¡Hola hola!, estoy muy feliz de estar con ustedes de nuevo, pensé que iba a tardar más de un mes en actualizar pero por suerte no fue el caso, los últimos días estuvo a punto de subir el capítulo aunque no estuviera Beteado por mi maravillosa editora Aura, tuve que contener las ansias y esperar.

Así que yo también no puedo esperar para traerles un nuevo capítulo, siempre estoy ansiosa de leer sus impresiones y conocer que piensan de todo lo que escribo.

Mil gracias a mis lectoras fieles que me dejan un comentario, también a todas aquellas que se han ido sumando agregándome a sus favoritos.

En este capítulo creo que comenzara a enlazarse todo lo que hemos estado leyendo en los anteriores, y aquellas cosas que parecían sin importancia comenzaran a ser puntos clave.

Los dejo sin más con el capítulo!


*-.*-.*-

La campanilla de la puerta anunció su entrada, la cafetería estaba abarrotada y la guapa mesera se apresuró a atenderlo.

-¿Mesa para uno?-

Balbuceó, estaba nervioso y se limpiaba las manos en los pantalones porque no dejaban de sudarle.

Por un instante consideró huir de ahí, pero alguien más había entrado tras él y estaba, inevitablemente, estorbando en la fila.

¿Cómo demonios se le había ocurrido que encontrarse con su madre a la hora de la comida era buena idea?

-Ya me esperan- dijo en un susurro tímido. La mesera sólo le miró y asintió antes de sonreír a la persona detrás, dejándolo pasar.

Con pasos mecánicos avanzó. El lugar no era demasiado grande, pero en medio del barullo le costó identificarla, se encontraba sentada en la barra comiendo con la vista fija en el celular, abstraída del mundo.

Un mesero pasó por su costado con una gran charola servida hasta el tope y tuvo que quitarse del camino. No tuvo mucho tiempo para meditar sus posibles opciones estaba ahí en ese momento y no iba echarse para atrás.
Reuniendo todo el valor de sus 17 años avanzó y se sentó junto a ella.

La rubia alzó la mirada rápidamente para luego bajarla a su plato sin prestarle mucho interés.

Jason se arremolinó en su silla y tomó la carta buscando algo que pedir, pero tras leer tres veces las bebidas supo que su atención estaba dispersa.

El mesero fue a tomar su orden y sólo atinó a decir "agua". El otro le miró con el ceño fruncido por no pedir nada cuando estaban tan llenos y se alejó dejándolos solos.

La mujer comía aprisa y supo que iba a irse, dejándolo con aquel nudo de sentimientos apretados en el pecho, si no se apresuraba.

-¿La pasta está buena?-

Ella levantó la mirada aún masticando el bocado. Tenía los ojos como las turquesas y Jason pensó que quedaban muy bien con su cabello rubio y su piel clara.

Así de cerca podía oler su esencia Omega, muy dulce, un aroma parecido a la vainilla.

Jason le sonrió de medio lado nervioso, mientras el reconocimiento poco a poco se filtraba en la mente de ella.

-Hola mamá-

Sheila Haywood era una fugitiva y lo sabía, llevaba huyendo demasiado tiempo, de su naturaleza, de su familia, de su origen, estaba tan consiente de su situación que nunca había hecho ningún lazo que pudiera delatarla.

Por eso, cuando pudo reconocer los rasgos de aquella cara, el tenedor se resbaló de su mano y comenzó a atragantarse con el bocado, con toses violentas y los ojos anegados en lágrimas.

Jason no supo si darle unos golpes suaves en la espalda o no, pero agradeció al mesero que oportuno le llevo el vaso de agua para ofrecérselo.
Ella no lo tomó, se limpió apresuradamente la boca con la servilleta y miró de un lado a otro como una bestia acorralada.

-¿Qué haces tú aquí? ¿Está él aquí?- preguntó escandalizada poniéndose de pie, casi tirando el banco donde había estado sentada, arrojó dinero a la mesa y tomó su bolso apresurándose a huir.

-Sólo vine yo- le dijo tranquilizándola porque podía oler el ligero y rancio aroma de su estrés.

Los meseros se apresuraron a ver que sucedía porque estaban llamando la atención.

Jason trató de explicarles que no ocurría nada, que solo estaba hablando con su madre, pero su chino no era fluido y ella aprovechó para marcharse.

No fue difícil deshacerse de los meseros y correr para atraparla, pero estaba demasiado asustada, manoteó y gritó con los ojos muy abiertos de pánico tratando de llamar la atención de los transeúntes.

-Calma, no pienso hacerte daño- ella se removía como un pez fuera del agua, y con su poca paciencia terminó gruñéndole y arrastrándola con él a un callejón.

-¡Basta! Deja de llorar- le replicó mirando sus grandes ojos llenos de lágrimas.

-Eres igual a él- hipó, limpiándose la nariz con la manga y tallándose los ojos con enojo dejándose las blancas mejillas rojas.

Aquellas palabras fueron un duro golpe para Jason, rebusco en sus bolsillos, pero no tenía ningún pañuelo o servilleta que ofrecerle.

Su madre, tenía un llanto silencioso y sus hombros se agitaban suavemente, su aroma había dejado de ser aquel tan dulce, para ser remplazado por el agrio que exudaban los Omegas al ser sometidos a mucha presión.

Fueron sus instintos Alfa los que inesperadamente le ayudaron.
Extendió las manos desnudas a ella –Solo quería verte, lo lamento- le dijo con un tono grave y susurrante, que resonó en su pecho con aquella voz Alfa que por primera vez, solo quería dar amabilidad y alivio.

Ella pareció calmarse ante su aroma y su voz Alfa -¿Cómo me encontraste?- le preguntó abrazándose a sí misma, era bajita y delgada, con una boca pequeña y una nariz respingona, su cara era un corazón y tenía unos pequeños senos junto con sus caderas estrechas, una delicada Omega de primer nivel.

-Fue muy difícil, pero no cambiaste tu nombre de soltera-le dijo suave sin perder aquel tono que parecía susurrar y tranquilizarla -¿Podemos hablar?-

La miró tragar y limpiarse una lágrima solitaria antes de fijar sus ojos en él.

-No me vas a dejar en paz sino lo hago, ¿cierto?- le pregunto rencorosa y dolida apretando su abrazo en torno a sí misma como si de esa forma no fuera a romperse.

Jason asintió y ella pareció acceder a su propuesta después de un segundo de titubeo. Caminaron en silencio, dejó que ella se alejara lo mayor posible de él conduciéndolos hasta el parque más cercano, los arboles estaban limpios de hojas por el invierno y nadie parecía rondar por allí, por lo cual pudieron tomar la primera banca libre.

-Has crecido bastante- le dijo rompiendo el silencio mirándolo de reojo, parecía querer evitar ver su cara, y un pensamiento desagradable le hizo saber el porqué, se parecían demasiado, él y su padre, excepto quizá por los ojos.

-Lo hice, soy un Alfa de primer nivel ahora, mi nombre es Jason- le dijo percibiendo el estremecimiento ajeno a la mención del nombre

-Te he estado buscando desde que "él" me dijo tu nombre-

-¿Aún vive?- le preguntó

-Sí, aún vive, ahora se encuentra en un asilo, no mantengo contacto con él- le informó, ella asintió a sus palabras meditando, pasando un largo minuto sin hablar.

-¿Por qué no me llevaste contigo?- la voz le había flaqueado un poco al hablar, trasluciendo el dolor que le afligía con esa pregunta que consistía todo su mundo.

-No lo entenderías- le dijo cansada de llorar con un rictus de dolor en el rostro.

-Explícame entonces- le pidió tratando de acercarse a ella, su madre no le rechazo y cerró el espacio entre ellos.
-Solo un Omega podría entenderme, saber por lo que pasé- le dijo enfrentándolo –y tú eres un Alfa, un Alfa de primer nivel, como él, no entiendes la impotencia en la que vivía. – sus ojos relampaguearon con enojo, llenos de un oscuro rencor.

-Era una chica Omega sin padres, sin hermanos, sola en la calle con una pandilla de niños abandonados, lo pasábamos mal, las pandillas y mafias nos reclutaban cuando éramos lo suficientemente mayores, los Alfas podrían ser guardaespaldas, los Betas quizá meseros o empleados, pero si eras Omega… tu único destino era la prostitución.-

-Tu padre era el Alfa de primer nivel del grupo, estaba orgulloso de serlo, era más grande, fuerte y hábil que la mayoría y parecía que podría ingeniárselas solo para salir de las calles, cuando el celo me llegó tenía trece años, estaba en la calle e indefensa, rodeada por los que eran mis "amigos", quienes no me dejaron escapar hasta que me marcó, no supe que había pasado, mi celo fue tan fuerte que al menos me permitió olvidar, una semana después el celo pasó, desperté, desnuda y adolorida, la mordida impidió que me llevaran para vender mi virginidad perdida, pero no evitó que terminara embarazada y bajo su yugo-

-Él realmente pensaba que yo era un trofeo y se aseguró de marcarme como suya- abrió su camisa un poco, y mordidas se mostraban sobre la glándula, muchas marcas de dientes recorrían el camino de su cuello, echas con saña que se habían convertido en una fea cicatriz que nada borraría.

Jason enmudeció, mientras los hombros de esa frágil mujer se agitaban y llevaba sus manos a su cara avergonzada de sí misma.

-El vínculo me unió a él, mi propia naturaleza me hacía disfrutar de sus violaciones, parir a sus hijos y estar a su lado, sentirme emocionalmente atada. Cuando te tuve en mis brazos no podía amamantarte… me sentía tan mal, era una mala madre, una mala Omega porque no quería pasar por la maternidad, yo realmente no tenía control sobre mi cuerpo…fue demasiado, así que te dejé en tu cuna dormido y hui, aunque tuviera que pasar por más dolor, por romper mi vínculo con él, por abandonar a mi cachorro, aunque mi naturaleza me dijera que estaba equivocada… escapé-

-Logré alejarme lo suficiente como para vivir en otro país, trabajar, aprender el idioma y comenzar a estudiar, me obsesioné con la naturaleza Omega, necesitaba ayudarlos, darles la oportunidad que yo no tuve, y me volví partera y ginecóloga, seguí mi búsqueda y me uní a varias compañías farmacéuticas en busca de mejores opciones en contra del celo para otorgar calidad de vida, me atreví a realizar los procedimientos que otros no hubieran hecho, incluso participé en abortos, removí úteros, realicé procedimientos quirúrgicos para esterilidad y desarrollé implantes contra el celo. Esa es mi vida ahora, dar todas las opciones a los Omegas, incluso aquellas que escandalicen a los demás médicos-

Jason no supo que decirle, los abortos estaban prohibidos en la mayoría de los países, las medicinas para control de natalidad recaían por completo en los Omegas, porque "afectaban el estado anímico en los Alfas", y los proyectos pioneros para reducir la fertilidad de los Alfas cayeron en el olvido. Sacarle el útero a un Omega sólo se practicaba en casos de cáncer o vejez y los implantes sub-dérmicos reaccionaban de maneras impredecibles en cada organismo, lo que no los volvía la primera opción en cuestión de control de natalidad.

Ella era una revolucionaria, había llegado así de lejos por sus propias manos, a cambio dejó a su Alfa, a su cachorro y su identidad para cumplir su sueño.

-¿Eres feliz?- le preguntó.

-Lo soy, mi trabajo me hace muy feliz, por fin siento que soy la persona que quería ser cuando vivía en las calles y tú, ¿eres feliz?-

-Estoy intentándolo- le sonrió de medio lado y ella, temerosa, alzó su mano para a tocar su mejilla, lo hizo tímidamente, recorriendo sus rasgos con cuidado, le dio una última caricia y se alejó.

-Debo irme a trabajar ahora-le dijo poniéndose de pie.

-¿Puedo seguir en contacto contigo?- ella le miró con sus grandes ojos temerosos, pero al final asintió. Dio media vuelta y avanzó un par de pasos antes de detenerse, girar y lanzarse a sus brazos, apretándolo con fervor para luego soltarlo.

-Deseo que seas feliz- le dijo con decisión en la mirada, dando finalmente media vuelta y apresurándose a irse de ahí, dejándolo sorprendido y con el leve aroma a vainilla de su esencia.

*-.*-.*-.*-.

La figura de Kori emergió del agua con el sol besando su piel acanelada y las gotas recorriéndola. Se quitó el largo cabello pelirrojo del rostro y le sonrió agitando su mano, invitándolo a entrar al mar con ella.

Era una belleza, poseía aquella fuerza magnética y fascinante de contemplar a un animal exótico y peligroso. Vestía un diminuto traje de baño púrpura que apenas se ajustaba a sus formas exuberantes, la Tamaraneana había atraído la atención de más de uno. Jason había visto a dos Omegas jóvenes rondándola con descaro, pero la mujer Alfa no les había dedicado ni una mirada.

Bajo la sombra de una palmera, acostado en su camastro se permitió relajarse, acababan de llegar a aquella isla paradisiaca, que no tenía nada que ver con la playas agrestes, de agua helada y mar gris que tenía Gótica.

-¿Agua de coco Jefe?-le preguntó Roy, sentándose a su lado con una sonrisa y un coco en cada mano.

Alargó el brazo para tomar y beber el contenido dulce y refrescante, sintiéndose por fin en calma.

-Ya pareces más relajado –le comentó, mirándole afectuoso y bebiendo con él.

Jason no hizo comentarios, después de reunirse con su madre un sentimiento de desazón le llenó el corazón. Su madre era feliz sola y él únicamente había llegado a interrumpir la armonía de su vida. Ella había conseguido lo que tan desesperadamente anhelaba, ser un Omega independiente y ayudar a sus congéneres. Quizá la mayor muestra de amor que él podría ofrecerle sería dejarla libre.

Aquel día, después de reflexionar y vagar sin rumbo, regresó a la casa que compartían y servía como base hasta después de medianoche.

No sabía cómo enfrentar a sus compañeros de equipo, ni a los sentimientos de impotencia que le embargaban. Había recorrido la mitad del mundo en busca de qué ¿una madre afectuosa que lo recibiera entre sus brazos con disculpas y besos? ¿Una nueva oportunidad para borrar el pasado y reescribir su presente?

Quizá lo más doloroso de todo era recordar la manera en que él mismo se había comportado con Superman, los regaños desilusionados de Dick, sus desacuerdos con Tim, la desaprobación de Bruce. Deprimido se había hecho la íntima pregunta de si él también estaba enfermo como su padre, si podía cambiar.

Kori y Roy habían estado para él, sin preguntas, sin reclamos, sólo un abrazo grupal atípico en su naturaleza, pero que pudo conectarlo con ellos por primera vez.

De alguna manera, ese primer contacto les había unido como grupo de manera oficial y para celebrarlo habían viajado a pasar unos días en aquel paraíso tropical.

Kori se acercó a ellos ondeando sus caderas y exprimiendo la melena para eliminar el exceso de agua. Se acostó en el camastro para aplicar generosas cantidades de bronceador.

-Creo que esos chicos quieren ofrecerse voluntarios para colocarte loción en la espalda- Jason no tuvo que verlos, podía sentir las miradas de los dos delgados Omegas de bajo nivel, un par de lugareños de piel cobriza y grandes ojos marrones.
-No son mi tipo- la pelirroja se embadurnó las piernas de aceite –Si te gustan a ti, puedes quedártelos – le dijo con una sonrisa, mientras se estiraba recibiendo los rayos de sol.
Jason la miró curioso -¿Cuáles son tu tipo?- le preguntó terminándose su coco y dejándolo abandonado en la arena.

-Los Betas –le dijo juguetonamente lamiéndose los labios y Jason recordó que era cierto, después de todo, Starfire había sido novia de Dick por un corto período de tiempo.

-Pero aun así, sí te gustan los Omegas, ¿no?- le preguntó sintiéndose tonto por la mirada escéptica que le dirigió la pelirroja y el silencio que le siguió, de alguna manera la conversación se había vuelto extraña.

-Emm... Jefe, en Tamaran no existen los Omegas. Kori no puede sentir atracción por un Omega, ni tampoco puede vincularse con uno, como tú y yo, ella sólo puede estar con Betas- le explicó Roy con una sonrisa.

Jason le miró confuso, sin entender.
-No a todos los Alfas les gustan los Omegas Jay y eso está bien-le dijo paciente como si fuera un niño.

-A mí tampoco me gustan los Omegas –le dijo Roy con una sonrisa acercándose a él.

-¿Entonces qué te gusta?- le preguntó frunciendo el ceño.

-Los Alfas de primer nivel – dijo posando su mano en la rodilla de Jason y éste se espantó un poco, apartando la pierna al instante.

-¿Pero nunca intentaste estar con un Omega?- le inquirió con curiosidad y un tono exaltado en la voz.

-No, nunca, supongo que uno sabe lo que le gusta- le dijo riendo.

Jason le miró como si lo viera por primera vez y le hubiera brotado una segunda cabeza.

Los Alfas con Betas no eran mal vistos, después de todo la población Omega era escasa, y los Betas con Betas era algo común, pero dos Omegas juntos o dos Alfas juntos parecía un escándalo y, para la educación machista de Jason y su poca experiencia sexual, aquello parecía una locura.

-¿A ti qué te gusta Jefe?-le preguntó Kori con una sonrisa juguetona.
-Los Omegas claro está- le dijo muy seguro de ello al instante.

-¿Con cuántos Omegas te has acostado?- le preguntó Roy juguetón, acercándose junto con Kori a él.

-Con ninguno, pero…- se quedó callado porque era cierto, sólo había tenido sexo con Betas y su única pareja formal había sido Dick. Trató de pensar en algún Omega por el que hubiera sentido atracción, pero desde pequeño Dick le había parecido fascinante. Recordaba que había intentado morder a Clark, pero diablos, él era el Omega más fuerte del mundo, resistirse a eso, era como que la Tierra se resistiera al Sol.

-¿Has visto al menos a un Omega desnudo?- siguió Roy casi riendo por sus respuestas y su evidente confusión.

-Sí, una vez, pero no creo que cuente. Era mi hermano, revisé sus fotos en el celular, estaba en su época de celo, pero sólo eso- dijo encogiéndose de hombros y restándole importancia.

-¿Estaba en celo y viste sus fotos? ¿Sentiste algo?- inquirió Kori muy cerca de él, se había sentado en su camastro con Roy y los dos estaban muy cerca de su líder.

Jason hizo una mueca de desagrado – ¡Claro que no! Es mi hermano menor, qué asco-

-Dick también es tu hermano, pero recuerdo que en la fiesta de Tim no te despegabas de él- la voz de Roy le susurró muy bajo, casi en su oído, como la voz del diablo mostrándote el camino del pecado.

-Jay… ¿No has pensado que quizá no te gustan los Omegas?- le preguntó muy suave Roy, antes de besarle la parte posterior del oído y mandarle un estremecimiento por todo el cuerpo.

*-.*-.*-.*-.*-.*-.*-.

Las trompetas anunciaron su llegada con gran pompa y los miembros de la Liga de la Justicia caminaron juntos por la larga alfombra roja hasta el trono.

Sentado y con aspecto cansado, Arthur Curry les recibió con su arpón de oro en la mano izquierda, aquella arma mágica capaz de convocar el poder de los siete mares y controlar a las criaturas de las profundidades.

A su lado derecho se encontraba Meera, su esposa, con un intenso cabello rojo y expresión pétrea. La Omega tenía un débil aroma y sus ojos recorrieron a los habitantes de la superficie hasta toparse con Superman y soltar una expresión de asombro debido al intenso aroma, la grandeza de su porte y la fuerza que manaba, pese a estar en estado de gestación y rodeado por su manada, la cual se cerraba en torno a él de manera protectora. El traje se tensaba sobre su barriga, pero no parecía incómodo, todo lo contrario, el embarazo le sentaba bien y él parecía lucirlo ante los ojos de propios y extraños sin vergüenza alguna.

-Bienvenidos mis amigos- les dijo Aquaman con voz profunda, poniéndose de pie con dificultad.
-Recibimos tu llamado, estamos aquí para ayudar-le dijo Batman avanzando hasta el rubio, quien pasó su brazo manco por su espalda y le dio un golpe suave con el garfio que ahora poseía como acto de fraternidad.

-Son mis invitados, su presencia ayudará a estabilizar mi regencia-
-Encantados de estar de visita, me gusta la nueva mano- Flash dio un avance rápido con una sonrisa, dándole un par de golpes afectuosos al rubio –Te vez bastante desmejorado, quizá te hace falta comer más, eso siempre me ayuda a mí-

-Meera dice que me hace lucir más gallardo- el Atlante se encogió de hombros, contagiado por el optimismo de la manada.

Mujer Maravilla, Flecha Verde y Linterna Verde avanzaron con Superman, saludando a su amigo y mostrando sus respetos a su esposa.
-Gusto en conocerlos, mi nombre es Meera, reina de Atlántida, consorte real y hechicera suprema, para su propia protección quiero entregarles esto- con un movimiento de mano formó collares negros.

-Sólo para los Alfas que no tienen un vínculo- les dijo, los ojos de los demás fueron a Oliver y Hal.

-Canario y yo estamos juntos – dijo con una sonrisa Oliver orgulloso de por fin anunciarlo, la notifica fue recibida con las felicitaciones del grupo.

Hal estrechó los ojos alargando la mano al collar, dejando que éste se cerrara mágicamente en su garganta – ¿Soy el único Alfa perdedor sin una cita?- gruñó cruzándose de brazos -¿Y para qué es esto?-

-En Atlántida la población de Alfas es muy escasa y los Omegas somos casi infértiles sin un Alfa, por ello la marca no se produce de un Alfa a un Omega, sino al revés. Estarías en peligro si dejamos que deambules por el castillo sin protección, podrían violarte o marcarte a la fuerza, después de eso sólo podrías procrear con quien te haya mordido –le advirtió Meera muy seria –La Atlántida no es como la Tierra, las violaciones aquí son cosa muy común, quizá demasiado, los ciclos vuelven a los Omegas desesperados por encontrar un Alfa y con tan pocos aquí abajo, han comenzado a compartirlos, la monogamia no está en nuestra naturaleza- les explicó.

-Quizá deba quitármelo, tengo una pésima suerte para encontrar pareja – gruñó.

-Ni lo intentes Linterna Verde, las leyendas de las sirenas seduciendo marineros y comiendo hombres provienen de la Atlántida, si no deseas un fin igual de terrible será mejor que hagas caso- Batman le regañó y Hal asintió dejando que su anillo de poder coloreara el collar negro de un verde luminoso.

-Vayamos al calabozo- les dijo Aquaman. Estaba malherido, pero caminó apoyado en su esposa conduciéndolos.

-Mi hermano Orm fue quien organizó las revueltas bajo mis propios ojos, se autonombró el Amo del Océano, peleó con Meera dejándola herida y secuestró a nuestro hijo. Hemos desintegrado sus conexiones, pero las tensiones continúan, deseaba llevar a la población a la superficie. Como dijo mi Reina, las violaciones son comunes, la tasa de fertilidad es baja y nuestra población es mayormente Omega, los cuales se vuelven agresivos y desesperados por el celo que no pueden satisfacer. Orm les prometió llevarlos a donde los Alfas abundan, donde podrían tener harems completos-

-Serían un peligro en Themyscira- mencionó Diana, una isla repleta de Alfas de primer nivel y que no conocían a los Omegas.

-Exacto. Por eso quiero que se lo lleven de aquí a la prisión de la Atalaya, sus ideas son peligrosas incluso para los guardias que lo custodian y con sus poderes puede controlar sus mentes seduciéndolos –
-Tu población de Omegas sufre. ¿Qué harás al respecto?- Superman le miró con gesto serio.

-Aún no están preparados para la superficie, temo decirlo, pero viven en una sociedad retrógrada y no podrían adaptarse al cambio. Meera y yo deseamos que las cosas sean diferentes, por nuestro pequeño A.J. y por nuestra población, pero mientras no podamos cambiar el sistema de castas de la Atlántida, no vemos muchas soluciones-

-Quizá podrías darles medicinas, Alfashots para los celos, pero son drogas poderosas, se volverían adictos a ellas – le dijo Flash con su mente analítica.

-Traer medicina de superficie podría ser una opción –meditó Meera, dando los últimos pasos hasta llegar a la prisión de Orm, quien llevaba un bozal y las manos atadas, tan grande como Arthur, pero de cabello negro y aspecto salvaje.

-Procederemos a su envío a la Atalaya y comenzaremos a buscar alguna opción para tu población- le mencionó Diana, mientras Flecha Verde y Linterna Verde, iniciaban los preparativos para la extracción.
Clark acarició su barriga, estar en las profundidades le provocaba nauseas al no tener contacto directo con el sol.
Bruce se colocó a su lado y apretó su brazo a modo de apoyo silencioso.

-El resto puede acompañarme les mostrare las habitaciones donde instalarse –les dijo Meera acompañada de Flash y la pareja.

-Se ven tan pocos embarazos por aquí en las profundidades, es maravilloso tenerte con nosotros –le dijo la Reina con una sonrisa –Me encantaría que conocieran a nuestro pequeño príncipe- se encaminaron a las habitaciones reales. En una concha como una preciosa perla dormía el bebé, un pequeño con una morusa de cabello rubio que fue tomado en los brazos amorosos de su madre e inmediatamente abrió sus ojos azules.
Meera lo mostró orgullosa a los demás.

Flash le hizo gestos haciendo que se riera y Bruce le dio una sonrisa de medio lado que lo dejó mirándolo, entre dudoso y espantado. Fue Clark quien lo llevó a sus brazos y lo meció contra su cuello, donde su fuerte aroma a Omega, tan cálido como el sol, le hizo relajarse.

El pequeño Arthur Junior dio unos gorgoteos de bebé feliz, riéndose.
-Es hermoso- le dijo Clark con una sonrisa.

-Fue muy difícil que quedara embarazada, pero logré darle un pequeño a mi Rey- dijo orgullosa con ojos resplandecientes al ver a su cachorro.

-Arthur y yo estamos muy felices por su próximo retoño, les deseamos salud y felicidad –les dijo con una reverencia.

Superman y Batman asintieron a sus muestras de cortesía, regresando al bebé a brazos de su madre.

-Por ello queremos proponerles algo-le dijo Meera con una sonrisa llena de buenas intenciones – Sabemos que han tenido dificultades en el celo debido a la naturaleza kriptoniana de Superman, haciéndolo un Omega difícil de satisfacer y controlar. Por ello, por favor, tomen en cuenta nuestra proposición de utilizar a mi esposo como ayuda si lo desean-
Flash disimuló la risa con una tos, pero sus mejillas temblaban intentando contener la carcajada.
Batman le dirigió una mirada de censura y Clark le dio un asentimiento –Muchas gracias Meera, estamos muy agradecidos por su ayuda, tendremos en consideración su generosa oferta- le dijo educado –Ahora mismo estoy cansado, el embarazo es agotador.

¿Podrías mostrarnos nuestras habitaciones?-

La Reina les acompañó, dejándolos frente a las puertas de un ala completa con todas las comodidades, Clark se acostó en la suave cama y dejó salir con un suspiro.

-¿Por qué no le dijiste que no?-le reclamó Bruce, acostándose junto a él tras su usual mutismo.

-Porque su intención no es mala, ellos no creen en la monogamia, "prestarme al Rey para satisfacerme" debe ser un honor, no una grosería, no voy a ser descortés con quienes son nuestros amigos-

Clark suspiró reprimiendo las náuseas y estirando los pies, caminar era cansado cuando se te hinchaban, por ello siempre estaba flotando en la mansión Wayne, eso volvía todo más fácil.

Bruce le acarició la barriga sintiendo a su cachorro golpear contra su palma, reconocía su voz. Clark estaba seguro de que su pequeño no nato prefería a Bruce, siempre parecía moverse más cuando él le hablaba. Los dedos fuertes del hombre murciélago le masajearon el cuerpo, dejando que el Omega se relajara contra su toque, estaba tenso, era normal, las misiones no acaban y en casa no había mucho alivio con Damián ahí.

Incluso aunque Superman le hubiera dicho que el pequeño cachorro no le molestaba en lo absoluto, era la amenaza constante que implicaba Talia sobre ellos y los problemas que acarreaba consigo.

Bruce se quitó la máscara y le abrazó, dándole besos en el cuello y chupando suavemente la marca que los unía, llenándose de sus feromonas, lamiéndole la piel, dándose un largo beso por fin en paz.

-Falta poco para que el embarazo termine, ¿qué haremos cuando tengas el primer celo?- le preguntó al oído estrechándolo a su pecho.

-No lo sé…no aún, podría pasar el celo solo, no deseo verte con más heridas de las que ya tienes –le dijo, se negaba en absoluto a exponer a Bruce a cualquier escenario donde su súper fuerza pudiera hacerle daño.

-Encontraremos la manera-le aseguró Bruce – No necesitamos los celos, sólo te necesito a ti –le aseguró.

Clark sintió su corazón llenarse de calidez con sus palabras.

-Hace tiempo tuve la duda. Si en realidad hubiera sido Beta, ¿estaríamos juntos?- le preguntó volteando a verlo, ojos azules centellantes llenos de un secreto miedo.

-Resolví esa duda conmigo mismo cuando moriste –le dijo Bruce muy ronco, porque el dolor de la pérdida nunca sería sanado – Yo estaría contigo sin importar nada Clark, en esta realidad, en esta vida o en otro mundo. Sé que estamos íntimamente ligados, no di el primer paso contigo y lo lamento, por haber perdido el tiempo cuando pudimos disfrutar de estar juntos –

Clark le sonrió feliz, tan radiante como el mismo sol, cálido y amoroso. Sus bocas se juntaron, besándose sin prisas, acariciándose mientras la ropa iba deslizándose capa por capa.

Bruce se colocó entre la humedad de sus piernas y con una lenta embestida le penetró hasta el fondo, gimiendo ambos por el calor, la unión y el amor que compartían. Con jadeos y besos se abrazaron hasta terminar susurrándose sus nombres hasta el orgasmo.

*-.*-.*-.*-.

-¿Qué vas a hacer con ellos Pennyworth?-

Los grandes ojos aguamarina de Damián miraron analíticos la caja de cartón que contenía una camada de pequeños gatitos, dos blancos, dos negros y uno con ambos colores que, a opinión del niño, le hacía parecer que portaba un traje.

-Éste me recuerda a ti –le dijo tomándolo entre sus manos, mientras el minino maullaba hambriento.

Alfred le dirigió una mirada y le palmeó la cabeza suavemente –Voy a conseguirles una casa amo Damián, ¿desea ayudarme a alimentarlos? –le preguntó, mientras preparaba un biberón.

-Pareces tener ya todo listo –le dijo meciendo al gatito que le chupó un dedito en busca de comida.

-El señor Kent suele bajar muchos gatos de árboles, así que les buscó casa cuando no encuentra al dueño. Parece que los vecinos se han dado cuenta de ello, así que algunas veces los dejan en la entrada de la mansión-

-No deberías recogerlos, así nunca se harán responsables – le refutó el menor.

Alfred le entregó el biberón, mientras el gatito comenzaba a mamar – puede dejarlo en la calle si lo desea Amo Damián – le dijo con una sonrisa.

-No seas absurdo Pennyworth – refutó sentándose a alimentar a los gatitos en el sofá, dejándolos dormidos en su regazo.

Dick se sentó a su lado, acariciando con un dedo el lomo de los animalitos -¿Quieres quedártelos? –le preguntó con una sonrisa cómplice.

-Son demasiados Grayson- murmuró Damián con los ojos fijos en su regazo.
-¿Entonces quizá solo uno? Seguro puedo hablar con Bruce para que te deje tener una mascota, ¿no te gustaría?-

El niño alzó los ojos y Dick pudo percibir por un instante su tristeza –No puedo tener mascotas, no voy a estar mucho tiempo por aquí-le dijo suave.

-Siempre puedes quedarte con nosotros, somos tu familia ahora – Dick pasó su brazo por los estrechos hombros de Damián y lo acerco a él en un abrazo, el menor no se resistió.

-Quizá después pueda tener muchas mascotas –mencionó tan bajo que apenas pudo oírlo Dick.

-Tienes el gen de adoptador compulsivo de Bruce, no dudo que lo harás –le dijo Dick riendo. El sonido vibró contra Damián, quien no entendía cómo Dick, un Beta de bajo nivel, podía tener un aroma tan relajante y ser tan cálido, quería enterrar el rostro en su pecho, abrazarse a él y dejarse fundir con su calor.

Cerró los ojos pensando en todas las mascotas que podría tener, dejándose arrullar por la plática de Dick y las caricias que le daba en el cabello, peinándole como un padre amoroso.

Relajado pensó que sería genial poder estar para siempre con alguien como él –Ya cállate Grayson me quiero dormir- se quejó enfurruñado, le tomó con sus manitas de las mejillas con el ceño fruncido y, acortando la distancia entre ellos, le dio un beso en la boca, apenas un toque de labios que cumplió con su misión, Dick se quedó tan asombrado que no volvió a decir palabra.

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Tim: Estamos afuera, ábrenos [12:05 P.M]

Bart: Toquen el timbre, sino será sospechoso [12:05 PM]

Tim guardó su celular, mirando a Kon a su lado -Dice que toquemos- se encogió de hombros y, al apretar el interruptor, una mujer les abrió.

Era joven y hermosa, con cabello pelirrojo y ojos azules, una Omega de nivel medio con un delicado aroma a rosas. Iris West.

-Hola chicos, ¿se les ofrece algo?- preguntó con una sonrisa.

-¡Son amigos míos abuela! – Bart apareció con un bebé en brazos con su usual energía.

-Hola chicos, les presentó a mi papá, su nombre es Don- les dijo con una sonrisa, mostrándoles al pelirrojo bebé regordete que se babeaba una mano.

Tim le miró perplejo y avanzó al interior de la casa, habían planeado reunirse en secreto, con la Liga en las profundidades del mar, era más sencillo verse sin la supervisión de los mayores. Habían tenido que escapar de Canario Negro, pero la rubia después de su entrenamiento solía dejarlos solos.

Reunidos en la sala, pudieron ver a Bart jugando con su padre y tía. Los pequeños eran muy revoltosos y demandaban mucha atención, cuando uno no estaba haciendo algo, el otro se metía en problemas.

Tim nunca había cuidado a un bebé y se sentía incapaz de tomar a uno en brazos. A diferencia de otros Omegas, que parecían derretirse al ver un bebé, él les tenía cierto miedo, le parecían seres demasiado frágiles y llorones. Aunado a eso, su instrucción como el primer Robin Omega le había hecho pensar que los hijos eran un problema y un riesgo para la vida de héroe, secretamente él no deseaba tener hijos jamás.

Para su sorpresa fue Kon quien tomó a Dawn y la sentó en su regazo, la niña le sonrió mientras Superboy le mostraba unas llaves de juguete para entretenerla.

-Hola bonita, soy Kon-le dijo presentándose con su sonrisa de medio lado, ésa que estaba comenzando a utilizar y hacía palpitar el corazón de Tim.

Dawn rió rindiéndose fácilmente a los encantos del kriptoniano, le tocó la nariz con sus pequeñas manitas y sus deditos juguetearon con el arete en su oído, jalándolo un poco.

-¡Uff! juega tú con ellos Kon, son muy desgastantes, yo los llamo "los gemelos tornado" –le dijo Bart colocándole en los brazos a Don.

El kriptoniano los meció en sus piernas hablando con ellos, peinándoles el cabello pelirrojo y tocando sus suaves mejillas rosadas.
Kon había leído en sus ratos de ocio libros sobre la paternidad, le interesaba cómo sería su nuevo hermanito y si tendría súper poderes como él, había tenido la secreta fantasía de que ambos serían los ayudantes de Superman, volando alrededor del globo luchando contra el mal.

Tim se había quedado absorto en la imagen de Kon, un pensamiento fugaz que no reconoció como suyo le susurró "sería un buen padre", fue la voz de Bart lo que lo trajo de regreso.
-Que no te digan mentiras Tim, el instinto maternal no existe, cuidar bebés sólo me ha hecho no querer tenerlos nunca- murmuró cansado, tirándose en el sillón con un suspiro exagerado, apoyándose en Tim afectuoso.

-Te ves bien cuidando niños, hasta parece que son tuyos- le dijo Tim con una sonrisa burlona–

-¡Ni loco! Lloran mucho en la noche, no puedo dormir y es el infierno, siento que ya huelo a talco de bebé y si vuelvo a cambiar otro pañal vomitaré- le dijo rodando los ojos.

Tim rió, amaba el sentido del humor de Bart - ¿Cuándo volverás con nosotros?- le preguntó apoyando su cabeza contra la de él.

-El abuelo sigue esquivando el tema, quiere tenerme bajo su vista-le informó–He hablado con la abuela Iris, hará que me deje regresar cuando vuelta de su misión en la Atlántida- le aseguró.

Tim asintió a sus palabras, tomó su mano apretando sus dedos, mordiéndose los labios sin saber por dónde comenzar de todas las cosas que quería decirle.

-Bart, lamento mucho lo que pasó –le dijo suave mirándole a los ojos. El pelirrojo se acomodó en el sillón y le rodeó con los brazos, ocultando la cara en su hombro.

-Ni lo menciones Jefe, son cosas de héroes, ¿no es cierto? Estoy feliz de saber que Kon está mejor-le susurró al oído estremeciendo a ambos. La imagen iba a seguir con ellos durante mucho tiempo, algo como eso era difícil de olvidar.

-Te extrañamos en Monte Justicia, es duro sólo ser dos, además te estás perdiendo los entrenamientos-
-Pensé que solos iban a estar mejor- le susurró separándose de él con una sonrisa cómplice que hizo sonrojar las mejillas de Tim.

-So…Somos novios ahora- murmuró dirigiendo su vista hacia a donde Kon estaba.

Bart abrió mucho sus ojos y se cubrió la boca ahogando un gritito de emoción, miró de uno a otro, con una sonrisa antes de levantarse y darle un abrazo a Kon, quien gracias a su súper oído había estado al tanto de toda la conversación.

Bart pegó su boca a su oído y le susurró – Te tardaste demasiado, pensé que iba a volverme viejo entre tantas indirectas que te daba Tim-
-Supongo que necesitábamos a nuestro cupido para orientarnos –le dijo soltándose de su abrazo para enfocándose en los gemelos, quienes jugaban a jalarle los rizos negros de la cabeza.

-Vamos a mi habitación- les dijo tomando a los gemelos de brazos de Kon y metiéndolos al corral.

Los llevó a su pequeño cuarto, donde se sentaron en la cama llena de suaves almohadas.

-Tengo un regalo para ustedes para inaugurar su relación-les dijo con una sonrisa malévola antes de abrir su armario, dejando ver una caja llena de supresores en pastilla y, debajo de ésta, una caja de condones de sabores.
Tomó un paquete y se lo lanzó a Tim, quien al verlos los guardó en su pantalón sonrojándose por la atenta mirada de Kon.

-Nunca se sabe cuándo se necesiten – dijo riendo y encogiéndose de hombros.- Creo que los usarán más que yo – se sentó de nuevo en la cama con ellos, mirándolos con aquella sonrisa pícara.

-¿Ya lo hicieron?-

-No aún- le respondió Kon honesto, quien al parecer no conocía la vergüenza porque Tim se puso rojo como un farol por estar revelando sus intimidades.

-Pero ya se besaron y manosearon ¿no?- les preguntó hambriento por los morbosos detalles.

Kon asintió satisfaciendo su curiosidad.

No habían tenido mucho tiempo para ellos, las cámaras, los robots y Canario Negro los vigilaban, por eso, en la noche solían escabullirse para platicar y besarse a la luz de la luna.

Algunas veces Tim estaba demasiado cansado por los entrenamientos para resistir estar despierto toda la noche, por lo que Kon disfrutaba envolverlo en sus brazos y dejarlo dormir, cobijándolo en su calor.

Tim se había quedado su camiseta para usarla de pijama y, por la noche, se encargaba de llenarlo con su aroma, se besaban mucho y sin cansancio hasta dejarse los labios hinchados y muy rojos.

El Robin se había vuelto adicto a la saliva Alfa, sabía distinto cargada de hormonas y el aroma oscuro que envolvía su deseo.

Se habían tocado primero sobre la ropa, apretándose mutuamente el uno contra el otro, deseando fundirse. Después tímidamente Kon había adentrado su mano por debajo de su camiseta, acariciando su columna vertebral que podía sentirse bajo la piel, los huesos de sus omoplatos, sus costillas y la estrecha cintura que envolvía en uno de sus brazos.

Lentamente ambos se hicieron más atrevidos. Tim deslizó fuera la camisa de su ahora novio, descubriendo sus pectorales y abdominales sobre una piel libre de vello, con delicadeza había repasado con sus dedos las marcas hechas por la kriptonita, después de todo Kon sólo era mitad kriptoniano y su regeneración no era tan buena como la de Superman, las cicatrices permanecerían con él.

Tim las había besado, lamiendo suavemente queriendo borrar el daño causado. Se habían sentido tan tristes después de ello, que se mantuvieron abrazados hasta que la madrugada llegó.

Una noche antes ambos habían ido más lejos, sin camisa, sin pantalones, sólo la ropa interior ocultando la fiebre acalorada que les llenaba, la necesidad acuciante de ser uno.

Kon había cerrado su boca en su pezón y él había gemido ante la sensación desconocida. Acostados sobre el pasto con su ropa como cama y la calidez de su cuerpo protegiéndolo del frío habría sido capaz de hacerlo todo, pero el súper oído de Kon les alertó y se vistieron aprisa, quedando con erecciones entre las piernas e insatisfechos.

En la intimidad de su cuarto le había avergonzado encontrar su ropa interior húmeda por sus propios fluidos. Entonces su celular sonó por un mensaje de texto de Kon.

"No creo poder dormir más…"

"Yo tampoco, tengo un problema no resuelto entre las piernas"

No sabía qué le había motivado a escribirlo, pero era mucho más fácil de esa manera, poner en letras sus pensamientos y protegido en la seguridad de su cuarto, lejos de los dedos de Kon que quemaban, de su boca caliente y de su saliva adictiva.

"Yo igual"

Había sido la corta respuesta de Kon, para después enviar una fotografía, era su ropa interior, apresando su pene, con una ligerísima marca de humedad donde la punta palpitante se encontraba.

Su mano había recorrido su propio pene, cerrando sus ojos llenando su cabeza de imágenes, él y Kon, juntos, besándose, lamiéndose…no pudo soportarlo más y con un jadeo se liberó entre sus dedos.

Con manos temblorosas escribió un último mensaje.

"Me gustaría ayudarte con ello…con mi boca"

No supo cómo fue capaz de verlo a los ojos a la hora del desayuno, pero ambos se sonreían, cómplices, no podían hablarlo libremente en esa casa llena de oídos y ojos, pero podían escribirse mutuamente todo lo que sus bocas callaban.

Así, en mensajes, habían planeado su escape y de esa manera ahora se encontraban con Bart.

-Yo puedo ser su tapadera cuando regrese- les dijo el pelirrojo con una risa, aligerando con sus palabras la tensión, así era Bart, como la brisa fresca.

-Nos servirías de ayuda- le dijo Kon cómplice.

-Hay algo más de lo que quería hablarte- Tim adquirió cierta severidad en su rostro, el líder dentro de él tomaba el mando de nuevo.

-Es sobre el futuro que nos contaste, quiero que me cuentes más. Ahora con Luthor dentro de la prisión de la Atalaya, lejos de Metrópolis, ¿el futuro será diferente?-

-Es muy pronto para decir que sí- Bart apesadumbrado respondió –Luthor es el Presidente en mi futuro.

Lo cierto es que el futuro tiene muchas posibilidades, nosotros hemos creado una nueva al quitarlo del camino, pero aún hay fuerzas que se encausan a ese destino- le aseguró –Fuerzas como Cadmus, por ello robé el expediente de mi abuelo y te seduje a ir a esa misión, porque necesitaba verlos con mis propios ojos, detenerlos, fui egoísta, porque sólo entorpecí la misión y ahora no sabemos dónde se esconden o qué traman-

-¿Crees que si los detenemos podremos cambiar las cosas?- aventuró Kon.

-Lo creo, debe ser así, es mi esperanza para poder regresar al futuro- Bart les miró con fervor, tenía los ojos vidriosos y la mandíbula apretada.

Tim le miró, consiente que Bart era demasiado efímero, su existencia y bienestar dependían de hacer las cosas correctamente en el presente, él tarde o temprano regresaría al futuro marchándose de sus existencias.

Le apretó la mano entrelazando sus dedos en apoyo.

-Hay algo que no les he dicho- murmuró Bart mirándolos tras sus espesas pestañas rubias -La razón por la cual mi abuelo es tan protector conmigo… yo también soy un experimento de Cadmus-

Kon abrió mucho sus ojos en shock.

-Los villanos están obsesionados con los héroes, los más benevolentes sólo desean derrotarlos o matarlos, pero hay algunos más que desean poseerlos a toda costa… mi abuelo materno es Eobard Thawne, mejor conocido como Profesor Zoom, uno de los mayores villanos de Flash. Su hija Meloni es mi futura madre, él hizo que ella sedujera a mi padre para así obtener material genético para crearme a mí y a mi hermano, Thaddeus Thawne con la ayuda de Cadmus. Deseaban tenernos a ambos como los nuevos remplazos de Flash, mi madre me ayudó a escapar, pero Thadd no tuvo la misma suerte.

Aceleraron mi metabolismo, haciéndome saltar de un niño de dos años a mi estado actual, su objetivo era obtener la fuerza de la velocidad para poder saltar en el tiempo y eliminar cualquier posibilidad que arruinara el futuro-

-Tú también fuiste forzado a crecer por culpa de ellos como yo- Kon apretó su puño, para Cadmus sólo eran experimentos, clones que podían ser remplazados una y otra vez.

-Tengo que asegurarme de detenerlos, incluso si eso provoca que no exista en el futuro, ésa es mi verdadera misión, la razón por la que estoy aquí.