N.A.: Madre mía, menudo capítulo más largo y más difícil de escribir. La idea estaba bastante clara desde un principio, pero plasmarla después con detalles y diálogos entre los personajes ha sido algo complicado.

De todos modos. he disfrutado bastante escribiendo este capítulo. Es divertido darle algo de "acción" al asunto.

Espero que el capítulo os guste, y como siempre, gracias por leer.

~DasGoldenTruth~


Capítulo 28:Mientras que la música no se vaya.

Las cenizas de las postales que alguna vez mi padre recibió entre sus manos ahora se disipan entre las cuatro paredes de la buhardilla de los recuerdos.

Tal vez esa pequeña obra de arte intoxicada por las manos de su autor no merecía este final, pero mis padres tampoco. Las llamas fluyen entre la tinta de esa dedicatoria, desde la cerilla hasta cada esquina del papel, consumiéndolo, borrando su rastro, tal y como hizo el ejecutor de la muerte de mis padres con mi felicidad y mis ganas de vivir.

Pero tal y como ocurre con estas llamas, al consumir el papel se hacen más fuertes e intensas, de la misma manera a la que yo me aferro a la vida, con uñas y dientes, esperando encontrar esa felicidad que mi padre quería para mí, junto a la persona a la que amo, sin guerras, sin dolor y sin muertes. Solo él y yo. Él y yo y nuestra felicidad.

Tal vez mi corazón algún día se detenga, tal vez mis ojos algún día decidan no volverse a abrir, pero mientras tanto, viviré cada momento como si fuera el último, con firmeza y energía, sin importarme el alrededor o la mirada ajena.

El olor a quemado impregna tanto la habitación que llega a ser hasta molesto, por lo que, con un rápido movimiento, abro la ventana de la buhardilla, la cual se encontraba algo atascada debido al tiempo que llevaba sin abrirse.

Ahora que lo pienso, nunca había llegado a subir a este lugar en los diez años que llevo viviendo en esta casa.

De pequeña me daba miedo subir las escaleras más allá de mi habitación. Tenía pánico a las buhardillas, sótanos o cualquier lugar que sirviese de refugio para los recuerdos y para aquellos objetos que no volverían a utilizarse. Pensaba que con poner un solo pie en esa "trampa mortal", el Führer volvería a por mí, para ganar el juego del escondite a cualquier precio.

Pero el Führer no volvió, Parecía haberse olvidado de aquella chica de ojos azules que había escapado de sus garras con solo haberse escondido tras un piano. Si embargo, nunca fue así. Él no se olvidó de mí. Ni yo de él. El recuerdo de ambos nos sigue atormentando; a mí en mis pesadillas, a él en los ojos de cualquier niña aria que se cruce en su camino.

Pero aquella niña que alguna vez poseyó una alegría e inocencia propia de su edad ha crecido, convirtiéndose en una mujer dispuesta a cumplir sus sueños, sus metas, a sentir lo que nunca sintió cuando le arrebataron lo que más quería.

Puesto que el fin justifica los medios, esa mujer será capaz de cualquier cosa con tal de ganar, de derribar uno a uno sus peones, hasta llegar al rey, y cometer un merecido jaque mate. Por mí, por mis padres. Por los que han muerto y por los que aún no lo han hecho. Por todos aquellos que alguna vez sintieron el dolor y el frío en sus corazones.

El rugido del motor de un coche me arrastra fuera de mis pensamientos más profundos, tal y como lo hizo aquel día, dándome la señal de que ya debía de salir de mi escondite.

Pero ahora no es necesario huir. No hay malhechores armados rondando por los pasillos de la solitaria casa; solo una animada Viveka Kirchner que recorre la entrada del edificio de varias plantas con un sobre en la mano, buscando a su abstraída sobrina.

-¿Mary? ¿Dónde estás, Mary? -Pregunta recorriendo ahora los pasillos de la primera planta, obligándome a bajar para atender a su llamada.

Mi dama de amarillo, más enérgica que de costumbre, me muestra sonriendo ese sobre que portaba en sus manos.

"Para la bellísima Viveka. Bienvenida al maravilloso mundo de los negocios.", reza una hermosa y esmerada caligrafía, firmada con el nombre de un tal Artyom Zhukovski.

-Es un regalo de un hombre al que le gustaría promocionar nuestro local. Me dijo que ganaría muchísima ventaja si conocía a la clase alta alemana y sus gustos, así que me ha regalado tres entradas para la ópera.

-Vaya, menudo detalle. -Susurro.

Ella asiente, mientras que yo abro el sobre con cuidado para descubrir, tal y como me había asegurado mi tía, tres entradas para la ópera: "Mathis, der maler", en el palco.

Matías, el pintor. Qué buen regalo para alguien cuyo cuñado se dedicaba a la misma profesión que el protagonista de la obra.

-¿Crees que deberíamos aceptar un regalo de alguien con nacionalidad rusa? -Le pregunto a Viveka, dándole el sobre.

-Creía que tú no seguías los estereotipos impuestos por el Führer, Mary. Si esta persona es tan mala como todos piensan lo comprobaremos tarde o temprano. Tampoco podemos desconfiar de todo el mundo por el hecho de pertenecer a La Rosa Blanca.

-Supongo, pero sigo sin fiarme.

Mi dama de amarillo desiste, suspirando. Sabe que es completamente imposible hacerme cambiar de opinión.

-Aunque no consiga hacer que confíes..., ¿vendrás conmigo? -Pregunta mirándome a los ojos, con carita de cordero degollado. La verdad es que se la ve ilusionada con asistir a la representación de la obra de ese tal pintor Martín.

-Está bien. Iré contigo. Pero, ¿para quién es la tercera entrada? -Preguno a mi dama de amarillo, quien daba saltitos de alegría.

-¿Tú qué crees?

Irenka, por supuesto. Era de esperar. ¿Para quién sino iba a ser la entrada? La mejor amiga de mi tía, Irenka Scholl, Sophie, para los viejos amigos. Esa mujer de complexión pequeña y delgada, de ojos vivos como el coral, que siempre conseguía arrancarle una sonrisa a mi dama de amarillo cuando supo sobre la ejecución del hombre por el que había abandonado todo lo que era, todo lo que es y todo lo que será.

El teatro estaba abarrotado, parece que la obra bautizada con el nombre de Mathis, der Maler había causado gran impresión cuando se publicitó. Un pintor que va en contra de la sociedad de su época, que se rebela, y que a su vez consigue abrir los ojos de las personas de su alrededor. Un buen tema para una buena ocasión.

Mi dama de amarillo ha decidido hacer gala de uno de sus conjuntos favoritos y menos usado. Un hermoso vestido de color añil, ceñido por la cintura y holgado en la falda, con adornos dorados en ese hermoso escote de palabra de honor. El pelo lo lleva suelto, a un lado de su cuello, con una orquídea del mismo color en él.

Irenka tampoco se queda atrás, luciendo un hermoso vestido color salmón, con la diferencia de que el suyo es ceñido hasta las rodillas. Es de manga corta y lleva su peinado habitual, una cola al lado, adornada esta vez con un discreto tocado de piedras negras.

Yo, por mi parte, me he decantado por un vestido sencillo, también largo, en color negro, con tul grisáceo. Un préstamo de mi tía, claro está, ya que en mi armario este vestido no tendría cabida. El pelo lo llevo recogido en un moño despeinado, con varias flores negras, y con varios mechones rizados.

Viveka no ha dejado de repetir durante el camino de ida a la ópera lo hermosa que iba con tal conjunto. Incluso le había comentado al joven conductor de nuestro taxi que yo estaba soltera. Si mi tía supiera...

En definitiva, no llevamos un atuendo con el cual podríamos haber pasado desapercibidas totalmente. Claro, si mi tía no va llamando la atención de los viandantes es porque algo no anda bien.

La obra daría comienzo de un momento a otro. Los músicos preparaban y afinaban sus instrumentos, el director de la orquesta hablaba con uno de los representantes de la obra, dándole nuevas indicaciones.

-¿Traíste lo que te comenté, Sophie? -Pregunta mi dama de amarillo a Irenka, en un leve susurro apenas audible.

-Sí, mejor así. Es bueno estar preparadas. -Responde ella, confundiéndome, pues no sabía a qué se refería, de nuevo.

Pero no era la conversación lo que ha captado mi total atención, sino que lo han hecho unos soldados, situados frente al escenario. Había varios de ellos; unos con el uniforme de su escuadrón correspondiente y otros, con traje y corbata. Elegancia en el estado más puro. Hablan entre ellos, miran al escenario, señalan las entradas y salidas del lugar. Algo no me gusta, pero ya oí a Viveka, no debo sacar conclusiones precipitadas.

Entonces, una chispa ilumina mis ojos al reconocer entre los soldados a una figura familiar. Esbelto, alto y con unos hermosos y deducibles, desde mi lugar, ojos grises. Sin duda era Garry, exhibiendo un hermoso traje de chaqueta que le quedaba como anillo al dedo.

Sin embargo ahora la pregunta es, ¿me habrá visto? ¿Se habrá dado cuenta de que estoy aquí, observándole, poniéndome roja con solo pensar en sus caricias?

Parece que no, está más atento a la conversación que mantienen dos de sus camaradas que de su propio alrededor. Su semblante es serio, tanto que sus ojos grises son capaz de estremecerme.

¿Qué es tan importante como para que tantos soldados asistan a la mera representación de una obra musical?

Mientras mi dama de amarillo, Irenka y yo subimos la escalera que daba acceso al palco, me percato de una cosa: el pasillo estaba totalmente vacío. Solo el sonido de nuestros zapatos es capaz de interrumpir ese silencio que se me antoja escalofriante.

Si la entrada estaba abarrotada, ¿cómo es posible que esta zona esté tan desierta?

«Mary, estás exagerando demasiado, ¿no crees? Siéntate y disfruta del espectáculo.», sugiere Yona, entre molestas risotadas.

Buena recomendación. Lo difícil será llevarlo a cabo sabiendo que mi soldado de ojos grises está solo un piso más abajo.

-Mary, ¿qué te ocurre? Estás pálida. -Musita mi dama de amarillo, acercándose a mi para comprobar si tenía fiebre o algo por el estilo.

-No te preocupes, Viveka. Estoy bien. Tal vez deberíamos sentarnos ya, no creo que esto tarde mucho en dar comienzo. -Le contesto, a lo que ella asiente.

Irenka se había adelantado y ya ha ocupado su sitio en el amplio palco, reservado solo para nosotras.

Nosotras hacemos lo mismo, y nada más llegar, las luces se apagan. El espectáculo va a dar comienzo.

Trompetas y violines entran a coro en una suave melodía, respaldados por el estruendo de trombones y tubas, dándole a la pieza de música un toque delicado a la vez que fuerte.

Sin embargo, esa alegre armonía rompe con el sonido triste y desgarrador de unos violines y percusión, acompañados por la voz del protagonista, un barítono que daba vida al personaje de Mathis, der Maler.

Fin del primer acto.

Viveka e Irenka comentan sobre la hermosa aparición del personaje y la puesta en escena de la trama. Un simple pintor, que lucha contra los ideales de su época.

Mientras, mi mirada vuelve a dirigirse hacia el sitio en el que se encontraba Garry. Se encuentra de pie, inquieto. Algo anda mal.

Aún así, desde lo más profundo de mi ser, los deseos de que dirija su mirada hacia el palco aumentan más y más.

Vamos, mírame. Presiente mi asistencia y ven a buscarme. A recordarme que una simple caricia tuya es capaz de revolverme.

Entonces, y para mi sorpresa, su mirada gris decide emprender el vuelo hacia el alto palco, para cruzarse con la mía. Un brillo se dibuja en ambas miradas, haciendo que los dos sonriamos. Un simple gesto suyo es capaz de indicarme que debo hacer.

"Baja", me dicen sus ojos, a los cuales obedezco.

-Volveré enseguida. -Anuncio a mis dos acompañantes, levantándome de mi asiento.

-¿Dónde vas, Mary? Ya va a comenzar el segundo acto. -Contesta Irenka.

-Al tocador, me encuentro algo mareada. No os preocupéis, en cuanto me encuentre más repuesta volveré.

Entonces, como alma que lleva el diablo, abandono el palco, levantando un poco mi vestido para no tropezar y caer, pues mis pasos podrían ocasionarme un traspiés.

Y ahí está él, mi soldado de ojos grises, esperándome con los brazos abiertos.

-¡Garry! -Grito entre risas antes de entregarme a sus brazos, los cuales me acogen con fuerza.

-Mi princesa aria... -Susurra en oído, produciéndome cosquillas.- ¿Qué haces aquí?

-Eso también debería preguntarlo yo, ¿no crees? -Sonrio, acariciando su mejilla.- Mi tía y yo hemos decidido venir al estreno de esta obra. ¿Y qué te trae por aquí?

-Te responderé a esa pregunta en un lugar más privado.

Ese último susurro produce un tierno rubor en mis mejillas. Me toma de la mano, guiándome por los pasillos del teatro, hasta unos pasillos con habitaciones a ambos lados. Parece que este estaba afiliado con un hotel de alta gama.

Abre una de las puertas al azar, invitándome a pasar primero. Una habitación decorada con amplio lujo de detalles, con una amplia cama de matrimonio con sábanas en color burdeos.

Antes de que pueda girarme para encarar a Garry y volverle a preguntar sobre su visita al teatro, lo encuentro cerrando la puerta, pestillo incluido.

Un amargo recuerdo pasa por mi mente, pero apenas dura unas milésimas, pues los labios de Garry han decidido poseer los míos con impaciencia, abrazándome por la cintura. La verdad, si no fuera por su agarre, probablemente mis piernas habrían cedido.

Con la misma prisa, me sienta sobre el tocador de la habitación, sin abandonar ni mis labios y sin cesar sus caricias a mi cintura.

Ahora no tengo clara cuál era la pregunta que iba a esbozar. Lo que si está claro es que Garry lleva mucho tiempo deseando verme y sentirme cerca de su cuerpo, en un roce frenético de nuestros labios y de nuestras caricias.

Sus manos se cuelan entonces por la falda de mi vestido, recorriendo mis piernas desde la rodilla hasta su comienzo, mordiendo con suavidad mis labios.

Dios mío, perderé la cabeza si Garry continúa apoderándose de mí de tal manera.

-No puedes hacerte una idea de lo que me estorba este vestido ahora mismo, Mary. -Susurra, interrumpiendo un largo y apasionado beso que vuelve a retomar.

-No tengo ningún problema si decides arrancármelo, Garry... -Susurro en su oído, para después besar su cuello, dejándome llevar por mis instintos.

Ambas respiraciones se agitan, a la vez que nuestros corazones deciden desbocarse al mismo tiempo.

Baja los tirantes de mi vestido negro, dejando entrever el comienzo de mis pechos, el cual se detiene en observar, mientras que yo me pongo completamente roja.

Entonces, sus dedos recorren una de las heridas que Weissbeck dejó en mi pecho y que aún no había tenido tiempo de cicatrizar. Con suavidad, Garry deposita un dulce beso en el rastro de esa herida en mi piel.

Tras mirarme a los ojos con su mirada gris, ahora con más brillo, vuelve a besar mis labios, lenta, pero intensamente, poniendo una mano en mi nuca para profundizar ese beso.

Despacio, baja la cremallera del lateral de mi vestido, haciendo que este comience a descender sin dejar ver nada, aún.

Sin embargo, un estruendo proveniente del teatro donde se estaba representando la ópera rompe nuestro mágico reencuentro, provocando que me asuste.

Miro a Garry a los ojos, quien me devuelve la mirada tan confundido como yo.

De nuevo, otro estruendo, y consigo los gritos de los espectadores. Esta vez ese sonido había sonado más cerca y aún más claro. Se asemejaba a un disparo, seguido por el pánico del público.

-Mary, vámonos de aquí enseguida.

Sin mencionar palabra, me aferro a su mano con fuerza, viendo como porta un arma en la otra mano.

-¿Tan grave es la situación? -Pregunto a Garry, atemorizada por su prisa al recorrer los pasillos.

-Tú misma lo has oído. Dos disparos, creo que es lo suficientemente grave como para huir.

-¡Pero mi tía sigue en el palco! -Grito frenando en seco y soltándome de su agarre para poner rumbo al teatro.

Pero Garry me detiene, tomándome de la muñeca con fuerza.

-No creo que sea lo más sensato. Más de una veintena de soldados están ocupando ahora mismo el teatro, y no vienen en son de paz. Tu tía estará bien. Ven conmigo y nos reuniremos más tarde con ella.

Miro a Garry a los ojos con firmeza. Es una promesa, lo sé. Me está prometiendo con una simple mirada que me protegerá aunque me niegue.

-Maldita sea. -Susurro antes de volver a emprender nuesra rápida carrera por los pasillos del hotel, hasta llegar a la salida trasera de este.

Por otro lado, mi tía se encontraba oculta tras la pared del palco, junto con Irenka, pistola en mano, cargada, esperando no tener que usarla en ningún momento. Las salidas se encontraban obstruidas por centenares de personas que intentaban abandonar el lugar, y las escaleras por las que se accedía al palco estaban custodiadas por dos soldados de la Schutztaffel con armas de gran calibre.

-Estamos perdidas, Viveka. -Susurra la mujer con el rostro cubierto de pecas.- ¿Cómo han podido hacer una redada hacia los actores judíos en pleno acto? ¿Qué clase de persona ha ordenado esto?

-No parece que esto sea obra de algún superior. -Responde la mujer de ojos azules, sujetando el arma con aún más fuerza, recordando al noble capitán de ojos grises que tuvo el gusto de conocer no hace tanto.

Ambas guardan silencio al escuchar unos pasos acercarse al palco. Un hombre, por lo que se puede deducir.

Viveka apunta hacia la entrada del palco, presionando levemente el gatillo de su Luger P08, un regalo del no tan precavido Ritter Aigner.

El hombre entra en el palco, sonriendo de lado al descubrir a las dos mujeres escondidas y asustadas.

-Me alegro de que al final decidieras venir, Viveka. -Susurra el hombre con un demasiado notorio acento ruso, portando un arma blanca en la mano.