COMENTANDO LOS COMENTARIOS

JavieraPilar: ¡Hola! Y a mí me hace feliz que sigas cada actualización XD Digamos que el orgullo es algo muy fuerte, tanto y a veces más que el amor :s

Jajaja gracias a la psicopatía de Castiel el otro loco no logró su objetivo :D Y perdona por no subir más seguido, pero son tantas cosas que debo atender, en especial en este mes :/

Myta.1: ¡Hola! ¿En serio sabías que Dominic tenía relación con uno de ellos? Estoy sorprendida porque creo no haber dejado pista sobre eso XD Ya iremos notando como se mantendrá la relación de ambos, esperemos que todo tome un buen camino :s

Pd: Posiblemente todo quede bien, o no ¬u¬ Pd2: Eso lo sabrás en este capítulo :D Pd3: O "Las desgracias de Norita, pobre muchacha" X´D Pd4: Aiiiuda (?) Pd5: Él te ama también *Mucho love* XD

Hizuri Ken: Saludos ^^ Muerte más honorable que esa no hay XD No habría encontrado mejor palabra que esa para describir al muchacho y es cierto que se ha mantenido leal a ella incluso cuando ya no son nada :3 Jajaja ambos son algo complicados, hay que tener paciencia :D

Star786: ¡Saludos! Me hace muy feliz que te esté gustando el fic y mi manera de escribir :´D Hago lo posible por mejorar cada vez más jajaja Lamento no haber subido pronto, incluso esa era mi idea, pero Diciembre no es un mes muy "liviano" para mí u.u

patatita: ¡Me alegra! XD

Annie: Hola ^^ Uff lamento haberte hecho llorar con eso :/ pero me alegra que te esté gustando mucho la historia *u*


Las voces a su alrededor se escuchaban como murmullos, sin significado alguno para ella que no entendía lo que intentaban comunicarle, sólo sabía que era algo irrelevante, poco importante, porque ella no era de ignorar esa clases de detalles, ella era muy inteligente, sabía cuando debía poner atención a lo que los demás decían… No, en esos momentos no sabía… Sólo no tenía las ganas suficientes para prestar atención, no después de todo lo ocurrido la semana pasada, aquella semana cargante, que la llenó de un sentimiento extraño que no sabía identificar, una mezcolanza de dolor e indiferencia, de odio y debilidad, miedo y resignación. Algo parecido al infierno.

El aire abandonó poco a poco su cuerpo debido a la mano que apretaba su cuello con una monstruosa fuerza. Miró a su atacante y sus ojos se empañaron de lágrimas cuando enfrentó el gris oscuro en la mirada de su agresor. Esa sonrisa que tantas veces la enamoró, ahora era la señal de que su tiempo había terminado...

Respiró con todas sus fuerzas al despertar por el sonido del timbre escolar. Miró alrededor, sus compañeros se levantaban de sus asientos y se dirigían con sus mochilas al hombro hacia la puerta del salón de clases.

Su cabeza dolía, algo bastante lógico después de pasar otra noche en la que apenas pudo dormir, pues las pesadillas no la dejaban tranquila, y tal parecía que hasta en el instituto la perseguían. La imagen de ese hombre la asaltaba mientras dormía y, a veces, despierta, cuando menos lo esperaba, sentía como el aliento de él recorría su cuerpo, como su risa perversa inundaba su cabeza de temor.

Hundió la cara entre sus manos, no quería seguir pensando en eso que sólo servía para torturarla, para hundirla aún más en la miserable peste de la demencia, porque sabía que no estaba bien, sabía que tener pesadillas recurrentes, tener un miedo constante acompañándola, no era nada bueno, pero supuso que eso lo superaría, que no tendría que enfrentarse a más horrores, pero estaba equivocada, estaba condenada a vivir de esa forma y no lograba pensar que debía de existir alguna razón lógica por la que otra vez le tocaba soportar otro golpe del mundo o de la vida.

Castiel la miraba desde su asiento, pudiendo palpar la desesperación que de ella emanaba, sintiéndose impotente, inútil, como un cobarde por no poder acercarse a ella después de lo ocurrido hacía una semana, cuando el tal Dominic intentó abusar de ella para después matarla. Por suerte estuvo ahí para impedirlo, pero lamentó no haber llegado más temprano, o tal vez, haber sido más rápido.

Miró a su mejor amigo, esperando que como siempre él lograra entrever que algo le pasaba, y que le aconsejara, sus consejos siempre funcionaban, pero Lysandro estaba metido en su mundo, escribía algo en su libreta e ignoraba por completo el hecho de que las clases se dieron por terminadas.

Debía dejar eso, no debía depender de él, ni de nadie, para encontrar la opción correcta.

Miró otra vez a Lysandro y pensó que se tomaba muy en serio su rol en la banda, en especial porque tenían un contrato que cumplir, mientras él no lograba concentrarse más allá de lo que ocurría entre él y Nora, sobretodo en cómo ella estaba.

Se acercó a ella con duda, recordando que sólo estuvieron cerca aquella noche infernal, ni siquiera cuando se enteró del suicidio de aquel tipo estuvieron juntos.

La muerte de Dominic lo dejó impactado, temeroso de ir a la cárcel, sin embargo el detective le dejó claro que él no tuvo que ver, ya que el hombre decidió ponerle fin a su propia vida.

Aquello no lo alegraba, pero sí lo aliviaba, porque de sólo pensar que algún día ese hombre saldría de la cárcel, o lograra evadir la justicia de cierta manera, temía que consiguiera llegar de nuevo a Nora y terminara con lo que dejó inconcluso.

—Nora—la chica reaccionó ante su voz como si la hubieran pinchado con una aguja caliente.

Castiel la miró detenidamente, estaba distinta, lejos de esa chica radiante que tuvo a su lado por tantas semanas, pensaba mientras analizaba las profundas ojeras que rodeaban a sus ojos plateados y exaltados; su piel estaba muy pálida, lucía enfermiza como un moribundo y tampoco su delgadez, la cual no era extrema, pero si obvia, le tranquilizaba.

—¿Qué? —preguntó desviando la mirada al recordar el sueño que tuvo hacía unos momentos.

Al pelirrojo aquella reacción le supo amarga. Ella no solía ser así, no era esa chica nerviosa y asustadiza que presenciaba.

—¿Cómo estás? —se acercó más, sin darse cuenta de ello, pero Nora sí fue capaz de notar el movimiento y retrocedió un poco mientras apretaba uno de los tirantes de su mochila.

—Estoy mejor—respondió con poca solidez en sus palabras al tiempo que se levantaba de su asiento y se colgaba la mochila a la espalda.

Su forma de moverse y de hablar contradecían a sus palabras, pensaba el chico mientras la veía dirigirse hacia la puerta.

—¿No crees que deberíamos hablar de lo que pasó? —ella ni siquiera se giró, sólo se detuvo frente a la puerta con aire dubitativo, sin saber si responderle o mejor ignorarle.

—No quiero hablar de eso—respondió y caminó hacia el pasillo, nerviosa al escuchar los pasos de él detrás de ella.

—Sé que no quieres hablar de eso, pero después de lo que pasó pensé que merecía una explicación—ella negó con la cabeza, aún sin detenerse—. Para—la detuvo por su mano, pero ella la retiró al instante, girándose hacia él con los ojos muy abiertos.

—No lo vuelvas hacer—expresó con muy poca seguridad, sin sentirse sorprendida de su falta de estabilidad.

—¿De qué hablas? —preguntó confundido, pero ella no le respondió y se giró hacia la salida del instituto.

Al quedar fuera del instituto miró el auto verde esmeralda y a su madre saliendo de él.

—Estaba a punto de llamarte—dijo la mujer con el celular en la mano.

Su hija no respondió a lo que le dijo y sólo se limitó a mirarla inexpresiva, algo muy común en ella, pero que en esos momentos, en los que Larissa sabía lo que había ocurrido con Dominic, lo idiota que fue al confiar ciegamente en el hombre que quiso abusar de su hija, esa mirada que Nora le dirigía la sentía más fría de lo usual.

Hacía varios días Nora no se comportaba como solía, y no era de menos, lo anormal sería que fuera la misma de siempre, pero le dolía mucho saberla destrozada por su culpa, y sentía un tono extraño apoderarse del ambiente entre ellas, uno gris como el pavimento, combinable con un aire pesado que estrujaba su corazón roto, porque lo que pasó la había afectado a partes iguales. Por un lado su hija sufriendo, a punto de ser violada, presenciando la muerte de su preciada mascota, aquella que solía sacar su lado más dulce y por el otro estaba él, ese hombre que fue como encontrar un oasis en su larga soledad, pero que sólo resultó ser una ilusión, un vil mentiroso que la utilizó para llegar a Nora y quitarle todo su dinero. Recordaba lo dolido que se mostró cuando ella no pudo aceptar su propuesta de matrimonio y de verdad le hubiera querido decir que sí, pero algo no la dejaba dar ese paso, quería que Nora estuviera feliz con su elección, que la apoyara en ese nuevo estadio de su vida, pero no iba a ser así, ella lo odiaba, le temía y se torturaba día y noche por enterarse, muy tarde, de que tenía justificación para ello.

—Vine para llevarte a casa—la de ojos plateados seguía sin mostrar alguna emoción, únicamente perforaba su mirada con la de ella como si ésta estuviera hecha de estalactitas de hielo— ¿Entras? —le señaló el auto, dudando de que su hija aceptara aquello.

—¡Nora! —el pelirrojo con paso rápido salía del instituto. Nora lo miró por un segundo y luego asintió a su madre, sin fuerzas para enfrentar una conversación con él.

Se encaminó con pasos largos hacia la puerta del copiloto, pero cuando estuvo a punto de abrirla, la mano de Castiel le impidió el paso.

—Escúchame—Nora se echó hacia atrás, con una extraña sensación propagándose por todo su cuerpo, un deseo ferviente de huir de él—. Ya no vamos a seguir evitándonos, no cuando hay tanto que discutir…—intentó mirarla a los ojos, encontrar comprensión o al menos un destello de análisis, ese que solía emplear para todo, para penetrar en los demás, pero en esos momentos sólo veía barreras que impedían el paso de cualquier intensión inofensiva—. Sé que has pasado por algo horrible, pero yo... Yo… —¿Cómo decirle que quería ayudarla cuando ellos ya no eran nada?

—No hay nada que discutir—respondió con miedo de acercarse a la puerta del auto, la cual él obstaculizaba.

—Nora, al menos intenta escucharme—se acercó, como no podía evitar, pero ella se apartó con más violencia.

—¡No te acerques! —gritó despavorida, sintiendo unas manos invisibles toquetear su cuerpo con violencia, con ansias de controlarla, de poseerla en contra de su voluntad.

Él quedó estupefacto, sin poder creer o entender su comportamiento, no cuando después de lo ocurrido esperaba que la manera abrupta en la que se rompió su relación no fuera algo que aún importara.

—Castiel—miró hacia la mujer de ojos verdes—. Nora y yo tenemos que irnos—también ella se sentía abatida al ver al chico. Aún escuchaba las palabras nocivas de Dominic en contra de Castiel, sobre que era un tipo que destrozaría el corazón de su hija, que la haría sufrir, que debía salvarla de él y al final fue Dominic el verdadero peligro.

El de ojos grises asintió con poca convicción, pero sin dejar de observar a Nora, quien esperaba que él se apartara de la puerta. Bufó y dejó de impedirle el paso. Ella abrió sin titubear la puerta del copiloto y entró en el auto con un sentimiento de culpabilidad ubicándose en su pecho.

Larissa entró también, no sin antes darle una larga mirada a Castiel, quien portaba una expresión que mediaba entre la confusión y la desesperación.

Nora cubrió su boca con una mano, aguantando un sollozo atorado en su garganta, pensando en lo que acababa de hacer, en lo que acababa de sentir y presenciar, pero no pudo evitar esa reacción, lo que pasó con Dominic le recordó tanto a lo que él estuvo a punto de hacerle tiempo atrás, y de alguna manera retorcida, en su mente trastornada ya no podía adivinar claras diferencias entre los dos. Cuando él se acercaba, era como verlo nuevamente hecho una bestia a punto de hacerle daño, de marcarla de por vida. Pero él ya no era así, él nunca fue como ese maldito que deseaba se estuviera pudriendo en el infierno, y aún así no podía soportar la idea de que la tocara, de que se acercara a ella.

Que patética era, a eso se había reducido, a un ridículo remedo de ella misma, asustadiza, nerviosa, un mar de lágrimas en su interior.

El recorrido a casa fue corto, sin embargo se sintió como horas, pues ninguna hablaba, de hecho no hablaban como se debía desde que Larissa se enteró de lo ocurrido, cuando recibió la llamada de la policía y supo que Dominic intentó aprovecharse de su hija, que Castiel, la había salvado y que Dominic quedó hospitalizado. Todo de lo que se enteró, ver el rostro demacrado de terror de Nora, saberla más alejada que nunca de ella, le costaba mucho encontrar las palabras correctas, por eso no hablaban más de lo necesario.

—Otra vez ese tipo—susurró la mujer al notar la patrulla de policía frente a su casa y al Detective Bouvier esperándolas.

Nora suspiró harta de tener que seguir dando cuentas por aquel hijo de puta. No quería seguir más con esa estupidez.

Larissa estacionó el auto y junto a Nora se acercaron al hombre de pelo gris.

—Buenas tardes—ambas le respondieron de la misma manera—. Tengo algo más que informarles sobre el Dominic.

—¿Qué más nos puede decir de ese? —habló la de ojos verdes de forma amarga— Ya está muerto—pero esa última palabra la profirió sin fuerzas.

Él fue un maldito hijo de puta, un condenado farsante que jugó con sus sentimientos y que marcó a su hija para siempre, pero ella, ella de verdad lo quiso, en serio sintió amor por él y ahora se encontraba odiándolo como nunca odió a nadie, pero deseando no sentir ese dolor por saberlo muerto, también implorando que algún día pudiera borrar ese sentimiento que para él no significó nada.

—Se trata de Lisette Aguilar—las dos féminas se mostraron confundidas. No conocían a nadie con ese nombre—. Solía ser cuñada de Filler. Quiere hablar con ustedes sobre lo ocurrido.

—No tenemos nada que hablar con esa mujer, ni siquiera la conocemos—habló Larissa por las dos, pero Nora, a pesar de estar de acuerdo con sus palabras, intuía que no debían negarse.

—Ella desea llegar a un acuerdo con ustedes para que no presenten cargos.

—¿Y por qué íbamos a querer presentar cargos contra una ex cuñada? Su hermana es la que tiene que rendir cuentas.

—Lamentablemente, Amanda Filler está desaparecida desde hace más de un año, Señora Lespard—miró de reojo a Nora, pues ya el Detective conocía la historia de la chica y cómo al ganar aquel juicio dejó destruidas muchas familias, entre ella a los Lumier, quienes, por obra de la casualidad, estaban ligados a Filler.

—¿Y quién va a compensar por lo que hizo ese tipo?—no era la clase de persona que se preocupara de tal forma por el dinero, pero en ese caso, pensó que iba a ser lo mínimo que podría hacer la justicia por su hija.

—Precisamente por eso Aguilar quiere hablar con ustedes—aún no entendían cómo esa mujer estaba metida en eso—. Los padres de ella son los que están a cargo de los hijos de Filler y como ellos son los familiares más cercanos de él…

—¿Dominic tenía hijos? —inquirió Larissa incrédula.

—Así es—elevó una ceja, dándose cuenta de que era otra información que Filler ocultó de ella.

—No puedo creerlo—miró hacia Nora, pero ésta, a pesar de estar también asombrada, no se mostraba estupefacta, sólo miraba al Detective— ¿Qué más me habrá ocultado ese…?—no terminó la frase por el nudo que se apretaba en su garganta, recordándole que había sido la mayor idiota sobre la faz de la tierra.

—Aguilar desea llegar a un acuerdo con ustedes—le pasó una hoja de libreta a Larissa—. Ese es su número—y se dirigió hacia la patrulla—. Eso es todo lo que tenía que decirles, cualquier cambio o acción que quieran realizar, avisen a la estación—y entró al auto sin más que decir, para después alejarse en él.

Las dos mujeres entraron a la casa sin saber qué decir. Nora se sentó en el sofá y pensó en Misu, en cómo solía recibirla cada vez que llegaba a casa. Ya nunca sería de esa forma, concluyó afligida.

—Creo… Creo que debemos llamar—dijo la de ojos verdes, seleccionando con cuidado las palabras que usaba con Nora. Sentía que el sólo hecho de abrir la boca era suficiente para ser repudiada.

Nora asintió, aunque no le interesaba mucho aquel dilema. No le importaba el dinero, Dominc estaba muerto y no iba a perjudicar a personas que ni conocía, no por bondad, sólo le parecía una pérdida de tiempo.

—¿Sí? —observó a Larissa hablar por teléfono— ¿Lisette Aguilar? Soy Larissa Lespard—se sentó frente a Nora y la observó—. Nora Jude es mi hija… El detective Bouvier nos informó que quería hablar con nosotras—Nora también la observaba, sin embargo sólo esperaba el momento justo para hablar y tranquilizar a la mujer, ya que no necesitaban encontrarse. Ella no intentaría quitarles ni un euro.

Larissa seguía hablando calmadamente con la mujer, pensando en cuál sería la decisión de Nora con respecto a lo que pasaba, pero palideció de repente, llamando más la atención de su hija.

—Ah, eso no se podrá, lo siento, pero no—respondió su madre.

—¿No se podrá qué? —quería saber el porqué estaba tomando una decisión sin contar con la opinión de ella.

—No es nada—su respuesta no convenció a Nora.

—Quiero hablar con ella—tendió su mano hacia el teléfono, pero su madre, pálida y tragando en seco, no se lo pasó.

—No es importante, Nora—se echó hacia atrás— ¿Qué? No, nada de eso—respondía a la mujer del otro lado de la línea, pero se quedó boquiabierta cuando su hija, la que solía ser educada y respetuosa, le quitó el teléfono de la mano. No se atrevió a reclamarle, pero le atemorizaba que ella supiera lo que aquella mujer le había dicho.

—Soy Nora—dijo sin saber muy bien cómo empezar— ¿Qué le acaba de decir a mi madre?

—Oh, Nora…—la voz de la mujer se escuchaba nerviosa— Lamento lo que pasó…—la de pelo anaranjado contuvo el aliento— Le decía a tu madre que si podríamos encontrarnos mañana para hablar… Será después del entierro de Dominic y… Sólo estaré aquí hasta mañana, por mis padres y mis sobrinos…

—Vaya al punto, señora—no le gustaba ser una maleducada, pero últimamente serlo era el menor de sus problemas.

—Mis padres están muy viejos, muy cansados, mis sobrinos sólo lo tienen a ellos; Dominic los abandonó después de que mi hermana, Anastasia, murió—no quería interrumpirla nuevamente, pero le desesperaba no saber qué era lo que había puesto a Larissa en aquel estado sospechoso—. Lo que te hizo ese… Ese maldito—la manera en la que dijo aquellas palabras desconcertaron a Nora, pues estas no se escuchaban como un mal intento de ganarse su simpatía, más bien se escucharon rotas, como si la comprendiera a la perfección—, fue horrible y entiendo si quisieras que te compensaran por ello, al menos, para sentir que si hay justicia en el mundo—estaba claro que algo no andaba bien con esa mujer, pensaba Nora—. Pero mi familia no es la culpable de lo que él te hizo y por eso me gustaría hablar contigo, mañana, en Belle Ville— entendió de inmediato la expresión de Larissa cuando escuchó esas palabras.

—¿Belle Ville? —preguntó frágil, notando como su madre cerraba los ojos ante lo que acababa de preguntar.

—Sí, si es posible, después del entierro de Dominic, pero tu madre me acaba de decir que no se podrá—la chica pasó saliva y chasqueó la lengua al entender que Larissa aún seguía con su afán de alejarla de aquel lugar.

Sentía que era un vaso a punto de desbordarse, al que sólo le hacía falta la última gota para derramarse. Así lo percibía cuando entre todo lo que se cernía en su cabeza, apareció ese recuerdo que creyó superar: A su padre, su muerte y sus lagunas mentales.

Antes de escuchar "Belle Ville" pensaba decirle a Lisette sobre su decisión de no buscar una compensación económica de su familia, pero algo brilló de una manera lúgubre en su pecho, ese pesar que no lograba superar y la idea absurda, o quizás no tan absurda, de que debía ir, de que debía al fin enfrentar eso que quedó inconcluso por años y así, tal vez, lograría desenredar esa maraña de sufrimiento que siempre la atrapaba, como si ahí, en Belle Ville, más específicamente, en la tumba de su padre, se encontrara la razón de sus malas decisiones en la vida, de su dolor que parecía no tener fin.

—¿Estás ahí, Nora? —preguntó la mujer dubitativa.

—Sí—respondió con firmeza, por primera vez en días— y sí iremos—Larissa la miró estupefacta, deseando haber escuchado mal— ¿Cuándo termina el entierro?

—A las tres—su voz se escuchaba mucho más tranquila.

—Bien, a las tres será, en el cementerio de Belle Ville ¿No? —Su madre suspiró abatida ante lo que escuchaba.

—Sí, gracias por aceptar hablar de esta situación… Sé que es difícil para ti—Nora asintió, aunque sabía que ella no la veía—. Adiós—y colgó.

—No iremos a Belle Ville, Nora—dijo la mujer de repente.

—Bien, entonces iré yo sola—se encaminó hacia la repisa y colocó el teléfono en dónde estaba.

—No—su voz se escuchó más fuerte y mandataria—. Ni tú ni yo iremos. Esa mujer puede quedarse esperando—la de ojos plateados soltó el aire contenido, como si éste la hubiera estado quemando.

—¿Por qué no quieres que vaya? —Larissa rodeó los ojos— Y esta vez quiero una buena respuesta.

—No vas y punto, no tenemos nada qué hacer en ese lugar—se levantó para dirigirse a su habitación.

—Iré quieras o no—informó, pues esa era la verdad. Ya estaba harta de tantos años en intriga.

—¡No irás! —se acercó enfadada a Nora— ¡Te lo prohíbo!

—Prohíbe todo lo que quieras, pero estoy cansada de tanto misterio con respecto a Belle Ville—su sinceridad no alegraba a Larissa, no cuando había un secreto muy fuerte de por medio, algo que terminaría por destruir lo que quedaba de Nora.

—¡Respeta mi decisión! —volvió a gritar, más alterada que antes.

—¡No me importa tu decisión! —ella también le gritó— Iré a Belle Ville, iré a su cementerio y por supuesto que iré a la tumba de mi padre…

—¡No! ¡No irás! —se encontraba roja por el enojo— ¡¿Por qué te cuesta entenderlo?!

—¿Y a ti por qué te cuesta dejarme ir? ¿Qué es lo que ocultas? —no le parecía increíble que esa discusión fuera la conversación más larga que habían tenido en días.

—Ya te he dicho que tengo mis razones—la más joven negó mientras rodeaba los ojos—. Soy tu madre y…

—Perdona—le sonrió con ironía—, pero, ¿Acaso tienes idea de lo que es ser una madre? —la mujer abrió sus ojos desconcertada.

—Nora, no me hables así…

—No, te dejaré las cosas claras ahora mismo, Larissa—el aborrecimiento impregnaba su voz y su mirada—. Tú como madre no vales—y no se arrepintió de lo que dijo. No iba a morderse la lengua sin importar como reaccionara Larissa.

Los ojos de la mujer se empañaron de repente a causa de las lágrimas.

—No… No debes hablarme así…—su voz se quebró, pero Nora no parecía ser capaz de notarlo.

—Y tú no debiste darle las llaves de este lugar a un hombre que no conocías en realidad—sabía que lo que acababa de decir era un golpe letal, pero no iba a quedarse callada por más tiempo. No le importaba si Larissa la golpeaba, tampoco parecía importarle si la hacía llorar.

—No hables de él—intentó mostrar más solidez en lo que decía, pero sus ojos llorosos no la ayudaban.

—Te engañó, te utilizó, te puso en mi contra y aunque intenté advertirte, tú te pusiste de su lado—cada palabra se escuchó más agria que la anterior.

—¡Yo no sabía la clase de monstruo que era! —quiso defenderse— Yo creía que… Que…

—¿Qué yo te mentía? —volvió a sonreír y era la sonrisa más helada que había visto en su vida. Sin ningún ápice de alegría, sólo rencor— No te preocupes, eso ya me lo dejaste muy claro hace semanas.

—¡Ya sé que cometí un error! Pero yo lo quería, ¿Entiendes? —una lágrima salió de sus ojos— Ya sé que no he sido la mejor, que he cometido muchos errores, pero si no quiero que vayas a ese lugar es por tu bien, quiero protegerte…

—Siempre eres así—susurró sin enternecerse por lo que acababa de confesar su madre—. Sólo cuando intenté suicidarme buscaste ayuda profesional para mí—Larissa frunció el ceño, confundida—. Intentaste protegerme después de todo el daño que me habían provocado—Nora apretó sus puños, conteniendo su enojo—. Tú, sólo eres una madre cuando ya es demasiado tarde—no mostró ninguna emoción ante las lágrimas que se derramaron de los ojos de su madre y no era que no le importara, pero no iba a sucumbir—. Así que olvida que te haga caso, iré a Belle Ville, visitaré la tumba de mi padre y no necesito tu permiso—se retiró de la sala. Ya no quería seguir hablando más del tema.

La mujer quedó en un estado estático, sin atreverse a detenerla. Se encontraba más herida que nunca, porque sabía que a pesar de que todo lo que había dicho fue muy cruel, era cierto, no era una madre completa, no después de que Daniel murió. Intentaba no desprenderse de ella, hablarle de su día, saber de ella, pero la mayor parte de tiempo estaba en su propio mundo, en sus asuntos y no lograba encontrar un equilibrio entre el ser una madre para su hija y una mujer que intentaba superar la muerte de su marido.

Después de tantos años, al igual que su hija, la muerte de Daniel la perseguía como una sombra. Pensaba que si no hubiera discutido con él esa noche, si sólo hubiera decidido que ya era demasiado el daño que le provocaba con sus reclamos, quizás él podría haber puesto de su parte para mejorar la situación en la familia y por supuesto, no habría muerto.

Siguió llorando en silencio, enfrentándose a ese dolor que suprimió por años debajo de una sonrisa. Lo amó tanto, siempre le atrajo desde que ambos se conocieron de niños y por años fueron mejores amigos, hasta que él decidió confesarle su amor, que claramente fue correspondido. Fueron muy felices, en especial cuando llegó Nora a sus vidas, pero tuvo que pasar aquello en la empresa en la que él trabajaba y todo se fue a pique. Pensaba con decepción que quizás no se amaron lo suficiente, porque de haber sido así, ella y él, se habrían unido más que nunca ante las adversidades, pero no fue así, se dedicaron a atacarse, a encerrarse en su propio dolor y no ver el daño que le provocaban a su hija.

No podía hacer nada salvo aceptar la realidad, cosechar lo que sembró desde el momento que se propuso ser una mala esposa y una mala madre.

Corría despavorida por una carretera oscura, trataba de no ver qué era lo que la perseguía, aunque no podía ignorar que lo sentía cada vez más cerca. Su corazón latía a un ritmo desenfrenado, el frío cubría su cuerpo desnudo, pero éste se hizo infernal cuando eso la logró atrapar. De pronto ya no estaba en la lúgubre carretera, sino en una habitación que era iluminada patéticamente por un foco de luz tenue. Observó a su captor sonreír con perversión. Éste pareció susurrar algo que ella no supo entender y besó su boca de una manera indescriptible, horrible y asquerosa, o quizás, apasionada y apetecible. Asustada intentó defenderse, pero estaba paralizada, sus fuerzas se habían reducido al punto de no poder levantar ni una sola de sus extremidades. Mordió los labios de su atacante en un intento de herirlo y así escapar, pero fue tan débil que sólo logró que éste riera y sorbiera el oxígeno de su cuerpo, llenando el aire de una espesa y asfixiante niebla caliente.

—Nora—su madre la despertó cuidando no espantarla.

La chica se quiso levantar de repente, como si aún tuviera que huir de su agresor. Pero Larissa la detuvo en ese instante.

—Tranquila—quiso sentarse a su lado, pero no se atrevió más que nada porque Nora la alejó de repente. Larissa ignoró el malestar que le causó su reacción— ¿Estás bien?

—Estoy bien—dijo sin mirarla, hiperventilando y secando el sudor de su frente. Estaba claro que bien no se encontraba.

—Quiero hablar contigo—su convicción no dejó impávida a Nora—. Lo que pasó esta tarde…

—Iré—la interrumpió de repente.

—No—negó con la cabeza también—. Las dos iremos—la hija miro a su madre con sorpresa—. Lo he pensado mejor y tienes razón… Han pasado tantos años, no puedo seguir evitando que conozcas la verdad.

—¿Cuál es la verdad? —no le sorprendía saber que algo rancio se cocía detrás de tanta insistencia con que ella no visitara la tumba de su padre.

—No es fácil de explicar…—bajó la cabeza, deseando tener el don de la palabra de su lado para poder hablarle de algo tan difícil—Creo que es mejor que lo descubras tú misma—también deseaba no arrepentirse de su decisión.

Ambas quedaron en silencio por varios minutos, Larissa mirándola y Nora sin prestarle atención, ambas presintiendo que el día siguiente sería significativo en sus vidas.

—Está bien—rompió la más joven el silencio que había inundado el lugar—. Las dos iremos—su madre asintió y se encaminó hacia la puerta.

—Te pasaré a buscar temprano al instituto—pensaba faltar a su trabajo, aunque después eso le traería problemas—. Buenas noches—susurró antes de salir de la habitación.

Nora al escuchar lo que había dicho miró a través de la ventana que estaba al lado de su escritorio y notó que ya era de noche.

Abrazó sus piernas y se concentró en lo que podría pasar al día siguiente. Su corazón latía muy rápido todavía, señalando en su interior, como una luz intermitente, una fuerte sensación de pavor.

Se encontraba asustada, no lo iba a negar, pero el miedo la había tenido paralizada por demasiado tiempo. Deseaba saber la verdad y también no temer de ella.

Aguantó las ganas de llorar, el sabor amargo de la náusea acrecentarse en su boca, al querer con urgencia tener a su lado a alguien que la confortara, que le dijera que todo iría bien.

Larissa cumplió con su palabra y al medio día la fue a buscar al instituto para emprender su camino hacia el lugar donde Nora había nacido. En el trayecto ninguna dijo nada, no se atrevieron a quebrar el silencio que ambas necesitaban para meditar lo que iban a hacer y lo que iba a pasar.

Nora perdía su mirada en la ventanilla del auto, notando como dejaba de estar Sweet Ville. Observó los autos con distintas velocidades pasar al lado de ella mientras recordaba su infancia en aquel lugar que aún estaba lejos de alcanzar, cómo fue feliz con sus padres y algunas amistades, también en cómo todo se fue deteriorando hasta llegar a la muerte de su padre.

Se preguntaba qué tipo de decisiones tuvo que haber tomado en su vida para estar en esos momentos así: Rota y asustada.

Cuando notó que ya habían entrado a Belle Ville su cuerpo se tensó como una liga estirada, sus pulmones rogaron por más aire y su cuerpo se cubrió de sutiles escalofríos cuando llegaron de inmediato al cementerio, pues éste se encontraba en el límite de la ciudad.

Entraron al lugar mientras Larissa hablaba por el móvil con Lisette. Por su parte Nora pensaba en todos los años que pasó lejos de ese lugar, incluso pensó en el tiempo que llevaba sin ir a casa de sus abuelos, quienes raras veces la visitaban a ella y Larissa por estar ocupados, pero en esos momentos sospechaba que se debía a que no querían elevar las ganas de ella de poder ir a Belle Ville para visitarlos.

Después de encontrar un lugar dónde estacionarse, ambas caminaron por el sitio gris, similar a un pequeño vecindario, sólo que dentro de cada mausoleo se encontraban restos de una persona que antes estuvo viva.

La más joven había comprado unas flores blancas y con ellas cargaba mientras ella y su madre se quedaban a muchos metros del lugar dónde el cadáver de Dominic era enterrado. Miraron la escena ante ellas, no había muchas personas, únicamente dos ancianos, dos chicos jóvenes, una mujer y un hombre.

Las dos se resguardaron bajo la sombra de un árbol frondoso, observando como todos portaban sus expresiones más serias, sin embargo éstas no mostraban tristeza. Sólo Larissa, quien llevaba unas grandes gafas de sol negras, se permitió derramar una lágrima al ver que en ese ataúd se encontraba el hombre que semanas antes le había propuesto matrimonio, pero también que le había mentido y utilizado con malos fines.

Al darse por finalizada la ceremonia, una mujer de cabello platinado encargó el par de ancianos al hombre que los acompañaba, mientras los más jóvenes observaban el lugar donde yacía su padre enterrado, o eso era lo que sospechaban las féminas de pelo anaranjado.

Lisette se encaminó hacia Nora y Larissa, portando un vestido negro y su cabello a los hombros atado en una coleta baja.

—Buenas tardes—saludó a la vez que dirigía sus ojos de color caramelo a la madre y a la hija—. Soy Lisette—extendió su mano y ambas la saludaron.

Lisette miró con detenimiento a Nora, sorprendiéndose de la entereza que portaba.

—Tú debes ser Nora—la chica le dio la razón al asentir—. Esas flores son para…—las señaló, pero dudaba que fueran para Dominic.

—No—respondió seca—, no le tengo que dar nada a ese… Señor—se contuvo de decir algo peor, que de verdad se mereciera.

—Entiendo—después miró a Larissa—. Lamento todo lo que pasó… Sé que no es fácil tener que venir hasta aquí y tener que ver cómo… Ese hombre que les hizo tanto daño a las dos, lo entierran ¿Les gustaría ir a un lugar más tranquilo para conversar?

—Aquí estamos bien, gracias—habló Nora sin ninguna intención de irse de ahí—. Mejor hablemos de lo que quiere decirme.

—Está bien—bajó la mirada, intentando encontrar un gramo de fuerzas para poder admitir lo que ese hombre había hecho. No le gustaba recordar, pero si eso servía para poder salvar a su familia, lo haría—. Como te dije ayer, sé que quisieras recibir una compensación económica por lo ocurrido y estás en todo tu derecho, pero, me gustaría que supieras que sus únicos familiares cercanos, ahora mismo, son ellos—señaló a los chicos que estaban cerca del lugar en dónde enterraron a Dominic. El chico tenía el pelo negro, se adivinaba desde la distancia alto y fuerte. La chica era opuesta a él, menuda y pequeña y con el pelo rubio platinado bastante largo.

—¿Son sus hijos? —preguntó Larissa, recibiendo un asentimiento por parte de Lisette.

—Así es. Dominic los dejó a cargo de mis padres después de que mi hermana murió—Larissa sabía que él era viudo, pero después de tantas mentiras descubiertas incluso llegó a poner en duda aquel dato—. Los visitaba muy poco, pero cumplía con el dinero, por lo menos—miró a su sobrina con un aire nervioso—. Pero ahora son mis padres quienes necesitan que los cuiden y me hago cargo de ellos yo sola—Nora se preguntó el porqué no lo había hecho antes, pero más se preguntaba el porqué miraba a su sobrina de aquella forma—. Simon está bien, es mayor de edad e irá dentro de poco a la universidad, por lo que se defenderá él solo, pero Sarah sólo tiene Dieciséis años y… No creo poder cuidarla.

—¿Por qué no? —inquirió la de ojos plateados.

La mujer suspiró con la cabeza gacha, estrujando sus manos una con la otra.

—Yo no soy la mejor opción para cuidarla, porque…—miró hacia Nora con los ojos llorosos, queriendo olvidar cada vez que el padre de sus sobrinos abusó de ella— Dominic me hizo mucho daño—tanto Larissa como Nora se miraron extrañadas de aquella confesión—. Al igual que intentó hacerlo contigo, Nora, él me violó y me hizo muchas cosas horribles—una lagrima salió de sus ojos mientras Nora la observaba estupefacta—. Tuve que pasar muchos años en un asilo y ahora estoy mejor, pero… No puedo quedarme a su lado porque ella es muy parecida a mi hermana, antes de que él hiciera que se suicidara.

Era increíble, de verdad ese tipo fue una escoria, ¿Cómo diablos pudo existir alguien tan vil? Se preguntaba Larissa.

—Y cuando estoy con ella, sólo pienso en esa época en la que Anastasia y él estuvieron casados, y todo el daño que nos hizo a las dos—se mordió el labio con fuerza—. A veces pienso que no podré soportar más y ella no se merece eso—tomó una buena bocanada de aire, secando sus lágrimas—. Por eso te pido, por favor, que no intentes nada contra ellos, no tienen la culpa de lo ocurrido—y terminó con la esperanza de haber ablandado un poco el corazón de aquella chica con mirada de hielo.

El silencio hizo acto de presencia mientras Nora analizaba a la mujer y a lo que acababa de decir, ignorando a su madre que acababa de recibir una llamada y se había alejado de ambas para responderla.

—Está bien—Lisette la miró con un destello de ilusión en los ojos—. No intentaré hacer nada en contra de ellos. Puedes estar tranquila—aunque había llegado a esa conclusión mucho antes de hablar con ella, no quería hacérselo saber para que no creyera que toda su confesión había sido en vano.

—Muchas gracias—aún con lágrimas en los ojos le sonrió—. De verdad te agradezco esto, Nora—se secó por enésima vez las lágrimas—. Y sé que lograrás superar lo que él te hizo—dijo para infundirle fe.

—¿Tú lo hiciste? —sabía que su pregunta era muy cruel, pero en serio deseaba saber sí lo había hecho, aunque se notaba que no era así.

—No—negó con la cabeza—, pero tú eres fuerte, tú sí podrás—la de ojos plateados intentó no preguntarle cómo podía estar segura de aquello. Ella misma no se consideraba fuerte—. Gracias de nuevo—miró a sus sobrinos esperándola—. Adiós, Nora—se despidió y después se alejó hacia donde se encontraban sus sobrinos, dejando a Nora sola.

Observó como la chica de dieciséis años se abrazaba a su tía y ambas caminaban unidas como si fueran hermanas, mientras el chico se quedó un momento mirando hacia donde ella y Larissa se encontraban, para después alejarse con las manos en los bolsillos. No supo identificar lo que le provocó esa reacción por parte de él.

—Era del trabajo—apareció Larissa con el móvil en la mano—¿Al final no harás nada?

—Así es, no necesito más dinero y esas personas no la están pasando mejor que yo—su madre desvió la mirada con culpa, dándose cuenta que Nora había cambiado bastante de la chica que era hacía dos años— ¿Sabes dónde está la tumba de mi padre? —la pregunta la tomó por sorpresa.

—Sí, si mal no recuerdo, es por allá—señaló una con su pulgar a un punto indistinguible a la derecha.

Antes de que Nora lo procurara, Larissa empezó encaminarse hacia el lugar en el que estaba enterrado Daniel, pensando demasiado en lo que podría pasar, deseando no estar cometiendo un error al llevar a su hija, quien había pasado por demasiados percances en las últimas semanas, al momento más terrible de su vida.

Caminaron entre las lápidas pulidas y bien cuidadas, hasta llegar a una en particular en la que se leía "Daniel Jude Golding". Debajo se observaba su año de nacimiento y, por supuesto, su año de defunción.

La más joven sintió como el frío la asaltaba al ver la lápida.

—¿Estás bien? —le preguntó al notar su palidez extrema, pero su hija asintió de inmediato.

—Sí—pero no era cierto, pues saber lo cerca que estaba de él y que sólo fuera huesos en esos momentos, la angustiaba sin saber el porqué— ¿Me puedes dejar a solas con…?—¿Era él o era un eso? No lo sabía.

Larissa no deseaba dejarla sola, al contrario, quería estar cerca por si llegaba a ocurrir lo de la última vez, pero decidió que ella merecía ese espacio y por ello se alejó, aún cuando notó que no iba a estar sola del todo.

Colocó las flores la grama y se sentó, pensando como una neurótica en que se encontraba sentada sobre sus restos.

Respiró nerviosa el aire frío que embargaba ese lugar gris y sombrío, pasó sus manos por los pétalos, queriendo decir algo, pero sin saber qué, sin entender si esa conversación realmente serviría de algo, no lo sentía así, él estaba muerto, y aunque su ausencia fue la prueba que la acompañó por años, ver esa maldita piedra pulida con su nombre, su nacimiento y su muerte, era la mejor prueba de que era cierto, de que su padre hacía mucho tiempo había dejado el mundo de los vivos y ella claro que lo sabía, pero no era fácil enfrentarse a esa verdad otra vez.

"Papá" Pensó con las lágrimas opacando sus ojos. "Perdóname por no haber venido antes" No creía en que los muertos escuchaban los lamentos de los vivos, pero no podía evitar aferrarse a ello por más ridículo que sonara. "Te extraño mucho" Se mordió el labio en un buen intento de no llorar. "Te necesito más que nunca".

Levantó la cabeza hacia la lápida, sintiendo que alguien estaba detrás de ella, pero no era Larissa, no, era alguien diferente.

—Nora—esa voz era…

Se levantó de repente, encarándolo con los ojos muy abiertos.

—¿Qué haces aquí? —no podía ser, se había vuelto loca.

—Tu madre quiso que viniera—respondió sin inmutarse ante su actitud adversa. Después de tantos días siendo tratado con hostilidad por ella, ya hasta se hallaba acostumbrado, o algo así.

Nora negó muchas veces, hiperventilando un poco por estar a solas con él, con uno de los protagonistas de sus pesadillas. Le parecía increíble que Larissa siguiera haciendo ese tipo de cosas en un momento en el que más sola necesitaba estar, pero claro, como siempre a ella le importaba un comino lo que opinaba.

Él intentó resistir el aproximarse a ella, por más que así lo deseara, pues no podía permitirse espantarla de nuevo.

Larissa le había informado el día anterior que Nora y ella irían a Belle Ville, y aunque al principio se encontraba sorprendido de que la mujer le llamara, también fue por lo que le pidió que hiciera, que faltara a clases y viajara a esa ciudad para que encontrara a Nora en el cementerio. No entendió el porqué de su petición, pero no hizo preguntas cuando Larissa le aseguró que Nora lo necesitaría.

—Vete—le exigió con firmeza, intentando calmar a su corazón precipitado—. Vete de aquí, Castiel—pero el pelirrojo negó con la cabeza— ¡Largo!

—No—él también se mostraba firme—. Ya es hora de que tú y yo hablemos—miró por un segundo la lápida—. No podemos seguir ignorando lo que pasó, tanto con ese tipo, como con nosotros.

—Eres un demente, ¡Estás loco! —le gritó con aparente desprecio— Quiero estar sola, así que hazme el favor de irte por donde viniste.

—No lo haré—se atrevió a dar un paso, claro que Nora retrocedió uno también—. Necesitas ayuda—eso ya lo sabía, pero no quería que él fuera quien lo dijera— y yo…

—¿Y tú qué? —preguntó enfadada— ¿Tú me vas a dar ayuda? —él hubiera querido asentir, pero no lo hizo— ¿Acaso se te olvidó que tú y yo ya no somos nada? —esa pregunta lo tomó por sorpresa y lo hirió como si se tratara de una filosa daga— Déjame refrescarte la memoria—sonrió sin ningún rastro de alegría—. Terminamos y fue definitivo, y no quedamos ni como amigos, así que vete, que aquí no tienes nada qué hacer—no supo reaccionar ante lo que escuchaba— ¿O qué? ¿Pensaste que cómo me salvaste de ese imbécil yo iba a querer regresar contigo? —y ahí se apagaba la última esperanza de recuperarla.

—No me iré—le respondió como si nada y ella gruñó iracunda. Pocas veces la había visto así.

—¡Lárgate! ¡Me tienes harta! —le gritaba con todo la furia que podía sacar de su interior.

—No es cierto…—esas eran mentiras, lo sabía, porque ella no solía ser así y, por más que lo negara, aún habitaba ese sentimiento en ella por él.

—Sí, es cierto—su respiración estaba muy rápida, tanto así que el pelirrojo lo notaba—. Siempre estás persiguiéndome, acosándome…—le sonrió de nuevo— ¿No te cansas de ser tan patético? —y rió por lo bajo de una forma sádica, como si disfrutara de la expresión de espanto y dolor que Castiel portaba.

—Nora…—no pudo sacar fuerzas para enmascarar ese golpe que ella le acababa de dar. Nunca pensó que eso pasaría, que ella diría esas atrocidades.

—Si te sirve de consuelo, diré que en serio te agradezco que me hayas salvado de ese maldito, pero hasta ahí—ella apretó su puño, sintiendo como las piernas se le debilitaban—. Tú y yo seguimos sin ser nada, así que aléjate y olvídate de mí, Briand—y las últimas palabras terminaron por robarle el aliento, como un golpe letal que acababa de recibir en el pecho, sin entender el porqué todo se redujo a eso entre los dos, cómo cambiaron tanto, en especial ella, que estaba irreconocible, desfigurada de la persona que era antes.

En esos momentos ella era la viva prueba de que habían pasado a un punto sin retorno.

—Si eso quieres…

—¡Sí! ¡Eso es exactamente lo que quiero! —lo interrumpió con su falsa sonrisa aún más amplia—¡Al fin lo has entendido! —la chica rió un poco, pero era una risa extraña, no parecía alegre, ni siquiera por hacerle daño, pero él no necesitaba comprobarlo más, no podía seguir permitiendo que ella lo tratara como un idiota. Hubiera esperado de todo, menos a ella diciendo esas palabras horribles.

Ninguno de los dos siguió hablando, permanecieron en silencio, mirándose a los ojos como dos desconocidos, hasta que él se atrevió a girarse, sin poder soportar la mirada cruel de la chica que amaba, y se alejó, pensando con mucha vergüenza en lo que acababa de pasar, en cómo ella lo acababa de humillar y él no le había dicho nada al respecto.

Se detuvo cuando estuvo a unos pocos metros de ella y se giró para observarla, le daba le espalda y parecía hablar en voz alta, pero algo raro percibía en ella. Se contuvo de volver hacia ella, no iba a quedar en ridículo de nuevo, sin embargo, se notaba extraña, nunca, ni cuando más estaba enojada con él, Nora lo humilló de esa manera, pero también estaban sus ademanes nerviosos, la manera en la que reía, como lo había mirado.

Estuvo un rato observándola, intentando entender lo que hacía, pero se dirigió como un rayo hacia ella, olvidando que acababa de herirle sin misericordia, cuando entendió qué era lo que hacía.

—¡¿Qué haces aquí?! ¡Suéltame! —le gritó cuando sintió que él la tomaba por su brazo para verla de frente. Sin embargo, ella se resistía—¡Lárgate! —no le daba el frente, seguía negándose— ¡Vete de aquí! —fue lo último que llegó a decir cuando al fin el pelirrojo logró hacer que lo encarara, comprobando lo que había sospechado.

Desde el momento que ella apareció en su vida supo que no era como las demás; era tan distante e inexpresiva, parecía que nada la inmutaba, pero cuando empezó toda aquella locura entre ellos la vio reír, enojarse, incluso mostrarse avergonzada… No obstante, hubiera preferido nunca verla en el estado que presenciaba en esos instantes.

Ella no se movía, su cabeza se encontraba gacha, ocultando su rostro de él, pero no podía esconder las lágrimas que se escapaban de sus ojos sin posibilidad de contenerlas. Intentó hablar, volver a alejarlo, pero el sollozo la detuvo de pronunciar palabra alguna. Tapó su boca, pero todavía los sollozos seguían apoderándose de ella, haciéndose sentir por todo su cuerpo.

Él tampoco lograba encontrar la manera de hablar y la observaba como nunca pensó que la presenciaría, como deseaba nunca verla.

—Nora, tú estás…—se acercó a ella, sintiendo una mano oprimir con fuerza su corazón al verla así, pero ella se alejó de nuevo, queriendo volver en el tiempo para no mostrar lo débil que era, lo hecha añicos que estaba.

—Vete…—susurró hipando, secando sus mejillas humedecidas.

Pero Castiel no le hizo caso, al contrario, se movió por un impulso colosal e hizo lo último que Nora hubiera querido que hiciera.

—¡Suéltame! —le gritaba mientras él la confinaba entre sus brazos, abrazándola— ¡Déjame en paz! —gritaba despavorida, como si él la estuviera lesionando con aquel gesto. Lo golpeó varias veces, pero, además de encontrarse débil, él seguía sin ceder, al contrario, la abrazaba más— ¡Aléjate! —volvió a sollozar, más lágrimas corrían fuera de sus ojos.

Las piernas de ella se debilitaron por completo y ambos cayeron arrodillados al suelo, con él todavía cubriéndola en su abrazo. Ella ya no podía resistirse, ni siquiera por miedo a él, ya estaba tan pérdida en el mar de sus lágrimas que no lograba encontrarse a sí misma, a la chica de hielo, que no sentía nada, hermética para todos.

—Sálvate…—musitó inaudible, sin importarle si había caído todo el teatro de su vida a un abismo desconocido. Mandando su orgullo al diablo ocultó su rostro en el cuello de él, llorando más alto, sin poder contener ese martirio que llevaba arrancándole el aire desde hacía mucho tiempo, únicamente quería desaparecer, esfumarse de verdad, no como un pedido ególatra y melodramático, ya estaba harta, no tenía fuerzas para continuar— Perdón… —dijo entre sollozos—. Yo no quise… —se detuvo para tomar aire, ese que parecía no llenar sus pulmones.

—Tranquila—susurró inútilmente, sabiendo que no iba a ser suficiente y luego tomó su rostro entre sus manos, contemplando como la tristeza más insondable se había acrecentado en sus ojos, en toda ella. Era un infierno saberla así, destrozada hasta esos límites y él siendo sólo un simple observador.

—Ya no puedo más, Castiel…—intentó observarlo a través del manto de sus lágrimas— Ya no puedo continuar…—el corazón del pelirrojo se aceleró descontrolado al escucharla hablar de aquella forma— Duele demasiado…—admitió sin pararse a pensar, pues ya no cavilaba como un ser racional, ahora las emociones nocivas la atacaban como un ejército paciente que estuvo esperando la oportunidad perfecta.

Quería tranquilizarla, convencerla de que todo iría bien, pero las palabras estaban atoradas en su garganta como crueles alfileres. No lograba sacar ni una sílaba, porque verla así, llorando al más no poder, destruida como nunca se imaginó, fue el castigo más cruel para él, el dolor más penetrante que había sentido en toda su vida.

—Perdón por haberte dicho todo eso…—dejó de mirarlo, todavía con los sollozos dominándola— Pero yo… Necesito estar sola… Vete, por favor…—quiso quitar las manos de él de su cara, pero éste no la dejó. Ella no lo intentó más, se resignó sin energía alguna para pelear. Se daba cuenta de que de nada valía alejarlo, nada valía la pena intentarse.

La volvió a tomar entre sus brazos y ella volvió a llorar con más fuerza, sin intentar ya detenerse de sacar ese venenoso sufrimiento que ignoró por años.

Cada recuerdo atormentado pasó por su mente como si lo estuviera viviendo de nuevo: El maltrato de sus compañeros, la traición de sus amigos, la muerte de su amiga… Su madre alejándose cuando más la necesitaba, incluso él estaba ahí, con su maldita obsesión por controlarla, siendo un monstruo como Dominic. Al ver otra vez esa similitud entre ellos, pretendió quitarse a Castiel de encima, alejar sus brazos de su cuerpo, pero él no se movía, seguía abrazándola con temor de que al soltarla ella se esfumaría.

Los ojos de él también se cristalizaron, pero no se atrevió a llorar, no cuando ella estaba así de destrozada, llorando como nunca pensó que lo haría, temblando contra su cuerpo, sollozando como una niña. Pensaba en qué había hecho, en cuáles decisiones lo llevaron a esa situación en la que deseaba detener todo lo que pasaba con ella, ser capaz de tomar su lugar o quizás viajar a un punto en el que pudiera evitarle ese castigo, mierda, incluso si le tocara dar su vida con tal de que ella no derramara ni una sola lágrima lo haría sin pensar, pero no podía ser así, no había forma de retroceder, de impedir que ella sufriera y que él, sabiéndola así, sufriera también con ella, pues se había dado cuenta en ese momento, que el padecimiento de ella lo hería a él, que su dolor era su dolor.

Lloraba por cada vez que no pudo llorar, por cada humillación, por cada golpe, por cada vez que le tocó aguantar y no derrumbarse, y así estuvo durante varios minutos, sollozando mientras él la envolvía con su cuerpo, pero algo pasó, como una luz que deslumbra al final de un túnel, una partícula brillante entre esa oscuridad irrespirable se filtró sobre ella.

—No…—Castiel la miró, pensando que ya estaba más tranquila, pero su mirada horripilada lo colmó de un frío despiadado— ¡No! —gritó a la nada, mientras se agitaba como una poseída— ¡No, papá! —la mención de su padre lo tomó por sorpresa— ¡Papá! —gritó con sus ojos demasiado abiertos, como si estuviera contemplando el infierno.

La soltó cuando notó que había recuperado todas sus fuerzas, pero la manera en la que se comportaba era lo que más lo había incitado a hacer eso.

La chica se arrastró como toda una maníaca hacia la tumba de su padre y empezó a cavar la tierra en la que él estaba sepultado.

—Perdón, perdón, perdón—no cesaba de repetir mientras cavaba.

Castiel entendió que algo no andaba bien, de hecho, lo supo desde que ella empezó a gritar a su padre, pero tuvo la necesidad de confirmarlo.

La tomó de nuevo entre sus brazos, esta vez alejándola de la tumba.

—¡Cálmate, Nora! —pero ella lo ignoraba, seguía repitiendo una y otra vez la palabra perdón.

—¡Perdóname, papá! —clamó con la voz rota— ¡Todo fue mi culpa! —y seguía intentando llegar hacia la tumba— Mi culpa… Fue…—quedó de rodillas otra vez, mientras Castiel la seguía al suelo, observándola confundido por su reacción tan extraña— Mi culpa…—esta vez la voz de ella se escuchó distinta, más perdida y lejana.

La chica se desmayó en los brazos del pelirrojo, más pálida, si era posible, con sus ojos en blanco. Él también palideció, sin entender lo que acababa de ocurrir.

—Nora—le dio unos golpecitos en la cara, tal y como esperaba, ella no reaccionó— ¡Nora! —le gritó despavorido, esta vez sacudiéndola con mucha fuerza, pero ella seguía sin reaccionar.

—Justo eso me temía—la voz de Larissa, quien estuvo viendo todo desde lejos, se hizo escuchar ahora al lado de Castiel.

El de ojos grises la miró sin entender a qué se refería y luego miró a Nora que permanecía inerte entre sus brazos.


Nora se ha quebrado por completo, su mente está cada vez más perdida y su relación con su madre y Castiel está más y más inestable ¿Cómo superará todo lo que le pasa? ¿Castiel la ayudará?

Espero que les haya gustado el cap y, como ya se darán cuenta, este es el último capítulo de este año, así que les deseo a todas un feliz 2017 y también les dejo la noticia de que habrá algunas sorpresas con este fic, sólo necesitaré tiempo para hacerlas, así que roguemos para que me alcance el tiempo jaja XD

Si les gustó el capítulo, o no, no olviden dejar su review ;D