Apenas quedaban dos días para que tuviera que volver a aquel recinto de ganado al que llamaban escuela. Debo admitir que eso me ponía un poco los pelos de punta. La represión, la tolerara o la ignorara, me desquiciaba bastante y el hecho de haber pasado en casa dos semanas. Dos semanas en las que había visto como Bobata dependía de mis decisiones para moverse. Dos semanas dónde había visto que Misaki solo se comportaba como se comportaba porque se suponía que debía ser así y no porque quería ser así. Dos semanas de ver que los zombies no están solo dentro de una escuela. La parte interesante de todo era saber que yo era dueño de mi vida, que realmente quería y podía huir a donde me diera la real gana. La parte mala era tener que dejar cosas atrás de las que me creía responsable. Esta vez no era la voz de mi madre diciendo "Responsabilidad", era mi propia voz susurrándome que cuando hay que hacer algo, si nadie lo hace puede que no pase nada pero también puede que eso tenga consecuencias nefastas.

En cualquier caso, asumo que el sobrecalentamiento de mi cabeza se debía a tener que volver a catequesis, a tener que comer con Kuroo, a verle la cara a Futakuchi y al desprecio de las chicas como Zang. A reducación sexual y a la ausencia de los labios de Tendou.

Estábamos en el bar de siempre, las luces eran bajas y todo estaba lleno de humo de tabaco. Tendou sujetaba el taco del billar mientras yo apuntaba con el mío para meter la bola azul en la esquina derecha, justo frente a mí. Solía fumar mientras jugábamos, pero a él no le gustaba porque "tenía sabor a culo" cuando lo hacía, según sus palabras textuales. Noté su mano pasar por mi espalda, para distraerme, evidentemente, pero yo estaba centrado en lo que hacía, cuando Bobata, Shimizu y Misaki llegaron.

Shimizu cargaba la revista que se había comprado días atrás y al levantar la mirada la vi, mostrándome la foto de una modelo con el pelo corto y a ella con el mismo corte de pelo. Le daba un toque de mala de telenovela coreana, pero estaba sexy. En su modo de comunicación le contesté levantándole el pulgar y volví a centrarme en el billar.

Mi mente, mi cuerpo, estaba completamente concentrado en lo que hacía cuando Bobata me pegó un susto. El taco se movió, golpeando a la blanca que apenas se movió unos centímetros por la mesa y yo me cagué en Dios.

—Tendou me ha dicho que si te hacía fallar me pagaba una cerveza — alegó su acto de traición. Diría que aquello me cabreó con mi mal perder, pero solo me calentó un poquito.

Miré a aquella zanahoria hablar con Eita en la barra. Era un capullo, que seguramente hablaría con aquel tipo hasta que le echara diciendo que ya le había servido las dos cervezas heladas que había pedido. Muy típico de Eita, muy típico de Tendou.

Shimizu y Misaki se habían puesto a jugar al billar paralelo en el que estábamos Tendou y yo, y supongo que por eso Kazuma se puso a rajar como si no hubiera un mañana. Yo no tenía ganas de charla, aunque parezca mentira, porque me sentía mal por volver al cole.

—Ayer me enrollé con Kiyoko y creo que le gusto porque…— le puse el taco de billar de forma horizontal sobre la boca, chafándole la nariz.

—No le gustas, no te montes películas — fui borde. Porque en realidad siempre lo era cuando alguien fantaseaba en exceso en mi entorno—. Para ella solo eres un chico más, todos lo son, probablemente porque tiene un problema de hipersexualidad o algo así que ni siquiera ella misma sabe que tiene…

—Creo que eres cruel, probablemente porque estás celoso — contestó Bobata sacándome de quicio. Yo ¿estaba molesto con él? ¿Le culpaba por que Taketora hubiera huido a más verdes campos? Qué sé yo…

—¿Celoso de ti? Que no mueves un dedo por nada— dejé el taco sobre la mesa y le miré amenazante. Quería mucho romperle la cara, y no eran celos porque se acostara con mi chica platónica, eran celos de que él no tenía que elegir entre abandonar un lugar horrible o perder las cosas que le importaban—. Es verdad, tengo celos de un patético perdedor que lo único que hace es esperar a que le pasen cosas, a que aparezca una chica fácil mientras mira de lejos a la que le gusta, o a que su madre le atormente por no haber fregado los platos, o a encogerse de hombros cuando un amigo se pira y le deja tirado ¿Y sabes que es lo peor de todo? Que eso me hace tan jodidamente inútil como tú.

El Bobata al que yo le contaba las cosas solo habría dicho que cerrara la boca y me amargara solo, porque era un buen chico. Pero yo no le había contado nada, entre otras cosas porque ni siquiera era capaz de relacionar mi enfado con él o con Satori, o con la escuela. Así que me llevé un puñetazo limpio que devolví.

Noté cómo su puño golpeaba contra mi cara haciéndome sentir jodidamente bien. Solo era la adrenalina del momento, pero era alucinantemente agradable. Mis brazos se movían mecánicamente mientras golpeaba su abdomen y notaba cómo él me tiraba del pelo con una mano y me golpeaba con la otra.

—¡Casi me das lástima! — le grité mientras Satori y Shimizu tiraban de mi hacía fuera del local y veía como Misaki y Eita—. Pero te ganas a pulso todo siendo tan panoli.

Una vez fuera, Tendou me sentó sobre el bordillo de la acera. Estaba hablándome, pero yo no le escuchaba. Puré de sesos, eso era yo en aquel momento. Me cubrí los ojos con las manos y me centré en escuchar el motor de un coche que cruzaba la calzada. No era la primera vez que me peleaba con Bobata por estar en un estado de imbecilismo, pero suponía que muy probablemente sería la última.

—¿Quieres estar solo? — la voz de Shimizu sonó en off en mi cabeza. Supongo que aquello me conectó de nuevo a la realidad en la que me encontraba.

Abrí los ojos y vi las caras de Kiyoko y Satori mirándome fijamente, estaban de cuclillas frente a mí.

—Kazuma cree que estás encaprichada de él — dije riéndome levemente. Ella me acarició el pelo y se levantó diciendo que hablaría con él sobre el tema.

Satori se sentó a mi lado mientras yo me mordía las uñas. Me dolía la cara como en un eco de los golpes, pero no habían sido demasiado fuertes. Ni en ira, Bobata no era capaz de hacerme daño. Y creo que en parte me molestaba porque esperaba que me odiara, que se deshiciera de ese estúpido cordón umbilical que teníamos y que yo quería desatar. Porque era abrumador pensar que dependía de mí a pesar de las bromas que yo pudiera hacer al respecto. Porque no quería seguir sintiéndome responsable de él.

—No voy a ir contigo a Taiwan — anunció Satori apoyando la cabeza sobre mi hombro. Notaba como sus pelos engominados rozaban mi cuello y mi cara.

—Ya lo sabía — dije cogiéndole la mano— ¿Cuándo nos escapemos del colegio podré esconderme en tu casa? Hasta que nos marchemos ella y yo.

Creo que ahí empecé a llorar. Pero no lo sé, porque tampoco era un llanto dramático, era más bien uno de esos silenciosos y llenos de enfado. Él me giró la cara y me besó, y no sé qué significaba todo aquello, cuando la realidad era que estábamos rompiendo de forma definitiva, pero todo era muy confuso.

—Me preocuparía si fuera de otro modo, anormal — sus manos sujetaron mis orejas y me miraba con esos ojos de sapo haciéndome reír. Seguidamente lamió una de mis lágrimas y yo le empujé para que me soltara—. Pero preferiría que fingiéramos que no hemos roto hasta que te marches, porque en realidad no es lo que quiero, aunque técnicamente nunca volviéramos a tener una relación antes, lo cual lo hace todo muy incoherente.

— ¿Tú y yo somos coherentes? — Él volvió a acercarse a mí, y esta vez me acurruqué bajo su brazo.

No era lo que él quería, tampoco lo que yo quería. Pero obedecía al orden natural de las cosas. Las relaciones a distancia eran una mierda, no consistían en nada real. Hablar con alguien cara a cara no tiene que ver con hablar con alguien a través del hilo telefónico. Eran cosas parecidas, como el cielo y el océano. Pero solo se parecían de forma relativa, porque no eran para nada lo mismo.

Asintió y negó varias veces mientras yo creo que hacía frases lógicas en su mente que explicaban todas aquellas afirmaciones y negaciones sucesivas. Me moría por dentro, era como estar podrido y joderlo todo. Yo me creía el bueno de la peli, pero es que en el mundo real no existen personas buenas o personas malas, solo opciones.

Shimizu salió del bar, con su mirada impasible y su pelo corto de mala de telenovela y nos miró. Creo que se sorprendió de que hubiera restos de lágrimas en mi cara, y quizá su idea de que yo era un tipo duro desapareció por completo de su mente. Eso si alguna vez se lo había figurado, claro.

—Vámonos a casa — dijo extendiéndome el brazo y ayudándome a levantarme del suelo. Tendou se levantó también.

—En realidad sería bonito si nos invitaras a cenar en un Dennys — dijo Satori pasando sus brazos largos por la espalda de cada uno de nosotros dos—, por eso de las amargas despedidas más felices con el estómago lleno, y los finales en los que comen perdices y son felices.

—Menos los vegetarianos — puntualicé.

Kiyoko soltó algo parecido a una risa de esas que uno saca por no llorar.

Cenamos juntos y después caminamos por la playa haciendo el imbécil antes de volver a casa. Tendou se quedó a dormir con mucho sexo des despedida.

Me pregunté durante todo el día siguiente y en el trayecto del autobús si el destino era la mierda que me había metido en aquel jodido dilema. Yo creo que no, que eran mis decisiones las que me había llevado a estar encerrado de nuevo en el colegio. A haber roto con Tendou o no lo sé. Pero quizá Dios existía y le gustaba torturarnos como a mí me había gustado joder a las hormigas de pequeño.

—Te dije que no podíamos ir a Taiwan y que teníamos que volver al colegio por los pasaportes — empezó a decirme Shimizu cuando estábamos en el autobus—, pero la realidad era que quiero volver por otra cosa.

—¿Puedo saber por qué? — en cierto modo me importaba, y como ya era raro que ella se sincerase la dejé que terminara de hacerlo.

—Aun quiero saber quién mató a Asahi — dijo sin mirarme, con la vista fija a través del cristal por donde podíamos ver la carretera y los campos que la bordeaban—. También porque Daichi tiene una carta que Asahi escribió para mí.

El destino también había hecho que Asahi la palmara, pero siguiera presente en mi vida como el primer día que entré en mi cuarto y lo vi ojeroso y deprimido. Yo creía firmemente que si Sugawara no lo había matado e encubierto su crimen con Sawamura, entonces se había suicidado.

— Supongo que no tardarás demasiado en hacerte con esa carta y seguramente te dará alguna pista — dije pensado en que tal vez era una carta escrita por el propio Sawamura para chantajearla.

—Exacto — dijo y me apoyé en su hombro—. También querría pedirte una cosa y es que.. ¿Podría dormir contigo mientras estemos allí encerados? No quiero volver a la habitación de Kuroo más de lo necesario…

Asentí y continuamos el viaje de retorno en silencio. Silencio de funeral por mis relaciones que se quedaban en Kanagawa y que cuando volviera no se prolongarían a pesar de que yo pudiera recibir algún mensaje de estas personas.

Cuando bajamos del autobús caí en la cuenta de que iba a tener que volver a prostituirme solo para dejar de pensar en Tendou y no por dinero.

La decepción se hizo más patente cuando al subir a mi cuarto me percaté de que habían pintado mi pared y mi obra de arte solo se apreciaba vagamente porque la calidad de la pintura que habían elegido para cubrirla era baja. La maleta de Shimizu se había quedado en la casa de Tendou para asegurarnos que no se perdía ni un yen. En mi mente todo estaba en marcha para recuperar la carta, y salir por patas de aquel lugar cuanto antes mejor. Aunque lo que yo no sabía era que para Kiyoko las cosas no iban a ser tan simples.