PIECES OF A LIFE

XXIX.


Ella hizo un montón de cosas por él. Era hora de que él hiciera algo por ella.


Algo se rompe dentro de él cuando escucha la noticia. Es un crujido sonoro, estruendoso como una tormenta eléctrica; el mundo se le desploma bajo los pies, deja de saber cómo sumar uno y uno, olvida su nombre y el lugar en donde se encuentra.

Su cabeza es un caos. No entiende nada. El celular se le desliza entre los dedos y ya no escucha el resto de la llamada de Hijikata porque cae el suelo con un ruido sordo, sólo tiene en claro las primeras palabras.

Mitsuba se está muriendo.

No sabe lo que hace; baja de su habitación hecho una bala con los pies descalzos y la misma ropa apestosa a cigarrillo y cerveza con la que mal durmió la noche anterior. Son las siete de la mañana apenas. Los pies se le tropiezan uno con otro y las manos le tiemblan cuando busca las llaves del auto de Kondo en el cesto donde lanzan todo. Ni siquiera piensa en avisarle o en pedir prestado el auto, pedir que lo lleven. Gira la perilla de la puerta principal y golpea la puerta con furia al ver que no abre, pero es sólo un error de coordinación: no ha girado al lado correcto. Cuando sale a la calle y los primeros rayos del alba le molestan en los ojos se siente más ahogado, más oprimido. Mitsuba, su querida hermana, está a más de cuatro horas en coche y se está muriendo. Ni siquiera se da cuenta cuando las lágrimas se escapan de sus ojos, sólo nota su vista borrosa.

Se está muriendo, Mitsuba se está muriendo.

Semuere, semuere, semuere.

Apenas y consigue poner el auto en marcha y arranca desesperado, sólo para frenar de golpe unos metros después. Ha estado a punto de atropellar a Kagura, quien sale en camino a la universidad. Las manos siguen temblándole; ahora lo hacen más.

—¡¿Qué demonios te pasa, Sádico de mierda?! —vocifera ella golpeando el capó del auto con fuerza. El ruido de sus gritos y de sus puños aturde a Okita—. ¡¿Estás tratando de matarme tan temprano en la mañana?!

Sus ojos se cruzan y ella parece notar el horror en los de él porque en seguida se calla y cambia la cara. Sougo intenta volver a encender el auto, lo intenta una, dos veces y a la tercera Kagura abre la puerta del asiento del piloto y el sonido de su voz lo detiene.

—¿Qué pasa? —él no responde. Sigue desesperado. Sigue intentado encender el vehículo. Ella lo detiene agarrándolo de la mano bruscamente—. ¿Qué pasa? —repite—. ¿A dónde vas en este estado?

Okita la mira todavía con los ojos empañados. Quiere gritarle y decirle que se vaya a la mierda. Quiere que el mundo entero se vaya a la mierda.

Quiere ver a Mitsuba.

Solloza desde el fondo de la garganta y Kagura se preocupa más.

—¿Qué pasa? ¿A dónde quieres ir?

Él abre la boca para decirle algo, para explicarle la situación y que lo deje marchar de una vez, pero con la voz entrecortada sólo pronuncia una única palabra.

—Hermana…

Kagura parece entenderlo de inmediato.

—Muévete —pero él no se mueve—. Muévete —repite—. Voy a conducir.

Al final, Okita parece reaccionar.

—¿A dónde? —vuelve a preguntar Kagura. Ella sabe dónde vive Mitsuba ahora, en un pueblito rural con el aire muy limpio y con apenas una clínica, por eso asume que no está allí. Si Mitsuba está grave, si lo está de verdad, debe estar en un hospital en una ciudad cercana del pueblo—. ¿Dónde?

—En… en… —Sougo con esfuerzos puede hablar. Kagura arranca pisando el acelerador a fondo sin siquiera quitarse la mochila, a pesar de lo incómodo que es manejar de esa manera. Toma su celular y hace una llamada, violando varias leyes de tráfico en el trayecto. Le pide a Hijikata la ubicación y una explicación; hace otra para informar a Kondo, quien le responde que les dará alcance tan pronto como deje en orden un asunto rápido en la estación, y por último a Kamui para explicarle todo.

Okita sólo solloza en silencio a su lado. Nunca se había sentido tan mal en toda su vida como en ese momento. Se siente morir. Se siente perdido.

Kagura maneja todo lo rápido que puede, esquivando autos y rebasando, haciendo gala de las habilidades que ha estado aprendiendo en la Yorozuya cuando se meten en persecuciones. Kagura maneja todo lo rápido que puede, pero aun así no es suficiente.

No lo fue.

Mitsuba muere en el hospital cuando ellos siguen en la carretera, todavía a una hora de camino de su destino.

Okita solloza desgarrándose la garganta al enterarse y Kagura llora a su lado.