Disclaimer: Obviamente, todos los personajes –excepto unos pocos- pertenecen a Stephenie Meyer. Yo sólo echo a volar la imaginación, disfrutando con el universo que ella ha creado.

A/N: Espero que los Reyes Magos hayan sido generosos, yo os mando muchos besotes por seguir ahí. También agradezco a toda la gente que se apunta a las alertas o inscribe esta historia en su lista de favoritos, aunque no escriban ningún comentario -que sois muchos-. Gracias. Espero no decepcionaros.

Os dejo con el capi.


Capítulo Veintinueve: "Poner Mar de por Medio"

Pv Edward

- Lo siento, Edward, de verdad… No sé, creo… creo que sospechaba que la distraíamos y simplemente se quitó de en medio- decía Jasper.

- Haz las maletas, Alice.- espeté, cogiendo de la mano a Bella.- Ven conmigo…

Clavé mis ojos en los suyos, rogándole que no me preguntara por qué, que simplemente me dejara sacarla de allí, y vi su determinación. Bajé con ella a la playa y me senté a la orilla, aún sin abrir la boca. Bella sencillamente se sentó a mi lado y apoyó su cabeza sobre mi hombro.

Respiré hondo y cerré los ojos. Necesitaba esta tranquilidad. Necesitaba poder sentarme con Bella y no preocuparme por nada ni por nadie. Solos ella y yo pasando tiempo juntos, para ayudarla a recordar. Pero con calma, sin presiones.

Y debía admitir que eso no iba a ser posible. No podíamos irnos solos, es más, ni siquiera debía pensar en permitírselo.

Ya era bastante peligroso cuando no sabíamos quién estaba detrás de la desaparición de Bella. Pero ahora que sí sabíamos que era Aro el que estaba detrás, no podía simplemente decirles que volvieran a sus vidas. Ya estaban metidos en esto hasta el cuello, y temía las posibles represalias de los Vulturi ante su colaboración. Todos formaban parte de nuestra familia, y seguirían en esto hasta que todo estuviera resuelto.

Me pellizqué el puente de la nariz. Necesitaba un lugar donde estuviéramos tranquilos, un lugar que muy poca gente conociera, donde Bella pudiera alimentarse y se sintiera segura, y a salvo…

- Edward…- me llamó su voz, mientras acariciaba mi cabeza, cariñosamente.- Sé que algo te preocupa… si pudiera ayudar…-

La miré, maravillado, mientras seguía con sus caricias. Ella estaba preocupada por mí. Ella quería ayudarme a que no me sintiera como una fiera enjaulada. No le preocupaba no haber recuperado la memoria, le preocupaba que no hubiera abierto la boca desde que salimos de la suite, que me tensara y estuviera dándole vueltas a la cabeza a alguna idea que me tenía malhumorado… Yo estaba buscando cómo hacer que ella estuviera relajada, y ella a su vez sólo pensaba en relajarme a mí…

- No podemos quedarnos aquí.- respondí simplemente.

- No es eso lo que me ocultas.- contestó ella.

- Claudia podría saber que estamos aquí.- confesé.

Cuando los temblores volvieron a su cuerpo y pude ver el miedo en sus ojos, me maldije internamente por mi estupidez.

- No permitiré que vuelva a acercarse a ti, Bella, no lo permitiré…- prometí abrazándola con fuerza, tratando de calmarla.

Su aroma me golpeó con intensidad y respiré hondo, dejando que fluyera a través de mi cuerpo. Pude sentir cómo se tensaba imperceptiblemente y emitía un sordo jadeo por la sorpresa.

¡Maldición! Debía controlarme. Una vez más debía tratar a Bella como si de una muñeca de porcelana se tratase, como si el más mínimo roce fuera a quebrarla para siempre. Ella sólo sabía que su nombre era Bella y que estaba casada conmigo, pero nada más… no recordaba nada más.

Obviamente se sentía atraída por mí, la había sorprendido vigilando el trayecto de aquella gota de agua que surcaba mi torso desnudo, pero yo no debía permitir que cediera únicamente a mis deseos. Esperaría hasta que se reencontrara con los suyos, esperaría cuanto hiciera falta.

El teléfono vibró en mi bolsillo dándome una razón real para soltarme del abrazo de Bella, y leí el mensaje de Alice.

- "La calle parece despejada y el taxi llegará enseguida. Kate y Garret se reunirán con nosotros en el muelle."

- Vamos, Bella.- anuncié, incorporándome.- Ya sé adónde ir.

Bella aceptó la mano que le ofrecía para ponerse de pie, y no la soltó mientras caminábamos hacia la entrada del recinto.

Los muelles. La idea había pasado fugazmente por mi cabeza cuando sopesaba opciones. Pero al parecer eso era suficiente para materializarse en una visión de Alice.

- Hemos alquilado un modesto yate, para los seis.- anunció Jasper nada más verme.- Porque no pensarías que te desharías de nosotros ahora, ¿verdad, Edward?

- No.- respondí en voz alta a mi hermano, sonriendo.

Bella me miró genuinamente confusa. Claro, parecía que contestaba a lo del yate, Dios… ni siquiera recordaba que yo…- No creo que haya uno lo suficientemente grande para nosotros seis en esta ciudad.- intenté arreglar.

Aún no sabía cómo recordarle a Bella nuestros dones. Alice reía divertida, mientras se daba cuenta del apuro.

- Oh, vaya, ¡Edward! ¡Ha sonado como si no nos aguantáramos!

Sacudí la cabeza, sonriendo, avergonzado por mi escaso ingenio. Siempre me había costado guardarle secretos a Bella, porque ella siempre parecía intuir cuándo le ocultaba algo. Me lo había demostrado en la playa, y su mirada desconfiada tratando de descifrar mi comportamiento y mis palabras volvía a dejarlo bien claro.

Y sin embargo, aún cuando sentía esa suspicacia, su mano parecía haberse fundido con la mía, sin siquiera soltarla para subirse al taxi. Probé tentativamente a acariciar el dorso de su mano con mi pulgar, y observé maravillado cómo cerraba los ojos y recostaba nuevamente su cabeza sobre mi hombro.

- Puede que su mente no recuerde hechos concretos, Edward. Pero sus emociones no han cambiado tanto… Sólo tienes que encontrar el recuerdo correcto, y Bella habrá vuelto…- pensó Jasper.

Él también lo había notado. Bella no rechazaba en ningún momento ninguno de mis pequeños avances: cogerla de la mano, sentarme en silencio junto a ella, clavar mis ojos en los suyos, la caricia que le regalé cuando salió del cuarto de baño, llenando la estancia de la fragancia a fresas de su champú… ni siquiera cuando me llené los pulmones del olor de su cabello en la playa había respondido negativamente… Sí, se había paralizado, pero no había gruñido, había emitido un jadeo de sorpresa, y no había aflojado el abrazo. Y yo no había dejado de sentir en ningún momento la extraña electricidad que nos recorría de parte a parte estando juntos. Si yo la sentía, ella no podía ignorarla.

Quizá Jasper tenía razón. Quizá si encontrara el recuerdo adecuado y lograra despertarlo en su mente, afloraría todo lo demás…

- ¿Dónde creéis que vais, Edward? Cobardes… ¿Tienes miedo, Edward Cullen? Yo lo tendría…

- Velocidade, por favor!- apremié, aterrorizado, tensándome de inmediato.

- ¡Edward!- me alertó Alice.

El móvil vibró con un mensaje de Kate:

- Esto no me gusta… Las ruedas del jeep están rajadas. Salid sin nosotros si no llegamos a tiempo. Nos reuniremos donde vosotros digáis.

La mente de Claudia me había hablado desde algún punto de la ciudad que atravesábamos. Intenté volver a sintonizarla, pero parecía estar demasiado lejana, ¿sabría que íbamos en ese taxi? ¿Qué la había alertado? Bella había levantado la cabeza y me estaba traspasando con sus orbes del color del jaspe. Agradecía que se hubiera alimentado de aquel puma. Si me estuviera clavando de la misma manera los ojos del vídeo, mi sufrimiento no tendría medida.

- No volverá a tocarte, Bella, no lo permitiré…- susurré, invadido por su miedo.- No lo permitiré.

- Tranquila, Bella… No veo…

- ¡Alice!- amonesté inmediatamente.

Error. "No veo" no es una frase tan poco común. Pero mis reflejos la acababan de convertir en otro esbozo de desconfianza en los ojos de Bella.

- ¿No ves, Alice?- preguntaba segundos después, seguramente alentada por el miedo que asomaba por mi rostro.- ¿Qué significa que no ves, Alice?

- Lo siento, Edward… Yo sólo quería ayudar…- se disculpó mi hermana.

- Hemos llegado.- interrumpió Jasper.

Salimos del coche mientras Jasper pagaba al taxista, y traté de dejar a un lado la pequeña conversación que iba a empezar, concentrándome para buscar la mente de Claudia, mientras avanzábamos con rapidez por los muelles.

- El yate se llama: "O Feitiço do Mar", y está amarrado en el muelle cuatro. Jasper se adelantará a recoger las llaves y el resto de papeles.- me informó Alice, aún preocupada por la confesión que había forzado.

- Tarde o temprano habríamos tenido que decírselo. Aunque contaba con encontrar una forma de que lo recordara…- contesté en voz alta a Alice mientras nos encaminábamos al barco. Miré a Bella unos segundos.- Es sólo que los Vulturi no son los únicos con una pequeña gran ventaja con respecto al resto de inmortales…

Aún no detectaba las presencias de Alec o Claudia, lo que no me gustaba lo más mínimo. Desde el taxi había oído una clara amenaza, y debía estar preparado para cualquier cosa. El tono de la advertencia era claro. Cuando menos lo esperara, volvería a golpear.

Tampoco Kate ni Garret parecían estar cerca, y me debatía entre levar anclas sin más interrupción, o esperar unos minutos en completa tensión, vigilando en todo momento nuestras espaldas. Hasta Bella estaba visiblemente alterada.

- Te dieron su permiso en el mensaje, Edward…- dijo Alice, sabiendo por qué decidía no partir todavía.

- No me gusta dejarles atrás.- protesté subiendo al barco, con Bella cogiendo mi mano, firmemente.

Jasper apareció en ese momento y subió al puente de mando, seguido de Alice. Yo comencé a soltar las amarras, aún vigilando cualquier mente que se aproximara. Bella se había sentado en cubierta, y observaba atentamente cada uno de mis movimientos, y la avenida principal del muelle, agarrando fuertemente el asiento. Tanto, que temí que lo pudiera resquebrajar en un descuido. Ni siquiera se relajó cuando el motor se puso en marcha, y comenzamos a alejarnos de tierra. Porque cuando ya salíamos del puerto, una figura apareció apostada en el hueco que habíamos dejado en el muelle cuatro, y su voz llegó alta y clara a mi mente:

- Esto no termina aquí, Edward…

- ¡NO, EDWARD, NO LA MIRES!- profirió Bella en un grito desgarrador, arrojándose sobre mí, para girarme hacia el barco, estrechándose con fuerza contra mi pecho, ocultándose de la malévola visión de Claudia, impertérrita en el muelle, con la mirada fija en nuestro barco, mientras huíamos.

- Ssssh, Bella, sssh… está bien…- intenté calmarla, acariciando su melena.- Jazz…

- ¿Estás seguro, Edward?- preguntó él.

- Debemos comportarnos con normalidad… En algún momento reconocerá algo, poco a poco… - contesté, sin preocuparme por ocultarle a Bella la situación.

No tenía sentido esconder nuestras ventajas. Si las usábamos como normalmente, quizá incluso le ayudara a recordar.

En pocos segundos, Bella dejó de temblar, y alzó su mirada, cuestionándome. Y justo entonces, me invadió a mí mismo una ola de creciente tranquilidad, de seguridad en mis actos. Alice y Jasper bajaron entonces a cubierta, y se sentaron cerca de nosotros.

- Bella – llamé, cogiendo sus manos.- ¿Cómo funciona? ¿Cómo es el don de Claudia?

- ¿Qué es esto?- inquirió Bella dando un paso atrás.- ¿Sabéis su nombre? ¿Cómo?

- Bella, vi cómo lo escribías en tu cuaderno…- contestó Alice sinceramente.

- ¿Mi cuaderno? ¿Qué sabéis de ese cuaderno?- interrogó Bella, respirando agitada.

Esto no estaba funcionando…

- ¿Acaso te colaste en mi habitación? Eso no es posible, no podrías burlar los controles, y te habría olido…

- Bella, lo vi cuando decidiste escribirlo…- explicó mi hermana.

Y justo en ese momento, el don de Alice tuvo a bien presentarse por sí solo. Alice había apretado la mano de Jasper y miraba al infinito, mientras Bella clavaba su mirada hacia la escena.

- Alice, ¿qué es? ¿qué has visto?- preguntó Jasper segundos después.

- Rose y Emmet se reunirán con nosotros allí.- contesté yo entonces. Alice simplemente asintió.

- ¿Qué eres, una médium o algo así?- quiso saber Bella, de pie, en cubierta, respirando entrecortadamente. Era demasiado pronto.

- Bella…- llamó mi hermana, su voz casi una súplica.

Una petición desesperada para que Bella atara cabos con lo que acababa de ver. Para que algún detalle acudiera a resolver su "nueva" duda. Pero en lugar de eso, Bella me miró fijamente. Suspiré. Esto iba a doler.

- Todos y cada uno de quienes estamos en esta embarcación – comencé, haciendo un gesto circular con mi brazo, abarcándonos.- tenemos un don, Bella. Jasper controla las emociones, Alice ve el futuro según las decisiones que tomamos, y yo…

- A prueba de radares…- susurró entonces Bella casi imperceptiblemente, repitiendo el mismo gesto que yo había recordado en aquél túnel. El mismo que había realizado la noche que Bella me había confesado que sabía que yo era un vampiro, y que no le importaba.

- Puedo leer todas las mentes de esta habitación, menos la tuya.- susurré en respuesta, mirándola intensamente.

- ¿Tú…? ¿Me has leído la mente?

Aprensión. Al menos esperaba que no saltara al agua, y huyera de mí.

- No desde que traspasamos la puerta de la piscina del hotel.- aseguré.

Por toda respuesta, Bella se adentró en el camarote y cerró la puerta tras ella, echando el pestillo. Resultaría un gesto ridículo entre vampiros, pensar que un mísero pestillo puede persuadirnos de cruzar una puerta. Pero sin saberlo, Bella acababa de usar un código muy habitual entre nosotros: si echo el pestillo, quiere decir que quiero estar sola.

- Bella…- la llamé, apoyando mi frente contra la puerta.- Bella, por favor…

- Me has manipulado.- la oí, a través de la puerta. Respiraba mucho más agitada, prácticamente hiperventilando.

- Bella, sé…

- ¿Sabes qué, Edward? ¿Sabes lo que estoy pensando?- replicó ella entre jadeos.

- No. Ni siquiera lo estoy intentando, Bella. –ni me hubiera servido de nada. Su escudo me lo hubiera impedido en estos momentos.- Nunca supe qué pensabas hasta que descubrimos tu escudo. Y cuando aprendiste a usarlo, sólo me adentré en tu mente cuando tú me lo pediste, o con tu permiso tácito…

Silencio.

- Pero necesitaba sacarte de allí, Bella. Necesitaba traerte conmigo para poder protegerte de ellos, de Claudia. Traerte a mi lado para ayudarte a recordar…

Silencio.

- Todo lo que te he dicho es la verdad, Bella. Sabes que es así. Alice vio el cuaderno que escribiste:

1.- Debes averiguar su poder…

2.- Recuerda, no debes confiar en Claudia…

Pude oír su grito ahogado, su sorpresa.

- Lo escribiste en mayúsculas. Y lo subrayaste hasta tres veces… ¿De qué te habías dado cuenta, Bella? ¿De que Claudia te mentía? ¿De que no te llamabas Micaela? ¿De que no sabías quién eras? Yo te lo diré… eres Isabella Marie Cullen Swan. Y si confías en mí, no descansaré hasta devolverte todos y cada uno de los recuerdos que esa malnacida te ha robado.- prometí, extendiendo mi mano derecha sobre la puerta.

Oí soltarse el pestillo, y sentí la madera alejarse de mi crispada piel. Me aparté para verla reaparecer ante mí.

Su delicado cuerpo se apretó suavemente contra el mío y recostó su cabeza sobre mi pecho, llenándome de calidez. Sollozaba totalmente serena, explicándome sin palabras toda la confusión que la embargaba, todo el miedo que la atenazaba.

- No te he mentido, Bella. Quiero ayudarte… Quiero hacer que te sientas segura, borrar cualquier amenaza que pueda pender sobre ti. Quiero protegerte como siempre lo hice…- afirmé, depositando un dulce beso sobre sus cabellos, tirando suavemente de sus manos para acomodarnos en el asiento de cubierta, ella con la cabeza recostada sobre mi regazo, aún sollozante, mientras yo acariciaba cariñosamente su sedosa melena.


Como éste es el primer fic que escribo, desconozco cómo funcionan algunas cosas en este portal. Me gustaría saber cómo puedo encontrar un Beta. Voy a traducir una historia que he leído en inglés, y necesito un Beta que me ayude en la tarea. También sería la primera traducción que hago, pero el fic lo merece. Merece el intento por mi parte de conseguirlo. ¿Podéis ayudarme?

Nymph.