La verdad ya tarde demasiado. Estoy manteniendo varios proyectos encima. Pero encontré el tiempo para escribir este capítulo. Diré noticias al final de este cap.


El pasado y el presente

(Parte dos)

Un relámpago hace resonar toda una mansión, pero no llovía. Las nubes se encontraban negras y llenas de electricidad, ya era de noche y sin ninguna estrella de firmamento, iluminando el lugar, como si temieran presentarse en ella o simplemente no querían estar ahí, posar su vista sobre aquella mansión y ayudado por las nubes a que no se presentasen. En aquella mansión, estaba inundada de energía negativa, se sentía el ambiente muy pesado, para todo aquel que la pisase.

El sonido de la puerta se escucha, alguien toca. Y una sirvienta de pelo pelirrojo, ojos del mismo color y tez clara, se dirige al lugar. Pero al abrir.

-¡Sr. Javier!- Dice la sirvienta, sorprendida al ver a su patrón completamente sucio de su traje y en parte roto, lo cual nunca jamás había pasado.

El magnate no dice nada y pasa, con sus zapatos sucios, pisando el suelo limpio. El suelo estaba tan limpio que hasta se podría ver el reflejo del regente en el. Javier ve su reflejo de reojo y ve su estado, tan sucio, sus ropas rasgadas y en parte rotas, tras la embestida de un Pokémon salvaje. Y horas antes por estar en el Monte Pírico.

-¿No se le ofrece nada mi señor?- Pregunta la sirvienta, en tono nervioso.

-No.- Responde Javier en tono neutro.

El regente sigue caminando, en dirección hacia las escaleras. Había dos escaleras en forma de espiral. El se dirigía a una de ellas.

-S-s-señor Javier.- La sirvienta llama a su patrón, pero se notaba sus nervios al hablar.

-Sí. Dime.- El regente para, para escuchar.

-…- Pero la sirvienta tenia tantos nervios y más aun ver así a su patrón.- Nada, señor. Solo quería informarle. Que la Señora Lucia ya se encuentra en la mansión.

Javier solo bufa levemente al escuchar eso, para el eso no era una información que le prestase mucha atención. Aunque en realidad eso no quería decirle la sirvienta. Pero al ver a su señor muy diferente a lo habitual, mejor decide esperar.

-(Mph) Pensé que la seguridad no dejaba pasar a vagos cerdos a esta casa.- Una voz surge y una muy despreciable para Javier.- Ahora dicho cerdo se atreve a ensuciar ese hermoso y limpio suelo.

Javier arruga su rostro al oír esa voz. Su esposa en efecto si estaba presente.

-Retírate Janet.- Dice Luca, de mala gana y de forma seria.- Y limpia el suelo.- Le ordena.

-Si señora Lucia.- La sirvienta de nombre Janet se retira de la gran sala y aparte tenía que, a sabiendas de lo que iba a pasar.

Javier solamente se mueve, dejando lodo por donde pisa. Mientras su esposa bajaba por las escaleras. Rápidamente la esposa lo intercepta.

-¿En dónde has estado?- Pregunta Lucia a espaldas de su marido.- No estuviste en la empresa todo el día.

-¿Acaso te importa lo que yo haga?- Pregunta el hombre seriamente, dándole la espalda a su mujer.

Javier decide ignorarla, no estaba de humor para una de las tantas peleas contra su mujer.

-¡Detente!- Exclama Lucia.- ¿A dónde estabas?... Con tu amante.- Dice con obvio enojo.

Eso detiene el regente de golpe, al escuchar esas palabras.

-¡Je!- Javier sonríe al escuchar esas palabras.- Si Lucia. Estaba con mi amante.

Lucia solo gruñe.- Acaso te tengo que recordar que pasa si nos divorciamos.- Le dice, con cierta sonrisa de malicia.

-Por eso no soy tan estúpido.- Dice Javier, seriamente.- Y de seguro tú estabas con el tuyo, ¿Cierto?... O si es que tienes.

-Como tú dijiste. No soy estúpida.- Dice la esposa.- No sería como tú que sería tan obvia.

-¡Ohh!, Si. Pobre de aquel que este contigo. Ni quien te aguante.- Javier ríe, de forma burlona.- En cambio a mí. Si dices que soy tan obvio... A lo mejor quieres que te cuente como me la pase bien con ella, que es mejor que tú en todos los sentidos, ¿Quieres escuchar cómo nos sumergimos hasta la pasión y como hasta ensucie mis ropas con ella, bajo la lluvia?, ¿Cómo ella me hiso sentir lo que tú nunca podrás?

A la mujer le domina la rabia y gruñe entre dientes. Y antes de que su marido siguiera hablando y aprovechando que estaba a espaldas y mientras caminaba. Lucia agarra la cabeza de Javier y lo azota fuertemente en un pilar que estaba al frente, con un fuerte golpe que suena como eco, lo calla. Javier cae al suelo.

-¡Escúchame bien cerdo imbécil!- Y Lucia se pone encima de su marido, estando en el suelo.- ¡No me compares con esa asquerosa!

Javier que sangraba la parte superior de la cabeza trata de recuperarse del golpe. Abre sus ojos y ve a su esposa fijamente. Lucia por un momento se le queda viendo a los ojos.

-"¡Esos ojos!"- Se dice la mujer, que sin notarlo, se sorprende al verlos.

-¡Quítate de mí!- Pide el hombre.- ¡Ahora!

Javier de un fuerte empujón hace que su mujer caiga y se quite encima de él. El magnate se para poco a poco, titubeante, adolorido, tanto físicamente, como mentalmente, ya había pasado por mucho el día de hoy. Lucia en el suelo pensaba lo que vio en los ojos, de su marido, ya los habia visto antes y los recordaba. Los ojos del regente se mostraban vacios y sin brillo algunos. Regularmente son diferentes, llenos, pero sin brillo.

-Ja-Javier.- Lucia tartamudea de lo que ve.

-Me voy a dar un baño.- Dice el hombre, que se para y vuelve a dar la espalda a su esposa.- No te quiero volver a ver dentro de las siguientes horas. Vete con tu "amante". Haber que haces. Pero sal de mi vista.

Lucia se siente destrozada en su interior. Ella antes había visto esa mirada. Era cuando su esposo había cambiado, esa era una señal de que él ha estado sufriendo profundamente. Y en efecto el regente ya perdió muchas cosas en su vida y a pesar de todo hace como si nada hubiese pasado.

Lucia esta vez obedece por una vez a su marido, sin decir nada. Ya sea por miedo o por lástima que le tiene.


Al día siguiente. 12:00 pm

El gran regente de la mansión estaba haciendo sus cosas cotidianas en su oficina. Firmando los últimos pagos de la seguridad, que apenas y había despedido ayer. Y revisando sus papeles y leyéndolos relacionados con su empresa. Para Javier, su vida es trabajo, lo cual se ve reflejado en sus riquezas y todo lo que posee, demostrando también respeto entre el mundo del comercio y negocios. Y todo mientras está sentado en su silla giratoria. El hombre tenía mucho trabajo al no estar presente ayer en su empresa. Pero eso era por un compromiso. Y no era algo que no podía resolver hoy. Y no difiere nada en su vida cotidiana que es lo mismo.

Toc, toc, toc

El regente desvía su mirada en la puerta y se desconcierta a su vez. Casi nadie toca su puerta. Regularmente entran. O eso al menos que sea su esposa o sus hijos. Al menos el ultimo que estuvo antes de irse de aquella mansión.

-…Adelante.- Javier da una señal de entrar.

Javier de nuevo baja la mirada y solo escucha el rechinido de la puerta que es abierta.

-Cierra la puerta. Por favor.- Pide el regente, mientras sigue viendo sus papeles, porque sabe que se trata de uno de sus empleados.

-Señor.- Una voz de mujer se escucha.

Javier alza su mirada y ve a una sirvienta que se había presentado a su oficina.

-Janet… ¿Qué se te ofrece?- Pregunta Javier.- Toma asiento, si gustas.- Dice mostrando cortesía.

La sirvienta no se sienta por el hecho de que estaría cerca del regente, tenía nervios que notaba este al verla. Porque ella estaba frente a un hombre poderoso y el que rige principalmente en la mansión y su pago. Pero Javier inclusive se muestra desconcertado ante la visita de la criada en su oficina.

-Lo siento mucho. Tenía que hablar con alguien.- Dice la sirvienta muy roja y nerviosa.- Ahora que su hijo no está.

-¿Carlos?- Pregunta Javier, desconcertado.

La sirvienta se siente más nerviosa, le vio lo gracioso que su jefe mencionara a su hijo menor. Pero Javier no estaba bromeando al respecto. El único que se quedaba siempre en la mansión era Carlos. Pero este ya tenía meses que se había ido para vivir su propia aventura.

-N-no.- Responde la criada.- Sebastián.

El hombre siente algo en su interior al ver que su hijo mayor era mencionado.

-No quería ir con la Señora Lucia… Por bueno, su carácter.- Dice Janet que trataba de contenerse, sin éxito.- Y quería ir con alguien que al menos me dejara hablar.

El hombre esta pensativo. Pero sabe se trata de su hijo mayor, algo malo vendría y por experiencia lo sabe.

-Pues di lo que me tengas que decir. Que estoy muy ocupado.- Dice Javier, que se pone aun más serio.

Pero la sirvienta sabe que ir con su jefe era aun peor, por el hecho de que cada vez que alguien se acerca a él, se siente pesado e incomodo, como si a todos intimidasen, intimidando a su esposa e hijos y ahorita mismo le muestra su fama.

-No sé cómo decir esto.- Dice la sirvienta muy apenada y seria a su vez y agarrándose una parte especial de su cuerpo a lo cual el regente la miraba.- Qui-qui… Quiero decir que estoy embarazada de Sebastián.- Lo dice por fin.

Después de esas palabras solo se escucha un profundo silencio que era roto por muy poco por el sonido de un reloj de madera. El regente alza un poco su ceja ante esa respuesta.

-Llevo aproximadamente dos meses.

-Desde su última visita.- Comenta el regente.- El cumpleaños de Lucia.

-Y tiene tiempo que no lo veo y no sé en donde esta.- Dice la sirvienta.

-Felicidades.- Dice Javier, se vuelve a poner serio, como siempre.- Espero que este bebe que traes nazca sano.

Pero esas no eran las palabras que Janet esperaba, no de esa forma y de esa forma tan fría e indiferente, no esperaba que en realidad su patrón las dijera como si nada a sabiendas que Javier era así con todos. De nuevo solo hay silencio.

-¿Qué esperabas?- Pregunta Javier se le adelanta leyéndole la mente.- ¿Que tendrías un diferente trato?

La sirvienta niega con su cabeza.- N-no. Pero si una consideración cuando mi bebe nazca, ya que el padre es Sebastián, su hijo.- Dice ella, molesta.

-Mira. La vida de mi hijo mayor es aparte.- Dice el regente que de nuevo la ve y a los ojos a la sirvienta.- Yo no le doy nada a Sebastián, ni él a mí, ¿O acaso crees que lo que tiene es por mi?, se sabe valer muy bien por sí mismo.

-Pero, pero.- La sirvienta se enoja.- Pero su hijo no está y ya tiene tiempo que no aparece.

-Si hubiese sido una violación. Ahí sí que me hubiera hecho cargo. Pero solo por lastima. - Dice Javier que no separa su fría y cruel mirada sobre la pobre sirvienta.

-¿Lastima?- Pregunta Janet indignada, con un enojo que se notaba.- ¡¿Cómo puede decirme eso?!- Le grita.

-Escúchame. Ten en cuenta a quien le alza el tono criada.- Dice el regente que se pone más molesto todavía.- Ve como te contesto, no te alzo la voz… ¡Entendido!- Y eso ultimo lo alza para aplacarla.

La sirvienta castaña siente algo, como si de una fiera se tratase y con sus palabras la controlan.

-Pero conozco bien a mis hijos…- Pero antes del que el hombre prosiguiera.

-¿Cómo puede decir que los conoce?- Dice Janet que interrumpe al hombre, tratando de hacer algo al respecto, contra Javier.- Como puede conocerlos si ni siquiera se limita en ponerles atención. Si ni siquiera tiene consideración con su nieto que está en mi vientre. Inclusive uno de sus hijos huyo de usted.

-¡Je! Carlos.- Dice Javier que ríe un poco.- Dices que no los conozco, pero tú te has limitado a conocerlos al trabajar aquí… Mi hijo Carlos es un buen niño, alegre, lleno de energía e inteligente, hasta es dulce, tanto que se atrevió hasta a confiar en personas como tú, los sirvientes y los vio como un símil. Mi hijo menor, inclusive estaría dispuesto a darte la mano si es necesario. Pero es un niño y se comporta como tal en tener esa esperanza y aun no comprende eso y no está hecho para eso, para esa responsabilidad, ni siquiera tú le harías esto. Pero inclusive el guarda un lado oscuro, que debajo de lo que es, esconce un odio a hacia mí, su madre y su hermano.

La sirvienta calla por un momento ante eso, al ver que Javier si lo conocía bien. El amo Carlos era así. Todas las sirvientas querían a Carlos, porque era aun un niño inocente y humilde que no se atrevió a rebajar cruelmente a la servidumbre, los trato como igual, a diferencia de su familia.

-Pero. El no odia.- Le dice la sirvienta, porque conoce a ese infante.

-¿Estás segura de ello?- Pregunta el regente viéndola a los ojos, ahora que ella le ha declarado la guerra.- Dices conocer a mis hijos mejor que yo, que soy su padre… ¿No es así Janet Castelán Barrios?. Originaria de Ciudad Malvalona. Creciste con tus padres y tuviste una vida llena de pobreza. Tu padre murió y tu madre esta discapacitada, no puede caminar, pero hace su mejor intento al tener una panadería, saliendo de esa pobreza, pero limitándose a su vez. Tomas el papel de tu padre y la ayudas al trabajar aquí. Llevas casi un año con nosotros.

La sirvienta se queda callada, esta aterrada al ver que su jefe sabía todo de ella. Le empieza a dominar algo.

-Eres lista y amable, atenta y haces un buen trabajo en esta casa. Me sorprende que alguien como tu siga aquí, en este lugar que solo muestra miseria.- Dice el regente sin dejar de apartar esa mirada sobre los ojos de la sirvienta.- Pero Carlos, ni tu son el tema. Si no lo que tienes dentro de ti, al menos para mí no es el problema.

La mujer no tiene palabras que decirle a su jefe. Ella está en shock y petrificada.

-Y como dije conozco a mis hijos.- Comenta Javier, viendo una foto vieja de su familia que estaba a su lado.- Y sé que Sebastián, pese a lo que es. No te violo. Tu aceptaste, te enamoraste de él. Y para estas alturas, se que estas decepcionada y más aun, porque sé que ya sabes los rumores de él. Eso último me sorprende, por ser tan ciega.

La sirvienta empieza a tirar lágrimas, no soportaba. Pero ella misma se metió en la boca del lobo. Y dicho lobo la masticaba lentamente y sin misericordia alguna.

-Si acaso crees que tendré consideración por tu bebe que tienes dentro. Y que a través de el puedas ayudar a tu madre…- Pero el regente es interrumpido.

-¡No busco eso!- Dice la sirvienta.- Yo busco lo mejor para mi bebe.

-¡Je!, Se que en parte lo que dices es verdad. Pero se sincera y no me decepciones, lo sabes mejor que nadie que mi familia es tan pudiente que hasta ayudarías a tu madre.- Javier que toma un suspiro.- Si Lucia te escuchara. Créeme que ella tomaría hasta medidas drásticas y te quitaría a lo que ella llamaría "Bastardo" de tus brazos. Y en casos extremos y no le agrade la idea del bebe, lo arrancaría antes de que nazca de tu vientre y dejarte ese agujero para que lo contemples y lo veas completamente vacío, y ver como tu bebe es separado de ti solamente para torturarte. Y sé que tú tampoco quieres eso. Ya es demasiado que guarde yo ese secreto y que quede solo en estas paredes de esta oficina.

-S-s-son unos monstruos.- Dice la sirvienta aterrada, enojada y destrozada, como si fuese una pesadilla de horror.

-Mi niña. No me digas lo que todos ya saben de nosotros.- Dice Javier que desvía su mirada de nuevo a sus papeles y encorvándose.- Como dije. No tendrás consideración, de mi no saldrá nada. Pero tendrás las prestaciones, como la incapacidad y los derechos que tienes en el embarazo. Pero sabes algo Janet, algo muy malo para ti.

Janet sigue llorando. No era necesario que se lo recordaran. Pero sabe que su jefe las dirá.

-Sabes lo difícil que es buscar un trabajo con una cría.- Dice el regente.- Y más aun estar desempleada y cuidar de dicha cría.

Ella no las quiere escuchar.

-Es que nadie te va aceptar en ningún lado, en tu embarazo, no te queda más que trabajar aquí. El único lugar en que ya estas laborando.- Dice Javier seriamente, al recordarle eso a su sirvienta.- No tienes opción más que trabajar en esta mansión y hacer lo que comúnmente haces… Tendrás que verle la cara al imbécil que te embarazo, tendrás que verle la cara a lo que tanto odias. A mi mujer que a estas alturas ya no temes, sientes terror porque sabes lo que te va hacer si se entera. Y tienes un odio hacia a mí, aunque yo no sé porque me odias, si no tengo nada que ver con esto, ni siquiera me doy el lujo de convivir con mis empleados, solo conocer sus archivos antes de contratarlos. Y más aun que bien o mal, esta criatura nos une como familia.

La mujer se tapaba la cara. No quería escuchar nada de eso. Ella si pensaba renunciar después de trabajar ocho meses, al no soportar la carga de la mansión. Al ver tal trato que la Señora Lucia trata a los demás, al sentir un ambiente pesado y denso todos los días. Pero a enamorarse del hombre equivocado, tendría consecuencias. Ahora no le queda más que soportar y estar encadenada a ellos y lo peor de todo tendrá que ser con la mejor actitud para no dañar a su bebe.

-Te doy este día Janet.- Dice el rejente, al verla tan destrozada, pero sin ponerle a su vez atención.- Ahora si me disculpas tengo que seguir con mi trabajo.

La sirvienta sigue llorando. Mientras Javier, le da algo de tiempo. Después Janet, no le queda más que otra que salir de la oficina. Hecha polvo y más ahora que sabe su desgracia que le depara para el futuro.

-Otra cosa más, Janet.- Dice Javier antes de irse, mientras la sirvienta no voltea, tiene miedo de lo que le pueda decir.- No sé como reaccione Sebastián, que ya sabes que dé en vez en cuando viene. Pero hagas lo que hagas y si realmente valoras a tu hijo. Ten cuidado de mi esposa y de mi hijo el mayor, mas de este ultimo.- Pero le advierte en lugar de lo que ella pensaba.

Después y mientras por un momento y solo un momentos después de que la sirvienta se fuera. El regente ve entre apeles y hace su trabajo. Javier no se quita de la cabeza lo acontecido con Janet, pero era enserio. Ella que esperaba que hiciera el, nada. No era su problema, si no de su hijo el mayor. El hombre sigue trabajando en sus asuntos que era uno por uno. Hasta que ve unos papeles que llaman completamente su atención, mientras atendía el correo. El hombre alza mas su mirada, mostrándose sorprendido, pero después la encorva al verla. Con un suspiro que muestra una melancolía y resignación. Javier se mantiene pensando en lo que habia leído, quería hacer mismo bola la hoja y aventarla, estaría rabioso. Pero era el gran Javier, se sabía controlar y para él, eso no era nada. Más que algo que tarde o temprano vendría y que era inevitable, de una u de otra forma lo haría. Pero el hombre alza los papeles y los guarda. Después sigue con lo suyo.

Los segundos, minutos, horas pasan. En que el hombre le bajaba la fila de papeles que tenía que resolver, leer y firmar cada uno de ellos. Algo tedioso, pero costumbre para el regente que lo hacía como si nada. Cargando siempre la presión al ser uno de los que está a cargo de la empresa, sin tomarse el tiempo de distracción por un segundo.

Seguía atendiendo su trabajo, hasta llegar a los papeles del Monte Pírico que habían llegado, la cooperación que hiso para el lugar. Lugar donde fue a enterrar a su fiel Pokémon que había fallecido. Javier los ve por un momento, contemplándolos y esta vez decide tomarse su tiempo, dejando por un momento, por recordar viejos recuerdos. Que son los únicos para él. Lo que veía Javier eran recibos de gastos que hiso para el entierro y el lugar para su Pokémon que era la cima del monte.

Javier suspira. Porque apenas había sido ayer donde fue a enterrar a su Migthyena, conocido como Kaiser.

El hombre se levanta de su silla y rápidamente se dirige a un mueble pequeño que el tenia, un buro de un cajón. El hombre abre ese buro y en él ve las cosas de "importancia". Javier abre el cajón destapando las cosas que mantiene ocultas a la plena vista de todos. A destapar y mostrar el pasado.


Este capítulo, sé que es corto. He escrito más largos. Pero aquí cuento más sobre la vida de Javier. En este caso presentando un nuevo personaje, que es la criada Janet.

Muestro el lado frio de Javier ante la situación de su empleada. En este caso ya lo vieron. Y es que no se tienta el corazón, porque no es su problema. Si no de su hijo el mayor, que es Sebastián, ya que es independiente y aparte.

Otra cosa más. Comienzo un pequeño arco en esta historia y se tratara sobre la vida de Javier, por lo que Carlos y Luna no aparecerán por el momento. Esa era la noticia, porque aun falta más de esa historia. Sobre Sebastián, bueno se ha ido contando poco a poco.

Quiero agradecer sus comentarios a LinkAnd0606, dragon titánico y alen6.

Y a todos que leen este fic.

Sin mas que decir me despido.

Adios y cuídense.

Hasta la siguiente actualización