5-6-1992
Voldemort estaba vivo.
Si se podía usar esa palabra.
Cuando Dumbledore les había reunido a todos para explicarles lo que había pasado, Aurora notó que se le llenaba el estómago de piedras.
De alguna manera, durante el año sabático del profesor, Voldemort había encontrado y poseído a Quirrell. Le había tenido bajo sus órdenes, parasitándole el cuerpo para poder subsistir. Habían conseguido pasar las defensas que conducían hasta la Piedra Filosofal. Y lo que era más increíble todavía. Harry Potter le había vuelto a vencer.
Cuando terminó la reunión, el director hizo una señal a Aurora. La mujer se acercó donde él y esperaron a que se quedase la sala de profesores vacía.
-Como habrás notado, hay alguien que no ha asistido a esta reunión- comentó el director. Aurora se limitó a asentir- Puesto que la Piedra la tengo yo a buen recaudo, no hace falta el "juego" que habíamos montado. ¿Serías tan amable de ir al tercer piso, para echarle una mano a desmontarlo?
-Por supuesto, director- se limitó a decir Aurora.
La mujer fue por los vacíos pasillos del castillo. Eran las tantas de la madrugada. Los alumnos aún estaban durmiendo en sus camas, ajenos a lo que había pasado. Potter, Granger y Weasley estaban en la enfermería, bajo los atentos cuidados de Poppy Pomfrey. Aurora se limitó a no pensar mientras caminaba. Afortunadamente, Hagrid ya había sacado a Fluffy fuera del castillo (llevando una vaca muerta sobre el hombro para reclamar la atención de las tres cabezas perrunas, dejando un rastro de babas que Filch maldijo mientras fregaba). Aurora sabía quién había participado en las defensas, pero no en qué consistían, excepto Fluffy. El lazo del diablo estaba calmado bajo varias esferas de luz que levitaban encima de la planta. En la siguiente habitación, había cientos de llaves aladas metidas en cajas y varias escobas apoyadas al lado. Fue en la siguiente habitación cuando le encontró. Parecía, vestido de negro, otra figura más del tablero de ajedrez gigante. La mujer agitó su tobillo de manera exagerada, para que el tintineo de la tobillera la delatara. Severus se giró, la echó un vistazo para volver a lo suyo, lanzando hechizo tras hechizo a las piezas para volverlas a su tamaño original.
-Dumbledore me ha mandado- comentó la mujer. Sacó su varita y lanzó también ella un hechizo reductor a una torre blanca- ¿Cómo estás?- preguntó la mujer, de manera tentativa.
El hombre soltó un resoplido por la nariz a modo de contestación.
-¿Te acuerdas de cuando conocimos a monsiuer Flamel?- insistió ella. Si dejaba que Snape se encerrase en sus pensamientos, la costaría mucho sacarle de allí.
-Como para no- contestó el, a los pocos segundos. Aurora consiguió aguantarse el suspiro de alivio.
-¿Aún te carteas con él?- preguntó Aurora, en lo que reducía otra pieza de ajedrez a un tamaño normal.
-Hace años que no le escribo, la verdad. Lo último que sé de él es que dejó de dar clases como invitado en Beauxbatox… supongo que tendré que enviarle una última carta, a modo de despedida. Echaré de menos su ayuda y sus conocimientos de alquimia…- respondió él. Por el tono que había usado, Aurora supo que tenía la partida perdida. Él estaba centrado en la tarea y no quería distracciones. Cuando todas las piezas tuvieron el tamaño correcto, las convocaron con "Accio" y las depositaron en una caja.
La siguiente habitación estaba vacía. Olía de manera muy desagradable. La mujer arrugó la nariz. Cruzaron a toda prisa, para llegar a la siguiente sala. Había una mesa con siete frascos de diferentes colores y tamaños encima. Nada más cruzar un fuego púrpura brotó del suelo y al otro lado de la habitación surgió uno de color negro.
Severus se acercó a la mesa, fue a estirar la mano, pero se contuvo. Se giró para mirar a la mujer, con una sonrisa de suficiencia.
-¿Te atreves a solucionar mi reto?- dijo el hombre- Si una niña de doce años ha sido capaz, supongo que tú también puedas- añadió con burla.
-Eso también dice mucho de quien lo ha preparado, ¿no?- le respondió la mujer en el mismo tono- Que una niña de doce años haya sido capaz de resolver tu acertijo…
Se quedaron mirando fijamente, hasta que por fin Severus se inclinó sobre ella para darla un suave beso en los labios.
-Touché- dijo él. Cogió un pergamino y se lo pasó a Aurora. La mujer leyó las instrucciones.
-He de reconocerte que éste es algo más complicado que el que preparaste para la yincana de alumnos, que hicimos aquella Navidad- dijo la mujer- el acertijo del pastor, la oveja, el lobo y la lechuga.
La mujer leyó el papel un par de veces más, mirando las diferentes botellas, hasta que se decantó por la más pequeña y guiñó un ojo a Severus.
-Ciertamente, la culpa es mía- dijo Severus- he puesto un acertijo demasiado fácil…
La mujer le dio un golpe cariñoso en el brazo. Entre los dos, apagaron los fuegos e hicieron desaparecer los frascos, excepto uno de vino de ortiga.
-No es que sea de los que más me gustan- dijo el hombre- pero es de una buena añada. Sería una pena desaprovecharlo.
-No te hacía un alcohólico, Snape- comentó la mujer, mordaz. La misma frase que él, hacía tantísimos años, le había dicho. Los dos se sonrieron. La mujer iba a pasar a la última sala, cuando Severus la retuvo por el brazo.
-Será mejor que esa sala la recoja Dumbledore- dijo el hombre seriamente.
-¿Por?- Aurora se asustó. ¿Qué podía ser tan peligroso como para que su hombre se asustase de esa manera? No pudo resistirse, se zafó de su agarre y entró a la sala.
Era una habitación circular, con unas escaleras que bajaban a la plataforma central. En ella, había un espejo de cuerpo entero, con un marco dorado que parecía brillar con luz propia. Fue a bajar el primer escalón cuando notó de nuevo que Severus la frenaba.
-Esta vez puedo evitar hacerte daño- dijo él- En serio, Aurora, no te acerques a ese espejo.
-Sabes que contra más me prohíbas hacer una cosa, más ganas voy a tener de llevarte la contraria. ¿Qué hace ese espejo? ¿Tú lo has probado?
-Para mi desgracia, sí. Hay cicatrices que no desaparecen nunca. Pero, si tantas ganas tienes de sufrir, adelante entonces- la soltó- pero déjame que te haga una pregunta. ¿Eres feliz?
¿Qué clase de pregunta era esa, en un lugar así?
-Sí, supongo que sí.
-No te lo tomes a la ligera, Aurora. ¿Te acuerdas de la pirámide de Maslow de la que te hablé? Párate a pensarlo. Y cuando sepas la respuesta, mira al espejo.
Si quería asustarla, lo estaba logrando. Apartó su mirada y se concentró. Por supuesto se acordaba de la pirámide de Maslow. ¿Qué si era feliz? El primer peldaño estaba más que cubierto. Siendo egoísta y desde el plano materialista, el segundo escalón también lo estaba, aunque la seguridad, con el breve retorno de Voldemort, podría flaquear. Miró a Severus. No, teniéndole a él a su lado, no la pasaría nada. Lo que la hacía avanzar al tercer escaño. Tenía amigos, tenía el cariño de los suyos e, increíblemente e incomprensiblemente, tenía el amor de Severus (Si Rosalie Spinner la viese, no se lo creería...) . El cuarto escalón también lo tenía controlado. Una vez pasada la adolescencia, se sentía a gusto consigo misma, con los pies en la tierra. Dándole una base sólida para la punta de la pirámide. Tenía metas que lograr, publicar sus estudios, no había que preocuparse de lo que no se podía cambiar, pero sí luchar para que fueran más fáciles o más llevaderas el resto. Primero por ella y así, para ayudar los demás.
Ayudarle a él.
¿Qué si era feliz?
Bajó las escaleras y se puso delante del espejo. Donde la mostró…
Su reflejo.
Sin más.
Miró el reflejo de la persona que tenía detrás de ella, aún arriba de las escaleras. Tenía el semblante serio, con las manos entrelazadas delante de él. Mirando al suelo. Posición defensiva. Él levantó la vista un momento. Sus miradas se cruzaron. Ella le sonrió y le guiñó un ojo. Él puso cara de sorpresa, con la boca abierta incluida. Verle tan ridículo, hizo que una oleada de cariño le llenase el pecho a Aurora. Poder seguir sorprendiéndole a pesar de los años. "Ojalá eso no cambiase nunca" Pensó la mujer. Cuando se volvió a mirar al espejo, la imagen que le devolvía había cambiado.
Se veía con un vestido de novia, peinada y maquillada. Estaba muy hermosa. Y en su dedo, un anillo con forma de serpiente. O mejor dicho, de Uroboros.
Algo debió de cambiar en su rostro, porque oyó los pasos de Severus, acercándose a ella para apartarla del espejo, agarrándola firmemente de ambos brazos.
-¿Estás bien?- la agitó- ¿Qué has visto?
-Estoy bien, ¡Estoy bien!- repitió la mujer- Tranquilo. Ha sido revelador…
-¿Qué has visto? ¿A tu madre? ¿A Alex?- parecía que al hombre le había costado un gran esfuerzo pronunciar esas palabras.
-¿Qué? ¡No!- ¿se lo diría, se atrevería? En parte, ¿era por él que se había visto así?- Me he visto…- respiró y contó mentalmente hasta tres- Estaba vestida de novia.
Él la soltó y otra vez su cara era un verdadero poema. Parpadeó varias veces, tragó saliva y la tomó de la mano, para sacarla de la habitación.
-¡Eh, eh!- protestó Aurora- ¡Yo te he dicho lo que he visto! ¿Qué ves tú a través del espejo, Alicia?
-Un conejo tomando té con un sombrerero loco, en un mundo al revés- se limitó a contestar él. Ella se soltó, sacó su varita y le apuntó. Severus estaba tan contrariado que no le dio tiempo a defenderse. Ella pensó "Levicorpus" y el hombre quedó colgando de un tobillo en el aire.
-¡Qué diablos haces, Sinistra! ¡Bájame!
-Ahí tienes tu mundo al revés, rubia, ¡dime que ves en el espejo!
-¡Exijo que me bajes!- dijo él en un tono siseante y amenazador. ¿Qué le había dicho hacía unos minutos? "Hay cicatrices que nunca se cierran". Aurora Lo comprendió tan de golpe que fue como si se lo diesen de manera física.
-¡Ves a Lily, verdad!- a Aurora se la llenaron los ojos de lágrimas- ¡Conmigo no eres feliz y la ves a ella!
-¡Os veo a las tres!- gritó él, con la cara contraída de dolor y vergüenza, e intentando que no se le bajase la túnica.
-¿A quiénes?
-A Lily, a mi madre y a ti…Haga lo que haga, siempre tengo miedo de perderte. Que dejes de estar a mi lado... por mi culpa…- se le rompió la voz a Severus. Se quedaron mirando en silencio, hasta que ella lanzó el contrahechizo y él cayó al suelo con un golpe seco. Ella fue corriendo donde él para abrazarlo. Lloraron los dos en silencio, abrazados fuertemente entre ellos. No supo cuánto estuvieron así. Cuando se calmaron, la mujer tiró de él para levantarlo del suelo y le agarró de la mano.
-Vámonos de aquí- dijo ella- te he ganado en un duelo y voy a quitarte los calzoncillos, como te prometí…
-Aurora… técnicamente, no ha sido un duelo- replicó él, intentado dar un tono burlón.
-Cállate- exigió ella- Voy a darte un buen motivo para que nunca quieras separarte de mí.
-¿Por qué?- preguntó él, realmente intrigado.
-Simplemente, porque te quiero, Severus Snape.
OOoOO
Una cosa que me encanta de estos libros, es que todo parece perfectamente conectado (con las excepciones de la "Mano de la Gloria" de Malfoy y el estudiante "repetidor", pero bueno, que todos somos humanos ;) ) Que Rowling no dio puntada sin hilo.
Hace poco leí que, ya en el primer libro, insinuó de qué trataban, o qué iba a pasar, en los seis libros restantes...
En el juego que custodiaba la Piedra Filosofal:
El Lazo del Diablo es el Sauce Boxeador de "La Cámara de los Secretos"
Las Llaves, lo que da la libertad, son "El Prisionero de Azkaban"
El Ajedrez es el "juego", las pruebas del "Caliz de Fuego"
El Troll es Grawp (O Umbridge XD ;) ), de "La Orden del Fénix"
La Lógica de las Pociones y el "Principe Mestizo"
Y el Espejo de Oresed, La batalla final de "Las Reliquias de la Muerte"
...
Rowling hizo su propio Spoiler de los libros... Y hasta el Séptimo, NADIE nos dimos cuenta.
Óle por ella. *me quito el sombrero*
...
Hasta el sábado que viene,
Un beso para todos
Robin Fleur
