CAPÍTULO 28
—¡No, no, no!, —Isabella se acercó hasta el sofá en el que estaba recostado Edward y le quitó la lata de cerveza que se disponía a abrir ante la mirada furiosa de él. Jasper y Alice que se encontraban de visita rieron ante la actitud de Bella. —¿Quién ha sido? Sabéis que no puede beber nada de alcohol, ¿Charlie…?
—¡Oh, vamos Bella!, Charlie solamente ha hecho lo que yo le he pedido. Me tienes a base de verdura, agua y zumo. Una cerveza bien fría no me va a hacer mal. —Se justificó Edward.
—Edward tiene razón, Bella. —Lo apoyó Charlie—. Tan sólo iba a darle un trago, ¿Qué hay de malo en eso?
—¿Qué hay de malo? Lo tiene prohibido por los médicos. Seguro que a tu amigo Carlisle no le hace nada de gracia saber que estás secundando las malas ideas de su sobrino.
Hacia dos días que le habían dado de alta a Edward tras pasar casi dos semanas en el hospital. La intervención había sido un éxito. Poco a poco, Edward fue abandonando la debilidad provocada por la hemorragia y recuperándose. Aún continuaba vendado, pues las fracturas de las costillas tardarían en curar. Había podido abandonar el hospital con la condición de mantener reposo casi absoluto en casa. No podía trabajar, ni hacer esfuerzo. Técnicamente debería estar del sofá a la cama y viceversa. Usando como excusa que se moriría de aburrimiento, consiguió convencer a Charlie e Isabella para que le permitieran trabajar con el ordenador y encargarse de labores de oficina atrasadas.
Bella se había autoproclamado enfermera jefa, acompañada por Emily y Esme. Entre las tres, se encargaban de que Edward estuviera atendido. Esos cuidados, en algunas ocasiones, llegaban a agobiarlo. Siempre se consideró un hombre independiente y ver como tenía que ser ayudado para las tareas más cotidianas como ponerse los zapatos, peinarse o ducharse le frustraba. Aunque esto último tenía su lado bueno.
Isabella era la encarga de ayudarlo en esa última tarea y siempre se las ingeniaba para que al final, ella también terminara en la ducha; con ropa o sin ella. Por su estado, aún no habían vuelto a mantener relaciones sexuales plenas, pero se las ingeniaban para terminar devorándose a besos en la cama o en el sofá.
—Si vas a ser mi enfermera deberías ponerte uno de esos uniformes blancos, cortitos y sexis. Seguro que sería más obediente y me recuperaría antes. —Sugirió en una de esas ocasiones, en las que tras una sesión de besos y caricias no tan inocentes que habían provocado una dolorosa erección en Edward.
—¡Uhmm!, Estoy segura de que Emily y tu tía estarán muy favorecidas con ello. —Se río ella.
—¡Joder, Bella! Si intentabas que mi amiguito —Señaló con los ojos a su miembro—, Volviera a su estado de reposo lo has conseguido, nena. Me va a costar borrar esa imagen de mi cabeza. No sé si podré volver a mirarlas a la cara.
Desde su llegada al rancho, las visitas se habían sucedido. Los primeros en ir a saludarlo fueron Seth y Sam, que se estaban encargando de las tareas de Edward como capataz. El resto de los trabajadores fueron llegando en sus ratos libres. Incluso James Witherlade llamaba asiduamente tras enterarse de lo ocurrido. Había intentado hablar con Edward por teléfono móvil durante su estancia en el hospital y al no lograrlo se comunicó con el rancho. Cuando al fin pudo hablar con él, se preocupó por el que en un tiempo había sido su mejor amigo y desde entonces llamaba casi a diario para hablar con Edward.
Emmet junto a Rosalie, también se habían acercado el día anterior. Su primo, les comunicó los avances de la investigación.
—Esta misma mañana hemos estado revisando algunos terrenos de la propiedad Voulturi. Cuando fuimos a hablar con él, Aro se mostró sorprendido ante lo que había ocurrido. Nos dio permiso para registrar los terrenos en busca de alguna huella o indicio que confirmara que tu agresor pudiera haber huido por allí, pero tuvimos que esperar a tener la orden de registro y la documentación pertinente.
—¿En serio?, ¿No puso ninguna objeción? —Preguntó Edward sorprendido.
—No, Increíble, ¿Verdad? Lo mejor es que parecía sincero. Además, nos autorizó a hablar con sus trabajadores, incluso con sus hijos cuando volvieran de viaje.
—¿Alec y Jane están fuera de la ciudad? —Sabiendo eso, Isabella pudo entender como la hija de Voulturi no había hecho acto de presencia en el hospital para ver a Edward. Durante todo su ingreso estuvo esperando que Jane abriera la puerta de la habitación y les "alegrara" con su presencia.
—Por lo visto han ido a visitar a unos amigos a San Francisco. —Les respondió Emmet—. En estos días continuaremos revisando la propiedad, es mucho terreno para comprobar y tampoco es que nos sobren efectivos.
Jasper, que había estado fuera visitando a Alice, llegó esa misma mañana acompañado por ella y en cuanto se enteraron se presentaron allí. Y allí se encontraban los cinco: Jasper, Alice, Charlie que había pasado a traer la cena mandado por Emily y ellos dos.
—No creo que pase nada por una cerveza, Bella. —Intentó mediar Jasper—, Que se tome las pastillas más tarde y listo.
—Tú también no, Jasper. —Bella le entregó la lata de cerveza a Charlie—. Ahora te traigo un refresco, Edward.
Edward rodó los ojos sabiendo que no había nada que hacer ante la cabezonería de ella.
—¡Me encanta veros así! —Exclamó Alice entusiasmada al verlos interactuar.
—Así, ¿Cómo? ¿Sometido ante una dura enfermera que quiere matarme de hambre negándome los mayores placeres de la vida? —Respondió mordaz. Bella se aclaró la garganta al sentirse aludida y él le dedicó una amplia sonrisa para hacerle saber que bromeaba.
—¡No, idiota! Enamorados, cuidando el uno de otro y discutiendo por pequeñas tonterías como cualquier pareja normal. Creí que nunca te volvería a ver feliz, —Dijo Alice—, Y saber que has encontrado a alguien como Bella, me lo hace sentir a mí.
—Gracias, Alice. —Respondió él.
—Bueno…, eso y saber que una vez más no me he vuelto a equivocar. Lo vi claro el día que nos acompañó al pub y acerté.
—Cariño, a veces, que aciertes en todo lo que dices llega a asustarme. —Bromeó Jasper.
—Pero igual me quieres. —Alice se acercó a él y lo besó.
—Yo os dejo, —Charlie se levantó del sillón donde había disfrutado de la cerveza que le había sido retirada a Edward. —Emily estará esperando para cenar, y ya sabéis como es.
—¡Hey, Charlie!, ¿Por qué no te quedas a cenar junto a estos dos?, —Señaló a sus amigos—. Podemos llamar a Emily y decirle que venga ella también. Estoy seguro de que aceptará.
—Yo… no...
—¡No se hable más!, —Exclamó Edward— ¡Te quedas!
—¡Voy a por Emily a la casa grande!, —Dijo Bella— Así la convenzo en persona mejor que por teléfono.
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Emily llegó junto con Bella minutos después cargada con numerosas cazuelas y bandejas.
—¡Menos mal que soy de mano generosa en la cocina!, ¡Para que luego os quejéis de que hago mucha cantidad! —La mujer entró parloteando y se dirigió a soltar los platos que traía preparados.
—¿Cómo te encuentras, hijo? —Se dirigió hacia Edward para besarle.
—Bien, Emily. Bella me está matando de hambre, pero por lo demás bien.
—¡Eh!, ¡Serás embustero!, —Rebatió la chica—. Para tu información, solamente sigo instrucciones de tus doctores. Emily tiene una lista de todo lo que puedes comer y lo que no. Yo traigo lo que ella prepara.
—¡Y lo va a seguir haciendo hasta que estés completamente recuperado! Así que hasta que te den el alta nosotros seguiremos encargándonos de que cumplas todas las órdenes. ¿Y ahora a cenar que esto se enfría!
Haciendo caso a Emily, tomaron asiento alrededor de la mesa. Edward, con más dificultad, tuvo que acomodar un par de cojines para evitar tener que cenar recostado en el sofá y alejado de sus amigos.
Alice aprovechó para ponerles al día de los avances de su boda. A dos meses de finalizar el curso, el enlace era inminente. Jasper y ella decidieron fijar la fecha inmediatamente después de que ella se graduara en la universidad. Serían unos meses de mucho estrés entre trabajos, exámenes y preparativos, pero valdría la pena. Llevaban demasiado tiempo soportando la distancia y estaban deseosos de empezar a disfrutar de su vida juntos.
—No sé cómo voy a hacerlo, la verdad, —Se lamentó Alice—. Aunque sea una boda sencilla no pensé que requiriera tanto tiempo de dedicación. Son tantos detalles…
—Te dije que si querías podríamos contratar a un organizador, pero sigues negándote a ello. —Jasper estaba seguro de que esa sería la solución perfecta.
—¡No quiero que un extraño se encargue de organizar el día más importante de nuestras vidas, Jasper! Lo que yo necesito es a alguien, que además de Rosalie, sea mis manos y mis ojos aquí y tengo delante de mí a la persona indicada. —Una pícara sonrisa se dibujó en el rostro de la muchacha—. ¿Serás mi nueva dama de honor y ayudante, Bella?
La petición pilló de sorpresa a Isabella, apreciaba mucho a Alice e incluso no teniendo un contacto diario con ella, ya la consideraba amiga, pero aun así no se lo esperó.
—Esto, Alice… yo…
—No se vale una negativa. Sé que Rosalie y tú no sois precisamente íntimas, pero... ¿Lo harías por mí, por favor? —El tono suplicante junto a la mirada que le dedicó impidió que pudiera decirle que no.
—Claro que sí, Alice. Cuenta conmigo. —Aceptó.
—¡Muchas gracias, Bella!, ¡Eres la mejor! —Agradeció Alice aplaudiendo como si fuera una niña pequeña que acababa de recibir un regalo.
Tras la cena, Jasper y Alice se marcharon alegando que era hora de dejar descansar al enfermo. Edward gruñó ante esa referencia, pues odiaba que lo llamaran así y que tomaran decisiones sin tenerle en cuenta. Él sabía mejor que nadie si estaba cansado o no, pero estaba claro que no le escuchaban.
Charlie y Emily hicieron lo mismo, no sin antes recordarle a Isabella que mañana deberían estar preparados para recibir la nueva partida de vacunas para los animales.
—No te preocupes, Charlie. Voy a ayudarle a cambiarse y volveré a la casa. —Aseguró Bella al tiempo que los acompañaba a la puerta.
—¡Ay, niña!, ¡No creo que Edward te deje hacer eso! —Interrumpió Emily poniendo en palabras los mismos pensamientos de Charlie y añadió en tono sugerente—, ¡Ese no te dejará escapar esta noche!
—¡Emily, por favor! —La regañó Swan intentando no pensar en lo que podría llegar a pasar entre su hija y Cullen esa noche. Por mucho que lo supiera no quería tener esas imágenes en su cabeza.
El padre miró a la hija que estaba igual de sonrojada que él.
—¡Hay que ver que mojigatos que sois los dos! ¡Cómo si una buena alegría para el cuerpo no fuera un buen remedio para quitar todos los males! —Bromeó Emily.
—¡Y tú que desvergonzada te estás volviendo, mujer! ¡Vayámonos antes de que te pongas a darles clases de posturitas!
Isabella cerró la puerta cuando ambos se fueron y se dirigió al dormitorio dónde Edward la esperaba sentado al borde de la cama.
—¿Ya estamos solos?, —Preguntó sosteniéndola por la cintura y acercándola suavemente a él. Su vientre quedó a la altura de sus labios y levantando ligeramente su camiseta, empezó a depositar húmedos besos en su piel descubierta.
—Sí. ¡Uhmm!, ¡Edward!, —Gimió ella mientras lo acariciaba por detrás de las orejas—. No deberías empezar algo que sabes que no vas a poder terminar.
—Podemos probar. —Sugirió el introduciendo sus dedos por debajo del pantalón de ella y acariciando su sexo—. Si eres tú la que lleva el mando….
—Tú no te estarás quieto. —Bella, apenada, retiró la mano que le estaba prodigando deliciosas caricias—. No es buena idea. —Besó los dedos que segundos atrás habían estado en su interior—. Podrías hacerte daño y eso es lo último que quiero. Seguiremos en periodo de sequía hasta que te den el alta.
—¡Aguafiestas! —Gruñó un frustrado Edward.
—Ahora te desvestiré, te ayudaré a ponerte el pijama y me iré a mi camita. —Bella comenzó a quitarle la camiseta.
—Vas a provocar que mis partes nobles se vuelvan azules. Tú me provocas quitándome la ropa y después no me dejas que solucionemos el problema.
—Pues deja de buscar el lado morboso de la situación.
—Y en cuanto a lo de dormir en tú camita…, haré como que no he escuchado nada. Ésta, —Dijo señalando la cama tras de ellos—, Es nuestra camita, y aquí dormirás esta noche.
—Edward….
—Necesito tenerte a mi lado, Bella. Te quiero. Y quiero poder dormir abrazado a ti. —Ante esa última frase todas sus excusas perdieron validez.
Una vez cambiados, se tumbaron en la cama y sin ninguna pretensión sexual, abrazados, se perdieron en los brazos de Morfeo.
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A la mañana siguiente, Isabella se levantó temprano para preparar el desayuno. Tenía que irse pronto para ducharse y prepararse para recibir las vacunas que iban a llegar, pero primero, quería disfrutar de con Edward de algo tan sencillo como café, zumo y un par de tostadas.
Estaba terminando de eañadir el zumo de naranja a la bandeja, cuando unos golpes hiceron que jarra en mano, fuera a ver quién era.
Abrió la puerta y ante ella encontró a una mujer alta y delgada, con el pelo color miel recogido en una elegante trenza. Ataviada con unos pantalones ajustados blancos, una camisa ligera de color verde y unas enormes sandalias de tacón, despuntaba con el paisaje que la rodeaba. Su rostro quedaba oculto tras unas enormes y modernas gafas de sol.
—¡Hola!, ¿Puedo ver a Edward?. —Preguntó la extraña esbonzando una sonrisa sacada de un anuncio de dentífrico.
—Lo siento, pero Edward ahora mismo no puede recibir visitas. ¿Quién dices que eres?. —Preguntó extrañada Isabella ante la actitud altiva de la mujer.
—¡Oh, querida!, —Dijo retirándose las gafas de sol y fulminandola con sus dos ojos azules—. A mí, tiene que recibirme. Soy Tania Cullen. Su esposa.
La jarra de zumo de naranja cayó a los pies de Isabella haciéndose añicos como su corazón.
¡Y la señora Cullen entra en acción! ¡Menuda sorpresa se ha llevado Bella al abrir la puerta!
¿Qué creéis que pasará ahora?, ¿Cómo reaccionará Edward al ver a Tania?
¿Cómo enfrentará a Bella?
El próximo capítulo se presenta movidito.
Estoy deseando saber que os ha parecido este y como creéis que se desarrollarán las cosas ahora que Tania ha vuelto.
Muchas gracias por los favs, follows, y reviews
Estoy deseando leer vuestros comentarios.
Nos leemos el próximo viernes
Saludos.
