DISCLAIMER: Harry Potter y todos los demás personajes y lugares pertenecen a J. K. Rowling.

La forma de leopardo de Draco se va a llamar Dorian. La autora decidió el nombre por votación.

Capítulo 29 – El Amor de una Pantera

El pálido leopardo aterrizó con un thud. Agazapándose, sus orejas y bigotes se movieron cuando el gran gato buscó el olor de su pareja. Gateando hacia delante con la nariz sobre el suelo, Dorian olió delicadamente antes de negar con la cabeza. Gruñendo bajo amenazadoramente, el gato cambió de posición y se deslizó en las sombras, inhalando profundamente la esencia de Damian y sangre fresca. Moviéndose incómodamente el leopardo fue hacia puerta, con la cabeza baja y la cola recta y alta detrás de él. Sus suaves patas le llevaron silenciosamente a través de la celda, sin cambiar de lugar ni una mota de polvo mientras se movía hacia la madera llena de arañazos.

La puerta estaba abierta, permitiéndole mirar alrededor del pasillo antes de salir cuidadosamente de la celda, parando solo para restregar la mejilla contra el marco de la puerta. Avanzando por el oscuro pasillo, el leopardo levantó el morro y rugió suavemente. Moviendo la cola mientras esperaba, bajó la nariz y olió profundamente, ignorando los olores viejos a favor de los nuevos. Su cabeza se levantó de golpe y sus orejas se tiraron hacia delante, todos sus sentido esforzándose para oír el suave rugido resonando por el pasillo.

Con un snap el enlace cobró vida, todas sus partes saliendo a la superficie. Emociones y pensamientos nadaban por su cabeza antes que su propia magia los cogiera. Esforzándose contra las emociones, Dorian buscó a través de su mente antes de encontrar la bola brillante que contenía su magia. Concentrándose de repente, el leopardo vio la magia surgir y deslizarse a través del enlace, cada pieza prometiendo un poder absoluto. Gruñendo para sí mismo, Dorian llamó mentalmente pero recibió una respuesta de emociones en lugar de palabras. Dolor, miedo, esperanza, amor, todo llamando y exigiendo que ayudase a su enlazado inmediatamente. Meneando la cabeza, el leopardo frunció los labios antes de tirar el hocico hacia atrás y rugir con todas sus fuerzas, resonando por los pasillos. Deslizándose por la oscuridad, Dorian empezó a cazar por su pareja.

El Profesor Severus Snape se arrodilló al lado de la forma temblorosa de Pansy Parkinson. Sus manos trataban de mantenerla quieta para que Madame Pomfrey pudiera administrarle pociones y hechizos para parar el sangrado y reparar las heridas. Los desgarros y los cortes eran profundos, un regular flujo de sangre se encharcaba en el suelo a su alrededor. Los estudiantes se apretaban contra las paredes, algunos estaban un poco verdes mientras miraban como los profesores trataban de curar la Slytherin traidora.

"Nunca en mi vida…" Murmuró Madame Pomfrey. "Mira esto, quiero decir incluso con los hechizos más potentes no hay manera que pueda curar esto completamente. Va a tener cicatrices por el resto de su vida."

"¿Sabías que el señor Malfoy podía hacer esto?" Preguntó la Profesora McGonagall, haciendo una mueca cuando Pansy soltó un grito de dolor cuando los profesores pasaron una mano por uno de sus cortes.

"No, Draco nunca consiguió su forma animaga." Gruñó Severus, levantándose y limpiándose las manos ensangrentadas en la capa oscura que llevaba. Alejándose de la reunión de profesores se dejó caer en una silla de la mesa de profesores y se conjuró un vaso de brandy. Dándole vueltas al líquido ámbar del vaso, miró el libro que había estado leyendo antes del incidente del leopardo.

Su dedo trazó el título antes de que abriera el libro y empezara a pasar las páginas manchadas. Sus ojos oscuros se achicaron cuando pasó un dedo por una lista de palabras. Leyendo cada hechizo mentalmente antes de parar al que buscaba. Mordiéndose el labio, fue hacia el hechizo de detección de enlaces y pasó el dedo por la lista de enlaces y el color que les representaban. Dorado. Cerró los ojos y se acomodó en la silla, apretando más el vaso. El dorado representaba el muy raro y casi imposible de conseguir Enlace de Animago Compartido. Abriendo los ojos consultó rápidamente el índice y luego a la página correspondiente. Tres míseras frases. Cerrando el libro de golpe levantó el vaso y tomó un gran sorbo. Un par de leopardos, pensó con una pequeña sonrisa, definitivamente Voldemort no se lo estaba esperando.

Damian gruñó débilmente, con las patas agarradas en uno de los escalones que los mortífagos intentaban hacerle subir. Su larga cola latigueó el aire furiosamente mientras se le clavaba el collar al cuello. El distante rugido hizo que empezara a luchar de nuevo, esperanzándose por el rugido y el cúmulo de magia que viajaba por el enlace. Siseando blandió una pata a ciegas. El Mortífago que tiraba de la cadena delante de él empezó a soltar maldiciones y el frío gotear de la sangre contra sus patas hizo que ronroneara de satisfacción.

"¡Maldita bestia!" Gritó el mortífago, soltando la cadena y obviamente agarrando la parte del cuerpo que fuera que Damian había conseguido herir. La pantera movió la cabeza con furia, haciendo que la cadena suelta se golpeara contra el suelo y las paredes. Un golpe en la cabeza hizo que se diera contra una pared. Deslizándose por el suelo, la pantera se quedó quieta. Le goteaba sangre de varias heridas esparcidas por su una vez aterciopelado pelaje. En otros puntos su pelaje estaba tieso, ya que la sangre se había secado dejando sucio su pelaje. Tirado en la fría piedra, sus orejas detectaron otro animal. Sus bigotes trataron de ayudarle en su búsqueda pero la manta que le rodeaba la cabeza cortaba las vibraciones o corrientes de viento que normalmente le hubieran ayudado. Damian se tensó, dando golpes al suelo con la cola silenciosamente contra el suelo de piedra asustado.

"¿Has oído algo?" Susurró el segundo mortífago. El otro ignoró la pregunta y continuó agarrándose la herida que le había propinado la pantera. Un gruñido bajo hizo que ambos soltaran una retahíla de maldiciones antes de que sacaran las varitas, buscando en la oscuridad por lo que fuera que les perseguía. Damian rugió, un sonido grave que resonó por la pequeña área. El silencio que les rodeaba se rompió por un gruñido bajo, las sombras se movían lentamente como si no estuvieran preparadas para revelar sus secretos.

Dorian avanzó silenciosamente por las sombras, toda su concentración en buscar a su pareja. Un gruñido hizo que contestara y corriera más, trotando silenciosamente por los pasillos. La oscuridad le ayudaba, proyectando sombras por las paredes suficientemente oscuras para ocultar sus movimientos. Sus ojos pálidos se achicaron repentinamente, ajustando su cuerpo en postura de caza. Con la barriga tocando el suelo, la cola hacia delante mientras avanzaba. Cada pata puesta cuidadosamente al suelo mientras el leopardo avanzaba, con los ojos clavados en la escena ante él. Gruñó suavemente ante el olor a miedo y sangre que irradiaban las tres figuras ante él.

Tensándose de repente saltó. Sus movimientos fueron rápidos y precisos, cada garra clavándose profundamente mientras los colmillos perforaban sin remordimientos. El segundo mortífago estaba en silencio en el suelo, su columna vertebral rota con un preciso movimiento de la cabeza de la pantera. El primero forcejeó con los colmillos clavados en su garganta, mientras su varita rodaba hasta para al lado de la pantera esperando pacientemente en el suelo. Los fieros ojos del leopardo miraban como los movimientos frenéticos del mago paraban, apartando las manos de su pelaje y cayendo sin vida en el suelo. Dorian tiró su presa y se movió al lado de la pantera negra, ignorando el thud de la cabeza del mortífago cuando se dio contra el suelo. Ronroneando felizmente, le dio unos lametones de consolación al costado de la pantera antes de fijarse en la manta que cubría la cabeza de su pareja.

Damian estaba quieto, esperando que su pareja le liberara. Con un desgarro repentino, notó aire fresco. Al primer toque del morro su pareja, Damian empezó a ronronear profundamente. Tumbándose en su espalda, capturó la cabeza dl leopardo entre sus gentiles patas y empezó a limpiar la sangre del pálido pelaje a lametones. Oliendo y frotándose los hocicos, Damian y Dorian se acurrucaron juntos unos momentos hasta que la pantera se apartó y se puso en pie con dificultad. Las cadenas enganchadas a sus collares resonaron cuando se movió, ambos gatos se congelaron ante el sonido, moviendo las orejas mientras escuchaban los mortífagos que se acercaban. Gruñendo infelizmente, contempló su situación. Buscando mentalmente, el enlace se puso en su lugar en un charco de poder. Brillando por el aura de poder ambos gatos se miraron antes de dar vida a su enlace telepático.

¿Estás bien? Preguntó Dorian, moviendo nerviosamente las orejas y bigotes mientras sus sentidos trabajaban para detectar amenazas.

Estoy bien, solo un poco dolorido. Susurró Damian, restregando su cabeza con la de Dorian. El sonido de voces acercándose hizo que se congelaran mientras miraban sus alrededores en la oscuridad.

Maldición, vámonos. Siseó Dorian, deslizándose por las sombras. El ruidoso sonido de la cadena golpeando el suelo hizo que el leopardo se girara. Un golpe de magia hizo que la cadena se disolviera y desapareciera con un susurro de Damian. Ambos gatos se adentraron en la oscuridad, sus patas suaves permitiéndoles pasar por el pasillo sin que les descubrieran. Damian apoyó la cabeza en el flanco de Dorian, permitiéndole al otro gato guiarle por las mazmorras. Los gritos y los sonidos de pisadas mandaron los grandes felinos corriendo por los pasillos, los cuerpos cerca del suelo y las orejas contra la cabeza. Parando en una intersección entre varios pasillos, el leopardo paró y levantó la cabeza, delicadamente oliendo el aire estancado. Damian se tumbó al suelo, ya que sus patas y cabeza dolían por el tratamiento recibido.

Por aquí. Gruñó Dorian, avanzando por un corto pasillo y mirando ansiosamente arriba de las escaleras. Deberíamos ser capaces de encontrar una manera de salir si subimos las escaleras. Sus ojos gélidos cayeron en Damian, captando el estado debilitado de la pantera. Moviéndose silenciosamente, se tumbó a su lado, con la cabeza apoyada en el pelaje oscuro. La pantera bajó la cabeza sobre sus patas, tomando unos minutos de descanso antes de levantarse y seguir por el castillo.

Hermione estaba sentada silenciosamente en la mesa de Gryffindor, rodeada de sus compañeros de casa. Ninguno de ellos podía comprender realmente lo que había pasado. Soltó el aire que había estado aguantando y miró la mesa. Dean y Seamus estaban mirando el espacio, ambos ignorando los platos de comida ante ellos. Su propio plato estaba sin tocar, la memoria del olor a sangre permaneciendo en el aire del comedor. Hermione miró el lugar en el suelo, la sangre lentamente manchando la clara piedra donde Pansy había estado tirada hasta hacía unos minutos.

Ni un hechizo de los que los profesores trataron de usar podía limpiar la piedra. Ella tenía sus propias teorías sobre su reluctancia a ser limpiada. El castillo estaba descontento por lo que había pasado en su interior. Hogwarts debía su reputación a la seguridad que les daba a sus estudiantes, y aun así varios estudiantes habían estado a punto de ser asesinados en el Gran Salón. Lo más seguro es que la sangre se quedara allí para siempre si Draco o Harry moría. El silencio cubría el salón, todos los alumnos preguntándose donde estaba Harry y si iban a ver la pareja enlazada de nuevo.

Dorian se puso en pie lentamente, ojos azules pasando sobre la pantera dormida descansando sobre sus patas. Ronroneando suavemente, bajó el morro y mordisqueó a Damian ligeramente en la oreja. Los ojos esmeralda se abrieron y la pantera bostezó abiertamente, mostrando sus afilado colmillos mientras se levantaba tensamente. El leopardo latigueó su cola y avanzó por el pasillo hacia las escaleras, con la pantera cerca de él. Al llegar a las escaleras pararon, mirando las escaleras. Mirando por última vez el pasillo del que venían, el leopardo se movió y empezó a subir las escaleras, cada pata flexionando ligeramente antes de que tocara el escalón.

Damian saltó y aterrizó al lado de Dorian, con las orejas torcidas mientras miraba fieramente a los ojos de su pareja. Juntando narices con la pantera, el leopardo continuó subiendo, parando con cada ruido que oía. Sus pupilas se dilataron medida que se acercaban a la luz sobre ellos, sus narices y bigotes moviéndose nerviosamente con las esencias que recibían. Un grito súbito hizo que ambos giraran la cabeza, mirando el mago oscuro que les estaban apuntando con sus varitas.

El leopardo se giró y saltó, rugiendo ferozmente mientras clavaba los colmillos en la yugular del mago. Gorgoteando, el mago cayó hacia atrás bajo el peso del animal. Soltando su presa, Dorian subió de nuevo las escaleras, latigueando la cola. Damian ya estaba en la cima de escaleras, moviendo la cola y gruñendo al grupo de mortífagos blandiendo sus varitas. La pantera y el leopardo estaban lado a lado, con las orejas apretadas contra la cabeza mientras rugían y gruñían. Sin previo aviso ambos saltaron y empezaron la batalla.

Pansy estaba sentada en una silla en la oficina del director. Su garganta estaba dolorida donde el gran leopardo la había desgarrado. Hizo una mueca mientras se pasaba los dedos por la herida. Madame Pomfrey había podido para el sangrado y curar los cortes pero sus dedos aún podían trazar el lugar donde la piel era más pálida. Pansy se levantó y cojeó lentamente hacia el espejo que colgaba de la pared. Su mirada encontró la cicatriz donde el leopardo la había mordido.

"Ah, Señorita Parkinson. ¿Quiere tomar asiento?" La voz del Director llenó la habitación mientras entraba silenciosamente. Su túnica amarillo chillón contrastando con el rojo Gryffindor que llenaba la habitación. Pansy se movió lentamente hacia la silla ofrecida, sentándose y poniendo las manos sobre su regazo.

"Después de todo lo que ha pasado hoy, mucho me temo que no puedo permitirle permanecer en la escuela. Me he tomado la libertad de contactar a su padre; estará aquí a buscarla pronto. Una vez haya dejado la escuela, los Aurores pueden arrestarla si quieren. Por ahora permanece bajo mi protección. Desearía que esto nunca hubiera pasado Señorita Parkinson, pero todos cometemos errores. Le deseo suerte en la vida." El viejo mago dijo, sus ojos azules llenos de sombras mientras miraba la bruja ante él.

"Gracias, señor." Murmuró Pansy, con los ojos bajos. Con un asentimiento, Dumbledore se puso en pie y se fue de la habitación, sin molestarse a mirar a la bruja que había ayudado al Señor Oscuro a matar al chico-que-vivió.

Severus bajó rápidamente las escaleras de la entrada del castillo, su túnica negra ondulándose en el frío viento. Su destinación estaba lejos de las barreras del castillo, una vez allí debería ser capaz de aparecerse en la base del Señor Oscuro. Una larga, pálida mano se deslizó en un hondo bolsillo de su túnica, rodeando la pequeña pluma que le iba a dejar volver a Hogwarts con los dedos. Seguramente era la única manera de poder recuperar la pareja enlazada. Jadeando de extenuación, se puso la máscara en la cara y le dio una última mirada al brillante castillo tras de él antes de aparecerse.

Estaba lleno de sangre. Se le metía en los ojos, llenaba su boca, y hacía sus patas resbaladizas. Damian tiró su cabeza hacia atrás y rugió con fuerza, con los ojos brillantes mientras esquivaba otro hechizo antes de saltar sobre el individuo que se lo había echado. Sus mandíbulas se cerraron fuertemente alrededor de la muñeca del mortífago. Sus garras se enterraron en su túnica, buscando su presa entre capas de ropa. Gruñendo bajito, soltó el mortífago y saltó lejos del hombre herido, sus patas metiéndose en un charco de sangre. El gritó del leopardo hizo que gruñera en respuesta y saltara sobre un cuerpo muerto, su nariz buscando el olor de su pareja. La sangre nublaba el aire, el olor tan potente que le ponía frenético, sus garras desgarrando todo lo que se ponía en su camino. Un flash de pelaje claro hizo que ronroneara en reconocimiento. Los dos gatos estaban lado a lado, cabezas bajas mientras miraban los mortífagos restantes y les rugían y amenazaban.

¿Qué hacemos ahora? Susurró Harry ansiosamente, saltando hacia delante y enterrando los colmillos en la carne antes de girar su morro y arrancando la mano ensangrentada.

Correr, es la única manera de salir de esta con vida. Respondió Dorian, siseando enfadadamente mientras un hechizo caía delante de él con una brillante explosión.

De acuerdo, ¿hacia dónde? Preguntó, bajando su cuerpo hasta el suelo mientras apartaba una varita apuntada hacia él.

¡Sígueme! Siseó Draco, saltando adelante y chocando con un distraído mortífago. Sus patas se deslizaron en la mojada y ensangrentada piedra mientras corrían lejos del grupo de mortífagos, con la pantera cerca de él.

La pantera y el leopardo corrieron por los angostos pasillos, ojos y bigotes buscando una ventana o puerta que les permitiera salir fuera mientras sus persecutores trataban de pararles. Garras chocaron contra dura madera y mármol, ambos animales en el aire frío mientras esquivaban hechizos sin puntería. Una puerta abierta le dio refugio a la pareja enlazada pero habían estado allí jadeando solo un momento cuando la puerta se cerró tras ellos. Girándose lentamente, Dorian miró la masa de mortífagos que estaban en frente del gran trono. El salón donde estaban estaba en completo silencio, cada mirada de la habitación fija donde estaban.

"Que entrada más magnificente, que mala suerte que esta sea probablemente la última que hagáis." La voz era fría mientras una figura lentamente iba por detrás la sombra del trono, parando lentamente antes de sentarse. Los mortífagos se arrodillaron e hicieron reverencias ante el Señor Oscuro. "Estoy realmente sorprendido de tu estupidez joven Malfoy. Lucius no ha sido capaz de entrenarte como es debido, pero también lo dicen 'de tal palo tal astilla'. He llamado esta noche y se han presentado todos mis seguidores menos uno. Dime Draco, ¿Dónde está tu padre esta noche?" El leopardo gruñó furiosamente en respuesta, latigueando la cola ante lo que Voldemort estaba diciendo.

"Y tu Harry Potter, ¿eres realmente tan estúpido como para tirar por la borda las esperanzas de cada bruja y cada mago del mundo por tu placer? ¿Vas a morir esta noche, no por ellos, pero por el amor de este traidor?" Voldemort se sentó de nuevo en su trono mientras la pantera rugía enfurecida, ojos esmeralda brillando fieramente.

"Hm, como no hablo en gato, ¿Por qué ponemos mi pequeña teoría en prueba? McNAbb, mata el leopardo." Un leve sonido se oyó mientras los mortífagos susurraban entre ellos. Una figura oscura se adelantó y apuntó la varita a Draco. El leopardo intentó esquivar, pero una mancha de pelo negro pasó delante de él e impactó con la figura, colmillos desgarrando a través de la ropa y carne sin pensar en su seguridad.

¡Harry! Gritó Dorian, cerrando los ojos cuando unas palabras susurradas fueron seguidas por una explosión de verde. El cuerpo de la pantera voló por el aire antes de chocar contra el suelo y rodar hasta parar. El leopardo rugió fuertemente, los ojos fijos en la pantera que yacía sin vida en el suelo del salón. Con un rugido de rabia, el pálido gato se giró y atacó.

N/T: Aviso que esta vez no me funcionaba muy bien el corrector y no sé si estrá muy bien ortográficamente hablando, pero a parte de eso… Muajajajajaja me siento malvada por dejarlo así :)

Por cierto…HE LLEGADO A LOS 200 REVIEW! Y yo que cuando empecé estaba convencida de que no llegaría a los 100. Estoy que pego saltitos todo el día de la felicidad!.

Muchas gracias a todos los que los habéis dejado!

Nos leemos pronto.