Habían dejado el cadáver tapado junto a la puerta. Rick había ordenado que se le quemase en el bosque a la salida del sol.

Miraba el techo de la habitación. Extendí las manos a los lados sin encontrar su cuerpo dormido a mi lado. La cama me parecía más grande sin él y también menos acogedora. Me levanté sin poder dormir y salí. Fui a la habitación de Carol en busca de algo de apoyo y consuelo. Habría ido a la de Maggie pero no me parecía bien pues ella dormía con Glenn. Llamé a la puerta y en lugar de Carol me encontré con Andrea. Me miró sorprendida de que estuviese allí.

- Sue, ¿quieres algo?

- Quería hablar con Carol, ¿está? – miré el interior de la habitación pero no vi a la mujer.

- No. No sé donde puede estar, desapareció hace un par de horas.

- Vale, buenas noches – me giré para irme.

- Sue. Quédate aquí esta noche, si quieres. Sin Carol la habitación me parece enorme.

Asentí, no sé si aliviada o intimidada porque me ofreciera quedarme. Entré en la habitación. La cama más cercana a la puerta estaba hecha, debía de ser la de Carol. La habitación estaba mucho más ordenada que la mía. Nos acostamos y Andrea apagó la luz.

- Creo que tomaste la decisión acertada – su voz me sobresaltó – Cuando le pediste a Daryl que volviese. Yo habría hecho lo mismo si me hubiesen preguntado a mí.

- Debes de ser la única que piensa así. Los demás parecen cabreados conmigo.

- Se les pasará. Ellos no entienden lo que significa una elección tan importante. Todos tienen algo por lo que seguir y nosotras solo aguantamos por costumbre, o al menos en mi caso – en cuanto lo dijo me sentí identificada – Daryl tampoco piensa lo mismo ¿no?

- Él cree que soy una cría que solo se preocupa de lo que puedan pensar los demás y que me autocompadezco por lo que he perdido.

- Escuché la pelea, parecíais muy enfadados los dos.

- ¿Tanto gritamos? – suspiré – Si solo entendiera toda la responsabilidad y el estrés que siento. Todos en este campamento esperan que pueda evitarles morir por saber algo de medicina pero lo cierto es que no puedo hacer nada contra la congelación, la mordida de un caminante, ni siquiera contra una infección que se complique. Mi padre sí habría sabido cuidar de ellos.

- Están asustados y es normal. Todo esto del fin del mundo es una mierda.

Me giré cansada por todo lo que había pasado, por un día asqueroso. Me despertaron varios golpes en la puerta. Miré a mi alrededor, Andrea seguía durmiendo tranquilamente, sin haberse enterado de nada. Me levanté y corrí a abrir antes de que pudiesen despertarla. Glenn estaba al otro lado, todavía era de noche.

- Te toca hacer la guardia.

- ¿Cómo me encontraste? – pregunté frotándome los ojos, cansada.

- T me dijo que te había saludado cuando ibas de camino aquí – recordé haberme cruzado con el hombre en el pasillo.

Cogí el rifle que me tendía y nos despedimos. Me puse las botas, la chaqueta y me coloqué sobre la caravana a observar el horizonte. El motel había quedado completamente oscuro después de apagar el enorme cartel luminoso. No se veía nada fuera de las vallas, me costaba distinguir el fin del bosque y la carretera. Dejé el arma en el suelo a mi lado y me froté las manos para entrar en calor. Todo estaba muy negro, mi aliento se transformaba en una nube de vaho por el frío.

Escuché un siseo, como si se arrastrase alguien pero no pude ver nada en la oscuridad. Entrecerré los ojos pero todo seguía igual de oscuro. Agarré el rifle y bajé por la escalerilla detrás de la caravana. Me paseé por el aparcamiento pero el ruido no se repitió. Caminé junto a la verja, por si había sonado en la carretera. Nada. Silencio. Me encogí de hombros y decidí volver al vehículo. Se repitió el siseo, sonaba como una bolsa al romperse, un cuerpo se arrastraba, nieve que crujía bajo el peso de alguien. Miré a todos lados desconcertada. Pensé en el cadáver junto a la puerta y me acerqué. La bolsa seguía allí, igual que la habían dejado horas antes. Miré a los lados sin ver nada inusual. Pateé la bolsa y casi caí al no encontrar nada en su interior.

- ¿Pero qué…?

Me puse sobre la bolsa, esperando encontrar el cadáver un poco más adelante pero no había ni rastro del muerto. Miré los alrededores, había huellas y la señal de algo pesado que ha sido arrastrado. Alguien había sacado el muerto de la bolsa y se lo había llevado, pero ¿para qué? Me rasqué la cabeza confusa.

- Grrrrr – el gemido sonó detrás de mí.

Me volví rápidamente, con el rifle sobre el pecho, cargado para disparar. No me dio tiempo a encontrar el gatillo, se lanzó sobre mí gruñendo. Caímos al suelo. La agarré del cuello tratando de alejarle de mí pero era más fuerte que yo. Le golpeé el pecho con las piernas sin que se inmutara o se retorciese de dolor.

- ¡Ahhhhhhhh! – grité, nerviosa, viendo que podía conmigo.

Le empujé a un lado de una patada y salí gateando aterrorizada. Me cogió del pie y tiró haciendo que me diera de boca contra el asfalto. El sabor a sangre me inundó la boca, escupí algo oscuro delante de mi rostro. Me giré para quedar boca arriba cuando sentí sus manos sobre mi rodilla. Intentó morderme el tobillo y le pegué una patada en la boca. Perdió la mandíbula inferior y siguió reptando hacia mí. Busqué el rifle entre la nieve pero no daba con el arma. Temblaba a causa del miedo, me aterrorizaba que me mordiera. Me dolían los músculos de la tensión y el esfuerzo de luchar contra el caminante. Grité de nuevo pidiendo auxilio, suplicando que alguien me ayudase. Escuché que se abrieron puertas, algunas luces se encendieron en el piso de arriba y gente corriendo. No podía apartar la mirada de los ojos sin vida del bicho que trataba de ascender agarrándose a mis piernas. La cara del muerto mantenía una mueca horrorosa, como la de un animal cabreado. Me cogieron de los hombros y tiraron para alejarme del zombi. Un hacha le cortó la cabeza en dos.

Fui impulsada hacia atrás y caí sobre la persona que me agarraba. Me abrazó y sollocé, jadeante por el esfuerzo y el miedo que se acumulaba en mi garganta. La sangre palpitaba en mis oídos impidiéndome oír a los que me rodeaban.

- Shhh, ya está cariño, todo está bien –Maggie me susurraba al oído.

- ¿Está bien? ¿Qué ha pasado?

- El maldito bicho salió de la bolsa. ¿Quién fue el hijo de puta que lo dejó dentro del motel? – la voz masculina se fue acercando, había rugido cada palabra con un tono ronco y cabreado. Me cogió separándome de los brazos de Maggie, yo no quería, ella me consolaba.

- No es posible. Estaba muerto, no le mordieron ni tenía arañazos – voces que no reconocí, mi cerebro trabajaba lento.

Me ponían de pie, apoyándome sobre su cuerpo. Me levantaron y me sentaron sobre el capó de un coche. Mi mente recuperó parte de su actividad normal y las figuras se tornaron nítidas ante mis ojos. Las voces volvieron a tener dueño.

- Pues esa cosa tuvo que salir de algún lado. O es el hermano gemelo del prisionero y se comió al que estaba en la bolsa, entero, huesos incluidos, o es el mismo prisionero que creíamos cadáver.

Daryl me examinaba la pierna que me había cogido el caminante. Solo tenía un desgarrón en el pantalón. Maggie y Andrea miraban por encima de su hombro. Detrás estaban los demás armados y discutiendo. En el segundo piso Dale y Lori lo observaban todo. Clementine estaba junto a Carl, cogiéndole de la mano, visiblemente asustada.

- Estoy bien – le dije al hombre para apartarle de mi pie.

- No te mordieron. ¿Algún arañazo en los brazos? – fue a cogerme la mano.

- No, estoy bien.

Me bajé del coche apartándole. Maggie me recibió con un abrazo, agradeciendo al cielo que no me hubiese herido. Miré al caminante muerto y un escalofrío me recorrió el cuerpo. Pensar que unos minutos antes había estado a punto de ser mordida me aterrorizó. Definitivamente era el prisionero y había salido de la bolsa aprovechando que todos le creíamos muerto.

- ¡AHHHHHH!

- ¡Dale! – más gritos en el piso superior, de terror, como los míos unos minutos antes.

- ¡Ahhhhhhh! – nos volvimos para ver como Asia mordía a Dale en el costado. El hombre se consiguió deshacer de la pequeña con un empujón.

- ¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡Dale!

De un tiro mataron a la niña zombi que cayó hacia atrás. Dale no pudo aguantar su peso sobre la barandilla y también cayó al suelo. Lo observé todo con los ojos como platos. Salieron corriendo hacia el piso superior. Me pegaron un tirón para que fuera con ellos. Al girarme, reconocí que era T-Dog el que me guiaba. Corrimos escaleras arriba para socorrer al hombre. Lori abrazaba a los otros niños que lloraban.

- ¡Sue, tienes que ayudarle! – me gritó Andrea con la voz ahogada.

Me arrodillé a su lado sin saber que hacer. Le tapé la herida con las manos, con un trapo que me dieron pero no podía hacer nada. La pequeña caminante le había destrozado y los órganos internos se resbalaban hacia fuera. Su sangre empezaba a inundar el pasillo. Lloraban, se lamentaban, gritaban maldiciendo el mundo que nos había tocado vivir o callaban, demasiado sobrecogidos como para poder decir algo.

Dale nos miraba con ojos vidriosos y la boca abierta, como si quisiera decir unas últimas palabras. Mis manos aguantaban su herida pero no podía hacer nada por él, nadie podría. Todos lo sabíamos pero eso no hacía que la situación fuera más fácil.

- Está sufriendo, por favor – pidió Andrea mirando a Rick.

- Un tiro por misericordia, por humanidad – le apoyó Glenn con la voz rota.

No aparté la mirada de la herida. Simplemente no podía hacerlo. Quizás fue el morbo o saber que me derrumbaría si veía a los demás llorar por el hombre. Demasiado tarde. Silenciosas lágrimas cayeron por mis mejillas. Me tembló la barbilla intentando contener los sollozos. Levanté un poco la mirada y vi personas destrozadas emocionalmente.

Rick sacó su arma y apuntó a la frente del herido. Casi podía ver su lucha interna, no quería ser el verdugo de Dale, tal y como lo había sido de Sofía. El arma temblaba en su mano. Daryl se adelantó y la cogió, quitándosela con suavidad. Rick lo miró un momento antes de asentir. Cargó el arma y la puso contra la frente de Dale.

- Lo siento – apretó el gatillo y el disparo atravesó la quietud de la noche.

El sonido resonó entre los árboles, dejando constancia de una nueva muerte.