Capítulo 29
Notas de la autora al final
Agonía. 2ª parte.
Reinaba el silencio en la sala de espera, adonde sólo estaba él, que se había quedado atrás. Él mismo se ofreció; alguien tenía que quedarse, y de esa forma, estaría al pendiente en caso de que se presentara cualquier inconveniente, y sobre todo, sería el primero en verla en cuanto llegara.
Era un día agridulce.
La noticia de la salida del hospital de siete de los dieciocho caballeros que habían sido internados, sin duda era motivo de alegría, tal y como lo era saber que su amada Saori viajaba de regreso a Japón en aquellos mismos momentos
Pensar en aquellos que aún no daban signos de mejoría alguna le restaba felicidad al momento. Y pensar que si ella volvía era porque la salud de uno de ellos decaía a gran velocidad era aún peor.
Se había quedado también, porque no quería que se dieran cuenta del estado en el que estaba… Seika apareció por el pasillo en ese momento, y él podría haberse lanzado a darle un abrazo en ese momento, pues le agradecía a cualquier persona que lo sacara de sus pensamientos.
¿Ya se fueron?
Sí.
¿Sólo quedamos tú y yo? – dijo la pelirroja sentándose en uno de los sillones. Jabu, moviéndose muy lentamente, se le unió.
No. Ban fue a la cafetería por algo para comer, y Shaina volverá en un rato, sólo fue a escoltarlos.
Te ves cansado – dijo ella acariciando su mejilla.
Él caballero del Unicornio tuvo que respirar profundamente para contener las ganas de llorar. La dulzura de ella lo desarmaba, y no era el único al que le sucedía lo mismo. Todos hallaban maravillosa la presencia de Seika entre ellos. Siempre tenía una sonrisa y una palabra amable para cada uno, aunque no tenía problema alguno en demostrar su inconformidad cuando algo no le parecía bien. Era una fuente inagotable de optimismo, valentía y fuerza.
Era innegable que esa mujer era hermana del Caballero más fuerte y optimista que Jabu había conocido. Ella era todo eso, así como terca, sin duda, porque después de todo lo que había pasado, seguir pensando que las cosas resultarían bien resultaba el más puro acto de terquedad. Indudablemente, ella era la hermana de Seiya.
Todos estamos muy cansados, creo - dijo él, tratando de disimular su tristeza - Estos días han sido muy difíciles, y muy largos… aunque a ti ni siquiera se te nota
Mentiroso – dijo ella con una sonrisa franca – el espejo dice que me veo fatal… Sí, han sido días muy largos... ¿Por qué no duermes un rato? Ban debe de estar por llegar, y estoy segura de que Shaina tampoco tardará.
No tengo sueño.
¿Insomnio?
…Sí….
Deberías de leer uno de los libros de derecho que hay en la mansión. Son mortalmente aburridos.
Lo sé. Fui yo quien los dejó en la sala.
¿En serio?
Tengo problemas con el insomnio desde antes de… de todo esto. Pero ya no me funcionan como antes… al paso que voy acabaré convirtiéndome en abogado y de todos modos seguiré sin dormir.
Prueba los infomerciales. Siempre me noquean.
Él rió, aliviado por su presencia.
¿Hamburguesas otra vez, Ban? - dijo ella en cuanto se dio cuenta de que el Caballero del Oso entraba con unas bandejas repletas de comida - ¿Cómo pueden hacer eso?
¿Hacer qué?
Comer tanto y no engordar.
Bueno… - dijo él un poco avergonzado – somos caballeros. Estamos acostumbrados a hacer mucho ejercicio, y eso siempre da hambre, pero con lo que entrenamos volvemos a quemar todas esas calorías
Pues creo que voy a empezar a entrenar con ustedes. Si no, al paso que voy, para cuando Seiya despierte va a encontrar a una vaca y no a su hermana.
Los tres rieron y comenzaron a comer.
Jabu no le quitaba los ojos de encima mientras ella seguía bromeando con Ban. ¡Qué hermoso sería enamorarse de alguien como ella¡Qué fácil sería la vida con alguien como ella a tu lado! Sin complicaciones. Con alegrías. Con certezas.
Y es que a Jabu lo atormentaba cada vez con más fuerza la idea de que confesarle su amor a Saori era el peor error que había cometido en su vida.
¿Para qué se lo había dicho? Era obvio que ella no sentía lo mismo por él, de otra forma se lo habría dicho en ese mismo momento. Y aún si trataba de tranquilizarse pensando que quizás la había tomado por sorpresa y no le había dado tiempo de reaccionar, si ella le correspondiera ya le habría escrito una carta, o habría pedido hablar por teléfono con él.
Saori no lo amaba, y él había cometido el terrible error de decírselo. Se había puesto en evidencia, y ahora quizás había destruido el vínculo real que había entre ellos. Quizá ahora que ella sabía que él la amaba, se sentiría ofendida por su atrevimiento, o incómoda en su presencia. O peor aún, quizás lo miraría con ojos de lástima.
Él no podría soportar que ella lo mirara con lástima. Ya bastante malo era sentir que no era digno de estar a su servicio, sentir que era un caballero mediocre.
Su amor era imposible, y cada vez se convencía más de que debía de buscar a alguien que fuera posible de amar.
Alguien normal. Alguien con quien pudiera soñar sin sentirse sucio, indecente y culpable. Alguien que estuviera fuera de ese mundo de locura al que él sólo sentía pertenecer a medias. Alguien, quizás, como Seika…
Shyriu había guardado silencio, sin prestar atención alguna a la belleza incomparable que Tokio presentó ante su vista recuperada. No dejó de pensar durante todo el trayecto en que había cometido un error al permitir que lo convencieran para marcharse a la Mansión en lugar de quedarse en el hospital. En su cabeza sonaron una y otra vez las voces que le habían convencido de irse.
No me marcharé – había dicho él, sereno pero muy convencido.
Por favor Shyriu – había intervenido Shunrei tomándole del brazo.
No puedo marcharme cuando Ikki está tan mal.
Si fuera por eso nadie se iría de aquí – había intervenido Shaina - Él no es el único que está mal, y ninguno de nosotros siente deseos de irse, pero tenemos que descansar. Llevamos más de un mes aquí Shyriu. Más de un mes, y desde que pisamos este hospital hemos pasado noches horribles. Noches en que siempre hay alguien que está mal, alguien que recae, alguien a quien operan, alguien que no sale del coma… Pero si hubiésemos permanecido aquí día y noche, tal y como lo quisiéramos, ya estaríamos enfermos y enloquecidos. Apenas te han dado de alta y debes de cuidarte, de otra forma sólo lograrás recaer, tal y como le está pasando ahora a Ikki. Te necesitamos bien de una vez por todas.
No podría dormir...
Eso siento yo cada noche que voy a ese lugar y ocupo esa cama. Eso siento cuando apago la luz y miró al techo en la obscuridad. Pero la preocupación y el cansancio siempre acaban ganándole a mi voluntad.
Shyriu había sonreído ante la sinceridad de las palabras de la amazona de cabellos verdes, e había inclinado la cabeza en un signo de aceptación, comprendiendo que tenía razón.
Está bien – había dicho cediendo finalmente… Si sucediera cualquier cosa… nos avisarán¿verdad?
Claro que sí.
Shunrei había permanecido en silencio, sentada a su lado, sin interrumpir sus pensamientos y recuerdos en los que él permaneció enfrascado hasta que su dulce voz dijo:
Hemos llegado. Bienvenidos a la Mansión Kido.
Parecía una eternidad el tiempo que había pasado desde la última vez que había pisado la Mansión, que resplandecía hermosa frente al maravilloso ocaso que se dibujaba en un cielo tan azul, que Shyriu tuvo que ponerse los lentes obscuros que el doctor le había recomendado que utilizara.
Shunrei lo contempló arrobada, pensando que se veía como una estrella de cine al bajar del auto, y sonrió divertida al ver la expresión en el rostro de sus acompañantes. Incluso el más alto de entre todos ellos, un hombre de largos cabellos azules que le daba la impresión de ser el mayor (excepto por su querido Roshi, claro, antes de que adoptara esa apariencia de adolescente a la que ella aún no se acostumbraba) y un hombre de cabellos negros al que casi no había escuchado hablar, lucían sorprendidos al estar frente a la enorme propiedad de los Kido. Se les unieron Aioria, Dokho, y Sorrento de Sirene.
Vaya, esta es una casa enorme – dijo Shura
Y muy bella sin duda – agregó el caballero de Libra
Tú no pareces muy sorprendido Mü – notó Aioria
Es idéntica a como me la describió Kiki – sus ojos color violeta palidecieron ligeramente, pero el León se dio cuenta –
Vamos, no te desanimes ahora Mü, Mañana él estará aquí y ya no tendrás que extrañarlo.
Claro Aioria.
Flher salió de la Mansión con una enorme sonrisa
- ¡Que bueno que ya llegaron! Pasen, no pueden quedarse ahí toda la tarde.
Los caballeros de Athena, hombres preparados para enfrentarse a cualquier situación de peligro, hombres que habían visto el Infierno y regresado, sonrieron nerviosos al entrar a la casona.
El recibimiento que les esperaba era algo para lo que no los entrenaron ni en Grecia, ni en España, ni frente a una cascada o en una montaña en el Tibet. A ellos los habían aleccionado para seguir órdenes, no para darlas. Pero al parecer tendrían que acostumbrarse al menos mientras permanecieran bajo ese techo.
La servidumbre les esperaba alineada en el recibidor, tal y como lo hubieran hecho si la propia Saori hubiera entrado. El personal reconoció de inmediato a Shyriu, y todos fueron en particular cálidos con él, tratándolo como si fuera el dueño. Él les agradeció de todo corazón mientras todos se presentaban y ponían a las órdenes de los recién llegados.
June de Camaleón estaba al pie de la escalera, silenciosa, observándolo todo. Había ido a bañarse y a tomar una pequeña siesta. Cuando despertó se dio cuenta de que había una inusual actividad, pues ya habían notificado que siete caballeros serían dados de alta y que llegarían al atardecer, así que la casa, aún cuando ya había tenido por más de un mes a más de una docena de personas como huéspedes, se llenó de barullo y de movimiento con los preparativos para la llegada de siete nuevos visitantes. No había pasado ni siquiera una hora cuando ellos arribaron.
No estaban en las mejores condiciones. Después de todo, la mitad de ellos todavía llevaba vendas y yesos visibles. Y sin embargo… sin embargo estar en su presencia hizo que la piel se le enchinara. Ellos estaban hechos de oro…
Entre las personas que habían llegado a la casa, estaba él. El hombre de cabellos negros y voz profunda con un leve acento.
Al verla, él la saludó silencioso, con una leve inclinación de la cabeza. Y una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro.
Después de las debidas presentaciones, Shunrei resplandeciente, les avisó que en el comedor los estaban esperando.
Más que comida, lo que les aguardaba parecía un banquete, después de haber sido alimentados por una sonda por tres semanas y de haber ingerido la insípida comida del hospital otras dos semanas, más o menos.
Mientras los demás comenzaban a instalarse en la enorme habitación, Shyriu aún permanecía de pie en medio del hall, mirando hacia la puerta, como si aún estuviese pensando en marcharse y volver al hospital. Shunrei se acercó a él y tomó su mano.
Puedo hacer que te lleven la comida a tu habitación si no te sientes bien.
¿Mi habitación? - dijo él sintiéndose extraño al hablar de algo suyo dentro de aquella enorme Mansión – No, gracias Rei… Debo confiar en ellos. Sé que se pondrán de bien y me alcanzarán. Lo han hecho antes, y lo harán ahora también... Comeré contigo y con los demás.
Entonces ven. Vamos a alcanzarlos.
Ella se dio cuenta de que algo en él era distinto, porque era la primera vez que no se sentía incómoda en su presencia.
Él permanecía callado y con una expresión de tranquilidad en su rostro, mientras disfrutaba de cada uno de los detalles de la inmensa y cosmopolita ciudad que desfilaba frente a los cristales polarizados del vehículo que los transportaba.
¿Te sientes bien?
Sí.
…
¿Por qué lo preguntas?
Es la primera vez que te veo en silencio por tanto tiempo.
El sonrió. Pero incluso su sonrisa era distinta. Por primera vez, a Shaina le pareció que en esa sonrisa había verdadera calidez, que era honesta, que no escondía nada detrás.
Gracias por preocuparte.
No tienes nada qué agradecer – dijo ella, sintiéndose incómoda, pues no estaba acostumbrada a recibir agradecimientos, menos de un caballero dorado y sobre todo no de él, que parecía haber abandonado esa insoportable y perenne máscara de seductor irresistible.
Regresaron al silencio, mientras ella cavilaba de nuevo. Definitivamente, algo había cambiado en Milo, aunque ni siquiera se imaginaba qué podía ser...
Cuando llegaron a la Mansión, los demás ya llevaban más de media hora sentados a la mesa. Shaina quiso marcharse inmediatamente, pero a fin de cuentas, se quedó a comer-cenar junto con ellos. Después de todo¿cómo decir que no cuando el antiguo Patriarca del Santuario te pedía que te quedaras?
Porque Saga se lo había pedido.
El caballero de Géminis le tenía un aprecio particular a Shaina. Recordaba su valor, su fuerza y su furia. Sus desafíos cada vez que había decidido que los motivos que lo movían a él no eran los mismos que los de ella y había ignorado sus decisiones, o había tomado las suyas propias. De algún modo, podría decirse que ella era un recuerdo positivo de un tiempo que quería olvidar. Le parecía que quizás era ella la persona que menos había cambiado su forma de comportarse con él una vez que se había sabido de sus imperdonables actos. Cuando era el Patriarca, ella respetaba su autoridad, pero también sabía ignorarla, y había sido capaz de mirar directamente a su máscara, sin miedo alguno. Ahora, ella seguía mirándolo con respeto ya que él seguía siendo a fin de cuentas un Caballero Dorado, pero no lo juzgaba. Ella no le recriminaba ni tenía nada qué perdonarle, por eso le hacía bien que ella estuviese cerca.
Ahora ninguno de los dos usaba máscara ya. Los dos habían demostrado de qué estaban hechos, habían demostrado sus debilidades y sus fortalezas.
Estaba sentada en la mesa, comiendo justo frente a él, haciéndole el ambiente más ligero y menos difícil de sobrellevar. Exhibía su bellísimo rostro sin miedo ni pena alguna. Sus compañeros se sentían algo incómodos porque ella no usaba más su máscara, pero no él. Después de todo lo que había pasado, de todos los errores y aciertos cometidos y lo que sabían los unos de los otros¿qué más daba¿Cuál era la diferencia?
Pero Saga no se equivocaba como Milo había llegado a hacerlo. Ella era mucho más que una mujer hermosa. Era una guerrera poderosa, y él la respetaba enormemente por eso…
La comida era absolutamente deliciosa. Y siendo él un hombre capaz de encontrar y experimentar placer incluso en las cosas más sencillas, halló aquel momento extraordinario. Tan extraordinario que casi le resultó sencillo ignorar la forma en la que ella lo miraba, traspasando su máscara. Traspasándolo a él. Casi.
Vaya, había escuchado que Athena-sama tenía una vida llena de lujos gracias al hombre al que creyó su abuelo durante su infancia, pero nunca imaginé que fuese algo así -dijo Milo, tratando de olvidar a June que lo odiaba desde el otro lado de la mesa.
Yo tampoco… ¿Y?
¿Y?
Quiero todos los detalles – dijo el caballero de Leo en un susurro
No hay detalles
¿Qué? – dijo Aioria sin poder evitar el levantar la voz un poco. Sus compañeros voltearon a verlo y el sonrió disimulando, hasta que todos volvieron su atención hacia otro lugar - ¿Qué no hablaste con él?
Sí, pero no hablamos de nosotros
¿No le dijiste nada?
¿Querías que nos pusiéramos a hablar de nuestra relación con Shaka, Máscara de Muerte y dos enfermeras en la misma habitación?
De acuerdo, te concedo eso.
Está bien – dijo Milo con una sonrisa en los labios - ya habrá oportunidad. Lo más importante es que él está aquí, vivo.
Tienes razón, eso es lo más importante – Aioria tomó su copa con un gesto que su amigo reconoció enseguida – Salud bicho.
Salud minino.
Chocaron sus copas con alegría. Ambos tenían motivos.
Uno acababa de recuperar a su mejor amigo, a su compañero, vaya, quizás al amor de su vida, mientras que el otro tenía más de un motivo: su hermano estaba vivo, uno de sus mejores amigos había reaccionado ya y la mujer de sus sueños estaba en camino. Sí, pensaban los dos, las cosas mejoran cada día.
Aioria estaba tan contento que, cuando su mirada se cruzó accidentalmente con la de Saga, el León le brindó una pequeña sonrisa.
Ese pequeño gesto llenó de regocijo el alma del Caballero de Géminis. La situación también estaba cambiando para él
¿Todavía estás aquí?
Sí
¿Te quedaste todo este tiempo con él?
Soy una chica muy obediente. Además, a un bombón como él lo podría mirar todo el día, o mejor aún, tooda la noche
Lina, voy a pedirle al Dr. Sato - dijo Sayaka con su mejor expresión de mujer súper profesional - que te impida seguir atendiéndolos a todos ellos, o vas a acabar en la cárcel por abuso de menores, o por poligamia – acabó la frase y sonrió.
No tendré nada con ninguno de ellos, los tienen muy bien vigilados – dijo Lina, dirigiendo la mirada justo a la mitad de Terapia Intensiva, desde donde se podía ver a Shaina cuidando de Ikki.
El dejo de tristeza en la voz de la morena no pasó desapercibido para Sayaka
¿Te pasa algo?
No… - la mirada de Sayaka le confirmó que no le creía en lo más mínimo - en serio, no… Tú me conoces, sabes que yo nunca estoy triste.
Porque te conozco sé que te pasa algo. Cuéntame
Vas a burlarte
No, no lo haré.
No vayas a psicoanalizarme.
No haré eso tampoco.
Está bien… él, se fue sin despedirse…
¿Quién?... – Lina le lanzó una mirada que gritaba indignada "¿¡Cómo qué quién?! y Sayaka lo comprendió todo - Oh, el maravilloso pelirrojo
Te dije que te reirías
No estoy riéndome… Lo lamento Lina. Quizás trató de hacerlo y no pudo hallarte
Sí… - dijo la morena fingiendo que le creía a su amiga
¿Por qué no vienes conmigo y nos tomamos un trago?
¿Estás proponiendo que salgamos a emborracharnos?
No. Te propongo que vengas a dormir a mi casa, nos pondremos la piyama, platicaremos, tomaremos una copa, no dos ni tres, sólo una. Te haré compañía, y luego nos dormiremos. Tenemos que trabajar mañana.
¡Cielos¿Puedes creer que tú, la mujer más aburrida y metódica de todo el universo, eres mi mejor amiga? Estoy frita… Está bien, vamos, Srita. Responsabilidad.
Después de la cena, procedieron a instalarlos en sus habitaciones. No fue fácil. Después de todo, la mansión no estaba equipada para fungir como un hospital y tenía unas escaleras enormes, especialmente para personas que tenían huesos rotos. Pero con la ayuda de Flher, June, Sorrento, Shunrei y la servidumbre, todos lograron subir y finalmente, los Caballeros fueron acomodados en las preciosas y amplias habitaciones de la mansión, que aún tenía muchísimo espacio para recibir a muchas más personas.
Normalmente, no se habrían dormido tan temprano, pero acababan de salir de un hospital después de un terrible mes y las sábanas eran suaves y tibias, y todos querían soñar con que las cosas de ahí en adelante sólo serían mejores.
Aquellos que no habían salido del hospital estaban exhaustos de igual forma, pues sería la primera noche que pasaban completa en la casa desde que se supo del ataque que sufrió Thetis. No se sentían tan optimistas como los caballeros dorados, pero sus cuerpos y sus mentes les demandaban descanso.
Shaina se había marchado después de acabada la cena, y había acordado con todos en que June estaría despierta toda la noche, al pendiente de la planta baja, mientras que Sorrento haría lo propio en el parte superior de la casa.
Para antes de que diesen las diez de la noche, todos estaba en silencio, y los habitantes de la enorme propiedad estaban durmiendo pacíficamente.
Sin embargo, dos personas que podrían estar dormidas no lo estaban.
Al entrar a ella, había reconocido "su" habitación, pues ahí había pasado todas las noches que se había quedado en la Mansión desde hacía tres años. Casi podía oír las risas de Kiki, que se había refugiado ahí durante un par de noches. Podía recordar las largas conversaciones que había sostenido con Shun en ese mismo lugar, cuando el peliverde le hablaba acerca de cuánto extrañaba tener a Ikki cerca.
Se llevó las manos a las sienes. La cabeza le martilleaba. Ser el primer Caballero Divino en despertar no tenía ninguna ventaja. Los extrañaba. Los extrañaba terriblemente. Añoraba las frases afiladas y directas de Ikki, incluso, su forma de pararse recargando sólo uno de sus hombros en la pared, que alguna vez le había parecido detestable. Echaba de menos la forma en la que Hyoga arrugaba su frente cuando estaba concentrado, y la suavidad y dulzura que acompañaba a Shun en cada una de sus acciones. Extrañaba las escandalosas carcajadas que Seiya era capaz de lanzar cuando algo le parecía verdaderamente divertido. Y eran tantas las cosas que le parecían divertidas…
Necesitaba tranquilizarse y ya que no había una cascada cerca, decidió usar la alberca. Así que bajó silencioso, y al llegar al lugar, se sentó en la orilla y metió los pies descalzos en la piscina. Ahí lo encontró Shunrei, que al asomarse por su ventana, le había visto abajo, sentado junto a la orilla de la alberca, y sin pensarlo fue a alcanzarlo.
Llegó hasta su lado, se quitó los zapatos, se sentó a su derecha y también metió los pies en la alberca.
Deberías estar durmiendo.
Yo pienso lo mismo.
Entonces ve.
¡No! – dijo ella, riendo – Me refiero a que tú también deberías de estar durmiendo… Sigues pensando en ellos¿verdad? – le preguntó mientras acariciaba un mechón de sus largos cabellos.
No recordaba lo hermosos que son tus pies – le dijo él, evitando deliberadamente el tema pero sin mentir
¿Qué? – dijo ella ruborizándose.
Que no recordaba lo hermosos y pequeños que son.
Shyriu…
Con su mano izquierda cubrió prácticamente la parte derecha del rostro de ella; después cerró los ojos y se dedicó a sentir sus facciones. Ella cerró los ojos, encantada al sentir la delicadeza de su caricia. Después de unos largos y maravillosos instantes, ella rompió el silencio.
¿Por qué haces eso? No lo necesitas más. Ya no estás ciego.
Es una lástima. Me daba el pretexto perfecto para tocarte.
Ella volvió a ruborizarse, pues sus palabras eran aún más hermosas que el tacto de su mano sobre su rostro.
No necesitas pretextos. Sólo dime que me quieres.
Por supuesto que te quiero Rei. Te he querido toda mi vida.
La atrajo hacia sí y la besó con ansiedad. Masajeó su cuello y su hombro mientras lo olvidaba todo en su boca. Ella se abrazó a su espigado cuerpo con delicadeza, y él respondió colocando su mano enyesada a la altura de la breve cintura de la chica.
Sus besos se hacían cada vez más largos y demandantes, de forma que ella tuvo que poner una mano en su pecho y alejarlo un poco de sí, en busca de aire.
Lo siento, yo…
No tienes que disculparte por besarme, Shyriu. Nunca te disculpes por besarme.
Rei- dijo él dándole un nuevo y pequeño beso – es sólo que siento que tengo que vivirte a prisa, a toda prisa, o cuando me de cuenta tú no estarás aquí, a mi lado. He estado tan cerca de morirme que ahora lo único que deseo es sentirme vivo. Intensamente vivo. Y sólo puedo sentirme así cuando te miro, cuando te beso, cuando te tengo entre mis brazos….
Entonces no me sueltes. Yo te necesito también.
Shyriu se sorprendió a sí mismo pensando que si no fuera porque llevaba un estorboso yeso en la mano derecha y aún le dolía un poco si respiraba con fuerza, en aquel momento le habría el amor ahí mismo, sobre la hierba, o dentro de la alberca, a falta del río de sus amadas montañas de Rozan.
Lo sorprendió el poderoso deseo que sentía se adueñaba de su cuerpo y de su alma. Le sorprendió lo intenso de su pasión por ella, que dejaba atrás a pasos agigantados la etiqueta de "amor platónico" que por tanto tiempo le dio. Le sorprendía darse cuenta de que ya no era un niño que podía conformarse con tomarla de la mano y caminar a su lado. Le sorprendió comprender que estaba harto de que su amor fuese paciente y lento. Su amor por ella era demandante, y mejor aún, era real.
Y ella no estaba ayudándole en nada al permitirle besarla de esa forma. Había abandonado sus labios y había pasado a besar sus párpados, y su frente, y sus pómulos, y el borde donde se unía su oído y su cuello. Shunrei no ponía resistencia alguna y él sentía que si no frenaba en ese momento no podría hacerlo después. Así que la besó en los labios nuevamente, y recargó su frente en la de ella, respirando profundamente aunque doliera, procurando que su corazón disminuyera su loca marcha. La miró a los ojos y besó su frente.
No me permitas ir tan rápido Shunrei, o te llevaré ahora mismo a mi habitación y… te haré el amor.
Una descarga de electricidad recorrió su cuerpo ante la inesperada declaración de Shyriu. Y ella también se sorprendió a si misma cuando habló sin pensarlo
Shyriu… ¿Pensarías mal de mí si te dijera que… no me molestaría que me llevaras?
No, claro que no – dijo él sonriendo serenamente- Pensaría que simplemente, tu sientes exactamente lo mismo que yo…
Sin embargo, no era el momento por más de una razón. Así que pasaron un rato más, jugueteando con sus pies en el agua, que produjo su efecto en el Dragón. Relajado, cansado y profundamente enamorado, cerca de las once Shyriu subió a su habitación escoltado por ella, que le ayudó a instalarse de la forma más cómoda posible en la cama, le deseó buenas noches, le besó una vez más y luego se marchó a soñar con el momento, muy cercano, en que ella y él se entregarían el uno al otro…
8: 50 AM
Suéltalo. Ese niño es mío.
Ikki, mátame ahora. No puedo detenerlo por más tiempo
Por favor, te lo suplico¡márchate¡Mi padre va a acabar por matarte!
¿Cuándo vas a comprenderlo¡Eres demasiado débil para ser un Caballero¡Y mucho menos para ser el dueño de la armadura del Fénix!
¡Mocoso insolente¿Cómo te atreves a hablarme así enfrente de mi señor?
Ese bebé será el cuerpo del señor del Inframundo, Hades
¡En dos años ya te ha hecho demasiado daño!
Nadie ha vuelto vivo de ese lugar
Voy a enseñarte a respetarme
Aléjate de mí
Odia. Sólo así vas a lograrlo.
¡Muere!
Ríndete
9:10 AM
Está delirando otra vez
Cuarenta grados
Maldita sea
Se abrieron los puntos
Hay que parar la hemorragia
Está convulsionando
Hay que detener las convulsiones
Cuarenta y uno
Hay que bajar la fiebre
¿Cómo están sus signos vitales?
Taquicardia
Apenas y siento su pulso
¡Sáquenlo de ahí!
Masaje cardiaco
Pónganlo en la camilla
No está respondiendo
…
No está respirando
…
9:40 AM
Ikki murió cuando faltaban
veinte minutos para las diez, 38 días después de haber
sido internado en aquel hospital.
Jabu estaba con él cuando comenzó su última crisis. Había relevado a Shaina, que lo había acompañado durante la noche.
Su riñón había seguido fallando, y le habían realizado una pequeña intervención quirúrgica de emergencia alrededor de la medianoche. Parecía que había dado resultado, y el resto de la noche lo pasó mucho más tranquilo. Cuando Jabu iba a marcharse para ser relevado por alguien más, su temperatura subió de golpe y los delirios se hicieron tan intensos que el Caballero de Fuego, que pese a todo jamás dejó escapar queja alguna de sus labios, ni siquiera en su agonía, se revolvió en la cama, abriéndose los puntos de la cirugía, que le volvieron a colocar de inmediato.
La fiebre siguió en aumento, ocasionándole convulsiones. Lo sumergieron en agua helada una vez más sin conseguir que la fiebre cediera. La infección que lo aquejaba desde hacía días provocó que sus órganos vitales fueran fallando hasta que su corazón dejó de latir y sus pulmones de respirar.
La doctora Harue Saito, asistida por Slava, Akira y Oyuki, se afanó en hacerlo reaccionar, primero al sacarlo de la bañera y colocarlo en el piso para darle los primeros auxilios, luego en una camilla en la cual lo transladaron a un cubículo del área de emergencias, adonde los alcanzó el Dr. Hayakawa. Pero todos los resultados fueron inútiles, y veinte minutos después lo pronunciaron muerto oficialmente.
10:00 AM
Una lágrima corrió por el rostro de Harue
No puedo creer que lo perdimos…
…
Él solo tiene diecisiete…
Lo sé Harue, lo sé…
No puedo creer que hayamos salvado a los demás y lo hayamos perdido a él.
No pudimos hacer más y lo sabes. La infección fue más fuerte y más rápida que nosotros.
…
Vamos, tenemos que decírselos…
10:10 AM
Todos tenían planes para aquél día. Planes que por supuesto no se llevaron a cabo. Y es que siempre es así: se hacen planes para un nuevo día que comienza, un día que parece común y corriente, sin saber que ese mismo día le sucederá algo fatal a alguien que nos importa.
Saga de Géminis, por ejemplo, había decidido que había llegado el momento de confrontar el pasado y asumir la completa responsabilidad de las consecuencias de sus acciones, así que había planeado que después de visitar a Kanon (si es que se lo permitían) iría a ver a Aioros, al que aún no había visto, y que lo haría aún cuando eso implicaba encontrar al Caballero de Leo en la misma habitación.
Él, por su parte, había decidido que pasaría la mañana con su hermano, y después iría con Seiya, y ahí esperaría hasta que Marin los alcanzara. En su mente no existía otro escenario para su reencuentro, para el reencuentro con la familia que había formado cuando su hermano se fue.
Shyriu, por su parte, tenía la firme intención de hablar con Shun a como diera lugar, para tratar de convencerlo de que él no era responsable del grave estado de salud en el que Seiya se hallaba, y por supuesto, en cuanto se lo permitieran le haría compañía a Ikki, al que soñó toda la noche en medio de la más grande agitación.
Milo iría al pabellón B y no se movería de aquel lugar hasta que tuviera la oportunidad de estar a solas con Camus para pedirle perdón, para reiterarle su amor y para hacer lo que su corazón le pedía gritos: para darle un beso.
La mitad de ellos planeaba ir a ver a Seiya o a Kanon, ya que el acceso a sus habitaciones era restringido y no habían podido visitarlos estando internados, y por supuesto, la parte primordial del día vendría en la hora del reencuentro, es decir, ese momento en el que por fin, su amada diosa y sus acompañantes por fin se les unirían.
Ninguno de todos esos planes se llevó a cabo tal cual, pues en el momento justo en el que el corazón del guerrero de Fuego se detuvo, todo se vino abajo.
El teléfono de la mansión sonó cuando se encontraban desayunando, en medio de un ambiente ligero y ameno. A todos les había hecho muchísimo bien pasar la noche entre sábanas de seda, colchones firmes y suaves almohadas. El bosque, el silencio y el aroma subyugante de la noche serena de Tokio habían hecho maravillas por ellos.
Sin ponerse de acuerdo se habían despertado más o menos a la misma hora, habían tomado un baño y se habían arreglado para bajar a desayunar, pues, ya libres de los medicamentos que les hacían pasar somnolientos la mayor parte del día, de alguna forma sus cuerpos recordaban la rutina de trabajo que tenían en el Santuario.
Shunrei pasaba junto a uno de los teléfonos cuando lo oyó timbrar, y fue ella la que escuchó la noticia en la voz quebradiza de Jabu. Dokho fue el que percibió de inmediato los cambios en la expresión de ella y la forma pausada y temerosa en la que ella colgó el aparato.
Shunrei ¿qué sucede?
Ella se acercó con pasos lentos a la gran mesa, en silencio, tratando de disimular que su mano derecha temblaba. Las miradas de los presentes, una a una, fueron cambiando de dirección hasta que todas se hallaron sobre ella cuando alcanzó uno de los extremos del enorme comedor.
Roshi, no sé cómo decir esto…
El corazón del Dragón comenzó a latir a toda velocidad. Algo muy malo había pasado. Lo sabía. Lo sentía. Y sin embargo, no confió en sus instintos, e incluso cuando ella lo dijo, el no dio, más bien, no quiso dar crédito a lo que sus oídos escucharon.
Era Jabu. Él dijo… él dijo que Ikki ha muerto.
9:00 AM
Sí, estaba enamorado. ¿Y de qué servía comprenderlo, aceptarlo, entenderlo en ese momento? Porque más allá de todo, (olvidándose del hecho de que ella era la heredera de un millonario imperio y él un huérfano, ella una diosa y él un mortal, ella SU diosa y él solo uno de sus caballeros) y aún imaginando, soñando, suponiendo que ella pudiera y quisiera corresponderle, había una nueva barrera. Infranqueable. Insuperable. Definitiva.
Ella estaba viva y él estaba muerto.
Parecía que el destino no hacía más que confirmarle lo que él ya sabía. Ella jamás podría estar con él y punto.
Seiya, por primera vez desde que había llegado a ese lugar, se sentó en un rincón a llorar su suerte. Por primera vez sintió lástima de si mismo. Por primera vez se sintió verdaderamente miserable.
Enamorarme de ella¿cómo he podido ser tan estúpido?
No soy nadie. No soy nada... ¿Por qué¿Por qué mi corazón insiste en amarla¿Por qué no puedo enamorarme de alguien que sí puede ser para mí¿De alguien que sí me ama y que me ofrece su corazón desinteresadamente?
Tengo tantas ganas de amar. De amarla. Yo sé que podría amarla como no la ha amado nadie. Yo sé que dentro de mí está todo este amor que quiero dar y que no he usado jamás. Este amor que quisiera darle sólo a ella y a nadie más.
Ya no intentaba negarlo. Estaba muerto. ¿Qué más daba?
Diana decía que iban a juzgarlo. Bien, pues que lo juzgaran por todo. Que lo juzgaran porque había matado. Porque había ido en contra de los dioses. Porque había cometido la herejía de amar a la propia Diosa a la que servía.
La amo.
Lo hice todo por ella. Y lo volvería a hacer.
¿Y ahora qué?
La amo y no hay nada qué hacer. Ella siempre estuvo fuera de mi alcance.
Ya sabía que para él Miho siempre fue como una hermana. Sabía que si siguiera vivo, habría buscado a Shaina para tratar de enamorarse de ella, porque quería arrancarse del corazón el amor que sentía por Saori, que jamás le correspondería por una y mil razones.
Y ya sabía que daba igual lo que sintiera a esas alturas. Podría haber amado a las tres. Podría no amar a ninguna. Daba igual. Porque ellas ya formaban parte del pasado. El jamás las volvería a ver.
Nunca, como ahora, había sentido incertidumbre, temor del futuro. Y es que todo era insospechado y a la vez posible en ese lugar… ¿Habría futuro para él?
Estaba dispuesto a luchar una vez más. Porque estaba convencido de que no había hecho nada malo. La había defendido, y había ayudado a salvar el lugar que tanto amaba. Su hogar. La tierra.
¿Querían juzgarlo? Pues que lo hicieran. Terminarían por encontrarlo inocente.
Pero sabía que no sería así de fácil, pues ahora pesaba una venganza sobre su cabeza. Y siendo quien era y como era, no estaba dispuesto a esperar sentado a que una bruja rencorosa se divirtiera a sus anchas haciéndolo sufrir. Pelearía.
A veces le parecía que era lo único que sabía hacer.
Trataría de irse. Y le había dado su palabra de que se la llevaría con él; y por supuesto estaba dispuesto a cumplir con esa palabra.
Seiya había llegado a la última pregunta por hacer.
Diana.
¿Quién era ella? No sabía prácticamente nada sin ella. Y sin embargo, lo que importaba era lo que ella le hacía sentir. Lo que importaba era el sonido de su voz, que lo había sacado una y otra vez de sus peores pesadillas. Sus manos tiernas y atrevidas, que lo acariciaban sin miedo, sin dudas, sin reservas. Sus manos que lo habían arropado, que habían secado las lágrimas derramadas en la inconciencia, que habían curado sus heridas; sus manos tocando su corazón.
Sus ojos azules como el mar de un lugar lejanísimo que cada vez se acercaba más y más a él desde el fondo de sus recuerdos.
Estar con ella era como estar en un programa que había visto alguna vez en la televisión: la Dimensión Desconocida. En el programa, una persona común y corriente despertaba un día y estaba en un lugar que era distinto a lo que era su realidad cotidiana.
Así se sentía él con ella. Como si no fuese él mismo. Y como si fuese, al mismo tiempo, más libre y más auténtico que nunca.
Y su beso. No podía sacarse su beso de la cabeza. Quizás porque era el único beso que podía recordar a lo largo de incontables vidas. Eso era algo triste, pensar que a lo largo de tantas vidas y de tantos lugares, nunca había conocido el amor.
Sin embargo, no podía sacarse de la cabeza la idea de que ya conocía ese beso. Que ya conocía el sabor de sus labios, la dulzura de la danza de sus labios juntos.
¿Qué quería decir eso¿Eso era amor?
Porque una cosa era pensar en el amor, soñar con el amor, sentirlo, y otra, experimentarlo. No era lo mismo soñar con una caricia que recibirla, que sentir un suspiro cerca del oído, que el deslizar de una mano por sus cabellos, que un beso en la comisura de los labios, que caminar juntos y descalzos bajo la lluvia…
Yo no he caminado descalzo bajo la lluvia con ella. ¿De dónde salió esa imagen en mi cabeza?
Debe de ser otro de mis sueños. Estoy enloqueciendo.
Una terrible sensación lo sacó de sus pensamientos. Se dio cuenta de lo que estaba pasando. Ya llevaba demasiado tiempo sucediéndole, así que él ya reconocía perfectamente las señales de que iba a suceder de nuevo.
Se puso de pie angustiosamente, y haciendo grandes esfuerzos comenzó a caminar en círculos, dando vueltas, apoyándose contra la pared, arrastrando sus pies uno tras otro.
No. No ahora. No quiero tener una pesadilla más. No voy a dormirme. Voy a permanecer despierto esta vez. Tengo que estar despierto para cuando ella venga. Quiero estar despierto… Quiero estar… despierto… para… para decirle…
Incapaz de mantenerse despierto, cayó al piso inconsciente, porque ni siquiera él, el Caballero Divino de Pegaso, podía detener el curso de la maldición de un Dios…
No había nada, sólo obscuridad. Obscuridad y silencio.
Pero había alguien. Alguien cerca. Alguien muy cercano a su corazón.
Reconocería su cosmos brillante y salvaje, en cualquier rincón del último de los universos.
¿Eres tú?... Contéstame… ¿Eres tú?
Le parecía oír una voz lejana. Una voz muy lejana que hacía preguntas.
No oía nada. No veía nada. No tenía ni siquiera idea de dónde se hallaba… Pero esa voz le parecía familiar… No parecía que hubiera nadie más cerca. Se sentía… sentía un vacío, una nada a su alrededor. Sólo él… y esa voz… ¿Estaría dirigiéndose a él?
Las preguntas seguían siendo lanzadas al aire
Sé que hay alguien ahí. Respóndanme… ¡Maldición! Este debe de ser otro de mis sueños…
Podía sentirlo clara e inconfundiblemente. Era él. Tenía que ser él. No podía ser otra persona.
¿Eres tú? Contéstame por favor… Ikki… ¿eres tú?
No había duda. Estaba dirigiéndose a él.
Sí, soy yo… - Esa voz le era perfectamente familiar… ¿Seiya?
No puede ser… Ikki¿realmente eres tú?
¿Qué parte de "sí, soy yo" no has entendido?
¡Gracias al cielo¡¡Sí eres tú!! Estoy tan feliz de escucharte…
¿Feliz¿Estás bien Seiya? Siempre pensé que yo no era de tu completo agrado
No seas absurdo Ikki. Tú eres una de las personas más importantes que existen para mí… para nosotros… Sé que tu y yo…
Un impulso le hizo preguntarle
¿Estás bien Seiya?
¿Por qué preguntas eso? Claro que estoy bien.
Maldita sea, no seas optimista ahora por favor, Seiya. Sé realista.
…
¿Estás bien?
No Ikki. No estoy bien.
¿Dónde estamos?
No lo sé a ciencia cierta… ¡Ikki!
¿Qué sucede?
Ikki, no deberías de estar hablando conmigo
¿Qué quieres decir?
Estoy muerto. Eso quiere decir que tú…
Seiya, no. Tú no estás muerto…
Sí lo estoy. Y tú…
Querido, estoy aquí
Ambos oyeron su voz. Ambos sintieron su presencia. Y ambos preguntaron.
¿Saori?
Vuelve. Vuelve a mí. Vuelve a nosotros. Sólo tú puedes hacerlo. Yo estoy aquí para ayudarte…
¿Ikki¿La oíste¡Era ella¡Era Saori¡¡¡Saori!!!... ¿Saori? Ikki, ya no la oigo. ¿Adónde se fue?... Ikki… ¡¡¡Ikki¿¡Dónde estás¡¡Ikki!!
Pero estaba solo. De nuevo.
Hélo aquí. 29 capítulos. 29 entregas que ustedes tan amablemente han recibido y leído. No tengo palabras para agradecerles por todo su cariño, por sus maravillosas frases de apoyo y de aliento, por su generosidad al tomarse la molestia de escribirme después de leer esta historia, que la verdad, jamás creí que llegaría tan lejos. Y pensar que salió de una idea que tuve al ver un fan art...(ojalá algún día lo pueda poner en algun lado pa que lo vean, jajaja, digo, si les da curiosidad) y les aclaro nomás pa que no vayan a creer, nooo, no es mío por supuesto, yo por eso escribo, jajaja, porque dibujo horrible.
Gracias a todos, desde Doom Sorcerer que fue la última en postear un review hasta Shadir que ha sido la primera persona que aceptó unirse a esta aventura conmigo, y a todos los que van en medio. Gracias por compartir mi pasión y por hacerme sentir una escritora de a de veras, jajaja.
Puede que cuando acaben de leer este capítulo, estén un poquito enfadados conmigo, jajaja, lo comprendo y lo acepto, pero lo mejor está por venir, lo juro, jajajaja, esto no se acaba hasta que se acaba así que tengan fe. jajaja, Sobre las parejitas, bueeeeno, a parte de Seiya y su cuadrilátero, jajaja, si habrá más de un triángulo, jijiji, aunque ya estoy bastante segura de quién ira con quién (excepto Seiya, jajajaa) y pues puede que a más de uno de ustedes les sorprenda la forma en la que al final se irán haciendo las parejitas (y eso por que aún no estoy muy segura de que a todos les toque, jajaja, en la vida real también habemos solteros) Pero pues ya está apareciendo el tema y he visto que en algunos de sus reviews me comentan acerca de que ciertas parejas (en particular las compuestas por dos chicos) no son de su completo agrado, y pues les cuento que yo no soy fan en especial del yaoi ni del yuri, simplemente vi la caricatura en la tele al igual que ustedes cuando era peque, me pareció que había vínculos entre algunas parejas de caballeros que eran más estrechos que una simple amistad y he decidido abordarlo tal y como es en la vida real, donde ya hay en serio de todo. Espero que a nadie le incomode demasiado leer al respecto, y en el peor de los casos les recuerdo que dejé una notita en el tercer o cuarto capi donde dije que habría parejas hetero y homosexuales, jiijiji, aunque a lo mejor fue hace taaanto tiempo que ni se acuerdan, jajaa, pero conste que yo advertí.
Por lo demás, pues esperaré impaciente sus comentarios y seguiré chambeando porque los capis 30 y 31 ya casi están armados.
Mil gracias, dos mil besos y tres mil abrazos.
Los quiere
Fuego.
