso, lo vio escupir sangre y su alegría se hizo notoria antes de patearle las costillas. A cada golpe o patada, sentía que le devolvía cada cosa que Itachi tuvo que soportar, quería que tuvieran el mismo final, después de todo si alguien como su hermano moría, la basura que tenía debajo de él no se merecía menos. Deseaba fervientemente que abandonara este mundo.

-¡Ya! Detente, Sasuke, ¡lo vas a matar! -Exclamó una horrorizada Sakura intentando acercarse, pero fue detenida por Sarutobi, quien había acudido a la escena lo más pronto posible. Lagrimas corrieron por sus mejillas al verlo en ese estado, con cada golpe que daba podía sentir su dolor, la ira haciendo juerga en su interior. Ese no era Sasuke.- ¡Sasuke! -Pero parecía no escucharla, pues no se detenía. Para él, las voces se transformaban en leves sonidos, casi como mosquitos a su alrededor.

Un nuevo tirón de sus brazos lo hizo girarse y encarar a quienes lo tocaban, los mismos que lo sujetaron y alejaron del cuerpo malherido. Aunque no tanto como debería. Un vistazo de Jiraiya hacia Orochimaru le dio a entender que estaba vivo, resultado muy distinto a si hubiese estado solo. Para su tristeza, el muchacho que en ese instante forcejeaba y parecía querer asesinar a todos en el lugar, estaba destrozado.

-¡Maldición, cálmate! -Le gruñó Kakashi con severidad y sin tener otra opción, le golpeó en el centro del estomago, sacándole el aire al instante.- Esto no era lo que tu hermano habría querido.

Quitándose el cabello de la frente, intentó tomar un poco de aire, mirándolo fijamente, odiándolo por siquiera mencionar a su hermano.

-Tú no sabes nada. -Escupió, ahora un poco más calmado.

La mirada que le lanzó el peliplata le dijo muchas cosas, pero sobre todo, le creó la inminente sospecha de que había muchas cosas que no sabía, que se le habían sido ocultadas.

Enfermeros vistos con anterioridad acudieron al lugar con una camilla para trasladar a Orochimaru y fue cuando lo vio sonreír sin importarle la sangre de su boca, y gesticular por lo bajo:

-Esto lo pagarás… También. -Intentando lanzársele encima nuevamente, obligó a los demás a afianzar su agarre.

-Yo que tú no diría eso. -Escucharon los presentes a una voz femenina. Todos giraron hacia ella, quien se encontraba en la parte interna de la entrada, era la oficial Rin, acompañada de un hombre con dos grandes cicatrices en su cara.

-Rin. -Nombró Kakashi a la expectativa, sabiendo que no era de las personas que hablaba por hablar.

-Tenemos todo. -Solventó escuetamente, aunque con una pequeña sonrisa en su rostro. Dirigiéndose al involucrado, aclaró-: Será arrestado luego de que lo atiendan. -Otros dos hombres entraron y pasando por encima de su forcejeo, lo esposaron a la camilla.

-¡Esto no es posible! -Les gritó.- ¡No tienen pruebas para arrestarme!

-Eso era antes de que Dosu Kinuta amablemente colaborara con nosotros. ¿Le es conocido ese nombre? -Intervino el de la extraña marca facial, Ibiki Morino. Eso le dijo mucho y poco a la vez al oficial Hatake, sabía que era el especialista en tortura mental del departamento de policías, cuando los interrogados se ponían difíciles, eran llevados a él. Su facilidad para jugar con las mentes de las personas destacaba entre todas sus actitudes. No estaba al tanto del momento en el que habían llegado al hospital, pero presumía que aunque lo primordial era la salud de Itachi, su compañero, no dejaron de trabajar ni un segundo.

Entre gritos y protestas, se llevaron al delincuente para que sus heridas fuesen atendidas debidamente antes de que la justicia se encargara de su persona, poco a poco la tensión se fue disipando entre los presentes, soltando al azabache, se prepararon para explicarle parte de lo ocurrido.

Sasuke no creía lo que le decían cuando le explicaron que su hermano, Itachi Uchiha trabajó de encubierto para la policía durante año y medio, que fue él quien se dio cuenta de lo que tramaba Orochimaru, su ambición de poder y la manera en la que quería conseguirlo, y gracias a esto se le puso en seguimiento, tampoco quiso que su pequeño hermano menor supiera toda la situación, así que cuando Sasuke se enteró, prefirió mantenerlo a oscuras en cierto aspecto. Era lo mejor, para toda su familia. Nunca dejó de pensar en ellos, razonó el pelinegro al final del relato, sin duda, ese era su hermano. El mismo que ahora estaba muerto.

Sin dignarse a escuchar más, se dio media vuelta, dispuesto a salir del sitio sin mirar atrás. Kakashi pudo mirar todos los sentimientos encontrados que hacían un meollo en él y decidió darle su espacio, con un suspiro, dejó a Sakura meditando sobre qué hacer. Aún pasmada como se encontraba por la situación en la que se encontraba, lo vio alejarse de ella. Algo en su expresión corporal y la reacción que había tenido, le recordó el día más triste de su vida. Decidida a seguirle, caminó detrás de él.

-Sasuke… -Llamó una vez, con mucha precaución.- Espera.

Él se detuvo, sin girarse para mirarla cuando tomó un respiro y le dijo:

-Quiero estar solo, Sakura. -Y retomó su andar. Ella sintió su corazón titilar. Entendía su reacción, hacía poco experimentó algo similar.

-No, no hagas esto, por favor. -Murmuró.- No te encierres en ti mismo, es lo peor en estos casos, Sasuke…

-¡¿Qué sabes de 'estos casos'?! -Arremetió contra ella, reconoció la fémina con calma.- Tú, que nunca has perdido a nadie tan importante. -Fulminó, mirándola. La acidez en su voz no le pasó por alto, ya había pasado por eso, más que nadie, ella podía entenderlo, aunque él no lo supiera. Fue regresada a la realidad cuando escuchó un golpe, había pateado una de las papeleras de las instalaciones y luego había gruñido con fuerza, estaba luchando contra él mismo. Contra la impotencia.- Vete, Sakura. -Pidió por lo bajo.- No soy una buena compañía en este momento.

-No debes estar solo, Sasuke. -Refutó.- Yo puedo… Entenderte.

-No mientas.

-No lo hago. -Afirmó con certeza.- Acabas de decir que no he perdido a nadie importante en mi vida. ¿Qué sabes de eso? -Repitió.

-Sakura…

-No, Sasuke. Joder, escúchame… Yo te entiendo más que nadie, créeme. Perdí a dos personas importantes para mí al mismo tiempo, me dolió muchísimo, más de lo que podía soportar… Eso por lo que estás pasando, lo que sientes ahora, ya yo lo viví en carne viva… -Una mirada y supo que tenía toda su atención.- ¿Recuerdas lo de anoche? -No obtuvo respuesta, aunque tampoco la esperaba.- La pesadilla… Soñé con ellos. -Un nudo en su garganta y la picazón en la nariz la invadieron. No quería llorar más, pero por alguna extraña razón sabía que después de esa confesión, todo podría resultarle más fácil.- Con mis hijos.

Él guardó silencio, pensando en todas las veces en la que ella se comportó extraña cuando quería tener relaciones sin preservativo. De eso se trataba…

›-Tuve un aborto involuntario mientras salía con Sai, yo no sabía nada, por lo tanto no me cuidé como debía y los perdí a las diez semanas. -Su voz se volvió temblorosa.- Eran gemelos, mis pequeños. -Una corriente de comprensión lo atravesó al verla sacando todo lo que la atormentaba en su día a día y por más que quiso intervenir, dejó que se desahogara. Ella también lo necesitaba.- Nadie, a parte de Ino, sabe de esto y es por una sencilla razón…

›-Es desgarrador saber que por mi culpa, no los veré sonreír ni los escucharé llamarme mamá alguna vez. Yo les arrebate la vida y eso no podré perdonármelo jamás.

›-¿Sabes qué soñaba anoche? -Preguntó, sin darle tiempo a responder.- Que me echaban la culpa. Porque fue mi culpa, de manera consciente o no, lo fue. Y eso sigue doliendo en el alma con el transcurrir de los días. No se va, nunca, lo único que puede hacerlo más llevadero es el amor, la esperanza, y esas son dos cosas que he vuelto a sentir contigo. -Reconoció.- A la par que el miedo por volver a fallar. Fallarte a ti. Por eso me rehúso a tomar el riesgo de nuevo.

›-El dolor que sentimos es igual y diferente a la vez. -Continuó entre un mar de sentimientos.- Pero es dolor al fin y al cabo y a mí me gustaría ayudarte a sobrellevarlo, porque sé que no será fácil. Quiero estar ahí para ti, no me alejes, por favor.

Mirándola a los ojos procedió a examinarla, viéndola abierta en su totalidad, mostrándole una conexión que siempre pensó imposible de conseguir. Aún no sopesaba por completo que su hermano estaba muerto, pero ahí estaba ella, para él. Ofreciéndole su apoyo, entendimiento, pero por sobre todo esto, algo mucho más fuerte. Pensó en todas las vicisitudes a las que su relación había sido expuesta, y sin embargo, el amor que sentía parecía no perder fuerza.

¿Era eso el verdadero amor?

Acercándose a paso lento, dejando la ira en un segundo plano, la envolvió en un abrazo fuerte y revelador que fue correspondido al instante, sintiéndola llorar contra su pecho, también se dejó ir, sacando todo lo que aguardaba en su interior. Si ella le daba tal apoyo lo mínimo que podía hacer era retribuírselo. Juntos, en una conexión pura y real, lloraron, se expresaron, se dieron apoyo y prometieron curar las heridas del otro a como diera lugar, estar presentes y nunca soltarse. Ambos sabían que ese día, más que cualquier otro, marcaba un nuevo basamento en su relación, un punto y final que traería una nueva parte de su relación, una donde la conexión y el amor trascenderían los límites de lo imaginable. También notaron lo difícil que resultaría su vida sin la otra persona presente.

Acariciando sus mejillas húmedas y limpiándolas con sus pulgares, el azabache se permitió susurrarle cuanto la adoraba, que nunca podría culparla por lo ocurrido y que justo así como ella estaba para él, él lo estaría para ella en cualquier circunstancia. Para siempre.


Hoy, 29 de septiembre, un día tan especial para el fandom de Naruto, les traigo el desenlace de esta historia, la misma que me ha generado un torbellino de sensaciones mientras la escribía. Este siempre será el primer fanfic de mi autoría y adoro que así sea. De ahora en adelante será mi hijo mayor:3

Quiero agradecerles a todas esas personas que actualización tras actualización me dieron aliento y sobre todo apoyo para continuar. Soy yo quien escribe, pero tengan en cuenta que siempre serán los lectores lo que inspiren y creen las ganas del autor, o las aumenten, de exponerles algo bueno y de su agrado.

Para mí, este es el final ideal y de hecho, de aquí fue que partió esta historia, como le comentaba a una gran amiga de la plataforma, por lo general mis historias nacen así, del final al principio. Soy un poco extraña, lo sé xD.

Y no crean que se me ha olvidado, sí habrá epílogo, puede que mañana lo suba.

¡Besos de chocolate para todos!