N. de la T.: Bleh. Si esto es de golpe y porrazo no me sorprende no haber terminado llena de moretones. En fin, échenle la culpa a Yuki por la demora, no a mí T_T
Capítulo veintinueve: "Lazos imposibles de negar"
El sol del atardecer daba pinceladas de tonos dorados sobre la Academia Cross, filtrando sus rayos a través las cortinas que mecía el viento. Sentado frente a un escritorio, el purasangre soltó su lapicera y dejó caer su cabeza, apretándose las palmas de las manos contra los ojos en una singular exhibición de agotamiento.
Hacía dos días que a Kaname le habían dado el alta. El purasangre se había negado a quedarse más tiempo en el hospital, y los médicos ─al igual que casi todo el mundo─ lo dejaron salirse con la suya. Una semana había pasado desde su encuentro cercano con la muerte y, si bien su cuerpo estaba sanando, la velocidad con que lo hacía era demasiado lenta para su gusto. Las heridas en su pecho ya estaban cerradas, finalmente, y las vendas se habían vuelto innecesarias. Sin embargo, aún sentía un dolor apagado cada vez que respiraba o se movía, cosa que, por supuesto, no era algo que estaba inclinado a compartir con sus doctores o cualquier otra persona. Se le iría con el tiempo; no se podía dar el lujo de pasarse todo el día tirado en la cama esperando que su cuerpo se recuperara por completo cuando había tantas cosas por hacer.
El funeral del Director Cross era mañana. Con el fallecimiento de su director, el fuero de la Academia y su existencia futura estaban en peligro, y eso era una tarea intrincada de manejar. Había mucha presión de gran cantidad de facciones del mundo vampírico que querían que la escuela cerrara y también de unas pocas que querían que Kaname tomara control de la institución. Pero el purasangre no podía dirigir la escuela así como así y él lo sabía. Con él a la cabeza, la percepción de lo que era la Academia y de los principios que apoyaba cambiarían demasiado y la escuela perdería su objetivo principal. Esta institución tenía que ser dirigida por alguien como Cross, un humano que pudiera equilibrar de manera justa el mundo humano con el mundo vampírico y lograr una verdadera fusión de cerebros y culturas. Lo irónico era que a Kaname le estaba llevando mucho más trabajo tratar de salvar la escuela sin estar en pleno control de ella, pero con ayuda lo había logrado y dos días de trabajo casi continuo finalmente habían puesto todas las piezas necesarias en sus lugares correspondientes.
Los eventos recientes también habían desatado muchos otros efectos secundarios que requerían de su atención. Muerto Rido, lo único que el Consejo de Ancianos necesitaba hacer era fingir una pena comprensiva y fingir que estaban tan sorprendidos y horrorizados por este trágico asunto como todo el mundo. Habían hecho esto con gran aplomo político, apresurándose a mostrar con bombos y platillos que exoneraban a Kaname de toda sospecha y le devolvían el control completo de las propiedades Kuran. Para resolver dicho ─gran─ embrollo no sólo hizo falta el tiempo del purasangre, sino también que se mostrara fuerte y en control de la situación cada vez que tenía que tratar con esas víboras o con el público en general, cosa que ya le estaba pasando factura, pero lo escondía bien.
Kaname se frotó la sien. Hoy no había dormido, tenía muchas cosas que hacer que solamente se podían llevar a cabo durante las horas de trabajo humanas. Sin embargo, había acabado de unir todos los cabos sueltos, así que tal vez podría dormirse una siesta durante la noche que se avecinaba. El funeral iba a ser mañana durante el día, por lo que eso iba a ser lo mejor probablemente.
El pecho de Kaname palpitó y él lo frotó cuidadosamente con su puño, por sobre la tela de la camisa. Qué molestia, por Dios. Un suave y vacilante golpe en la puerta lo hizo ponerse derecho con cuidado, desvaneciendo de inmediato todo rastro de cansancio.
─Adelante ─dijo mientras se levantaba y daba media vuelta para saludar a su visita.
Takuma abrió la puerta, asomando por el umbral su cabeza rubia como el trigo y paseando su vista por la habitación como tratando de descubrir si Kaname estaba ocupado.
─¡Kaname! No sabía si ibas a estar despierto ─dijo el otro vampiro sonriendo. Sobre su cuerpo se olía el aroma fresco de jabón y shampoo; lo más probable era que se hubiera acabado de levantar. Éstas eran horas muy tempranas de la "mañana" vampírica, pero evidentemente el joven quería hablar algo con Kaname antes de que la noche comenzara.
Takuma frunció el ceño al mirar los papeles con los que Kaname había estado trabajando.
─¿Te levantaste temprano o te estás quedando hasta tarde? ─preguntó con preocupación al considerar la posibilidad de que Kaname no se hubiera ido a acostar todavía.
Con gesto desenvuelto, el purasangre dejó de lado la preocupación de su amigo, emitiendo el frente calmo y fuerte que era natural en su persona.
─Nada más estoy ajustando un par de detalles ¿Qué te trae por aquí, Takuma? Dudo que te hayas levantado tres horas antes de lo normal con el único propósito de controlar mis hábitos de sueño. Y si tienes pensado agradecerme otra vez me temo que me veré en la obligación de echarte… ─prosiguió, tomándole el pelo. La sonrisa de Kaname era pequeña y cálida; uno de los muchos detalles de los que se había tenido que encargar durante estos últimos días había sido el futuro de Takuma.
El abuelo del joven aristócrata lo había desheredado por completo cuando el muchacho eligió estar del lado de Kaname. Ante la falta de un heredero familiar durante la muerte de Ichijo, el problema de la división y disposición de la enorme fortuna familiar y de su imperio de negocios habían creado un enorme lío. Esas cantidades de dinero hicieron que todos los buitres y buscafortunas salieran arrastrándose de sus escondites, siendo que sus demandas fueran legítimas o no. Al parecer todos pensaban que tenían derecho a una parte, incluyendo los miembros del Consejo que argumentaban que, dado que Asato Ichijo había sido el jefe de la organización y había muerto sin un heredero, todo debería quedar en manos del estado.
Con gran destreza, Kaname había puesto punto final al dilema para su complacencia, aunque ─eso sí─ de muy pocos otros. Rido había estado usando los bienes de Ichijo luego de su muerte y Seiren le había conseguido a Kaname documentos que mostraban que, en ese momento, Rido había asumido control por medios legales de las propiedades de Ichijo. Era un acuerdo increíblemente turbio que sin duda había sacado de la manga para poder controlar los capitales del otro vampiro, pero Rido estaba lejos de ser un amateur y había hecho un trabajo tan bueno que hubiera resistido el escrutinio de cualquier corte judicial. A diferencia de Asato y Takuma, Rido nunca había desheredado legalmente a Kaname, ya que indudablemente pretendía apoderarse del cuerpo de su sobrino y ocupar su lugar.
Entonces, Kaname había señalado con toda calma y lógica que, como el único familiar vivo de Rido, eso significaba que la fortuna Ichijo se volvía suya. Dado el exceso de atención mediática frente a las revelaciones recientes de lo que Rido e Ichijo le habían hecho a los padres de Kaname y a Kaname mismo, no había manera posible de que alguien le pudiera negar al joven purasangre lo que quería sin incitar la rabia general del pueblo y terminar pareciendo unos cretinos. En un intento resentido de mantener una buena imagen frente a la opinión pública y evitar una mayor alienación del último Kuran sobreviviente, el Consejo concluyó rápidamente con el asunto y pronunció a Kaname el heredero legal de todo, luego los períodos apropiados para la validación del testamento.
Kaname prontamente firmó los papeles necesarios para dejar la fortuna en manos de Takuma. El purasangre no la quería, tenía la suya y era más que capaz de transformarla con el tiempo en un imperio tan grande como el de Ichijo si así lo deseara.
Dicho acto abrumó a Takuma, quien trató de negarse a aceptarlo, sosteniendo que quería compensar a Kaname por lo que su familia le había hecho. Pero el purasangre no iba a permitir tal cosa. Señaló que nada de lo que había pasado había sido culpa de su amigo e insistió en que el Imperio Ichijo era de Takuma por derecho de nacimiento. Kaname no iba a dejar que se engañara acerca de esto sólo porque había decidido permanecer fiel al purasangre, cuando le hubiera sido más provechoso traicionarlo.
Como la muerte de Asato había ocurrido sin testigos y como los vampiros de las clases más altas no dejaban cuerpos al fallecer dependiendo de la forma en la que habían muerto, había un período legal de un año de espera antes de que cualquier tipo de sucesión permanente de sus propiedades pudiera ser permitida. Durante ese tiempo el tribunal de testamentarias iba a cuidar del monto total. Si Ichijo no reaparecía antes de la fecha límite, la posesión legal de todo pasaría a manos de Takuma al final del período de espera. Hasta entonces, Kaname se estaba asegurando de que su amigo contara en la escuela con lo que necesitaba.
Takuma ya se estaba volviendo insufrible de tan agradecido que se mostraba. Si bien Kaname apreciaba sus muestras de gratitud, éstas también lo hacían sentir avergonzado hasta más no poder, ya que a sus ojos lo único que había hecho fue devolverle a Takuma lo que era suyo. Sin embargo, parecía que su amigo no había venido a darle las gracias por millonésima vez.
El aristócrata miró a Kaname con ojos algo tímidos y vacilantes.
─No, no, es por otra cosa ─le aseguró, mirando por sobre su hombro mientras seguía parado en el umbral─. Hay, em, alguien que te quiere ver y yo dije que me iba a fijar si estaba todo bien…
Atrás de Takuma, Kaname llegó a ver un mechón de pelo marrón artísticamente salvaje y supo de inmediato de quién se trataba. Reconoció su olor y, Dios lo ayude, estaba tratando con mucho esfuerzo de no dejar que le diera vuelta el estómago.
Shiki le pegó un ligero codazo a Takuma para que se corriera un poco y así poder ver a Kaname. El joven vampiro hizo una reverencia llegando con la cabeza al nivel de la cintura y ahí se quedó, con los cabellos oscuros colgando alrededor de su rostro. Estaba mucho más callado y sumiso que de costumbre.
─Entiendo si no me quiere ver, Kaname-sama, pero agradecería poder hablarle por unos pocos minutos… ─mumuró por lo bajo.
Kaname retrocedió unos pasos haciendo un gesto con el que invitaba a Takuma y a Shiki a entrar en su habitación.
─Por supuesto, pasen. No sabía que ya te habías levantado, Shiki ¿Estás bien?
Los dos nobles entraron y Shiki se enderezó a regañadientes. Parecía nervioso y preocupado, como un siervo queriendo huir cuanto antes de las luces de los reflectores. Su mirada parecía perseguida y alrededor de sus ojos, de los cuales pendían círculos oscuros, se veían finas líneas que lo hacían parecer mucho más viejo de los dieciséis años que tenía. Kaname no pudo evitar preguntarse con tristeza cuántos años de vida le había robado Rido a su hijo al usar su cuerpo de la forma en que lo había hecho.
─Shiki se despertó hace un par de horas ─explicó Takuma, pasando un brazo alrededor de los hombros del vampiro en un gesto de apoyo. Hubiera resultado inútil tratar de esconder el sutil deleite y alivio que le hacía sentir este hecho─. No me pareció bien que se levantara tan temprano, pero insistió en que te quería ver.
Shiki le disparó a Takuma una mirada indescifrable ante su sobreprotección, pero no trató de separarse de él.
─Yo, yo estoy bien, Kaname-sama. Para ser honesto, no… no me acuerdo mucho de nada de lo que pasó desde que fui a la casa de mi madre después de las vacaciones ─admitió en voz baja. En su memoria había una grieta enorme y perturbadora entre cuando lo habían llevado a ver la cosa ésa que le dijeron que era su padre y haber despertado en el hospital.
De vez en cuando se le venían a la cabeza pedazos de recuerdos, escenas, emociones… pero eran como trozos de sueños, presentes pero borrosos, que olvidaba a medias al despertar. En su caso, sin embargo, eran como trozos de pesadillas, recuerdos vagos de horrores que se sentían como si fueran culpa suya.
─Me dijeron… lo que pasó… lo que Rido… lo que yo hice… ─continuó, siendo incapaz de mirar a Kaname a los ojos─. Sé que lo que diga nunca va a alcanzar, pero quería tratar de disculparme. Perdón, perdón…
Kaname sacudió la cabeza en forma negativa, deteniendo las disculpas. Esperaba que el tiempo ayudara a su primo a recuperarse por completo de su mala experiencia. No lo culpaba por lo que había pasado, aunque tampoco podía negar que había llegado a asociar este cuerpo con la crueldad de su tío. Era difícil mirar ese rostro y no esperar que aquella sonrisa siniestra y burlona apareciera en cualquier momento; era difícil no sobresaltarse ni tensionar los músculos cada vez que Shiki movía aquellas manos que tanto dolor y martirio habían inflingido sobre el purasangre. Kaname mantuvo una expresión resueltamente neutral y amigable. No era culpa de Shiki. No más de lo que había sido culpa suya.
─No. No, Senri… no hay nada de lo que te tengas que disculpar ─le aseguró Kaname─. No estabas en control de tu cuerpo y no eres responsable de lo que hizo Rido a través de él.
Finalmente, Shiki lo miró a los ojos y Kaname sintió que un poco de la tensión que contraía su cuerpo se soltaba ante los dos ojos marrones y de colores parejos. Ésa no era la mirada de Rido.
─Pero… ─Shiki seguía sin parecer convencido.
Con cuidado, Kaname alargó un brazo y apretó el hombro de su primo en muestra de confianza.
─No. Ya terminó todo. No tiene nada que ver contigo y nunca fue así. Olvida lo que ocurrió y no volvamos a hablar al respecto. Ahora, todo lo que quiero es que descanses y recuperes tus fuerzas ¿Podrás ir a mañana al funeral del Director? ─le preguntó, desviando el tema a propósito.
Shiki, aliviado de hablar de otra cosa, hizo un gesto de afirmación.
─Sí, ahí estaré.
─Muy bien ─dijo Kaname inclinando la cabeza─. Takuma, asegúrate de que descanse un poco. Pongo a Senri bajo tu cuidado hasta que se recupere, ¿sí? ─El leve destello de luz que pasó por sus ojos decía que el purasangre estaba al tanto de que Takuma estaría más que contento de cumplir con tal responsabilidad─. Ahora, si me disculpan, tengo un par de cosas que me gustaría terminar…
─Gracias, Kaname ─dijo Takuma asintiendo seriamente con la cabeza antes de mostrarle a Shiki una sonrisa reluciente y aliviada. Su brazo descendió hasta envolver la cintura del otro muchacho mientras ambos hacían una reverencia y se dirigían a la puerta.
─Vamos, te voy a hacer un poco de té… ─escuchó Kaname decir a Takuma mientras se marchaban. Antes de que la puerta se cerrara, llegó a ver que Takuma se inclinaba hacia delante para posar un breve beso sobre los cabellos marrones y despeinados, y que Shiki se fundía en el abrazo de Takuma de buena gana ahora que creía que Kaname ya no los estaba mirando.
El purasangre sonrió ligeramente cuando la puerta se cerró con un clic. Tal vez sólo eran buenos amigos aliviados de no haber perdido al otro, después de todo Takuma tenía la costumbre de mostrarse afectuoso con todo el mundo. Pero, claro, tal vez había una razón por la que el aristócrata había sido tan comprensivo con respecto a la inesperada relación de Kaname con Zero. Pero el purasangre no se dejó especular demasiado, sino que se contentó con sonreír y volver a su trabajo.
Pocos minutos más tarde, las palabras y los papeles se empezaron a nublar ante sus ojos, que se negaban a mantenerse en foco. Parpadeó y dejó los documentos. Quizás era hora de tomarse un descanso… todo lo demás podía esperar y su cuerpo ya le estaba haciendo saber que, otra vez, estaba descontento con la manera en que lo trataba. El dolor en su pecho, por otro lado, comenzó a arder.
Kaname se levantó de la silla y cruzó la habitación, dirigiéndose a la ventana y mirando con ojos distraídos hacia afuera mientras controlaba cuidadosamente su respiración. Sus dedos apretaron la parte frontal de su camisa, haciendo presión contra su caja torácica en círculos lentos como si pudiera hacer desaparecer el malestar de la sensación ardiente y despreciable.
─¿Qué haces levantado? ─La voz de Zero hizo que la cabeza de Kaname subiera de golpe; no se había dado cuenta de que el muchacho había entrado. Al parecer todavía faltaba bastante para que su cuerpo se recuperara, ya que de otra forma nunca lo hubieran podido sorprender de esta manera. Kaname dio media vuelta y se encontró con Zero, quien lo miraba con el ceño fruncido desde el umbral. Había entrado sin tocar, evidentemente.
El cazador giró su cabeza hacia la ventana, desde donde la luz del atardecer se veía con claridad.
─¿No se supone que todos los buenos vampiros tendrían que estar durmiendo a esta hora? ─¿Especialmente los que acabaron de ser dados de alta?
Kaname le disparó a Zero una mirada seca y se encogió de hombros, irguiendo rápidamente su cuerpo y tratando de ocultar su debilidad. Sin embargo, no funcionó tan bien con Zero como con Takuma y Shiki… de alguna manera, parecía más difícil de esconder frente a esos ojos plateados e inquisitivos.
─¿Qué te ocurre, Kiriyu? ¿Estás preocupado por mí? ─preguntó Kaname enarcando una ceja casi burlona─. Qué dulce de tu parte pero estoy bien. Nada más me falta atar un par de cabos sueltos ─dijo, haciendo un gesto vago hacia los papeles desparramados sobre su escritorio.
La mirada de Zero siguió fija sobre el purasangre, sin dejarse engañar por la forma satírica en que había sido expresada la media verdad.
─Bueno, mira, vine para hacerte saber que el maestro Toga dijo que él y algunos cazadores más van a ir al funeral, que espera que sepas lo que estás haciendo y que no haya problemas. ─Zero pensaba dejar una nota, hasta que sintió la presencia de Kaname del otro lado de la puerta. El purasangre se había estado moviendo por lo que, obviamente, se encontraba despierto.
Kaname asintió con la cabeza sin darle mucha importancia al asunto. La reunión de humanos, vampiros y cazadores en un mismo lugar iba a ser un evento singular. Pero tales hubieran sido los deseos de Cross y Kaname se había asegurado de tener todo cuidadosamente coordinado.
─No, no los tendría que haber. No mañana, por lo menos. Puedes estar seguro de que… ─El ardor que Kaname había estado tratando de calmar lo terminó venciendo y al joven se le hizo imposible concluir con la frase. Éste era el peor momento en que pudiera haber ocurrido, ya que hasta ahora había tenido la suerte de sólo sufrir estos ataques estando solo. El purasangre se agarró el pecho tomando una áspera bocanada de aire mientras el fuego se extendía por su cuerpo. Para la profunda frustración del purasangre, sus rodillas cedieron sin previo aviso.
Moviéndose con velocidad vampírica, Zero lo atrapó antes de que se cayera al piso y ambos terminaron arrodillados sobre la alfombra.
─¡Kaname! ─dijo Zero con voz teñida de alarma mientras acunaba al purasangre contra su pecho, sintiendo la súbita aceleración de sus latidos a causa del miedo─. Basta, voy a llamar a la enfermera… ─amenazó, pero Kaname lo tomó de los brazos impidiendo que se marchara incluso mientras Zero le brindaba apoyo.
─No… no hace falta, voy a estar bien. Nada más tengo que descansar. La enfermera no puede hacer nada que mi cuerpo no esté haciendo todavía ─protestó al instante. No tenía tiempo para andar perdiendo con enfermeras, doctores y estudios, y de ninguna manera podía darse el lujo de parecer tan vulnerable. No podía dar a entender que todavía había algo mal con su cuerpo.
─¡Maldición! Eres un idiota testarudo, ni siquiera tendrías que haber salido del hospital, pero ¿alguna vez escuchas algo de lo que los demás te dicen? ─protestó Zero con preocupación frustrada─. Nooo, tú siempre tienes que saber qué es lo mejor.
Kaname se apoyó en Zero más pesadamente de lo que le hubiera gustado mientras esperaba que el dolor se fuera. Su irritación debería ser mayor a la que ahora sentía, pero no había podido estar así de cerca de Zero desde el día en la bodega y se quería quedar donde estaba… pero no tendría que ser tan débil, no tendría que necesitar esto. Finalmente, se separó del ex humano, siendo capaz de mantenerse erguido pero sin apuro todavía por ponerse de pie.
El purasangre le sonrió a Zero con ironía, pero también con algo de debilidad.
─Tu preocupación es innecesaria y esto que ves es inconsecuente. Pronto me voy a curar. ─Solamente me gustaría que el proceso fuera un poco más rápido.
Kaname se puso de pie como para probar la verdad de sus palabras y Zero lo siguió despacio mientras una mirada oscura se cernía sobre su rostro y sus ojos.
─¿Y qué si no es así? ─dijo en voz baja pero tenebrosa y casi enojada, demandando recibir una respuesta─. Confías demasiado en la habilidad de tu cuerpo para curarse y soportar todo por lo que lo hagas pasar. Eso te podría matar algún día, Kuran.
La reprimenda tomó a Kaname por sorpresa tanto por la ferocidad con que estaba teñida como por la persona de quien venía ¿Realmente Zero se preocupaba tanto por él? Si el muchacho no estuviera haciendo gala de una actitud tan molesta… eso sería dulce. El purasangre se irguió ligeramente ante el tono de las palabras y se limitó a encoger los hombros.
─Estás exagerando, Zero. No te preocupes por cosas que no entiendes. Ahora, si me disculpas…
Kaname comenzó a darse vuelta y Zero lo tomó de un brazo, volviéndolo a girar. El simple hecho de que pudiera hacer tal cosa le hizo darse cuenta de que tenía razones de sobra para preocuparse por el purasangre.
─No. No te disculpo nada. No te disculpo por que te importe tan poco tu vida después del precio que se pagó por ella. No… no te disculpo por tratar de deshacerte de ella en primer lugar. ─La voz de Zero sonó enfadada pero teñida al mismo tiempo con una profunda emoción. Sus dedos apretaron la muñeca de Kaname; estaba preocupado por el purasangre, maldición, y no quería preocuparse por él, no quería tener que enfrentarse de nuevo con el miedo de perderlo, que se había hecho demasiado real en tan poco tiempo.
Kaname parpadeó, enojado pero extrañamente atraído por el fuego tempestuoso que ardía en los ojos plateados que no se separaban de los suyos.
─Zero, sé muy bien el precio que se pagó por mi vida, ¡por eso estuve trabajando tan duro para asegurarme de que no hubiera sido en vano! ─respondió con calma pero con fiereza─. Y no tengo ni la menor idea de qué…
─No finjas que no sabes de lo que estoy hablando, hazme el favor ─lo interrumpió Zero, mientras toda la preocupación y el dolor de la semana pasada burbujeaba despiadadamente hacia la superficie─. En la refinería… me tendrías que haber elegido a mí. Por el amor de Dios, Kuran, nunca voy a encajar en ningún lado y probablemente nada más tengo, ¿qué?, un par de años que vivir nada más. Yo nunca te pedí que hicieras todo esto… ─La voz enfadada de Zero se cubrió un poco con algo que sonaba más como dolor que como furia─. Yo nunca quise que te sacrificaras, yo nunca quise ser el que tuviera que apretar el gatillo y yo nunca quise terminar tan endeudado contigo.
Había culpa en las palabras furiosas del cazador. Nadie salvo Yuki sabía de las pesadillas que había tenido en la semana, nadie sabía que había sido obligado a revivir esos momentos en la bodega, a matar a Kaname una y otra vez hasta que se despertaba gritando.
Los ojos tempestuosos de Kaname devolvieron la ira de Zero pero el rostro del joven palideció ligeramente, no por la furia del otro vampiro, sino por la deprimente mirada que tenía de su corto futuro. No. No podía ser así. De alguna manera… él no lo iba a permitir.
─¡No digas esas cosas! ─espetó Kaname, arrancando su muñeca del agarre de Zero─. Fui yo el que te pidió que apretaras el gatillo, entonces ¿quién está en deuda con quién? Y si vamos a hablar de gente que valora poco su vida ¿por qué no empezamos por casa y dejas de hablar como si fueras un bulto desechable? Eres un vampiro, Zero, ¡no basura! Eres cazador y vampiro, nuestros ancestros están entrelazados en ti si lo piensas por un segundo. Trata de estar orgulloso de lo que eres de vez en cuando, por el amor de Dios.
Los ojos encolerizados, plateados y marrones, se sostuvieron las miradas. La furia, el orgullo y el dolor eran sólo los velos que cubrían inconscientemente el anhelo mudo, enfermizo pero imposible de negar que había entre ellos. Estando así, ambos sintieron la atracción que palpitaba siniestramente en la sangre de los dos, ambos sintieron la línea común de emoción que había entre ellos, la sola verdad que los enlazaba.
No te puedo perder.
Ninguno supo quién se movió primero pero de pronto ya no hubo más aire entre los dos. Sus cuerpos se apretaron mutuamente, sus labios se encontraron en un beso hambriento y feroz. Kaname chupó el aire de los pulmones de Zero, respirándolo famélicamente mientras sus lenguas bailaban y se retorcían, buscando y saboreando con una pasión urgente. Los dedos de Zero agarraron las mangas de la camisa negra de Kaname, acercándolo a sí. El dolor floreció con fuerza en las heridas internas de Kaname que todavía no estaban del todo curadas a causa del súbito esfuerzo, pero no le importaba, no le importaba…
Esta vez, tanto Kaname como Zero sintieron la presencia de Yuki antes de que llegara. De mala gana se separaron justo antes de que apareciera en el umbral de la puerta, que Zero había dejado abierta de par en par imprudentemente.
Con las caras arreboladas y viéndose tan inocentes como el pecado, no lograron crear una imagen muy convincente de sangre fría cuando Yuki se detuvo frente a la puerta abierta. Lo primero que la muchacha vio fue a Zero parado junto a la ventana y después a Kaname, al lado de su escritorio.
─Ahí estabas, Zero, te estuve buscando por todas partes… Kaname, ¿no tendrías que estar durmiendo? ─preguntó, y la preocupación tiñó ligeramente su rostro.
Ambos vampiros sonrieron sin poderlo evitar.
─Por supuesto que tendría que estar durmiendo, pero ya conoces a el Señor Invencible… ─gruñó Zero, consiguiendo una risa suave y divertida de parte de Kaname─. Él dice que está bien.
─Kaname, por favor, sabes que los médicos dijeron que tenías que tener cuidado… ─comenzó a decir Yuki con honestidad y el purasangre, anticipándose a sus palabras, rápidamente levantó las manos en un gesto de rendición y le mostró una sonrisa resignada.
─Está bien, está bien, veo que me superan en número. Prometo que voy a descansar, ¿de acuerdo? ¿Necesitabas algo, Yuki?
Yuki no parecía convencida pero su mirada se desplazó hacia Zero.
─Zero, el maestro Toga te estaba buscando.
Zero sonrió tristemente y con culpa, ya que la muchacha lo había estado buscando para darle el mensaje.
─Sí, ya sé, ya hablé con él.
─Ah, bueno entonces. Nada más me quería asegurar de que lo supieras. ─Yuki parecía un poco molesta pero se olvidó del asunto. La semana pasada había sido una locura con todas las cosas que tenían que hacer. En la privacidad de su habitación, cuando la permanencia de haber perdido a su padre finalmente se había asentado, había llorado hasta quedarse dormida las primeras noches en las que Kaname todavía había estado peleando por la vida en el hospital. Ahora no lloraba tanto, pero las preparaciones para el funeral habían sido tan frenéticas que sentía que casi no tenía tiempo para quedarse quieta y enfrentar todo lo que estaba pasando. Tal vez así era mejor. Si se mantenía ocupada, si no paraba de moverse, no tenía que sentir demasiado.
Kaname vio eso en sus ojos. Había tenido muy poco tiempo para estar con Zero y Yuki desde su salida del hospital y se arrepentía profundamente de tal cosa; estaba preocupado por cómo Yuki estaba manejando todo.
─Yuki, espera ─dijo cuando la muchacha empezó a retirarse─ ¿Y tú? ¿Estás bien?
─¿Yo? ─Yuki pareció algo sorprendida por la pregunta y más aun ante el hecho de que sus ojos ardieron de pronto por el tono de voz preocupado y amable ¿Qué? ¡Por qué ahora! Eres una boba, boba, boba…
─Mm. Sí, estoy bien. ─Parpadeó rápidamente y sonrió─. Me tendría que ir, em… a asegurarme de que están poniendo las flores en el lugar correcto. Las estuvieron trayendo durante todo el día y ya casi no queda lugar. Algunos chicos de la clase diurna están que no dan más de los estornudos… ─murmuró, buscando una salida.
Fue Zero quien la detuvo, cruzando la distancia que los dividía y tomándola por los hombros.
─Ey, Yuki… deja de preocuparte por esas flores de porquería. Nadie se va a morir por ser alérgico al polen. ─La abrazó contra sí y pudo sentir a través de la espalda de la muchacha que la respiración se le entrecortaba.
Kaname, quien ahora estaba al lado de ambos, tocó el pelo de Yuki con amabilidad y la tomó por la mejilla, girándole la cabeza para que lo mirara a los ojos. La muchacha sostuvo la mirada del purasangre tratando con mucho esfuerzo de ser valiente y darle apoyo, pero escondiendo su propia necesidad de que le dieran confort. Durante los últimos días, todos habían estado hasta las manos con un millón de cosas que hacer y, si bien Kaname sentía que eso estaba bien para él, lo lastimaba ver a Yuki tratando de mantenerse ocupada y de sobrellevar todo esto ella sola. No tendría que ser así.
─Creo que nos vendría bien un pequeño descanso ─murmuró Kaname─. El año pasado Takuma me regaló un plasma enorme al que todavía no usé como Dios manda. Yuki ¿por qué no consigues algo para que miremos los tres? Yo me voy a encargar de traer algo para tomar ─dijo, invitándolos y dándose cuenta de que Yuki necesitaba relajarse en algún lugar seguro.
Zero asintió con la cabeza, mostrando que estaba de acuerdo con la idea y pensando que los dos necesitaban relajarse.
─Cambio de planes, yo traigo algo para tomar y ustedes buscan alguna película ─corrigió, observando a Kaname con ojos que le decían que se quedara quieto de una buena vez.
Esto pareció causarle gracia a Kaname pero el purasangre se limitó a encogerse de hombros, escoltando a Yuki a la habitación contigua donde tenían un televisor al que habían usado muy poco.
Una hora más tarde, los tres estaban acurrucados en el sillón mirando una película bastante tonta con cortes comerciales limitados. Ninguno se acordaba el nombre y seguramente mucho menos recordarían la trama, pero eso no era lo importante, sino relajarse y estar juntos. Yuki se encontraba en el medio, Zero estaba sentado a su lado con un brazo alrededor de los hombros de la muchacha y Kaname, quien al principio había estado en la misma posición que el cazador pero a la derecha de Yuki, fue finalmente vencido por el agotamiento y ahora descansaba con la cabeza sobre el regazo de la joven, profundamente dormido.
Los dedos de Yuki estaban suavemente enredados entre los mechones oscuros, acariciándolos con gesto distraído de vez en cuando. Había algo muy tranquilizador en sentir la respiración suave y pareja del vampiro contra su pierna y saber que estaba ahí; que estaba vivo y tan cerca como para tocarlo.
Yuki se estaba sintiendo un poco mejor ahora, más humana otra vez. Durante uno de los cortes comerciales, giró su cabeza para mirar a Zero, observándolo por largos momentos hasta que el joven sintió su mirada y la devolvió con ojos inquisitivos.
─Está dormido ─murmuró, señalando a Kaname con el mentón y mostrando una ligera sonrisa.
Zero también sonrió, sintiendo una calidez inexplicable al ver al purasangre descansando sobre el regazo de Yuki de manera tan vulnerable, pero tranquila. Era demasiado sencillo recordar una escena muy diferente donde ella sostenía su cabeza mientras el purasangre respiraba a duras penas, en agonía, muriendo…
Zero se forzó a pensar en otra cosa, pero pudo ver el mismo sentimiento reflejado en los ojos de Yuki. Se inclinó hacia ella sin pensarlo y le besó ligeramente la mejilla.
─Ey, está vivo, todo está bien. Olvida lo que pasó ─murmuró con voz suave tanto para ella como para sí mismo, aunque era más sencillo pensar que lo hacía por Yuki.
─Ya sé ─susurró la muchacha. Era bueno tener a alguien que la entendiera tan bien, sin necesidad de palabras. Apoyó su cabeza sobre el brazo de Zero, mirándolo con ojos pensativos.
─¿Qué? ─preguntó el joven después de un minuto, no muy seguro de por qué sentía que el calor se expandía por su cuerpo bajo la mirada curiosa de la muchacha.
─Me preguntaba si… ─admitió Yuki despacio─ si algún día querrías besarme… como te estabas besando con Kaname antes de que yo entrara.
Zero se puso profundamente colorado, tanto por la vergüenza como por… otras sensaciones.
─¿Tú, em… viste eso?
Yuki negó con la cabeza.
─No, pero no soy estúpida. ─Pasó los dedos despacio y con gesto pensativo entre los cabellos de Kaname─. Me gustaría que no se escondieran de mí. No quiero que se sientan mal por gustar del otro. ─Era raro hablar con tanta franqueza de algo como esto, especialmente con alguien que ella le gustaba… mucho… pero se trataba de Zero, por el amor de Dios. Siempre habían sido francos con el otro y de alguna manera, después de todo por lo que pasaron, después de verse cara a cara con la muerte y darse cuenta de cuán frágil era la vida… muchas cosas se habían puesto en perspectiva. La timidez y la duda eran las culpables de que ella pasara tan poco tiempo de su vida realmente viviendo. Bueno, sanseacabó. Si quería algo, tal vez no estaba tan mal tratar de conseguirlo.
Zero no sabía qué decir y se quedó callado. Yuki lo seguía mirando.
─¿Y? ¿Algún día lo vas a hacer? O sea, no quiero decir que lo tienes que hacer ahora, pero en algún momento… ─dijo, moderando rápidamente la demanda y retrocediendo un poco, sintiéndose un poco fuera de lugar y todavía no del todo cómoda con hablar de estos temas.
La respiración de Zero se calmó y en lugar de contestar a la pregunta inclinó la cabeza y la besó, con fuerza, con ternura, con profundidad, y sin pedir disculpas.
Horas más tarde, Aido encontró a los tres jóvenes en frente del televisor donde se veía un programa sumamente estúpido de utensilios de cocina al que nadie le estaba prestando atención. Los tres amigos estaban acurrucados juntos sobre el gran sillón, Kaname recostado con la cabeza sobre el regazo de Yuki, Zero con la cabeza sobre el hombro de la muchacha y Yuki descansando contra el almohadón del sofá. Todos dormían como angelitos.
El vampiro rubio no pudo evitar que en su rostro se dibujara una sonrisa irónica ante la imagen que tenía frente a sus ojos. Al principio no le había gustado que Kaname pareciera tan apegado a Yuki y que tolerara la forma en que Zero siempre lo trataba, y las circunstancias recientes sólo habían hecho todo más confuso. Aido no se había olvidado del tierno intercambio de miradas y caricias que había presenciado en la bodega entre Kuran y Kiriyu, y no sabía qué pensar al respecto. Era vagamente perturbador pero no lo suficiente como para hacerlo abandonar su admiración firmemente afianzada por el purasangre. Lo más probable era que nada en el mundo lo pudiera hacer a estas alturas.
Pero ahora, la imagen que hacían los tres juntos… resultaba demasiado dulce de una manera extraña como para que llegara a ser perturbadora. Era muy poco común ver a Kaname bajando su guardia totalmente estando con otras personas. Aido tenía que admitir que sentía un poco de celos por el nivel de confianza que eso implicaba pero, al mismo tiempo, no podía evitar sentirse contento también. Kaname había pasado por situaciones horribles y se merecía tener un lugar donde poderse relajar y recuperarse, sea donde fuere que eligiera buscarlo.
Los ojos de Kaname se abrieron, tal vez percibiendo la presencia del joven. El purasangre parpadeó un par de veces y luego puso una mirada inquisitiva sobre Aido.
El noble no pudo evitar que una sonrisa pequeña apareciera en su rostro.
─Teléfono para ti, Kaname ─dijo Aido en voz baja para no despertar a los otros jóvenes durmientes─. Son los abogados del testamento otra vez ¿Quieres que les diga que no te encuentras en estos momentos?
Kaname cambió de posición y subió la vista, viendo que los otros dos jóvenes estaban durmiendo y sonriendo amablemente por un momento antes de sacar su cabeza con cuidado de debajo de los dedos de Yuki sin despertarla. Se sentó y se pasó una mano por el pelo. Nada más había dormido por un par de horas pero se sentía fresco y el dolor de sus heridas se había aplacado hasta volverse fácil de ignorar otra vez.
─Sí, todo lo que quieren es bombardearme con más papeles que hay mucho tiempo para llenar. Diles que no los podré atender hasta el final de la semana. Tengo asuntos importantes de los que me tengo que encargar aquí, ellos pueden esperar ─respondió Kaname revoleando los ojos, a lo que Aido asintió con la cabeza.
Takuma hubiera moldeado la respuesta en términos amables y corteses, pero Aido no era una persona muy diplomática que digamos y probablemente daría el mensaje tal como lo había recibido. Kaname sabía esto y, mientras Aido se retiraba, en sus ojos se vio por un momento la gracia que esto le causaba. El purasangre se puso de pie, girándose para mirar a los otros dormilones.
Zero, quien se despertó por la conversación mantenida en voz baja y el movimiento a su alrededor, se frotó los ojos con cansancio. Era entrada la noche y Kiriyu estaba acostumbrado a seguir horarios humanos.
─Zero, es hora de ir a la cama ─murmuró Kaname por lo bajo. Agachándose, el purasangre levantó a Yuki en brazos─. Yo la llevo a su habitación.
Zero asintió con la cabeza y se puso de pie, frotándose los ojos otra vez y masajeándose los nudos en su cuello con cansancio. Era extraño… un par de meses atrás hubiera pataleado como un condenado al ver a Kuran llevando a Yuki a la cama y hubiera insistido en seguirlos… pero ahora entendía lo que el Director le había tratado de decir por años: Yuki estaba completamente a salvo con el purasangre.
Kaname se detuvo, posando su mirada sobre Zero por largos momentos.
─Zero… ─No sabía realmente qué quería decir─. Gracias por conseguirnos algo para tomar ─murmuró finalmente. Las palabras significaban más de lo que decían y Zero, entendiendo esto, siguió a Kaname con la mirada mientras sacaba a Yuki de la habitación.
El aire frío de la noche despertó a Yuki mientras Kaname avanzaba por los terrenos cubiertos de hierba que había entre la Residencia Luna y la casa en la que la muchacha había crecido. Desde que regresaron a la escuela, ella había preferido quedarse en su vieja habitación en lugar de en la que compartía con Yori en los dormitorios. Kaname comprendía que ella necesitara y quisiera privacidad para esos momentos en los que se tenía que largar a llorar. Sin embargo, estaba orgulloso de ella, la muchacha estaba sobrellevando todo muy bien, teniendo en consideración las cosas que debía sobrellevar.
Yuki pareció confundida por un momento, pero luego se dio cuenta de dónde estaba y de quién la estaba llevando en brazos, luego de lo cual su cuerpo se relajó instantáneamente. Se acurrucó con gesto satisfecho contra el pecho de Kaname y descansó su cabeza sobre el hombro del purasangre. La mirada de la muchacha se fijó en el joven, mostrando la confianza que tenía en el vampiro mientras las estrellas se reflejaban en las profundidades de sus ojos oscuros como un millón de pequeños puntos de luz, encogiendo el corazón de Kaname. La había cargado de este modo desde que eran pequeños y, en los términos inocentes de la infancia, él la había amado desde la primera vez que la había visto. Ella había tenido solamente un par de semanas cuando la señora Kimura la había llevado a su casa para que la vieran sus padres. Kaname aún recordaba la primera vez que el bulto de mantas que envolvía a la beba había sido puesto en su pequeño regazo. Ella lo había mirado con estos mismos ojos grandes y oscuros en los que sólo se veía curiosidad y un afecto incondicional… y en ese mismo momento había perdido el corazón. Pero tenía que ser realista; tenía que pensar en ella y en lo que le estaba haciendo. Zero tenía razón, el amor no podía ser egoísta.
Yuki alzó una mano y la apoyó sobre la mejilla del purasangre mientras una suave expresión de ceño fruncido se asentaba en sus rasgos.
─Pareces triste otra vez, Kaname ─murmuró por lo bajo. Habiéndose enterado de la historia que compartían, ahora entendía por qué Kaname siempre parecía tan triste cada vez que la miraba─ ¿Estás pensando en el pasado?
Kaname sonrió con suavidad, abrazándola con más fuerza ahora que entraban en silencio a la casa.
─No, Yuki, en realidad estaba pensando en el futuro ─murmuró por lo bajo. Le tenía que hablar acerca de esto y más le valía hacerlo ahora, entes de que perdiera su determinación y tratara de racionalizar alguna razón para evitarlo.
─Entonces tendrías que estar feliz, no triste ─respondió Yuki en un susurro, acariciando la mejilla del vampiro con sus dedos y alejando de su rostro con ternura algunos mechones errantes de pelo.
A Kaname se le cerró la garganta al entrar en la habitación con Yuki y apoyarla sobre la cama, sentándose a su lado. Tomó la mano de la muchacha entre las suyas.
─Yuki… tenemos que hablar ─dijo con voz suave─. Perdóname, yo sé que éste no es el mejor momento, pero… ─dijo, inhalando despacio.
Yuki lo seguía mirando con ojos amables y curiosos.
─A veces el ahora es lo único que nos queda ─dijo Yuki en voz baja. Esa lección ya la había aprendido con devastador éxito.
Kaname asintió despacio con la cabeza. Ella tenía razón. El joven respiró profundamente. Esto era difícil, difícil y doloroso, pero era su obligación pensar en lo que era mejor para ella.
─Yuki… yo te amo ─dijo suavemente─. Y lo digo en serio. Siempre te he amado y siempre te amaré. Pero las cosas se volvieron… complicadas.
─Te refieres a ti y a Zero ─dijo Yuki en voz baja, aún sosteniendo la mano de Kaname y su mirada sin vacilación alguna.
Kaname volvió a asentir con la cabeza, apretando sus dedos alrededor de los de la muchacha:
─Sí.
─Kaname, Zero me dijo lo que pasó entre ustedes dos, lo del lazo y todo eso. Y está bien, ahora entiendo ─dijo Yuki por lo bajo.
Kaname acarició con su pulgar la piel de la joven, despacio. Estaba aliviado de no tener que explicar todo, pero ella no le estaba haciendo las cosas fácil.
─No creo que sea así ─susurró Kaname con suavidad─. Yuki, esta… situación entre Zero y yo…. no va a desaparecer. No puedo negar ni renunciar a lo que tengo con él, ni aunque lo quisiera. Perdóname. Perdóname, Yuki. Nunca fue mi intención que las cosas terminaran así pero no quiero que sientas que tienes que estar conforme con esta clase de arreglo. No tengo ningún derecho a pedirte tal cosa… y si alguien más lo hiciera, yo sería la primera persona en hacerlo pedazos. Tú te mereces algo mejor que eso, tanto tú como Zero. ─El más puro dolor pasó libremente por los ojos de Kaname. Ésta era una de las cosas más difíciles que había tenido que hacer en su vida pero sabía que si amaba a Yuki tanto como para morir por ella, también la tenía que amar tanto como para dejarla ir.
El dolor se expandió a los ojos de Yuki, quien sostuvo su mano con fuerza ante el miedo súbito que constreñía su corazón. Kaname estaba tratando de romper con ella. O, en todo caso, lo haría si uno consideraba lo que había entre ellos como una relación amorosa.
─Kaname… ¿tú dices esto porque piensas que es lo mejor para mí o porque te diste cuenta de que no me quieres más que como amiga? ─preguntó Yuki en voz muy baja, sintiendo que su garganta se volvía áspera y tensa.
La expresión de Kaname se inundó de dolor y culpa. Su pechó gritó de agonía, pero esta vez no se debía a las heridas. Le tenía que mentir. Le tenía que decir que solamente quería ser su amigo y hacer las cosas fáciles para los dos. Pero, en cambio, le dijo la verdad; necesitaba que ella entendiera.
─Tú eres la única mujer a la que siempre quise, Yuki. Pero te mereces a alguien que te pueda dar todo su corazón, y yo ya no puedo hacer eso. Incluso ahora, quiero estar con Zero. ─La voz de Kaname sonó suave, triste, y los dedos de su mano libre se dirigiendo inconscientemente al suave palpitar que sintió en la base de su cuello. No se arrepentía de sus sentimientos por Zero, de lo que sí se arrepentía era de que su corazón pareciera tan dividido. Estaba tratando de hacer lo correcto, entonces ¿por qué tenía que doler tanto?
»Lo necesito, Yuki, y quiero ir a donde él esté… ¿cómo puedo pretender que soportes tal cosa? Perdóname… perdóname por no poder ser la persona que quería ser para ti ─susurró, finalmente separando sus ojos de los de la muchacha y dirigiéndolos a sus manos entrelazadas. No encontraba la fuerza para soltarla, no podía soportar la idea de salir caminando de aquí sabiendo que esta noche había renunciado al derecho de imaginar toda clase de futuro con ella… pero era la única cosa decente que podía hacer.
De un modo extraño, el dolor de desvaneció ligeramente del rostro de Yuki ante las palabras de Kaname al entender lo que el joven estaba tratando de hacer. En realidad, se sentía un poco aliviada. Le apretó la mano y llevó la otra hasta rozar el cuello del purasangre. Sus dedos encontraron el lugar al costado de su garganta que ella lo había visto frotar inconscientemente y lo acarició despacio, haciendo que unos escalofríos pasaran por el cuerpo de Kaname y que los ojos del joven se dispararan de nuevo hacia ella.
Sus pupilas se dilataron y él tembló a causa del fuego que de repente comenzó a cantar en sus venas ante las simples caricias de la muchacha.
─Yuki, no… ─le advirtió con voz ronca, rogándole que no pusiera a prueba su determinación y su control. Les había prometido a los padres de Yuki, cuando era muy chico, que nunca la lastimaría de ninguna manera y durante toda su vida había tratado con todas sus fuerzas de no romper esa promesa.
El pulgar de Yuki hizo presión ligera pero firmemente contra ese lugar sensible que evidentemente había encontrado.
─Kaname, escucha lo que te voy a decir ─dijo en voz baja, mirándolo a los ojos con honestidad─. Toda mi vida trataste de protegerme de todo, incluyéndote a ti mismo. Confié en ti y realmente aprecio que siempre hayas estado cuando te necesitaba. Pero… pero diablos, Kaname, deja de tratar de dirigir mi vida por mi propio bien. Ya no soy una nena y no necesito ni quiero que sientas que tienes que tratar constantemente de decidir en mi lugar. ─Su voz sonó suave pero tembló ligeramente ante la intensidad de las emociones que ardían en sus ojos.
Escuchar una mala palabra de labios de Yuki, por más leve que fuera, y escuchar la forma distintiva y agresiva en la que estaba hablando eran motivos de sorpresa. Ahora definitivamente contaba con la atención de Kaname… sin mencionar que la sensación de la piel de la muchacha contra la suya y el fuerte agarre que tenía de su cuello estaban provocando que sus rodillas flaquearan y sus latidos se aceleraran.
─Déjame tomar mis propias decisiones para variar. Tal vez cometa errores, pero van a ser mis errores ¿Nunca se te ocurrió que podía ser que no quisiera estar perfectamente a salvo? Tal vez quiero dejarme llevar y aprovechar las oportunidades que se presentan… tal vez pienso que hay cosas que vale la pena hacer, incluso aunque no tengan sentido…
Yuki se sentó, todavía apretando con los dedos el sensible cuello de Kaname, inclinándose hacia delante y besándolo. Se tendría que sentir como una ramera, suponía, por besarlo así después haber hecho lo mismo con Zero horas antes. Pero, maldición, ellos también se habían estado besando antes y… esto se sentía demasiado bien como para que ella se sintiera culpable. Así como le había dicho a Kaname, tal vez el jugar con fuego la iba a quemar uno de estos días, pero era su decisión correr ese riesgo.
A Kaname se le escapó el aliento en una ola caliente cuando sintió que el cuerpo de Yuki se apretaba contra el suyo y que los labios de la muchacha buscaban su boca con una mezcla deliciosa de timidez e intimidad. Como ocurrió la primera vez que sus ojos se posaron sobre la joven… él terminó completamente perdido. Sus brazos se envolvieron alrededor de la espalda y hombros de Yuki, enredando sus dedos entre los cabellos oscuros mientras inclinaba su cabeza, devolviendo el beso con profundidad y hambre, buscando la tibieza de la boca de la joven y la caricia sumamente dulce de sus labios.
Ambos cayeron juntos sobre la cama y Kaname cerró los ojos, grabando en su memoria todos los sabores y sensaciones mientras el beso se volvía más tierno pero también más profundo.
El corazón de Yuki palpitaba con fuerza en su pecho y ella ansiaba tocar y sentir y acariciar. Apoyó sus manos en el rostro de Kaname, enlazándolas entre sus cabellos, acariciando sus mejillas y bajando hasta su cuello y hombros mientras se besaban. Ya había descubierto lo muy sensible que era el cuello del purasangre y sus dedos volvían a ese lugar una y otra vez, haciendo que el joven temblara y emitiera gruñidos guturales mientras devoraba y alababa la boca de la muchacha con la suya. Las manos de Kaname se deslizaron por sus hombros hasta su cintura, permaneciendo encima de ella y creando con su peso corporal una presión placentera contra el cuerpo pequeño de la joven.
Luego de un tiempo, Kaname se liberó de su boca y comenzó a trazar besos calientes a lo largo de la mandíbula y garganta de Yuki. Su respiración se había vuelto entrecortada y superficial mientras enterraba su rostro contra el cuello de la muchacha, inhalando su aroma y besándola con tanta ternura como urgencia. El cuerpo abajo suyo lo estaba volviendo loco pero se preguntaba si ella realmente tenía idea de lo que estaba haciendo, de lo que le estaba haciendo hacer a él.
Las manos de Kaname se deslizaron hasta las caderas de Yuki y el joven sintió que ella se tensaba vacilantemente. Subió la cabeza y la miró con atención.
Los ojos de Yuki estaba vidriosos de calor y deseo pero en sus rasgos también había vacilación inocente e intranquilidad. Kaname conocía muy bien esa mirada, la había visto antes, la noche en que casi había bebido su sangre pero se detuvo a tiempo. Sí, ella lo deseaba, pero pese a lo que la muchacha decía, todavía era joven y todavía necesitaba que él fuera lo suficientemente maduro como para saber cuándo detener a sus hormonas y deseos para que no los llevaran más allá de lo que la muchacha estaba lista a aceptar. Y quizá, tan en su interior que apenas estaba consciente de sus sentimiento, Kaname todavía no estaba listo para verla tan crecida tampoco. No, todavía no.
Se tranquilizó un poco y bajó la velocidad en forma considerable, contentándose con acariciarle la cintura y besarle la piel tibia de su mandíbula, su cuello, su mejilla… era algo delicioso y el purasangre saboreó el gusto y la sensación de su piel como había añorado durante tanto tiempo.
Yuki se percató del cambio leve y silencioso que se había asentado entre los dos y sus dedos se entrelazaron entre los cabellos de Kaname. Estaba un poco frustrada consigo misma. Había creído estar lista, quería probarle a Kaname que lo amaba pero sabía que él había sentido la vacilación que le causaba ser completamente íntimos físicamente. Estaba un poco aliviada, para ser sincera, y eso la frustraba también.
─Kaname… ─murmuró suavemente contra el cuello del vampiro─. No te quiero decepcionar. Si tienes ganas de… o sea…
Kaname sonrió, levantando la cabeza y apoyando tiernamente una mano sobre la mejilla de la muchacha.
─Tú nunca me podrías decepcionar. Jamás sientas que tienes que cambiar por mí, que tienes que hacer algo que no quieres. Tienes razón, Yuki… te estuve tratando como si fueras una nena, pero solamente lo hice porque te quería proteger. Date tiempo, no tienes que tratar de cambiar todo de un día para el otro. Siempre voy a estar para ti, Yuki, en cualquier manera que me quieras o me necesites. Cuando estés lista… aquí voy a estar ─murmuró─. Por ahora, déjame adorarte, déjame adorar… esto… ─dijo y sus labios rozaron los de Yuki.
La muchacha sonrió y sus brazos envolvieron la espalda de Kaname mientras ella subía el mentón para recibir el beso. Se tendría que haber imaginado que Kaname la iba a entender, que iba a entender a su corazón. Se besaron por un rato bastante largo hasta que el purasangre finalmente la soltó y rodó hasta quedar de espaldas. Tenía que tomar un poco de aire y seguir con la determinación que había tenido hasta ahora, aunque estar con ella así era una enorme dicha.
Yuki suspiró, satisfecha, descansando una mano sobre el pecho de Kaname mientras giraba hasta ponerse de costado.
─Kaname ─murmuró con voz suave─. Quiero que sepas… que nada me hace más feliz que saber que tú y Zero finalmente se están llevando bien. Yo sé que es más terco que una mula, pero en su interior es muy dulce y, si bien le cuesta admitirlo, te quiere mucho ─admitió con una sonrisa pequeña y luego su rostro se volvió un poco más serio─. Yo sé que todo esto es muy raro, Kaname. Pero… realmente los quiero, tanto a Zero como a ti, más de lo que podría decir con palabras. No puedo perder a ninguno de los dos. Realmente quiero que esto funcione… de alguna manera. Estoy dispuesta a mantener mi mente abierta y ver qué pasa ─murmuró─ ¿Y tú? ─Se preguntaba si Kaname aceptaría sus sentimientos por Zero de la misma manera que ella estaba tratando de aceptar los de él. Tal vez sólo el tiempo lo diría pero si ni siquiera hacía un esfuerzo y veía lo que pasaba… sabía que siempre se arrepentiría por las oportunidades que había perdido.
Kaname asintió lentamente con la cabeza. Ella tenía razón, sin lugar a dudas se trataba de una situación poco común, pero al mismo tiempo el purasangre sentía que su corazón estaba lleno y no había manera de negar la sonrisita intensa y media boba que quería aparecer en sus rasgos casi siempre serios. Lo había pensado antes y seguía siendo verdad. A veces, la vida era completa y absurdamente inesperada. Pero tal vez… tal vez no todo era malo.
─Siempre lo voy a entender cuando vayas en busca de Zero, Kaname ─murmuró Yuki, mientras sus dedos comenzaban a jugar con los cabellos del vampiro otra vez, volviendo a lo que el joven le había dicho antes. Tal vez estaba prometiendo más de lo que entendía, tal vez el futuro demostraría lo difíciles de mantener que eran estas determinaciones, o lo difícil que era hacerlas funcionar, pero ella lo decía con la mejor y más honesta de las intenciones─. Y te voy a amar todavía más sabiendo que quieres a Zero tanto como yo─. Su aliento rozó el cuello de Kaname mientras ella se apoyaba contra su hombro, cerrando los ojos.
Estaba cansada y ésa era una sensación placentera, y su cuerpo brillaba por los sentimientos que se agitaron por estar con Kaname. No se quería quedar dormida. Era demasiado delicioso, demasiado hermoso quedarse aquí, en esta posición, escuchando la respiración de Kaname en la oscuridad. Pero era muy tarde y estaba exhausta, por lo que finalmente el sueño la venció.
Kaname se quedó ahí por un largo tiempo, escuchando el suave sonido de la respiración durmiente de Yuki y sus lentos latidos. Al final, se deslizó hasta salir de la cama, tapándola con las cobijas. Otra vez no tenía el pijama puesto, pero igual solamente quedaban un par de horas de la noche. Necesitaba estar descansada y fuerte para el funeral de mañana, que le iba a resultar complicado, de eso estaba seguro. Así que la dejó dormir, rozándole el pelo con un beso sutil antes de salir de la habitación en silencio.
La luz de la luna entraba suavemente por entre las cortinas cerradas, iluminando la pequeña habitación del dormitorio. El cuarto tenía, como de costumbre, dos camas, dos escritorios, dos armarios, pero solamente las cosas de una sola persona y nada más una de las camas estaba en uso.
Zero no había tenido un compañero de cuarto desde que sus instintos vampíricos despertaron, tanto para proteger su secreto… como para proteger a los demás estudiantes diurnos. El joven disfrutaba de la privacidad, aunque odiaba saber que se debía al miedo de que no fuera capaz de resistirse al antojo de un bocadillo nocturno.
La luz pálida que se adentraba por las cortinas cerradas brillaba apagadamente sobre los cabellos plateados y aritos metálicos de Zero, quien estaba acostado de espaldas durmiendo en su cama un sueño ligero.
Sus ojos se abrieron entre parpadeos al ser sacado de su sueño carente de descanso, pero por un momento no supo por qué se había despertado. Estaba oscuro y faltaban un par de horas para el amanecer. Comenzó a girarse hacia el reloj para ver la hora cuando se percató de una forma oscura apoyada sobre su cama y se dio cuenta de que había alguien más en la habitación. Eso lo había despertado, probablemente.
Sus sentidos de cazador inmediatamente gritaron "vampiro" y el corazón se le fue a la garganta. Por un momento, estuvo a punto de ponerse de pie y tomar su pistola pero, igual de rápido, se dio cuenta de qué vampiro era el que estaba con él en la habitación y se volvió a relajar.
Zero dejó caer su cabeza sobre la almohada y subió los brazos hasta sus ojos.
─Dios, Kaname… ¿no se te ocurrió tocar antes de entrar? ─murmuró mientras sus latidos acelerados comenzaban gradualmente a bajar la marcha.
Kaname estaba sentado en silencio sobre el borde de la cama. Había tratado de no venir después de haber dejado a Yuki, había tratado de ponerse a pensar otra vez en su trabajo y en lo que tenía que hacer… pero no se podía concentrar. Había salido a dar una vuelta para aclarar su cabeza… pero, en cambio, había terminado aquí, cosa que tal vez había sabido desde un principio.
En realidad había estado en la habitación por alrededor de una hora, mirando dormir silenciosamente al cazador, mirando su rostro tranquilo mientras la luz plateada de la luna que entraba por la ventana dibujaba un sendero lento a lo largo de los rasgos de su amado. Había enmascarado su aura en un intento de no despertarlo, pero el ex humano debió haber sentido su presencia pese a todo.
Los suaves dedos de Kaname rozaron ligeramente el hombro de Zero.
─No te quise despertar. Vuelve a dormir ─murmuró por lo bajo.
Zero se sacó un brazo de la cara y se frotó los ojos, deslizando su mirada hasta la figura de Kaname, pintada con colores apagados bajo la tenue luz de la luna que caía sobre la cama. Por favor, como si se pudiera ir a dormir con Kaname sentado ahí, mirándolo. Claro. Tenía una réplica sarcástica y poco respetuosa en la punta de la lengua, pero quedó sin decir cuando los ojos de Zero se encontraron en la oscuridad con los de Kaname.
Una calidez leve y cómoda se expandió por su cuerpo bajo el peso de la mirada firme y tranquila del purasangre. Era un poco avergonzante que Kaname quisiera quedarse ahí sentado y mirarlo dormir pero… también era lindo de alguna manera.
Kaname otra vez olía a Yuki pero eso no enfadó a Zero en esta ocasión. Quizás hubiera hecho una diferencia saber que no se debía solamente a que antes estuvieron los tres juntos en el sillón… pero, claro, quizá no la hubiera hecho. Yuki le había dicho algunas cosas mientras Kaname estaba durmiendo… había tratado de tranquilizarlo con respecto a lo que ella sentía acerca de la extraña situación en la que estaban metidos. El joven no sabía si creerle pero la verdad era que quería hacerlo porque, Dios lo ampare, tenía que enfrentar el hecho de que quería a Kaname. Tal vez era todo de índole puramente biológica… pero cada vez se le hacía más difícil convencerse al respecto.
Zero se apoyó sobre sus codos, inclinándose contra la cabecera de la cama. El purasangre se veía hermoso en la oscuridad con esa mirada suave en su rostro. Zero se sintió algo extraño al darse cuenta de que había acabado de pensar que Kaname era hermoso, pero ésa era la única palabra que parecía adecuada. El purasangre se veía tranquilo pero Zero lo conocía demasiado bien como para dejarse engañar por esa fachada.
Alargó una mano, descansando sus dedos ligeramente sobre los de Kaname donde la mano del purasangre estaba apoyada sobre las cobijas.
─¿Pasa algo? ─preguntó en voz baja─ ¿Estás bien?
Kaname asintió con la cabeza.
─Sí. Nada más quería estar contigo por un rato ─admitió con sinceridad el purasangre─. Mañana va a ser un día complicado, y no estoy seguro si tenedré la oportunidad en otro momento.
─Sí… Tienes que dormir un poco más. Vas a tener que estar despierto todo el día de nuevo en un par de horas. ─Los dedos se Zero seguían descansando sobre los de Kaname; no había manera de explicar las ansias cálidas y cómodas que sentía en el pecho.
Los ojos de Kaname bajaron hasta posarse sobre sus dedos entrelazados. Suspiró de mala gana con una sonrisa leve y resignada.
─Ah. Tú quieres que me vaya así puedes descansar ─dijo con socarronería, empezando a ponerse de pie tratando de no dejar ver el dolor que lo había comenzado a inundar─. Que duermas bien, entonces. Discúlpame por molestarte.
La mano de Zero apretó la del purasangre, evitando que se marchara.
─Eso no fue lo que quise decir ─murmuró, su corazón había comenzado a latir con un poco más de fuerza. Sinceramente, no estaba seguro de a qué se había referido y no sabía por qué estaba haciendo esto, pero las palabras parecieron salírsele de la boca por cuenta propia─. Puedes descansar aquí. No te vayas, Kaname. Quédate.
La suave invitación hizo que unos escalofríos recorrieran la espalda de Kaname y, sorprendido por segunda vez en la noche, la mirada del purasangre se disparó rápidamente hacia el cazador. Pensaba que conocía tan bien a Yuki y a Zero… pero aparentemente ambos eran todavía capaces de sorprenderlo hasta dejarlo con la lengua hecha un nudo. Definitivamente, no había esperado que Zero lo invitara a quedarse.
─¿Crees que ésa sea una buena idea? ─preguntó Kaname alzando las cejas.
─No, la verdad que no. Estoy casi seguro ─dijo Zero, dibujando en su rostro una sonrisa torcida y arrepentida pero sin soltar la mano del purasangre.
Kaname rió y, despacio, se volvió a sentar sobre el borde de la cama.
─Bueno, en ese caso, ¿cómo podría negarme? ─Apretó la mano de Zero y con la otra subió y bajó ligeramente a lo largo del brazo del cazador, saboreando el simple hecho de tocar su piel.
Zero levantó una esquina de las cobijas.
─¿Te vas a quedar ahí mirando toda la noche o te vas a meter en la cama? ─preguntó enarcando súbitamente las cejas, siendo incapaz de sacarle los ojos de encima al purasangre─. Los voyeuristas dan miedo, ¿sabes? Incluso siendo vampiros ─agregó con un toque de sarcasmo.
Kaname sintió que otra vez los latidos le resonaban en los oídos. Primero Zero… después Yuki, después Zero de nuevo… estaba maldecido o bendecido por estar en esta montaña rusa sensual y emotiva y se estaba volviendo casi imposible ignorar sus sentimientos, ignorar sus deseos. En estos momentos, descansar era una de las últimas cosas en su lista de prioridades. Sentía además que el pulso de Zero se aceleraba bajo su tacto. Había pasado tanto tiempo… o, por lo menos, así se sentía y el beso que habían compartido horas atrás seguía fresco y vívido en la memoria del purasangre. Anhelaba tocar a Zero, con todas las fuerzas de su ser, pero no quería forzar la paz frágil que había entre los dos.
Kaname se estaba comenzando a dar cuenta de que, durante la mayoría del tiempo, los separaba una grieta bastante grande de cultura y comunicación, por lo que le resultaba fácil malinterpretar a Zero y viceversa. Si todo lo que el joven quería era dormir a su lado, Kaname se dijo que trataría de aceptarlo. No conseguiría descansar ni en lo más mínimo y le resultaría una agonía silenciosa resistirse a las ganas de abrazar al muchacho y hacerle el amor, pero iba a hacer el intento. Ahora, que tuviera éxito en su empresa… eso era probablemente otra cuestión. La atracción física que sentía hacia Zero era tan fuerte que le quitaba el aliento.
Kaname tragó saliva despacio.
─Zero… no quiero malinterpretar lo que quieres de mí… ─murmuró con voz ronca.
Los dedos de Zero apretaron la muñeca de Kaname, acercando hacia él al purasangre. Éste era uno de esos momentos en los que se sentía contento de simplemente escuchar a sus instintos, a las ansias deliciosas y cálidas de su pecho. Era demasiado sencillo recordar el rostro ensangrentado de Kaname y su cuerpo desgarrado, yaciendo sobre el piso de piedra. Recordar el profundo dolor ante la idea de nunca poder volverlo a tocar así. Tal vez esto estaba mal desde todas las perspectivas y tal vez él era un imbécil de cuarta totalmente retorcido, pero…
Su otra mano se deslizó hasta los cabellos de Kaname mientras se inclinaba para capturar esos labios elegantes en un beso lento.
─No creo que lo hagas ─susurró en respuesta contra la boca cálida del purasangre.
Kaname gruñó suavemente lleno de un deleite que le llegaba hasta el alma y sus ojos se cerraron mientras devolvía el beso con pasión, moldeando su cuerpo contra el del ex humano. Sus dedos se deslizaron debajo de la camiseta del ex humano, subiéndola por sobre su pecho mientras los dedos del cazador desabrochaban los botones de la camisa de Kaname y separaban la tela negra de sus hombros. En un par de minutos, ya no hubo nada entre ellos mientras se movían juntos sobre la cama en un baile enardecido.
Este encuentro era diferente a los que habían tenido previamente, igual de apasionado, sí, pero más lento, menos urgente y salvaje. Con ternura se besaron y acariciaron, encontrando placer en el simple hecho de estar juntos y saboreando cada rose cálido de piel y el sonido suave y agitado de sus respiraciones. Kaname era un amante profundamente considerado que rápida y fácilmente percibía todo lo que le daba más placer a Zero. El cazador nunca antes se había sentido así. Estaba increíblemente excitado pero en su pecho había un anhelo extraño y colmado que hacía que cada latido de su corazón fuera un poco más especial, un poco más intenso.
Kaname estaba hermosamente perdido. Perdido en la música suave de los gemidos y suspiros de Zero, en el ritmo del corazón del cazador que palpitaba en sus venas, en la magia que parecían emitir mientras sus cuerpos se movían juntos y eran enlazados por algo más profundo que el mero placer, tanto en cuerpo como en alma.
La luz del sol entraba lentamente por las cortinas y Kaname se agitó en sueños. Zero cambió ligeramente de posición para que su hombro bloqueara el rayo de sol errante que había caído sobre el rostro durmiente del purasangre. Estaba de costado, de cara a Kaname, quien yacía boca arriba. Era el turno del cazador de mirar al otro vampiro mientras éste dormía y debía admitir que la vista era extrañamente tranquilizadora y deliciosa. Los cabellos oscuros de Kaname estaban un poco despeinados por la almohada, las pestañas largas rozaban sus mejillas y sus labios carnosos se encontraban ligeramente separados.
Finalmente, Zero se despertó por completo y se inclinó para posar un suave beso sobre esos labios atractivos y cálidos.
─Es hora de levantarse, si no vamos a llegar tarde ─murmuró.
Kaname soltó un gruñido amodorrado y se tapó hasta las orejas con las cobijas. Sentía como si recién se hubiera quedado dormido.
En el rostro de Zero se dibujó una sonrisa profunda y su mano se deslizó por debajo de las cobijas haciendo algo que rápidamente le consiguió la atención de Kaname, cuyos ojos se abrieron de repente.
El vampiro gruñó cuando Zero lo toqueteó pero luego el cazador retiró su mano, destapándose y poniéndose de pie.
─Cuánta crueldad… ─farfulló Kaname mientras se sentaba y se pasaba una mano por el pelo.
─Sí, sí ─coincidió Zero con alegría, tirándole a Kaname su camisa─. Y tú mejor vuelve a tu habitación y prepárate antes de que los dos lleguemos tarde o alguien nos huela en el otro de nuevo.
─Bueno, mamá… ─bromeó Kaname con sarcasmo mientras se ponía lo suficientemente decente como para volver a su dormitorio sin llamar la atención. Le resultaba divertido cuando Zero le empezaba a dar órdenes porque nunca nadie se atrevía a hacerle eso. Nadie excepto Zero.
El cazador revoleó los ojos y dijo: ─Por favor, vete de una buena vez.
