Northern Ireland se queda en su asiento, jodido, fulminando a Rusia de tanto en tanto como antes lo hacía Estados Unidos... saca su teléfono y le escribe a Great Britain todo lo que Rusia acaba de contar. (Great Britain está en el baño de mujeres con el micrófono, espiando a Estados Unidos).
Francia le hace un cariño a Northern Ireland en el brazo, tratando de tranquilizarle, fulminando a Rusia porque seguro entonces hoy en la noche el inglés querrá estar con Amérique de merde y no con él.
Rusia ni se entera, tratando de medio escuchar a Alemania, medio desentramar el misterio de la sangre. Northern Ireland ignora felizmente a Francia, escribiendo. Japón toma apuntes de la presentación de Alemania y Canadá también.
Francia termina por hacerle medio caso a Alemania, medio caso a Northern Ireland, medio fulminar a Rusia, medio maldecir su suerte.
Northern Ireland empieza a trazar círculos oscuros en una de sus hojas, fulminando a Rusia de tanto en tanto y Francia se le acerca,
—No ha pasado nada, Amérique está bien —comenta poniéndole una mano en la pierna.
—America estaba gritando en el baño y sangrando. Y el bloody Russia tenía una bloody erección, France —sentencia seriamente. Francia le quita la mano de la pierna, frunciendo un poco el ceño.
—¿Y por qué no vas a verle?
El inglés aprieta los ojos y los dientes y luego suspira.
—Sé que está bien —responde sin poder decir mucho más.
—¿Cómo lo sabes? —pregunta Francia frunciendo el ceño.
—¿Cómo lo sabes tú?—pregunta el inglés de vuelta. Francia se acojona un poco con esa respuesta porque no la esperaba tan agresiva.
—¿Cómo sé quoi?
—Tú has dicho que está bien, ¿cómo lo sabes? —insiste.
—Yo... —Francia suspira derrotado y susurra—, en realidad no lo sé. Por eso te he dicho que fueras con él —agrega en el mismo tono.
—Me ha echado —sentencia el inglés.
—No creo que le haga gracia que Russie le saque sangre, Angleterre... —indica el mayor—.
Aún así, por lo que dices, parecía estar bien dentro de lo que cabe. Non?
—Se ha inventado esa bloody historia de la comida para que me fuera —continua Northern Ireland, pensando en Great Britain obviamente.
—Hay veces que uno necesita estar solo, eso no quiere decir que te haya echado para siempre —explica Francia.
—Jum... —bufa el menor.
—Sólo quiero... que te asegures de que está bien... porque... —empieza el mayor y se detiene a sí mismo, de modo que Northern Ireland le mira, pero Francia niega con la cabeza—. Non... olvídalo, olvída que he dicho algo. El inglés suspira.
—Bloody Moscow... bloody G8...
Francia asiente con la cabeza, pero vuelve a ponerle la mano en la pierna, cariñosamente. Northern Ireland se pellizca el puente de la nariz, sin apartarle.
—El garçon es fuerte... —asegura Francia.
—No me creo que haya huído sin más, debió huir al notar a Russia... —no acaba la frase.
—No me puedo creer que Russie ... tenga eso por... Eso. Es totalmente... ilógico —le da la razón.
—Quizás pasó algo más entre que the kid se fue y Russia... —Northern Ireland se lo piensa—. No, eso no explicaría por qué huyó.
—Angleterre... Russie le odia y Amérique le debe haber metido una buena tunda como para que rompiera las sillas —razona Francia—. Quizás "huyo" para no pelear más. Tú sabes como cuenta las historias Russie, no es como para tomarle demasiado en serio —agrega. Northern Ireland le mira... y suspira.
—America es un buen chico, podría haber hecho eso —valora de manera NADA OBJETIVA—, pero no puede ser que le atacara por nada.
—¡Es Russie quien te está contando la historia! ¿Qué quieres que te diga? ¿Yo le provoqué?
—Yes, yes... por eso —le mira—, no me creo nada de lo que ha dicho.
—¡Ve cuantas veces lo ha negado! Habrá que ver que dice el garçon.
El inglés suspira derrotado.
xoXOXox
Diez minutos más tarde... Estados Unidos entra por la puerta, silencioso. En cuanto entra, Canadá es el primero en notarlo, levanta las cejas e Italia le sonríe.
Estados Unidos, sin mirar a nadie, camina a su lugar y se sienta. Francia le toca el brazo a Northern Ireland en cuanto le ve, y éste se sobresalta en cuanto le nota, ya que ha entrado por su espalda.
Rusia le mira con esa carita inocente e inexpresiva y luego vuelve a lo suyo... empezando a sentir un poco el olor dulzón de la herida aún abierta.
—Are you ok? —Pregunta Northern Ireland prácticamente de inmediato a Estados Unidos, él se pasa la lengua por la herida y mira a Alemania con el ceño fruncido, abriendo su libreta e intentando NO mirar a Rusia.
—Yes, sure —mira a Northern Ireland de reojo y se sonroja, mirando al frente de nuevo—. Ha sido la comida.
Francia observa todo sin decir nada, mientras Alemania sigue hablando obstinadamente.
Northern Ireland frunce el ceño y Japón sigue tomando apuntes, aunque se ha alegrado internamente de que Estados Unidos esté bien y completo.
—Sabemos que no ha sido la comida —presiona Northern Ireland. Estados Unidos se limpia el sudor de las palmas de las manos antes de oír al inglés y luego se gira a mirarle, con los ojos muy abiertos.
—What?
—La comida no te ha partido el labio —añade, y ante lo que dice el mayor, Estados Unidos se pasa el dorso de la mano por la boca y se sonroja de nuevo, bajando la vista. Northern Ireland frunce el ceño y... (lo siento Alemania, es posible que la junta se acabe aquí).
—Russia nos lo ha contado todo.
Estados Unidos facepalmísimo.
—What?
—Nos ha contado que habéis peleado y ha confesado que te ha partido el labio —explica Northern Ireland. Estados Unidos, que se le ha salido el corazón casi por la boca, se le queda mirando a los ojos fijamente, esperando que siga hablando—. No entiendo por qué dices eso de la comida —sentencia.
El estadounidense sigue mirándole fijamente sin decir nada. El inglés le sostiene la mirada.
—¿Eso... Es todo? —sorprendido, Estados Unidos desvía la mirada.
—Pues ha dicho unas cuantas cosas más que yo creo deben ser mentiras cochinas muy gordas —responde Northern Ireland.
—Lo son... Lo son, ¡lo son!
El inglés levanta las cejas.
—Ni siquiera sabes cuáles son —comenta suspicaz. Estados Unidos desvía la mirada, avergonzado.
—No pasó nada, ¿vale? Estoy bien, ¿ok? Yo también le di unos golpes —susurra nada convencido de nada.
—Mmm —responde Northern Ireland poco convencido.
—Iggy... come on, please. Olvidemos esto, ¿ok?
Northern Ireland frunce el ceño y saca su teléfono escribiendo a Great Britain de nuevo.
—Hablaremos de ello luego —concede para Estados Unidos.
—No, please! Stop! —le mira implorante. Northern Irelandle mira.
—What?
—Dejemos este tema, ¿ok? No ha pasado nada, sólo me colmó la paciencia —sentencia, sin embargo, Northern Ireland sigue poco convencido, pero no insiste. Alemania termina su tema.
—¿Alguien tiene alguna pregunta? —pregunta. Estados Unidos levanta una mano. Creo que solamente Canadá y Japón han estado escuchando... E Italia puede que levante la mano para preguntar alguna estupidez al estilo "¿hoy cenamos pasta?".
Todos miran a Estados Unidos, la mitad flipando, él se levanta con mucha seguridad.
—Excuse me, Germany, no escuche toda tu exposición, pero creo que no me quedó claro del todo los planes de cierre de plantas nucleares en el lapso de diez años. ¿Crees que puedas volvérmelos a explicar al final del día?
Rusia y Northern Ireland fruncen el ceño. Oh yeah! Alemania levanta las cejas sorprendido, porque realmente no explicó cuales eran los planes exactamente.
—Ehh... Ja, ja, con gusto —asiente con la cabeza. Francia sonríe, ligeramente orgulloso. Northern Ireland bufa y Rusia sigue pareciendo un poco fastidiado. Estados Unidos le sonríe a Alemania.
—Thanks! Me será muy útil —se sienta otra vez. Alemania flipa un poco junto con todos la mitad que no está cada uno a su rollo. Mira a los demas.
—Err... ¿Alguien más?
Rusia mira a Alemania, luego mira a Canadá y luego se le pasa el fastidio un poco. El alemán se sienta en su lugar y luego mira a Rusia para que cierre la junta.
Rusia, el denso, vacila un momento sin entender y luego se humedece los labios y se pone de pie para explicar el plan del día siguiente a grandes rasgos, con su sonrisa infantil. Estados Unidos se gira con Northern Ireland mientras habla Rusia. El segundo lo mira de soslayo, preocupado.
—Voy a ver esto con Germany, ¿ok? Adelántate al hotel y más tarde llego —indica Estados Unidos sin mirarle de frente. Northern Ireland asiente, concediendo sin más remedio—. Good —empieza a guardar sus cosas ignorando el que Rusia esté hablando.
Rusia acaba por despedirles a todos recogiendo también y se va con Canadá.
Estados Unidos le sonríe un poco forzadamente a Northern Ireland y se va con Alemania, aprovechando que no quiere que el inglés siga insistiendo en el tema de Rusia, aunque de todos modos ya volverá porque quedaron en que lo hablarían luego.
Francia se acerca a Northern Ireland.
—¿Qué pasó?
—¿Qué pasó de qué? —pregunta Northern Ireland volviendo a escribirle a Great Britain.
—¿Está bien? —le pregunta Francia consternado (porque a Francia le preocupa también un poco... Quiera o no).
—No, no está bien... y además me está ocultando algo —le dice Northern Ireland a Francia mientras recogen. Francia frunce el ceño teniendo bastante claro qué es lo que puede estarle ocultando. Aun así traga saliva y sonríe muy levemente.
—Quizás él sí empezó el pleito —propone, y Northern Ireland le mira.
—¿Por qué iba a empezar el pleito?
—Quizás Russie respiró demasiado fuerte o... Lo de las vacaciones —le mira de reojo con cierta mirada, a lo que el inglés bufa.
—El caso es que... ¿por qué no iba a decírmelo? Es obvio que... bueno —le mira—, es obvio que voy a reñirle, se lo merece, le he dicho como siete veces que no haga nada con lo de las vacaciones.
Lo que es mentira, porque Great Britain le dijo a Estados Unidos que lo viera con él, pero eso Northern Ireland no lo sabe.
—Quizás podrías darle un respiro. Ya suficientemente malo es que le haya abierto el labio.
—Puedo darle un respiro, claro que puedo dárselo... pero... es que ¿éste es el comportamiento maduro que se supone tenía que adoptar después de lo de Washington? —A Northern Ireland se le regira el estómago.
—Cher... —Francia le detiene del brazo—. Todos somos iguales, tú eres igual de inmaduro cuando... —sonríe—, me lo propongo.
—What? —Northern Ireland le mira sin entender por donde va ahora.
—Tú también te enojas conmigo y me golpeas y todas esas cosas de manera bastante inmadura —sentencia maldiciéndose a sí mismo por el ejemplo.
—¡Pero tú tienes la absoluta culpa de que yo haga eso! —se defiende el inglés.
—Aun así, tú eres el que golpea primero, ¿cierto? —levanta las cejas, concediéndole.
—Yes, but... una pelea no empieza estrictamente con un golpe —asegura mientras salen del edificio.
—Pues quizás eso es lo que ha pasado con ellos. ¡Ya escucharás la versión de Amérique!
—¿Cómo? si no quiere contármela —se lamenta un poco—. ¡Me ha echado del baño, me ha mentido! —sigue Northern Ireland.
—Dale tiempo. Mon Dieu... Como si tú hablaras con tanta soltura —protesta Francia un poco y le toma de la mano en cuanto suben al coche diplomático preparado para ir al hotel. El inglés pone los ojos en blanco pero no le suelta la mano.
—Debería mentir mejor —sentencia—, no puedo creer que no haya aprendido como hacerlo.
—Lo alejaste de mi demasiado rápidamente como para que aprendiera a hacerlo bien —concede Francia. Northern Ireland le mira y levanta las cejas.
—Discúlpeme, mesie frans, ¿me parece haber entendido que ha insinuado que se considera usted mejor mentiroso que un servidor?
—Tú no sabes mentir —le sonríe.
—Of course I know... Cualquier idiota puede decir la verdad, pero para mentir se necesita imaginación —responde Northern Ireland—, y yo tengo mucha mas imaginacion que tú.
—Angleterre... ¿Te gusto? —se gira a mirarlo a los ojos.
—Otra cosa es que lo haga, como gentleman íntegro que soy no está bien decir mentiras, pero eso no quiere de... —se detiene de hablar y se sonroja, con los ojos cerrados y un dedo levantado. Francia se ríe.
—¿Ves?
Northern Ireland frunce el ceño y abre y cierra los labios un par de veces, pensado en qué decir.
—Enorme imaginación la tuya —le pica.
—Yes, I like you —admite finalmente con la boca pequeña, en un susurro y luego le señala—. ¡JA! ¡Creíste que no podía mentir pero he podido porque todos sabemos que no me gustas!
Francia lo mira con una sonrisa sincera.
—Así que yo tenía razón —termina Northern Ireland orgulloso apoyándose en el asiento, sin mirarle, aun un poco incómodo.
—Eres tan... Inocente —le da un beso en la mejilla.
—What? —Northern Ireland le mira sonrojándose un poquito.
—Eres adorable, cher —le hace un cariño en la mejilla.
—No! ¡No es cierto! —protesta el inglés y bufa un poquito mosqueado, sacando el labio de abajo sin darse cuenta. Y considerando lo condicionados que ambos tienen los reflejos, Francia le pasa el pulgar por el contorno de la boca y se le acerca para tomar su labio con los dientes.
A lo que Northern Ireland reacciona de la manera que el mayor espera y Francia sonríe en el beso, para luego separarse haciéndole un cariño en la mejilla, cuando llegan al hotel.
Northern Ireland se sonroja un poquito al ver el hotel, pensando en lo que viene ahora y a qué ha venido con Francia.
—Mmm... —Francia sonríe al verle la cara—. Siempre he dicho que no hay nada mejor que la anticipación —susurra.
—What? —pregunta Northern Ireland descolocado y aparentemente sin saber de qué habla Francia mientras baja del coche.
—La anticipación... Saber exactamente lo que sucederá —sentencia el francés riéndose un poco y jalándolo de la mano hacia los elevadores.
—But... I... —balbucea el inglés un poco, siguiéndole incómodo.
—Oui? —entra en el elevador.
—Yo no sé... Lo que... pasará —miente.
—¿Y qué hay de tu imaginación prodigiosa? —pregunta Francia justo antes de besarle.
—Aun así yo no... —y se calla con el beso y todos deseamos que no fuera a decir nada importante porque no se va a acordar.
Y bueno, Francia le besa hasta que se abren las puertas del elevador, y como siempre, le toma de la mano y le jala hasta la puerta de su habitación, y como siempre, intenta besarle apachurrado contra ésta, mientras están todavía afuera.
Northern Ireland es un poco reticente porque el hotel... Bueno, todos están en el hotel y eso. Francia entonces, saca la llave de la bolsa de la camisa, la mete en la ranura, abriendo la puerta, empujando al inglés un poquito y cerrándola tras él, con una sonrisa. Y les vamos a dejar un ratito para que jueguen a Lancelot y eso.
XoXOXox
Rusia se acerca a Canadá mientras está todo el mundo recogiendo y le sonríe ampliamente, de esa manera inquietante.
—Ehh... H-Hello —susurra Canadá nervioso, guardando sus cosas más rápidamente.
—¿Tú sabes hablar francés, verdad? —pregunta Rusia. Canadá levanta las cejas.
—Oui...
Rusia sonríe más.
—Pero Toronto no está en Frantsiya —afirma (y Canadá debería estar un poco hasta los cojones de eso).
—Oui, Russie, oui... ya sé que Toronto no está en France, pero aún así, en la provincia de Québec hablamos francés —le explica y luego se arrepiente porque es probable que le hagan más bolas.
—Kvebek es una palabra extraña —asegura— y tampoco es un lugar de Frantsiya.
—En efecto... aún así hablo francés —Canadá le mira.
—¿Quieres... pozhaluysta... —parece que hace un esfuerzo por recordar decir la palabra que no significa nada pero que Alemania le ha dicho debe decir—, venir conmigo?
Canadá se paraliza y mira a Francia con ojos de angustia... pero Francia está terriblemente ocupado en tocar/consolar/adorar/observar o lo que sea a Northern Ireland. Fuck!
—Ahh... Yes —susurra terminando de guardar todo sin dejar de mirar a Francia y a Northern Ireland—. ¿A dónde?
—Afuera —señala la puerta y vuelve a sonreír, a lo que Canadá asiente con la cabeza y Rusia sonríe incluso más—. Spasibo —responde lentamente otra vez, recordando que tiene que decirlo y luego le pone una mano en la cabeza como si fuera Letonia y le da unos pocos golpecitos suaves, porque aunque Canadá es grande también, a Rusia no le importa.
Canadá se apañusca un poco y se intenta quitar, con muuuuucha delicadeza, agachándose por algo. Rusia sonríe y se va a la puerta, el menor le sigue.
—No entiendo porque hablas en francés si no eres Frantsiya —confiesa mientras le dirige por un pasillo.
—Porque antes fui parte de France —explica Canadá.
—¿Y por qué hablas inglés? —insiste Rusia.
—Pues porque... Soy parte del Commonwealth —explica—. Es decir... Fui colonia inglesa, como... —baja el tono—. Sabes.
Rusia le mira. Canadá se mira las manos incómodo y todos pensamos que Rusia pronto va a tener la idea de que Canadá también debería hablar ruso.
—Pensé que hablabas inglés por culpa de ese cerdo yankee —sentencia Rusia parándose frente a una puerta. Canadá frunce el ceño.
—No. Hablo inglés por England.
Rusia sonríe.
—No es tan fuerte entonces —se para en una puerta y la abre con llave, invitándole a entrar, Canadá levanta las cejas, preocupado. Preocupado por todo en general, porque Rusia crea que su hermano no es tan fuerte y porque Rusia le invite a pasar a un lugar misterioso... que sólo es un despacho, en realidad.
—Aunque Angliya tampoco me gusta —frunce un poco el ceño— ha dicho cosas feas sobre mí en la sala y yo no he hecho nada malo —asegura entrando primero. Canadá se queda sin pasar por la puerta.
—Creo que... todos están muy nerviosos.
—¿Quieres un poco de vodka? —ofrece Rusia amablemente.
—No, thanks —Canadá pasa al estudio con cuidado, detrás de él.
—¿Por qué crees que están nerviosos? —pregunta.
—Ehh... en realidad no lo sé, creo que sólo están... bueno, con lo que pasó antes contigo y my brother... —explica Canadá. Rusia le mira.
—No te entiendo.
—Pues, que se han peleado —explica.
—Da —responde—, él empezó, yo no hice nada malo —vuelve a decir.
—Eso has dicho antes —Canadá se mira las manos—. ¿De qué quieres hablar conmigo?
—Pasó una cosa extraña —explica el ruso—. No quería decírselo a Angliya porque estaba diciendo cosas muy feas sobre mí.
—¿Qué cosa extraña? —Canadá le mira y luego verdaderamente se piensa que... REALMENTE no quiere saber... pero bueno.
—Tampoco quería decírtelo a ti porque eres amigo de ese cerdo, pero él se llevó a Germaniya y tú me has ayudado con el G8 —añade.
Canadá lo mira, sin saber qué pensar o como sentirse respecto a toda la declaración. Guarda silencio esperando a que siga hablando. Rusia le mira en silencio unos momentos pensando en algo.
—¿Eres su tovarisch?
Canadá traga saliva.
—He is my brother.
El ruso se lo queda mirando en silencio unos instantes, aún pensando...
—¿Puedo pedirte que hagas una cosa, pozhaluysta? —pregunta suavemente recordando a Alemania y que no quiere más problemas en general. Canadá frunce el ceño.
—Puedes pedírmelo... —contesta ambiguamente.
—¿Tú tienes la misma sangre que él? —pregunta Rusia. Canadá abre los ojos recordando lo de le dijo Francia.
—¿La... misma sangre? —pregunta Canadá con los ojos aún abiertos como platos.
—¿Podrías darme un poquito de ella, pozhaluysta? —vuelve a preguntar, conteniéndose MUCHO, sonriendo.
—¿D-de... de m-mi sangre? —Canadá absolutamente aterrorizado.
—Da —asiente pacientemente sin dejar de mirarle y sin dejar de sonreír. El canadiense le mira fijamente y suspira, cagándose de miedo.
—¿De... de cuánta sangre estamos hablando?
—De un poquito —responde—, mira, yo te daré la mía —se abre la herida que se ha hecho antes en el pulgar en un trato increíblemente raro.
—Ehhh... —Canadá mira a ambos lados, terriblemente nervioso—. ¿Para qué quieres mi sangre?
—Su sangre ha hecho una cosa rara. Quiero saber si la tuya también lo hace. Y si lo hace te pediré una poca más para estudiarla —Resume.
—¿Y si no te la doy? —pregunta Canadá prácticamente en un susurro.
Rusia sigue sonriendo pero de manera sombría y empieza a susurrar nuestro archiconocido "kolkolkolkol".
—Ehh... Russie... me estás asustando —confiesa Canadá y suena su celular con un mensaje de Estados Unidos diciéndole que quiere hablar con él.
—Pozhaluysta —repite Rusia de una manera que a estas alturas ya no tiene ningún sentido en absoluto, tomando su grifo. Canadá abre los ojos como platos al ver el grifo.
—Espera... Russie... espera, espera... ¡ESPERA! —se levanta de la silla, histéricolocoperdido, ignorando el teléfono y a Estados Unidos.
Rusia le mira acechante, levantándose lentamente de su silla y Canadá palidece más aún dando unos pasos hacia atrás, en pánico. El ruso aprieta un botón en el escritorio que hace que la puerta se cierre con llave.
—Russie... espera. Please. Yo... yo te doy un poquito de mi sangre, ¿vale? —susurra Canadá pasándolo muy, pero muy, muy, muy, MUY, muy, muy mal.
—Spasibo —sentencia perdiendo un poco el aire siniestro y el aura sombría. Canadá sigue temblando, pese a ello.
—T-tienes u-una... t-tienes un a-alfiler o... o alg... por favor, please, s'il vous plaît... ¡deja el grifo ahí! —suplica.
—Da —responde Rusia dejando el grifo y buscando en un cajón del escritorio, saca un mechero y luego saca un alambre delgado.
—Yo saco una gota de sangre —sentencia Canadá, en la frase que ha dicho con más seguridad en toda su vida, probablemente...
—Spasibo —repite Rusia con su sonrisilla mientras quema una punta del alambre. Canadá sigue PLANCHADO a la pared y por su color yo me pregunto, honestamente, qué pasará si se pincha el dedo y no sale NADA de sangre... En cuanto Rusia acaba, se lo tiende.
Canadá se acerca al escritorio y cierra el puño de su mano izquierda, señalándole a Rusia el escritorio para que deje ahí el alambre, con una temblorosa mano derecha. Rusia lo deja con cuidado de que la punta no toque el escritorio.
Canadá lo toma, y suspirando, hace una rayita en el dorso de su mano, junto al pulgar, en un rápido movimiento. Espera unos tensos y angustiantes instantes hasta que sale una gotita de sangre, mientras su celular suena otra vez y da un salto hasta el techo prácticamente, del susto.
Rusia levanta la cabeza inmediatamente al sentir el olor y sabe que no va a funcionar, ignorando el teléfono. Canadá saca el teléfono y mira quién es y luego mira a Rusia.
—Russie... dejame salir, s'il vous plaît. Te doy esto... pero déjame salir.
—Da —El ruso asiente con la cabeza acercándose a él—. Tengo que probarla —pide cada vez más nervioso, por el olor.
—Russie, por favor, no me arranques nada... s'il vous plaît... please... —vuelve a suplicar y luego Canadá y yo señalamos a toda la audiencia y si hay una sola persona que se atreva a decir que no estaría suplicando en estos casos que no le arrancara nada... quizás además de Francia, que tire la primera piedra.
Rusia le toma la mano notando el temblor e ignorándolo. Pasa el dedo por encima de la herida, impregnándoselo y se lo lleva a los labios saboreándolo unos instantes, en silencio. Canadá le mira, con los ojos abiertos.
—Net —suspira negando con la cabeza— Spasibo, Kanada, pero creo que no eres su hermano —explica y Canadá no dice nada, sólo lo mira.
Y Rusia se lleva su pulgar a la boca ahora para calmarse simplemente, no para bajar nada, mientras busca la llave para abrir la puerta. El teléfono de Canadá suena una vez más y esto lo saca de su ligero trance... nuevamente con un salto.
—Creo que Allemagne está libre ya —dice realmente sin pensar mucho en ello, ni tener mucha idea de por qué lo dice.
—¡Ah! ¡Qué bien! —exclama Rusia contento mientras abre la puerta—. Me ha gustado hablar contigo, otro día volveremos a hacerlo —le dice a Canadá con su sonrisa infantil mientras sale y le sujeta la puerta para poder volver a cerrar.
Canadá sale sin quitarle la vista a Rusia.
—Ehh... no sé... —responde NADA convencido de que vuelvan a hacer algo ni siquiera remotamente semejante.
—Me gustas más ahora que sé que no eres hermano de ese cerdo y que no hablas inglés por él —asegura Rusia cerrando el despacho—. ¿Sabes dónde está Germaniya?
Canadá abre los ojos como platos en relación a lo de "me gustas más", pero luego se relaja cuando ve por qué.
—No tengo idea, acaba de terminar con él.
—Iré a buscarle a la sala de juntas —sentencia Rusia yendo para allí.
—Bien... —Canadá saca el teléfono y le marca a Estados Unidos y tiene que marcar tres veces, porque todas las otras pica lugares incorrectos del teléfono.
Rusia abre la puerta de la sala de reuniones.
Alemania está terminando de guardar las cosas de la reunion con Estados Unidos, ligeramente sorprendido de que se haya dado, siquiera.
Italia se ha ido con Japón, porque si no iba a estar dando por culo a Alemania, y así Alemania es un hombre libre y ya suficiente tiene con Rusia.
—Priv'et!—saluda Rusia de buen humor. Alemania se gira a mirarlo mientras termina de guardar las cosas.
—¡Oh! Russland... ¿qué tal?
—Kanada me ha dicho que has acabado tu reunión con el cerdo yankee.
—Ja, he acabado mi reunión con Amerika —asiente y Rusia sonríe satisfecho.
—Bien.
—¿Necesitas hablar conmigo para algo? ¿Te interesa a ti el cierre de las plantas nucleares también?
—Net —responde sinceramente—, pero si quiero hablarte.
—Oh... —Alemania se cruza de brazos y lo mira a la cara—. Dime.
—Hoy he peleado con Soyedinennyye Shtaty —explica como si fuera un secreto y nadie lo supiera. Alemania se medio sienta en una de las mesas (es decir, se recarga con el culo pues).
—Ja, eso nos has dicho. ¿Por qué han peleado?
—No lo sé, él ha empezado, yo me estaba defendiendo —explica asiente con la cabeza, sin saber si creerle o no.
—Bueno. ¿De qué quieres hablar al respecto? —pregunta sin saber si Rusia le sigue o no.
—Ha pasado una cosa extraña.
—¿Qué cosa extraña?
—Le he hecho sangre... Aunque tú me has dicho que hacer sangre está mal, ¡pero yo me estaba defendiendo! —se defiende.
—No deberías hacerle sangre a Amerika, sinceramente. Pero entiendo que en defensa propia... —Alemania se encoge de hombros.
—¡Él me insulto! Y me gritó y tiró mi teléfono al suelo rompiéndolo y me dijo cosas horribles y me amenazó y me empujó —se defiende Rusia aún un poco infantil.
—Bien, bien... qué se le va a hacer, los dos parecen niños pequeños —Alemania se cruza de brazos—. Creí que ya habíamos dejado esa época, Russland —Dice—. Pero sin duda es su culpa —agrega al final, por si acaso a Rusia le molesta algo de lo otro.
—Yo le dije que no habláramos del Sputnik, que ahora éramos amigos y él dijo que no somos amigos —repite el ruso, porque al parecer eso le ha escocido a Rusia, porque Rusia al parecer sí hace... Según el... Esfuerzos para llevarse bien con Estados Unidos.
—Yo lo sé, creo que Amerika aún no supera las asperezas que han tenido en el pasado. Venga, yo entiendo que es su culpa, no te preocupes más, England ya lo regañará.
Rusia baja la cabeza, pensando.
—Pero ha pasado una cosa extraña —repite.
—¿Qué ha pasado? —pregunta por lo que Alemania cree que es como la cuarta vez.
—Su sangre —le mira—, es rara.
—¿Rara?
—Da —responde y Alemania imagina que le va a decir que es verde o cualquier estupidez por el estilo y que ya basta con la gente que fuma cosas raras.
—¿Rara cómo, Russland?
—Huele bien —admite—, y no me relaja.
—¿Huele... bien? —Alemania levanta las cejas—. Y no te relaja... —parpadea.
—Da —le mira.
—La sangre te relaja —Alemania tratando de entender—. ¿Te relaja cómo? —pregunta casi sin quererlo, pero sin poder evitarlo, ligeramente sorprendido porque a él... bueno, no es como que a Alemania NUNCA le haya gustado hacer cositas con la sangre... pero nunca la ha considerado algo... relajante.
—Pues... me calma. El sabor de la sangre me calma como... mira, pruébala —le tiende su pulgar sin saber cómo explicarlo. Alemania no hace ademán de moverse.
—Sé a qué sabe la sangre, Russland —asiente con la cabeza—, sólo que nunca me ha parecido que calme. Si algo... excita —concluye, no hablando propiamente de excitación sexual.
—El olor —asiente Rusia.
—Mmm... en realidad, es más bien el... hecho en sí —Alemania se pasa la mano por la frente—. No estoy seguro de que Österreich estaría encantado si supiera sobre esta conversación —murmura para sí.
—No entiendo por qué no me calma —explica Rusia mirándole. Alemania frunce el ceño unos instantes y luego abre los ojos como platos alargados.
—Te gusta.
Rusia le mira.
—No te entiendo.
—¿Probaste la sangre de Amerika? —le pregunta Alemania.
—Da —responde.
—Y... ¿ESO es lo que no te ha calmado? —levanta las cejas, flipando un poco.
—Mmm... —piensa en si está entendiendo bien—. Da, normalmente la sangre me relaja y su sangre no lo ha hecho.
Alemania se pasa la mano por la mandíbula, pensando en realidad... en cómo coño ha podido... probar la sangre de Estados Unidos.
—¿Y te ha gustado? —pregunta sin pensar demasiado.
—¿Gustarme? —Rusia se lo piensa porque en realidad no se lo ha pensado. Alemania carraspea.
—Es decir... ¿no te ha calmado porque te ha parecido asquerosa? —Alemania sin mucha idea, la verdad. Rusia se detiene en su valoración y le mira.
—Net, no me ha parecido asquerosa, pero no me ha calmado —se lo piensa otra vez.
—Entonces, ¿te ha hecho algo? —Alemania no entiende a qué coño va Rusia, porque si no le ha calmado, ni le ha parecido asquerosa... pues... ¿qué?—. ¿O ha sido como beber agua? No estoy seguro de entenderte.
Rusia le mira.
—El olor... me ha provocado una erección y el sabor no me ha calmado —explica el ruso de nuevo como si fuera obvio, como si hablara del tiempo. Alemania flipa, abriendo los ojos mucho y sonrojándose un poco.
—U... U... Una erección —desvía la mirada.
—Da —responde Rusia todavía pensando en si le ha gustado o no. Alemania carraspea.
—¿Y... eso es... normal? Lo de... —mira a kamchatka de reojo y cierra los ojos, apretándolos—. ¿El olor?
—Net —niega con la cabeza. Alemlania flipa porque malentendió.
—Es decir... el oler la sangre de Amerika, en concreto, te ha causado una erección. ¿Esto no te pasa con la sangre de nadie más? —repite Alemania con MUCHO esfuerzo, (pero considerando que necesita confirmación).
—Net, por eso su sangre es rara —responde mirándole. Alemania abre la boca en sorpresa y se tarda unos buenos y largos segundos en volver a carraspear—. ¿Por qué crees que pasa eso? —pregunta Rusia.
Cuando le oye, Alemania se acuerda de cerrar la boca, negando con la cabeza.
—Es... yo... —carraspea—. Russland. Perdona, estoy impresionado.
El aludido levanta las cejas sorprendido.
—Anda... ¿y por qué? ¿Está mal? —pregunta un poco agobiado, porque realmente nunca sabe cuando algo está mal.
—Pues no pensé que Amerika te gustara de ninguna manera —responde el alemán, sinceramente. El ruso le mira extrañado.
—Pero si no lo hace —responde sinceramente.
—Pero te excita su sangre —replica Alemania.
—Mmm... Da —responde.
—¿Te excita la sangre o lastimarlo? —Alemania frunce el ceño, empezando a entender.
—Mmm... No estoy seguro, creo que el olor de la sangre... y el sabor —responde—. No me gusta lastimarle porque lastimar está mal —responde completamente convencido de ello.
—Es decir... ¿te gusta su olor y su sabor? —Alemania mucho más allá de sus capacidades habituales, terriblemente incómodo. Rusia se lo piensa otra vez, porque al parecer una erección no le ha dado la pista adecuada aún y se lo tiene que pensar.
—Da
—Es decir, si hay algo de Amerika que te GUSTA —Alemania repite. Rusia se lo piensa otra vez.
—Net —niega categóricamente, deeeeenso como él solo.
—¡Pero me acabas de decir que te gusta su sangre! —repite empezando a impacientarse. Rusia se lo piensa otra vez, haciendo un esfuerzo, en serio, Alemania, él lo está intentando.
—Da.
—¿Cómo probaste su sangre? —pregunta Alemania cambiando el tema y esperando una respuesta del tipo "me ha salpicado adentro de la boca", ejem... como le ha pasado a él en más de alguna ocasión. Rusia le mira sin entender.
—Pues... lamiéndola, claro.
—La... la...miéndola —repite Alemania, de nuevo descompuesto. Rusia frunce el ceño.
—Da —responde como si fuera obvio— tenía las manos ocupadas.
—No quiero saber de dónde le has lamido la sangre a Amerika —responde Alemania sinceramente, sin tener idea de qué decir. El ruso levanta las cejas y se señala el labio.
—De la herida que le he hecho.
Alemania hace cara de horror sonrojado.
—¿Qué? ¿Está mal? —vuelve a preguntar, preocupado.
—Es... y-yo no sabía que tú y Amerika hacían... esas... —carraspea— Acostumbran lamer... —aprieta los ojos— Nein, nein, no quiero saberlo —se gira a terminar de recoger sus cosas, que están todas perfectamente guardadas en su portafolios. Lo abre y empieza a reordenar las cosas que están perfectamente ordenadas.
—No entiendo qué pasa —vuelve a decir Rusia. Alemania cierra el portafolios.
—Russland... Amerika? ¿En serio? De todas las opciones del mundo... ¿no podía ser Frankreich o alguien así?. Tenía que gustarte Amerika, el país al que más detestas.
Rusia le mira en silencio, tratando de procesar. El alemán cierra los ojos.
—Bueno, hagan lo que quieran, sólo no lleguen tarde a las juntas, ni se peleen, saquen sangre y laman NADA en las salas de exposición.
Rusia se queda ahí con carita triste mirando a Alemania, quien suspira al verle la cara.
—A-Amerika es... un chico bien parecido y... —ok.. Alemania perdiiiiiiiiiido sin tener IDEA de qué coño decir—. Quizás con unas flores o algo. El libro de Frankreich dice... —empieza a citar su libro favorito.
—Pero es que a mí no me gusta —repite. Alemania tamborilea en su portafolios.
—Ja, y cómo explicas que te guste su sangre.
—No lo sé, porque es rara, por eso quería hablar contigo —explica.
—A mí me... —Alemania se sonroja por lo que iba a decir. Carraspea y Rusia le mira en silencio—. Yo... he probado... la sangre de gente que no me asquea —confiesa—. Es decir, cuando... bueno... —se sonroja de nuevo, y baja el tono de voz, mientras Rusia sigue escuchándole.
Alemania desvía la mirada.
—Cuando I... Italien se... ha cortado alguna vez un dedo y me ha... pedido que —baja más el tono—, le de un besito en la herida... —se mira los pies—, aún con la herida abierta y bueno... sí... —carraspea—, su sangre no me parece horrible— Explica—. No, querría lamer tu sangre, por ejemplo —indica—, ni la de Österreich... ni la de...
—La... la de Italiya... —repite Rusia.
—Ja... porque a mí... yo... —le mira.
—Quizás si pruebo la de Italiya —reflexiona el ruso.
—NEIN —sentencia Alemania frunciendo el ceño, tensándose inmediatamente. Rusia le mira.
—Pero tú dijiste...
Alemania lo mira intensamente.
—Yo dije que a MI la sangre de Italien me gustaba.
—Quizás a mí también —propone Rusia. Alemania sigue mirándolo con ojos muy, muy serios.
—La sangre de Italien es mía —indica vocalizando cada una de las palabras que dice—. Russland... yo estoy haciendo esta comparación. A Italien le gusta mi sangre, no la de Amerika. A ti te gusta la de Amerika... no la mía... y así nos vamos.
Rusia le mira en silencio, pensando en quién sabe qué. Alemania intentando ver si confundiendo a Rusia se le quita de la cabeza la idea de probar la sangre de Italia.
—¿Tu sangre? ¿La de... Soyedinennyye Shtaty? —parpadea sin entender.
—Ja... estoy haciendo una comparación —repite.
—Pero tu sangre no huele como la de Soyedinennyye Shtaty, tu sangre se parece a la de tu hermano —explica Rusia confundido.
—Bien... pero a Italien le gusta —repite—. A mí no me gusta la sangre de Amerika, a Italien tampoco... pero a ti sí —Alemania empezando (de nuevo) a perder la paciencia—. Algo ha de tener él que hace que te guste su sangre.
—Eso es lo que quiero saber, por qué es rara, pero la de Kanada no sirve —explica Rusia.
—¿Probaste la sangre de Kanada? —levanta las cejas.
—Da, pero no se parece —responde el ruso.
—Russland, no puedes ir probando la sangre de la gente —le mira—. Está mal. Como matar
Rusia levanta las cejas, un poco asustado.
—¿Por qué?
—Porque para sacar sangre hay que lastimar y lastimar está mal —le reprime.
—Pero no duele mucho, yo me hago sangre a veces —le muestra su pulgar.
—Ja, bueno... Pero no a todo el mundo le gusta que duela aunque sea poquito —explica Alemania. Rusia se lo piensa, porque esa es una idea REALMENTE compleja—. Yo lo sé, no lo entiendo bien tampoco. Sólo sé que a la gente NO le gusta —indica Alemania, el fan del S&M.
—¿Entonces no crees que pueda pedirle al cerdo yankee que me dé más de su sangre? —pregunta Rusia, inocente. Alemania lo mira con cara de "are you kidding me?".
—Puedes pedírsela —indica el germano— pero puede volver a atacar por ello. No creo que le guste la idea —agrega sinceramente y el ruso se lo piensa.
—No va a querer dármela, yo sé que tengo que pedir las cosas con pozhaluysta y todo eso, pero ¿qué pasa si no quiere?
—Pues te quedas sin sangre.
—Pero no quiero, quiero saber por qué pasa esto y por qué su sangre es rara —explica Rusia.
—Mmm... pero si él no quiere darte su sangre, no puedes obligarle. Obligarle está mal.
El eslavo frunce el ceño.
—Hay demasiadas cosas que están mal —sentencia. Alemania asiente.
—Yo opino lo mismo, pero Österreich dice que así es el mundo.
Rusia le mira... y sonríe.
—Te acompaño al hotel.
—Ja, danke —Alemania toma el portafolios y camina hacia la salida—. ¿No quieres pasar antes por un vodka?— Alemania y el reflejo condicionado, ha empezado a pensar en vodka con estos temas.
—Da —Rusia sonríe un poquito más.
Las épicas conversaciones entre Rusia y Alemania son ÉPICAS... y eso que hago un cliffhanguer, que aun no ha acabado. Da un poco de apoyo moral a Canadá con un review, por favor.
¡Y que no se te olvide agradecer a Tari!
