GLEE NO ME PERTENECE, PERTENECE A RYAN MURPHY Y A LA CADENA FOX
Epílogo
Y con este último capítulo cierro mi historia. Espero que sirva de modelo para la sociedad actual. Para evitar que casos como aquél se vuelvan a dar. Pero también para demostrar que, lo que siempre fue tuyo nunca se irá, siempre te pertenecerá.
Con cariño,
Rachel Barbra Berry
Rachel se quitó las gafas y se levantó de la silla de su escritorio. Acababa de dejar escritas las últimas líneas del libro que más tiempo le había costado escribir: Mi vida a tres mares de ti. Era el libro perfecto. El escrito que demostraba todo el amor que sentía por la persona con la que compartía su vida. Por su tan querido amor verdadero.
Se dirigió a la sala de estar parándose en el marco de la puerta. Allí encontró la imagen más tierna que podía imaginar. Su mujer estaba sentada en el sofá dormida. Si hacía poco más de 15 años alguien le hubiera dicho que se iba a casar con la reina del instituto, Rachel se habría reído de este a más no poder. Sin embargo, allí estaba Quinn. Para la castaña, la rubia era su musa, su vida, la razón por la que se levantaba todas las mañanas a escribir y la razón por la que había decidido formar una familia. Porque no podía imaginar a otra persona con la que compartir su vida, con la que vivir hasta el resto de sus días.
Sonrió al ver a su hija apoyando su cabeza en las piernas de su mujer y a su hijo con la suya en el hombro de su madre. Su hija era la viva imagen de Quinn pero en pequeña. A sus 6 años, la pequeña Beth despertaba alegría allá a donde fuera. Tenía a todos enamorados a más no poder. Su hijo, sin embargo, era Rachel en chico. Con 8 años, John era un niño muy travieso pero tenía a sus madres muy enamoradas de él.
Rachel se acercó sin hacer ruido hasta el sofá y se sentó en la pequeña mesita de delante de este. Se acercó a Quinn y le quitó un mechón de cabello rubio de los ojos para ponérselo detrás de la oreja. Vio el anillo que esta llevaba en el anular de su mano derecha y se acordó de cómo se lo pidió.
FLASHBACK
Aquella noche, Rachel llevó a Quinn a los columpios que años atrás habían sido testigos de la amistad y el amor entre las dos chicas. A pesar de no vivir ya en Chicago, volvieron a la ciudad por Navidad. A causa del trabajo de Quinn y la versatilidad del de Rachel al ser escritora, las dos habían tenido que abandonar la ciudad que las había visto crecer y se habían mudado a Los Ángeles. La castaña decidió que aquel lugar era el ideal para pedirle a la mujer de su vida que lo fuera para siempre. Simplemente se sentaron cada una en sus respectivos columpios y Rachel empezó a hablar:
R: Quinn, desde que llegaste a mi vida, entre las dos han pasado cosas de todo tipo. Desde la primera caída que tuviste en la guardería que yo te intenté curar, pasando por el casi no separarnos durante el colegio, nuestro muy difícil paso por el instituto y acabando por nuestra relación actual. Todo eso han sido casi 18 años de mi vida. Durante todo ese tiempo me prometí a mi misma que lucharía contra viento y marea y me esforzaría lo máximo de mí para que fueras feliz. Fuera como fuese lo conseguiría. Hace casi dos años, en este mismo lugar, te prometí que durante el resto de mi vida sería yo junto a ti la que te haría feliz. Y desde ese entonces he pensado en este momento muchas veces. Y creo que es el momento perfecto para él. -la castaña se levantó de su columpio e hincó una rodilla en el suelo sacando del bolsillo de su chaqueta una pequeña caja negra.- Así que: Lucy Quinn Fabray, ¿me concederías el honor de convertirme en tu esposa para cumplir mi promesa para siempre?
Rachel abrió la pequeña caja dejando ver un precioso anillo de plata con una pequeña piedra en medio. Quinn no pudo contener la emoción y soltó una cuantas lágrimas.
Q: Por supuesto que quiero convertirme en tu mujer, Rachel Barbra Berry. -se levantó del columpio y su recién estrenada prometida se levantó del suelo. Rachel le puso el anillo y se dieron un tierno beso.
R: Te prometo que te voy a querer y proteger por el resto de mis días. Te amo, Quinn.
Q: Yo te prometo lo mismo. Te amo, Rachel.
FIN FLASHBACK
En ese momento, Quinn comenzó a desperezarse de su pequeña siesta. Al ver a su mujer mirándola, se puso un poco roja. Empezaron a hablar en voz baja.
Q: Hola, cielo.
R: ¿Se puede saber por qué te ruborizas? Ni que fuera la primera vez que te veo dormir?
Q: Lo sé. Pero siempre me ruborizo cuando lo haces. ¿Por qué me mirabas?
R: ¿No puedo mirar a mi mujer?
Q: Haber, como poder puedes. Pero es raro. Nunca he entendido esa manía tuya de hacerlo.
R: Lo hago porque eres la mujer más hermosa de este planeta y porque soy la persona más feliz de todo el universo por tenerte a mi lado. -Quinn se volvió a ruborizar al oír las palabras de Rachel.- ¿Otra vez? No me lo creo. Te lo habré dicho cientos de veces.
Q: Como si me lo repites millones de veces. Pero no lo soy.
R: Para mí sí es así. Que la gente diga lo que quiera. Tú eres la persona con la que comparto y compartiré mi vida y te lo diré las veces que haga falta para que te lo creas. Si hace falta salgo ahora mismo a la calle para que todo Los Ángeles me oiga.
Q: Ni se te ocurra. Los vecinos pensarás que estás loca y además despertarás a los niños.
R: Ahora que están dormidos podríamos... -Rachel acercó su boca a la oreja de la rubia y le dijo mordiéndole el lóbulo de ésta.- ...hacer cosas más interesantes que hablar.
Q: Ni en broma. Con eso si que los despertaríamos. Y además, si nos pillan, se traumatizarían.
R: ¡Venga ya! Dentro de unos años lo van a ver día si día también en la televisión, el cine o el ordenador. Solo se lo adelantaríamos un poco.
Q: Rach, no. Está noche te prometo que haré todo lo que me pidas. Pero ahora no. Vamos a despertarlos. Hoy es un día muy importante para todos.
R: Lo sé. -la castaña se acercó a su mujer y la besó delicadamente.- Te amo.
Q: Y yo a ti mi vida. Ahora despierta a tus hijos. Voy a empezar a arreglarme.
Rachel hizo lo que la rubia le había pedido. Los llevó a sus habitaciones y les eligió su ropa. Luego se fue a la suya a arreglarse. Cuando ya se habían cambiado los tres, se sentaron en el salón a esperar a Quinn.
B: ¿Se puede saber por qué mamá tarda tanto?
J: Parece que no la conozcas. Siempre es la primera en irse a arreglar pero la última en terminar.
R: Totalmente de acuerdo con tu hermano. Pero luego vale la pena. Siempre está preciosa.
Q: Espero que esta vez también lo esté.
Los tres se giraron hacia la puerta del salón donde una resplandeciente Quinn hacia acto de presencia. Todos se quedaron embobados.
R: Sí. Ha valido la pena la espera. Vámonos.
Habían llegado a su destino. Se trataba de uno de los cines más grandes de toda la ciudad de Los Ángeles. El lugar donde muchas de las superproducciones de Hollywood se emitían por primera vez. Y aquella no iba a ser menos. Se trataba de la primera película de la saga Crónicas Infernales, una colección de seis libros escritos por Rachel Barbra Berry. Y, como autora de los best-sellers más vendidos en esos últimos dos años, la castaña había sido invitada, junto a su familia, a la premiere de la película. Hacía poco más de un año, el productor de aquella película, Brad Chucker, había llamado a su mánager para pedirle los derechos de los libros. Rachel no se podía creer que una superproductora se interesara por su trabajo. Pero, al ver lo que había gustado al público, no le extrañaba. No dudó en aceptar la oferta aunque pidió una gran suma por ello.
Y allí estaban. A punto de salir a la alfombra roja para posar para los medios. Habían decidido que sus hijos fueran por detrás y los esperaban dentro mientras Quinn acompañaría a la escritora. Rachel nunca había estado en un acto como aquel y estaba nerviosa.
R: Estoy temblando. No me puedo creer que estemos aquí. -decía la castaña sin pararse quieta dentro del espectacular coche.
Q: Cielo, cálmate. -dijo cogiéndole la cara a su mujer.- Estás aquí porque te lo mereces. Eres la mejor escritora que conozco y vas a brillar esta noche más que nadie. ¿Me oyes?
R: ¿Te he dicho alguna vez que te amo? -dijo con una sonrisa de enamorada.
Q: Sí. Pero me encanta que me lo repitas. -y se dieron un suave beso.- Ahora, salgamos ahí y demostremos a todo Hollywood quien es la mayor estrella de la literatura.
Las dos salieron del coche con una sonrisa en los labios. Al tocar tierra, decenas de flashes empezaron a atacarlas. Pero hicieron como si no estuvieran. Se cogieron de la mano y empezaron a caminar por la alfombra roja. Saludaron a las cámaras y a los periodistas y una chica le fue señalando a Rachel a quienes debía dar unas palabras. La rubia no soltaba la mano de su mujer para transmitirle confianza y el amor que sentía por ella. A casi todos les contaba lo mismo: que estaba muy emocionada por aquella oportunidad, como iba la saga y otras cosas relacionadas con sus próximos libros. Sin embargo, uno de los periodistas le preguntó por su vida sentimental.
- Una última pregunta, en cuanto a tu matrimonio, ¿cómo te ves de aquí a, por ejemplo, dos años? -la castaña se giró a mirar a su mujer.
R: Igual de felizmente enamorada de esta preciosa rubia y, esperemos, con otro hijo en camino. -dijo sonriente.
- Gracias por la entrevista, Rache, y espero que tu futuro sea tan brillante como tu presente.
R: Muchas gracias y hasta otra.
Se hicieron un par de fotos más para los periodistas y entraron dentro del recinto. Ya allí, Quinn paró a su mujer para preguntarle algo que le rondaba desde la última entrevista que la castaña había dado.
Q: Rachel, eso de que quieres otro hijo, ¿va en serio?
R: Claro que si. Si tú también quieres, por supuesto.
Q: Rachel. -cogió sus manos y la miró a los ojos.- Yo quiero todo contigo
Y si tú quieres otro hijo, así será.
R: Te amo con toda mi alma, Quinn.
Q: Y yo a ti, Rachel. -cerraron el espacio entre ellas con un suave beso.- Pero esta vez te quedas tú embarazada.
R: Me parece bien. Y esta noche... -se acercó al oído de su mujer y le susurró.- ...podemos practicar.
Q: Por supuesto.
Las dos rieron y fueron a encontrarse con sus hijos para ver juntos la película.
Habían pasado dos años desde aquella premiere. El matrimonio siguió haciendo su vida normal pero, un mes atrás habían decidido dar otro pequeño paso en su relación. Y aquel día, todo el mundo se iba a enterar de él.
La familia entera se dirigía a una nueva presentación. Esta vez, la del último libro de la castaña. Aquel libro que tanto le había costado escribir porque, en cierto modo, aquel libro no tenía final. Ninguna historia en sí lo tenía pero, aquel en particular, mucho menos.
Era el libro de su vida. Aquel libro que le había marcado un antes y un después. Pero, sobre todo, aquel libro que nunca había dejado que nadie leyera. Por todo aquello, ese día era muy importante para ella. Iba a mostrar al mundo una gran parte de su vida. Algo que no había hecho nunca. Si que era verdad que algunas de sus historias tenían elementos de su vida pero aquello era una especie de autobiografía. Era su tesoro más preciado.
Llegaron a una de las librerías más grandes de todo Chicago. Aquella donde la castaña, cuando era pequeña, se podía encerrar durante horas sin hacer otra cosa que ojear libros. Sus padres pensaban que tenía una obsesión pero a ella le encantaba.
Sin embargo, en cierto modo, no era la misma librería. Esta se había quedado al borde de la ruina años atrás y la escritora se había decido a comprarla. Mantuvo a los mismos trabajadores pero ella era la propietaria y puso su nombre en la tienda. Desde aquel momento, cada libro que sacaba al mercado, lo hacía allí.
Cuando llegaron, vieron a mucha gente hacer cola esperando por su llegada. Saludó a la gente y entró en la trastienda. Allí la estaban esperando a las personas que quería ver desde hacía mucho tiempo.
R: ¡Kurt! -dijo saltando a los brazos del chico.
K: Despacio, leona. Que le vas a hacer daño.
Se separaron y la castaña pudo observar a una pequeña morena de piel clara en los brazo de su amigo. Se trataba de la hija de este y Blaine, quien había nacido poco tiempo atrás. El moreno también la saludó efusivamente. Detrás de la pareja, se encontraban Tina con Mike y Mercedes con Sam quienes se acercaron a saludar a la castaña.
Por otro lado, Quinn estaba hablando con los padres de su mujer y con sus mejores amigas, Santana y Brittany, quienes habían venido desde Nueva York para la presentación del libro.
S: Se nota que está nerviosa. -dijo la morena.- No la veía así desde hacía tiempo.
Q: La verdad es que sí. Esta presentación es muy importante para ella. Me recuerda a la premiere de Crónicas Infernales. No entiendo como después de tanto tiempo, aún se sigue poniendo así.
B: Es totalmente normal. Yo cada vez que tenía que competir también me ponía así.
Q: ¿Cómo llevas eso de entrenar a futuras estrellas de la gimnasia?
B: Siempre es interesante ver a nuevos talentos. Me recuerdan mucho a mí pero nunca podrán ser como yo. -dijo autoalabandose. Todas rieron ante el comentario de la rubia.
En aquel momento, el mánager de la castaña la avisó de que tenía que salir a escena. Rachel se acercó a su mujer y la besó con ternura. Quinn le susurró un "Suerte" y la escritora salió al pequeño escenario que habían colocado.
Todo el mundo empezó a aplaudir a una sonriente Rachel que solo podía saludar. La castaña se sentó en una mesa con un micrófono delante y comenzó a hablar a todas las personas que allí estaban, incluyendo los periodistas.
R: Muchas gracias por estar todos aquí. Hoy es un día muy importante en mi vida y quería compartirlo con todos vosotros. Este libro que hoy os presento aquí se titula "Mi vida a tres mares de ti" y os voy a explicar por qué es tan especial. Lo empecé a escribir cuando solo tenía catorce años. En aquel momento yo era una simple escritora aficionada que solo escribía por puro aburrimiento y para sentirme bien conmigo misma. Durante aquellos años, mi vida fue bastante dura. Con esa edad perdía a mi único soporte. A esa persona por la que abría dado todo. La única persona que me hacía sonreír de verdad. Y, por todo aquello, comencé a escribir la historia. Al principio no tenía título. Simplemente hacía anotaciones y luego las redactaba. Así, poco a poco, se fue convirtiendo en una especie de diario personal narrado. Tiempo después, mi relación con aquella persona mejoró y volvimos a ser amigas. Pero, al final, esa persona fue más que una amiga. Se convirtió en el amor de mi vida. Hoy puedo reafirmar de que esa persona sigue siendo el amor de mi vida. A pesar de todas las cosas que hemos pasado, puedo afirmarlo con rotundidad. Y hoy quiero enseñar al mundo mi historia porque quiero que conozcáis cómo conocía a la mujer de mi vida y cómo me enamoré de ella. Esta es mi historia con mi mujer, Quinn Fabray. O al menos, parte de ella, porque nuestra historia es eterna. Te amo, mi vida.
Todos los presentes estallaron en aplausos. Quinn, quien no había despegado los ojos de su mujer y viceversa, tenía lágrimas escapándose por su rostro. En ese momento, era la persona más feliz del mundo. Rachel le acababa de hacer la confesión de amor más hermosa que jamás había podido existir. Y se sentía orgullosa de ella. Sin embargo, Rachel no había acabado de hablar.
R: ¡Ah! Por último, quiero deciros públicamente algo muy importante. -dirigió su mirada a su familia.- Hijos, vais a tener que hacer hueco en casa porque habrá un nuevo habitante en los próximos meses. -dijo tocándose la barriga.- Estoy embarazada. -sus hijos saltaron de alegría como todos los presente allí. En definitiva, aquel día se había convertido en uno de los mejores de su vida.
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Con cariño, CVC
