-¡Debería declararles la guerra a ambos por romper la doctrina Monroe!-les espetó

-¿No será porque sientes algo por madeimoselle Marie?-preguntó el mayor con una sonrisa pícara. El estadounidense se sonrojó profundamente. Era obvio que estaba enamorado de ella pero esos europeos no debían saberlo

-¡GET OUT!-le espetó sacando un arma de su bolsillo y le apuntó a Francis

-Ehm… de todos modos ya me iba… -dijo el francés nervioso tomando sus cosas apresuradamente- Au revoir~

-¡¿WAS?!-exclamó Roderich poniéndose de pie-¡No puedes dejarme aquí!

De pronto les llegó la noticia de que estaban sitiando la ciudad de México por lo que el austriaco salió corriendo detrás del francés. El estadounidense miró mal a los europeos y buscó a la mexicana en la casa pero no estaba.

-Were are you?-se preguntó antes de escuchar un par de gritos en la cercanía. Rápidamente corrió hacia una muchedumbre enardecida que trataba de entrar al Castillo de Chapultepec.

El pueblo trataba de linchar a los emperadores austriacos que pudieron huir en un carruaje hacia Querétaro. Alfred pudo ver a Roderich sentado junto con Maximiliano y casi podía imaginárselo maldiciendo por su suerte.

-¿Por qué María no me dijo que el francés estaba aquí?-se preguntó molesto tomando su caballo para seguir el carruaje austriaco- God, espero que esté bien.

Maximiliano llegó a Querétaro durante la noche y buscó formar un ejército ahí, sabía que los federalistas lo atacarían, Francia los había dejado solos debido a la batalla que tenía contra Prusia.

-No puedo creer que ese idiota nos haya abandonado-murmuró Austria furioso cuando se enteró que esa misma noche, el ojiazul había huido a Europa- Creo que debemos irnos…esto ya no tiene futuro, si nos quedamos… su vida correrá peligro…

-Pero no podemos rendirnos-dijo Maximiliano antes de mirar a su esposa- Yo resolveré esto, Carlota querida… creo que deberías irte a Europa.

La emperatriz lo miró y tomó sus manos sonriendo tristemente. Compartieron un par de miradas más antes de darse un triste beso

-Iré a buscar ayuda, querido-juró ella retirándose de la habitación para preparar el barco que la alejaría de los problemas que ahora estaba enfrentando su esposo- Roderich… creo que deberías venir conmigo…

-Pero Señora yo…-comenzó el aristócrata preocupado por el bienestar de su emperador

-Ve con ella-le dijo Maximiliano con una triste sonrisa- Necesito que la cuides en el viaje de regreso a Europa… no podría confiarle a nadie más esta misión…

-Ja… lo haré…-dijo el ojivioleta saliendo de la habitación con Carlota. Ambos partieron la mañana siguiente. Maximiliano se había quedado solo… completamente solo. Finalmente el 6 de marzo de 1867 el General Mariano Escobedo sitió la ciudad de Querétaro.

Estados Unidos vio con tranquilidad como la mexicana movilizaba su ejército para destruir la resistencia de los fuertes de ese estado. Rápidamente subió a su caballo y salió de Querétaro para encontrarse con México.

-¡María!-exclamó él muy aliviado de verla prácticamente ilesa- Here you are! Estaba preocupado…

-¿Alfred?-preguntó al reconocer su voz y le sorprendió verlo llegar lleno de heridas y cortadas- ¿Qué haces aquí? ¿No tenías una guerra civil?

-Ya terminó-le respondió con una sonrisa- Quería ayudart…

-No necesito tu ayuda-lo interrumpió-¡muy bien, prepárense para el ataque!

-But… María yo te he ayudado…-dijo Alfred algo triste por la negativa de la chica- Te di de mis uniformes y te di armas… yo solo…

-Yo puedo sola con él-le espetó María tratando de demostrar que no era una dama en apuros. Después de 71 días de resistencia, Querétaro cayó. Maximiliano entregó su espada en señal de rendición y el 19 de junio lo fusilaron en el Cerro de las Campanas junto con Tomás Mejía y Miguel Miramón.

La paz parecía regresar al país. María había tratado de oponerse al fusilamiento del emperador pero no lo había logrado. Ella no esperaba que lo mataran…

-María, yo… lo siento…-dijo el ojiazul al verla algo devastada por el fusilamiento

-¿Por qué sigues aquí?-preguntó ella recordando que, aunque se lo había prohibido, él le había ayudado con algunos soldados- ¿Por qué nunca me dejas sola?

-Es porque somos vecinos-mintió él en parte- Debo cuidarte porque eres una chica

-¡Estoy harta de que estés detrás de mí!-le espetó ella- ¡Nunca lograré desarrollarme como país si no me dejas sola! Siempre estás ahí acosándome y ¿sabes que es lo que me he ganado de que siempre estés metido en mis cosas?-lo fulminó con la mirada. Él sabía a lo que se refería- ¡Perdí la mitad de mi territorio!

-María, si tan solo me hubieras vendido tu territorio-comenzó él- nada de eso hu…

-Alfred ¡Basta!-le espetó la mexicana callando sus reclamos- ¡Estoy harta! Nunca me dejas hacer nada, yo podría tener amistad con otras naciones pero no y ya me cansé-estaba totalmente desquiciada- ¿Por qué me persigues tanto? ¿Es por mi oro, acaso?

Estados Unidos se quedó callado, le dolía que ella tomara sus preocupaciones como acoso, lo único que quería era protegerla porque él estaba enamorado de esa chica que ahora parecía odiarlo con cada fibra de su ser

-¡Contestame!-le exigió con las manos en la cadera- ¡¿por qué?!

-¡Porque te amo!-exclamó el rubio dejando a María atónita- ¡Te he amado desde 1730! Es por eso que me preocupaba tanto por ti, incluso en mi guerra no podía dejar de preocuparme por ti, quería saber si estabas bien…

-Pero…-murmuró ella que definitivamente no esperaba esa respuesta

-Ya vi que me equivoqué-dijo finalmente dándole la espalda para caminar a la salida-Ya no quiero saber nada de ti…-y dicho esto, echó a correr hacia el norte.

-¡Alfred espera!-gritó ella cuando reaccionó pero ya era tarde, el estadounidense ya le llevaba mucha ventaja pues iba montado sobre su caballo-¡ALFRED!

Ninguno de los dos pudo dormir esa noche. La mexicana no podía creer que había sido tan ciega para no darse cuenta de eso mientras que el rubio se culpaba a sí mismo por haberse enamorado de ella. Pero eso podría solucionarse. Simplemente debía regresar a su primer amor…

-Arthur. Puedo. Quedarme. Un. Par. De. Días. Contigo?-había escrito esa misma noche por medio del telégrafo al británico que notó lo raro de la hora y del mensaje tan sencillo

-Claro. Que. Puedes.-le contestó y el ojiazul sonrió- Estás. Bien?

-Estaré. Bien. Cuando. Esté. Contigo…


Gracias por leer y no olviden comentar y en cuanto al Francés semidesnudo. Ahm pues le gusta andar asi cuando hace calor jejeje