¡Hola a todos! ¿Qué tal estáis? Muchas gracias por los reviews y aquí os dejo la continuación, la cual espero que os guste.
Rock U! Capítulo 29: "Suna"
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Sintió un movimiento abrupto que hizo que sus hermosos orbes jades se abrieran algo desorientada. Se acomodó en su asiento y miró hacia su derecha encontrándose con un chico que la miraba tras unas lentes oscuras con una pequeña sonrisa.
- Bella durmiente – dijo él a modo de saludo. – Acabamos de aterrizar.
Sakura miró por la ventanilla comprobando que el chico tenía razón: habían llegado a Suna. Se estiró un poco en su asiento y suspiró mientras se volvía a recostar contra el asiento del avión, clavando sus ojos en su acompañante con una pequeña sonrisa.
- Gracias por acompañarme aunque no tenías por qué haberlo hecho, Sasori.
- Ya te he dicho que no es ningún problema, Saku – sonrió el chico acariciando su mejilla. – No tengo ningún concierto hasta la semana que viene y sinceramente, me apetecía pasar el tiempo contigo. Además, ya sabes que siempre que me necesites voy a estar ahí – concluyó haciendo que ambos ampliaran sus sonrisas.
- Gracias, Saso-kun.
El avión finalizó su aterrizaje y ambos salieron de él con su respectivo equipaje en la mano, pues sólo iban a estar ese fin de semana en Suna. Sakura comprobó que el tiempo allí era muy caluroso para ser finales de Mayo y se alegró de haberse puesto unos shorts vaqueros rotos, un cinturón negro a juego con las converse y una camiseta de tirantes blanca por dentro del pantalón. Por su lado, Sasori llevaba una camiseta de manga corta blanca a rayas negras y unos pantalones vaqueros piratas con unas deportivas blancas y además, llevaba sus lentes de sol para evitar que fuera reconocido.
- He alquilado un coche que debería de estar en el exterior esperándonos – comentó el pelirrojo con una sonrisa ante la mirada inquisidora de la chica. – Es lo más cómodo para que no me reconozcan.
- Cierto, olvidaba que ahora eres una estrella – dijo Sakura con una sonrisa de lado algo burlona.
- Oh, ¡es verdad! Los fans no me dejan ni respirar – comentó el guitarrista con una sonrisa sexy buscando con la mirada el auto que había alquilado.
- Vanidoso – rio la chica sin poderlo evitar.
- Es la verdad, pequeña – dijo agarrando su mano mientras se acercaban a un precioso coche descapotable de color negro. Sin embargo, unos pocos paparazis aparecieron al lado de Sakura e hicieron un par de fotos para sorpresa de la pareja. – Mierda – farfulló el chico entrando a toda prisa en el vehículo.
- ¡Sasori! ¿Es cierto los rumores de boda entre Pain y su novia? – preguntó un hombre.
- ¿Qué haces en Suna?
- ¿Es esta chica tu novia?
- No hay preguntas – contestó sencillamente Sasori arrancando el vehículo mientras se despedía con la mano. - ¿Tenía o no razón? – el pelirrojo soltó un suspiro poniendo una sonrisa de lado.
- Sí, la tenías – reconoció Sakura cruzándose de brazos. - ¡Eh! ¿Qué es eso de que Pain y Konan se van a casar? – inquirió recordando las palabras del paparazi.
- No, sabes que si fuera así Konan ya te lo habría dicho o gritado – dijo formando una pequeña sonrisa imaginando a su amiga totalmente alterada. - Simplemente se alarmaron porque el otro día Konan llevaba un anillo en la mano y parecía de compromiso, pero hasta donde yo sé, es sólo un regalo por sus nueve años juntos – informó conduciendo por la ciudad.
- ¿Nueve años? – preguntó algo sorprendida - ¿YA?
- Algún día tú los harás con Sasuke, ¿sabes? – Sasori dijo burlonamente mirando a la chica, quien se sonrojó y apartó la mirada. - ¿Y me explicas por qué no está el señor orgulloso aquí y yo sí? – Sasori echó un vistazo a la chica para luego volver su vista a la carretera. - ¿Ha pasado algo?
- Con él no – contestó Sakura moviendo su mano por el cabello, masajeándose la sien en el proceso. – Han pasado muchas cosas, Saso-kun, cosas que no te van a gustar – confesó resoplando posando su vista en su amigo otra vez. – Lo importante es que necesitaba hacer este viaje con alguien de mi pasado, alguien importante y ese eres tú. ¿Vale?
- Me siento halagado – declaró él con una amplia y brillante sonrisa que enamoraría a cualquier persona. – Hacemos una cosa – habló el chico aparcando frente al hotel donde se iban a instalar ese fin de semana. – Dejamos nuestras cosas, vamos a comer y me cuentas todo, ¿vale?
- Trato hecho – dijo ella sonriendo bajando del vehículo con su pequeña maleta.
Entraron en el acogedor hotel que Mebuki y Kakashi habían reservado para su hija y un acompañante. Supongo que ellos habían pensado en Sasuke o Ino, pero cuando Sakura le informó a su madre de que iba a ir con Sasori pensó que se desmayaría ahí mismo, mas la Haruno mayor estaba demasiado estresada organizando cosas de la boda como para considerarlo dos veces y tan sólo asintió con la cabeza haciendo que su hija rodara los ojos.
Después de que la recepcionista les diera la llave de su habitación y ambos se instalaran en ella, decidieron que era hora de comer, así que por petición de Sasori, fueron a un establecimiento que quedaba a unas manzanas y que según él, se comía maravillosamente bien. Una vez dentro, Sasori pidió una hamburguesa de bacon con queso y Sakura una ensalada de pasta y se sentaron en una mesa algo más íntima y alejada de la gente.
- Tú dirás, pequeña – habló el guitarrista dando un bocado a su hamburguesa.
- No hables hasta que no acabe de contarte, ¿entendido?
Soltando un suspiro, Sakura comenzó a narrar a Sasori los sucesos que habían ocurrido en apenas una semana, tanto lo de Sai como lo de Karin e incluyendo el consecuente accidente de Ino. Juró que se sintió más libre con lo que había dicho y pudo ver que cuando le contaba lo sucedido con Sai, Sasori estuvo a punto de levantarse con el rostro de ira e irse a matar al chico.
- Ese maldito hijo de puta – susurró totalmente cabreado el chico. – No voy a dejar esto así, Sakura. Ese cabrón va a pagar por lo que te ha hecho.
- Saso-kun – suspiró cansadamente la chica con tristeza en sus ojos. – Déjalo estar, ¿vale? Es mejor si no vuelvo a saber nada de él.
- Juro – dijo el chico agarrando la mano de su amiga con una mirada seria – que haré lo que esté en mi mando para que se haga justicia. Te lo prometo.
- Te quiero, Sasori – aseguró ella sonriendo.
- Yo a ti, pequeña – respondió el chico soltando su mano y volviendo a dar un mordisco a su comida. - ¿Qué tal está tu ensalada?
- Está fabulosa – contestó sin perder la sonrisa. – Este sitio es excelente, tenías mucha razón.
- ¿Alguna vez no la tengo?
- A veces me lo cuestiono – expresó ella con una sonrisa burlona.
Una vez hubieron terminado de comer, Sasori y Sakura se dirigieron a la zona universitaria para comprobar o mejor, para que la joven pelirrosa se pudiera aclarar sobre su futuro. Se maravilló con el campus universitario aunque tenía que reconocer que el campus de Konoha era mucho mejor.
- ¿Cuál es la facultad de Medicina? – preguntó dirigiendo su vista a Sasori, quien estaba consultando el mapa.
- Según esto, es aquella que es blanca y alta – respondió señalando un edificio. - ¡Guau! Es genial.
- Sí que lo es… - susurró maravillada por el edificio. – Vamos.
El edificio tenía un montón de cristaleras que hacían que desde el interior la luz natural entrara creando un ambiente agradable y perfecto. Sakura puro percibir que olía a limpio, como cuando entras en un hospital y huele a desinfectante y lejía, y eso la hizo sonreír porque en cierto moda ese olor la agradaba. Sasori la indicó una sala donde ponía secretaría y ella entró con una pequeña sonrisa y pidió información sobre la carrera y la facultad.
- Nunca me has contado por qué quieres ser médica – habló el pelirrojo sentado en un banco del gran hall observando como la pelirrosa ojeaba esos folletos.
- Es algo que me pasó de pequeña – dijo con voz suave centrando su atención en el chico. – Fue cuando tenía ocho años. Recuerdo que estaba ingresada en el hospital por un gran resfriado y que mis padres no estaban en ese momento en la habitación. Recuerdo estar leyendo un libro que mamá me había traído cuando de pronto, un grito femenino llamó mi atención. Se trataba de una madre que estaba pidiendo auxilio porque su hijo de cuatro años que estaba en la habitación de al lado había sufrido una parada – sus ojos bajaron a sus propias manos. – Los médicos acudieron a su ayuda y yo, asomada por la puerta, pude comprobar como conseguían salvar a ese pequeño – sonrió nostálgicamente. – No sé qué fue, creo que fue ese extraño sentimiento de angustia de la madre lo que hizo que se creara una conexión entre la medicina y yo. Supongo que no quiero que ningún niño sufra eso – finalizó volviendo su atención a los papeles.
- Es asombroso. Bueno, tú lo eres – Sasori admitió totalmente asombrado por la historia. ¿Podía existir un ser más perfecto que esa mujer? Ese chica que era su amiga desde hace dos años, esa chica con la que había tenido algo y que no estaba enamorado de él si no de otro hombre. – Hagas lo que hagas, creo que vas a elegir lo correcto.
- Gracias, Saso-kun.
- No me las des – sonrió de lado. – Sinceramente lo creo. Seas una sexy guitarrista o una sexy médico, vas a seguir siendo magnífica, Sakura – el chico acarició su mejilla, totalmente sumido en sus pensamientos. Ella era de otro y él siempre estaría ahí esperándola. Le guiñó un ojo volviendo a la realidad. – Venga, vamos a ver Musicología y luego te llevaré a comer un helado de fresa.
- ¿¡Fresa!? – inquirió cual niña pequeña.
Sasori sonrió viendo como su pelirrosa corría impaciente hacia la facultad de Filosofía y Letras en busca de su ansiada información sobre Musicología.
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Se encontraban sentados en una cafetería que estaba justo en la zona céntrica de la ciudad. Sasori tomaba un batido de chocolate y Sakura su amado helado de fresa, oyendo como Sasori la contaba anécdotas sobre el tour que Akatsuki estaba haciendo.
- Hidan debería buscarse una novia en vez de estar abusando de fans, algunas menores – comentó Sakura soltando una risa, pues al parecer al bajista del grupo lo estaba pasando demasiado bien a sus veintidós años.
- Sabes que nunca va a cambiar – Sasori sonrió de lado dando un sorbo a su delicia de leche. – Su mente y lamentablemente, su pene siguen pensando como un chico de dieciséis años.
- ¿Sakura? – preguntó una voz a su lado haciendo que los dos jóvenes miraran al hombre. Tenía el cabello rosado-grisáceo, con una extraña forma como en flor de cerezo, sus ojos azules brillaban mostrando dolor y tristeza y una pequeña sonrisa algo melancólica asomaba en su rostro. – Eres Sakura – susurró más para él mismo que para ellos.
La susodicha se había quedado muda, con los ojos abiertos y totalmente congelada en su posición como si de un fantasma se tratara. Sasori percibió la tensión de la chica y miró duramente al hombre.
- ¿Quién eres? – cuestionó con la voz algo grave.
- Soy Kizashi Haruno – se presentó el hombre mirando al pelirrojo ampliando su sonrisa. – El padre de Sakura.
Sasori abrió los ojos mientras estrechaba totalmente anonadado la mano del hombre que decía ser su padre. Una risa sarcástica hizo que ambos miraran hacia la dueña de cabello rosado, cuya mirada mostraba ira y fuego, un fuego que podía hacer arder a cualquiera.
- ¿Padre? – dijo burlonamente. – Perdiste ese derecho cuando te largaste con tu puta – farfulló entre dientes en un tono ácido y cortante que hizo que el mismo Sasori tragara duro.
- Sakura…yo… - habló el hombre sorprendido porque ella ya no era su ángel, su pequeño ángel, sino una fierecilla indomable y rebelde. - ¿Podemos hablar?
- ¿Hablar? ¿Quieres hablar, Kizashi? – inquirió elevando el tono y soltando una seca carcajada. – Está bien, hablemos. ¿Qué tal sobre los tres años de dolor que me has causado? ¿O qué tal de la puta depresión en la que mi madre estuvo hasta que consiguió olvidarte? – se levantó de la mesa observando desafiante a su padre. - ¿Quieres hablar de todo el puto infierno que hemos pasado mientras tú disfrutabas aquí con tu zorra? – Sakura rodó los ojos al ver como Kizashi miraba al suelo culpable. - ¿Tú te sientes culpable? ¿¡TÚ!?
- Sakura, basta – gritó la voz de Sasori sorprendiéndola, esperaba cualquier cosa menos que su amigo la interrumpiera. Sus ojos la miraron suplicantes. – ¿Nos disculpa un momento, Kizashi-san? - el hombre asintió todavía algo perplejo por las palabras hirientes de su hija. El guitarrista agarró el brazo de Sakura y se alejaron un par de metros. Ahí estaba, todo puro orgullo en un cuerpo pequeño y menudo. Su ceño estaba fruncido y su mirada estaba cargada de ira lo que hizo que Sasori soltara un suspiro. – Oye, ¿qué te pasa? Tú no eres así, Sakura – rozó su mejilla suavemente. - Sé que esto es muy jodido, pero creo sinceramente que deberíais hablar y soltaros todo el veneno que tenéis.
- No puedo hacer esto, no puedo – dijo la chica cerrando los ojos a la vez que soltaba un par de fuertes exhalaciones.
- Hazlo por mí, pequeña - pidió Sasori con una pequeña sonrisa. – Es la mejor forma de cerrar definitivamente el capítulo. – Sakura abrió los ojos y asintió con la cabeza mirando hacia el suelo. – Vamos, fierecilla – dijo él ampliando la sonrisa mientras guiñaba un ojo. Se acercó otra vez a la mesa y asintió con la cabeza al hombre que lo miraba ansioso y esperanzado. – Iré a hacer una llamada en lo que habláis.
- Gracias – agradeció sinceramente Kizashi sentándose en la mesa con su hija enfrente de él.
Cuando Sasori se marchó, se creó un silencio muy incómodo que era acompañado por los ruidos de la gente de la cafetería, algo que prácticamente estaba irritando a Sakura y su preciada paciencia. Kizashi echó un vistazo a su hija para luego volver a sus manos.
- ¿Y bien? – preguntó la pelirrosa algo harta de la situación.
- Lo siento – murmuró él tan bajo que pensó que ella no lo había oído, pero esas palabras tenían tanto peso que era imposible no escucharlas.
- ¿Qué? – dijo la chica en un jadeo, pues la habían afectado más de lo que había deseado.
- Siento haberos abandonado – el hombre encaró con la mirada a Sakura, quien se mantenía muda con los ojos abiertos. – No…no sabes lo arrepentido que estoy de ello, Sakura – el hombre apartó su mirad azulada hacia la ventana. – No ha habido un día en el que no haya pensado en vosotras.
- No te creo – farfulló ella por lo bajo apretando los dientes. Su mirada llena de ira se posó sobre los ojos de aquel que se hacía llamar padre. – Para ti es fácil decirlo, ¿no? Tú no has tenido que oír como ella lloraba por las noches, ver cómo se hundía día tras día, como yo hice… - se mordió el labio fuertemente, pues estaba a punto de haber dicho "como yo hice cosas de las que no estarías orgulloso". Suspiró y su rostro se volvió otra vez serio. -Si fuera verdad, habrías llamado, habrías regresado.
- No…podía – aseguró él sin apartar su mirada. – Aunque hubiera querido regresar, no habría podido. El daño ya estaba hecho, Sakura – sus dedos pellizcaron delicadamente el puente de la nariz mientras un suave suspiro se escapaba por sus labios. – No podía regresar porque os habría hecho más daño. Admitámoslo, Sakura, si hubiera vuelto, ¿crees que hubiera sido lo mismo?
- No – aseguró ella en un murmuro porque era verdad. Si hubiera regresado, no hubiera solucionado nada. Quizá Sakura sería menos fierecilla, pero no habría sido lo mismo ni de lejos. El silencio se creó entre ellos dos hasta que Sakura lo rompió en una voz suave. - ¿Por qué lo hiciste? – él arqueó una ceja. - ¿Por qué te marchaste con ella?
Él suspiró y junto sus propias manos en la mesa, como buscando fuerzas mientras su mirada vagaba por la cafetería.
- Me sentí joven otra vez – habló él sorprendiendo a la chica. – Cuando tú naciste, yo era muy joven. Tenía 22 años y tu madre no había cumplido aún los 19. Toda mi vida os la he dedicado a vosotras y no es algo de lo que me arrepienta, claro que no, pero cuando alguien más joven que tú muestra interés por ti, a veces es inevitable el dejarte llevar – explicó con una pequeña sonrisa. – Lo siento, es una excusa muy tonta, pero Rina me hizo sentir… muy bien – pasó las manos por su cabello, cerrando los ojos.
- Es absurdo – dijo ella cruzándose de brazos. – Mamá te quería, ¿no te valía ese amor?
- A veces no puedes evitar seguir lo que deseas, por muy incorrecto que sea –
Las palabras de Kizashi hicieron que Sakura abriera los ojos sorprendida. Esas palabras que tenían mucho peso y razón en ella, ¿acaso ella no era distinta de su padre? Siempre había hecho lo que había querido sin tener en cuenta las consecuencias y por supuesto, sabiendo que aquello no era lo correcto. La joven de mordió el labio inferior mas por rabia que por otra cosa porque la daba coraje que se pareciera tanto a su padre sin quererlo.
– Sin embargo, no todo sale bien, ¿sabes? – su voz la sacó de sus pensamientos. – Los primeros meses fueron estupendos a pesar de que Rina no me dejaba contactar con vosotras, ni mandaros una ayuda económica. Comprendí que ella lo pudiera ver incómodo, pero no entendía su insistencia en no tener ni un mínimo de contacto – bebió un sorbo de su café. – A los dos años de vivir en Suna le pedí matrimonio a Rina, quien aceptó encantada, pero estaba el inconveniente de que yo seguía casado – Sakura se removió incómoda en su asiento. – Antes de que pudiera contactar con un abogado, os empecé a mandar dinero y ahí es cuando recibí la notificación de divorcio de tu madre. No supe por qué, pero me dolió mucho – dio otro sorbo al café, esta vez más largo. – Rina se enteró de que os había estado mandando dinero durante esos meses, discutimos y nos separamos a pesar de que yo había mandado ya los papeles del divorcio – se masajeó la sien cansado. – En ese momento me di cuenta de que realmente me había quedado sólo y supe que era toda mi culpa por querer ser ambicioso.
- ¿Y Rina? – inquirió Sakura en voz suave, había algo que no encajaba. – Si te quería, ¿por qué te dejó?
- Resulta que no me quería a mí tanto como quería mi dinero – contestó sencillamente con una sonrisa de lado. – Ahora está embarazada de tres meses de su jefe.
- Menuda cerda – dijo Sakura frunciendo el ceño.
Se creó un silencio que no era incómoda, sino más bien necesario entre ellos dos. Sakura miraba por la ventana mientras que Kizashi observaba a su hija, al que había sido su pequeño ser inocente aunque ahora mismo no quedaba nada de inocencia y en su lugar, encontraba una mujer orgullosa y fuerte. Sonrió al notar lo mucho que se parecía a su madre a la misma edad.
- ¿Cómo está tu madre? – preguntó en un tono suave y cuidadoso, temiendo tocar terreno delicado.
- Ahora está bien – aseguró ella con una pequeña sonrisa posando sus ojos sobre los de su padre. No entendía por qué no estaba enfada con él como debería estarlo. Quizá era porque ahora que había escuchado su versión lo comprendía a la perfección, quizá era porque se veía reflejada en los sentimientos de su padre o quizá porque ella era igual que él. – Se va a casar este verano.
- Oh – dijo sin ocultar su asombro. – Vaya, me alegro mucho por ella. Espero que realmente sea feliz – continuó sinceramente con una pequeña sonrisa. – Espero que ambas lo seáis.
- Gracias – murmuró ella sin perder la pequeña sonrisa.
- ¿Y qué estás haciendo aquí? – cuestionó Kizashi sonriendo a su hija. - ¿Una escapada con el novio? – su cabeza señaló hacia donde Sasori hablaba por el móvil. – Es un chico muy agradable.
- No, él es sólo un buen amigo – Sakura soltó una risa. – He venido a ver las universidades.
- ¿Universidades? – preguntó levantando una ceja. - ¿Estás pensando en estudiar aquí? – la chica asintió. – Medicina, ¿no?
- Es una de mis posibilidades – su voz sonó sorprendida por el simple hecho de que él se acordara de lo que quería estudiar. – También quiero Musicología.
- ¿Musicología? – Kizashi estaba sorprendido. – Elijas lo que elijas quiero que sepas que aquí tienes una casa por si decides venir a estudiar.
- Gracias – Sakura sonrió viendo como Sasori se acercaba a la mesa con una sonrisa en el rostro. El pelirrojo guiñó un ojo a Sakura antes de sentarse a su lado y ella sólo pudo sonreír totalmente agradecida, ya que si no hubiera hecho caso a Sasori, no habría cerrado ese capítulo con su padre. – Déjame que te presente a Sasori, papá.
- Un placer conocerlo, señor – aseguró el chico con una sonrisa encantadora.
- El placer es mío, Sasori – Kizashi sacudió la mano que el joven le ofrecía, pero estaba más conmovido por el hecho de que Sakura, su niña, lo había llamado papá. Quizá esto era un nuevo comienzo. - ¿Queréis un café? Yo invito.
- Claro – asintieron ambos con una sonrisa.
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Llegaron al hotel totalmente cansados tras aquella emocionante tarde-noche con el padre de Sakura, la cual estaba más que contenta por haber hecho el viaje con uno de sus mejores amigos, no sólo porque se había encontrado a sí misma y había decidido lo que quería hacer, sino porque se había reencontrado con su padre y con su pasado. Se sentía bien, extremadamente bien. Se tumbó en la cama soltando un suspiro con una sonrisa en los labios mientras miraba el techo. El sonido de la ducha que Sasori estaba tomando era lo único que se podía oír. Bueno, eso y la melodía de su móvil.
- ¿Quién? – preguntó descolgando el teléfono.
- Sakura, te he estado llamando todo el día – una voz grave la hizo sentarse en la cama de golpe. - ¿Qué haces con tu móvil?
- Sa-Sasuke-kun – murmuró ella algo sorprendida. Había estado tan preocupada por sus cosas que se había olvidado de él y del hecho de que él no sabía dónde estaba.
- El grupo ha quedado a tomar unas cervezas a eso de las diez, ¿te paso a buscar?
- Es que…no estoy en casa – dijo ella algo nerviosa.
- ¿No estás en casa? – inquirió en un tono algo sorprendido. - ¿Y dónde estás?
- E-En Suna – lo dijo en un susurró tan bajo que pensó que él no lo había oído.
- ¿Qué cojones haces en Suna, Sakura? – la chica pudo notar como su voz sonaba enojada.
- He venido a ver las universidades.
- Demonios, Sakura. ¿Y por qué no me has avisado? Podrías no haber ido sola.
- Saku, ¿bajamos a cenar? – la voz de Sasori se hizo presente en la habitación e hizo que la pelirrosa se girara sorprendida para ver a su amigo, quien sonreía. - ¿Con quién hablas?
- Dame un minuto, por favor, Saso-kun – pidió la chica en un tono suave. Sasori asintió y se metió en el baño mientras que Sakura suspiraba y volvía otra vez a poner el móvil en su oído, sabiendo que Sasuke había escuchado todo. - ¿Sa-Sasuke? – preguntó algo dudosa temiendo que éste la hubiera colgado.
- ¿Sasori, eh? – su voz fue ácida y sarcástica. – Ahora lo entiendo.
- No es lo que piensas, Sasuke – gritó ella dolida por su tono. – He venido con él porque necesitaba venir con él. Sasori es parte de mi pasado y tenía que ser con él, no por otra cosa, Sasuke – ella habló, pero él no dijo nada. - Mañana llegaré a Konoha a las cuatro y me gustaría que estuvieras allí para saber mi decisión sobre mi futuro – Sakura hablaba bajito y algo cuidadosa, como si temiera decir la palabra equivocada. – Por favor, yo…
No hubo respuesta, sólo aquel repetido e irritante sonido de que Sasuke había colgado la llamada. Sakura soltó un suspiro, dejó el móvil a un lado y observó por la ventana como el cielo de Suna empezaba a teñirse de color oscuro y como a pesar del calor que hacía, ella comenzó a sentir frío.
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SheNdy
