Chicas, disculpad por no haber subido la conti antes pero es que he estado con fiebre y en lo úiltimo que he pensado en esos momentos es en encender el ordenador. Por cierto, el próximo capítulo es el final XD

Capítulo 28: Contradicción

- ¡Lo has dicho!

- ¡Mentira!

- No intentes negarlo ahora- la señaló con el dedo índice- has dicho que me amas.

- ¡Era una broma!

Kagome agarró sus minishort y se levantó mientras se los iba subiendo. Cuando él le había echo el amor y le había vuelto a declarar sus sentimientos, las palabras habían brotado de sus labios como si fuera la cosa más natural del mundo. ¿En qué demonios estaba pensando cuando se lo dijo?

- Kagome, eso no era una broma- le agarró el brazo- estoy seguro de que tú no me gastarías una broma tan cruel.

- Entonces no me conoces.

Agarró su camiseta e iba a ponérsela cuando recordó que estaba empapada por la zona de los senos. Una mano le tomó el hombro y ella se apartó rápidamente como si el contacto le quemara. Sin ponérsela puso la camiseta delante de sus senos tratando de cubrirse y dio otro paso atrás.

- ¡Kagome, maldita sea! – él mismo se puso sus pantalones- ¿me amas o no? No juegues conmigo…

- No te amo… estás equivocado…

- ¿Entonces por qué me lo has dicho?

Ni ella misma lo sabía, ni siquiera sabía por qué se lo estaba negando. Ese día había ido a su casa decidida a confesarse aunque se había echado atrás al ver a Kagura, pero antes cuando Inuyasha dormía ella se lo había dicho… ¿por qué se lo estaba negando?, ¿por qué demonios no era capaz de decirle que era cierto?

No solo se estaba contradiciendo a sí misma sino que además le estaba haciendo daño a Inuyasha con sus palabras. Aunque ahora que lo pensaba a lo mejor si en ese momento le negaba que le amaba luego no tendría otra oportunidad.

- Yo… es que yo…

Inuyasha la miró a los ojos descubriendo la confusión en ellas. ¿Acaso tenía una oportunidad de que ella le amase?

- Kagome…

Rompió la distancia entre ambos y le puso las manos en los hombros. Por un momento cuando ella tembló pensó que iba a apartarle, pero al final se quedó quieta con la cabeza gacha.

- ¿Qué sientes Kagome?

Kagome por fin se atrevió a mirarle a los ojos. Parecía que estuviera a punto de llorar y tenía las mejillas sonrojadas. ¿Iba a decírselo?

DING DONG

No se lo podía creer. ¿Justo cuando Kagome parecía estar a punto de decirle algo importante tenían que llamar a la puñetera puerta?

Kagome se fue a la habitación en busca de una camiseta y él cogió su camisa mientras iba hacía la puerta. Intentó atársela pero entonces recordó como Kagome se la había arrancado. Al instante tuvo otra erección y maldiciéndolo todo se ató la bragueta del pantalón y se colocó el miembro de forma en que no se le notara.

Abrió la puerta con el ceño fruncido.

- ¿Y esa cara, muchacho?

Tottosai y Kikio eran siempre tan puntuales.

- ¿Qué queréis?

- ¿Venimos en mal momento? – le contestó Kikio con otra pregunta- déjanos pasar.

Inuyasha no se movió.

- Habíamos quedado, zopenco- dijo irritada- ¿recuerdas la bolera?

Kikio tenía razón. El día anterior para animarle un poco le propusieron ir a la bolera y él había aceptado. Ahora se arrepentía de haber aceptado esa invitación, sabiendo que no le permitirían negarse.

Justo cuando se apartaba dejándoles pasar Kagome salió de nuevo al salón con una camiseta rosa de tirantes anchos.

- ¡Kagome!

Fue Kikio la primera en lanzarse a abrazarla.

- ¿Qué haces aquí, Kagome?

- Vine a que Inuyasha conociera a Hikari.

- ¿En serio? – preguntó esperanzada- ¿y cuánto tiempo te quedas?

- Una semana.

- Y te quedarás aquí, ¿verdad? – viendo que asentía- ¡eso es genial!

Inuyasha odiaba cuando Kikio quería ejercer de casamentera. No le importaba en absoluto que quisiera convencer a Kagome para quedarse con él, lo que sí que le molestaba era que le incomodara a él. Tottosai fue el siguiente en abrazar a Kagome y tras una pequeña charla ambos se dirigieron hacía la puerta.

- ¿A dónde vais? – les preguntó Kagome.

- Íbamos a bolera, pero como tú estás aquí Inuyasha estará ocupado- contestó Kikio- ya volveremos en otro momento a verte.

- No importa- interrumpió su avance- id a la bolera si habíais quedado.

Kikio sonrió como cuando se salía con la suya.

- Y tú y los niños vendréis también, ¿verdad?

- No, nosotros no…

- Sí vendréis, ¿verdad? – volvió a preguntarle.

Kagome se hubiera vuelto a negar, pero la cara de Kikio le decía claramente que o iba por propia voluntad o iba con una pistola apuntándole a la cabeza.

- Será mejor que me cambie.

Kikio y Tottosai chocaron los cinco y se sentaron en el sofá esperando a que estuvieran ambos vestidos. Kagome entró en el pasillo para ir a la habitación a cambiarse y preparar a los niños pero entonces le agarraron el brazo.

- Inuyasha…

- Tenemos una cuenta pendiente tú y yo- le aseguró- contéstame ya.

- Tengo que preparar a los niños.

- No tardarás mucho en decírmelo.

- Por favor suéltame- le suplicó- me haces daño.

Inuyasha la soltó y pasó de largo a su lado sin querer tan siquiera mirarla. Estaba harto de decirle que la amaba y no recibir una respuesta, estaba harto de hacerle el amor y sufrir luego su abandono. Si Kagome no le amaba que se lo dijera de una vez y le dejara en paz. No podía vivir más tiempo con la vana esperanza de que ella a lo mejor pudiera amarle.

Kagome entró en la habitación y tras cerrar la puerta con cuidado se llevó una mano al pecho y lloró.

…..

- ¡Mamá, quiero una de esas!

Kagome se agachó junto a Shippo delante del escaparate y miró la pelota que él señalaba. Le encantaría comprársela, pero era demasiado cara para ella. La herencia de Kouga no era eterna y aunque aún cosía ropa en el pueblo y tenía los cientocincuenta dólares de la cartilla de la familia no podía permitirse ese gasto.

- Shippo es que no…

- Yo te lo compraré.

Inuyasha entró en la tienda de jueguetes y pocos minutos después salió con dos paquetes. Uno se le entregó a Shippo el cual lo abrió rápidamente sacando su pelota y el otro se lo llevó a Hikari. Lo abrió delante de los ojos asombrados de la niña y sacó un peluche en forma de oso panda que resultaba muy suave al tacto.

Hikari al instante estiró los brazos tratando de cogerlo e Inuyasha se lo entregó encantado.

- Inuyasha, muy bonito y todo lo demás- le dijo Kikio- pero tenemos reserva y vamos a llegar tarde.

Inuyasha asintió y tras meter a Shippo en el carro lo cogió y se dirigió hacía la bolera. Kagome no se movió de su lugar mirando a Inuyasha llevándose a los niños. ¿Cómo no podría amar a ese hombre? Si se le escapaba otra vez no se lo perdonaría nunca.

- Oye bonita, ¿cuánto vale un ratito contigo?

A Kagome le llegó la nariz el olor a alcohol y se volvió para ver a un hombre trajeado que parecía bastante borracho.

- Creo que se equivoca señor.

Kagome le dio la espalda e intentó unirse a sus amigos, pero entonces el hombre le agarró el brazo.

- Seguro que tienes un precio.

- Yo no soy una prostituta- le aseguró- ¡déjeme ya en paz!

- Pero te pagaré bien, pequeña- le miró el escote- se me ha antojado tu cuerpo.

Kagome tiró tratando de librarse del agarre, pero no había manera de conseguirlo. El hombre estaba borracho, pero parecía conservar la fuerza aún así. Kagome sin rendirse siguió tirando hasta que ya no fue necesario. El hombre la soltó en cuanto Inuyasha le agarró la muñeca y se la retorció, haciéndole caer de rocillas al suelo.

- Esta mujer no es ninguna prostituta- le dijo amenazante- de hecho, es mía así que espero no volverle a ver cerca de ella.

Inuyasha agarró a Kagome y tiró de ella para acercarla al grupo. De ahora en adelante la quería bien pegada a él.

…..

Por muy increíble que sonara al final la partida de bolos la había ganado Kagome, la cual no había jugado en su vida. Después de la partida se fueron a cenar algo por cortesía de Inuyasha gracias a las amenazas de Kikio y después estuvieron mirando algunos escaparates en el centro comercial. Bueno, las mujeres miraban y los hombros con los niños esperaban sentados en un banco.

- Tottosai, ¿crees que ella me ama?

- -La verdad es que sí- sonrió- nada más verla aquella vez en la taberna supe que vosotros dos estabáis hechos el uno para el otro.

¿Por qué pensaste eso?

- No os conocíais personalmente por lo que sé, solo de vista- se recostó en el banco- pero ella te suplicó ayuda con la mirada y tú se la prestastes sin dudarlo un instante.

Inuyasha cerró los ojos y lo ocurrido en aquella noche apareció en su mente como si estuviera volviendo a pasar.

- Señorita, ¿usted también piensa lo mismo de mi comida?

¡Mierda! Se había olvidado de que el maldito de Tottosai no tenía compasión aunque se tratara de una mujer.

- Tottosai, ella no ha dicho nada- trató de convencerle- aún no lo ha probado.

- ¿Y a qué espera?

Kagome le miró asustada y luego miró a Inuyasha esperando que le diera instrucciones. Inuyasha vio el pánico en su mirada. Si probaba la comida su marido se enfurecería con ella y si no la probaba Totossai sería capaz de golpearla aunque él estaba dispuesto a interponerse.

- La señorita está dando de comer primero a su hijo- le detuvo- tendrá que esperar para probarlo.

Tal vez Tottosai tenía razón. La deseó desde la primera vez que la vio bañándose en el río, estando embarazada, cuando la taberna estaba en construcción. Su figura no estaba igual puesto que tenía el abultado vientre de seis meses, pero le pareció de lo más deseable. Pero aquella noche en la taberna sintió algo que no había sentido nunca por ella y no pudo evitar defenderla aún a riesgo de acabar peleando con Tottosai.

Kagome desvió la vista del escaparate que estaba mirando al ver a Inuyasha tan pensativo y pensó que no podría haber un hombre más atractivo en el mundo.

- No puedes apartar la mirada ni un segundo de él, ¿eh?

Kagome se volvió hacía Kikio y se sonrojó.

- Es solo que… esta tarde me he portado mal con él… - apoyó una mano en el escaparate- ¿Kikio tú crees que él y yo…?

- ¿Podéis estar juntos? – terminó por ella- por supuesto, estáis hechos el uno para el otro- le aseguró.

- ¿Cómo lo sabes?

- Es un presentimiento.

Kagome aceptó la respuesta y se volvió de nuevo al escaparatre. Al principio, cuando conoció a Inuyasha, pensó que solo sentía deseo por un hombre atractivo aunque estuviera lleno de cicatrices pero cuando se conocieron personalmente, empezó a sentir algo mucho más profundo.

Aún recordaba aquel primer encuentro. Probablemente él pensó que no sabía que la mirada pero sí lo sabía. Ella se estaba bañando en el río durante el embarazo, no muy lejos de la taberna en construcción, pero sí oculta por el pantano. Como su bañera no era muy grande para hacer los ejercicios en el agua se fue a hacerlos en el río.

- Kagome, nos vamos ya.

Kagome despertó de su ensoñación y asintió. Hacía mucho que amaba a Inuyasha y nunca se lo había dicho mientras que él se lo habría gritado a todo el pueblo si ella se lo hubiera pedido. Era hora de contestarle, ¿no?, ¿después de lo ocurrido estaría dispuesto a darle una oportunidad?

Salieron del centro comercial y anduvieron por la calle de camino al apartamento de Inuyasha. Kagome se situó junto a Inuyasha antes de que él se lo ordenase y tembló un poco por el frío. Debería haberse llevado una chaqueta. Entonces una chaqueta se posó sobre sus hombros y no pudo evitar sonrojarse al darse cuenta de que era la de Inuyasha.

- Gracias… - murmuró.

Iban tranquilamente cuando de repente a Shippo se le cayó la pelota. Kagome rápidamente salió a la carretera a cogerla y justo cuando ya se levantaba con la pelota en la mano un coche estaba casi encima de ella.

- ¡KAGOME!

Se volvió hacía la voz desgarrada de Inuyasha excesivamente cerca de ella y entonces sintió que se le echaba encima.

Continuará…