Capítulo 28
Algunas heridas sanan al instante
-¿Quién es la abuela Saki, Chiaki?- Saeki giró para ver a la persona sentada a su derecha con la mirada perdida.
-Es mi abuela paterna. Me crió desde que era una niña y fue la que me enseñó todo lo que sé sobre el amo Ozuno, su poder y ustedes. Es la descendiente 53 de nuestro ancestro y prácticamente mi tutora. Tu no la pudiste conocer por que estabas en el hospital los días después de que derrotamos a Zaou Gongen- la miko lanzó un suspiro recordando las aventuras que vivió en su pueblo natal junto con su familia, las veces que se aburría aprendiendo las lecciones que su abuela les mandaba a leer y en las ocasiones que tuvo que usar sus poderes para buscar dinero.
-Entonces debe de saber un método para quitarnos de encima esa nube oscura-
-Iremos hasta Shikigami-sho entonces. Inugami te voy a pedir que te quedes aquí junto a Sago para que vigilen ese monstruo y avísame de sus movimientos. No sabemos cuál es su objetivo así que no hay que quitarle los ojos de encima- los dos hombres asintieron seriamente ante la petición de la sacerdotisa. Los demás planificaron de ir al pueblo natal de Chiaki dentro de dos días para preparar todo y partir en la mañana.
Luego de que todos se fueron, la miko se quedó junto con su amiga demon para hablar un poco sobre la nueva misión que tenían. –Chiaki, perdona que te lo diga pero, al parecer los niños te han ayudado a ganar un poco de peso-
-ehh si bueno, es que ahora tengo que cocinar más y creo que me he pasado de glotona- la miko se rascaba la mejilla e intentaba disimular su barriga un poco abultada con un cojin. Ya tenía 5 meses de embarazo y ahora usaba mucha ropa holgada para ocultar su estado, pero sabía que ya era hora de que los demás supieran el pequeño regalo que llevaba consigo.
-jajaja tranquila, debe ser muy lindo tener niños. A pesar de que no sean tuyos biológicamente, son parte de ti ahora porque prácticamente eres su madre adoptiva. Espero que en un futuro yo pueda tener los míos- la chica decía su sueño con los ojos cerrados imaginando como se vería en ese nuevo rol de mujer.
-¿Qué? ¿Con Vasara?- la sacerdotisa no paraba de reír al notar la cara roja de su amiga. Ella comenzó a pegarle con el cojín en reclamo del comentario bochornoso, jamás sería capaz de pedirle eso a su maestro, ya una vez lo hizo y por eso, una serie de catástrofes la llevaron a su encierro en el pasado.
-A pesar de que te gustara mucho, yo prefiero dejar las cosas como están y buscar mi pareja en otro lado. Mi maestro es una persona muy orgullosa y le encanta estar solo, por eso yo no puedo exigirle en tomarme como su pareja. Ya sé cuál es su opinión y deseo respetársela-
-Te entiendo, debe ser muy difícil llevar un amor no correspondido pero te lo aseguro que algún día, encontraras a la persona que te quiera de verdad y te dé la familia que tanto deseas- Chiaki tomó sus manos en señal de apoyo al ver la mirada triste de su amiga. Si es cierto de que esperaba que el tiempo y la cercanía entre ellos lograra abrirle el corazón a Vasara, no pudo guardar más las esperanzas de que su plan surtiera efecto y por ende, la joven demon debía cerrar ese capítulo y entregarle su corazón a otra persona.
Ya era un poco más del mediodía cuando la miko entró en el cuarto de su compañero, tras la última batalla, resultó gravemente herido y debía guardar reposo para sus heridas. Otras de las urgencias de destruir al monstruo que enfrentaban, era que las lesiones que provocaba no podía curarse rápidamente en ellos, por lo tanto, se acumularon en el cuerpo del guerrero hasta que ese día colapsó y no pudo luchar más. -¿Cómo esta papá, Kitsu?-
-No se ha despertado todavía- la pequeña no se separaba de su progenitor desde que llegó a la casa herido y casi al borde del desmayo. Estaba muy preocupada por él y sabía que si lo cuidaba podría curarse.
Chiaki se sentó al lado de ella en la cama del pelirrojo, ella pudo ver como su pecho vendado subía y bajaba lentamente, sus brazos igual de vendados reposaban en dos almohadones y su cabeza ladeada en dirección a ellas estaba llena de pequeñas cicatrices. –No te preocupes pequeña, papá es un gran guerrero y se pondrá mejor- ella tomó a la niña en sus brazos y la sentó en sus piernas abrazándola, la chiquilla apoyó su cabeza en el pecho de la mujer sin quitarle la mirada a su padre.
-Si mamá estuviera aquí, papá no estaría tan lastimado. ¿Cuándo volverá?-
-ehh, cariño seguramente ella estará bien y pensando en ustedes. Algún día lo comprenderás- la sacerdotisa pensaba en cómo decirle que su madre estaba muerta. Hace poco intentaron decirle pero la niña lo tomó como si su madre estaba de viaje en una misión, un lugar donde ella no podía ir pero que volvería tarde o temprano. No deseaba romperle el corazón pero sabía que si le decía la verdad no lo tomaría tan bien.
En ese momento, el pelirrojo comenzó a moverse lentamente hasta abrir sus ojos con flojera, pudo ver a su hija en el regazo de su sacerdotisa y suspiró al saber que ella estaba bien. La batalla anterior tuvo miedo de que resultara herida tras irse escondida a la pelea aún cuando se le dijo que se quedara a cuidar de los niños. –Papi…- la niña se separó de su madre adoptiva y se acercó gateando hasta la cara de su padre para abrazarlo. Rodeó su cuello con sus bracitos y besó su rostro. –Papi…-
-Tranquila, te dije que volvería. ¿Has sido buena niña?- su voz salía lastimosa y ronca pero aún tenía las fuerzas para corresponder el abrazo de su hija.
-Sí, Chiaki-san me dejó cuidarte mientras dormías por haberme portado bien ¿Verdad?- sus ojos inocentes miraron a la miko que estaba feliz de que su guerrero estuviera despierto.
-Sí, se portó muy bien. Me alegro de que estés despierto, la mayoría de tus heridas ya están curadas pero me preocupé de que aún siguieras inconsciente-
-No te preocupes, sabes que soy muy perezoso y más si me dejan dormir- él extendió su mano hasta la pierna de ella para que la tomara, Chiaki tímidamente la agarró y pudo sentir que sus fuerzas estaban volviendo. Anteriormente, cuando tomaba su mano dormida estaba fría y débil, así que la besaba y apretaba todas las noches para transmitirle su deseo de que se sanara y despertara. –Kitsugu ¿Puedes dejarme con ella a solas?- La niña hizo una mofa y luego salió de la habitación cerrando con fuerza la puerta.
–Guao, sí que tiene tu carácter. ¿Pasa algo malo?- dijo después de voltear la cara para ver la pequeña enojada.
Aún con las manos unidas, aprovechó para empujarla hacia él y estamparle un beso en la boca, después de unos segundos, ella se incorporó con un sonrojo en las mejillas –eso fue por no hacerme caso en no quedarte aquí con los niños. Y esto…- ahora él se levantó tomando su nuca y dándole otro beso. – Por quedarte todas las noches a cuidarme- ella sonrió ante los dos besos que él le dio, se separó lentamente hasta sentarse en la cama.
-dentro de dos días iremos a Shikigami-sho, así que termina de curarte rápido para que vengas con nosotros-
-¿A Shikigami-sho? ¿Para qué?-
- Iremos a ver si la abuela tiene información sobre el monstruo. Además, también para decirte algo importante-
-¿Y no me lo puedes decir ahora?-
-no, es mejor allá.- el grito de un bebé hizo que ambos observaran a la puerta que se abría para dejar ver a un pequeñita demon de cabello blanco haciendo un puchero.
