Capítulo XXVIII: Empieza la guerra
El sonido feroz del cuero rasgando el aire resonó en la habitación en penumbras seguido de un grito de dolor.
Eso solo aumentaba las ganas de seguir, de castigar. Volvió a arremeter un latigazo más fuerte sobre la piel cortada y ensangrentada de la espalda de esa muchacha.
Gruñendo, dejó el látigo a un lado, cogiendo un cubo de agua helada se lo echó encima. La escuchó gemir y quejarse.
Amarrada por las manos a una cuerda que estaba en el techo, Izumi apenas llegaba al suelo sino se ponía de puntillas. Las lágrimas cubrían su rostro y su labio inferior estaba partido y lleno de sangre por la fuerza en que se lo mordía para evitar gritar de dolor, pero sus esfuerzos eran inútiles. Los latigazos dolían demasiado.
Lizuka se limpió el sudor de su frente antes de acercarse a ella y cogerla del pelo, echándole la cabeza hacia atrás para pegar la mejilla a la de ella, hablándole en un susurro que conseguía ponerle los vellos de punta.
—Dime donde están...
Esa pregunta se había repetido una y otra vez desde que hacia unas horas la había sacado de la habitación que Saito le asignó, encerrándola. La estaba torturando para sacarle esa información. Pero ni, aunque supiese donde estaban se lo diría.
Lo miró a los ojos, llenos de furia y un valor que hasta ella misma se extrañaba que poseyera en esos momentos y le escupió en la cara.
Eso no hizo más que enfadarle, golpeó con fuerza su mejilla rompiéndole un pómulo y se volvió para coger de nuevo el látigo. Cerró los ojos con fuerza esperando...
Antes de que pudiera darse cuenta, Lizuka estaba contra la pared, con un enfurecido Saito apretando su espada contra su garganta.
—¿Qué haces? —gruñó.
Lizuka apretó los puños y los dientes, mirándolo a los ojos, sin mostrar lo intimidado que en realidad estaba.
—Lo que ves.
Saito apretó aún más la afilada espada contra él.
—¡Nunca, jamás, vuelvas a maltratar a una mujer, y menos en mi propia casa!
Dicho esto, movió la espada haciéndole un superficial corte en su cuello, y aprovechó el movimiento para golpear con su mano y tirarlo al suelo. Se giró hacia donde estaba Izumi, temblando, sin atreverse a abrir los ojos. Cortó las cuerdas, agarrándola antes de que su débil cuerpo cayera al suelo.
La cogió entre sus brazos, echando un último vistazo a Lizuka con una mirada que prometía mil y una clases de torturas, penetrante e intimidadora, estrechamente parecida a la que solía ver en los ojos dorados de Battousai.
La llevó a la misma habitación que antes la tenía encerrada, colocándola boca abajo en el futón. Ordenó a una de sus criadas que llamasen inmediatamente a un doctor.
Ella se esforzaba por no llorar, apoyada contra el futón y la mejilla pegada a él, estaba dolorida, su espalda ardía y cada vez que respiraba eso se convertía en un suplicio. La imagen amigable y risueña de su Shinsaku apareció ante ella, y fue allí cuando rompió en llanto.
La risita sonó en la habitación cuando Kaoru cogió una fresa, acercándola a los labios de Battousai que estaba tumbado en el suelo. Cuando él abrió la boca para morderla la apartó, siguiendo el camino de sus labios carnosos hasta su mentón, y de ahí a su garganta, mirando cómo se movía su nuez de Adán al tragar, siguió por su clavícula hacia la hendidura de su pecho.
Battousai incapaz de seguir ese juego se volteó, poniéndola contra él suelo y él arrebató la fresa de sus manos y con una sonrisa juguetona hizo el mismo recorrido que ella le había hecho a él. Cuando llegó al canalillo, siguió el camino hacia uno de sus senos, rodeando con la fresa su endurecido pezón. Bajó la cabeza, sacando la lengua y pasándola por él, a la vez que seguía moviendo la fresa, notando el dulce sabor de su piel mezclado con la fruta.
Cogió aire levantando la cabeza para verlo mejor, su flequillo le tapaba los ojos, pero su lengua enloquecedora estaba a su vista, al igual que la dichosa fresa. Cuando él le dio un mordisco a su pezón tuvo que contener el aire dejándolo escapar en un gemido al notar como empezaba a succionarlo. Notaba como su miembro endurecido y caliente presionaba contra su muslo, y como él se hizo paso hábilmente colocándose entre sus piernas. Ahora la punta de su polla presionaba contra su sexo, y no pudo evitar mover las caderas y frotarse descaradamente contra él.
Battousai siseó, cerrando los ojos y la cogió de las caderas deteniendo sus movimientos. Quería jugar, pero si seguía provocándolo de esa forma no dudaría en tomarla. Se incorporó acercando la fresa a los labios de ella, dejando que la mordiese y degustase, y entonces se apoderó de su boca, introduciendo su lengua y jugando con la de ella. Posesivo, arrollador y caliente, así era su beso. Cuando se tuvo que separar por falta de aire, siguió bajando, depositando suaves besos por todo su cuerpo, hasta llegar a su centro. Alargó la mano para coger otra fresa, apretándola en su mano hizo que saliera el jugo, dejándolo caer sobre su sexo, y la tomó por la boca.
Lamió su centro con ansias, dejando la lengua muy recta para acariciar en círculos su clítoris. Kaoru movía las caderas contra él, apretando delicadamente su cabeza contra su sexo para sentirlo más, y eso lo excitaba. Introdujo un dedo en su humedad, moviéndolo con rapidez al igual que movía la lengua sin descanso sobre ella.
Su lengua la estaba volviendo loca y su vientre se contraía rítmicamente por el placer que le estaba causando. Echó la cabeza hacia atrás flexionando las rodillas y gimiendo el nombre de él una y otra vez como loca cuando el placer estalló en ella. Fue entonces cuando él se incorporó, cogiendo su endurecido miembro lo llevó hasta la entrada y presionó con una fuerte embestida clavándosela hasta el fondo.
Cogiéndole las caderas con sus grandes manos empezó a penetrarla profundamente y con fuerza, moviéndose él y haciendo que ella se moviera también. Gritó de puro éxtasis cuando agarró con fuerza su pecho, apretándolo, y le dio un leve tortazo en él que mezclo el dolor con el placer. Lo miró con picardía, incorporándose en él, haciendo que se sentara en él suelo y ella encima de él. Mordió sus labios con fuerza, escuchándolo gruñir.
—Nena…
Abarcó sus nalgas con sus manos, penetrándola desde ahí, sin descanso.
—Oh Kenshin… Dame más…
Y así lo hizo, soltó su trasero, llevando una mano a su pelo le echó la cabeza hacia atrás para que le dejara espacio y poder lamerle un pezón, y la otra la bajó a su unión, moviendo los dedos sobre su clítoris. No pudo aguantar más y se corrió de nuevo, fue tan intenso que lo apretó con fuerza contra ella, lloriqueando.
Cuando apretó su polla de esa forma gruñó, mordiéndole el pezón con saña y se derramó dentro de ella, dejándose caer al suelo, con ella encima.
Poco a poco fueron recuperando la respiración, mientras ella pasaba distraídamente la mano por su pezón.
—¿Crees que las cosas estarán bien allí? – preguntó al cabo de un rato.
Battousai cerró los ojos. Prefería no pensar en eso, porque, aunque quisiera tranquilidad, su alma no lo conseguía sabiendo que sus amigos podrían estar mal.
—No pensemos en ello Kaoru, ahora estamos aquí, los dos.
Después de dos días de duro viaje, habían llegado a un pueblecito, donde nadie los conocía, había pocos habitantes y la tranquilidad que ellos buscaban. Parecía increíble que, en tiempos de guerra, hubiera un sitio así, que aunque peligraba igualmente, los mantenía lejos de las constantes masacres.
—Tienes razón – murmuró arrimándose aún más contra él, como si fuera una gatita mimosa –. ¿Quieres que te haga de cenar?
Battousai se mordió el interior de su mejilla para no reír, pero no pudo evitar que su pecho se moviera por la risa.
—No, por Kami, ya me ocuparé yo.
Kaoru lo miró haciéndose la ofendida, y le dio un pellizco en su costado.
—Algún día haré un plato comestible.
—Eso no lo dudo cariño, pero de mientras no me quiero morir de hambre.
Apretó la carta que tenía entre sus manos, notando como en su interior su corazón gritaba venganza.
Izumi había estado desaparecida, y hoy recibía una carta diciendo que la tenían y que intercambiarían información por ella. No era tonto, Lizuka también estaba desaparecido.
Con las pocas fuerzas que tenía, no era un blanco fuerte, sino débil, pero no se rendiría. Pobre de aquel que se atrevía a meterse con lo que le importaba, y quienes la tenían lo había hecho. Se vistió con rapidez, armándose. El viaje sería duro y difícil, teniendo la salud como la tenía, pero eso no le impediría nada.
—Escúchame Shinsaku – dijo Kogoro, el líder, que estaba al corriente de todo y tan furioso como él —. Tenemos que pensar las cosas con frialdad. En la guerra y en la lucha, nunca debes dar un golpe lleno de ira.
Cuando Kogoro lo agarró por los hombros intentando tranquilizarlo lo apartó de un empujón. Uno de los nuevos reclutas, un niño de apenas catorce años llamado Jan, estaba con ellos, y abrió los ojos sorprendido ante esa falta de respeto al líder.
—¡Tienen a Izumi!
Fue todo lo que dijo, y Katsura no necesitaba más explicación.
—Lo sé hijo, por eso mismo debemos pensar muy bien las cosas. ¿Vas a presentarte allí solo? ¿Buscar tú solo a Lizuka? Si tus sospechas son ciertas y se ha unido a Saito tenemos a todo el Shinsengumi detrás, y francamente, dudo que tú seas capaz de vencerlos.
Shinsaku apretó los dientes notando como sus ojos picaban por las lágrimas no derramadas.
—Nosotros nos prepararemos, los venceremos. Pero juntos. Tu deber ahora es buscar a Battousai, lo necesitamos. Mientras no demos donde tienen a Izumi y donde está Lizuka, no podemos hacer nada. No podemos estar perdiendo el tiempo mientras tanto, necesitamos reunir todos los hombres posibles, y tú, amigo, debes buscar a el mejor. Busca a Battousai y tráelo.
Dando un fuerte golpe a la pared salió de la habitación, decidido. Kogoro tenía razón, cuanto antes diese con Battousai, antes empezaría la lucha. Mientras tanto Kogoro se encargaría de tener sus hombres a punto.
—Ve con él –ordenó a Jan, y le dio un frasco —. Su medicación, dásela cuando la necesite. Como está, no puede ir solo.
Continuará…
Aqui está la continuación. La verdad es que la inspiración me ha venido hoy de pronto aunque es tarde, y no escribo más porque me caigo de sueño!
Muchas gracias a todas por vuestros reviews!
