Un ángel caído, mi ángel caído.
ALERTA LEMMON
Capítulo 29:
Mis padres habían organizado una cena, a la que Rosalie estaba invitada. Yo estaba algo reacio a ir, puesto a que la posición de mi familia a mi noviazgo con mi ángel no era la mejor.
Mientras yo veía la televisión, Rosalie revoloteaba por mi apartamento nerviosa, había sido dado de alta hacía una semana y ya tenía la energía de diez mil personas juntas.
-¿Qué crees que deba ponerme? –preguntó sentándose junto a mí en el sofá.
-Cualquier cosa estará bien, nena. –Respondí abrazándola. –Tú siempre te ves preciosa.
-Alice dijo que no era formal, pero que tampoco era casual. –habló mordiéndose las uñas con nerviosismo.
Rosalie y Alice se habían hecho buenas amigas en el tiempo en que mi ángel estuvo en el hospital, mi hermana incluso la acompañaba cuando yo tenía que trabajar.
-No creo tener nada así. –exhaló frustrada, Jake quien parecía sentir los sentimientos de mi ángel como si fueran propios se recostó en su regazo.
-Ya te dije que no tienes que preocuparte por eso. –intente calmarla. –Asi estas bien.
Y así era, llevaba un simple vestido de flores que la hacía ver adorable y sensual a la vez.
-No puedo ir así. –Exclamó. –No es suficiente, he visto como son las cenas en tu casa, Emmett.
Y así era, mi ángel ya había estado ahí, haciéndome compañía.
-Podemos disculparnos y no ir. –intente persuadirla. –Después de todo, acabas de salir del hospital.
-No, claro que no. –ella me observó con el ceño fruncido. –Seria mal educado, no quiero causar una mala impresión.
-No lo harás. –sonreí. –Eres perfecta.
La abracé con fuerza, como siempre temiendo que fuese a desaparecer. Pero ya no sería así, ya nada me la arrebataría.
Rosalie suspiró y relajo la cabeza en mi pecho, acaricie sus suaves cabellos, deseando que ese momento durase para siempre. Desgraciadamente Jake tenía otros planes, y comenzó mover su plato de comida con insistencia, pidiendo comida.
-Jake tiene hambre. –mi ángel señalo con una sonrisa.
-Déjalo, es un mal criado. –Dije, sabiendo que ella nunca dejaría a ese perro pasar hambre.
-No dejare a nuestro bebe morir de hambre. –ella dijo con un puchero.
Viéndola cuidar del cachorro que habíamos adoptado, no pude evitar pensar en ella como madre. ¿Cómo sería con nuestros hijos? Aleje esos pensamientos de mi cabeza, una cosa a la vez.
…
-Estas temblando de pies a cabeza. –señale mientras estacionaba el coche frente a la casa de mis padres. –Relájate amor.
-Si me dices que me relaje, me pones más nerviosa. – Forzó una sonrisa.
-¿Y si pruebo con esto?
La besé, y ella aceptó gustosa. Sus labios como siempre se movían dulcemente sobre los míos. Jamás me cansaría de besarla, desgraciadamente tuvimos que detenernos para tomar aire.
-Bien, eso sí me relaja. –suspiro. –pero ahora tengo los labios hinchados, no puedo llegar con los labios hinchados.
-Te preocupas demasiado. –reí, ella me dio una mala mirada.
-¿Qué hacen que tardan tanto? –la voz de Alice se coló por la ventana abierta del coche. –Mi sobrino no va a ser concebido en un coche.
Rose se sonrojó, y yo reí ante eso.
-Será mejor que bajemos. –le guiñe un ojo. Ella asintió nerviosa.
Apenas bajamos del coche fuimos recibidos por Alice, que abrazó a mi novia efusivamente. Jasper nos observaba desde lejos, riendo del carisma de mi hermanita menor.
-¿Qué tal, amigo? –Jazz me saludó con un abrazo.
-Mejor que nunca. –respondí sincero mirando hacia el lugar donde Rosalie conversaba animadamente con Alice.
-¿Quién lo diría? –Este molesto. –El amor ha pillado a Emmett Cullen.
Yo me di de hombros sin tener nada que decir, Jasper tenía razón. Yo estaba completamente enamorado de mi ángel.
-Alice, te he dicho que me avisaras cuando llegaran. –Mi madre salió de la casa riñendo a mi hermana quien sonrió con inocencia.
-Lo siento mamá.
Esme prácticamente corrió a abrazarme, yo le devolví el abrazo un tanto incomodo, yo también estaba nervioso por la cena y cómo reaccionarían con Rosalie.
Cuando se separó de mí, vi que buscó con la mirada a mi acompañante. Ahora mi ángel se encontraba de pie a mi lado, tomando mi mano.
-Tú debes ser Rosalie. –Mi madre se acercó a mi novia.
-Por favor llámeme Rose. –Mi ángel dijo nerviosa, ofreciéndole la mano a mi madre quien asintió.
-Muy bien. –Ella forzó una sonrisa. –Yo soy Esme, por favor pasen adentro.
Una vez dentro de la casa, las cosas comenzaron a complicarse. Irina se paseaba por la sala, con un vestido de etiqueta que apenas le tapaba el muslo.
-Emmett. –Exclamó al verme llegar de la mano de mi ángel. –Esta debe ser Rosalinda. –Dijo en tono despectivo, Rose frunció el ceño.
-Rosalie. –aclaró pero Irina hizo un ademan con la mano ignorándola.
-Tan guapo como siempre. –beso mi mejilla.
Sentí a Rosalie tensarse a mi lado. Cuando Irina se separó de mí, tocando mi pecho de una forma para nada discreta. Mi ángel volteo a mirarme con una ceja alzada.
-¿y ella quién es? –preguntó con el ceño fruncido, yo tragué en seco.
-Irina Vulturi, una vieja amiga de la familia. –Dije intentando sonar neutral.
-Una vieja amiga que tú ya te follaste. –Habló molesta. –Y que aun te tiene ganas.
-Fue hace mucho tiempo. –tomé su rostro para que me mirara a los ojos. –el pasado es pasado.
-Y espero que se quede así. –dictó.
Yo reí ante su escena de celos, se veía adorable con el ceño fruncido y esa mirada intimidante, que no asustaría ni a un gatito recién nacido.
-Edward tardará en llegar, al parecer le ha salido un compromiso de último momento en el hospital –explicó mi madre, quien parecía muy animada con la presencia de Irina.
-¿y qué hay de papá? –pregunte viendo con cautela como mi madre e Irina interactuaban.
-Está en su despacho. –Mi madre puso los ojos. –Puedes ir a llamarlo si quieres.
-Bien, iré por él. –Dije queriendo salir de ese circo de fenómenos, en que mi madre e Irina eran las protagonistas.
Dejé a Rosalie con Alice y Jasper, y fui hasta el despacho de mi padre, lugar al que no iba hacia mucho tiempo. Las paredes habían sido pintadas desde la última vez que había estado ahí, haciéndolo parecer un lugar más acogedor.
-Tengo que admitir que pensé que no vendrías. –mi padre dijo levantando la cabeza de su trabajo.
-Hubiese preferido no venir. –admití recargándome en el marco de la puerta. –Pero Rose insistió.
Carlisle asintió con una sonrisa comprensiva.
-¿Cómo esta ella? –preguntó serio.
-Mejor, mucho mejor. –sonreí al recordar lo rápido que mi ángel había mejorado.
-Es bueno escuchar eso. –mi padre suspiró. -¿Cómo llevas todo esto?
Sabía que se refería a tener una relación, yo nunca había tenido una relación seria y el que Rose fuese tantos años menor que yo lo hacía un poco más difícil.
-De maravilla. –Respondí con sinceridad. –Rosalie es lo mejor que pudo pasarle a mi vida.
-Me alegra escuchar eso hijo. –habló después de soltar un largo suspiro.
-Sé que no están de acuerdo. –Recordé las palabras de mi padre en el hospital, y la escena de mi madre con Irina. –Pero es la mujer a la que amo, y eso no puedo cambiarlo.
-Lo sé. –asintió apesadumbrado. –Es por eso que puedes contar conmigo.
Me sorprendí al escuchar las palabras de mi padre, después de todo lo que habíamos hablado esa tarde en la cafetería del hospital. No sé qué lo habría hecho cambiar de opinión, la verdad era que no importaba, lo que si importaba era que tenía el apoyo de mi padre.
-Gracias. –le abracé, como no nos habíamos abrazado en mucho tiempo.
…
-El doctor dice que todo lo que estoy sintiendo es normal. –Bella hablaba sobre su embarazo. –Pero Edward exagera por todo.
-Es que debo cuidarlos, cariño. –mi hermano respondió tomando la mano de su prometida.
Rosalie se revolvía nerviosa a mi lado, y apenas había probado la comida.
-¿estás bien? –susurré en su oído para que nadie escuchara, ella asintió.
-Edward y Emmett siempre han sido sobreprotectores. –Alice habló. -¿recuerdan cuando espantaban a todos los chicos que venían a hablar conmigo?
Yo gruñí, tuvimos mucho trabajo espantando pre-adolescente que querían aprovecharse de mi hermana menor.
-lástima que no funciono con Jasper. –dije viéndolo de entrecejo.
-Nada podría alejarme de mi dulce Alice. –Mi mejor amigo hablo con cursilería, yo puse los ojos.
-¿Y tú Rosalie, tienes hermanos? –Bella preguntó viendo a mi novia que permanecía muy callada.
-No, no tengo. –respondió sonrojándose.
-pero tiene un mejor amigo, que no me lo puso nada fácil. –Termine por decir, haciendo que mi ángel se sonrojara más aún.
-Entonces tienes un pretendiente en la friend zone. –Irina comentó riendo, yo la mire con odio y ella solo se dio de hombros.
-no, no es nada de eso. –Rose trataba de explicarse. –Jacob y yo nos criamos juntos, somos como hermanos.
-Apuesto mis Jimmi choo a que ese muchacho está enamorado de tu novia, Emmett. –ella continuo molestando.
-No le hagas caso, nena. –besé la cabeza de mi ángel. –no sabe de qué está hablando.
-¿Quién quiere más carne? –Esme preguntó para cambiar el ambiente.
-Yo acepto. –pedí. –Como siempre, tu comida esta para chuparse los dedos mamá.
-Díselo a tu novia. –esta habló con disgusto. –No ha probado bocado.
-Yo… -Rose tartamudeó nerviosa. –Lo siento señora Cullen, Emmett tiene razón su comida es deliciosa.
-No es necesario que mientas, niña. –mi madre habló en un tono que no me gustó nada. –Sé sincera.
-Rosalie no debe tener apetito porque acaba de salir del hospital, mamá. –Edward intercedió. –Es normal que no pueda comer mucho.
Rose asintió avergonzada y agarró mi mano con fuerza como buscando apoyo, yo por un lado intentaba calmarme para no agarrarla de la mano y salir corriendo de ahí.
-Mamá déjala en paz. –pedí llevándome las manos a la sien.
-Solo digo que si te invitan a un lugar no debes despreciar la comida.
-Lo siento mucho. –Rose estaba al borde del llanto, el nerviosismo estaba tomando cuenta de ella.
-Esme, déjala tranquila. –papá hablo con tono conciliador. –Edward tiene razón, él es médico y sabe lo que dice.
Mi madre me sirvió otro pedazo de carne de mala gana y se sentó con una mueca en el rostro, que no borro en todo el transcurso de la cena.
-Y bien Rosalie, Emmett nos dijo que tienes dieciocho. –mi madre comenzó, yo puse los ojos sabiendo que no se trataba de nada bueno.
-Sí, señora. –ella respondió apretando mi mano.
-¿Qué tienes planeado estudiar? –preguntó, mi ángel me miró y luego respondió.
-Yo… aun no termino el instituto. –admitió.
Esme soltó un bufido, Irina escondió una sonrisilla estúpida y Edward la observó sorprendido. Idiotas, todos eran unos idiotas.
-Bien. –mamá dijo viéndola con una mueca de disgusto. –eso es todo.
La cena siguió en un silencio incomodo, que a veces era interrumpido por algún cometario divertido de Alice, quien intentaba relajar el ambiente.
-Irina, ¿Cómo te ha ido en el trabajo? –Esme preguntó viendo, a su nuera soñada.
-Estupendamente Esme, no podría pedir nada mejor. –ella sonrió con falsedad. –Mi carrera no podría estar en mejor momento.
-Siempre supe que serias una mujer exitosa.
Pestañee varias veces, ¿Qué demonios estaba pasando? Hacia unas semanas Irina apenas podía mantenerse ¿y ahora estaba en el mejor momento de su carrera?
-Felicitaciones. –fue todo lo que dije, con tono monótono.
-Lo ves Emmett, te has perdido de una mujer estupenda. –mi mamá soltó, yo la mire de mala manera.
Vi de reojo como mi ángel bajaba la mirada a su plato y suspiraba. Lo estaba pasando mal.
-Irina es la nuera que siempre soñé tener. –Termino diciendo, y colmando mi paciencia. Yo me puse de pie y tome a Rose de la mano.
-Lo siento pero nosotros nos vamos. –dije serio, viendo fijamente a mi madre.
-Pero aún falta el postre. –Mamá habló como si nada. –Irina lo ha preparado.
-Pues espero que disfruten el postre de Irina, porque yo no quiero. –Exclamé demasiado molesto, tomando a Rosalie por el brazo y saliendo hecho una bala de esa casa de locos.
-Emmett… -Rose llamó mi nombre una vez llegamos al jeep, sus ojos tenían lágrimas.
-Sabía que era una mala idea venir.
-Debí haberte escuchado. –ella sollozó. –Yo solo quería que me aceptaran.
-No me importa lo que ellos piensen, Rose. –tomé su rostro entre mis manos. –Yo te amo y nadie me va a separar de ti.
-Te amo. –susurró antes de besarme.
…
Llegamos a mi apartamento en pocos minutos, ninguno de los dos habló en el camino a casa.
Rose tenía el rostro hinchado de tanto llorar en silencio, me sentí un idiota por no haberla sacado de ahí antes.
-Te amo. –le dije mientras abría la puerta del apartamento. –te amo.
Ella sonrió, con esa sonrisa que me desarmaba.
-Yo te amo más. –ella dijo juguetona.
-Eso es imposible. –susurré en su oído mientras entrabamos abrazados al apartamento.
Cuando levantamos la cabeza y vimos el desastre que Jake había hecho en esas horas en solitario.
-Oh, Jake… -mi ángel le regaño. -¿Qué has hecho?
Ella tomó un cojín que tenía todo su contenido hacia afuera y estaba lleno de babas de perro.
-Creo que él tampoco quería que fuéramos a la cena. –ella me miro con una mueca.
Yo me largué a reír, ¿de qué me serviría molestarme? El daño ya estaba hecho. Rosalie se unió a mí, sus carcajadas eran música para mis oídos.
-Tú tendrás que ordenar esto. –le dije apuntándola con mi dedo.
Ella me miró divertida, y puso sus brazos como jarra.
-¿no piensas ayudarme? –preguntó frunciendo el ceño.
-No, tú eras quien quería traer al perrito a casa. –me di de hombros. –Bien, ahí tienes tu diversión, nena. –Me reí y caminé al cuarto de baño.
-No voy a limpiar todo esto mientras tú te das un baño. –Dijo al ver que yo tomaba una toalla.
-Si lo harás. –le guiñé un ojo. –Ahora si me disculpas…
Demore alrededor de cinco minutos en ducharme, escuchaba como del otro lado del cuarto de baño Rosalie reñía con Jake, y como después le pedía disculpas.
Me sequé rápidamente y salí del baño con nada más que la toalla amarrada en mi cintura.
No esperaba encontrarme con mi ángel en el cuarto, quien cuando me vio salir se sonrojó de inmediato, pero había algo más en su mirada. ¿Deseo? ¿Mi ángel me deseaba?
Mire su cuerpo envuelto en ese vestido azul que combinaba con sus preciosos ojos. Sus pechos pequeños se veían perfectos, subían y bajaban con su respiración. Tuve que hacer mi mirada a un lado para no tener un problema allí abajo.
-Yo… vuelvo después. –se excusó pero yo le corté el camino.
-¿Qué estabas haciendo? –pregunté intentando hacer que se relaje.
-Estaba viendo una película. –dijo de repente nerviosa. –Esperándote para que me ayudes a ordenar.
-se suponía que lo harías tu sola. –me acerqué a ella y la agarré de los brazos. Rose estaba sentada en la cama, por lo que la acorrale con mi cuerpo.
-Es nuestro perro. –puso énfasis en la palabra nuestro. –Ambos tenemos que limpiar su desastre.
Yo reí ante su ocurrencia y luego baje la mirada hasta sus labios, sus sensuales y dulces labios que me invitaban a probarlos una vez más.
Y así lo hice, la bese pero esta vez con más pasión que otras veces, me separe rápidamente de ella temiendo asustarla, pero me sorprendí al ver que ella quería ese beso tanto como yo.
Volví a besarla con pasión y hambre, la recosté en la cama con cuidado y fui acomodándome sobre ella sin dejar de besarla.
-Te amo. –le susurré cuando nuestros labios se separaron.
-Te amo. –Repitió haciéndome el hombre más feliz del mundo.
Volví a besarla con dulzura, y con un extraño temblor en mis manos busque el pliegue de su vestido para subirlo con cuidado. Ella detuvo el beso y me observó a los ojos.
-¿Estas segura? –pregunté sin dejar de mirar esos magníficos ojos azul cielo.
Ella asintió acariciando mi mejilla.
Yo continúe levantando la falda de su vestido dejando expuesta su tanguita, color de rosa. Levanté más el vestido hasta sacarlo por completo, dejándola nada más en ropa interior.
Ella se sonrojó al ver que yo me quedaba admirando la escena.
-No me mires tanto. –ella intentó taparse los pechos que tenía ya cubiertos por el brasier.
-Eres preciosa. –Murmuré maravillado con su cuerpo, yo ya estaba completamente excitado con la situación y tenía una erección dolorosa bajo la toalla.
Busqué sus labios con ansiedad, y poco a poco fui desabrochando su brasier. Cuando sus pechos quedaron descubiertos tuve que detenerme a observarlos, eran perfectos.
Los besé con cuidado y ella se removió ansiosa, tenía que irme con calma, pero mi cuerpo me pedía más. Deje un camino de besos hasta su vientre, mi ángel suspiraba agitada.
Cuando quité su tanguita, ella volvió a mirarme, nerviosa.
-Voy a ser cuidadoso, mi amor. –le prometí.
-Confió en ti. –murmuró.
Me quite la toalla y por fin pude liberar mi erección. Rose se sonrojó al verme y yo abrí un poco sus piernas, para facilitarme la entrada.
La penetré con cuidado, ella soltó unas cuantas lágrimas e hizo una mueca de dolor al sentirme dentro.
-¿quieres que me detenga?- pregunté mientras besaba las lágrimas que habían corrido por su rostro.
-No, sigue. –ella murmuro viéndome a los ojos. –no te detengas.
Y hice lo que me ordeno, de a poco fui entrando en ella siempre con cuidado y delicadeza, alternando mis embestidas con caricias y besos. Rose no tardó en alcanzar su primer orgasmo, cuando lo hizo la bese con pasión, como en un acto de primitivismo, marcando que esa mujer era mía.
Yo no alcancé a terminar, pero no me importo. Esta era probablemente una de las mejores noches de mi vida.
Suspiré feliz, mi ángel dormía sobre mi pecho, nuestros cuerpos desnudos abrazados.
Hola, espero que les haya gustado, no sean malitas es mi primer lemmon… como ven la historia ya está llegando a su fin.
Muchas gracias a todas las que dejaron Reviews, alegran mis días.
A las fanáticas de Emm y Rose las invito a pasar por mi nuevo invento, La intrusa. Y también las invito a mi grupo de Facebook, donde coloco las imágenes y adelantos de las historias, Emmett mcCartys angel fics, búsquenme como Emmett mccartys angel o simplemente déjenme su Facebook en los comentarios.
Muchas gracias Paula, sin ti este capítulo no sería lo que es.
Bueno, nos leemos pronto.
Xoxo
Rosalie Hale de Cullen *** Emmett McCartys Angel
