Título: El único.

La primera vez que Dean vio a Sam, estaba ocultándose tras su padre, creyendo que tras él podría seguir siendo siempre el bebé de mamá, el favorito a quien le preparaba sándwiches que jamás podía terminar de comer y esas galletitas de chocolate que le hacían girar los ojos con placer. Pero John lo tomó por los hombros, moviéndolo hacia el frente dónde tuvo que enfrentar la realidad: ahí, frente a él se alzaba la cosa más bonita que había visto en su vida, un pequeño bebé que al instante en que Dean se atrevió a tocarlo, se aferró a su pecho como si así hubieran estado siempre, el mayor lo abrazó con fuerza mostrando la sonrisa más enorme que sus padres jamás le habían visto.

Cuando Dean vio a Sam por primera vez, vio el amor en carne y hueso. Cuando lo tocó, sintió lo que era el amor. Y después de eso, nada fue lo mismo para él, sobre todo al mirar como el pequeño parecía dejar de llorar para empezar a reír solo cuando su hermano estaba ahí para jugar con sus diminutas manitas.

Dean estaba seguro de que seguramente su padre estaba equivocado, porque le dijo que Sam algún día sería más grande que él, pero ¿cómo podría ser eso verdad si en este momento era como mil veces más pequeño? Hay muchas cosas que papá no sabía, por suerte Sam tenía un hermano muy inteligente que sacaría a John de su error, pero aun no decía nada, solo sonreía al ver a su mamá sonreír de esa manera tan bonita que le recordaba la sonrisa de Sam que le hacía sentir mariposas en el estomago.

A Dean le gustaría seguir por siempre así, le encantaría que ese tipo de momentos hubieran perdurado hasta el fin de los tiempos, pero todo siempre termina, por más bonito que sea o por más brillante que parezca. Con ellos no fue la excepción. Todo terminó con su casa envuelta en fuego, Sam en sus brazos y su padre roto a su lado, mamá muerta, él convertido en el fuerte del grupo. Su papá aun era el héroe, todavía era el que bateaba mejor en el baseball y cocinaba los mejores desayunos en el mundo. Pero cada noche en que despertaba para encontrar a su padre inconsciente por el alcohol y a Sammy llorando porque tenía hambre, Dean no podía evitar odiar aunque sea un poquito a Mary por haberlo dejado con tan gran paquete. Luego cuando John comenzó a investigar y a buscar hasta por debajo de las piedras, Dean supo que no habría marcha atrás a aquellos momentos.

La gente en las calles los miraban con pena murmurando un "no lo lograrán sin Mary" que Dean siempre lograba escuchar haciéndolo levantar la barbilla y cargar mejor las bolsas de comida que llevaba al viejo apartamento que ahora debía ser su nuevo hogar, deseando gritarles un "¡Mírenme! ¡Mi familia nunca se quebrará!" aunque luego tuviera que encerrarse en el baño porque no soportaba las ganas de llorar. Y la primera vez en que comenzaron a viajar en el viejo Impala de papá, Dean sintió un enorme nudo en la garganta y por primera vez dudó de su fuerza, mientras salían de Kansas no pudo evitar sentir que esa gente podía tener razón y su familia se terminara destruyendo, que le quitaran a Sam de su lado como había visto que pasaba en la televisión. Después, cuando le tocó ver por primera vez un fantasma, no le importó llorar y salir corriendo aun a pesar de que él era un niño grande, porque el pánico que le inspiró ese ser sobrenatural no desapareció ni siquiera con las rudas palmadas en el hombro que le dio John y que normalmente le hacían sentir que todo estaría bien. Fue Sam. Cuando lo abrazó como aquella primera vez, fue Sam quien le quitó el miedo con esos enormes ojos marrones y el cabello rebelde que le hizo cosquillas cuando hundió el rostro entre el cuello y hombro del más pequeño, suspirando su aroma y sabiéndose dueño y sirviente de su hermano.

El tiempo ha pasado. Ahora Dean ha crecido, John a muerto y él morirá en menos de un año, su familia parece seguir en esa recta que lleva directo al infierno, pero a pesar de eso, las cosas no han cambiado ni un maldito ápice. Porque después de aquella vez en el hospital cuando Sam nació, él sigue siendo el único al que realmente ama con todo su ser. Los Winchester aun siguen vivos, aun están juntos, aun siguen siendo una familia, cada vez más pocos y en mayor peligro de desaparecer, pero juntos como la primera vez en que Dean sostuvo a Sam entre sus manos y éste se aferró a su pecho.

Después de todo, parece que lo lograron, ¿cierto? Mira lo lejos que han llegado, lo que han pasado, lo grande que han crecido, lo fuertes que se han vuelto... lo mucho que se aman y se seguirán amando por tal vez demasiado tiempo, aun si uno está en el infierno de verdad y el otro en su infierno particular aquí en la tierra.

Tal vez tomaron el camino largo, tal vez debieron haberse dado por vencidos hace tanto tiempo. Tal vez Dean no debió haber rescatado a Sam del fuego, o tal vez hubiera sido mejor si cuando Dean casi muere, Sam no hubiera recorrido el país buscando quien hiciera el milagro de mantenerlo con vida, o lo mejor hubiera sido que ni John ni Dean hubieran vendido sus respectivas almas y así los dos hermanos Winchester ya estuvieran muertos, en el paraíso, juntos. No recorriendo el pedregoso camino directo al infierno de cada uno. Pero a fin de cuentas, el hubiera no existe, ni lo mejor, ni lo perfecto, solo existe lo real, el "aquí y el ahora" que los mantiene juntos.

Ahora, le gustaría a Dean ver de nuevo a esas personas a los ojos para gritarles un "mira, ¡lo logré! Sam y yo seguimos juntos, trágate eso, perra", a Dean le gustaría ir al Gran Cañón, tomar un micrófono y gritarle al mundo entero que lo ha conseguido, que ha mantenido junta a esa familia por más de veinte años, aguantando, siempre sobreviviendo al día día, riendo por la mañana, peleando por sus vidas en la noche, siempre viviendo sobre el hilo más fino que jamás se haya creado, pero viviendo juntos, siempre juntos deseándose el uno al otro la felicidad que jamás podrán tener, dándolo todo por hacer sonreír a aquel que tienen al lado. Pero siempre juntos, tanto en cuerpo como en alma, fortaleciendo lo que los mantiene unidos como si fuera alguna especie de talismán que los protegerá hasta del mismo demonio.

Sam aun sigue siendo el único en la vida de Dean. El único al que corre sin dudar cuando necesita ayuda o cuando simplemente desea tomar alguna cerveza y reír como si no hubiera un mañana, Sam sigue siendo el único al que Dean realmente pertenece, la única persona que puede presumir de tener a Dean comiendo de la palma de su mano, él es el único ser humano en la faz de la tierra con quien Dean desearía vivir por siempre. Sam es la única persona a la que Dean realmente ama, de cualquier manera en que se puede amar a alguien, en cualquier momento, en todo lugar y situación. Lo ama cuando se despierta con los ojos llenos de lagañas y huele el café que su hermano trajo, lo ama cuando vuelven de una cacería y Sam apenas puede mantenerse conciente, pero logra encontrar las fuerzas para murmurar un "¿estás bien?" esperando la respuesta antes de derrumbarse sobre la cama, lo ama cada vez que van en el Impala recorriendo el país escuchando rock del bueno y Sam intenta dormir pero Dean sube el volumen solo para escuchar sus gritos de princesa mimada, lo ama cada que se queja de la comida que siempre parece un ecosistema, o cuando se queja del colchón duro, o cuando se queja del asiento viejo del auto, o de que el agua caliente nunca dure lo suficiente, o de su actitud inmadura e infantil... Dean lo ama cuando se queja de todas estas cosas al mismo tiempo. Dean simplemente lo ama.

Incluso, Sam es la única persona con la que Dean sueña, a veces tiene tintes dolorosos, otros divertidos, algunos dramáticos, unos más como salidos de película xxx... pero siempre sueña con Sam, con todas las sonrisas, posiciones y carcajadas que le logra arrancar con sus bromas del camino.

Sam es el único a quien Dean besa por las noches, lento y suave antes de dormir, con risitas que les hacen cosquillas al despertar, furioso y mordiendo cuando está preocupado, fuerte y necesitado cuando no puede más sin tenerlo cerca, más cerca, imposiblemente cerca.

Sam es el único y de eso no queda duda alguna. De hecho, Dean sabe que no tiene nada mejor, su proyecto de vida, su meta y su objetivo es y será Sam por siempre, aun cuando la mayor parte del tiempo lo vuelva loco de placer, de ira, de preocupación, de amor... de cualquier manera en que alguien pueda volverse loco.

Y le alegra, le alegra muchísimo haber podido superar las probabilidades de fracaso, juntos. Siempre juntos como algún par de siameses que aunque quieran, no soportarían vivir sin el otro al lado. Dean se siente dichoso por no haber escuchado las palabras crueles que decían cuando caminaba por la calle, después de todo, si les hubiera escuchado, mira de todo lo que se hubiera perdido. Le encanta haber logrado pasar su vida siempre junto a su hermano, enseñándole a vivir, a jugar baseball como papá, a amar como mamá, a besar como a él le gusta. Y haber aprendido tanto de Sam, quien le enseñó a sobrevivir sin perder su humanidad en el camino, a amar a desconocidos por el simple hecho de estar en el mismo planeta que él, a jugarse el todo por el todo para lograr tener siempre una sonrisa.

Dean es feliz. Sabe que ha llegado lejos y más que nada, sabe que aunque el mundo se ponga de cabeza, lo más importante no ha cambiado ni un poquito.

Sam sigue siendo la primer persona a la que ve a cada hora, mirando amor en cada segundo, regodeándose en la cálida sensación que la imagen monumental de su enorme hermano le inspira.

Sam sigue siendo la primer persona a la que toca cada vez que tiene la oportunidad, es a quien aun en medio de la pelea más ruda contra la peor criatura de su repertorio, aun quiere tocar y abrazar tan fuerte que a base de presión se termine fundiendo con su propio cuerpo. Todavía, luego de tanto tiempo de estar a su lado, no puede dejar de sentir el amor más puro que jamás ha sentido cuando lo estrecha tan fuerte que a ambos se les va el aire.

Sam aun sigue siendo el único al que ama y eso ni siquiera la muerte, el infierno, o el cielo podrán impedirlo.