Disclaimer: Ni Star Wars ni las canciones o nombres de grupos musicales/películas/series mencionados me pertenecen. No obtengo ganancia de ningún tipo, ni la persigo. Estamos aquí por amor a la creación literaria y por pasarlo bien con nuestros personajes favoritos.


¡Muchísimas gracias por los reviews al interludio! Chappie23, me alegro de que te haya molado la música. Soy extremadamente ecléctica para los gustos musicales, paso del house al jazz y de las bandas sonoras al pop ñoño y de lo sesentero a lo ochentero sin interrupción. Y para la lista, he escogido de todo un poco de entre lo que me gusta. De esa lista, a Foals y a Vampire Weekend los vi en concierto hace seis años, junto a Franz Ferdinand… Vamos, que me morí del amor en ese festival. Poco a poco iré subiendo alguna más, según vaya inspirándome. Gracias por tus apreciaciones! Sabes que son muuuuy bien recibidas y me animan muchísimo.

Pregunta: ¿Por qué se llama este capítulo así? Respuestas al final.


25

Mentiras

- Bueno, chicos, aquí están los planos del objetivo.

Poe enarbolaba un bolígrafo extensible, con el que apuntaba dando golpecitos a una pizarra de plástico que habían colocado sobre un caballete de madera. En la superficie blanca había varios diagramas, que mostraban lo que parecía ser el plano de alzado de un edificio, centrados en una ventana en concreto en la segunda planta. Los planos estaban combinados con indicaciones y esquemas, que señalaban a aquella ventana. Estos dibujos se repetían en otro que visualizaba Kaydel en su tablet, mientras el resto de la concurrencia también lo examinaba en sus móviles. Todos los allí presentes intercambiaban opiniones animadamente.

- Como veis, es un objetivo muy pequeño – explicaba Dameron - Necesitaremos armas de largo alcance, suficiente potencia y un enorme control de disparo.

- ¿Podríamos con los drones?

- Puaf, ni de coña.

- Se podría, Stomer, pero habría que tener mucha precisión.

- Hey, pasadme una empanadilla de chocolate.

- Y habría que tener en cuenta la potencia. Si queremos que el proyectil llegue dentro, necesitamos más fuerza de impulso.

- ¿Cómo haces eso con un dron? ¿Le acoplas un cohete al culo antes de colarlo por la ventana?

- ¡Hombres de poca fe!

- Yo creo que se podría. Si hablamos con los de Mecánica, podrían ayudarnos a calcular la trayectoria.

- ¿A riesgo de perder parte de la flota?

- ¡Tío, no sin mi dron!

- Jolines, estas empanadillas están riquísimas… Mmmmm…

- Vamos a necesitar a los dos escuadrones: los rojos y los azules. Kaydel, apunta que hay que avisar a Marcus.

- ¿El que va con nosotros a Literatura?

- Sí, ése.

- ¡Oyeeee, que rulen las empanadillas! ¡Que aquí no llega nada!

- Habrá que pedirle ayuda también a Newby. Si sé que esto va a acabar convirtiéndose en una operación con drones, le habría avisado para que viniera.

- ¿Y los de tiro con arco?

- ¿Queeeeé? ¿Lanzar flechas? ¿Pero tú te crees que estamos en "Juego de Tronos" o algo así? ¿Qué paranoia es ésa? ¿Pensáis repetir el numerito de las Olimpiadas ésas que hicieron hace muchos años?

- Eres un friki, tío.

- Ostras, pues podría ser otra opción… No quiero pringar otra vez a Finn.

En ese instante, la puerta se abrió y pareció la figura de la vicedirectora Amilyn Holdo, quien, perpleja y enfadada, contemplaba a los quince chicos y chicas…

… que estaban habían ido a juntarse en el cuartito de los materiales de Educación Física de la planta baja, para sostener aquella reunión clandestina, rodeados de pelotas, aros, vallas de obstáculos y colchonetas amontonadas.

- ¿Se puede saber qué hacen todos aquí? – preguntó alzando mínimamente la voz – El recreo ha acabado hace cinco minutos ya… ¡Salgan ahora mismo!

En medio de un intenso revuelo, todos salieron por patas de allí, balbuciendo excusas. Alguien tuvo la buena idea de llevarse el caballete con el póster y otra acaparó la bandeja de las empanadillas. Poe se quedó el último, y ya iba a rebasar a Holdo antes de salir por la puerta, cuando la mujer lo retuvo, mirándolo con extrema gravedad.

- Dameron, es usted una vergüenza para el Consejo Estudiantil. No entiendo cómo la directora Organa sigue confiando en usted.

Poe se encendió de la irritación. La profesora Holdo le llegaba a quitar el aire a veces, pero en aquella ocasión no tenía razón. ¿Cómo podía hacérselo entender?

Se puso en jarras frente a ella e intentó hablar con serenidad.

- Disculpe profesora, pero gracias a acciones como ésta la Primera Orden no barre el suelo con nosotros.

Pero Holdo negaba lentamente con la cabeza y lo miró con una media sonrisa sarcástica.

- Ya conozco bien a los de su tipo: estrellas del deporte, acostumbradas a mover a las masas, arrogantes y de gatillo fácil. Es usted impulsivo y no hace más que tramar estas descacharrantes ideas para enfrentarse a la Primera Orden. Y eso es lo último que necesitamos en nuestras ya de por sí complicadas relaciones con la Academia.

- Profesora, tengo buenas intenciones…

- Eso no lo soluciona usted con sus métodos. No parece sino que tuviesen establecida una especie de batalla de juguete, con esas estúpidas bromas que se gastan los unos contra los otros…

- No son bromas, profesora… Hay gente que ha corrido peligro en ocasiones. Recuerde cómo hace unos años los de la banda de música fueron lesionados por las gradas que trucaron los cuervos.

- Lo sé, y ya entonces la Academia se encargó de asumir responsabilidades y tenemos evidencia de que los alumnos fueron debidamente sancionados.

Poe se tuvo que morder la lengua, porque ansiaba decirle que no, que nadie los había sancionado, que se lo habían soplado algunos espías que frecuentaban los antros a los que iban los cuervos. Que Snoke se limitó a echarles un rapapolvos en público, que el envío de sanciones a las casas de los culpables había sido una charada, y que luego se fueron a su casa de rositas. Había sido pura fachada. ¿Cómo iba a regañar Snoke a sus brazos ejecutores? Aquel vejestorio solamente deseaba el mal al Republicano con un odio y alevosía nunca vistos. Así llevaba siendo décadas y así seguiría…

Porque seguro que el cabrón de Ren, en cuanto volviese de la Universidad en cuestión de unos pocos años, regresaría allí a tomar el relevo. Ya casi lo veía, plantado en la silla de dirección, con un traje de chaqueta negro, gritando por los altavoces mientras Hux le hacía de secretario y revoloteaba a su alrededor apuntando cosas en su tablet. Argh.

- Profesora Holdo… Nosotros no…

- No, Dameron, no puedo pararme a escucharle. No se lo merece. Ya daré parte de esto a la directora, que parece ser que es la única a quien obedece. No siempre sale todo a su gusto. Vaya a clase. Ya.

Poe inspiró hondo. No podía responder, no podía responder…

Sin mediar palabra, pasó de largo frente a ella, saliendo al fin del cuartito. El móvil le ardía en la mano cuando tecleó estas palabras en el chat correspondiente, que se había llenado de preguntas a Poe, pues todo el mundo había visto cómo Holdo lo había retenido a la salida.

- Nada de abortar misión. El plan sigue adelante. Contactad con quien haga falta. Esos cuervos van a pagar.


- Cálmate muchacho, no hagas movimientos bruscos.

Kylo dio un respingo, repentinamente alerta. Pero al abrir los ojos no vio nada por lo que tuviera que preocuparse: sólo estaba Robert, sentado a la orilla de la cama. Estaba en una habitación de hospital y era de noche.

Pero… si hacía un momento había golpeado a… Y estaba en…

- Tranquilo – repitió Robert con su voz cascada y profunda - El doctor se ha ido hace un momento. Dice que todo está correcto, pero tendrás que hacer noche aquí.

Le dolía la parte trasera de la cabeza con ganas, y también la mandíbula. Era como si su barbilla hubiese crecido cinco veces, la notaba hinchada y como si algo estuviera vivo allí dentro, pinchándole, clavándole el aguijón en la comisura del labio. Maldita sea.

Estaba entubado a una máquina y aún conservaba su ropa. Despistadísimo, miró su reloj de pulsera y comprobó que apenas habían pasado dos horas desde la pelea.

- ¿Qué ha pasado?

- Eso mismo querría yo saber… - respondió Robert alzando unas cejas inexistentes en su piel lacerada - Me tenías asustado. Suerte que ya estabas cerca de casa y los del servicio ya se iban… Fueron ellos los que te vieron en la calle, regresaron a casa y dieron la voz de alarma. Llamamos a la ambulancia y aquí estás.

- ¿No había nadie más? – alcanzó a decir el chico.

Los ojillos azules de Robert se entrecerraron.

- ¿Cómo dices? No, estabas solo en la calle, tirado en el suelo. Esperaba que me contaras algo más. ¿Por qué?

La mente de Kylo, ya revuelta por el dolor y la confusión, carburaba mucho más despacio que de costumbre. Demonios, ¿qué había pasado? ¿Habría sido verdad?

Claro que sí, la prueba era aquella herida en la cara, el dolor en el bajo vientre y el golpe en la cabeza.

Robert se acercó algo más a él, usando aquel tonito insistente de cuando interrogaba a algún alumno. Pero cubriéndolo de una almibarada capa de preocupación. Y como siempre, el fantasma de la repulsión, aquella ominosa sensación de algo horrible, mucho peor que las partes más oscuras de su alma, lo inundó ante el tono de esas palabras.

- Dime, ¿qué ha pasado?

Kylo parpadeó inseguro por primera vez en un tiempo. Si le contaba algo, Robert, tan perspicaz, podría tirar del hilo y llegar a lugares que a Kylo no le interesaba explorar. Por ahora.

- Me han intentado atracar – respondió al fin - Un tío con un pasamontañas.

Robert esbozó un gesto de verdadera preocupación.

- No puede ser… ¿Cómo han podido pillarte desprevenido? Tus habilidades…

- Es que creo que había dos – aventuró el muchacho, reflexionando fríamente por fin y dándose cuenta de aquella posibilidad – Creo que sí, que había un segundo, pero estaba escondido y me pilló de improviso.

- ¿No les viste la cara?

- Al del pasamontañas sí, se lo arranqué.

- Debiste haberlo pulverizado – siseó de repente Robert con una voz acerada e hiriente.

Desde lo hondo del pecho de Kylo se alzó un clamor, una queja, que gritaba "Joder, no pude hacer más, me acababan de meter un puñetazo; suficiente he tenido, ¿vale? Gracias". Pero en lugar de ello le salió:

- Repito que me pillaron de improviso.

Pero Robert insistía, con un repentino gesto de dignidad ofendida.

- Tú no eres así de descuidado. Te va la vida en un encuentro peligroso de verdad, y reaccionas como un niño pequeño. Me decepcionas.

Kylo acusó el golpe, aunque intentó esconderlo lo mejor que pudo, poniendo cuidado en paralizar todos y cada uno de sus rasgos faciales, congelando cualquier músculo que pudiera delatar sus sentimientos.

¿Cómo se atrevía Robert a dudar de ese modo de él? ¿Qué sabía él, un humano normal y corriente sin habilidades como las suyas, de cómo comportarse ante emergencias o situaciones límite como la que había vivido? A pesar de la sensación que daba, Kylo veía que no era infalible, y aquello alimentó su orgullo herido, y dio gasolina a la indignación ante el menosprecio de Robert.

Pero había que callar y tragar.

Robert, sorprendentemente perspicaz como de costumbre, debió detectar aquel aguijonazo de indignación, así que decidió no tentar más la suerte, como así percibió Kylo en su mente.

- No he debido decir eso – aseguró, suavizando su voz – Sé que lo has pasado mal y que te corroe la furia por no haber podido defenderte.

Kylo miró al vacío, en una de sus clásicas miradas de silenciosa ira, como las que le lanzaba de pequeño, en sus primeros días juntos…

- Bien, chico, dejémoslo por hoy – Robert se palmeó los muslos antes de levantarse pesadamente de la silla - Mañana vendrá la policía a tomarte los datos para que pongas la denuncia por atraco. Aunque, ¿no te han quitado nada?

- No.

- Curioso… ¿Qué atracador no aprovecha que su víctima está inconsciente para robarle?

- Porque no buscaba robarme – masculló Kylo en su cabeza, mientras se encogía de hombros.

El anciano se marchó por fin a avisar a los enfermeros y Kylo se revolvió en su cama.

- Pudo haberme matado, y no lo hizo. Y si no buscaba robarme, ¿qué querría ese hombre?

El fantasma de Ionescu planeó por las alturas.


- DINDINDINDINNNNNN…

El tintineo metálico se propagó por varias mesas, donde algunos que ya sabían de qué iba la fiesta se habían sumado al gesto de Finn: se pusieron a entrechocar sus tenedores o cucharas con las jarras metálicas de agua. Pronto, el revuelo del comedor fue acallándose, y Finn se subió a su silla.

Rey, que estaba frente a él y que estaba a punto de llevarse un poco de ensalada a la boca, se había quedado congelada en el gesto, con el tenedor a medio camino de su boca, mientras miraba a su amigo perpetrar aquella acción con toda la tranquilidad del mundo.

Y cuando vio al resto de mesas repetir el gesto y que sus amigos miraban con sonrisas ilusionadas la escena, supo que había truco del almendruco.

- ¡Hola a todos! – exclamó Finn, y de repente surgió de la nada Tubbs, que le alcanzó un megáfono - ¿Se me oye?

- ¡Síiiiiiiii! – corearon desde todos los rincones de cafetería.

- Bueno, me llamo Finn Newby, de la clase 11-B. Algunos no me conocéis, porque he llegado nuevo este año…

Rey, ya recuperada un poco de la sorpresa inicial, se inclinó sobre Rose, que miraba la escena, encantada.

- ¿Se puede saber qué está pasando? – cuchicheó, pero Rose le mandó callar poniéndose el dedo ante los labios y posteriormente señalando a su amigo sobre la silla. Rey, muy confusa, volvió a mirar a todos lados… Todo el mundo parecía pendiente de la mesa. A lo lejos, detectó a Poe y Kaydel, que en cuanto les vieron, corrieron hacia su mesa para atender a las palabras de Finn.

- No se me dan muy bien los discursos, pero hoy valen más las acciones que las palabras. Como he dicho, soy nuevo de este año, pero también hay alguien más que ha llegado este curso, y está delante de mí, y creo que está muy asustadita…

Finn hizo un gesto de cabeza hacia Rey y le sonrió ampliamente. La chica notó que la sangre le subía a la cabeza, apuradísima, mientras decenas de cuellos se estiraban para verla…

- ¿Pero qué hace? – intentó vocalizar entre susurros, de nuevo mirando a sus amigos. Pero Tubbs y Starck la miraron sonrientes y la ignoraron.

- Se llama Rey – continuó Finn - y desde el principio ha demostrado ser la mejor amiga que he tenido desde que llegué. Nos hemos apoyado desde el primer día, hemos compartido un montón de cosas y además, ha ayudado a una buena causa.

Entonces, Poe también se subió a la silla de al lado de Finn de un ágil salto y agarró el altavoz que le ofrecía el chico.

- Nuestra amiga se ha incorporado activamente a la causa de la batalla contra la Academia, colaborando en misiones de espionaje y defendiendo el honor del instituto frente a sujetos como el imbécil de Kylo Ren.

Rey, boquiabierta ante aquella arenga, no tuvo tiempo ni de reaccionar con estupor por el hecho de que se estuvieran metiendo con Ren…

... Más tarde, reflexionaría sobre aquello y pensaría que ella ya no tenía esa imagen de él. Pero eso pertenecía a otra historia.

Y Poe seguía hablando.

- Nos ayudó a lograr que los cuervos dejaran de acosar a nuestra Rose Tico en un juicio que ella iba a ganar contra un agresor. Iban a meterse por medio, presentando pruebas inventadas para ayudar a que el agresor fuese declarado inocente.

Se extendieron murmullos. Al parecer, no todo el mundo estaba al tanto de aquel suceso.

- Rey estableció un trato con los cuervos, favorable para nosotros, en el que ellos han cumplido su palabra de salir del juicio y dejar que Rose lo ganase, como así sucedió. Se jugó el cuello en una persecución en la que tuvieron que ayudarnos hasta los del club de parkour. Un aplauso para Meyers y sus chicos.

Una nueva ovación surcó el ambiente, mientras Meyers y dos o tres chicos más se levantaban de su sitio y saludaban brevemente.

- Debido a su valiente colaboración – prosiguió Poe – Rey ha sufrido de modo personal las iras de la Academia, haciendo que los cuervos se hayan cebado con ella. Ya a principios de curso fue uno de los objetivos en el ataque de Instagram y lo peor sucedió la tarde del Baile de Invierno. Mientras todo el mundo se arreglaba y se ponía guapo para el baile, Rey fue objeto de una cruel broma que hizo que un grupo de cuervos le destrozara el taller donde ella hace prácticas y se gana un sueldo para soñar con una carrera en el futuro. Le reventaron algunos aparatos y además, la agredieron, ocasionándole pérdidas económicas a ella y a su patrón.

Rey sintió que la mirada se le iluminaba al oír que Poe no se refería a Carl nada más que como su jefe y le lanzó una sorprendida sonrisa de agradecimiento. Finn y Poe le sonrieron de vuelta, pasándole éste último el altavoz de nuevo a Finn.

- Ahora, nuestra amiga tiene que hacer frente a unos pagos de los que ella no ha sido responsable. Es muy trabajadora y sabemos que hará lo posible por salir a flote por su cuenta y saldar la deuda contraída. Pero nunca debería olvidar que el Republicano siempre tiene sus puertas abiertas para todo aquel que lo necesite. Es como un segundo hogar donde te dan la bienvenida todos los días, donde siempre hay gente con la que puedes contar.

Rey sintió un resquemor en el pecho, sin apenas darse cuenta de la mano de Rose, que le empezó a frotar el hombro y la espalda cariñosamente. Frente a ellas, Poe se metió la mano en el bolsillo trasero, mientras sacaba un rectángulo de cartulina y lo alzaba frente a todos.

- Por eso, y siguiendo con la tradición del Republicano de ayudarnos los unos a los otros, yo, Poe Dameron, en calidad de Presidente del Consejo Estudiantil y en nombre de una buena parte de la comunidad colegial, te hago entrega a ti, Rey, de este cheque, fruto de la solidaridad de todos nosotros. Acéptalo con todo nuestro cariño y sin reparos de ningún tipo.

Una estruendosa ovación de palmas y gritos sacudió la cafetería. Rey, sintiendo que no hacía pie y que estaba en un sueño, se levantó y vio cómo Poe y Finn bajaban de las sillas, rodeaban la mesa y le ponían el cheque en sus manos. Demonios, no podía ni leer las cifras… ¿cuándo le habían subido las dioptrías de repente?

Sintió entonces la humedad resbalando por sus mejillas. Venga, vale, estaba soltando el grifo.

Y solamente oía las palmas, las ovaciones, veía la sonrisa de sus amigos y a los demás de la mesa en pie y aplaudiendo. Tubbs dio un aullido y apenas oyó a Finn, que volvía a coger el micrófono.

- Todos hemos colaborado de modo voluntario. Ningún republicano fue herido o maltratado durante la recaudación de este dinero.

Hubo un coro de risas y todos parecían esperar a que ella dijera algo. Pero Rey estaba demasiado sorprendida, muda de la perplejidad.

Y leyó sus mentes. ¡Claro! ¡Aquella estúpida cadena solidaria de la que ella no se había enterado! Jolines…

Fue entonces cuando decidió bajar la vista al cheque y vio la cantidad… Casi se desmaya. ¡Aquella cantidad, sumada a lo que había ganado con las reparaciones de los cuervos, prácticamente saldaba la deuda!

- Chicos, yo… - no atinaba a hablar, tenía un inmenso nudo en la garganta y estaba segura de que estaba colorada hasta las orejas – No teníais por qué…

- ¡A callar! – la cortó Finn – Lo hemos hecho encantados.

- Rey, tía grande, ¿cómo no te íbamos a echar un cable?

Y la joven se lanzó a sus brazos, en medio de otro coro de aplausos y de "Ooooohs" que encendieron una vez más el ambiente en la cafetería.

Una vez que la celebración ya se calmó y todos volvieron a sus puestos habituales, en la mesa de Rey se sentaron también, mientras ella se deshacía en agradecimientos con voz trémula.

- De verdad, estáis chalados… ¡Mira que armar todo este follón!

- Para eso estamos aquí – argumentó Poe – No te quejes. Tú harías lo mismo.

La chica asintió con vehemencia mientras se secaba las lágrimas con el dorso de la mano.

- Muchas gracias, de verdad – y la sonrisa de la joven era tan brillante, que aunque allí nadie tuviera poderes como ella y Kylo, sintieron que Rey era un auténtico sol radiante.


Veinte minutos después, Rey contemplaba patidifusa el interior de su taquilla. Paige y Starck, que andaban cerca, se quedaron mirándola y empezaron a reírse.

- Ostras, Rey… No ha pasado ni media hora y ya tienes fans…

Los tres contemplaban el interior de la taquilla, donde descansaban dos sobres rojos y blancos, decorados con corazones.

- ¿Qué decís? ¿Fans yo? – y la chica cogió las cartas, abriéndolas y dejando que sus ojos aumentasen de tamaño ocho veces… ¡Madre mía, lo que había allí escrito era…!

- ¡Uauuuuu, presiento que de aquí al catorce, las cosas van a ponerse súper interesantes para ti! – exclamó Paige, poniéndole una mano en el hombro.

Rey, sin salir de su asombro, paseó la vista por las notas: un poema, probablemente inventado (a juzgar por la cantidad de ripios y rimas imposibles que tenía aquello) y una propuesta para ir al cine a ver la última de superhéroes que habían estrenado la semana anterior. Eh, ese tío conocía sus gustos… Eso era un punto a favor…

¿En serio le estaba pasando aquello? ¡Impensable! ¡Nadie se había fijado nunca en ella! ¿Ella, objetivo de alguien? El mundo se había debido de salir de su eje o algo.

Pero ahí estaban las cartitas, como testimonio de que algo estaba cambiando. Y, por la sonrisilla de Paige y Starck, dedujo que aquello era sólo el principio.


Debbie Masterson se manoseaba las rastas verdes distraídamente, acodada en su pupitre, cuando Phasma llegó a la silla de al lado. La rubia dejó caer la mochila sobre la mesa y se quitó las gafas de sol, haciendo una inmensa pompa de chicle rosa.

- Oye, Anya, ¿has visto a Ren esta mañana?

Su interlocutora, que estaba sacando sus carpetas y libros de Historia, respondió sin mirarla.

- No. ¿Por qué todo el mundo da por sentado que tengo que saber dónde se mete?

- No sé, tía, no voy a ir a preguntarle al zanahorio.

- El día en que Armitage se entere de que vais llamándole así, os revienta el móvil a virus – declaró Anya, abriendo su cuaderno.

- Bah, es un mierdas. Además, es cierto, le faltan ocho años de sol. Y aún no sé cómo es que ocupa el cargo de segundo de a bordo de Ren.

- Forma parte del Consejo, Debbie.

- Ya, y él está en el Consejo porque su papaíto es un ricachón. A saber cuántas partes del insti ha pagado… Oye, a lo mejor estas mesas las ha pagado él… - Debbie señaló su pupitre con desprecio sarcástico – O la silla en la que estás poniendo el culo… Todo aquí podría llevar su sello.

- Me importa una mierda. Lo que cuenta es lo que hace por el insti, que, curiosamente, es más de lo que tú haces.

- Joder, Anya, qué cruel.

- A las pruebas me remito.

- ¿Tú también estás de mala ostia o es porque se acerca "el día"?

Anya no demostró emoción alguna, a pesar de que Debbie le había lanzado la última frase con estudiado retintín y mirándola cuidadosamente.

- Sabes que me la trae al fresco. Parece mentira que me conozcas – replicó Phasma mirando al vacío y cruzándose de brazos – Me importa una mierda si van… ¡Eh! – subió bruscamente la voz, dirigiéndose a unos chicos en las primeras filas - ¡Guarda ese mechero o te cae un arresto de cinco recreos!

Los aludidos, que efectivamente estaban tonteando con la llama de un encendedor, miraron a Phasma muy apurados y obedecieron en seguida. A continuación, la rubia volvió a dirigirse a Debbie con gesto inexpresivo.

- No voy a pronunciarme más sobre el caso.

Pero Debbie estaba hoy en plan tontorrón, y se acodó en la mesa, acercándose mucho a ella.

- Venga ya, no me trago que no te cabrees el día catorce. Siempre acabas repartiendo leches. Eso debe de poner de mala ostia a cualquiera.

- No te creas, me voy a casa bastante desahogada. El problema es de los idiotas que me molestan.

- Mira, ahí te doy la razón. Hay que ser cenutrio para seguir insistiendo, después del historial de víctimas que arrastras… Tenemos a unos cuantos chalados en este insti.

- ¡Jefa! ¡Jefaaaa! – oyeron gritar a su derecha, donde estaba la puerta del aula: un muchacho de piel tostada venía corriendo, enarbolando un papel que ondeaba al son de su carrera. Llegó junto a ellas y casi derrapa sobre la mesa de Debbie, echándose hacia adelante mientras recuperaba el aliento.

- ¿Qué pasa, Sloane?

- Tienes que ver esto, Phasma. Le hemos pillado esto a Jenkins en la segunda planta, junto al aula de Informática.

El chico le tendió un papel a Anya, por encima de los cuadernos de Debbie, que contempló cómo la rubia lo cogía y lo examinaba.

- Hoy no te tocaba patrullar esa zona, Sloane(*). ¿Qué hacías fuera de tu área?

- No, ya sé que Motti(*) es quien está ahora allí, pero me lo ha dado para que lo vieras lo antes posible, y como me pillaba de camino…

A medida que leía lo que había ahí escrito, a Phasma se le fueron hinchando las aletas de la nariz progresivamente. Ésa fue toda la emoción que podía transmitir su cara.

- Vaya, no sabía que se había metido a apuestas – comentó con voz monocorde – ¿Qué habéis hecho con Jenkins?

- Una parte de la patrulla se lo ha llevado al aula de Detención. Hemos avisado al jefe de estudios.

- Buen trabajo, Sloane. Tu tutor era el profesor Palpatine, ¿no?

- Sí – asintió el chico con vehemencia.

- Me encargaré de hacerle llegar unas palabritas para tu madre – la mirada del chaval se iluminó – Has cumplido tu misión. Puedes irte. Ya me encargo de esto.

Mientras el chico se iba a la misma velocidad a la que había entrado en la clase, Debbie inquirió, echando un vistazo al papel:

- ¿Qué ha hecho ese memo ahora?

- No es de tu incumbencia – siseó Anya, retirando el papel de su vista y metiéndolo en su carpeta – Ahora esto es una prueba y como tal, me la quedo yo.

En ese momento, entró la profesora y Phasma se levantó para pedirle permiso para salir. Le fue automáticamente concedido y la joven tomó su mochila mientras se alejaba por el pasillo a zancadas.


- No iba Jenkins pálido ni nada…

- Lo ha puesto fino…

- Menuda manera de coronarse. Será gili.

- Mira que ir por ahí con esos datos en papel… Yo habría hecho un grupo de WhatsApp y a rodar.

- Qué pocas luces…

- Le han caído dos meses de tareas de limpieza.

- Puf, poco ha sido.

- Que dé gracias de que solamente le hayan abofeteado.

- Yo pensaba que Phasma le reventaba la nariz, pero Hux la ha parado.

- Ya... A veces el zanahorio hace bien las cosas.

- Phasma es la jefa de patrullas, y además el asunto le concernía a ella. Tiene todo el derecho a reventar todas las narices que quiera.

- Lo que no sé es por qué se enfada tanto. Si es que todos los años es igual, acaba repartiendo tortas como panes.

- Ya, ¿pero a ti te gustaría que apostaran sobre eso? A mí no.

- A mí me llegan a hacer eso y les meto fuego al coche.

- ¡Halaaa, ya salió la pirómana otra vez! Tía, a ver si te lo haces mirar, ¿eh?

- ¡Vete a la mierda!

El empujón que le dio la aludida al chico que se había dirigido a ella rompió la conversación en un coro de risas. El grupo de cuervos estaba sentado en la moqueta negra del amplísimo hall, junto a la parte de recepción. Había bastante jaleo por ser la hora del recreo y, en muchos grupos como ése, hoy la comidilla era la detención de Jenkins por parte de la jefa de patrullas de pasillo.

Al parecer, a Jenkins le habían interceptado un papel en el que se detallaban las apuestas en torno al siguiente tema: la cantidad de chicos a los que Phasma golpearía este catorce de febrero, que estaba ya a la vuelta de la esquina. Cada año, a pesar de su carácter distante y apático, siempre había unos pocos desgraciados que osaban cometer la desfachatez de…

… de mandarle cartas de amor por San Valentín.

Phasma era considerada una especie de valkiria destroyer por allí, no exenta de un cierto encanto (para todos aquellos y aquellas que consideraban objetivamente atractiva a la altísima y pálida chica de cabello rubio platino, ojos azul claro y físico de deportista) y por ello ostentaba con tanta dignidad su título de Diosa del Hielo y Jefa de Patrullas de Pasillo de la Academia Primera Orden. Era comprensible, por tanto, la poquísima gracia que le hacían aquellas mamarrachadas por parte de cuatro gilipuertas que se pensaban que le llegaban siquiera a los talones. En cuanto Phasma se enteraba de quién era la carta o si a algún desgraciado se le ocurría hablarle cara a cara, los despedía con cajas destempladas, siendo una patada en el trasero lo más suave que les hacía.

Lógicamente, estos intentos solían perpetrarlos alumnos recién llegados o de primer año, que no tenían ni idea de la "receptividad" de Phasma a los avances amorosos. Nadie en su sano juicio de noveno grado en adelante osaría piropear o pedir una cita a la Giganta que Vino del Hielo y por tanto, siempre era un espectáculo ver cómo aquellos pobres ignorantes recibían su merecido a manos de una Phasma bastante alterada. A veces les avisaban con antelación, disuadiéndoles de intentarlo. En otras ocasiones…

… lo dejaban estar y acababan teniendo motivo de burla y cachondeo para días.

Y Jenkins había cavado su propia tumba con la "fenomenal" idea de organizar una porra para ver cuántos se llevaban premio al intentar ligar con Phasma. Y, oh, ironías del destino maldito, Jenkins había pasado a engrosar esa lista de agredidos por la jefa.

Por su parte, Phasma ya había puesto el asunto en conocimiento del director Snoke, de modo que se abrieron diecisiete expedientes (uno por cada tipo que estaba apuntado en la lista de apuestas de Jenkins) y se puso en marcha un protocolo de sanción para todos. Se iniciaron interrogatorios, se sacaron a la luz nuevos nombres, las paredes retemblaron y algún que otro diente salió volando en aquellas aulas de detención. Phasma era implacable a la hora de ejecutar las normas y aquellos chicos la habían liado bien.

Vistas así las cosas, la jefa de pasillos estaba de bastante mal humor, aunque satisfecha por haber logrado imponer justicia. Habían publicado las imágenes de los culpables en las pantallas de televisión de cafetería con la sanción aplicada como pie de foto, retransmitiéndolas en bucle durante las horas de almuerzo, a modo de castigo ejemplar.

- Hay que ver, este tío no aprende – sentenció Hux con tonito nasal mientras se llenaba el vaso de agua con parsimonia – Y encima, sabiendo que su reputación pende de un hilo después de la que le armó Ren hace meses. Son una deshonra para la Academia.

- Te recuerdo que tú pusiste su nombre en la lista de invitados de la fiesta de cumpleaños de Kylo – le recordó Phasma, dándole un sorbo a su botella de agua con toda tranquilidad – Veremos a ver si Ren no te da las gracias por la confianza depositada.

Hux pestañeó muy lentamente, girándose hacia ella mientras desencajaba la mandíbula y echaba humo por la nariz.

- Te recuerdo que tú también accediste a ello.

- Te recuerdo que tú mandaste el mensaje de invitación – remachó ella sin piedad - Y tenemos a Debbie como testigo de que te dije que "mejor no lo hagas".

Debbie y Phasma intercambiaron sendas miradas cómplices de reojo y Hux explotó, alzando un dedo índice acusatorio y elevando la voz.

- ¡Culpa tuya! ¡Haberme parado los pies!

- Ah, ¿pero querías que te los parase? – y Phasma se metió el chicle de nuevo en la boca – Paso de tus movidas. Apáñatelas para cuando tengas que dar parte a Kylo.

- ¿Darme parte de qué? – dijo una voz a sus espaldas.

Los tres se giraron y se toparon con un Ren de semblante bastante cabreado y que no presagiaba nada bueno. Aquella mañana había llegado algo más tarde a clase, cosa rara en alguien tan puntilloso como él (aunque luego se pasara algunas normas por las narices para ciertos temas) y por eso Hux esperaba poder averiguar lo ocurrido en el recreo. Pero lo que captó su atención y la de las chicas fue su barbilla…

- Joder, Ren, ¿qué te ha pasado? – inquirió Debbie, alucinada, mientras Kylo tomaba asiento junto a ellos. El muchacho la fulminó con la mirada en silencio y Debbie juzgó mejor callarse.

- ¿Con quién te has pegado? – preguntó Hux, examinando muy de cerca la herida. Aquello era un acontecimiento… Nadie le ponía la mano encima a Ren desde que hace dos años, los del equipo de béisbol le dieron en el cuello con una pelota mal lanzada por error… Aquel día retumbaron truenos en el vestuario de chicos…

Ante el gesto de Armitage, Kylo se apartó como con asco.

- Quítate de encima – masculló, echando chispas - Si quieres, te mando una foto en 400 píxeles de resolución, joder.

- Estaría bien, para colgarla en la cafetería y proclamar que Kylo Ren no es invencible.

- ¡Te mataba a hostias, lo juro! – espetó Kylo de pronto, cogiéndolo de los cuellos de su camisa gris clarito - ¡Retira eso!

- Re-ti-ra-do – canturreó Hux de modo cansino, sin perder la tranquilidad – Y ahora, ¿nos vas a decir quién te ha puesto la cara hecha un cromo?

- Al menos tienes un poco más de color… - quiso bromear Debbie.

Automáticamente, Ren se levantó rápido como el salto de una cobra, agarró la bandeja de comida de la chica y la arrojó fuera de la mesa, esparciendo comida, líquido y cubiertos en un radio de cinco metros. Mientras el plástico y los cubiertos aún traqueteaban por el suelo tras la caída, se sentó de nuevo y la fulminó con la mirada, siseando con voz de ultratumba, temblorosa por la rabia contenida:

- Debbie, creo que tienes que irte de aquí, porque te has quedado sin comida.

La joven no salía de su asombro y acertó a farfullar, mientras se levantaba y se apartaba de la mesa absolutamente noqueada:

- ¡Joder, Ren! ¿Qué cojones te pasa? ¿Estás gilipollas?

- Sin insultar o lo lamentas.

Phasma intercedió, haciéndole un gesto a su amiga:

- Vete de aquí. YA.

- ¡Está loco! ¡Joder, no he hecho nada! ¡Me cago en…!

- ¡QUE TE VAYAS, MASTERSON! – bramó Kylo, y una parte de la cafetería quedó en silencio. Debbie se levantó, trastrabillando, y ya se alejaba cuando Hux alzó la voz, usando su retintín especial:

- Debbie, no olvides recoger tu estropicio.

Decenas de miradas se posaron sobre ella y la muchacha tuvo que obedecer, mientras Phasma era la única que le mostró un poco más de simpatía (si llamamos simpatía a mantener su rostro serio de siempre pero arqueando ligeramente una ceja) En silencio, recogió todo y se marchó del lugar gruñendo por lo bajo y echando humos.

- Desde luego, no te tienen respeto – comentó Hux, cruzándose de brazos – Lo has hecho bien, Kylo.

El aludido le lanzó una mirada lenta y ardiente con la que lo podría haber frito en ese instante, pero Phasma medió.

- Armie, das asco – y se giró a Ren, obviando el elegante gesto de alzada de dedo medio con que la obsequió Armitage – Kylo, ¿nos vas a decir qué ha pasado o lo dejamos?

Ren parecía algo más calmado. Apoyó los codos sobre la mesa y jugueteó con sus dedos mientras miraba a la bandeja de Phasma, sentada frente a él.

- No tiene importancia. Un imbécil quiso atracarme.

Hux elaboró un gesto de sorpresa genuina mezclado con incredulidad.

- ¿Y cómo acabó?

- Le partí el brazo y le di su merecido.

- Genial – comentó Phasma - ¿No habrá sido alguien del Republicano?

- No, era un tipo mayor, no me quedé con su cara.

Decididamente, la atmósfera se había calmado y Kylo quiso recuperar el tema original. Intuía que lo del puñetazo en su cara iba a traer cola por los pasillos y le fastidiaba reconocer que ahora mismo, no estaba preparado para gestionar aquello, para cuando llegaran los comentarios. Así que prefirió desviar la conversación.

- Y bien, ¿qué estabais comentado cuando he llegado? ¿De qué me tenéis que dar parte?

Phasma dejó su bandeja a un lado y sacó el papel de las apuestas de Jenkins.

- Échale un vistazo a esto. Te va a encantar.

Kylo leyó el papel unos segundos y al instante, cerró la mano en un puño, echando chispas.

- Hijodeputa – farfulló.

- Ya hemos tomado medidas – explicó Anya.

- Bien. ¿Y a ti qué? – dijo Kylo, echándose hacia atrás en su silla.

- ¿Qué de qué?

- Que qué te parece todo esto – explicó Kylo.

- Tú no sueles pedir opiniones – observó repentinamente Hux.

- Efectivamente, no he pedido la tuya – remachó Kylo, girándose de nuevo a Anya - ¿Y bien?

- Es inadmisible – declaró ella con voz monocorde – Las apuestas son ilegales y están tipificadas en nuestro reglamento como infracción grave.

- No se refería a eso, Anya – aclaró Hux – Creo que Kylo se refería a qué te parece tener que reventar bocas este año otra vez.

- Ah, eso… Bueno, espero que no sean tantas como el año pasado.

- ¿Cuántas fueron? ¿Siete? – y Kylo se echó hacia atrás, pasando el brazo por encima del respaldo de la silla.

- Ocho – farfulló Phasma – Y si no te importa, no me apetece retomar el tema.

Kylo enmascaró una leve sonrisa. Aquel asunto siempre le hacía gracia, pero este año le resultaba mucho más chistoso que de costumbre.

- Pues no lo entiendo – declaró Hux – En alguna ocasión hemos hablado ya de la panda de idiotas que hay aquí. Pero, fuera del insti… – y esbozó una sonrisa burlona - ¿… no hay nadie que caliente tu gélido corazón?

El proyectil le dio exactamente en el puente de la nariz, rebotando contra su plato. Hux lo cogió: el tapón de plástico de la botella de agua de Anya.

- ¡Joder, estamos susceptibles hoy! ¿eh?

- Lo que te voy a calentar yo es la cara a leches – farfulló la rubia – Te estás colando tres pueblos hoy.

Armitage resopló.

- Estáis insoportables los dos – echó una mirada de reojo a Kylo y se levantó – Me marcho. Que os den.

- Espera – saltó Ren de pronto, alzando la voz a sus espaldas, cuando él ya se giraba para coger sus cosas.

- ¿Sí? – preguntó Hux mientras cogía su bandeja de la mesa sin mirarle.

- Tenemos Consejo esta tarde. ¿Vas a ir en coche?

El pelirrojo se giró.

- Claro, como siempre. Nos vemos allí a las cinco – y se marchó a paso ligero.

Kylo le clavó la mirada en la nuca, pensando que esa tarde podría ser una buena ocasión para hacerle ese escaneo mental que había planeado. De todos modos, seguía teniendo la mosca detrás de la oreja.

- ¿Sabes si le pasa algo a Armie últimamente? – preguntó medio distraídamente.

Anya se cruzó de brazos.

- Bah, a saber. Lo mismo está cabreado porque este año tampoco se va a comer un rosco en San Valentín.

Kylo arqueó las cejas, volviendo a su plato, asintiendo. Y entones le llegó la voz mental de la muchacha:

- Es curioso, él me pregunta lo mismo de ti.


El teléfono zumbaba inquieto y Robert lo cogió con su habitual parsimonia. Él no se aceleraba por nada ni por nadie.

- Diga.

- Señor Snoke, hemos recibido sus llamadas. Lamentamos no haber podido responderle lo antes posible.

Robert resopló. Por supuesto, tendrían que pensar una respuesta antes de responder. Se habían tomado su tiempo para elaborarla.

- ¿Cuál es el motivo de su llamada?

Snoke inspiró hondo, al borde de la exasperación:

- Voy a ser breve: el seguimiento ha salido mal. Les dije que esto pasaría. Imagino que su hombre se habrá comunicado ya con ustedes. Ya me encargué yo de decirle unas cuantas cosas aquella noche.

Hubo un silencio al otro lado de la línea.

- Efectivamente, estamos informados. Lamentamos este error.

- Escúchenme bien: si esto va a hacerse, no quiero tener que vérmelas con aficionados. De todos modos, yo también estoy haciendo progresos por mi cuenta. Estoy sobre la pista de algo.

- ¿Podría facilitarnos algo de información? Así podríamos obrar en consecuencia.

- Ni hablar. Aquí la ventaja la llevo yo. O eso, o rompemos tratos desde ya. Comuníqueselo a su jefe.

- Sabe bien usted que el contrato…

- Me da igual. La situación ha cambiado gracias a la nueva información de que dispone su jefe desde la vez en que nos reunimos. Considérese afortunado de que yo haya querido seguir con esto adelante.

Suspiraron al otro lado de la línea.

- Muy bien. ¿Qué propone que hagamos entonces?

Snoke inspiró hondo y vocalizó como si le estuviera hablando a un niño pequeño:

- O utilizan a un personal algo más cualificado, o ya se pueden olvidar de nuestra colaboración. Dígale a su jefe que aquí no cometemos errores – y añade, con desprecio en la voz - Le tenía en mayor estima.

Al otro lado hubo otro silencio y un suspiro.

- Lo lamentamos, señor Snoke. Le prometemos que le haremos llegar esta información.


- ¿Piensas pagarme con galletas y pasteles siempre a partir de ahora?

- ¿No le vale, profesor?

Luke terminó de mascar su tercera galleta de mantequilla y sorbió un poco de té.

- Ni siquiera me deja que le pague – argumentó Rey, que se sentaba a su lado en la hierba - A pesar de las veces que la he liado, usted sigue dejándome venir aquí para aprender. ¡Y encima, me está explicando Física! Si se lo contara a alguien del Republicano, alucinarían…

- Y por eso, no le estás diciendo nada a nadie, jovencita – concluyó Luke con retintín.

Rey sonrió, aceptando con resignación aquel enésimo secreto que guardaba. Desde luego, aquel curso académico estaba siendo bastante intenso. Le estaban sucediendo tantas cosas y tenía tantas que ocultar…

Y el profesor Skywalker, tras aquella fatídica noche en el pozo y la reveladora conversación que habían tenido, había consentido en volverla a recibir. Había decidido confiar en ella.

A Rey aún le costaba asimilarlo. Estaba segurísima de que sabía a dónde había viajado ella. ¿Le habría dejado ir a sabiendas de lo que iba a encontrar? ¿Le habría dejado voluntariamente tener aquella experiencia ultraterrenal para que ella experimentase por sí misma?

Bueno, aquello casaba bien con los métodos de Skywalker. Él era más de mostrar que de explicar, más de indicar que de detallar. Prueba de ello eran los raspones que se había hecho en algunas de sus clases prácticas, cuando la había enfrentado a aquella suerte de carrera de obstáculos móviles, con muñecos de madera y cartón que debía sortear entre las trochas del monte… Como profesor, Skywalker era una mezcla perfecta entre un experto troleador y un sabio consejero, y la frontera entre ambos a veces estaba muy desdibujada. O si no, ¿cómo se podía digerir que la obligase a hacer el pino durante un rato mientras recitaba mantras de respiración para meditar después?

Y aún así, daba gracias por aquello. Porque Luke era la única persona a la que podía agarrarse en aquel momento, su única conexión con el mundo sobrenatural. Porque lo de Kylo… bueno, aquello era mucho más intermitente, mucho más confuso y más perturbador. Existía la promesa de un nuevo encuentro (cosa, que, dicho sea de paso, esperaba con gran e inexplicable impaciencia), pero lo que el joven cuervo le ofrecía aún no le daba suficiente confianza. Luego, claro está, se encontraba el contradictorio hecho de que, a pesar de que sus sentidos gritaban "peligro", en las inmediaciones de Ren sentía una inexplicable fascinación, por sus palabras, su aura, la intensidad de su mirada…

Eso era otro tema.

Con Skywalker ya había creado una rutina en sus clases y además, le ayudaba con Física. En esos momentos, Rey se daba cuenta de lo buen profesor que era y suspiraba deseando que fuese él quien le impartiese clases en el Republicano.

En esos momentos, Rey podía a veces sacar algún otro ratito de conversación, el que Luke le iba desgranando algunos detalles de su vida. Sin embargo, la chica hacía recuento y se percataba de que Skywalker no soltaba demasiados datos. Era muy reservado, tal vez porque los sucesos de su vida y familia estaban rodeados de un tremendo halo de peligro, secretismo y tragedia. Sí que era cierto que a veces había podido sacarle algún recuerdo sobre su vida con el pequeño Kylo, al que cada vez le costaba menos imaginarse como un niño pequeño, demasiado delgado y larguirucho para su edad, serio como un ajo y con aquel lustroso cabello oscuro, inclinando su cabecita atenta sobre sus ejercicios de matemáticas o sobre algún mecano.

Había tanta melancolía, tanto dolor en aquellas pequeñas confesiones, que Rey sinceramente deseaba que algún día se pudiera arreglar todo aquel asunto. Pero todo era demasiado complicado: el propio Kylo había renegado de su familia y Luke a su vez había renegado de su hermana, absteniéndose de mirarla siquiera a la cara por la vergüenza de no haber logrado rescatar a su sobrino de las garras de Snoke. Y una furia inmensa se iba reconcentrando en su corazón, dirigida a aquel sujeto que tanto daño había hecho a la familia Solo-Organa, aquel señor que había acechado a Ben desde pequeño y que había creado una fractura irreparable en aquel niño, ayudando a hacer de él una máscara oscura que se llamaba Kylo Ren. Y cada vez sentía mayores deseos de conocerle, de verle frente a frente, y poder enfadarse a gusto con aquel rostro deforme que tantas vidas había destrozado. Porque no había derecho. Porque, por mucho que Kylo alegase que había sido su decisión, Snoke le había tenido que influir de algún modo, sólo los cielos sabían cómo.

El problema de todas estas conversaciones en las que ella averiguaba algún detalle más eran bidireccionales: Luke también era agudo para preguntar.

- ¿Has tenido algún encuentro más con él? – le preguntó de repente, mientras ella revisaba uno de sus ejercicios de Física.

Rey detuvo bruscamente el boli sobre el papel, provocando un pequeño rayajo de tinta roja sobre la cuadrícula, mientras tragaba saliva y buscaba una explicación convincente, incapaz de levantar la vista del papel.

- Sí, le he visto un par de veces.

- Hagamos distinciones – remachó Luke, incisivo - ¿Cuántos encuentros en el mundo real y cuántos enlaces psíquicos?

Rey casi bizqueó, incapaz de enfrentar la mirada del profesor. Ah, ¿pero no se llamaban Skype astrales? Bueno, quizás lo de "enlace" le iba mejor.

- Pues… - pensó frenéticamente – Me lo encontré en un concierto y en la calle cuando iba con su moto.

- ¿Tiene una moto? – le sorprendió el comentario de Luke.

- Sí, una muy grande y rápida…

- Igual que su padre – masculló el profesor entre dientes.

- ¿Perdone?

- Nada, nada… Es que, si Han le viera, no sé qué pensaría. Hay mucho de su padre en él, y creo que aún no lo ha perdido.

- ¿Por qué? – Rey ladeó la cabeza, repentinamente interesada. Han era el personaje del que menos datos tenía, pero le resultaba sumamente fascinante saber más del hombre cuya sangre llevaba Kylo.

- Han era un alucinado de la velocidad – y al oírle hablar, por la mente de Rey planeó la frase "de tal palo…" – Se hizo el túnel de Kessel en menos de catorce… bueno, no… doce segundos.

Rey se sorprendió de verle contener una risita nasal que no dejaba de tener algo de melancólico en ella. Sonaba a anécdota privada, alguna historia muy vieja… Conocía el túnel de Kessel, una pesadilla para los agentes de policía, dada la ingente cantidad de chalados que decidían echar carreras ilegales por las noches allí. Así que el señor Solo había sido otro alucinado de ésos… Qué poco le pegaba un padre así a Kylo…

- ¿Cuándo se conocieron usted y el señor Solo exactamente? – preguntó la chica - ¿Cuando llegó usted al Republicano o después?

- No me cambies de tema, muchacha. No me has terminado de responder – y Rey tragó saliva de nuevo - ¿Cuántos enlaces psíquicos?

- Pues… Sólo uno, pero fue muy corto.

Luke la asaeteó con sus ojos azulados.

- De verdad, señor.

- Que no me llames señor. ¿Cuántas veces te lo tengo que decir?

- Lo siento, seee… profesor.

- Y bien, ¿sigues adelante con ese plan que tuviste?

- Sí, profesor. Intento hablar con él, pero es muy escurridizo.

Skywalker puso los ojos en blanco.

- Por qué no me extraña… - volvió a mirar a Rey muy fijamente – Escúchame bien, vuelvo a repetirte lo de la otra vez: no corras riesgos innecesarios.

Rey negó vehementemente con la cabeza, haciendo que sus moños temblasen un poquito por el movimiento.

- No se preocupe, profesor, estoy siendo cuidadosa.

Le vinieron a la mente ciertas escenas en la que prácticamente ella había acabado gritándole a Kylo un montón de tonterías…

Vale, ésas no contaban.

- Se lo prometo, señor, pronto haré avances.

Hubo un silencio, en el que el rostro de Luke pareció algo contrito.

- Me sabe mal que vengas y me digas algo así. Escucha, no te lo tomes como un juego: Ben puede ser muy retorcido y Snoke es un demonio. No te enredes jamás con el director.

- Creo que ni sabe que existo, así que sin problema.

Rey sonrió y volvió a su cuaderno, mientras Skywalker la miraba con un deje de angustia.

- Eso sí que es una suerte, niña. Que Snoke no sepa de tu existencia.


- Nuestros espías han oído conversaciones en las que hablan de drones.

- ¿Otra vez? Joder, qué poco originales.

- Hablan de decenas, Kylo. Creo que esto no va a ser como lo de la pintura negra. Deberíamos armar nosotros algo antes que ellos. No quiero que se nos meen encima sin avisar.

- Su respuesta será aún peor.

- Que lo sea. Contraatacaremos con algo más gordo aún. Y tenemos los campeonatos de primavera. Sabes que ahí siempre tenemos oportunidad de liarla.

- Está bien. ¿Tenéis alguna idea?

- Estamos trabajando en algunas propuestas – aseguró Armitage.

- Que sean buenas. Algo contundente, vaya a ser que los pringados modifiquen su estrategia con los drones y hagan algo más grande.

- ¿He entendido mal o estás algo asustado por lo que puedan hacer?

Kylo dio gracias de que Armie estuviese al otro lado de la línea telefónica. Había palidecido más que de costumbre.

- No es eso, idiota. Sólo quiero asegurarme de que les hacemos tanta pupa de primeras, que se les quiten las ganas de usar los drones. ¿Y si se los inutilizámos de algún modo?

- ¿Te refieres a esperarnos al momento del ataque? Creo que es jugársela mucho.

- Pensad en algo y estad alerta.

- Lo consultaré con Phasma. Está pensando en colocar vigilancia nocturna. ¿Crees que podría hacerse?

Demonios, Armie sí que había llegado lejos esta vez.

- ¿Nocturna? Nunca habíamos hablado de esa posibilidad.

- Piénsalo. Los terrenos serían nuestros.

- ¿Y las alarmas?

- No quiero entrar a un edificio, Kylo. Quiero vigilarlo desde fuera.

Por fin, los engranajes de Kylo empezaron a girar al mismo ritmo que los de Armitage.

- Entiendo… Podría ser. Deja que hable con el director y los de la empresa de seguridad. Porque, si no me equivoco, hablamos de nuestras cámaras, ¿no?

- Efectivamente. Creía que habías perdido habilidades, pero sigues tan fresco como siempre.

- Ni se te ocurra volver a insinuar que estoy perdiendo facultades.

- Oh, claro que no, todopoderoso Líder Supremo Ren.

- Te arrancaba las patillas a guantazos si te tuviera delante.

- Ya. ¿Y luego quién te solucionaría la papeleta? Piénsalo, Kylo. Phasma es buena para repartir leches, pero el estratega soy yo.

Kylo bufó al otro lado de la línea.

- Está bien. Nos vemos mañana con toda la información que puedas traerme.

- OK.

Ambos colgaron y Kylo se echó hacia atrás en su silla de escritorio, suspirando. Revolvió distraídamente sus cuadernos y carpetas diseminados por la mesa, mientras su mente daba vueltas.

Empezaba a sentir que aquella guerra contra los republicanos se había enquistado, entrando en un bucle eterno. ¿Quién iba ganando y quién perdiendo? ¿Quién asentaría algún día el golpe definitivo? No cabía duda de que las jugadas de los cuervos siempre iban algo más allá, siempre tenían consecuencias peores. Los republicanos sabían ser imaginativos, pero no solían hacer sangre. (No mucha.) Y al contrario, ellos habían hecho que algunos perdedores fueran hospitalizados en algunos de sus altercados.

De pronto, empezaba a estar cansado de manejar todo aquello. Con todo lo que tenía en la cabeza, apenas tenía tiempo libre para hacer deberes, y sus notas eran algo muy importante para él, ya que tenía esperanzas de poder acceder a una carrera universitaria por sus propios méritos y no por ser hijo adoptivo de nadie, como bien le había anunciado Robert que iba a hacer. Había algo de orgullo propio mezclado ahí, un ansia de destacar por sí mismo, de probarse que podía estudiar lo que le viniese en gana, sin tener que usar a su padrino como patrocinador.

También estaba liado con las clases de rumano, ya que Robert seguía insistiendo en que aprendiese el idioma tanto como pudiese, por si acaso volvían a contactar con Ionescu. Aunque desde la reunión con Maul, todo estaba tan tranquilo, que Kylo tenía escasas esperanzas de que el asunto avanzara con nadie que no fuera aquel intermediario que se había buscado el CEO rumano.

Por otra parte, estaba el propio tema de Maul. En los últimos días, estaba accediendo, aunque le pesase, a sus recuerdos de cuando vivía con "ellos", de cuando "él" estaba vivo. Luchaba por recordar todo lo que pudiese, cualquier detalle que le hubieran contado acerca de la historia de Maul, de cuando se enfrentó a aquellos dos señores llamados Kenobi y Jin, pero no sacaba nada en claro. Llevaba demasiados años esforzándose por enterrar todo aquello bajo capas y capas de acritud. Por eso, ahora que necesitaba desesperadamente aquellos recuerdos, no sabía a quién acudir.

Y entonces le vino Rey a la mente.

Ella, ahora mismo, tenía conexión directa con su odioso profesor. Cuando quisiera, podría enterarse de aquella historia, a poco que le pidiera a Skywalker que se la explicara.

¿Y si le pedía como favor a Rey que interrogase a Skywalker? Lo malo era que aquel tipo sospechase que esas respuestas no eran precisamente para ella… Además de que estaba al corriente de sus Skype astrales.

No. Aquello significaría utilizarla.

Y había algo muy desagradable en aquel pensamiento.

No, eso no iba a hacerlo. No a ella.

Además, tenía un extraño presentimiento. De algún modo, no quería implicarla en aquella historia. Cuanto menos supiera de Maul, mejor.

Fue entonces cuando se le ocurrió algo.

¿Y si aquel espía había estado siguiéndole en las ocasiones en que él había interactuado con Rey?

El pecho se le revolvió de modo MUY desagradable al imaginarse la idea. Maldita sea ¿cómo no se le había ocurrido antes?

Pero, es que era tan fácil olvidarse de todo cuando estaba con ella…

Pues a partir de ahora debería andarse con cuidado en sus inmediaciones. Ser el triple de cuidadoso.

Odiaba sentirse así, acorralado, constantemente en vigilancia. No estaba acostumbrado a ser la presa, sino el depredador. No había cosa que le cabreara más en este mundo.

Tamborileó nerviosamente con sus dedos sobre el teclado de su portátil encendido, pensativo, perdido, como tantas otras veces, en un lugar muy concreto: aquellos ojos verdosos.

Se mesó los cabellos, desesperado. ¿Dónde estaba el Kylo Ren de siempre? ¿En qué clase de niñato remilgado se estaba convirtiendo? ¿Desde cuándo tenía reparos en usar a la gente? El Kylo de hace unos meses no habría dudado en hasta chantajear a Rey para que ella le ofreciese respuestas sobre Darek Maul. Y de hecho, una parte de su mente aún seguía acariciando la posibilidad. Podría negociar con ella una especie de pacto de no-agresión por parte de los cuervos si ella prometía traerle datos. Ambos ganarían. Sería fácil pedírselo, como lo de aquel día en que él le prometió que Phasma se retiraría del juicio de Rose y ella acordó no volver a sacar las grabaciones a la luz…

Parecía fácil.

Demasiado fácil.

Pero no. No podía soñar.

¿Y Armie y Anya? ¿Y el resto de la Primera Orden? ¿Cómo se las apañaba? ¿Les cortaba la diversión de sus escaramuzas contra los pringados así por las buenas? ¿Con qué justificación? La recompensa ni siquiera era para la Academia, sino que respondía a un deseo suyo personal, uno que más bien quería mantener bajo cuerda. Joder, menudo embrollo.

Y entonces, por fin, dio con algo que podría intercambiar con Rey. Sería un intercambio justo y así no empañaría las ansias de venganza de los suyos.

Considerando recurrir a otro hacker que no fuese DJ, se irguió en su asiento y comenzó a hacer búsquedas en su ordenador a ritmo frenético. Aquel nuevo plan le iba a llevar un tiempo. Pero debía ser rápido, antes de que volviera a salirle otro espía por otra esquina. Se mesó la herida de la barbilla, sintiendo el pinchazo de dolor como una herida de guerra que le recordaría que los errores se pagan caros.

Kylo Ren siempre se adelanta al próximo movimiento del enemigo.

Kylo Ren siempre ríe el último.


(*) Sloane y Motti son nombres de oficiales de la flota imperial súper conocidos en el universo de Star Wars. Me resultaba bastante razonable que sus descendientes fueran alumnos y compañeros de Ren y compañía.


N.A.: Bueeeeno, otro capitulico, esta vez muy tranquilón. Pero ya avisé que estábamos en la segunda mitad del fic y los acontecimientos se van a complicar en breve. Estoy escribiendo escenas de todos los capis que me quedan ya hasta el final y me está costando hilar todo. Tengo muchas ideas claras desde el principio, pero es difícil hacer que cohesione.

Respondo a la pregunta que hacía al inicio de capítulo: ¿Por qué se llama "Mentiras"? Pues porque, no sé si os habéis dado cuenta, pero en absolutamente todas y cada una de las escenas de este capítulo, hay alguien que ha mentido a los demás, o ha descubierto un secreto o engaño.


Avances para el próximo capítulo: San Valentín llega y se va en un suspiro, Kylo está bastante irritado (y no precisamente por leerle la mente a Armitage, que veremos a ver si lo logra o no), se avecina la Semana Loca en el insti, Rey ve cosas raras por la calle y se preparan los campeonatos de primavera. Estos chicos no se aburren, ¿eh?