Gracias por los comentarios. Sigan alentándome y contándome qué les parece la historia.
Capítulo 29
Los días de los Darcy y sus invitados en Londres avanzaban en medio de salidas al teatro y a la ópera, visitas a museos y galerías, tardes de compras y algunos bailes. Uno de los más importantes era el que daría Lady Morgan a fines de la semana, no sólo porque era uno de los eventos más importantes de la temporada sino porque le serviría a Elizabeth para conocer a varias de las personas invitadas a su propio baile. En su primer año de matrimonio la temporada en Londres había sido muy corta para ellos y este año sus salidas a reuniones muy concurridas era escasas así que la señora Darcy seguía siendo un misterio para gran parte de la sociedad.
Caroline, más acostumbrada a ese tipo de fiestas que Lizzie y Jane, las había estado asesorando y, por una vez, las antiguas señoritas Bennet habían aceptado gustosas los consejos de la señorita Bingley por eso no se sorprendieron cuando, el día anterior al baile, Caroline llegó muy ansiosa y pidió hablar con ellas 'Inmediatamente y a solas'.
"Elizabeth, hay problema", le dijo mirándola muy seria.
"¿El azul pasó de moda de ayer a hoy?", preguntó Lizzie con tono burlón pensando en el vestido que estrenaría al día siguiente.
"Hablo en serio", respondió Caroline un poco ofendida por la burla pero sabiendo que tenía que aguantar cada tanto ese tipo de frases por parte de Elizabeth en compensación a lo mal que ella la había tratado. Pero esta era su oportunidad de redimirse y no la desaprovecharía. "¿Saben quién es Stella Appleton?"
"No", respondieron Lizzie y Jane al unísono.
"Pues deberían. La señorita Appleton es quien intentará robarte a tu esposo Elizabeth."
"¿Qué?"
"Stella es la única hija del señor Appleton, un hombre de negocios muy respetable pero muy poco riguroso que, al morir su esposa en el parto, crió a su hija dándole mucha más libertad de la que la niña necesitaba o merecía. Siendo poseedor de una gran fortuna, no escatimó en gastos y Stella creció como una niña malcriada acostumbrada a salirse con la suya siempre. Para colmo es muy bella, aunque no elegante, rubia, alta y con una figura exuberante", se detuvo un momento a tomar aire y vio que Lizzie y Jane seguían ansiosas su relato. "Cuando hizo su debut en sociedad, a los 17, asombró a todos con su belleza y su talento para la música, el canto y el baile, era exactamente lo que se espera de una muchacha refinada y pronto se convirtió en la preferida de la temporada, todas las señoritas la querían como amiga y todos los jóvenes la pretendían. Pero Stella no sólo había empleado muy bien su tiempo perfeccionándose en arte y literatura sino que también había aprendido, y muy bien, el arte de la seducción y antes de cumplir los 18 tenía a más de un hombre comiendo de su mano."
"¿Y su padre lo permitía?", preguntó Jane escandalizada.
"Su padre estaba tan fascinado como el resto de los hombres, adoraba realmente a su hija, y además era muy grande y creo que realmente no se daba cuenta de nada", explicó Caroline. "Así vivía ella, muy despreocupadamente, hasta que su padre cayó en desgracia y de la noche a la mañana se quedaron prácticamente sin nada. El señor Appleton murió poco tiempo después dejando a su hija en una situación difícil pero, como él era muy querido, nunca estuvo totalmente desamparada. Aún así Stella estaba demasiado acostumbrada a los lujos y no quería perder su estatus así que decidió seguir disfrutando de los favores que muchos hombres estaban dispuestos a hacerle, aunque más no fuera a cambio de una de sus famosas sonrisas."
"¿Y qué tiene que ver mi marido en todo esto?", preguntó Lizzie esperando que Caroline no le dijera que su esposo había sido uno de esos hombres.
"La verdadera intención de Stella era encontrar un esposo y lo eligió entre todos los hombres disponibles. Para su desgracia, justo ese hombre no estaba interesado en ella, ni en ninguna otra en realidad", Caroline dijo esto último con una media sonrisa en los labios.
"Darcy…", adivinó Lizzie.
"Darcy. Lo persiguió durante todo un año pero lo único que logró fue que él se retirará a Pemberley antes de lo previsto. Darcy siempre fue muy correcto y jamás le habría hecho un desaire a una dama, por más dudable que fuera su reputación, pero se notaba que estaba molesto por las insinuaciones de ella y eso no pasó desapercibido. Las invitaciones a Stella se hicieron cada vez más escasas y ya poca gente quería ser visto con ella. Una de las pocas personas que se mantuvo fiel a su amistad con el señor Appleton fue Lady Morgan porque él había sido muy amigo de su difunto esposo. Ella convenció a Stella de que aceptara la propuesta de matrimonio del señor Barton, un ingeniero que estaba perdidamente enamorado de ella a pesar de todo y que podía darle toda la comodidad y los lujos que ella deseaba. Se casaron y se fueron a vivir a Irlanda donde el señor Barton estaba trabajando en el tendido de ferrocarriles."
"Pero entonces no entiendo cuál es el problema."
"El señor Barton murió hace seis meses y Stella está de vuelta."
"¿Pero crees que será capaz de buscar a Darcy otra vez ahora que él está casado?", preguntó Lizzie incrédula.
"No lo sé, pero estará en el baile mañana y por lo que me han dicho vino dispuesta a recuperar el terreno perdido aquí y sé con certeza que ya ha preguntado si Darcy estará allí."
"Bueno. Te agradezco la advertencia pero no creo que deba preocuparme por nada, conociendo a mi marido", replicó Lizzie algo ofendida.
"No me malinterpretes Elizabeth, no quise inferir nada", aseguró Caroline mortificada. "No te conté esto para crear un problema entre ustedes sino simplemente para que no estés desprevenida. Por supuesto que no tienes nada de que preocuparte con respecto a tu marido, pero si Stella sigue interesada en él puede traerles más de un problema. Mira, este tipo de mujeres no necesita que nada ocurra realmente, les alcanza con el rumor."
"Pero a Darcy le importa bien poco lo que piensen de nosotros y a mi menos!"
"Lo sé", dijo Caroline bajando la vista y la voz. "Bien, debo irme. Nos vemos mañana."
Jane miró a Elizabeth enojada por la manera en que le había hablado a su cuñada y Lizzie se dio cuenta de que había exagerado.
"Lo siento Caroline", dijo Lizzie tocándole suavemente el brazo para llamar su atención. "Sé que tu intención fue buena y te lo agradezco. Es que este tipo de chismes me enerva."
"No te preocupes. Adiós."
Jane se fue poco después que Caroline dejando a Lizzie sumida en sus pensamientos. No dudaba ni remotamente que Will la amaba sólo a ella pero no pudo evitar preguntarse por qué él nunca le había hablado de la tal Stella y se dio cuenta de que, en realidad, no le había hablado de ninguna mujer y seguramente habría habido alguna que le gustara un poco aunque sea. De repente le dio curiosidad pero no sabía si preguntarle, la respuesta podía no ser de su agrado.
Anduvo todo el día medio distraída y agradeció que Will se quedara a cenar en el club con Charles y Richard. Cuando él regresó ya estaba acostada y, como era muy tarde, aprovechó para hacerse la dormida y no se movió ni siquiera cuando él se inclinó sobre ella para darle un suave beso en la mejilla y dedicarle un tierno 'Te amo' aunque creyera que ella estaba dormida. Cuando escuchó que su respiración se había vuelto más pesada se dio vuelta con cuidado para mirarlo. 'Es tan lindo cuando duerme', pensó y se preguntó cómo podía dudar de él siquiera por un minuto.
…
Al día siguiente no tuvo mucho tiempo de pensar porque las mujeres de la casa empezaron con el revoloteo por la mañana preparando sus vestidos y tocados para la noche mientras Georgie, que no podía asistir por no haber sido presentada aún en sociedad, daba lo mejor de sí y ayudaba a las demás a arreglarse. Al mediodía llegó Jane para pasar la tarde con ellas y cambiarse allí, traía a Emma que quedaría a cargo de la señora Bennet esa noche. Charles la acompañó sólo para recoger a Darcy y al señor Bennet y sacarlos de allí con la excusa de ir a una casa de armas a comprar una escopeta para la temporada de caza o algo así. Ninguna de las damas los extrañó en lo más mínimo.
Darcy regresó un par de horas antes del baile deseoso de ver a Elizabeth pero ella estaba con sus hermanas en plena preparación, así que no le quedó más remedio que esperarla en su cuarto. Finalmente ella apareció y el efecto que produjo en él fue tan evidente que Lizzie supo que su esmero esa noche había valido la pena.
Llevaba un vestido de seda azul que marcaba su cintura y hacia que su cuello luciera aún más estilizado. La línea del escote, bastante más bajo que lo habitual para ella, estaba adornada graciosamente con un sencillo bordado en hilos de plata, al igual que el dobladillo. Llevaba el cabello recogido en un peinado elaborado pero no tieso y había adornado su cabello con alfileres con pequeñas perlas distribuidas aquí y allá. Elizabeth había completado el conjunto con el collar de diamantes y zafiros que Darcy le había regalado en su primera visita a la ópera, antes del casamiento, y a él le pareció que eso era como un homenaje a su amor.
"Estás increíblemente hermosa esta noche Liz… señora Darcy", le dijo recordando su promesa de llamarla así cuando estuviera incandescentemente feliz.
"Usted tampoco está nada mal señor Darcy", le respondió ella mientras se acercaba a él con un paso muy sensual que le cortó la respiración otra vez.
"No me mires así Lizzie o llegaremos escandalosamente tarde", Darcy la tomó por la cintura y la atrajo hacia sí mirándola a los ojos con tal intensidad que ella creyó que se derretiría.
"Yo puedo mirarlo como quiera porque usted es mío Fitzwilliam Darcy", le dijo mientras se apretaba más contra él y levantaba su rostro mirándole los labios con fruición. Y justo cuando Darcy bajó la boca para besarla ella se echó hacia atrás y, haciendo un esfuerzo sobrehumano, comenzó a separarse de él. "Pero de ninguna manera vamos a llegar tarde, eso sería muy inapropiado." Se dio vuelta fingiendo una total despreocupación y se dirigió hacia la puerta. Antes de salir se volvió a mirarlo, él seguía en el mismo lugar sin poder moverse, visiblemente afectado. "¿Vienes?"
"En un minuto", respondió él casi sin aliento.
"Entiendo, pero no te demores", le dijo mirándolo de arriba abajo descaradamente antes de cerrar la puerta tras de sí.
'Dudo que se de cuenta siquiera de que esa estará ahí', pensó Lizzie mientras bajaba asombrada todavía por su propio atrevimiento, mientras Darcy se preguntaba qué estaría pasando y deseaba que el estúpido baile ya hubiera acabado.
…
Mientras iban en el coche hacia la casa de Lady Morgan, Elizabeth agradecía que la oscuridad del coche y la presencia de sus hermanas la protegiera de la mirada de Darcy y se preguntaba si no estaría actuando como una tonta tratando de implementar ese plan para tener a su marido pendiente de ella toda la noche cuando era evidente que él no tenía ojos para otra mujer. 'Definitivamente estoy exagerando', pensó mientras él la ayudaba a bajar del coche y le demostró una vez más con sus ojos y su calor cuánto la amaba.
Casi estaba decidida a abandonarlo todo cuando se encontraron con Richard y Caroline luego de saludar a los anfitriones y ella llevó a Lizzie y a Jane aparte.
"Ya llegó y lo ha estado buscando", avisó.
"¿A dónde está?", preguntó Lizzie muerta de curiosidad.
"Ahora no lo sé pero no te preocupes, en cuanto sepa que Darcy llegó va a aparecer."
Las tres parejas y las hermanas Bennet caminaron por los salones saludando amigos y conociendo gente nueva hasta que los caballeros se separaron de las damas para ir a saludar a unos militares que acababan de llegar de una exitosa campaña en el continente. Eso le dio libertada a las damas para estudiar el terreno y esperar que apareciera. Caroline sugirió tener siempre a Darcy dentro de la vista y Elizabeth aceptó, reconociendo que no tenía pasta para esas intrigas de salón.
La señorita Bingley tenía razón. A los pocos minutos de su llegada un rumor sordo empezó a recorrer la estancia mientras alguien se abría paso entre la gente.
"Allí, miren!", dijo Caroline señalando disimuladamente.
Lizzie y Jane siguieron su mirada y la vieron. Era alta, rubia, bella, voluptuosa y se dirigía hacia Darcy sinuosamente, como una serpiente acechando a su presa.
Jane puso una mano en el brazo de Elizabeth como para tranquilizarla pero no hizo más que transmitirle su propia tensión. Stella había llegado hasta donde se encontraban los caballeros y ellos se habían dado vuelta a mirarla. Lizzie miraba muy atentamente a Darcy y sintió una punzada de celos cuando él le dirigió una mirada de evidente admiración a la recién llegada y mientras ella levantaba su mano graciosamente para que él la besara, Lizzie contuvo la respiración para soltarla sólo cuando su marido tomó galantemente la mano de la dama y haciendo una reverencia, la levantó apenas lo suficiente sin que se acercara siquiera a sus labios.
Esa era la señal que necesitaba. Enderezó la espalda, levantó su cabeza y comenzó a atravesar el salón haciendo que esta vez todos los ojos se volvieran hacia ella. Todos, incluyendo los de su marido que pareció presentirla e instintivamente miró hacia ella y no le quitó los ojos de encima hasta que estuvieron frente a frente.
"Señor Darcy ¡Qué horror! Creo que no escuchó ni una palabra de lo que dije. ¿Acaso está distraído? Me preguntó por qué", decía Stella con una voz ronroneante justo en el momento en que Lizzie llegó hasta ellos.
"Me temo que está en lo cierto, me distraje. Le pido disculpas", respondió él y se acercó hacia ella pero sólo para dirigirse al verdadero objeto de su atención que estaba detrás. Ese movimiento obligó a la señora a darse vuelta para mirar de quién se trataba y Lizzie se hubiera divertido viendo su mirada de desprecio mezclado con asombro sino hubiera estado tan concentrada en los ojos de su marido y en el calor de la mano que acababa de tomar la suya. "Señora Barton, creo que a mi esposa, la señora Elizabeth Darcy", dijo él dirigiéndose a ella pero sin siquiera mirarla.
En ese momento Lizzie rompió el contacto visual con su marido para mirar a la dama con una expresión de inocencia que sentía que ya no poseía.
"Señora Barton, encantada", le dijo haciendo una graciosa reverencia y luego tomó el brazo que su marido le ofrecía y se quedó allí, junto a él, esperando la reacción de la dama.
"Igualmente", respondió ella con más frialdad de la que seguramente pretendía.
Para entonces Jane y Caroline se había unido al grupo y la miraban con curiosidad.
"¿Sabías que el señor Darcy y Elizabeth se casaron hace más de un año, verdad querida Stella?", preguntó la señorita Bingley con ese tono impostado que manejaba tan bien.
"Cl… claro. Felicidades."
"Muchas gracias. Qué atenta!", respondió Lizzie con una modesta sonrisa.
Se quedaron en silencio unos instantes hasta que la señora Barton anunció que alguien la estaba llamando y se retiró lo más graciosamente que pudo. Entonces Lizzie, Jane y Caroline intercambiaron una mirada que a Darcy no le pasó desapercibida y entonces entendió pero decidió seguirle el juego a su mujer un poco más. Un rato después, mientras bailaban, se volvió varias veces a mirar a la señora Barton pero con disimulo, no quería que lo notara nadie más que Elizabeth y lo logró.
"Señor Darcy ¡Qué horror! ¿Acaso está distraído?", preguntó Lizzie maliciosamente usando las mismas palabras que la susodicha.
"Estaba pensando en cuánto ha cambiado la señora Barton desde la última vez que nos vimos", contestó él con tono despreocupado.
"¿Y eso cuándo fue, si me permite preguntar?"
"Hace como dos años, creo."
"¿Ah, sí?", pensó Lizzie mientras hacía cuentas. Estaba a punto de preguntar si el cambio había sido para mejor o para peor pero un destello en los ojos de Darcy lo delató y Lizzie supo que la había descubierto y estaba jugando con ella. Pero no pensaba dejarse ganar.
No preguntó nada más y siguió bailando en silencio hasta que terminó la música y tuvieron que separarse. Darcy le propuso ir a la mesa de los refrescos para tomar algo y charlar un poco pero Lizzie le dijo que quería ver en qué andaban sus hermanas y se alejó de él. Lo evitó casi toda la noche, excepto durante la cena y para la última danza que bailaron juntos, pero nunca dejó de rondarle, no fuera que la atrevida señora Barton pensara que tenía una oportunidad de acercarse a su marido otra vez.
Mientras volvían a la casa no hubo oportunidad de hablar porque Mary y Kitty no pararon de charlotear durante todo el viaje de lo excitadas que estaban por una salida tan elegante. Al llegar a la casa Lizzie ayudó a Jane a preparar a Emma, que se había quedado con los señores Bennet, para marcharse a su casa, dejando a Darcy solo y a su suerte. Cuando finalmente estuvieron listos para retirarse a sus aposentos Darcy se acercó a ella cariñosamente pero Lizzie le dijo que estaba extenuada y que, por esa noche, prefería dormir en su propia habitación.
Frustrado como nunca antes y sin saber por qué lo castigaba de esa manera, Darcy se fue a su cuarto y se encerró dando un portazo. Se cambió en un minuto pero no podía irse a dormir y se quedó dando vueltas, caminando de un lado para el otro hasta que decidió que ya había sido suficiente. El no había hecho nada malo y no tenía la culpa de que la señora Barton se le hubiera insinuado y si Elizabeth estaba celosa o molesta tendría que explicarle por qué mirándolo a la cara. Esperó hasta que escuchó que la doncella se retiraba y se dirigió al cuarto de su mujer. Abrió la puerta con furia controlada preparado para enfrentar lo que fuera pero lo que vio lo dejó perplejo una vez más.
Elizabeth estaba parada al lado de la chimenea mirando hacia la puerta y vistiendo una de las camisas de él, solamente. Llevaba el cabello suelto y desordenado como a él le gustaba y lo miraba divertida.
"¿Por qué tardaste tanto?", le preguntó invitante.
…
Horas después yacían abrazados en la cama desordenada. Estaba amaneciendo y ninguno de los dos había pegado un ojo en toda la noche, aunque eso no les molestaba para nada. Se miraban a los ojos como si a través de ellos pudieran leer sus almas y ambos sentían que bien podrían pasar así el resto de sus vidas.
"Nunca se había portado así, señora Darcy", le dijo él mientras jugaba con su hermoso cabello.
"Si le disgustó lo lamento mucho señor Darcy. Dígamelo por favor y no lo volveré a hacer", contestó ella fingiendo preocupación.
"Oh… no me molesta para nada! Tal vez deberíamos invitar a la señora Barton a nuestro baile. No me disgustaría otra noche como esta", arriesgó él mientras se acercaba más a ella.
"No tientes a tu suerte", le aconsejó ella mientras tomaba su rostro con las manos para obligarlo a mirarla. "Y ahora bésame!", ordenó y él obedeció diligentemente.
…
Tres días después del baile, durante el desayuno, el señor Bennet estaba absorto leyendo el Times tranquilamente cuando su hija entró al comedor con el señor Darcy.
"¿Qué te tiene tan atrapado papá?", le preguntó mientras se sentaba a la mesa.
"Tú", respondió él.
"¿Yo, qué quieres decir?"
"Toma, lee tu misma", y le alcanzó el periódico.
Lizzie no podía creer lo que leía. El periódico tenía una columna social, que mayormente se dedicaba a chismes, que acostumbraba relatar los acontecimientos más importantes de la temporada. Nadie sabía con exactitud quién la escribía pero todos sospechaban que era alguien de la misma sociedad con ingenio suficiente para escribir con gracia. A Lizzie no le gustaban demasiado los chismes pero se había habituado a leer esa columna principalmente por que le servía para conocer a gente que tarde o temprano tendría que tratar, sólo que nunca espero ser ella la protagonista. Ahí estaba todo, el regreso de la señora Barton, la sospecha de todos de que volvería a intentar ganar al señor Darcy, su atrevimiento en el baile y, sobre todo, la manera en que ella la había puesto en su lugar. No había ningún nombre pero las referencias hacían imposible que cualquiera con el mínimo conocimiento ignorara quienes eran los involucrados.
Espantada le pasó el periódico a su marido que, para su sorpresa, reaccionó igual que el señor Bennet, riéndose.
"Vamos Lizzie, no te preocupes", le dijo él tratando de alivianar el tema.
"¿Cómo? Es un horror! Todos deben estar hablando de mi."
"Todos están hablando de ti desde el otro día aunque no te guste pensarlo. Además querida si lo lees bien te darás cuenta que es un halago."
"¿Qué quieres decir?", le preguntó ella intrigada.
"Hace años que todos esperan que alguien le haga frente a la pérfida Stella. No deja de ser un orgullo para mi que hayas sido tú", le dijo Darcy mientras le guiñaba un ojo a su suegro.
"Y para mi hija, siempre dije que eras una leona", agregó el señor Bennet siguiéndole el juego a su yerno.
"Oh… son unos tontos!", Lizzie se levantó y se fue haciéndose la ofendida mientras los hombres reían.
Ese mismo día por la tarde acompañó a Jane y Caroline -con quien ahora eran grandes amigas- a Bond Street a hacer unas compras y tomar el té y tuvo que admitir que no le molestó en lo más mínimo la mirada de admiración y respeto que despertaba en todo aquel que la reconocía. 'Parece que todos por aquí leen el Times', pensó divertida.
