El Juego del Miedo
— ¿Qué es esto? — preguntaba Paula, en la oscuridad —. Austin, si de nuevo pretendes que deambulemos por tus obstáculos locos para llegar a la guarida, no estoy interesada. — Decía pero no había respuesta —. ¿Austin? ¿Santana? — preguntaba, y sólo se escuchaba el eco de su voz —. ¿…Alexa? — preguntaba insegura —. ¿Alguien?
—Sí, aunque no creo que te agrade — reía una voz, sonaba como robótica, y la chica no podía descifrar quien era.
— ¿Quién es? — preguntaba la chica que no lograba ver absolutamente nada —. ¿Eres tú, Austin? ¿Acaso estás usando un micrófono robotizado como Darth Vader? — preguntaba mas no obtenía respuesta —. Agh, no debí haber pasado tanto tiempo escuchando a Kyu hablar acerca de sus películas de ciencia ficción…— susurraba luego.
— ¿Ese chico? Kyu…se fue por tu culpa — decía la voz robótica, poniendo a Paula alerta.
—Claro que no…—susurraba ella, insegura —. ¿Quién eres? ¿Por qué no puedo ver nada?
—Oh, lo olvidaba. Ja-ja. — reía la voz y luego todo quedaba en silencio. Al cabo de unos segundos, se oyó un "clic" y una luz se encendió, dejando a Paula ver dónde se encontraba. Parecía ser un diminuto cuarto oscuro, sin ventanas, y con un solo foco en el medio. Paula estaba sentada en una silla vieja de madera, con sus manos y pies atados a ella.
— ¿Es esto una trampa de la guarida McClean? — preguntaba la chica asustada, observando la habitación.
—No…— admitía la voz siniestra, que no dejaba verse —. Es algo mucho, mucho peor…
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— ¿Qué diablos…? — preguntaba Sean retorciéndose —. ¡Austin! ¡Sácame de aquí! ¡No toleraré otro desafío más! ¡Bájame! — y seguía luchando mientras una tenue luz lo alumbraba a él y sólo a él.
El rubio estaba colgado de los pies con una cuerda amarrada a lo que parecía ser una barra, en un cuarto oscuro y pequeño. Se había levantado hace rato y peleaba intentando zafarse de la cuerda, pero al estar boca abajo no había mucho que hacer.
— ¡Estoy harto de ti, McClean! ¡No me importa si pierdo y salgo de esta estúpida isla, prefiero eso a tener que seguir soportando tus estúpidos desafíos! — gritoneaba intentando mover sus pies, que permanecían juntos gracias al agarre.
—Oh, ¿enserio, Sean? — preguntaba la voz robótica en la oscuridad —. ¿Rendirte, después de todo lo que has logrado?
— ¿Es esto otro de sus trucos? — preguntaba el rubio dejando de luchar, aunque visiblemente molesto, mientras su cabello se movía de un lado al otro debido a la gravedad —. Porque si lo recuerdas, he descifrado todos y cada uno de ellos.
—Ja-ja. Muy gracioso, rubio — hablaba la voz y el chico fruncía el ceño—. Pero éste es un desafío diferente — decía siniestro y el rubio tragaba saliva.
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— ¡PUEDEN HACERME LO QUE QUIERAN! ¡NO LES DIRÉ NADA! ¡PREFIERO MORIR ANTES QUE ENTREGARLES MI PATRIA EN SUS MANOS! — gritaba en sueños Carly sacudiéndose—. ¡ADELANTE! ¡HAGAN LO QUE CREAN NECESARIO! ¡NO CAERÉ ANTE SUS ENGAÑOS O TORTURAS! ¡NO PODRÁN SACAR NADA DE MÍ! — y entonces se agitaba tan fuerte que se golpeaba con algo, y despertaba —. Humm… ¿qué es esto? — preguntaba en la oscuridad con seriedad.
—Otro sueño…— susurraba la voz, y hacía eco —. Aunque no uno que vayas a disfrutar.
Entonces una brillante aunque pequeña luz blanca se encendía encima de Carly, y la chica veía que estaba en una silla metálica, parecida a una silla eléctrica, y ella estaba atada ambos brazos de la silla, y sus piernas a las patas de la misma. Un largo retazo de cuero mantenía a la pelirroja atada en su pecho a la silla, de modo que no podía moverse en absoluto.
— ¿Qué significa esto? ¿Dónde están Sean y los demás perdedores? — preguntaba Carly molesta intentando moverse —. ¿Es esto otro estúpido desafío? — preguntaba de malas.
—Algo así…—suspiraba la voz.
— ¿Y tú quién eres? — preguntaba ella intentando reconocer la voz, mas no conseguía nada, y la voz reía malévola, asustando a Carly.
—Nunca lo sabrás…— respondía luego de su risa.
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—Esto no nada luce bien…— suspiraba Zack, quien estaba amarrado a una rueda, con sus 4 extremidades separadas y atadas, el chico luciendo como una estrella de mar. —. ¿Hay alguien allí? — preguntaba pues además de él, lo demás estaba en la oscuridad. —. ¿Austin? ¿Hemos llegado al desafío de las películas medievales? — preguntaba inspeccionando el lugar, más nadie le respondía —. ¿O eso es hasta la segunda temporada?
—Deja las burlas — pedía la voz robótica sin dejar verse, llamando la atención del chico —. Te dicen Zack el patán, ¿verdad? — y el chico bufaba.
—No es así…— aclaraba extrañado el chico y proseguía —. ¿Qué rayos es esto? ¿Otro loco desafío McClean?
—Los locos desafíos McClean aún no dan inicio…— aclaraba la voz —. Pero si te puedo asegurar que este desafío no te gustará nada.
—Como si los demás desafíos me agradarán…— bufaba el chico desinteresado y se podía escuchar una risa malévola alrededor del cuarto.
—Oh, créeme…— decía luego —. Éste desafío es diferente.
Paula
—Dime Paula, ¿Cómo estás? — hablaba la voz a la chica que parecía molesta.
—Estoy por perder mi paciencia — admitía ella molesta —. ¡Quiero salir!
—Esa no era la respuesta que esperaba, querida Paula…— susurraba la voz merodeándola, y ella arqueaba la ceja. —. Mejor sigamos hablando del chico coreano… ¿cuál era su nombre? ¿Cho? ¿KyuJamón? ¿GameKyu? — preguntaba y la chica bufaba.
— ¡Es KyuHyun! — se molestaba la chica intentando moverse pero la silla de madera se lo impedía.
—Ah, es verdad…—bufaba la voz cansada —. Y dime, ¿qué se siente ser la razón por la cual él dejó el juego? — preguntaba luego malicioso, y Paula fruncía el ceño.
— ¡Él no dejó el juego por culpa mía! — se defendía molesta —. Todo fue por culpa de la tonta pelea que tuvo con Marcos.
—Ah, sí. Se peleaban por ti, ¿no? — le recordaba y ella bufaba, derrotada.
—No es así…— decía ella al cabo de uno segundos —. Yo no tuve nada que ver.
—Seguro — reía la voz —. ¿No te sientes un poco sola, Paula? Todos tus amigos se han ido de juego…sólo quedas tú.
—Sí… ¿y? — preguntaba intentado disimular su nerviosismo.
— ¿No te parece muy extraño eso? — preguntaba sin dejar verse, pero la chica sentía como si la merodeara —. ¿No crees que eres algo así como un amuleto de la mala suerte?
—No…—respondía la chica insegura, en busca de la voz, con algo de culpa. Entonces la voz resoplaba.
—Tendremos que tomar medidas más estrictas…—susurraba y entonces un enorme casco metálico caía en la cabeza de la chica, con muchos focos de distintos colores parpadeando.
— ¿Qué es esto? — preguntaba asustada ella viendo el casco, y la voz reía.
—Ya lo verás…
Sean
—Esto es tan patético…—bufaba por lo bajo Sean mientras se alzaba e intentaba deshacer el nudo de sus pies con sus manos, sin embargo le resulta muy cansado —. Tonto McClean.
— ¿Necesitas ayuda, rubio? — preguntaba la voz y el chico arqueaba una ceja.
—No recibiré ayuda de ti, patético intento de Darth Vader — admitía él molesto, todavía intentando deshacer el nudo.
— ¿La recibirías de Mireya, Sean? — Preguntaba y el chico caía estrepitosamente, pues su peso le ganaba, y de nuevo quedaba colgando de cabeza, ladeándose de un lado a otro —. ¿De ella sí?
—No sé de qué hablas, descerebrado — decía Sean fingiendo indiferencia, intentando de nuevo alzarse y alcanzar sus pies mas no lo lograba.
—Claro que lo sabes, ¿no, Sean? — decía lanzando una risa malévola —. Ella era como tu novia, ¿no? Bueno, después de Sarah.
—Mireya nunca fue mi novia — aclaraba molesto cruzado de brazos, de cabeza —. Tampoco Sarah — añadía luego pensativo.
—Bueno, parecía lo contrario…Estaban todo el tiempo juntos, muy cerca uno del otro, e incluso se besaron — reía la voz histéricamente y Sean quedaba expectante, aunque molesto por la burla —. Esas son cosas que los novios hacen, ¿no? — preguntaba y Sean quedaba callando, pensando.
—El beso fue un accidente, ella es mi hermana, descerebrado — contestaba de mal humor.
—Un accidente, claro… — bufaba la voz sin creer nada —. ¿Lo de Mireya también fue un accidente? — y el rubio resoplaba.
—Lo de Mireya fue una simple jugada necesaria para distraerla de la competencia, utilizarla como me diera la gana y luego eliminarla cuando ya no me fuera útil — explicaba el chico serio —. Y al final funcionó… la tonta cayó en mi juego, se enamoró, cuentos de chicas, blah, blah, y luego cuando ya no me servía más en el juego, la saqué.
Y la voz estallaba de risa.
—Nada mal para alguien como tú, un chico de… ¿dieciocho, veinte años? — preguntaba y el chico fruncía el ceño.
—Tengo dieciséis…— aclaraba él serio.
—Sí, claro, pederasta…— reía la voz y el chico se molestaba.
— ¿Esto es el desafío? ¿Sólo harás preguntas estúpidas al azar hasta que me canse de ti? — preguntaba él y la voz hacía un extraño ruido.
—Bueno, inicialmente pensaba hacer algo parecido. Pero viendo que te aburre, creo que podemos intentar con algo un poco más extremo…— decía serio y un par de segundos después, unas puertas metálicas se abrían en el piso que estaba debajo de Sean, y el chico tragaba saliva.
Carly
— ¿Qué rayos es esto? ¡Exijo ver a mi abogado! — Gritaba la chica sacudiéndose e intentando mover los brazos—. Me advirtieron de esto; no diré nada sobre los hechos hasta que mi abogado esté presente.
— ¿De qué hechos hablas? — preguntaba interesada la voz.
—Oh, de nada…—fingía la chica tranquilizándose.
—Debo ser franco, Carly. Al principio no sabía qué hacer contigo. No había nada en tu expediente…
— ¡Sí! ¡Sabía que venías de la policía! — interrumpía y señalaba a la nada la chica.
—…De Total Drama — terminaba la frase y la chica se arrepentía.
—Oh…— reía nerviosa la chica y se recomponía —. Bueno, puedes declararme la ganadora de Total Drama Countdown y darme el millón, eso puedes hacer — sugería alzando las cejas divertida.
—PERO, luego de ver los últimos episodios…eres una fiera, ¿o no? — preguntaba la voz riendo, y la chica sonreía.
—Acepto el cumplido — decía sonriente —. Aunque creo que soy algo más que eso.
—Ahora, veamos…— iniciaba la voz y tragaba saliva —. Desde el inicio de la temporada fingiste ser una chica egocéntrica, narcisista, ególatra, egoísta, que sólo veía por si misma…
—Estoy bastante segura de que todas esas palabras son sinónimos…—interrumpía la chica pensando.
—…, además de loca, psicópata, de sueños vívidos, a veces tonta, lo cual prácticamente no supone ninguna amenaza en Total Drama Countdown… o en cualquier Total Drama. —admitía la voz y se escuchaba un sonido como cuando se pasa una página de un libro —. Desde el inicio te aliaste con Sarah, la melliza malvada, y Rebeca, una chica de la cual nadie se parece acordar, para controlar a todos en su equipo y eliminar a las amenazas. Sin embargo, no muchos episodios después, eliminaron a Rebeca puesto que era inútil y bastante molesta. Muchos de los espectadores creían que la autora de dicha eliminación había sido Sarah, sin embargo, varias evidencias apuntan a que en realidad fuiste tú y simplemente usaste a Sarah como tú tapadera. ¿Es eso cierto? — preguntaba la voz robótica.
—Vaya, fue hace tanto, tengo algunos recuerdos de esa época — reía la chica mirando hacia arriba —. Bueno, no podría decir que fui yo quien convenció al resto del equipo a que votaran por Rebeca…además era muy tonta y nos hizo perder el desafío, iba a pasar de todas formas — aclaraba ella más seria —. Sarah se encargó de sembrar en la mente de varios la idea de votar a Rebeca, otros simplemente ya lo tenían planeado. Pero sí…podría decirse que yo me cercioré de que Sarah lo hiciera y Rebeca terminara saliendo de la competencia —. Finalizaba ella, satisfecha.
—Eso explica por qué das gran rating…— reía la voz —. También tengo entendido que inconscientemente comenzaste el rumor de que Terri y Cory se traían algo mientras él era novio de Liz — y la chica arqueaba la ceja.
—Yo no diría inconscientemente…— aclaraba ella, sin culpabilidad.
—Vaya…— se escuchaba a la voz sorprenderse.
—A Sarah siempre le gustaba complicarse a sí misma a la hora de hacer sus planes "malévolos" — decía la chica y con sus manos atadas lograba hacer comillas —. Yo lo veo por el lado más sencillo: somos adolescentes, estúpidos e ingenuos adolescentes. Bueno, ellos son eso, yo soy hermosa y perfecta— se señalaba a sí misma y la voz bufaba —. Es decir, siendo adolescentes nos molestamos por cualquier tontería…o al menos ellos lo hacen. Lo único que teníamos que hacer es meter a Terri en un problema de niños de secundaria y eso sería suficiente para que al menos un par de personas la odiaran. Si el plan daba resultados, y obviamente los daría debido a que lo planee yo, al menos Liz odiaría a Terri y, por alguna extraña razón, todos aman a Liz — bufaba esto último la chica pero luego proseguía —. Eso le costaría un par de alianzas en la isla. Y si teníamos suerte, incluso sería eliminada, cosa que sucedió después — y sonreía complacida.
—Contigo, esto me llevará un rato…— suspiraba la voz y Carly reía satisfecha.
Zack
— ¿De qué se trata todo esto? — preguntaba de nuevo el chico luciendo bastante desesperado.
—Oh, nada grave…— susurraba la voz siniestra, y Zack inspeccionaba el lugar en busca de quien hablaba —. Sólo contesta mis preguntas con sinceridad, y todo saldrá bien.
—Hablas muy lento y extraño… ¿eres algo así como Darth Vader? — preguntaba extrañado el muchacho.
— ¡DEJEN LAS BROMAS DE DARTH VADER! — gritaba molesta la voz y luego suspiraba —. Bien, comencemos… ¿Qué nos dices de Jasmine? ¿Es una amiga? — y el chico se sorprendía y tragaba saliva.
—No, es algo más especial — admitía él y sonreía ligeramente —. Es algo más que una amiga.
—Sí, sí claro…"amiga". Un momento, ¿qué dijiste? — preguntaba luego incrédulo.
—Respondí a tu pregunta, ¿no? — preguntaba el chico arqueando la ceja.
—Sí…— se sorprendía la voz —. Aunque eso fue sólo el principio. Estabas enamorado de Jasmine, ¿o no, Zack?
—Sí — respondía éste de manera muy natural, irritando a la voz.
— ¿Enserio chico? ¿No estás interesado en mentir? — preguntaba molesto y el chico se encogía de hombros.
—No tengo por qué.
—Será mejor que llevemos esto a otro nivel…— bufaba la voz y el piso debajo de Zack se abría.
Paula
— ¿ENTONCES NO FUISTE TÚ QUIEN LE DIO A MARCOS LA IDEA DE INICIAR LOS DISPAROS PARA ATENTAR CONTRA LA VIDA DE KYU Y ASÍ VENGARTE DE ÉL POR COQUETEAR CON TU MEJOR AMIGA, MIREYA? — preguntaba como militar la voz.
—Por enésima vez ¡NO! — gritaba la chica y el casco que traía en la cabeza daba verde.
—Es…imposible — suspiraba frustrada la voz —. Debe haber algo aquí que pueda usar contra ti…— y se escuchaba como buscaba entre varios papeles.
— ¿Me podrías decir qué es esto? — preguntaba la chica señalando el casco.
—Es un detector de mentiras, genio — bufaba la voz y Paula se sorprendía —. Yo que tú diría la verdad, a menos que quieras recibir unas cuantas descargas eléctricas.
—Eso he estado haciendo todo este tiempo — bufaba aburrida la chica y asomaba la cabeza hacia el detector —. ¿Acaso aquí dice "Propiedad de…"? ¿Propiedad de quién? — intentaba leer la chica y a la voz le daba una tos extraña.
—No es robado, si eso es lo que crees — se ofendía la voz y la chica dejaba de buscar, bufando —. ¿Acaso es que realmente no tienes problemas con nadie? — seguía buscando la voz.
—Bueno, siempre intento llevarme bien con todos — admitía la chica y el detector daba verde, frustrando a la voz.
—Cero alianzas, pobremente conversacional, le gustan más los chicos extranjeros que los de su propio país…— y a esto la chica bufaba —, nunca causa problemas, habilidades atléticas deficientes…
— ¡Oye! No soy una holgazana, ¿vale? — se molestaba la chica pero la voz proseguía.
—…todos tus amigos fueron expulsados, prácticamente no has participado en ninguna pelea, nunca enfrentas a nadie, mala en técnicas de coqueteo, atraes fácilmente a los chicos malos que además son hermanos de tu mejor amiga…— reía y la chica fruncía el ceño —. ¿Cómo es que siquiera generas rating? Es decir, luego de estar rodeada de competidores fuertes y villanos temibles… ¿cómo es que sigues aquí? — preguntaba sorprendido y la chica se asombraba.
—Bueno, quizá simplemente tengo suerte — sonreía la chica y el detector daba verde.
—Bien, tendremos que usar la fuerza bruta — reía malévola la voz y la chica arqueaba la ceja —. No tuviste problemas con casi nadie hasta casi al final de la competencia. ¿Podrías explicarme qué sucedió con Mireya poco antes de que fuera eliminada? ¿Por qué pelearon? — y la chica lucía nerviosa.
—Bien, pues…no sabría decirte…—suspiraba y sonreía nerviosamente, entonces el marcador daba en rojo y descargaba electricidad en la muchacha.
—Así está mejor — reía la voz.
Sean
— ¿Qué…qué es eso? — preguntaba atemorizado el rubio temiendo conocer la respuesta.
—Creo que ya lo sabes, Sean — le decía la voz cuando el rubio miraba aterrado el líquido oscuro que había debajo de él —. Ahora, si no respondes mis preguntas correctamente, o sea, COMO YO QUIERO…comenzaré a cortar esa cuerda. Y creo que no quieres estar ahí cuando por fin se rompa — le advertía malévolo y el chico tragaba saliva, intentando ocultar su miedo aunque le era sumamente difícil.
—De acuerdo…— decía luego, manteniendo la calma.
—Bien — decía animada la voz y seguía —. Sean, ¿estás enamorado de tu hermana?
— ¿Qué? ¡NO! — respondía de inmediato, aterrado, y oía a la voz suspirar.
—Está bien, esa era una fácil. — Admitía —. ¿Es cierto que manipulaste a tu equipo a lo largo de toda la temporada, y que incluso lograste eliminar a varios, sino es que a la mayoría de los participantes, en un intento por permanecer en el juego?
—Sí, lo hice — afirmaba serio, procurando no mirar al líquido carmesí que se encontraba a un metro de su cabeza.
—Gracias por tu honestidad — reía la voz —. ¿Te encuentras arrepentido de haber hecho estas cosas?
—No — decía el chico sería, de cabeza.
—Déjame reformular la pregunta. ¿Estás seguro de que no sientes NINGÚN sentimiento de culpa por haber eliminado a TODOS esos chicos? Me refiero a todos, TODOS, Sean. — decía y dejaba al chico pensativo, quien tragaba saliva.
—No…— decía el ocultando su nerviosismo.
—No era lo que quería escuchar — anunciaba la voz y entonces algo soltaba la cuerda y estaba varios centímetros más abajo, o sea más cerca del cubo lleno de sangre. —. Ahora dame mejores resultados, chico — decía mientras Sean intentaba aferrarse a la cuerda.
Carly
—Entonces, ¿quieres decir que estabas consiente cuando sucedió lo del beso con Thiago? — preguntaba la voz muy interesado en la plática con Carly, con quien llevaba rato hablando de su estadía en el juego.
—Claro que sí. No soy una tonta, querido: sé cómo jugar — respondía ella, y ya le habían quitado las ataduras de las muñecas, por lo cual podía hacer ademanes —. Tomar alcohol es bello y todo, pero no podía perder la concentración. ¡Perdería todo! — y se escuchaba a la voz asentir —. Entonces simplemente tomé un poco para, ya sabes, oler a alcohol…y luego hice lo que se me dio la gana…y todo salió bastante bien, creo yo — terminaba la chica satisfecha cruzándose de brazos.
—Vaya, sí que eres buena…— admitía impresionada la voz —. ¿O muy mala? Nunca entenderé esto…— bufaba.
—No te preocupes, querido. Lleva tiempo — hablaba Carly muy amena con la voz que parecía estar contenta con la chica.
—Bueno… ¿qué sigue? — preguntaba buscando —. Ah, sí. ¿Qué me dices de tu relación con Mark?
Y entonces la chica sonreía.
—Mark es…tan adorable — suspiraba ella viendo al techo —. Es que…su forma de hablar, y de caminar…y de ser. No le importa ser diferente ni mostrarse cómo es o lo que hay dentro de él, sea lindo o huela mal. Y su figura… es como un dios griego. — decía ella con ojos enamoradizos.
—Aww…— suspiraba también la voz—. ¿Y qué harás una vez que lo veas fuera de la competencia? — preguntaba interesado.
—Bueno, podemos ir a comer chatarras y a ver películas de mala calidad…luego le compraré un helado si él lo quiere y besaré sus mejillas regordetas — suspiraba y luego se recomponía, con una sonrisa siniestra —. Hablando de eso, ¿crees poder dejarme salir? Quizá luego podamos tomarnos un café o algo…— preguntaba sumamente interesada mirando a la oscuridad.
—Bueno, ahora que lo mencionas…— comenzaba la voz, pero se detenía en seco—. Un momento…ya veo qué intentas hacer. ¡VEO LO QUE HAS ESTADO HACIENDO TODO ESTE TIEMPO! — gritaba furioso, sonando como Darth Vader.
—No…no sé de qué hablas — disimulaba Carly luciendo ofendida —. Sólo quiero charlar.
— ¡De ninguna manera! — gritaba molesto —. Sabía que no debía confiar en ti. Tendré que usar la artillería pesada — y entonces se escuchaba como la voz comenzaba a soplar en algo, y la chica se arrepentía de lo que había hecho.
Zack
—No. No. No, no, no, no, no, no…no. ¡NO! — gritaba el chico intentando hacerse para atrás, alejándose del piso que se había convertido en una piscina llena de agua.
—Oh, sí, Zack…— reía malévola la voz —. Debido a que no quieres cooperar, tendré que tomar medidas drásticas…
— ¿No quiero cooperar? ¡He contestado a todas tus preguntas! — decía asustado el muchacho.
—Así que...fobia al agua, ¿eh? — preguntaba la voz maliciosa, provocando la peor cara del muchacho.
—Sí…— respondía él mirando temeroso a la piscina.
—Hora de contestar mis preguntas… ¿Es cierto que coqueteabas con Jasmine y Rocío al mismo tiempo? — preguntaba y el chico se sorprendía.
— ¡No! — respondía él muy concentrado en el agua.
—Bien…—bufaba la voz —. Y, ¿es cierto que al principio de la temporada dejaste embarazada a Rocío y cuando ella te lo dijo tu manipulaste a tu equipo para que ella fuera expulsada, de esa forma tú no tendrías que lidiar con el niño y podías irte con una nueva mujer sin que nadie supiera nada? —preguntaba la voz muy rápido y atropellando las palabras, y la expresión del chico cambiaba completamente.
— ¡CLARO QUE NO! — respondía perplejo —. Ro se fue porque se quedó dormida en el desafío.
—Uno de los síntomas del embarazo, ¿no? — insinuaba burlona la voz y el chico miraba molesto —. Ok, está bien… ¿qué me dices de Fred, eh Zack? ¿Algún arrepentimiento por ocasionar su eliminación en la competencia?
—Bueno, además de que gracias a eso su novia psicópata entró a la mitad de la competencia y desde entonces intentó arruinarme la vida poniéndome de malas a mí, a la chica que me gusta, y luego eliminando a mi amiga, y a la chica que me gusta, para después verla caer y ser eliminada también…no, creo que no me arrepiento — resoplaba el chico visiblemente molesto.
—Buena respuesta, Zack — admitía la voz —. Pero…ah, qué más da — y entonces un "clic" sonaba y todas las cuerdas que sostenían a Zack a excepción de la de su pie derecho se rompían, provocando que el chico cayera al agua, quien de inmediato pataleaba aterrorizado.
— ¡Qué! ¡No! ¡Sácame de aquí! — gritaba el chico aterrado intentando impulsándose con sus manos y pies, pero el estar atado lo hacía prácticamente imposible.
—Esto será divertido…— reía malévola.
Paula
— ¿Y qué fue eso último? ¿Tu relación con Marcos, de la cual no tengo palabras para describirla? — reía la voz.
—Nada…nada especial — respondía Paula, quien tenía el cabello electrificado y un tic nervioso, además de que se aferraba a la silla aterrada.
El detector daba amarillo.
—Humm, interesante…— admitía impresionada la voz —. ¿Te llevabas bien con Marcos, Paula? — preguntaba y la chica tragaba saliva.
—Bueno…no sé si podría llamar a una relación de traición el llevarnos bien — admitía nerviosa —. En el desafío pasado votó por mí.
—Ya veo… — y el detector volvía dar amarillo —. Entonces, ¿a quién prefieres? — preguntaba luego —. ¿A Kyu o a Marcos?
—A Kyu, evidentemente — respondía rápidamente la chica sin titubear y el detector daba verde, provocando un suspiro de la voz.
—Bien, entonces, ¿estás enamorada de Kyu? — preguntaba insistente la voz, y la chica tardaba un poco en responder.
—Si — admitía ella luego, y la voz suspiraba de frustración.
—Y, ¿estás enamorada de Marcos? — y la chica se veía enojada, y tragaba saliva.
—No — y el detector también daba verde.
—Una chica honesta. Lindo…— bufaba y la chica miraba conforme.
Sean
— ¡AGH! — gritaba aterrado Sean cuando la cuerda se rompía un poco más acercándolo al charco de sangre, que ahora estaba a unos 20 cm. de su cabeza.
—Sean, cuando te pregunte si has cometido otros actos incestuosos con tu hermana, se supone que debes de decir que sí — reía la voz —. O si no, ya sabes qué pasa.
— ¡Creí que el punto de esto era decir la verdad! — gritaba estresado intentando alejarse del charco mas le era imposible.
—Te haré otra pregunta, y espero que esta vez contestes con sinceridad — le advertía, ignorando al chico —. ¿Recuerdas a Mireya, Sean?
—Evidentemente — respondía él calmo aunque molesto.
—Claro que sí, que pregunta más tonta…— reía la voz y el chico fruncía el ceño —. ¿Estás enamorado de Mireya?
Entonces toda la habitación quedaba en silencio, mientras el chico se mordía el labio interior, pensando su respuesta.
—Bueno…no — respondía él nervioso, como nunca se le había visto antes.
—Mala decisión — admitía la voz y la cuerda se cortaba un poco más, dejando al chico a unos 10 centímetros del charco.
— ¡NO!
Carly
— ¡NO! ¡NO! ¡DETENTE BESTIA INMUNDA! — gritaba la chica con el cabello enmarañado, la ropa arrugada de tanto sacudirse intentando escapar de la silla, y sus ojos inyectados en cólera.
— ¿Al fin vas a cooperar, niña? — preguntaba la voz.
— ¡JAMÁS! — gritaba ella histérica y luego se calmaba, pero se notaba su demencia en su tic nervioso y la forma en que su cuerpo temblaba —. Bueno, podría considerarlo…
—Demasiado tarde — reía la voz y el cuarto quedaba en silencio. Luego, se escuchaba un ruido estruendoso: eran globos explotando.
— ¡NOOOOOOOO! ¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡NO! — gritaba la chica demente sacudiéndose y azotando su silla —. ¡PARALO YA!
Zack
— ¡QUIERO SALIR! ¡Sácame de aquí! — gritaba el chico dando chapuzones intentando salir y salpicando a todos lados.
—Buen intento…pero debes contestar unas preguntas para poder salir, campista — gritaba riendo la voz —. Estos chicos…
— ¡Ya respondí a todo! ¡Sólo sácame de aquí! — gritoneaba dando chapuzones y poniendo de malas a la voz.
— ¡Oye, eso es importado muchacho! No importa que sea viejo y feo como ustedes, deberán cuidarlo ya que no recibirán algo mejor — lo reprendía — ¡Maquillaje! Creo que necesitaré retocarme las arrugas que este chico me hizo — hablaba la voz, obviamente no dirigiéndose al muchacho.
—Con esa frase sonaste exactamente igual a Chris McClean…—suspiraba Zack y entonces todo se sumergía en un gran silencio.
De repente, la cuerda que sostenía a Zack del pie se soltaba, y el chico rápidamente y sin pensarlo nadaba (o eso intentaba) y llegaba a la orilla de la piscina, descansando completamente empapado.
— ¿Darth Vader? — preguntaba a la nada, al notar la ausencia de la voz.
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—Realmente no me estás dando rating, Paula — se quejaba la voz, y la chica tragaba saliva molesta —. Creo que ahora comenzaremos con…
En ese instante todo se sumergía en silencio, como si la voz se hubiera apagado.
— ¿Austin? — preguntaba la chica extrañada, arqueando la ceja —. ¿Alguien va a sacarme de aquí?
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— ¿Qué? — preguntaba extrañado Sean cuando el cuarto se sumergía en silencio, y al asomar la cabeza veía que las puertas del piso se cerraban, y el charco de sangre desaparecía. Entonces la cuerda terminaba de romperse y el chico se estampaba en el suelo —. Genial.
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— ¿Hay alguien ahí? — preguntaba Zack a la nada luego de levantarse, todo mojado. El cuarto parecía no tener ventanas ni puertas, por lo cual él había dejado de buscar una salida —. ¿Hola?
Entonces algo parecido a una escotilla se abría en el techo, dejando una luz blanca pasar que dejaba ciego al muchacho, y el chico tenía que taparse los ojos. Una figura se asomaba por arriba.
— ¿Quién eres? — preguntaba ante la figura, que por la luz no lograba reconocer quien era.
— ¿Chico? — preguntaba un hombre de voz fuerte y gruesa —. ¡Soy el chef Morrison!
— ¿Chef? — preguntaba incrédulo el chico logrando ver mejor y el chef asentía.
—Vengo a sacarte de aquí — y con sus brazos fuertes característicos le extendía una mano al chico y ambos lograban salir.
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— ¿Hola? ¿Hay alguien por aquí? — preguntaba Paula asustada, pues habían pasado varios minutos y ella seguía atada a la silla, por lo cual no podía moverse.
Entonces una escotilla se abría arriba, en el techo, y la chica intentaba mirar pero la luz la cegaba, y una figura caía de ella.
— ¿Zack? — preguntaba la chica sorprendida mirando al chico recomponerse —. ¿Qué haces tú aquí?
—Voy a sacarte de aquí — le decía su compañero desatándola de las manos y pies, y ayudándola a ponerse en pie —. Vamos, hay que irnos.
Y el chico la ayudaba a saltar hacia la escotilla y salir subiéndola a sus hombros, y luego él salía también.
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— ¡Sáquenme de aquí, insulsos! — gritaba Sean golpeando las paredes del cuarto cuando la escotilla se abría —. ¡Ya era hora! — decía y el chef se molestaba cuando se asomaba.
—Apúrate, niño — gritaba de mala gana extendiéndole su mano.
En el Campamento…
—Hola, perdedores — reía Sean caminando hacia Paula y Zack, quienes lo miraban mal —. ¿Me extrañaron? — preguntaba luego.
—No es como si tuviéramos mucho tiempo para pensar en ti — rodaba los ojos Paula —. Teníamos nuestros propios problemas.
—Ese fue el último, creo — decía el Chef llegando y Sean arqueaba una ceja.
— ¿El ultimo…qué? — preguntaba interesado mirando a los tres.
—En ser rescatado — respondía el Chef.
— ¿Quieres decir que primero rescataste a estos dos idiotas y al final, al último…a mí? — preguntaba y ambos lucían ofendidos.
—Creo que incluso el Chef estaba considerando en sí rescatarte o no…— admitía ella de brazos cruzados y el chico bufaba.
—Un momento… ¿rescatarnos de qué? — preguntaba el chico y todos miraban a Chef.
—Algo loco y extraño pasó ayer en la noche…— comenzaba el hombre —. Yo estaba tomando mis clases de zumba matutinas y se me hizo muy extraño que McClean y sus secuaces no me hubieran llamado todavía para darles su desayuno. Creí que sería otro desafío donde no tendrían permitido comer o algo así…
—Me suena familiar…— bufaba Paula.
—Pero tardaban mucho entonces cuando decidí salir y ver qué estaba pasando… ¡el campamento estaba vacío! — Gritaba sorprendido — Ninguno de ustedes estaba en sus cabañas, y no veía a los conductores por ningún lado. Entonces creí que quizá estaban escondidos en la guarida McClean mientras los torturaban con un desafío loco, entonces llegué a la entrada y pasé por todos los obstáculos y el laberinto. Me tardé como quince minutos en llegar — y todos se sorprendían.
— ¿Usted salió del laberinto…así? ¿Sano y salvo? — preguntaba incrédulo Zack.
—Sí, chico. Pon atención — lo reprendía el Chef —. Sin embargo, cuando llegué ninguno de los tres estaba…¡y tampoco Charles! — se lamentaba —. Fue entonces cuando vi el desastre que había el lugar y alguien había dejado una nota. Mi conclusión fue: ¡los anfitriones fueron secuestrados! — se horrorizaba.
—Bueno, a decir verdad estuve esperando a que algo parecido pasara desde hace tiempo…— admitía Sean —. ¡Pero no justo antes del desafío final!
— ¿Quién cree que haya sido? — preguntaba Paula extrañada ignorando el comentario de Sean.
—No lo sé. Quien sea que haya sido es listo; no dejó huellas, ni pistas, ni nada parecido — se horrorizaba —. Y luego me acordé de ustedes, y fui a hacerme un sándwich mientras me preguntaba dónde estaban.
—Que detalle…— bufaba Zack.
—-Tardé mucho, pero los encontré en la cueva del volcán…en cuartos perfectamente creados — explicaba —. Alguien los había puesto ahí por separado, para evitar que notaran la ausencia de Austin, Santana y Alexa.
—Bueno, no es como si no los sintiera presentes a ellos y a sus torturas todo este tiempo…— bufaba Paula sobándose las muñecas que le dolían de las ataduras.
—¿Eso significa que todo esto nunca fue un desafío? — preguntaba Sean molesto.
—Bueno, al parecer esta persona intentó hacer su propio desafío…— pensaba el Chef.
—Bueno, definitivamente ha sido mi menos favorito — aclaraba Zack, aún mojado.
— ¿Qué haremos ahora? — preguntaba Paula preocupada.
—Bueno…tenemos que encontrar a los tres conductores — afirmaba el Chef serio — pero ya que hicieron un desafío, mientras resolvemos lo del secuestro, podemos no desperdiciar que trabajaron el día de hoy.
—Vaya que sí…— bufaba Sean.
—Entonces hay que declarar a un ganador, y a un perdedor — anunciaba el Chef y todos se estremecían debido al desafío —. Límpiense un poco, y nos vemos esta noche en la fogata, campistas.
—Un momento, ¿dónde está Carly? — preguntaba Sean cuando todos se iban.
Fogata
—Abogados buenos para nada…— decía el Chef llegando y aventando un teléfono celular al mar.
—Estoy bastante segura que eso era de Austin…— susurraba Paula.
—Aún mejor — le decía Zack.
— ¿Dónde está Carly? — preguntaba de nuevo Sean.
—Has preguntado lo mismo como un millón de veces — lo miraba Paula molesta y luego volteaba a ver al Chef —. Pero sí, ¿dónde está? —y Sean rodaba los ojos.
—He estado intentando resolver ese asunto por horas — bufaba el Chef —. ¡Tráiganla! — gritaba y dos pasantes llegaban cargando a la pelirroja.
—Oh, no…— se sorprendían todos al verla, y es que la chica tenía su cabello hecho un nido, como si algo hubiera explotado en él; ella por su parte tenía unas grandes ojeras, y un tic nervioso en su ojo izquierdo, además de que su piel era mucho más pálida que de costumbre, y temblaba constantemente.
— ¿Qué le sucedió? — susurraba Paula cuando la chica tomaba asiento.
—Carly, ¿te encuentras bien? — preguntaba Sean a la chica, que no respondía.
—Muy bien, terminemos de una vez con esto…— bufaba el Chef parándose frente a los campistas —. Esta noche en la ceremonia de fogata….todos, eh, tienen posibilidad de salir de la isla y…no volver jamás.
—Y creer que él ve el show todos los días…— susurraba Zack.
— ¡Te invito a hacerlo mejor! — le gritaba molesto el Chef —. Entonces…contemos los votos.
— ¿Puedo cambiar mi voto? — preguntaba Paula viendo a Carly en su estado.
—Bueno, uno para Carly, otro para Sean…— contaba el Chef sacando los papelitos —. ¿Quieren transmitir la votación en vivo?
—No…—susurraba Sean preocupado.
—Bueno…inicialmente parecía ser algo como un empate pero sorprendentemente, no puedo creerlo ya que incluso yo creí que se iría desde hace mucho, pero Carly se salva…entonces ustedes, Aquaman, princesa de Disney y chica loca…— señalaba lanzándoles malvaviscos a Zack, Paula y Carly y ellos lo miraban molestos — están a salvo. Vampiro rubio, hora de partir.
— ¿Qué? — Preguntaba Sean al cabo de un rato, intentando salir del trance —. N…no…no. Yo…yo tengo que... que ganar. Lo prometí. No lo entiendo. ¡Ella debía de irse! — se sorprendía levantándose furioso de su asiento y señalaba a Carly, que seguía en trance —. ¡Ella es la desequilibrada mental! ¡Ella debe irse! ¡Yo hice mucho por permanecer en el juego, no me pueden sacar! —titubeaba y unos pasantes llegaban y lo tomaban de los brazos —. Carly… ¡Carly! Tú no estás en condiciones de seguir en el juego, ¡díselo! — gritaba histéricamente pero los pasantes lo llevaban al bote, buscando la mirada de la chica
—Adiós, Sean. — Era lo único que la chica podía articular viendo a la nada, e incluso Paula y Zack se sorprendían de lo que estaba pasando.
—No…no… ¿quién traiciona ahora?— decía él cuando lo dejaban en el bote —. ¡Ustedes…ustedes tres lo pagarán! — y entonces los chicos sonreían sin poder creerlo, y Sean se levantaba —. Bien…puedo irme con dignidad — decía mientras se sacudía el polvo de su ropa y bajaba sus lentes de sol de su cabeza a sus ojos —. Nos vemos afuera. — Y miraba con odio a Carly antes de partir.
—Después de tanto tiempo, Sean se fue — se sorprendía Paula, y los otros dos campistas restantes miraban sorprendidos.
—Vaya, vaya — se sorprendía el Chef y se acercaba a los campistas —. Televidentes, espectadores…aquí tienen a sus tres finalistas: Zack, el chico rompecorazones que tuvo más amigos, enemigos y novias que cualquiera en la isla; Paula, la chica amable e inocente que nunca peleó con nadie, no es buena en nada y de alguna forma nunca quedó entre los últimos dos en la ceremonia de eliminación; y Carly, la chica loca, demente y desquiciada que actuó como una tonta buena para nada toda la temporada engañando a sus compañeros para ocultar que en realidad resultó ser la más lista de todas, y que por alguna estúpida razón nadie la consideró jamás una amenaza —. Explicaba y los tres finalistas miraban impresionados y molestos.
Confesionario
— ¿Finalista? ¿Nunca nadie votó por mí en una fogata? — preguntaba Paula muy emocionada —. ¿Cómo es que siquiera…? ¿Acaso puedo…puedo ganar? — preguntaba emocionada y muy sonriente.
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—Eliminar a la mitad de la competencia, incluso a Sarah, mi alianza, y a el tonto de su hermano, mi crush — decía Carly seria y aún trastornada a la cámara —. Basta de rodeos, mentiras y distracciones. Soy más que una de los finalistas del reality: yo ganaré el millón de dólares — decía siniestra.
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— ¿Finalista? — preguntaba sorprendido Zack a la cámara y luego sonreía —. Ganaré por ti, Jasmine.
Fin del Confesionario
—He aquí los tres finalistas de la temporada. ¿Quieren saber qué pasara ahora que los conductores han desaparecido? ¡Pues yo también! — gritaba molesto el Chef —. Así que no anden de quejumbrosos, y cuando llegue la hora, sintonicen Total Drama Countdown para ver la gran semi-final — decía y luego se volteaba —. Estos niños…
Siiiii, ¡he aquí a los tres finalistas! Algunos lo esperaban, ¿verdad?
Sufrí tanto en este episodio, enserio, a veces no sabía qué escribir y definitivamente lo peor fue el final ya que tenía ciertas dudas de quién debía irse – que luego les contaré –. Pero bueno, aquí tienen a sus tres finalistas de Total Drama Countdown: Paula, Zack y Carly, quienes competirán en semi final y final por el millón de dólares jaja, ¿Quién ganará?
Con solo 3 episodios restantes no puedo creer que haya llegado tan lejos y que por fin esta historia tenga un fin…estoy muy emocionada y espero que ustedes también. ¿Les gustó? Como siempre, muchas gracias por sus reviews a los que aún los dejan, enserio me animan mucho jaja, y a los que leen también. Como ya saben, yo amo esta historia y a los personajes también.
Este episodio lo escribí hace como casi un mes, pero me faltaba corregirlo y esta semana estuvo muy pesada para mí…lamento haber tardado tanto.
Bueno, me retiro. Nos vemos pronto en el Aftermath que probablemente sea el último, y aquí termina todo.
Besos y cuídense todos.
-Santy B'
