Disclaimer: InuYasha no me pertenece ni ninguno de sus personajes (para mi desgracia)
Advertencia: Faltas de ortografía que haya pasado por alto.
Día 29: Hijos (Idea dada por Ann)
Luces, cámara y… ¡SessKag!
Clavel rojo
—¡Sayumi!
—¡No me vas a obligar, padre! ¡Y es mi última palabra!
Kagome cerró los ojos al oír la puerta cerrarse tras la yōkai, se apresuró a ir al lado de su pareja que parecía estar a punto de dejar salir a su bestia interna, y es que era tan extraño verle alzar la voz de esa manera y únicamente era cuando Sayumi y él tenían esas discusiones.
—Creo que yo debería hablar con ella —mencionó tocando con suavidad el brazo de él, haciendo que se relajara.
—Es una malcriada.
Y ella no iba a decir que gran parte de esa culpa era de él y de la mayoría de los cuidadores que le daban todo lo que quería, no podían culparla sin culparse; pero bien, su pareja ya estaba enojada, era mejor no hacer que se enoje más.
—Iré hablar con ella, Sesshōmaru, trata de tranquilizarte, ¿sí?
Él la miró antes de cerrar los ojos, tomar la mano que le sujetaba con dulzura y llevarla hasta sus labios; Kagome sonrió con amor al sentir el suave contacto de los labios masculinos en su dorso.
—Estaré con los líderes en la sala circular.
—Ahí te veré —musitó antes de tomar el camino que siguió Sayumi minutos atrás, tal vez, no fue buena idea mostrarle todas las puertas secretas, podría estar en cualquier lado; pero tenía la ligera sospecha sobre el lugar donde fue a esconderse.
Caminó por algunos corredores, entre puertas que no se veían, hasta salir al exterior que llevaba a uno de los jardines donde sólo eran permitidos los miembros de la familia y uno que otro yōkai encargados de su mantenimiento; y ahí estaba, sentada en la rama de su árbol de cerezo favorito, balanceando sus pies.
—¿Seguirás ignorando mi presencia?
Ella detuvo su balanceo.
—¿Serviría de algo hacerlo?
—¿A la larga? Lo dudo, tendrás que escucharlo de mí o de tu padre; y creo que te conviene escucharlo de mí.
La yōkai bufó antes de suspirar de resignación y voltearse para ver a su madre, sin bajar de su lugar.
—Odio las reuniones políticas, son aburridas, tediosas y los hijos de los otros lores son un dolor de cabeza. De verdad, ¿cómo lo soportas, madre? Son tan rectos y sólo quieren poder y riquezas.
La morena sonrió ante el arrebato, esos eran sus pensamientos cuando recién ingreso a ser la lady del Oeste, pero pronto se dio cuenta que habían cosas que no iba a cambiar quejándose y negándose a asistir a esos eventos, ella tenía un papel que debía cumplir y aprovechar al máximo, no por nada, los humanos ya no eran tratados como ganado en las tierras del Oeste, del Norte y del Sur, el Este era una cuestión que aún lograba cerrar, pero la pareja del Lord parecía bastante accesible; pero entendía el sentir de su hija, como única heredera del Oeste ya tenía cargas que no le parecían.
—Bueno, las mentes cuadradas siempre las habrás, sin las mentes jóvenes y con visión las que tienes que buscar y encontrar, cariño. No te pido que vayas si no estás preparada, sólo escucha a tu padre.
—¿Escuchar qué? ¿Qué quiere arreglar un acuerdo matrimonial entre alguno de los hijos de los lores? No, gracias.
¡Ah! Ahí estaba el punto.
—¿Dónde escuchaste eso?
—Las cocineras lo oyeron de las yōkais que ayudan en las habitaciones, al parecer padre quiere hacer un acuerdo con el Norte y un matrimonio sería efectivo. ¡No voy a dejar que me casen!
Kagome sonrió.
—Cariño, ¿crees que tu padre haría eso? —Ella le miró con precaución, pero ya no había hostilidad—. Sus consejeros fueron los que sugirieron ese plan de acción, pero las yōkais deberían quedarse a escuchar el resto si van a hablar, porque Sesshōmaru rechazó en el acto tal cosa, jamás te obligaría hacer algo que no quisieras. Además. ¿crees que yo dejaría que hiciera eso?
—…¿de verdad?
La morena sonrió antes de asentir, su tono había regresado a ser la suave y gentil voz que encandilaba a todo aquel que la escuchara.
—De verdad. Ahora baja y regresemos, que según escuché hay un joven kitsune muy apuesto rondando por las puertas buscándote.
El sonrojó encendió las mejillas de la adolescente antes de bajar de un salto, procurando que sus ropas no sufrieran ningún daño, quería estar presentable y hermosa.
—Veo que eso captó tu atención —le ofreció su brazo, de esa forma entrarían a la sala para ir directamente con su pareja—, ¿algo que quieras decir?
— En realidad no.
—Bien, pero trata que tu padre no lo sepa, no estoy en contra de que tengas una amistad con el hermano menor de la cabeza de los kitsunes, pero Sesshōmaru no aprobaría un cortejo.
Sayumi desvió la mirada y se aferró un poco más al brazo de su madre.
—No está cortejándome.
—Eso no es lo que me dice ese clavel rojo, Sayumi.
—…¿de qué hablas?
Kagome rió antes la obvia confusión de su hija, al parecer, nunca había puesto atención a sus clases sobre las plantas, pero no la culpaba, ella era más de tipo de guerrera.
—Bueno, dulzura, cada flor tiene un significado, el cual cambia dependiendo del color.
—¿Qué me dice el clavel rojo?
La mayor ocultó su sonrisa antes de agacharse y susurrar unas palabras que pusieron colorada a la heredera del Oeste, esperaba que no hubiera arruinado las buenas intenciones del joven kitsune, pero viendo el brillo en los ojos de la Inu, se avecinaba una tormenta y ella iba a ser la encargada de apaciguarla, Sesshōmaru no se iba a tomar bien que alguien ya tuviera puesto los ojos en su cachorra.
El corazón que suspira de amor.
Este es el penúltimo drabble, el día de mañana será el último, espero se hayan divertido este mes como yo al hacerlo.
El clavel rojo significa "corazón que suspira", "amor vivo" "admiración".
Nos vemos mañana. Con amor.
FiraLili
