Falsa Amortentia

Capítulo 28

Draco dejó que el agua caliente cayese por todo su cuerpo desnudo. Tras una noche de sexo intenso, necesitaba darse una ducha. Hermione seguía en la cama, agotada.

Esta apareció de pronto tras la mampara y asomó su rizada cabeza. Le echó una mirada a Draco de arriba abajo y sonrió pícara, tras lo cual se metió dentro de la bañera también.

El rubio la apretó contra sí, sintiendo sus senos sobre el pecho. Le pasó el agua por el pelo y la espalda, para que no tuviera frío. Ella apoyó la cabeza sobre su hombro, dejándose hacer, y estrechándolo por la cintura, para luego deslizar una mano hasta el trasero y apretarlo.

—Leona… —ronroneó Draco, antes de atrapar sus labios mojados y anhelantes.

Se besaron con lengua, resbalándose el uno en los brazos del otro.

Hermione fue directa al grano, y lo asió de su miembro ya erecto por la excitación del momento.

—Leona, eres insaciable, me vas a dejar s…

Ella lo empujó contra la pared y no lo dejó hablar, subyugándolo con su hambrienta boca. Draco no perdió el tiempo y la subió hasta su cintura. Hermione la rodeó con sus piernas, dejándose llevar por la intensidad de lo que sentía.

Draco le pertenecía, ya estaba segura. No tenía que compartirlo con el recuerdo de otra mujer; ya no era la amante, la segunda, el consuelo, sino la única, y aquello le excitaba sin límites.

El hombre la apoyó en la pared húmeda para penetrarla, aún bajo los chorros de la ducha caliente. Empujó con cadencia, escuchando los jadeos y suspiros de Hermione.

Besó su mejilla mojada y roja, se coló entre sus labios, buscando esa lengua juguetona. Todo en ella le hacía perder la cordura. Su pelo castaño y rizado en el que podía descansar el rostro, su cuerpo delgado de cintura estrecha, sus pechos pequeños y tan sensibles a su tacto, las estrías que conservaba de sus dos embarazos, su voz excitada porque él la estaba tocando.

—Así… —demandó ella cuando Draco alargó el momento de placer al máximo posible. Hermione lo había agarrado por el cabello de la nuca, y eso quería decir que estaba a punto de alcanzar uno de sus escandalosos orgasmos, en los cuales no podía dejar de gemir con cada vez más fuerza hasta alcanzar el cenit.

Draco tuvo que agarrarla bien cuando terminó, pues quedó derrengada, intentando mantener las piernas alrededor de su cintura, pero fue imposible y tuvo que dejarla bajar.

—Perdóname…

—Shhh… ¿Te has corrido a gusto, leona?

—Sí…

—Siempre te hago temblar las piernas. Te lo avisé desde el principio.

—Siéntate en la bañera —le ordenó Hermione. Draco lo hizo y apoyó la espalda.

El calor ya había empeñado todo.

Ella serpenteó por encima de su cuerpo, acomodada entre sus piernas. Hermione sintió la tremenda erección que tanto le había hecho gozar segundos antes, y decidió que no podía quedarse así.

Bajó y sujetó su sexo con una mano, sacudiéndolo a la par que se lo comía con la boca y lo lamía con la lengua.

Draco cerró los ojos y se dejó llevar por las sensaciones y el gozo que aquella felación le producía. La agarró por el cabello mojado con ambas manos, con excitación.

No deseaba despertar de aquel sueño tan erótico, y sonrió de lado.

—Leona… —susurró—, no pares nunca de hacerlo tan bien…

Ella se detuvo unos instantes y lo miró a los ojos, sin dejar de mover la lengua.

—Joder, nena… Cómo me excitas.

Movió la pelvis sin poder controlarse y Hermione continuó hasta sentir el semen dentro de su boca y escuchar los jadeos de Draco al correrse.

Se lo tragó y sonrió.

Draco la estrechó contra sí, dejando que el agua cayese sobre ellos y los reconfortara, mientras seguía llenándose la bañera.

—Hermi, estoy loco por ti, como un adolescente en plena pubertad y con las hormonas a flor de piel.

—Y yo, hurón.

Draco se echó a reír.

—En el fondo me enamoré de ti cuando me pegaste aquel puñetazo.

—Muy en el fondo, idiota. Más de uno te habría pegado de poder…

—¿De verdad no te atraía nada de nada?

—No, pesado.

Hermione lo miró, sonriendo. Le dio un beso lento y dulce. Draco se sintió estremecer.

—¿Y si no te hubiera llamado de aquella forma? ¿Y si nos hubiéramos hecho amigos?

—Depende entonces.

—¿De qué?

—De que yo te hubiera gustado a ti. Pero nunca fui tu tipo, señor Slytherin Malfoy.

—Mi apellido pesa demasiado, cariño. —Le acarició la cara mojada y roja.

—Te ayudaré a que sea más ligero.

—Me gusta imaginar que nos enamoramos en Hogwarts. Que yo soy un estúpido engreído que va pavoneándose entre todas las chicas, pero que hay una Gryffindor marisabidilla que ni me mira, una come libros amiguita de Potter.

—Vaya películas te montas… —Hermione se echó a reír, bien cómoda sobre su pecho y sumergida en el agua caliente de la bañera.

—Al principio no le hago caso, porque es una hija de muggles. Luego coincido con ella en la Biblioteca, por algo de clase de pociones, y me empiezo a fijar mejor en la tal Granger. Tiene el pelo que parece un arbusto, pero me parece linda igualmente. Intento luchar contra mi atracción.

—Oh, vaya… Le parezco bonita a Malfoy, qué suerte tengo —se burló.

—No puedo dejar de acudir a la biblioteca y pasó de las novieta de turno y los amigotes. Me siento en la misma mesa, delante. A Granger le sienta fatal, pero no se va de su sitio. Sigue sin hacerme ni puñetero caso.

—Natural, Malfoy lo está haciendo para incomodarme y que cometa errores en clase del profesor Snape —dijo, siguiéndole el juego al final—. Me cae fatal porque va de guapito rompecorazones y me mira siempre con desdén, aunque esta vez noto que me observa de reojo sin esa expresión pedante, como con curiosidad.

—No es curiosidad, es que le miro los labios, las pestañas mientras lee, el cabello cayendo hacia el libro y cómo se lo aparta. Necesito conseguir a esa chica, es un reto.

—Qué iluso es Malfoy.

—Intento entablar conversaciones con ella, sobre pociones, ya que de otro tipo no le interesan, como el quidditch, aunque yo sea tan buen jugador. Al final me ayuda, pues finjo no entender cómo se hace una Amortentia.

Hermione sonrió con el comentario.

—Y yo le pregunto que para qué la quiere, si el señorito Draco tiene chicas haciendo cola a la espera de ser la novia oficial de la temporada, Pansy la primera.

—Y le digo que es para conseguir a la chica imposible, pero la Gryffindor no lo pilla. Al final me lo explica con todo lujo de detalles y diligencia, como no puede ser de otra forma, mientras me advierte de los efectos terribles de darle Amortentia a otra persona, sermoneando, porque es lo que mejor se le da. Pero me parece encantadora igual, aun a pesar de ser una marisabidilla.

—Y yo sigo desconfiando de Malfoy, aunque empieza a ser amable conmigo y no me disgusta tanto como pensaba. Cuando estamos solos en la biblioteca hablamos de varias cosas, incluso me confiesa que ser un Malfoy es duro, pues su padre le exige demasiado. Eso me enternece, porque empiezo a ver a un Draco distinto.

—Fuera de la Biblioteca nos tenemos que ignorar, por el qué dirán nuestros respectivos amigos y casas, pero cada vez buscamos más formas de estar juntos y pasar el tiempo. Empiezo a ver sonreír bastante a la seca de Granger, incluso mis tonterías y hechizos bobos la divierten. Me gusta ver la sonrisa de Hermione, deseo besar esa sonrisa. Pero ella no me mira igual que yo a ella.

—En el fondo solo me reprimo a mí misma. Me estoy empezando a colar por el repelente de Malfoy, y él tiene en mente a otra chica a la que conquistar con la Amortentia. Eso me duele, soy incapaz de preguntarle quién es.

—La indiferencia amorosa de mi marisabidilla me empieza a desesperar y utilizo la Amortentia en unos pasteles que he robado de la cocina. Si se los doy a probar se enamorará de mí perdidamente. Me tienda dárselos, aunque sepa que eso está mal y que, cuando se le pase el efecto, me va a odiar hasta la muerte.

—Quedamos una tarde cerca del lago negro, para repasar un examen de pociones. Estamos los dos solos. Yo deseo que Malfoy se acerque a mí y me bese, aunque sé que eso no pasará porque soy hija de muggles y una Gryffindor, además de que hay otra chica misteriosa de la que Draco no me quiere contar nada. No puedo evitar sentir celos y estar ceñuda.

—Le pregunto a mi Hermione qué le sucede. Me muero por esconderme con ella tras una arboleda desierta y comérmela a besos. Le pido que vayamos allí a estudiar y accede con cara de pocos amigos y los libros apretados contra el pecho. Con la excusa de merendar, le ofrezco los pasteles que llevan la Amortentia.

—Pero yo no tengo ganas de comer nada, por los nervios. No soporto más la situación y acabo exigiendo saber quién es la chica en cuestión.

—Me sorprendo por el cambio de actitud y ese brillo celoso en la mirada de mi Granger. Una esperanza nace en mí, me acerco a ella y la hago recular hasta un enorme tronco. Ella sigue con los libros bien apretados. Apoyo el brazo a un costado de su rostro y me acerco peligrosamente. Ella me mira a los ojos, con la cara roja. Admiro sus pecas, sus ojos, sus pestañas, sus labios entreabiertos, huelo sus cabellos enmarañados…

—El corazón me va a cien, pienso que Malfoy ha estado jugando conmigo todo el tiempo, como una broma pesada. Así que me aparto y me siento a estudiar.

—A mí me tiemblan las piernas con ese rechazo tan evidente. Sin embargo, me siento a su lado y abro el libro de pociones también, ya desesperado sin saber qué más hacer. Le vuelvo a ofrecer los pasteles y me como uno que no lleva Amortentia.

—Finalmente yo accedo a tomar un poco, por no ser descortés. Lo voy a mord…

—Y yo te pegó un manotazo y el pastel acaba tirado por el suelo. Tengo la cara desencajada, al haberme dado cuenta de que no puedo obligar a Hermione a que me quiera. La amo demasiado para hacerle eso.

—Yo miro a Draco, sin entender nada, pero me doy cuenta de que el pastel huele a su colonia, una que había odiado hasta días antes pero que había empezado a gustarme. Me percato entonces de lo que está pasando, cierro los puños y me pongo a sollozar de pura rabia e incredulidad. Le grito, ofuscada.

—Me levanto e intento apaciguarla, pedirle perdón por haber hecho aquello. Ella cree que es una broma pesada, urdida entre todo mi grupo para reírnos. Intento explicar que no, que es cosa mía porque no sé ya cómo hacer para que me quiera…

—Me quedo bloqueada al escuchar declararse al estúpido de Malfoy. Sus preciosos ojos grises están llenos de lágrimas, su expresión es de arrepentimiento. Le dejó que me coja de la cara y apoye su frente en la mía. Sus labios están muy cerca, los que he estado deseando besar tantas veces, fantaseando con ello en la soledad de mi cama. Me ruega que le dé una oportunidad.

—No puedo más y beso a mi Hermione, a mi leona. Ella se entrega a mí con ardor y pasión, nos abrazamos con desesperación, mientras nos comemos a besos. Acabamos en el suelo, sobre la hojarasca, deseando entregarnos el uno al otro y…

—Shhh —lo cortó Hermione, mientras lo besaba como si la escena fuera real.

—Te quiero, Hermi. Joder, te quiero demasiado. Demasiado…

—Al final has conseguido que me enamore de ti siendo una adolescente, idiota.

—Me habrías salvado de todo, del Señor Tenebroso, de la marca, de la presión, del lado equivocado de la guerra mágica.

—Eso no lo sabemos. Y, además, nuestros hijos reales no existirían, y eso es lo mejor que nos ha pasado en la vida.

Draco asintió.

—No debía de ser entonces nuestro momento, sino ahora. Este es nuestro presente y nuestro futuro.

—Juntos e inseparables, leona.

—Solo te pido un poco de paciencia, que firme los papeles del divorcio que pase el mundial. Tengo mucha presión…

—Lo entiendo. ¿Qué importa esperar un poco más a hacerlo público? He esperado toda la vida…

Hermione lo miró a los ojos grises y luego le dio un beso lento y suave en los labios.

—Gracias, mi amor, mi vida. Te amo, Draco.

Este no contestó, pues no hizo falta, se lo hizo saber con un abrazo muy estrecho. Hermione sabía que estaba con el hombre adecuado, en el momento preciso.


Nota: he encontrado trabajo, pero es bastante duro y tengo turnos matadores que no me dejan ni tiempo ni ganas (solo quiero estar morida por ahí). Así que iré más lenta. Ahora empieza la parte del Mundial.

¿Os ha gustado la minishistoria que se montan Hermi y Draco. ¿Os gustaría que escribiera el mini relato como si fuera verdad?

Besis.