Disclaimer: Harry Potter y co. pertenecen a J. K. Rowling.

Personajes Originales (.OC's.) son de mí propiedad.

Notas: ¡Oh, Merlín! ¡Que alguien me tire un imperio para poder seguir escribiendo! Uf, a este paso voy a terminar en el año de la pera... osea, ¡nunca! Vamos, un poco de retroalimentación ayuda, ¿sabían? En fin, con o sin reviews seguiré actualizando (lenta, pero segura), ya que puede que no tengan el tiempo, o las ganas, de poder escribir un review. Los entiendo, a mí me pasa (mucho).

Pero quiero hacerles una petición, ¿podría decirme qué os gusta y que no os gusta del fic? Porque si es algo que puede ser cambia, será cambiado... claro que va a haber uan re-edición y voy a editar muchas cosas y... en fin, puede que con su ayuda hagamos un fic que nos guste a todos, quitemos lo malo y dejemos lo bueno (que es muy poco, ¿no?)

Por favor, díganme, con sinceridad, qué piensan del fic, ¿sí? Así estaré más segura con lo que escribo y ayudará a mi ego, que es casi inexstente (ni tanto, pero me gusta escuchar opiniones, en serio, de todo tipo).

¡Vivan los guiones (–) largos! ¡Aunque sea un completo ñordo aprender a ponerlos porque (en la laptop que tengo) es un completo fastidio!

Harry Potter y la vidente de la oscuridad: Reuniones y viajes en el tiempo, la futura inutilidad de Snape.


–Mis queridos mortífagos –comenzó el Lord–, estamos aquí hoy para discutir nuestro siguiente paso. La vez anterior salimos victoriosos, mas no logramos cumplir con nuestras expectativas al cien por ciento, así que ésta vez quiero, no, ¡demando perfección! Lestrange…

–¿Sí, mi Lord? –preguntó el aludido.

–Los planos, ¿dónde están?

–Aquí los tengo, mi Lord –contestó rápidamente.

–¿Y por qué aún no los has sacado, Lestrange? –le cuestionó Voldemort de forma amenazadora mientras le miraba fija y duramente.

–A-ahora mi-mismo se los doy, mi Lord –Lestrange convocaba con las manos temblorosas unos royos de pergamino que, en el momento en que aparecieron en sus manos, fueron arrebatados por su esposa y ofrecidos, de forma muy pomposa, a su señor.

–Gracias. Bella, por favor –dijo Voldemort ante la velocidad y disposición de la mortífago a la vez que ella tomaba y desenrollaba los papeles sobre la mesa. Bellatrix volvía a su asiento dirigiéndole a su marido una mirada furibunda–. Lucius, por favor, danos el placer de explicarnos qué hará cada quien en el siguiente ataque.

–Con gusto, mi señor –Lucius se levantó con una sonrisa de superioridad y se acercó a los planos–, aquí tenemos al Callejón Diagon…

–Omite lo innecesario –interrumpió en Lord secamente.

–S-sí, señor –dijo temblando un poco y volviendo a señalar los papeles, ésta vez sintiendo el sudor frío corriéndole en la espalda–. Un grupo señuelo se aparecerá a las doce en punto frente a Gringotts y empezará a lanzar hechizos hasta que un buen grupo de aurores sea distraído. Se capturará a un par de civiles mas no se les hará más daño del que sea necesario para inmovilizarles y hacer que los aurores, en especial aquellos de la Orden, dejen sus puestos y vayan a la lucha. Luego…

–Suficiente –cortó Voldemort levantando una mano en ademán de silencio–, no iréis todos al ataque, los Mortífagos que no nombre se retirarán y esperarán noticias, estad listos en cualquier momento.

Al ver que ya no era necesario que siguiera hablando, Lucius se sentó junto a Severus y esperó a ser nombrado, porque era obvio que le nombrasen.

–Bien –comentó el Lord–, Lestrange, Malfoy, Crabbe, Goyle, Nott, McNair, Gallart y…nadie más. El resto retírese.

Todos los nombrados observaron con asombro como Severus, tan sorprendido como los demás, se retiraba con el grupo. Terence, junto a Alister, no creía que haberle escogido fuese algo discreto por parte de Tom, era entendible por sus habilidades como medimago pero Severus no era nada malo con los hechizos de curación y era mejor que Terence haciendo pociones.

Haber dicho que todos estaban asombrados era cierto, pero no todos estaban tan alegres como Belatrix, ¡por fin su amo había entendido que Snape no era de fiar! Ahora ella estaría mucho más cerca de la cima junto a su señor. Estaba segura de que todo iba a salir perfecto, ¡Y cómo no! Si ella misma iba a ir, se iba a encargar de que todo saliera mejor que bien.

–Se preguntarán –empezó a decir el Lord– por qué sólo ustedes, qué tarea les tendré, ¿no? –sin dar tiempo a responder, prosiguió–. Lucius, continúa donde te detuve.

–Sí, señor. Como iba diciendo, luego, mientras el grupo señuelo distrae a los aurores, entraremos en el ministerio –Lucius puso otro plano encima y empezaba a dar indicaciones–, las defensas estarán bajas, pero eso no significa que bajemos la guardia. El objetivo principal es la obtención de información, más específicamente, iremos en busca de una profecía cuyo contenido es de vital importancia, tanta, que es posible que Dumbledore mismo, y su mascota Potter, vayan a protegerla.

–Lo que significa –continúo el Lord–, que esto terminará en un inminente encuentro entre Dumbledore y Potter contra mí.

–¡Mi señor! –exclamó Bellatrix parándose de golpe– ¡Déjeme secundarle en esta batalla! ¡Le prometo que no le fallaré! ¡Por favor…!

–¡Bella! –le hizo callar–. Hasta ahora no me has fallado, ninguno de ustedes lo ha hecho últimamente, por eso es que vamos a hacer esto ahora. No en este instante, aún faltan ciertas preparaciones pero cada quien tendrá una tarea fija y no quiero quejas –esto último lo dijo mirando a Bellatrix–. ¿Algo más que decir?

–Mi Lord –dijo McNair quedamente– ¿Está seguro de que podremos entrar y salir ilesos sólo nosotros? Quiero decir, somos un grupo reducido…

–¿Dudas de las habilidades de tus compañeros? –preguntó Voldemort juguetonamente y mirada amenazante–. Eso me parece un insulto muy grande, McNair, ¿es que tienes miedo?

–¡No, mi señor! Yo…

–¡Silencio! Pareces Colagusano temblando así, y eso va para ti también, Lestrange.

Rodolphus y McNair no volvieron a formar palabra por el resto de la reunión. A diferencia de su hermano, Rabastán sí dijo algo más.

–Mi Lord –comenzó Rabastán–, ¿dónde se encuentra Colagusano?

–Seguro ha de estar temblando por ahí como la rata que es –comentó Bellatrix.

–No hay necesidad de ser tan ruda, Bella –dijo Voldemort–, Colagusano está… indispuesto atendiendo a Nagini.

Nadie quería saber a qué se refería su señor.


Ven, acércate, pequeña rata –siseaba Nagini olisqueando y buscando bajo los muebles y estantes–, no temas, no quiero hacerte mucho daño…

Aún sin poder entender qué decía la serpiente, Peter Pettigrew, transformado en su forma animaga, estaba más que decidido a no salir hasta que se fuera lejos, muy, muy lejos. ¿Por qué se habría metido dentro de ese hoyo en la pared? Ahora era incapaz de transformarse y huir.

Sinceramente, éste no era su día.

¿Pero cuándo lo era?


–Continuando –Voldemort se levantó de su asiento y se acercó al ventanal que estaba atrás de él–, el día en cuestión aún no es de su saber, no porque no lo haya decidido ya, sino porque más vale prevenir que lamentar. Será en un poco más de un mes, posiblemente dos, así que tienen todo el tiempo del mundo para estar listos. No quiero complicaciones, ¿entendido? –y sin volver a darles tiempo a respondesiguió–. Retírense.

Todos se desaparecieron en el acto. Al menos, la mayoría. Cuando Alister estuvo a punto de irse, Terence le sujetó del brazo. Trató de zafarse al ver que el Lord comenzaba a voltearse pero su amigo le sonrió con calma. "No te preocupes", le dijo Terence con los labios.

–Gallart, Nott –les habló Voldemort–, ¿se puede saber por qué siguen aquí?

La voz del Lord se escuchaba lo suficientemente enojada como para que Alister temblara ligeramente, pero el agarre y la sonrisa de Terence no lo dejaban ir.

–Marvolo –dijo Terence con voz traviesa–, cálmate, estamos entre gente de confianza.

Y ahí Alister se dijo a sí mismo que iba a desempolvar su traje negro para el funeral de su amigo. Aunque luego se dijo a sí mismo que iba a buscarse una plaza en San Mungo, porque debía de estar volviéndose completamente loco, mira nada más, que ver a su señor, el mismísimo Lord Voldemort, riendo amablemente y poniéndole una mano en el hombro a cada uno no era su pan de cada día.

–¿Estás seguro? –preguntó como inspeccionando a Alister con la vista.

–Más que seguro, primo. Alister, ¿recuerdas a mi primo Marvolo?

–Sí… –contestó incómodo y mirando fijamente a Terence–. Sí lo recuerdo.

–Entonces míralo y salúdalo –dijo Terence señalando hacia donde había estado el Lord hace unos segundos–, no seas maleducado.

Donde había estado el Lord hace unos segundos.

Porque no era el Lord el que estaba ahí de pie en esos momentos. Ese hombre que él conocía como Marvolo, vestido con las mismas túnicas que llevó su señor antes de haberle despegado la vista, había aparecido de la nada y no había señales de Voldemort.

–Terence.

–¿Sí, Alister?

–Tú vas a pagarme la estadía en San Mungo.

Y cayó ahí mismo al suelo, a los pies del supuesto primo de su mejor amigo.


Las cosas habían vuelto a la normalidad entre Theodore y yo… más o menos. Ya no me hablaba como lo hacía antes, ya no me veía como lo hacía antes ni me llamaba como lo hacía antes.

¡Merlín! Me sentía como mi primo, a él no le gustaba su primer nombre, a menos que lo dijese Harry, y a mí me estaba dejando de gustar el mío. A la primera oportunidad que tenga de cambiar mi nombre de Filia a 'Lia, lo hago. Así tendría, al menos, una (muy pobre) excusa para que Theodore me llamase así.

De resto, todo avanzaba a un tortuoso y normal ritmo, Katherine había demostrado grandes avances en pociones y Alexander en las clases de vuelo. Yo había logrado aumentar mis calificaciones en Herbología, pero aún tenía que pulir mis habilidades en lo que a práctica se refería.

Pero ni hablar de Defensa Contra las Artes Oscu… perdón, Defensa Contra Caer Dormido con Cara de Dapo, como le decía Timothy, y conseguía siempre un buen par de risas de Berenice con eso. Todos nosotros, los primerizos de pesadilla, habíamos sido víctimas, y aún lo somos, de no muy buenos tratos por parte de varios mayores, en especial los Slytherin.

Egaeus, Sebastian y Berenice no podían entrar en su Sala Común sin que les lanzasen algún embrujo o simplemente les aplicaran la ley del hielo, pero les traían sin cuidado aquellas tonterías. Sebastian, Alexander y Benjamín pasaban mucho rato viendo las prácticas de quidditch. Sarah y Timothy soñaban con ser los próximos 'gemelos Weasley', y lo estaban empezando a lograr. Egaeus pasaba mucho rato con Rose, algo muy bueno, y con Diana, algo… no muy bueno, pero me llevaba bien con los dos primeros, con Diana no mucho, aunque no me caía del todo mal. Katherine, Alexander (la mayor parte del tiempo) y yo nos habíamos hecho muy cercanos, lo suficiente como para decirles mis mejores amigos, pero aún así ni les contaría de mi secreto ni les llamaría por algún mote tonto.

Confiaba lo suficiente en Katherine como para contarle casi todo lo que ha pasado entre Theodore y yo. Katherine era de mucha ayuda cuando se lo proponía, no era un hombro para llorar puesto a que no había razones para llorar, pero escuchaba y decía lo que pensaba (aunque a veces no pensaba nada lógico…).

Armonía, esa era una palabra que nos describía a todos, no a la perfección, pero se acercaba lo suficiente.

Iba a hablar con Theodore, era mi mejor amigo y es la última persona a la que yo querría perder. Me lo conseguí hablando con ¿Zabini es que se llamaba? en el pasillo, junto a una ventana. No era, ni sería, Zabini, una mala persona, era el Slytherin común, aprovechaba las situaciones a su favor y entablaba relaciones amistosas por conveniencia, generalmente. Era cercano a Theodore, por lo que él me ha contado, y confiable. Suficientes razones como para no esperar a que terminasen de hablar. No me fijé ni siquiera en qué hablaban, solo caminé hasta ellos.

–Con tu permiso, Zabini –interrumpí con un tono que suponía amable y pidiendo disculpas con la mirada. Antes de que pudiera continuar, porque dejar las cosas así me parecía algo descortés, Zabini habló.

–Con mi permiso, Gallart –dijo dando media vuelta y despidiéndose de ambos con un gesto. No me sorprendió mucho que supiese mi nombre, deduje que Theodore se lo había dicho.

–Así que –habló Theodore mirándome a los ojos–, estamos solos, Filia.

–Cualquiera se hubiera sentido incómodo ante esa frase, Theo –contesté de la misma manera seca con la que me había hablado, ni su rostro ni el mío demostraban alguna emoción.

–Pero nosotros no somos cualquiera. ¿A qué has venido?

–Siempre al punto, últimamente eres tan Slytherin que empieza a rayar en lo ridículo –suspiré, recordé lo que Katherine me había dicho sobre las parejas en conflicto (aunque Theodore y yo no fuésemos ahora nada de eso) y decidí hacer lo que me dijo–. Lo lamento, tienes toda razón.

Theodore me miró de pies a cabeza y cuando devolvió su mirada a mis ojos, me preguntó confundido:

–¿Tengo la razón en qué?

No había visto venir esa.

–No sé –respondí un poco exasperada–, Katherine me dijo que te diese la razón.

–Y no sabes de dónde ha sacado semejante sandez.

–Ahora que lo pienso –mencioné poniéndome una mano en la barbilla–, creo que lo leyó en Corazón de bruja.

Me alegré al ver que Theodore sonreía un poco, claro que no lo demostré, aún no había terminado.

–Eso explica mucho –cometó aún con la sonrisa en el rostro, me relajé y esperé a que siguiera hablando–, ¿a qué has venido, Filia?

–A disculparme, ya te lo he dicho varias veces. Si te molestó lo de Egaeus, bueno, ya no es un problema, él ya está por su cuenta con Rose, no han llegado a mucho pero, Theo, no veo por qué sigues enojado.

Theodore volteó hacia la ventana y apoyó las palmas de las manos en el alfeizar de ésta suspirando. Di unos pasos más hacia él y le toqué el brazo, jalándole de la túnica.

–No estoy enojado, no contigo… es que…

–Es que… ¿qué? Theo, ¿me estás escondiendo algo?

Si la respuesta a esa pregunta era afirmativa me iba a sentir muy ofendida. ¡Yo le había revelado mi secreto y, encima, el de mi primo! ¡¿Cómo se atrevería él a esconderme algo? ¡A mí! ¡Su…! ¿Su qué? Su mejor amiga, claro está, ¿cierto?

–No es que te esté escondiendo algo, Filia, es… alguien.

–¿Cómo?

No, en serio, ¿cómo? He de admitirlo, me estaba sintiendo celosa, pero Theodore no dijo en ningún momento que ése alguien fuese una chica. Y si me estaba escondiendo a un él… no se podía hacer nada tampoco.

–Supongo que puedo confiar en ti, ¿no?

–No sabes cómo me ofendes con esa pregunta, Theo.

–Sí, sí lo sé. Pero ni es el tiempo ni el lugar para esto, te buscaré más tarde, ¿sí? –y despegándose de la ventana se despidió retirándose rápidamente.


–Esta es una muy mala broma, Terence. Si crees que voy a caer… –dijo Alister mientras se recobraba del desmayo–. Miren, sé que ambos se han de estar divirtiendo de lo lindo con esto, pero si el Lord llega a enterarse, no por mí, no quisiera saber que va a ocurrirles.

–Pues no mucho –comentó quien Alister creía que era Marvolo–, si el Lord descubriese a uno de sus Mortífagos haciéndose pasar por él, tal vez sólo le aplique un par de Cruciatus.

–Hablando por experiencia, ¿no, Marvolo?

–Claro que sí, Terence, claro que sí.

– Antes de que vayas a decir algo –Alister sintió la típica corazonada que iba junto a las ideas del Gallart y meditó un poco antes de seguir hablando–, Terence, voy a suponer que el Lord y tu primo son la misma persona.

–Pues sí, supones bien, Alister.

–¿Cómo…?

–¿Realmente quieres saber?

–No creo, pero no tengo de otra. Si voy a morir, prefiero no quedarme con la duda, aunque no me vaya a servir de nada tal conociemiento.

–Muy Ravenclaw de tu parte, Nott, inusual –dijo Marvolo–. Y tampoco hay que llegar al extremo del asesinato, ¿no crees? –una sonrisa macabra se formó en los labios del Riddle mientras le hacía una señal a Terence para que empezase a hablar.

–Sabes que a Marvolo no le gusta hacer la cena y se mete como Pedro por su casa a cualquier lugar a comer colado, ¿no?

–Terence… -susurró Marvolo poniendo una mano en el hombro del Gallart a modo de advertencia extrañando a Alister, quien se había esperado una reacción más dolorosa para Terence. El Nott, respondiendo afirmativamente la pregunta de su amigo, se preguntaba qué magia había puesto encima del Lord, quien había matado por mucho menos que eso, para salir vivo de esa.

–Hace algunos años ya, Marvolo fue a visitarnos y, como por obra del destino, se encontró con Filia, quien no era una niña muy prudente por ese tiempo. Alister, sabrás que mi hija no es una niña normal…

–No me digas, es alguna clase de ser místico o sobrenatural que ha venido al mundo a poner todo patas para arriba.

–Justo como lo es su padre –comentó Marvolo por lo bajo. A Terence se le formó una mueca rara en la cara y siguió contando.

–Filia puede ver el futuro, Alister. Y la razón principal de que Marvolo no nos haya matado es porque mi "engendro querido" es una vidente. Sonará muy hipócrita…

–Soy un Slytherin, de casa y sangre –interrumpió de nuevo Marvolo a Terence mientras se cruzó de brazos y fruncía el ceño. Alister no encontraba palabra para intervenir.

Terence suspiró, murmurando algo que Alister entendió como: "me dejara éste terminar…", y volvió a retomar el hilo de su relato.

–¿Cómo iba diciendo? Ah, Sonará muy hipócrita, pero todos sabemos que Marvolo no es un dulce y para ese entonces sólo tenía una cosa entre ceja y ceja, convertirse en el mayor mago de la historia, o algo así. Y para ello utilizaba cualquier medio que le fuera necesario (y aún lo hace). Volviendo al punto principal, Filia tuvo una visión, ¿cuándo? No sé, pero tenía que ver con mi primo, y en el instante en que él pisó nuestra casa, mi hija se lo hizo saber.

–Al principio no le creí y pensé, acertadamente, que la niña era, disculpa, es una insolente –dijo Marvolo tomando las riendas del relato–. Me sorprendí al ver que lo que me había dicho la niña se había cumplido, pero eso no me fue suficiente. Volví un par de veces más antes de cerciorarme de que todo lo que decía la niña esa se volvía realidad al pie de la letra. Sí, lo que ve Filia puede llegar a cambiar…

–Pues el futuro siempre está en proceso de cambio –interrumpió Terence a Marvolo, quien lo ignoró.

–…Pero hasta ahora la niña no me ha fallado. Volvía a la casa de los Gallart con más frecuencia y me llegó a tener algún tipo de confianza la niña, que, acertando de nuevo, califiqué como insolencia, ¡me decía primo, a mí, Voldemort! Luego vino su padre aquí presente y después su madre. Era: "primo" por aquí, "primo" por allá –Marvolo se tomó unos segundos para hacer un gesto de cansancio frotándose las sienes–, lo peor es que lo dejé pasar todo y me acostumbré, estaba tan concentrado en lo que veía la niña que les tomé confianza a estos insolentes.

–Eso está empezando a ofenderme, primo.

Ignorando de nuevo a Terence, Marvolo se dio por concluido. Ambos se quedaron viendo a Alister mientras éste pensaba qué decir.

–Ahora… ¿Qué? Sé que esperan que diga algo grande o importante en este momento pero, por mucho que me cueste concentrarme en sólo una cosa ahora, tenemos una guerra entre manos; porque todos sabemos cómo va a terminar todo. Filia… ¿Filia ha visto algo sobre ello?

–Nada –respondió Terence.

–¿Piensan llevarla a la guerra?

Marvolo se puso rígido ante la pregunta, la cual respondió entre dientes.

–Sobre mi cadáver. Esa insolente es mi familia ahora, es mía, y yo protejo lo que es mío.

–En especial a Harry –comentó Terence en tono juguetón.

Alister abrió los ojos como platos y balbuceó un poco antes de hacer otra pregunta.

–Ha… Harry… ¡¿No estarás hablando de Potter? ¡Ni te atrevas a responder Terence! Ahora sí, prefiero morir con la duda. Saliendo de eso, ¿alguien más sabe de esto?

–Julia, obviamente, el mismo Harry, en parte, Fenrir… y ya, creo que son todos.

–No olvides, Terence, al joven Theo –dijo Marvolo pasándose una mano por la frente.

–¡¿Mi hijo también? –Si antes Alister había estado mudo y muy confundido, ahora estaba completamente en shock.

–Filia le dijo –contestó Marvolo.

Alister miró el suelo por unos segundo sin levantarse de su asiento y, con una expresión de exasperado y apoyando las manos en las rodillas, le dijo a Terence.

–Terence… definitivamente vas a pagarme la estadía en San Mungo.

Marvolo sonrió negando con la cabeza, "este par… de tales palos, tales astillas", pensó. Terence posó una mano en el hombro de su amigo y, haciendo un gesto algo exagerado, apuntó con el dedo a Marvolo como si hubiera recordado algo.

–¿Qué fue todo eso de Snape? Tan atípico de un Slytherin… Algo estás tramando y ahora nos veremos todos en medio, así que ¿cuál es el plan?

Alister se mostró de repente interesado.

La sonrisa en el rostro de Marvolo adquirió un tono siniestro antes de que éste respondiera.

–Terence, Terence, yo sólo quiero saber por cuánto tiempo más mantendrá Dumbledore cerca a su espía sabiendo que ya no le será de más utilidad.

A la par de que Alister temía un poco (sólo un poco) por la vida de Snape, Terence sonreía con su primo, pero cabía decir que él también sentía un poco de lástima por Snape (de nuevo, sólo un poco).


Todo se veía luminoso y borroso, aún con lo anteojos puestos. Harry sentía que flotaba en el agua pero no se sentía mojado ni ahogado, estaba respirando. Lo último que recordaba era haberse acostado y dormirse entre las mullidas sábanas.

¿Dónde estaría? ¿Estaba soñando? Porque si era así, se preguntaba dónde estaría Tom, si es que estaba por todo eso. Vio burbujas subiendo a la superficie y trató de moverse hacia ellas, cosa que resultó inútil. Escuchó los sonidos de un reloj, lentos y chirriantes "tic tac". Harry movió la cabeza de lado a lado, buscando algún reloj o algo parecido.

De repente, un remolino de burbujas lo envolvió, quitándole el aire y llevándolo a la superficie rápidamente. Una luz violeta le ofuscó la vista haciéndole cerrar los ojos con fuerza. Cuando los volvió a abrir, Harry ya no estaba en el agua, o lo que fuese aquello, sino en la mitad de algún pueblo antiguo y muy triste.

Un par de personas pasaron a su lado sin siquiera notarlo y otra lanzó una fruta a un hombre través de su cabeza. Harry vio sus manos, estaban algo transparentes, pero conservaban un poco de color. Un fantasma no era, así que debía seguir vivo, tampoco era invisible, porque ser invisible significaba que la gente no podía verte, pero ¿atravesarle con un objeto sólido?

Sin molestarse en buscar alguna respuesta lógica, llegó a la conclusión de que eso debía ser un sueño. Y los sueños estaban para ser disfrutados, se dijo. Recordando cómo le pasó la manzana por la cabeza también le vino a la mente Mirtle, sintió un poco de pena por ella ahora que la entendía, pero aún así a él le pareció un poco divertido que dicha fruta le atravesase y no le hiciera nada.

Algo le jalaba lejos del pueblo, y Harry, sin poner resistencia, se fue en la dirección por la que era guiado. Tal vez, si Harry hubiera prestado un poco más de atención, hubiera leído el cartel que decía "Little Hangleton"…

Sin prestar ninguna atención al paisaje, Harry divisó la parte trasera de una casa vieja y de aspecto algo descuidado. Había una mujer de cabellos revueltos, sucios y un ojo desviado, con una sonrisa soñadora que le iluminaba el rosto y le quitaba un poco de fealdad. Sonriendo, el Potter se acercó a ella, preguntándose cuál sería la causa de dicha felicidad. Dicha mujer estaba haciendo una poción en un caldero murmurando ingredientes que Harry había escuchado en clases… si Hermione no se había equivocado (como si eso fuese posible), y si Harry le había escuchado bien, aquello debía ser una pócima de amor o algo así.

Para ti, mi amado Tom –canturreaba la mujer, quien era una bruja, obviamente, revolviendo en el caldero. Un tal Tom, ¿eh? Harry sonrió, recordando a su Tom y preguntándose qué estaría haciendo–, con esto aseguraré tu amor por un tiempo más.

Creo que no debería de hacer eso –díjole Harry a la mujer distraídamente, creyendo que no sería oído–, digo, ¿no sería mejor el amor verdadero que una poción?

La mujer tiró la cuchara al suelo y miró a un "ya no tan" transparente Harry con sorpresa y ahogando un grito. Harry estuvo a punto de preguntar, también sorprendido, si podía verle cuando la chica exclamó:

¡Hablas pársel!

¿Estaba hablando pársel? Oh, Harry nunca se daba cuenta, le era algo natural. Culpa de Tom. Harry no se sentía sorprendido, después de todo ¿qué podía salir mal en un sueño? Un sueño muy raro, pero un sueño al fin y al cabo, ¿no?

Sí, hablo pársel. A mí también me sorprendió cuando lo descubrí, en un zoológico muggle. Por suerte nadie lo tomó como la gran cosa, no entendían lo que estaba diciendo. Además me divertí algo con mi primo… o mejor dicho, a costa de él.

Decidió iniciar una conversación, ¿por qué no? Era interesante hablar con otro ser humano, que no fuese Tom, en la lengua de las serpientes. ¡Ah! Tal vez Tom estuviese causando todo eso, qué tierno de su parte, pensó Harry. La bruja se calmó un poco pero se veía tensa aún.

Ya veo… –la chica no estaba segura de lo que estaba pasando, a pesar de que quería seguir hablando–, y tú... ¿estás muerto?

Oh, no. Debo de estar soñando, estoy seguro de ello, espero. ¿Y por qué hace una poción de amor? –Harry no le tuteaba, la bruja era varios años mayor, o se veía varios años mayor

Con que me has visto. Es para mí Tom –a la mención del nombre, la bruja sonrió–, quiero que me ame como yo a él, y ésta es la única forma… yo no soy bonita ni lista ni privilegiada, pero lo amo y lo quiero para mí.

¡Pero si no necesitas nada de eso para que alguien te ame! –expresó animado Harry–. Yo también amo a alguien llamado Tom, ¿sabes? –la chica pareció calmarse más ante la mención del nombre–. Y él me corresponde a pesar de no ser guapo, tampoco soy listo ¡y él ya tiene mucho dinero, así que por eso no es! Sólo tienes que ser tú misma. El amor se basa en la sinceridad. Aunque yo, en lo que se refiere a romance, soy un asco.

Tal vez tengas razón…

Antes de que pudiera escuchar el resto de lo que la chica le iba a decir, Harry sintió una presión que lo llevaba hacia arriba. Todo frente a él se desvanecía. Tal vez estuviese despertando de ese raro sueño, porque eso sólo pudo haber sido algún raro sueño.

Mientras que Mérope Gaunt, la bruja que acaba de conocer Harry, veía cómo el extraño niño se elevaba y se esfumaba. Mérope estaba decidida, gracias a su anormal amigo, porque sólo un amigo (por muy poco tiempo que se le lleve conociendo) podía decirle tales cosas. Agarró la olla y vertió su contenido hacia el suelo del campo, se sentó en el pórtico y esperó a su amado Tom Riddle con el habitual vaso de agua, Tom debía de estar cansado luego de su cabalgada, sólo que esta vez sí era solamente agua, solamente ella misma y el agua.

Y Harry, despertándose, sintió una opresión en el pecho, como si algo hubiese salido mal…

¿Pero qué puede salir mal en un sueño? ¡Porque Harry podía jurar que eso sólo había sido un sueño!


¡Oh, Harry! ¿Qué has hecho?

Porque Tom, sí, Tom Marvolo, lo había visto todo a través de los ojos de su amado.

Ya no sabía qué pensar.

¿Qué había hecho Harry? ¿Qué habría de hacer Tom?


¡Oh no! Harry, querido, ¡te has comido la última natilla! ¿Quién podrá salvarnos ahora? Y así concluimos este capítulo y... !empiezo mis vacaciones escolares!

-¡Nooo! ¡Adios Vegas!-

No seas así, Cedric, bah, no me hagas llevarte a la reunión del club de fans de Crepúsculo... quién sabe qué te harán allí.

-Ellas son peores que Voldemort-

Pues sí. Ojalá y me cumplan el favor que les pedí, ¿sí? Ya sea por review, por MP (mensaje privado), o por msn, es lo de menos, sólo quiero saber la verdad. Porque quiero que ustedes tengan un papel más activo en el transcurso del fic, porque todos siempre hemos querido ser parte de algo y ahora quiero darles esa oportunidad, aunque sea en algo tan insignificante como esto.

Otra cosa, que empiece mis vacaciones no significa que vaya a estar 24/7 con el fic, lastimosamente no, ahora es que una ola expansiva de familiares me van a venir encima del extranjero y eso significa... ¡Regalos! ¡Yay! Y voy a disfrutar de mis regalos como espero que ustedes disfruten de mi fic.

Ahora sí, nos leeremos futuramente.

Owari/Sandra.