Bueno... es el capítulo final. Confieso que es algo escueto, pero creo que ya correspondía. La verdad, confieso que por momento escribir esta historia ha sido duro, en especial con tanto porno de por medio, a veces hasta me ha retrasado la trama. Pero gracias a todos los que habéis llegado hasta aquí de un modo y otro. Como veréis ya tengo trailer para mi próximo proyecto, y soy tan masoquista que probablemente me ponga con él en menos de una semana. Gracias a todos los fans que habéis colaborado y que os habéis interesado. En especial a la gente que deja review capítulo a capítulo, a vosotros os adoro. Espero que disfrutéis del capítulo final y... HASTA PRONTO.


Ginger

Ya no tenía limitaciones. Mi familia ya no estaba. En parte me arrepentía de haber matado a Lacey. Pero me había abandonado, y ahora, después de su castigo, era mi responsabilidad tomar las riendas de su negocio, y de aquella ciudad en su memoria. Me miré al espejo, y me crují el cuello. Ya sabía donde se escondían todas mis detractoras. Iba a quemar aquella mansión con todas ellas dentro y luego iba a hacerme con el control del pueblo. No me costaría demasiado. Empezaría por el psiquiátrico. Regina tenía tan tocada a aquella gente que poco o nada tardaría en convertirlos en borregos.

De hecho, iba a salir en esa dirección. Sin embargo, cuando abrí la puerta, el cambio de planes fue instantáneo. Esperándome fuera estaban Regina y Emma. A decir verdad sentía ganas de reírme un poco al ver sus curiosos atuendos. Me ahorraría el viaje a la mansión y acabaría con ellas en primer lugar. Estaban ambas preparadas, con expresión de total seriedad.

_ Os agradezco la visita._ Dije, dejando que finalmente me saliese la risa._ Iba a buscaros ahora. Pero será más fácil acabar con vosotras aquí mismo.

_ En realidad, yo no estaría tan segura de ser tú._ Regina parecía confiada.

La bruja alzó la mano y una bola de fuego hizo acto de presencia. Nada fuera de lo común. La esquivé con facilidad. Sin embargo... fue una sorpresa ver que la esfera giró junto conmigo, triplicó su tamaño y me dio de lleno, lanzándome contra la fachada.

Me puse en pie, cicatrizando rápidamente las heridas provocadas por el fuego. Lancé un grito de rabia y mis ojos se tiñeron de rojo. Me lancé directamente a por Regina, pero ella parecía estarlo esperando. Fue Emma la que me atacó.

Un relámpago blanco me golpeó directamente en el pecho y sentí como todo mi ser se estremecía. Costó más trabajo que la primera vez regenerar esas heridas. Mis cuernos salieron a relucir, así como mi rabo. De hecho, unas enormes alas de murciélago que desconocía que tenía lo hicieron también. Las agité y me elevé por los aires.

El cielo se encapotó y lancé una mirada a las dos mujeres. Lancé una risa demente y me lancé en picado. Aterricé provocando que el suelo se agrietara bajo mis pies. Podía sentir el poder que manaba de mí. No era consciente de hasta qué punto llegaba.

_ ¡Emma! ¡Ahora!

La voz de Regina me sacó de mi locura. No pude reaccionar a tiempo Una corriente de fuego me golpeó de lleno en el pecho, y cuando quise contraatacar, los rayos me golpearon por la espalda. El fuego se tiñó de negro, y los rayos comenzaron a centellear con más fuerza. La magia negra y la Blanca empezaron a combinarse, y me di cuenta de mi gran error.

Yo no había sido capaz de hacer eso. Siempre centrada en mi poder demoníaco, jamás había usado la magia blanca que Sheryanna había preparado para mí. Estaba inmovilizada, y mi capacidad de Regeneración era insuficiente. Pero no iba a rendirme. No había nacido para eso.

Regina Mills

Combinar la magia blanca con la negra era arriesgado. Anzu lo sabía, y por eso nos había escogido a nosotras. Ver el perfecto equilibrio entre nuestros hechizos era sublime. Hubo un estallido, y un intenso resplandor. Cuando cesó, poco o nada quedaba de Ginger. No más de un montón de polvo. Me dejé caer al suelo, agotada tanto física como emocionalmente. Emma se acercó y se dejó caer a mi lado. Nos miramos a los ojos, aún incapaz de creerlo. Pero entonces, algo llamó nuestra atención. El llanto de un bebé. Incrédulas vimos cómo, de entre las cenizas, un bebé emergía, llorando por la ceniza que había entrado en sus ojos. No nos lo podíamos creer. ¿Acaso Ginger había sido capaz de resucitarse a sí misma?

Anzu

Observé por la ventana como el cielo se despejaba. El sol reclamaba su terreno. Algo en mi interior me decía que, finalmente, Emma y Regina habían tenido éxito. En realidad lo supe desde el principio. Ninguna fuerza oscura... tal como ninguna fuerza de la luz, habría sido capaz de frenarla. Sólo el amor irregular de una mujer destinada a salvar aquella ciudad por aquella que la había condenado podrían acabar con la criatura en la que Ginger se había convertido.

_ Mal... creo que ya podemos hacer las maletas._ Dije, con voz queda, sin dejar de observar el exterior.

Aquel pueblo nos traía demasiados malos recuerdos. Demasiados, a decir verdad. Sobre todo a Mal. Yo lo había perdido todo allí, y había encontrado algo que no quería perder. La mejor opción era irse y empezar una nueva vida en otro lugar. Escuché que llamaban a la puerta, y me dirigí a ella, algo nerviosa. Esperaba noticias.

Al abrir me encontré a Regina, ya vestida con un traje más normal, y con un bebé en brazos. Un bebé que lloraba copiosamente. La miré, y luego miré a la cara del niño, sin entender nada. Ella parecía hastiada, y supongo que por eso fue ten clara con sus palabras.

_ Es Ginger._ Me reveló._ La vencimos y... bueno... supongo que se ha reencarnado. ¿Qué hacemos ahora? No puedes pedirme que mate a un bebé.

Se la quité de entre los brazos y la miré. En cuanto cambió de manos, la niña dejó de llorar. Sosegada, mirándome con sus brillantes ojos azules. Nadie diría que se trataba de un monstruo homicida. De hecho, era una niña bastante mona.

_ Yo me ocuparé de ella._ Murmuré mirándola._ No será igual que la primera vez.

_ ¿Estás segura?_ Regina me miró a los ojos._ Recuerda que es un demonio.

_ Sólo la mitad. Es mi hija también._ Tomó mi dedo con su mano y sonreí._ Le daré un nuevo nombre... una nueva historia.

Lacey

De modo que así es como se sentía un fantasma. Era como vivir en un vacío. Estaba atrapada, encerrada en aquella ciudad en la que ya nadie podía verme ni oírme. Atravesé aquella pared y me vi en aquella maldita tienda. En aquella tienda que llevaba tantos años vacía. ¿Era mi castigo? Estar obligada a visitar aquel lugar una vez y otra. Me había esforzado tanto por matar a Bella que ahora que realmente estaba muerta la sentía renacer con una fuerza inesperada.

Y allí estaba, sobre el mostrador, aquella taza desportillada. Ni una mota de polvo sobre ella. Era el único objeto que realmente parecía especial dentro de aquella tienda y, finalmente, me derrumbé y me eché a llorar. Lo hice con todas mis fuerzas. No había llorado con sinceridad desde hacía muchísimo tiempo. Todo aquello me lo había provocado yo misma.

_ ¡De acuerdo!_ Le grité al techo, como si realmente hubiese una entidad superior que pudiese escucharme._ ¡Me arrepiento! ¡Me arrepiento de haber abandonado a la única persona que una vez amé! ¡Me arrepiento de haberme negado a una parte de mí misma! ¡Me arrepiento de haber asesinado mi identidad!

_ Ahora ya sabes lo que se siente, querida.

Me giré, y me quedé congelada, mirándole. Allí estaba, como si le hubiese llamado. Rumpel. Allí de pie, parado, sujetándose en su bastón, mirándome. Un espectro como lo era yo. Probablemente si mi corazón latiese se hubiese parado. Me lancé sobre él. Y a él, si pude tocarle. Le rodeé con los brazos y le abracé. Siendo Lacey, me había convencido a mí misma de que buscaba a la bestia... al ser oscuro. Pero en realidad... le buscaba a él.

_ ¿Podrás perdonarme?_ Le pregunté.

_ Tú me perdonaste a mí._ Me susurró.

Acercó sus labios y yo le besé sin dudarlo. Me reí sin saber realmente el motivo y me dejé caer sobre él.

_ ¿Qué será ahora de nosotros?_ Pregunté.

_ Tenemos que seguir, Bella._ Susurró._ No podemos quedarnos aquí.

_ Eso me da miedo._ Confesé.

_ A mí también._ Reconoció él. Yo le tomé de la mano y me concentré en sus ojos.

_ Vayamos juntos.

5 años después

Anzu

Eran imponentes. Incluso tres milenios después de la última vez que las había visto, lo colosal de aquellas figuras simplemente sobrecogía. Cualquiera diría que se podrían pensar muchas cosas al observarlas. Pero lo cierto es que la cabeza de uno simplemente se quedaba bloqueada al ver tal enormidad. Mal tuvo que sacarme de mi ensimismamiento para que dejase de mirar la que tenía más cerca.

_ Anzu... el guía te está mirando raro. Tenemos que seguir con el recorrido.

_ Al diablo con el guía. Puede que el resto del País haya cambiado, pero aquí es dónde me críe y no creo que vaya a perderme.

_ Cuéntale tú que tienes treinta siglos a ver cómo se lo toma.

_ Vale... está bien. Dile a Alex que venga y nos sacamos una foto. ¿Somos turistas, no?_ Dije, hastiada.

_ Qué pena que Lucrezia y Lily no hayan podido venir._ Se quejó Mal._ Podríamos haber pospuesto el viaje un par de semanas.

_ Y yo cómo iba a saber que les cambiarían la fecha de la selectividad._ Lo cierto es que cuando Lucrezia me dijo que quería volver a estudiar me lo tomé a broma. Pero unos años después me había demostrado que se lo tomaba muy en serio.

_ ¡Alexia! ¡Ven!_ Llamé.

Alexia, mi hija menor, se había quedado embelesada jugando con la arena. Nadie diría que en su día aquel encanto de niña tan dulce y encantadora había sido Ginger. Si bien es cierto el físico era el mismo, por supuesto mucho más joven, dada su edad, lo que realmente era distinto era el carácter afable y risueño de la niña a la que Mal y yo habíamos educado. Alexia se acercó la tomamos en brazos para que se subiese sobre mis hombros. El guía, aún con reproche, tomó mi móvil y nos sacó una foto. Mi esposa, mi hija y yo, frente a la grandes pirámides de Guiza. Había sido un gran acierto volver para visitar mi patria. Londres nos estaba tratando bien, pero necesitaba un descanso después de las largas horas que pasaba en el museo británico. Trabajar allí era agotador.

Ingrid

_ Oh vamos... quédate un ratito más._ Besé aquella piel verdosa incitantemente.

_ Storybrooke necesita a su alcaldesa, Ingrid._ Me contestó Zelena, alzando una ceja. Aunque el punto de lascivia en sus ojos me dejaba claro que, en realidad, ya había ganado.

_ Estoy segura de que la primera dama puede conseguir hacer que la alcaldesa se tome la mañana libre._ Mis labios se escurrieron por su pecho, llegando a sus pezones de color oscuro, y dándoles un leve mordisco. Ella me había enseñado bien.

_ Está bien... puedo quedarme un rato más.

Zelena me subió los labios y me besó apasionadamente. Hizo un gesto con la mano y sentí una vez más mi consolador favorito ya colocado sobre su sexo. Mujer malvada. Sí que tenía prisa, pero tenía que dejarme contenta antes de irse. Me empalé yo misma y le di un empujón para que se quedase sobre la cama. Empecé a jadear, provocándola para que se excitase, hasta que no pudo más y se incorporó, aferrándose a mí, mordiendo mis pechos como sólo ella sabía hacer.

No nos entretuvimos demasiado, pero Zelena lograba hacer que cada encuentro fuese espectacular. Cinco años después no había perdido su toque. Aunque supongo que yo le había dado algo de cordura... y ella algo de locura a mí. Me tumbé sobre la cama y la miré, besándola en los labios.

_ Que tengas un buen día._ Le susurré._ Hay helado en el congelador.

_ Siempre hay helado en el congelador._ Se rió y salió por la puerta, no sin antes lanzarme una mirada._ Cuídate cariño, te quiero, estirada.

_ Y yo a ti, viciosa...

Emma Swan

Vivir en una cabaña al principio me pareció un despropósito. Aunque, con el tiempo, la idea de una cabañita se había convertido en una mansión hecha de madera. Mirando por la ventana sólo se veía el bosque y la carretera privada que Regina había conseguido que nos construyesen. Irónicamente parecíamos perdidas en mitad de la nada, pero estábamos cerca de la ciudad. Aquella tarde era húmeda, y me encontraba en el porche, observando el paisaje hipnótico que daba la arboleda. Habíamos construido un pequeño columpio en la entrada y me estaba balanceando en él cuando el mercedes de Regina aparcó en la entrada, y ella bajó. No pude evitar fijamente en las piernas desnuda de mi esposa mientras avanzaba por la entrada.

_ Hola encanto._ Me saludó, dándome un beso en los labios._ Acabo de dejar a Henry en una fiesta... ¿Sabes qué significa eso?

_ ¿Que nuestro chico se hace mayor?_ Intuí.

_ Bueno... en eso también pero... estaba pensando en que... estábamos solas._ Noté su mano acariciando mi pierna.

Sonreí. Tenía que admitirlo, igual que lo había hecho hacía ya tanto años. Era una pervertida, y probablemente siempre lo sea. Pero sólo me sentía así con Regina. Regina sacaba mi lado más pervertido. Hacía años que no me hipnotizaba. Su colgante no servía fuera de Storybrooke... pero lo cierto es que no le hacía falta. Yo haría cualquier cosa que me pidiera. Nada me excitaba más que someterme a mi reina.

_ He estado pensando en darle otro uso a este columpio.

Inmediatamente empecé a notar los calores, y ver que Regina empezaba mi entrepierna por encima del pantalón no ayudaba. Hacerlo allí, donde a pesar de que era poco probable que nadie nos viese, no dejaba de ser sexo en público, me ponía a mil. Metí las manos bajo la blusa de Regina y busqué sus pechos. Ella, ni corta ni perezosa, ya me estaba bajando el pantalón. En el último momento cambié de opinión, y decidí abrir por completo la blusa. Por suerte para mí el sujetador se abría por delante, así que no tardé nada en dejarla desarmada y encontrarme aquellos pechos tan jugosos que no tardé en atrapar con las manos.

Regina daba buena cuenta de mi culo, y yo lo hacía de sus pechos. Atrapé uno de sus pezones con los labios y así pude aprovechar la mano que me quedaba libre para desabrocharle la falda, Hice a un lado su ropa interior y empecé a tocarla con intensidad. Pero tuve que parar cuando ella me quitó la camiseta de un tirón. Estaba fuera de sí, y eso me encantaba. Yo en aquel momento no llevaba ropa interior. Recibí un azote y me estremecí.

Regina me empujó columpio, que empezó a moverse, y se echó sobre mí, rozando su sexo con el mío. La forma en la que encajábamos era perfecta, y cuando empezó a moverse, me aferré a aquel columpio y no pude evitar empezar a gemir histéricamente. Aunque ella se encargó de callarme con sus labios, que mordieron los míos casi hasta hacerlos sangrar. Grité cuando me abordó un intenso orgasmo. Regina hizo lo propio. De hecho, fue tan intenso que escuché un crujido, y el columpio se cayó al suelo. Y más que dolernos, nos echamos a reír.

_ El próximo será más resistente._ Me prometió la morena.

_ Tendrá que serlo si quieres repetir esto...

Fin

Anzu

Esta vez no hay sólo una butaca para sentarme a conversar. De hecho, me encuentro en una gigantesca librería. Tomo algunos libros, y los observo. Pero me resulta imposible entenderlos. Otra historia que termina. Pero entonces, en el silencio de la biblioteca, escucho sus pasos. Alzó la vista y la miro. Allí está Maléfica, mirándome a los ojos, llena de incomprensión. Y eso es algo que puedo entender muy bien.

_ No deberías estar aquí._ Susurro._ La historia ha terminado. Debería estar sola.

Y eso es triste. Porque siempre que termina una historia, hay una sala para mí. Para despedirme y buscar una nueva aventura. Pero me he sentido tan bien con la mujer que tengo delante de mí. Mentiría si dijese que no me duele en lo más profundo perderla de vista. Pero eso pronto dejaría de ser importante.

_ No podía dejar que te fueras sin despedirme._ Dijo, tomando mis manos._ No después de lo que hemos pasado juntas.

_ Tú lo seguirás viviendo. Y bueno... yo también... pero no de la misma manera._ Dije, en un susurro.

_ Pero no es justo. Ibas a enseñarme tantos sitios._ Besó mis manos.

_ Ahora se traza un nuevo arco, Maléfica._ La besé en los labios._ Y en mi nueva historia, debo seguir sola. Deberías volver... tengo que estar esperándote preocupada.

_ Sí... cuídate... vale.

_ Te lo prometo._ Sonreí.

Maléfica salió por la puerta, y la tinta del libro empezó a colarse por mi piel, hasta que no la tiñó por completo. Todo mi ser se reescribía. Estaba preparada para una nueva historia. Pero eso no cambiaba el hecho de que, una vez más, cada recuerdo se hacía añicos, cada imagen que había vivido, se quedaba grabada en esta historia y dejaba de ser parte de mí. Dejaba de ser la Anzu que había conocido a Maléfica en Storybrooke... y la próxima vez que tú me leas... seré una Anzu completamente distinta. Una que ni tan siquiera yo conozco.

Y por eso lanzo un grito agónico cuando la tinta me cubre por completo y se funde conmigo. Y cuando abro los ojos, miro mis dedos morenos, los de ese pasado que ya no es mío, y me pongo en pie en la biblioteca, pues aún no sé quién soy.

La Biblioteca se desvanece, y alzó la vista, observando un cielo que me es familiar, y a la vez no lo es. Y entonces noto como alguien me tira del brazo y me empuja a un lugar a cubierto. Escucho un disparo, o al menos, eso creo que es. La mujer, una joven pelirroja, me mira a los ojos.

_ ¡Espabila!_ Exclama._ Si no te mueves vas a palmar.

Sombra... ¿Qué has hecho conmigo esta vez?

Trailer

?

_ La historia de Once Upon a Time... en mis manos..._ Me río observando atónita a las dos mujeres que, al parecer, tratan de impedir mi triunfo._ ¿Seguro que ninguna de las dos está de acuerdo en que necesita algunos retoques?

Tomo mi pluma y, con toda la tranquilidad del mundo, hago un simple tachón. La Rubia que tengo ante mí cae al suelo, tambaleándose.

_ ¡Emma!_ Exclama su compañera, agachándose.

_ Estoy bien Regina... tú quítale el libro._ Exclama, mirándome.

Regina se pone en pie y se dirige hacia mí, yo me río con ganas y hago girar la pluma entre mis dedos. Observa como mira la pluma, con temor, pues tiene razones para hacerlo. Ella no es nadie. No es más que un personaje que en su día un escritor mediocre inmortalizó en el libro que en aquellos momentos tenía en mis manos.

_ Yo en tu lugar... no avanzaría más... Si das un sólo paso más... borraré a Henry de tu vida._ Vi como los ojos se le ensanchaban de terror y se dejaba caer al suelo._ Sabia decisión.

Me di la vuelta y tomé el libro. Había muchas correcciones por hacer. Y muy poco tiempo. Bueno, esto último no era del todo cierto. Debería preocuparme por eso si no pudiese desmoldar el tiempo a placer. De hecho, y sólo por aburrimiento, cogí el libro y lo tiré al suelo. Escribiría en mi propio papel a partir de ahora. Hacer tachones era aburrido.

_ Regina..._ Exclamaba Emma, mientras me miraba alejarme._ ¿Qué has hecho?

Hacía bien en asustarse... se había condenado a sí misma... y a todos los demás.

Ingrid

Aquel pensamiento me había abordado repentinamente. Había sido incapaz de ver en el espejo el brillo rojizo que se había apoderado de mis ojos cuando llegó. Los gritos de Helga y Gerda no significaron nada para mí. Me arranqué el lazo del brazo y lo lancé a un lado, sobre los restos helados de mis hermanas que, al día siguiente, no serían más que dos charcos. Tampoco vi a la mujer que había estado observando toda la escena desde una esquina, escribiendo sobre un pergamino. Pero tenía claro que yo era la reina de Arendelle... y que nadie me quitaría mi puesto... jamás. No necesitaba a nadie. Ni hermanas... ni padres... ni ningún familiar.

?

La historia de Once Upon a Time tomaba un giro dramático gracias a mi pluma. Sin embargo, cuando fui a revisar mi trabajo, me llevé una desagradable sorpresa. La historia de Ingrid se estaba corrigiendo. ¿Acaso Emma y Regina estaban detrás de aquello? ¿Cómo era posible?