*se esconde detrás de una pared* Hum, ¿hola? ¿Queda alguien por allí? ¿No me arrojaréis a los leones? Oh, bueno... *se asoma, y esquiva un tomatazo* Ups. Vaya, lo siento muchísimo por demorarme en actualizar, ya sabéis, tanto. Problemas, problemas, problemas, entre ellos clases y uff, problemas. No os aburriré. Responderé a sus reviews (como buena escritora de fanfics) y publicaré un capítulo :D Eso es todo (?).
suuchan1796: ¡Aw! ¡Gracias! ¡Me encanta que te encante! Me gusta que te haya gustado el cap, y pues... guardo mis comentarios, jeje.
Rebe Marauder: ¡Creo que haré sufrir un poco a Harry en unos capítulos! Pero, oh, tranquila. No será nada grave ;) Hermione... Herm, mi querida Herm, está sufriendo una pequeña depresión (aunque no usaría una palabra tan grande para denominarlo, pero... bueno, eso). Lo sé, lo sé, son muy adorables! x3
Uchiha Ackerman Lady Murasaki: Pos me desmayo *se desmaya* *Tom le lanza un Enervate* Ah, reacciono. Eres genial, lo juro x3 Harry es hermoso, y su actitud está inspirada en cuando salí en grupo y uno de mis amigos se había caído y estuvo todo el día sentado para después no poder caminar JAJAJA. Theoville forevah. Hermione... uff, sí, la pasará mal unos tiempos, pero... que puedo decir, no digo que lo merezca, pero ya conocerá la verdadera felicidad.
Christine C: ¡Graaaaaacias! Y, me guardo los comentarios. Pero porque no os guste una pareja en la que no ahondaré mucho porque no me gusta tampoco (lol) no significa que deban dejar de leer, ¿eh? Por favor.
Madhara Flux: ¡Gracias! Y esa escena, ay, un dolor para mi corazoncillo. Tom sabía que algo sucedería, puede sentirlo con sus poderes superespeciales, pero, ¡OH! Guardo silencio, guardo silencio. Lavender... lo ha aceptado bien, y eso es lo que más me ha costado, porque he tenido que modificar el canon de mi Lavender y hacerla una chica más o menos consciente. Y eso ha costado. ¿Te gusta cómo manejo a mis personajes? AW *corazón gay* Graciasgracias. Y eso me ha encantado, intentaré sorprenderte en todo ;) Y, j3j3j3, me guardo los comentarios... PD: ¡La he visto! ¡JO! ¡Fue extrañamente extraña! PD2: Tenía en mente hacer una escena de besos no correspondidos por parte de Harry (o sea, que Draco lo bese y Harry no sepa corresponderle) y que Tom se ponga celoso pero no lo acepte (todo eso antes de que hayan formalizado) y, bueno... decidí darle un poco más de vida a Draco,JÁ.
sachacaro: Gracias ;) Aquí tengo el siguiente cap. ¡Espero no demorarme tanto con el próximo!
AkumaOlympus: ¡Y lo tendremos! Pero mucho, muuuucho más adelante. El embarazo, je, "te lo dije" sería muy acertado (?). Pues, se responderá en este cap... un poco... "dejando mi momento de shippear parejas heteros (el cual es muy escaso)" JAJAJA identificada a MIL. Lavender, ah, me ha costado. Pero la he conseguido madura. Amor al Escuadrón de Defensa (viene en parte por el Escuadrón Suicida, película que NO he visto, pero que mis amigos me cuentan tanto que ya es como si la hubiera visto) ay, Tom querido mío. Y Harry... lo amo. Igual que a Tom. Mis bebés, los amo. Nev y Theo *corazón gay* son hermosos juntos *más corazón gay* Oh, no importa que no hayas comentado dulzura, cada cual a sus tiempos ( u v u ) Gracias! PD: Cuando continúe esa, te responderé, pero sí, he visto tu comentario y alsmljsdfn.
Tsuruga Lia1412: Hello! Welcome to OTWO! :DDDD omg hay gente nueva, sangre nueva (?) Pues, todo se responderá a medida que pasen los capítulos... ¡Y aquí tengo la actualización! x3
Ro: ¡Gracias! *corazón gay*
Bueno, no más, y aquí les dejo el capítulo x3 Muchas gracias a todos por dejar review, de verdad que los he amado. Y muchas gracias a Shuly, por bancarme cuando le hablo de OTWO aún sin entender porque no ha llegado a esos capítulos. Y muchas gracias a Arkantos, porque sí, porque lo quiero y porque siempre está dispuesto a leer mis locuras. ¡Gracias a todos!
29. Tom M. Riddle.
Era viernes por la tarde y Draco Malfoy llevaba todo el día con un molesto y repulsivo dolor de cabeza. Había ido por una poción para ello y se había encontrado con que madam Pomfrey necesitaba examinarlo primero para darle una poción, ya que algunos alumnos tenían la costumbre de ir a pedir algunas por el mero hecho de pedir. Draco maldijo a aquellos alumnos y continuó su día en un estado de irritación que nadie se salvó.
Primero comenzó con Theodore Nott. El muchacho sólo había estado hablando con Adrian Pucey de lo bueno que era realmente Neville Longbottom, y de que si se unía al Escuadrón de Defensa podría aprender algunas "tácticas" para manejarse entre los miembros de la luz y conseguir un salvavidas si alguna misión pesada era puesta sobre sus hombros. Draco le había gritado canalla traidor, y Theodore, rojo como un tomate, le había gritado que él también asistía a las jodidas reuniones, que callara. Y no, Draco no pudo mantenerse callado, y tuvieron que separarle entre cuatro porque iba a saltarle encima para desfigurarle la cara a golpes cuando Theodore le llamó "traidor a la sangre, al igual que yo".
Luego la habían ligado Crabbe y Goyle, torpes y confiados con que ser los mejores aliados de Draco Malfoy se salvarían.
Luego había sido el mismísimo Adrian Pucey, por las mazmorras mientras iban al Gran Comedor.
Luego había sido Pansy Parkinson, preguntándole qué le pasaba.
Luego había sido la hermana pequeña de Daphne, Astoria, que Draco sabía estaba enamorada de él, acercándole para alcanzarle un libro que se olvidó y dirigiéndole algunas palabras amables. Draco la había enviado al infierno muggle y la pobre chica casi se echa a llorar. Si no fuera porque era un Slytherin lo habría hecho.
Y, finalmente, la había pagado con Hermione Granger.
Se había dado cuenta de que la chica no tenía un buen día con sólo verle las ojeras. Tenía el cabello atusado y la piel demasiado blanca; un poco de color no le vendría mal. También tenía los labios muy resecos.
No miraba por donde iba y lucía total y completamente desorientada. Llevaba un gran montón de libros en los brazos y Draco se quedó en si sitio, esperando que le esquivara, y cuando no lo hizo sintió la rabia subir por su garganta. Draco Malfoy podría ser de todo, menos invisible.
—Fíjate por dónde vas, sangresucia —gruñó. Granger dejó caer los libros cuando Draco le dio un empujón para pasar a su lado y siguió caminando. Draco esperó alguna reacción de su parte, después de todo estaba sola, y sabía que Granger tenía un carácter fuerte.
Se volteó, extrañado, y la encontró inclinada recogiendo los libros con la cabeza gacha. Algo creció en el pecho de Draco Malfoy, algo parecido a "el jodido de Potter me cortará la cabeza si algo le sucede a Granger" y se inclinó para ayudarla.
Ella estaba llorando. Lágrimas gruesas caían por su rostro, y apretaba los labios como si algo le doliera. Draco se inclinó hacia ella y le sujetó de la barbilla, uniendo sus ojos grises con los castaños cargados de lágrimas, inyectados en sangre.
—¿Te encuentras bien, Granger?
Granger hizo lo que Draco no creería que haría en un momento como ese: rió.
—Tranquilo, Malfoy. No me afectas lo suficiente como para llorar por ti. Es sólo que tengo un mal día —se encogió de hombros, guardando los libros en su mochila. Granger se limpió las lágrimas con la túnica y Draco buscó en su bolsillo, obsequiándole un pañuelo: era de algodón con las iniciales "D. L. M" bordadas en plata. Granger lo aceptó sin dudarlo y se limpió con más esmero las lágrimas.
—Todos tenemos un mal día —murmuró Draco, sin pedir el pañuelo de regreso—. ¿Qué es exactamente lo que te sucede?
—Vamos, Malfoy, acabas de llamarme sangresucia. ¿Crees que confiaría en ti? —Granger le miró a través de las pestañas—. Ahora, si me permites.
Draco la sujetó del hombro.
—Lamento haberte llamado sangresucia. También tengo un mal día. Puedes… —le costaba decir las palabras. Nunca había necesitado decirle eso a alguien—. Puedes confiar.
Granger le dirigió una sonrisa sarcástica.
—Creo que mejor…
No terminó de hablar. Los párpados le temblaron y el cuerpo se desmoronó. Draco la sujetó antes de que su cabeza diera contra el suelo.
Hermione Granger acababa de desmayarse.
Diablos de Cornualles, malditos diablos de Cornualles.
Draco se cargó la mochila de la joven en la espalda —"¿Qué coño llevaba allí dentro?¿Piedras?"— y luego la cargó a ella. Tenía la vaga idea de que Potter también estaba en la enfermería, si no había salido ya. No lo había visto en las clases en todo el día.
Con Granger en los brazos, con la cabeza apoyada en su pecho, Draco emprendió el camino a la enfermería.
Hermione abrió los ojos levemente. Se sentía extraña, con la cabeza dándole vueltas y envuelta por un aroma que fácilmente pudo identificar, haciéndosele un nudo en lo profundo de la garganta.
Levantó el rostro, dispuesta a encontrarse con Ron, pero se sorprendió tanto que emitió un quejido ahogado.
—¿Malfoy? —siseó, incrédula. Malfoy agachó los ojos hacia ella, con expresión casi harta.
—Genial, Granger. ¿Quién creías que era? Por la expresión en tu rostro mientras despertabas, cualquiera creería que pensabas que era cualquiera menos yo —Malfoy puso los ojos en blanco. Hermione intentó controlar su sonrojo.
Era imposible, pero Malfoy olía como Ron. Con aquel aroma que aceleraba su corazón por haberlo sentido en la Amortentia; pergamino nuevo, césped recién podado y aquel aroma que hasta el momento había identificado como el de Ron, una colonia extraña, tal vez un champú.
Pero Malfoy olía así.
Hermione sintió que si hubiera estado caminando sus piernas fallarían.
Intentó que la voz no le fallara.
—¿Es parte de tu servicio comunitario esto, Malfoy? —preguntó, ácida, y Malfoy sonrió.
—Supongamos —murmuró en voz baja mientras seguía caminando. Hermione ladeó la cabeza y se encontró con rostros de alumnos de otras casas sorprendidos por la inusual escena, además de darse cuenta a dónde se dirigían. Sólo había un camino que llevaba esa cantidad de pasillos: la enfermería.
—¿Qué me sucedió? —dudó, sintiendo que la voz le temblaba, pero sin querer demostrarle a Malfoy algún signo de debilidad, lo cual es estúpido, ya que te está llevando en brazos.
—Te desmayaste sobre mí —Malfoy compuso una expresión burlona—. Yo sabía que la gente caía ante mí, ¿sabes, Granger? Pero nunca creí que fuera tan literal.
Hermione frunció el ceño y le fulminó con su peor mirada. Malfoy ni siquiera se inmutó, miró al frente y siguió caminando.
Con el paso de los metros Hermione fue sintiendo cómo su cuerpo se relajaba en respuesta a la cadencia de los pasos. Cuando llegaron a la enfermería Malfoy la dejó suavemente en la primera camilla que encontró al momento en que madam Pomfrey aparecía ante ellos, con expresión preocupada.
—¡Oh, Granger! El señor Potter acaba de irse —murmuró ella, con voz suave—. ¿Cómo se encuentra? ¿Qué le sucedió?
—Se desmayó —informó Malfoy, ante la mirada silenciadora de Hermione—. Y creo que necesita algunas pociones de nutrición, o comer más. Estaba realmente liviana.
Hermione, ante lo que no quería hacer, enrojeció ligeramente, sus mejillas tornándose de un incómodo rosado. Malfoy no se burló.
—¿Ha estado comiendo bien, señorita Granger? —preguntó madam Pomfrey, acercándose a ella para hacer unos movimientos con su varita frente a ella—. ¿Durmiendo bien?
Hermione asintió con la cabeza. Draco puso los ojos en blanco.
—Dejemos que se haga un diagnóstico —Malfoy se acercó a la camilla siguiente y tomó asiento, esperando. La varita echaba chispas que quedaban en el aire y madam Pomfrey cogió un pergamino en el que fueron escribiéndose líneas verdes y azules, letras y extrañas cosas. Madam Pomfrey chasqueó la lengua—. No, señorita Granger. Aquí dice que la última comida en condiciones que tomó fue hace dos días.
Hermione se sonrojó completamente.
—No tengo apetito —explicó. Madam Pomfrey negó con la cabeza.
—Muy mal. Se debe comer tres veces al día, y si es posible un desayuno muy completo. Hay un dicho muggle que dice "desayuna como rey, come como príncipe y cena como mendigo". Como mínimo un desayuno de rey para recuperar la salud —madam Pomfrey releyó el pergamino con aquellas marcas extrañas—. Y dormir. Le recetaré unas pociones de nutrición y una para dormir sin soñar, si eso es lo que está molestándole…
Malfoy se quedó allí, con la espalda recta, sentado como símbolo de la elegancia, esperando por Granger. Cuando madam Pomfrey dijo que ella se quedaría todo ese día y esa noche para asegurar su bienestar, Malfoy asintió.
Luego la enfermera se volteó hacia el rubio.
—Usted, señor Malfoy, ¿no debería estar en clase?
—Estoy haciéndome responsable por la salud de Granger, si tenemos en cuenta que se desmayó sobre mí. Además, espero a que me haga una revisión y me de mi poción para el dolor de cabeza.
Hermione observó cómo madam Pomfrey hacía los mismos movimientos de varita con Malfoy que con ella. Otro pergamino fue llenado y la mueca en el rostro de la mujer era clara.
—¿Ha considerado utilizar lentes, señor Malfoy?
Malfoy palideció.
—¿Qué?
—Por lo visto tiene una migraña capaz de producirse por muchas horas de lectura. Debería considerar comprar unos lentes para el descanso de la vista, hay una tienda en Hogsmeade que vende unos muy buenos…
Draco Malfoy estaba cada vez más pálido. Hermione se contuvo de reír.
—Preferiría una poción para el dolor cada vez que lo tenga —expresó el rubio. Madam Pomfrey se encogió de hombros.
—Como quiera —se volteó hacia Hermione, que sonreía débilmente—. Tranquila, cariño. Ahora mismo te traeré una poción para quitar esa debilidad.
Se marchó hacia su oficina al final de la larga hilera de camillas enfrentadas. Malfoy se inclinó ligeramente hacia Hermione y expuso una sonrisa suave, casi amistosa.
—Anda. Cuéntame.
Hermione le miró como si se hubiera vuelto loco.
—¿Que te cuente qué exactamente, Malfoy?
Malfoy puso los ojos en blanco.
—Por qué estás haciendo huelga de hambre, y por qué tienes esas ojeras.
—Hay cosas que no te interesan, Malfoy —gruñó Hermione—. ¿Qué te crees, que porque me ayudaste de pronto debo confiar en ti? ¿Qué te hace pensar eso?
—Granger —Malfoy recargó su mentón en la mano, mirándola con aburrimiento—. Hay ciertas veces en las que necesitas confiar en las personas que menos creías que lo harías. Eso suele ser de buena ayuda. Por ejemplo, hace unos meses confié en Potter. No voy a decir que sea mi mejor amigo, pero me facilitó un poco la vida.
Hermione le miró con desdén unos segundos antes de encogerse de hombros.
—Una sola burla al respecto —avisó— y para que los Malfoy tengan un heredero, deberás adoptar.
—Uy, mira como tiemblo —Malfoy sonrió, burlón, antes de cambiar la burla por la seriedad y asentir—. Comprendo, Granger. Cuéntame.
Hermione dudó unos segundos y comenzó a contarle.
—Todo comenzó en clase de Pociones, ¿recuerdas que el profesor Snape nos hizo olerla? Yo sentí… el aroma de Ron —creyó que Draco se burlaría. Él se mantuvo serio—. O eso creía —se corrigió, recordando como el aroma había llenado sus fosas nasales estando en brazos del rubio—. Pero Ron comenzó a salir con Lavender Brown, y ahora la muy… está embarazada, y Ron cree que mejor debemos ser amigos porque lo nuestro no puede funcionar porque él no es suficiente para mí, y Lavender fue a pedirme disculpas porque ella no sabía lo que yo sentía por Ron antes de involucrarse con él, y no puedo odiarla. No puedo odiar a Ron tampoco. No puedo odiar a nadie por lo que estoy viviendo.
Cerró los ojos y dejó caer la cabeza contra la almohada esperando la burla. La burla que no llegó.
—Granger, te diré algo que no deberás decir en ningún momento que yo te lo dije. Así me entere yo de que lo has hecho, te haré imposible hasta el último día de tu vida —Hermione abrió los ojos. Draco Malfoy estaba junto a ella, de cuclillas en el suelo junto a su cama, con el rostro a la misma altura que el suyo—. Eres demasiado mujer para sufrir a manos de un hombre que no vale la pena.
Hermione sintió que su rostro enrojecía con fuerza. Apartó la vista de los normalmente fríos ojos del rubio, demasiado anonadada por lo que le acababa de decir.
—Quiero oírlo de ti. Vamos, dilo. Repítelo.
Hermione abrió y cerró la boca, incapaz de decirlo. Volvió sus ojos castaños a los grises y, mirándole fijamente, lo hizo.
—Soy demasiado mujer para sufrir a manos de un hombre que no vale la pena.
La sonrisa de Malfoy era tan cálida como un rayo de sol.
—Así está bien. Ahora, convéncete a ti misma de ello. No merece la pena sufrir por Weasley. No hay hombre que tenga cojones que haga sufrir a una mujer que está enamorada de él. Supéralo. Búscate a otra persona. Y, por el amor de Morgana, come un poco. Estás muy delgada.
Hermione sintió que una risa suave subía por su garganta. Negó con la cabeza, mirándose: ella se veía como siempre, aunque tal vez sí estaba bastante más delgada que antes. Debía llamar a algunos elfos domésticos a que le ajustaran el uniforme y las túnicas.
Apretó ligeramente los labios y sintió una mano sobre la suya. Observó, congelada, como Malfoy le daba un apretón en la mano y sonreía.
—¿Por qué me ayudas, Malfoy? —preguntó con la voz demasiado baja. Aun así Malfoy la oyó.
—Es un tema complicado —miró a ambos lados, como asegurándose de que nadie les oiría—. Mis padres se casaron porque sus padres concertaron su matrimonio. Mi madre, Narcissa, se enamoró perdidamente de mi padre. Aun así él no la amaba. Dudo mucho que padre sea capaz de amar a alguien, aunque sea su esposa y su hijo. Cuando era pequeño… —Draco pareció darse cuenta de que estaba hablando de más. Soltó la mano de Hermione con un intento de frialdad y su rostro se endureció—. Vaya, parece que me estoy yendo de lengua.
Hermione se encogió de hombros.
—No se lo contaré a nadie.
—Igualmente —Malfoy se encogió de hombros. Madam Pomfrey apareció con dos botellas. Malfoy se bebió la suya haciendo una mueca y Hermione olió la suya primero: tenía un aroma extraño, a mantequilla, y era oscura y espesa. La bebió y dejó que se asentara en su estómago como una gran comida.
—Bien, señor Malfoy, puede irse —de forma sutil madam Pomfrey le estaba expulsando de la enfermería. Malfoy le mostró una expresión altiva a la mujer y luego una casi sonrisa a Hermione.
—Nos veremos por ahí, Granger. Iré a dejar tus cosas a alguno de tus amigos —señaló la mochila gruesa y remendada que colgaba de su espalda junto a la suya. Hermione le dedicó una sonrisa extraña incluso para ella, y Malfoy se marchó de la enfermería sin mirar atrás.
Si Hermione lo hubiera recordado, si tan sólo hubiera recordado que tenía el Mapa del Merodeador activo en su mochila, tal vez le hubiera dicho que le dejara la mochila, que ella se haría cargo.
Pero no lo recordó, y Malfoy se llevó el Mapa del Merodeador con él. E inclusive con el mapa en su mochila, ¿qué forma habría para que lo descubriera?
—¡¿Acaso tú eres idiota?! —Malfoy gruñó, mientras veía el lío de pergaminos y libros en desorden sobre el suelo—. ¡Te dije que tuvieras cuidado!
Parecía que los amigos de Granger habían hecho un pacto para no cruzarse con él ese día. Se había topado con muchos Gryffindors pero ninguno cercano a la muchacha, lo que había llevado a que cargara todo el día la jodida mochila en su espalda. Hasta este punto sentía que la columna se le iba a quebrar.
Y ahora el idiota de Crabble había tironeado muy fuerte de un borde y todos los libros, pergaminos, plumas y tinteros se hicieron añicos en el suelo.
—Maldición —gruñó Draco, mientras levantaba las cosas, manchándose con tinta los dedos. Lanzó un Fregortego sobre la tinta, pensado que debería comprarle un tintero nuevo a limpió los dedos con la túnica —recordando que su pañuelo lo tenía Granger, maldita sea— y comenzó a recoger las cosas. No podía confiar en Crabbe y Goyle, capaces de meter todo arrugado y a la fuerza.
Lanzó un Reparo a la mochila rasgada y la tela se unió nuevamente. Fue guardando primero los libros y luego los pergaminos, cuando sus dedos se toparon con uno extraño que tenía huellas que se movían, y nombres. Joder, nombres.
Estaba viendo a una tal Mary McDonald caminando junto a Colin Creevey por un pasillo. Sin que Crabbe y Goyle le vieran guardó el pergamino en el bolsillo interior de su túnica y se volvió a cargar la mochila al hombro.
Se despidió de sus amigos que iban camino a las cocinas a robar algo para comer aun cuando faltaba menos de dos horas para la cena. Allá ellos. Draco, a solas, sacó el pergamino: se había librado de las manchas de tinta y ahora mostraba a Crabbe y Goyle caminando rumbo al pasillo por el que se iba a las cocinas. Draco siguió la línea del pasillo y se encontró a sí mismo. Caminó unos pasos hacia un lado, dándose cuenta que las huellas del pergamino también se movían, y una sonrisa salvaje cruzó su rostro.
—Así que este es el secreto de Potter, Granger y Weasley —dijo, en voz baja, intentando buscarles por el castillo. Weasley estaba una habitación en la torre del séptimo piso rodeado de chicos y chicas de Gryffindor, por lo que Draco supuso que sería la Sala Común de esa casa. Obviamente no iba a entrar allí, así que debía buscar a Potter.
Siguió por la línea del séptimo piso hasta encontrar una habitación demasiado grande para ser un aula. En ella se encontraba Potter. Y Tom M. Riddle.
Draco se sobresaltó. Conocía aquel nombre, su padre había hablado de él en su segundo año. Era el verdadero nombre de Voldemort. Voldemort estaba en el castillo. Pero, ¿qué hacía Voldemort con Potter? ¿Juntos? ¿Demasiado juntos, en una gran habitación, a solas?
El rubio cerró el pergamino y lo guardó en la mochila de Granger, entre varios libros de aspecto grueso y peso que le había destrozado la espalda todo el día, y se encaminó al séptimo piso.
Llegó a aquella habitación en menos tiempo del que le hubiera gustado. Tal vez debería ir directamente a hablar con el profesor Snape, pero seguramente le tacharía de loco, y le diría que no se metiera donde no le llamaban. Además preguntaría seguramente de dónde habría sacado ese mapa, y Draco no se sentía cómodo diciendo que lo había sacado de la mochila de Granger.
Tocó la puerta con los nudillos y esperó, sin saber qué esperar realmente. ¿Qué le abriera Voldemort, o que le abriera Potter? La puerta de madera hundida en la piedra estaba cargada de una magia que a Draco le puso el vello de punta: eran oscuros encantamientos protectores que avisarían si alguien iba a abrir la puerta, además de que notaba la fuerza con la que habían sido lanzados, con qué tipo de magia era compatible aquellos hechizos. Se parecía mucho a la magia de…
El profesor Cylean Rousseau abrió la puerta. Tenía el rostro completamente serio y el cabello desordenado, como si acabara de levantarse de la cama. La túnica estaba cerrada, y Draco notó que el cuello descubierto no dejaba a la vista camisa alguna.
—Profesor Rousseau —saludó Draco, fingiéndose inocente—. ¿Se encuentra Potter aquí?
El profesor farfulló algo y cerró levemente la puerta. Draco oyó que decía "Harry, Malfoy quiere hablar contigo" con voz ligeramente hastiada, lo contrario a lo que era normalmente el profesor, tan amable y risueño.
Potter se demoró en salir. Cuando salió tenía el rostro sonrojado y los labios abusados, además de una expresión frustrada.
—Malfoy, ¿sucede algo? —preguntó, saliendo y cerrando la puerta detrás de él, dejando al profesor dentro. Draco notó pequeños detalles en su antiguo enemigo, como que tenía la corbata desarreglada y el último botón de la camisa sin abrochar. No llevaba túnica.
—Granger está en la enfermería desde hoy temprano, luego del almuerzo. Creí que deberías saberlo —dijo, con todo el desprecio que pudo acumular en su voz. Potter abrió los ojos de manera desmesurada.
—¿Qué le sucedió? ¿Está bien? —preguntó, con voz alarmada. Draco se encogió de hombros.
—Se desmayó. La llevé hasta la enfermería. No me agradezcas —hizo un ademán con la mano para quitarle importancia, a la vez que se quitaba la mochila de los hombros y le alcanzaba a Potter las pertenencias de su amiga—. Esto le pertenece. No os he encontrado a Weasley y a ti durante todo el día, así que mejor guárdate esto.
Se disponía a marcharse —después de todo, parecía estar interrumpiendo algo serio— cuando Potter dudó.
—¿Cómo sabías que estaba aquí?
Draco sonrió como si lo tuviera todo bajo control.
—Es un lindo mapa el que tiene Granger, Potter —felicitó—. Permite encontrarte sin problemas. Sirve en demasía.
Potter jadeó y se puso pálido, todo el color de su rostro desapareciendo.
—¿Qué viste? —Potter le sujetó de los brazos con violencia—. ¡¿Qué viste?!
Draco se desprendió de su agarre con cierta dificultad, pero su expresión decía que había sido lo más fácil del mundo.
—¿Crees que no lo sabía ya, Potter? —fingió estar completamente al tanto—. Sólo se han confirmado mis sospechas. Tranquilo, no diré nada. Después de todo, no serías el único que perdería en la situación si la verdad se revelara.
Fingió saberlo todo, como siempre hacía. Después de todo, si Voldemort estaba en el colegio, Lucius Malfoy debía saberlo, ergo él también… o por lo menos sospecharlo.
Potter estaba pálido, pero asintió. Pareció dudar unos segundos y musitó, en voz baja:
—Gracias.
Draco Malfoy le dirigió una sonrisa socarrona digna de su familia.
—Es lo mínimo que podía hacer, Potter.
Y se marchó, fingiendo que lo comprendía todo, cuando en realidad no tenía ni idea de nada.
Bueeeeeeeeeeeeeno *hushe y se esconde* Lo sé, lo sé. Lamento mucho la demora por este capítulo que sólo ha tenido a Harry y Tom un par de oraciones. Pero me ha gustado mucho ahondar un poco en Draco, en este Draco que he creado, que me ha gustado tal vez un tanto más que el original. Y Hermione... bueno, sé que a algunos de vosotros no os gusta esta pareja, y lo lamento de corazón. Pero os digo que no ahondaré en ella mucho, y aún hay mucho más Tomarry y Wolfstar para compensar. ¿Sí? Lo lamento mucho, pero de esta forma debían surgir las cosas, ¿sí? Os quiero, y espero que me disculpen.
Amor a todos vosotros.
Paz.
