Se detuvo unos instantes puesto que sus pulmones le exigían un momento para poder recuperar el aliento, había corrido ya unos dos kilómetros desde la estación del canal, ningún taxista o servicio público se encontraba disponible.

Todo mundo hacia lo más sensato, refugiarse o huir de lo que fuera a ocurrir.

La lluvia no cesaba, y por instantes se volvía cada vez más fuerte al punto de llegar a sentirla como pequeñas agujas clavándose en su piel.

El río cena había crecido, encontrándose casi en su totalidad, cosa que no se veía desde hace muchos años, apenas podía recordarlo.

El cielo se encontraba completamente oscurecido, los tonos de grises variaban hasta convertirse en un intenso color negro en donde se podía percibir un gran agujero, como si se tratase del ojo de un huracán, pero era más que obvio que no era aquello, porque se podía apreciar que ahí era donde todo el caos se encontraba.

Tomó nuevamente su celular, marcando con dificultad el número de Marinette nuevamente.

Pero no hubo respuesta.

Y muy dentro de ella supuso que algo andaba muy mal, y, pensando como la mayoría de los parisinos, aquella tormenta no era causa de la madre naturaleza.

― ¿Alya? ¡Oh, Dios, Alya! ― Una voz sonó a su costado ― Vi lo que ocurrió, todo fue transmitido a nivel nacional ― Hizo una pausa ― ¿Te encuentras bien? ―.

La morena giró su cabeza, encontrándose con Nathaniel quien se encontraba montado en una motocicleta deportiva.

Él se bajó de ella, quitándose la chaqueta que se encontraba un poco empapada para aminorar la lluvia que caía sobre su ex compañera.

― Nath ¿Qué haces aquí? ― Se atrevió a preguntar, dirigiendo una mirada rápida hacia la motocicleta de este.

Nathaniel tragó saliva, intentando aminorar sus nervios.

Alya era una buena persona, pero su amistad nunca había ido más allá de un breve intercambio de palabras, pero aun así sentía el suficiente aprecio por la reportera como para auxiliarla, sobre todo con lo que acababa de presenciar por la televisión.

Se preguntó si era correcto mencionarle la razón de que fuera el único loco en las calles de parís, cuando todo mundo podía sentir el peligro en el ambiente.

― Busco a Chloé ― Confesó por fin, evadiendo la mirada de ella ― Se suponía que iría a buscar a Marinette, fui a preguntar por ella al Le Grand París pero ella nunca llegó, su padre también se encuentra preocupado ― Finalizó, intentando cubrirse de la torrencial lluvia con la palma de su mano.

― Ella estará bien, yerba mala nunca muere ― Intentó sonar divertida, pero supo que no funcionó al ver el rostro estoico de Nathaniel ― Nath, busca un lugar para refugiarte y perdóname ― Declaró, devolviéndole la chaqueta que él le había colocado sobre su cabeza.

― Alya ¿A qué te refieres? Ven conmigo, puedo dejarte en algún lugar y así ― Pero no pudo terminar su frase, debido a que el puño de la morena arremetió contra su rostro.

Nathaniel se tambaleo un poco llevando sus manos hasta su rostro para intentar aminorar el dolor.

Alya no pensó mucho en sus acciones y de manera rápida se montó en la motocicleta de su ex compañero, arrancándola de un movimiento.

Pronto ella se desapareció de la vista de él.

Un sentimiento de culpa le invadió e intento ignorarlo, aunque realmente se sentía mal por sus acciones. Había estado mal hacerle eso a Nathaniel luego de que él se detuviera, preocupado por ella.

Bien pudo pedir la motocicleta, pero realmente no tenía tiempo, necesitaba llegar con ellos cuanto antes.

Ya luego le compensaría aquello, o quizás Chloé lo haría.

Aceleró, completamente angustiada. Se preguntaba que rayos había ocurrido para que ahora la ciudad se encontrara en caos, con todo el mundo sacudidos por el pánico que aquel extraño ambiente podía causar, porque sí, París había aprendido a lo largo de todos esos años que había cosas completamente normales, y a diferenciar las que podían presentar un peligro, aquellas que Chat Noir y Ladybug podían combatir.

O bueno, eso era en el pasado, pero era claro que después de los últimos eventos ocurridos con ambos héroes, la ciudad volvía a estar en un estado de alerta.

Las calles se encontraban completamente desiertas, tenía que maniobrar de manera rápida para pasar entre los automóviles que habían sido abandonados a mitad de la calle, seguramente cuando todo mundo se dio cuenta que aquel agujero en el cielo no era ni remotamente normal.

Su teléfono móvil comenzó a vibrar, no tuvo opción que tomarlo con extrema precaución, anhelando que se tratara de Marinette para variar.

Pero al ver el nombre de Nathaniel en la pantalla solo logró que la pequeña esperanza que sentía fuera aplastada.

Aquel breve lapso de tiempo donde no presto atención al frente fue suficiente para que el frente de la motocicleta se estampara contra un taxi, elevando la parte trasera de esta y, finalmente logrando que Alya saliera disparada contra el parabrisas de otro automóvil.

Sintió un poco de ardor en su espalda debido al golpe. Intentó levantarse con cuidado, pero aun así un par de fragmentos del parabrisas lograron perforar una de sus manos que comenzaba a sangrar.

― Siempre tienes que ser descuidada ― Se dijo a sí misma, soltando un bufido de molestia. Había llegado hasta la gran rotonda que se encontraba frente a la mansión Agreste, y desde su posición pudo notar que algo iba mal en el lugar, podía apreciar a medias como un gran ventanal se encontraba completamente destruido, así como leves partículas de polvo siendo apaciguadas por la torrencial lluvia ― Ugh, tan cerca ―.

Intentó levantarse nuevamente, deslizándose por el capó del automóvil hasta tocar suavemente el suelo.

Ella no dudaba en acudir al lugar, sabía bien que ella no tenía ninguna habilidad extraordinaria para poder aportar algo a todos los problemas que seguramente enfrentaban, pero debía estar con Marinette, más cuando sabía que Jade Turtle había llevado a Emma a aquella residencia, no podía estar tranquila.

Comenzó a caminar a paso lento con el pensamiento de que algo podría hacer, a fin de cuentas las cosas usualmente salían a su favor.

Puedes hacer algo, puedes ayudarlos ― Una voz familiar para ella sonó en su mente, logrando que se detuviera abruptamente ― Conviértete en mi campeón nuevamente, Lady Wifi ― Fue entonces cuando supo de quien se trataba aquella voz, era de Hawkmoth.

Un escalofrió recorrió todo su cuerpo cuando pudo visualizar como su teléfono móvil parecía ser cubierto por una masa oscura.

Se sintió contrariada ante aquello, puesto que recordaba bien las sensaciones y emociones que le habían inundado en el pasado cuando había sido akumatizada por el mismo hombre que ahora mismo le ofrecía poder para una causa diferente, pero en esta ocasión el miedo y la ira no eran parte del conjunto de sentimientos que comenzaban a fluir en ella.

Preocupación y valentía, pudo reconocer aquello como propios, pero inevitablemente llegó a pensar que el mismo Hawkmoth había logrado transmitirle sus propias emociones.

Comprendió entonces que había tomado la decisión correcta, que Jade Turtle había triunfado en su misión.

Pero, quizás las cosas se habían salido de control.

Apretó su puño, mirando hacia el frente, decidida.

― Estoy lista ―.

[…]

Un sonoro estruendo se escuchó por todo el recinto, Gòng Gōng no dejaba de arremeter contra las paredes de la gran oficina, que ahora se encontraba destruida casi por completo.

Estaba furioso, había sido separado del cuerpo que le podía dar inmunidad total ante ellos por qué eran humanos, y ellos estaban conectados de alguna forma con la mujer que había intentado tontamente detenerlo por segunda vez. Cuando aquello pasó, pensó simplemente que era una maldita mujer que había arruinado sus planes.

No contó que, posteriormente aquel que era su esposo llegaría hasta donde su encuentro se había suscitado, siendo ahora el portador del Miraculous de la mariposa. Aquello lo vio como un punto a favor, solo le faltaba tomar por completo el cuerpo de ella, además que el mismo se había congelado en aquel último ataque para poder apoderarse de su cuerpo y que no fuese una vasija más.

Y entonces, el hijo de ella había aparecido.

Fue una delicia cuando supo que era portador del Miraculous de la destrucción, y ocupaba su habilidad para poder romper aquello que envolvía el cuerpo de Christine, disfruto ver su desesperación durante el tiempo que se encontraba en el lugar.

Intentaba destruir lo que resguardaba el cuerpo de su madre, se largaba y luego regresaba a intentarlo nuevamente con desesperación.

Sin saber que lo único que lograba era darle energía, y debilitar el cuerpo de ella.

Ahí supo que no se atreverían a dañarla, y, como siempre ocurría, de alguna manera la creación se encontraba unida a la destrucción, teniendo un punto débil en común; Una hija.

Solo que ahora por culpa de aquella unión entre ambos portadores, se encontraba completamente expuesto.

Era demasiado grande, también lento en aquella su forma original. Debía hacer algo al respecto.

Notó de manera eficaz como el escudo del ahora guardián se dirigía hacia su cabeza, un ataque directo que podría ser mortal.

Pero, para Gòng Gōng no.

No se movió, sorprendido a Jade, quien tenía muy en cuenta que un daño físico sería sumamente difícil lograr causarle, pero tenía que ganar tiempo.

El escudo atravesó su gran cabeza, esta había sido partida a la mitad con aquel ataque.

Jade levanto su brazo e inmediatamente su escudo regreso hasta él.

Gòng Gōng se podía asemejar a lo que ellos conocían como un dragón, pero a la vez era completamente diferente. Su mandíbula era mucho más grande, y definitivamente no se parecía en nada a las dóciles criaturas que la cultura china representaba en sus lienzos o historias, donde los dragones bajaban del cielo para traer prosperidad a la humanidad.

El cuerpo de la deidad parecía desintegrarse, mientras que chorros de agua caían directamente al piso mezclándose con la que había logrado entrar debido a la lluvia que suscitaba fuera de la mansión.

Varios cúmulos de agua se formaron, adquiriendo formas inestables para después convertirse en seres humanoides que mantenían su mandíbula abierta, muy similar a la que el poseía.

Eran nueve de ellos, y al frente se encontraba uno que da muy diferente a los anteriores, y al poder apreciar que el gran dragón ya no se encontraba ahí, supuso que ese era Gòng Gōng.

― Siendo yo mismo será difícil aplastar a las sabandijas ― Comentó, extendiendo sus brazos, de estos nacieron una especie de tentáculos que comenzó a agitar salvajemente.

Jade tragó saliva.

― Esto se pondrá feo ― Comentó Chloé, quien había llegado a su lado, tomando de su cadera el arma que a ella le había correspondido, un trompo, que para su opinión, era algo sumamente anticuado ― Pero para ustedes ― Añadió, sonriendo.

En esos momentos ella no podía hacer más que servirle de apoyo a su amigo, no podía curar de Emma porque sus heridas no habían sido físicas por lo que pudo entender, era algo que debía confiarle a sus padres.

Estaba aturdida, pero por el bien de todos y de ella misma no debía demostrarlo. Después abría tiempo para ello.

Jade sonrió nervioso, girando su rostró para observar a sus dos amigos.

Habían recostado a Emma sobre el suelo mientras que las piernas de Ladybug habían servido para levantar su pequeña cabeza, Chat Noir se encontraba a un costado de ambas.

― ¡Traigan a Emma de vuelta! ― Exclamó, para después dirigirse a Christine ― Necesitó que usted se mantenga a salvo, así podremos completar el circulo de Wuji ― Murmuró, para después mirar al frente.

Christine asintió, no muy convencida.

Estaba segura de que el guardián traía consigo el Miraculous del zorro y que su plan era otorgárselo a ella para poder lograr círculo de Wuji, pero se encontraba angustiada por ello, eso significa que cuando Emma estuviera de regreso, ella seguiría portando el Miraculous del pavorreal.

Un nudo en su garganta apareció, no quería eso, por su culpa las cosas habían terminado de aquel modo y no deseaba que su pequeña nieta tuviera una carga como aquella, no quería que estuviera en peligro de nuevo.

Era la felicidad que su hijo tenía, no pensaba arriesgarla.

― Ve con ellos ― Escuchó la voz de Gabriel, completamente sereno mientras separaba su bastón en dos, mostrando la afilada navaja que ocultaba ― Mi campeón está cerca, confió en que harás lo correcto ― Comenzó a caminar en dirección de los jóvenes portadores.

― Gabriel, esta vez lo haremos juntos, lo prometo ― Declaró, comenzando a caminar de manera apresurada hacia donde se encontraba su hijo.

Ladybug tenía abierto el libro sagrado a un lado de ellos, en la página donde mostraban el poder absoluto; La realidad.

Intentaba contener sus lágrimas, pero el nerviosismo que vivía solo empeoraba las cosas. Tenían que ser rápidos y así recuperar a su hija, pero nunca había sido buena en cuanto a la traducción de aquel código. Se lamentó a si misma por no ser más dedicada a lo que el maestro Fu siempre insistía. Era un código, sí, pero este se traducía directamente al chino, y ella no era muy buena en ello.

Se limpió las lágrimas, inhalando una gran bocanada de aire.

― Chat Noir, necesito tú anillo ― Su voz sonaba quebrada, él pudo notar como ella poco a poco perdía su voluntad mientras los segundos pasaban, internándose en un sendero de desesperación.

― Déjame hacerlo a mí ― Suplico, tomando su mano ― Sí existe algún peligro, deja que sea yo quien pase por ello ― Continuo, dirigiendo su mirada hacia el cuerpo de Emma ― Por favor ―.

Ladybug negó, apretando levemente el agarre que tenía sobre su mano.

― Soy su madre, es mi deber hacerlo ―.

― Y yo soy su padre ― Refutó ahora él, su mirada detonaba melancolía ― Un padre que apenas conoció, que no estuvo con ella, en cambio tú la conoces y eres su todo ― Su voz poco a poco perdía potencia, sintiendo agobio ― Debo hacer algo por ella ―.

Iba a contradecirlo, a decir que ella debía hacerlo y que podía hacerlo sin que nada pasara, que necesitaba que el la cuidara, pero nada de ello pudo salir de su boca puesto que una descarga eléctrica que venía de donde sus manos se entrelazaban le saco de sus pensamientos.

Pequeñas centellas moradas y con un conjunto de dorado comenzaron a envolver sus manos entrelazadas, abrumándolos por completo.

Se observaron a los ojos, completamente confundidos.

― Ambos pueden hacerlo ― La voz de Christine, quien había llegado hasta ellos los sacó de sus cavilaciones. Ella se dejó caer hacia el suelo, sentándose para quedar a su altura ― Son uno, tienen a alguien que los une y desean lo mismo ― Comentó, mientras los observaba con suma alegría. Se estiró hasta poder tener el libro entre sus manos ― ¿Sabes que es lo que se tiene que hacer? ― Se dirigió a Ladybug, ella asintió.

Ladybug observó de reojo a Chat Noir, quien volvió su mirada hacia ella.

― En una mano debería tener algo que represente mi deseo, y en otra el pago por ello, claro, si fuera yo quien portara ambos Miraculous ― Hizo una pausa, intentando concentrarse en ello ― En esencia, sería lo mismo ― Dirigió su mano hacia donde el Miraculous del pavorreal descansaba, sobre el pecho de Emma.

Soltó un jadeo cuando aprecio nuevamente que este se encontraba destruido, llevándose consigo a Emma.

Christine le tendió el libro a su hijo, quien enseguida capto lo que tenía que hacer.

Lo tomó con su mano libre, mientras que la otra seguía entrelazada a la de Ladybug.

― Algo tan valioso como un Miraculous, es el libro sagrado ― Murmuró, acomodando el flequillo de Emma con delicadeza.

Unas pequeñas lágrimas salieron de los ojos de Ladybug, esperando que aquello realmente funcionará.

Chat Noir apretó un poco más el agarre de ambos, intentándolo transmitirle un poco de apoyo, animándola a continuar aquello.

― Marinette, traigamos de vuelta a Emma ― Murmuró, dedicándole una suave sonrisa.

Ladybug asintió.

― Xiūgǎi xiànshí ― Recitó con dificultad y lentitud para no comer error alguno, la vida de su hija dependía de la pronunciación correcta de aquello.

La mano de ella, que se encontraba sobre el Miraculous del pavorreal comenzó a emitir leve brillo de las mismas tonalidades que las pequeñas centellas salían de sus manos entrelazadas. Una descarga eléctrica recorrió el cuerpo de ambos, sintiendo un dolor que nunca habían experimentado, quitándoles el aliento por completo.

Pronto el libro sagrado comenzó a desprenderse en cenizas que una leve ráfaga de viento se comenzaba a llevar, desapareciendo por completo.

El brillo poco a poco comenzó a desaparecer, al igual que la intensa corriente eléctrica que ambos héroes habían estado experimentando.

Una sensación de alegría los embriago cuando era completamente visible el Miraculous del pavorreal, completamente reparado.

― Emma ― Susurró Ladybug, acariciando levemente su mejilla ― Despierta pequeña ― Le pidió con una sonrisa.

De nuevo el temor llegó a ella, su hija seguía sin responder ¿Había hecho algo mal?

― Un poco más, mamá ― Suplico la pequeña en un susurro, sorprendiendo a los adultos.

Chat Noir sonrió de oreja a oreja cuando la escuchó, el color volvía a las mejillas de ella poco a poco, así como sus ojos abrían de manera lenta para obsérvalos con una suave sonrisa.

― Emma, haces que mamá se preocupe ― Comentó él héroe, haciéndole unas pequeñas costillas al costado de sus brazos para que despertara por completo, provocándole una leve risa ― No vuelvas a preocuparnos, pensé que ― Pero fue interrumpido por el dedo de Ladybug, que lo posó con suavidad sobre sus labios.

― Eres muy valiente ― Le susurró a Emma, conteniendo sus lágrimas, que ahora eran de felicidad ― Solo deja de hacer las cosas que mamá o papá harían ¿De acuerdo? ―.

Emma hizo una mueca de inconformidad, para después sonreírles.

― Este bien ― Se levantó, para quedar sentada entre ambos adultos, para después dirigirse a Christine, su abuela ― ¿Lo hice bien? ―.

Christine sonrió, sintiendo como su corazón latía frenéticamente al ver sonreír a su nieta, quien era el reflejo de Adrien cuando tenía su edad.

Su corazón se estrujo al pensar que, por su culpa, su hijo se había perdido los mejores momentos a lado de ella.

― Lo hiciste bien ― Suspiró, debía hacer lo que tenía que hacer para poder salvar a su familia ― Emma, creo que tu madre, tu padre y yo estamos de acuerdo en una cosa ― Tomó su mejilla, acariciándola ― Dame tu Miraculous, déjame ahora a mi ser tan valiente como tú ―.

Y así, poder enmendar sus errores.

La niña observo de reojo a cada uno de sus padres, para después dirigir su mirada hacia el broche.

Llevó sus pequeñas manitas hacia él, desprendiéndolo de su ropa.

― Te pertenece a ti ― Le extendió el broche a Christine, con una leve mueca ― No haga locuras como yo ― Pidió.

Christine asintió, tomando el Miraculous del pavorreal entre sus manos por primera vez en muchos años.

Al tener contacto con este, Dosuu salió disparado del Miraculous.

― ¡Christine! De nuevo eres tú ― Comentó de manera animada, restregando su mejilla contra la de ella ― Lo haremos juntos ―.

― Sí, pero esta vez tendremos apoyo ― Agregó ella, dirigiendo la mirada hacia su hijo y la heroína ― Dosuu, transfórmame ―.

[…]

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Ok, ahora un poco de explicación para lo que este capitulo es.

/ Xiūgǎi xiànshí es la traducción literal al chino de "Modifica la realidad", cosa que tuve que cambiar por que este capitulo ya estaba escrito y quise que, almenos tuviera un poco más de sentido con lo que la serie nos dio en el ultimo capitulo, el poder de la realidad. Así mismo, ambos pudieron hacerlo con sus Miraculous aunque estuviesen separados, tenían un deseo en común y el tenerlo los hacia un solo ser, por que era todo por Emma.

/ El circulo de Wuji se desprende de la filosofía china (De donde sale gran parte de este fanfic), se supone que es el primer estado en el que estuvo el universo, osea la nada, anterior al taiji (O bueno, ying y yang), anterior a la creación y la destrucción y todo lo que vino con ellos. Ya verán como va a funcionar.

/ Sí, le atinaron con Alya, creo que va a ser perfecta con su poder de la pausa que, por ahora, es el único útil. Recuerden que Hawkmoth llamó al más cercano, no al más útil. Perdon por el golpe que le metio al Nath, ella tenia que llegar rápido.

Well, i think is all what you need to now. Ahora estoy confusa con cuantos capítulos terminará esto, puesto que el final aun no lo escribo, así que a un capitulo de finalizar, les avisaré.

¡Muchas gracias por su apoyo! Me emociona mucho que salgan con teorías y que también comenten cosas tan lindas.

Los amo,un beso!