NdA: Gracias por comentar!
Capítulo 29 Resaca
Albus atacó. Todavía no entendía exactamente lo que estaba pasando, pero sabía reconocer el odio y alguien había intentado hacerle algo a Amal y todas las células de su cuerpo gritaban peligro. Su Desmaius alcanzó de lleno a Pansy Pucey, ocupada interceptando el ataque de Seren, y la hizo caer al suelo. Cainan Parkinson lanzó un rugido de rabia y Albus se agachó para evitar su maldición. Al momento, dos hechizos alcanzaron al abuelo de Damon en el pecho, dejándolo maniatado e inconsciente. Britney y Seren, comprendió Albus. Al caer, su cabeza golpeó el suelo de piedra con un ruido sordo, funesto. Albus miró los cadáveres y luego a sus compañeros, sin poder creer lo que acababa de ocurrir.
-Pero ¿qué cojones pasa?
Fue Robert Bletchley el que contestó, aunque él también parecía confundido.
-Queríamos avisaros para que hablaras con tu padre… Estábamos haciendo ouija y de pronto algo ha empezado a deletrear la palabra "asesinato" una y otra vez. –Señaló los cuerpos del suelo con estupor-. ¿Han intentado…?
La pelea estaba atrayendo a todo el mundo y antes de que Albus pudiera responderle, Cassandra se abrió paso entre la gente.
-¿Qué ha pasado? ¿Dónde está mi hermano?
Albus miró hacia atrás; Scorpius seguía invisible. Y no había dicho nada. Súbitamente preocupado, se arrodilló a su lado y lanzó un Finite. Scorpius volvió a ser visible y parpadeó como si no supiera dónde estaba. Albus empezó a temer que los Parkinson hubieran llegado a darle con algún maleficio, pero entonces vio la expresión de Amal, que se había despertado con todo el escándalo y apenas parecía estar mejor que Scorpius, y suspiró con alivio. Probablemente sólo era la borrachera. Murmurando una disculpa, le lanzó a Scorpius un Ennervate. Scorpius se incorporó como si le hubieran tirado un cubo de agua fría.
-¡Joder! ¡Albus! –Pero su indignación sólo duró hasta que Cassandra corrió hacia él y se dio cuenta de que había como unas cincuenta personas mirándolo-. ¿Qué pasa?
-No tengo ni idea –contestó Albus, poniéndose en pie.
Hubo algo de forcejeo entre la gente y Damon apareció en primera fila. Cuando vio a su madre y su abuelo en el suelo, todo su ímpetu desapareció.
-Pero, ¿qué habéis hecho? –exclamó. De pronto tenía la varita en la mano y apuntaba a todo el mundo-. ¿Qué les habéis hecho?
-¡Han atacado a Amal! –respondió Britney, furiosa-. ¡Y por lo que parece estaban intentando matarlo!
Damon la miró con ojos como platos y bajó la varita.
-¿Qué? –dijo en un hilo de voz.
Seren estiró a Albus de la manga con un gesto de urgencia y él la entendió. Tenían que poner orden allí antes de que las cosas se complicaran más.
-Scorpius, llama a un elfo y dile que avise a mi padre. –Albus se dirigió hacia los demás-. Vale, que todo el mundo se calme, ¿de acuerdo? Los aurores llegarán en cualquier momento.
-Pero ¿es verdad? –insistió Damon, pálido como un muerto-. ¿El aviso de la ouija era sobre ellos?
Albus se compadeció de él.
-Mira, yo todo lo que sé es que estaban bajo un hechizo de invisibilidad y han tratado de alcanzar a Amal con algo que no tenía muy buena pinta.
-Y en teoría tu abuelo no debería tener varita –señaló Seren, con suavidad.
-Pero…
Damon se detuvo y se dejó caer al suelo hasta quedar sentado en el suelo, los codos sobre las rodillas y las manos en la cabeza. Albus supuso que realmente no había nada que decir.
Patis les había asegurado que los chicos estaban bien, pero Harry no respiró tranquilo hasta que llegó al vestíbulo de la torreta Norte y pudo ver a Albus con sus propios ojos. Pansy y su padre estaban sin sentido en el suelo, rodeados por un centenar de adolescentes fascinados y, en algunos casos, muy borrachos.
Los aurores a los que había avisado no tardaron en llegar. Harry mandó a todos los chavales a dormir, ordenó a uno de los aurores que avisara a dos vigiles y se fueran a por Emmaline Parkinson, le pidió a Draco que le mandara un patronus a Adrian Pucey para que se ocupara de su hijo, que parecía en shock, y organizó el traslado de todos los implicados a la zona de los aurores. Quince minutos después, Cainan Parkinson estaba bajo custodia en la enfermería –tenía una conmoción cerebral-, Pansy estaba siendo interrogada por Williamson, su madre esperaba su turno y él escuchaba, con Draco, el testimonio detallado de los chicos. Poco a poco se fue formando una idea de lo que había pasado, aunque sabía que sólo el testimonio de Pansy lo confirmaría todo.
-¿Qué hay de ti, Scorpius? Has estado muy callado. ¿Quieres añadir algo?
-¿Eh? ¿Qué?
Harry frunció un poco el ceño, preguntándose si algo iba mal. Era tarde, pero los otros chicos estaban mucho más espabilados que Scorpius.
-¿Te encuentras bien?
-Sí, la verdad es que no haces buena cara –dijo Draco, acercándose a Scorpius con expresión suspicaz y preocupada.
-No es nada, estoy bien.
Scorpius estaba evitando la mirada de Draco y Harry se dio cuenta de que tanto Seren, Britney y Albus estaban tratando de pasar desapercibidos. Y ninguno de los tres parecía preocupado por la posibilidad de que a Scorpius le pasara algo grave. Harry se fijó entonces en el chico, pálido y como un poco atontado y recordó que venían de una fiesta y se riñó a sí mismo por no haberlo comprendido antes. Scorpius llevaba una borrachera de impresión.
Una nota divertida, en medio de aquel desastre.
-Bien, voy a ver cómo van las cosas con Pansy –dijo, poniéndose en pie-. Esperad aquí un momento, ¿de acuerdo?
Harry salió de aquel cubículo y llamó a la puerta del de al lado. Williamson le abrió; tras él, Pansy, todavía maniatada, tenía la expresión ausente de los que estaban bajo el efecto de la veritaserum y contestaba a las preguntas de Celeste Robards.
-Jefe, iba a ir a buscarte ahora mismo. Hay más de lo que pensábamos al principio.
-¿Qué quieres decir?
Williamson miró a Pansy con la misma expresión que le habría dedicado a un lethifold. Con su nariz algo aguileña y su pelo cortísimo, parecía un centurión disgustado.
-Bueno, imagino que sabes todo el asunto de Damon Pucey, Britney Steele y todo lo demás, ¿no?
-Sí, y supongo que Pansy ha pensado que si mataba a Amal y le despejaba el camino a Damon para que reconquistara a Britney, Damon la perdonaría.
-Exacto. Han intentado usar la maldición Obstructora con el chico. –Harry frunció el ceño con aprensión. Amal habría muerto en dos o tres días y los medimagos lo habrían atribuido a algún coágulo de sangre-. La veritaserum y su varita no dejan lugar a dudas. Pero matar a Sharper sólo era el primer paso, porque los Parkinson siguen pensando que esa chica no es lo bastante buena para su hijo. Planeaban matarla a ella también, en uno o dos años. –Williamson suavizó un poco el tono-. Y estaban considerando también la posibilidad de matarte a ti o a alguno de los hijos de Draco.
-¿Qué?
-Os culpan a vosotros dos de sus problemas familiares, sobre todo a Draco. Querían hacerlo sufrir. Según Pansy, como ella está sufriendo.
Curiosamente, lo primero que pensó fue que Draco iba a querer arrancarle la cabeza a Pansy. Pero a ese pensamiento le siguió una oleada de rabia fría, de asco.
-Acúsalos de todo lo que puedas. Magia negra, conspiración, intento de asesinato, todo.
-Será un placer. Hay para escribir una buena lista.
Harry intentó apartar de su cabeza las imágenes de sus manos cerrándose alrededor del cuello de Pansy. Debía ser profesional, mantener la calma.
-¿De dónde ha sacado Cainan Parkinson la varita?
-Su hija se la quitó a un Parásito durante la Batalla del Túnel. La hemos examinado también, claro. Lo último que ha lanzado ha sido una maldición arranca-entrañas.
A Harry se le heló de nuevo la sangre.
-Hijo de puta…
-¿Qué? –preguntó Williamson.
-¡Intentaba darle a Albus! ¡Se lo ha lanzado a él durante la pelea!
A la mierda la profesionalidad, iba a matar a ese cabrón.
-Jefe, esto ya ha acabado –dijo Williamson, levantando las manos en ademán tranquilizador-. Los tenemos a los dos y van a pagar por lo que han hecho. A los tres, si contamos a Emmaline Parkinson, quien no ha participado en el ataque, pero sabía lo que iban a hacer. Ahora necesitas concentrarte en asegurarte de que el gabinete de crisis les da el castigo que merecen, ¿de acuerdo? Ya hemos sido bastante generosos con ellos. Son basura y merecen estar en Azkaban el resto de su vida.
-Créeme, voy a intentar que no vuelvan a ver la luz del sol jamás.
Todavía estaba furioso con los Parkinson cuando regresó con Draco y los demás y allí encontró más tensión: al parecer Draco había comprendido ya que Scorpius estaba borracho. Después de lo que acababa de escuchar, a Harry le parecía una preocupación absolutamente ridícula.
-¿Todo en orden? –preguntó Draco.
-El testimonio de Pansy confirma lo que sospechábamos.
Harry miró a Amal y Britney con simpatía y les contó todo lo que habían averiguado, excepto que Scorpius y Cassandra habían estado también en el punto de mira de Pansy y su padre. Eso prefería decírselo a Draco cuando estuvieran a solas y que luego él hablara con sus hijos.
-No lo entiendo –dijo Britney, algo conmocionada al descubrir que a ella también la habrían matado, si el plan de los Parkinson hubiera salido bien.
-Habrían hecho que pareciera un accidente o una enfermedad para que Damon no sospechara nada –le explicó Harry, tratando de sonar calmado para no asustarla aún más-. Pero escuchad, lo importante es que ya no tenéis nada de lo que preocuparos, ¿de acuerdo? Ninguno de vosotros. No podrán volver a hacerle daño a nadie nunca más.
Sus palabras parecieron tranquilizarlos un poco y Harry decidió que no había motivos para mantenerlos levantados, así que les dijo que ya podían irse a dormir. Britney tenía aspecto de necesitar algo más de consuelo, pero esa era una tarea que su padre, que estaba esperando fuera, y el propio Amal podrían llevar a cabo mucho mejor que él.
-Tú no, Scorpius –dijo Draco fríamente-. Quiero hablar antes contigo.
La miseria del muchacho se hizo tan visible que Harry se habría apiadado de él aunque no hubiera tenido preocupaciones más graves en la cabeza.
-¿Puedes dejarlo para mañana, Draco? Necesito contarte una cosa. –Cuando vio que Draco iba a insistir, se acercó a él y bajó la voz-. Es serio. Y además, ahora él está cayéndose de sueño y tú estás cabreado.
"Y más que lo estarás cuando te cuente el resto de los planes de Pansy y su padre", pensó Harry. Draco apretó los labios hasta convertirlos en una fina línea y asintió bruscamente.
-De acuerdo. Hablaremos mañana, Scorpius.
El padre de Britney no era el único que esperaba al otro lado de la puerta y Draco y él aún tuvieron que dar algunas explicaciones y asegurarles a Lily y Cassandra que todo estaba bien. A Harry le alegró ver allí a Narcissa, ella se aseguraría de que los niños se iban a sus respectivos dormitorios y no se quedaban por ahí dándole vueltas al incidente. Por fin, Harry pudo regresar al cubículo con Draco, quien se cruzó de brazos y alzó una ceja a modo de invitación. No era fácil sacar el tema y Harry se estiró del flequillo mientras buscaba la manera de minimizar la explosión.
-Draco, tienes que recordar que Pansy y sus padres sólo saldrán de la celda en la bóveda de Binns para ir a otra en Azkaban, ¿de acuerdo? Sabes que será así.
La cara de Draco había ido cambiando mientras le escuchaba; sabía que llegaba un golpe.
-¿Qué ha dicho?
Harry se lo dijo, asegurándose de colocarse entre él y la puerta por si intentaba salir de estampida a por Pansy, pero Draco no montó en cólera, como esperaba. Habría sido mejor que su silencio y su expresión aturdida.
-¿Draco?
-¿Estaba planeando matar a mis hijos? –Harry asintió-. Ella siempre te odió por ser el Chico-que-vivió, pero ¿matar a mis hijos? ¿Por qué? ¿Para hacerme daño?
-Nos culpa a nosotros de que Damon no quiera saber nada de ella. Lo siento, Draco.
Draco volvió a quedarse en silencio unos segundos.
-Hubo un tiempo en el que pensé que estaba enamorado de ella.
Debía de estar recordando a la Pansy de Hogwarts, la que le acariciaba el pelo cuando él apoyaba la cabeza en su regazo, la que bailaba con él en el baile del cuarto año. No era raro, pensó Harry. Él también recordaba a veces al Amos Diggory que fue con ellos al Mundial de Quidditch y brillaba de orgullo cuando miraba a su hijo Cedric, a la Katie Bell que entrenaba al quidditch con él. Para Draco, que Pansy se hubiera vuelto contra él hasta esos extremos debía de ser diez veces peor.
Cuando Scorpius despertó, se arrepintió de haberlo hecho. Le dolía la cabeza, sentía la boca convertida en un estropajo. Intentó seguir durmiendo, pero sabía que ya era media mañana como mínimo y además tenía tantas ganas de mear que no conseguía aguantar más. Como pudo, se levantó, se puso su bata y sus zapatillas y se encaminó al lavabo. Fue allí, frente a la taza del water, cuando todo lo sucedido la noche anterior reapareció en su memoria, sacudiéndolo como un calambrazo. Damon, Amal, su propia borrachera… Y su padre había estado tan cabreado… Scorpius no quería ni pensar en cómo se pondría cuando averiguara que había vomitado en medio de la fiesta. Oh, Merlín, ¿cómo había podido perder la dignidad de esa manera?
Scorpius decidió que no iba a salir del baño. No quería enfrentarse a lo que había ahí fuera. Pero después de unos segundos comprendió que no era un buen plan y arrastró los pies hacia la puerta. Albus ya estaba despierto y lo miró desde la cama, enfurruñado.
-Me encuentro muy mal…
-¿Por qué me dejaste beber tanto anoche?
Albus se encogió un poco.
-Ssschhtt, Scorpius, no grites, por Merlín. En serio, me encuentro muy mal. Me duele la cabeza y tengo náuseas.
-A mí también me duele la cabeza –dijo, sentándose sobre la colcha. ¿Los habrían envenenado? ¿Y si Pansy o el viejo Parkinson les habían llegado a dar con alguna maldición y nadie se había dado cuenta?
-Oh, mierda, tenemos resaca –exclamó Albus-. Esto tiene que ser de beber tanto anoche.
-¿Esto es la resaca? –Pero por supuesto que lo era, como si no hubiera visto alumnos bajo sus efectos a lo largo de todos aquellos años. Intentando aliviar el dolor, se apretó la cabeza con las manos-. No pienso beber nunca más. Seren y tú no tendríais que haberos enfrentado a ellos sin mí. Y mi padre va a matarme y con razón.
-Oh, qué suerte, ¿puede matarme a mí también? Me encuentro muy mal… -Se llevó la mano al estómago con ojos desorbitados-. Oh, mierda… ¡Mierda!
Albus salió disparado hacia el lavabo y llegó a tiempo de vomitar en la taza del water. Scorpius arrugó la nariz y fue a sujetarle la cabeza intentando no ver ni escuchar. Cuando ya no le quedaba nada que echar, Albus se sentó en el suelo, exhausto, con las mejillas rojas.
-En serio, dile a tu padre que venga a matarme –murmuró, con los ojos cerrados-. Cuéntale que yo te obligué a beber.
-¿Crees que es gracioso?
-Creo que ayer podrían haber matado a Amal –dijo, todavía sin abrir los ojos-. Haber vomitado en la fiesta no es tan grave. Ni siquiera fuiste el único.
Oh, por supuesto, cada vez que hacía el ridículo, Albus decía que no era para tanto… No era él quien tendría que aguantar las burlas de todo el colegio, así que no importaba. Molesto por su falta de apoyo, quiso volver a la cama y quedarse allí para siempre, pero pensó en Damon y se obligó a meterse en la ducha.
Cuando bajó al comedor con Albus, que quería hablar con Amal, no paraba de vigilar a la gente con la que se cruzaban, atento a cualquier rasgo de burla en sus caras. Pero exceptuando a un par de personas que se pararon para felicitarlos a ambos por detener a Pansy y su padre –debían de asumir que si Albus había participado, él también lo había hecho-, nadie les prestó demasiada atención hasta que llegaron a la planta baja; allí había más gente y al verlos aparecer muchos se acercaron para preguntarles por los Parkinson. Scorpius dejó que Albus contestara y se librara de ellos, abochornado con su propio papel en ese asunto, y entró con él al comedor. No faltaba mucho para el almuerzo y las mesas ya estaban bastante llenas. Hubo murmullos y miradas a su paso y Scorpius estaba demasiado nervioso como para distinguir si se estaban riendo de él o admirando a Albus. Lo que sí sabía era que su padre se encontraba ya en la mesa y le esperaba con la boca reducida a una línea muy fina. Su abuela Narcissa tampoco parecía muy contenta. Sólo algunos Weasley daban la sensación de estar conteniendo una sonrisa y en cuanto Albus estuvo lo bastante cerca le recibieron con felicitaciones llenas de orgullo. Scorpius farfulló un "buenos días" general y evitó la mirada de su padre y su abuela mientras se sentaba.
-He hablado con Amal hace un rato, se encuentra bien –dijo Harry, quizás un poco serio también-. Pansy y su madre están encerradas ya en la bóveda, esperando la vista frente al gabinete de crisis. Queremos escuchar el testimonio de Cainan Parkinson antes de dictar sentencia.
El desayuno que habían perdido apareció delante de ellos. Consistía en una taza de té, una tostada y un pastelillo que Scorpius no sabía si sería capaz de comerse en ese momento.
-¿Está bien? –preguntó Albus.
-De momento sigue en la enfermería, pero se enfrenta prácticamente a los mismos cargos que Pansy y además tiene antecedentes muy serios. Le espera la perpetua.
Scorpius, que mordisqueaba la tostada todavía con la vista en el plato, escuchó la voz de su padre.
-Imagino que no te opondrás a que demos la cara por los Pucey.
Hasta que pasaron unos segundos, Scorpius no comprendió que le hablaba a él, no a Albus o a Harry.
-No, claro que no -dijo, atreviéndose por fin a mirarlo. Dolía su expresión remota, como si estuviera delante de un desconocido-. Damon es mi amigo, él no tiene la culpa de que su madre y su abuelo hayan perdido el juicio.
Su padre asintió brevemente y Scorpius volvió a agachar la cabeza y a concentrarse en su desayuno tardío y en el almuerzo que llegó poco después y que él casi no pudo ni probar. La ducha y el té habían ayudado a que se sintiera un poco mejor, pero no lo suficiente y su estómago no estaba para bromas. Y la decepción de su padre no ayudaba a abrirle el apetito, precisamente.
-Scorpius… -Era él de nuevo, pero esta vez su expresión era un poco más cálida-. Intenta comerte el almuerzo, no podemos permitirnos saltarnos una comida.
Su gesto tranquilizó un poco a Scorpius, pero ni así pudo acabarse todo lo que tenía en el plato. Albus aún comió menos que él, aunque se hinchó a beber agua. El dolor de cabeza seguía ahí, como si se la hubieran atravesado de arriba abajo. Sabía que las pociones contra la resaca existían, pero dudaba que las hubiera en el castillo y no se molestó en pedirla.
Cuando el almuerzo terminó, su padre le dijo que quería hablar con él. Scorpius se levantó, decidido a pasar el mal trago lo antes posible y se aseguró de no mirar a Albus para demostrarle que no esperaba ninguna comprensión de su parte. Después se marchó con su padre, quien lo condujo a la habitación que compartía con Harry.
-Papá, ya sé lo que vas a decir –dijo, en cuanto cerró la puerta tras de sí-. Y lo siento, de verdad. Sé que debería haberme controlado mejor.
Su padre lo observó con ojos penetrantes. Scorpius era ya tan alto como él, pero en ese momento había algo en la postura de su padre y su túnica severa, que le hacía sentirse como si tuviera cinco años.
-Anoche ibas tan borracho que vomitaste en medio de la fiesta. –Scorpius se encogió; no había esperado que su padre no lo averiguara, pero escocía igualmente-. Te pusiste en evidencia delante de todos. Y eso no es lo peor, Scorpius. Los Parásitos podrían haber atacado anoche y no habrías sido capaz de defenderte. Pansy y su padre podrían haber intentado asesinarte.
Scorpius había ido bajando la cabeza más y más, pero esto último le hizo alzarla de nuevo, confundido.
-¿Qué?
Su padre suspiró; su rostro se había suavizado de nuevo.
-Estaban considerando la idea, para hacerme daño. Pansy cree que si ella ha perdido un hijo yo debería perderlo también, ya que según ella Harry y yo tenemos la culpa de que Damon no quiera saber nada de ella. –Meneó ligeramente la cabeza-. Siento que tu hermana y tú os hayáis visto envueltos en todo esto. Nunca pensé que pudieran llegar tan lejos, eso desde luego.
Scorpius se lo quedó mirando con la boca abierta, incapaz de decir nada. Había llegado a llamarla tía Pansy, cuando era pequeño. Era la madre de su mejor amigo.
-Pero… ¿cómo es culpa vuestra?
-Está loca, Scorpius –dijo, con desprecio-. Ocurre a veces cuando te dejas envenenar por el odio y el rencor, especialmente si empiezas a usar magia negra con frecuencia. Ella piensa que nada de esto habría sucedido si yo no le hubiera dado la espalda a los prejuicios de sangre y Harry, además, fue quien la dejó en ridículo en la fiesta de los Bagnold. Recuerda que Adrian se separó de ella después de eso. Pero esa es la cuestión, Scorpius. Nunca sabes de dónde va a llegar el peligro. ¿No lo has comprendido aún? Tienes enemigos que no son los Parásitos. Necesitas estar alerta.
-Lo sé… Lo sé, tienes razón.
-Y cuando la gente te mire, quiero que piense en todas las veces que te has enfrentado a los Parásitos, en tu habilidad para la Transformación o el quidditch o en tu insignia de prefecto, pero no en algo como lo de anoche. No te mereces que piensen así en ti. Sé que estas son fechas difíciles y que a veces es duro soportar todo lo que tenemos que soportar, pero sé discreto, sólo te pido eso. Usa la cabeza. No estaría aquí hablando contigo si esa borrachera la hubieras pillado en un pub muggle donde nadie te conociera o en una fiesta privada con tus amigos más cercanos.
-Lo sé –repitió, abochornado-. Creía que me estaba controlando mejor, pero la bebida estaba más fuerte de lo que pensaba. Tendré más cuidado la próxima vez.
Su padre asintió lentamente.
-Está bien… Todos cometemos errores y está claro que éste no ha sido de los peores. Además, Pansy y su padre han tenido el detalle de quitarte el protagonismo. Pero por favor, ten cuidado. Vivimos tiempos peligrosos.
Cuando Scorpius se marchó con Draco, Albus se fue a buscar a Amal al otro comedor, donde se sentaba con Britney y su padre. Se lo encontró a mitad camino; Amal también había ido a buscarlo.
-¿Qué novedades hay?
Albus se las contó mientras se reunían con Urien, quien normalmente comía en el Gran Comedor. Como había formado parte del grupo que había presenciado cómo los aurores se llevaban a la madre y el abuelo de Damon estaba al tanto de lo más importante y Albus sólo tuvo que repetirle lo que le había dicho a Amal.
-La verdad es que no dejo de pensar en lo de anoche –dijo Amal, sentándose en uno de los bancos de piedra que había en la planta baja-. ¿Están locos o algo? Me refiero a locos de verdad. Porque si no, no me entra en la cabeza.
-Creo que la madre de Damon se ha vuelto un poco loca –admitió Albus. Durante el almuerzo había escuchado a tía Hermione hablando del peligro de hacer magia negra-. Pero siempre han sido así, siempre han pensado que los muggles y los sangremuggles eran inferiores, basura. Si Cainan Parkinson te hubiera asesinado no habrías sido su primera víctima mortal.
Amal se pasó la mano por el pelo.
-Es… Bueno, no algo que uno espera que le pase. Sabía que tenían mala fama, pero no esperaba que intentaran asesinarme. Joder. Los van a encerrar en algún sitio, ¿no?
-Sí, no te preocupes. Ya se quedaron con las ganas de meterlos en una celda cuando formaron parte de aquel ataque que organizaron por su cuenta, ¿os acordáis? Esta vez no se van a librar. –Albus notó una punzada particularmente fuerte alrededor de sus sienes-. Dios, no sabréis si hay alguien por ahí con poción para el dolor de cabeza, ¿verdad?
-No que yo sepa –contestó Amal. Urien también dijo que no-. Escucha, ¿estáis seguros de que Damon no sabía nada?
-Sí, claro. No olvides que la segunda parte del plan era matar a Britney. Además, está en la confesión de su madre: era cosa de su padre y ella.
Amal se quedó pensativo y chasqueó la lengua con disgusto.
-Ojalá pudiéramos mandarlos ya a Azkaban; me pone nervioso saber que vamos a estar todos bajo el mismo techo. No me importa que quieran matarme a mí, no les tengo miedo, pero si le hacen algo a Britney…
-No se lo harán –prometió Albus, recordando las palabras de su padre-. Esos dos ya no le harán daño a nadie más.
Scorpius encontró a Damon en la Sala Común de Slytherin, sentado cerca de la chimenea. Morrigan y Diana estaban con él, dándole apoyo moral.
Cuando los alumnos que había por la Sala lo vieron entrar hubo un momento de tensión, como si todos estuvieran pendientes de lo que pasaba. El propio Damon se lo quedó mirando como si no estuviera seguro de cómo iba a reaccionar, aunque Morrigan ya debía de haberle dicho que no tenía nada de qué preocuparse en ese sentido. Scorpius, que sobre todo estaba agradeciendo que nadie se estuviera riendo de él, se acercó al sofá en el que estaban sus amigos.
-¿Te han echado mucho la bronca? –le preguntó su prima.
-No preguntes... –Miró a Damon-. Hey…
-Hey… Siento todo esto, Scorpius. No sé qué decir.
-No es culpa vuestra. Yo también siento que tengáis que pasar por algo así. –Morrigan pareció lanzarle telepáticamente un "te lo dije" a Damon-. ¿Dónde está tu hermano?
-Con mi padre y mis abuelos, supongo; esperando a que pase el temporal. –Damon tensó la mandíbula-. Mi padre ha hablado con Harry Potter, sé todo lo que planeaban hacer. Mi madre y mi abuelo están muertos para mí. Joder, ahora entiendo a Zabini… No me extraña que no quisiera ni visitarla una última vez.
Scorpius no podía ni imaginárselo, (él, que habría dado una mano por tener a su madre viva), pero desde luego no le sorprendía que Damon pensara así. Pansy y su padre difícilmente podrían haberle hecho más daño. Y a pesar de la separación, el escándalo perseguiría a los Pucey igualmente.
Morrigan estaba hablando con Damon y Scorpius aprovechó para observar a los otros alumnos. Todos habían vuelto a sus quehaceres ahora que se habían dado cuenta de que Damon y él no iban a liarse a maleficios. Un par de críos de primero estaban jugando al ajedrez, una chica leía en un sillón, otra practicaba el hechizo burbuja… Un fuego ardía con fuerza en la chimenea y Scorpius estaba sentado a la distancia justa como para no agobiarse y poder relajarse con el crepitar de las llamas. Al cabo de unos minutos, descubrió que su dolor de cabeza se había vuelto un poco más manejable. Pronto se sintió con fuerzas para hacer lo que tenía que hacer.
-Eh, Damon, ven a dar una vuelta por el castillo.
Damon sabía perfectamente de qué iba a aquello y se levantó. Diana aprovechó para salir con ellos, diciendo que tenía cosas que hacer. Los tres echaron a andar por el laberinto iluminado por antorchas y Scorpius le preguntó a Diana si había quedado con sus padres.
-No… He quedado con Lyra Morgersten.
-¿Lyra Morgersten? –Hizo memoria y visualizó a una chica unos pocos años mayor que ellos, bajita, de pelo castaño y cara caballuna. Si no recordaba mal, trabajaba en una editorial, aunque allí en el colegio se encargaba de patrullar y echar una mano cuando hacía falta-. ¿Por qué?
Diana tardó unos segundos en contestar y Scorpius se dio cuenta de que tenía las mejillas algo coloradas y una sonrisa reprimida en los labios.
-Anoche estuvimos hablando y hemos quedado para vernos hoy.
Estaba claro que había algo más que una simple amistad y Scorpius intentó intercambiar una mirada de diversión con Damon, pero lo encontró sumido en sus pensamientos.
-Bueno, me alegra que a alguien le fuera bien en la fiesta –dijo, guiñándole el ojo a Diana-. Ya me la presentarás, nunca he hablado con ella.
-Te caerá bien –aseguró, con convicción-. Es muy simpática. Y muy lista, Scorpius, casi tanto como tú.
La relación de Diana con Violet había ido muriendo tan lentamente que nadie sabía con exactitud cuándo habían dejado de ser pareja. Fuera cuando fuera, Diana no había salido con nadie desde entonces y Scorpius pensó que era bueno que hubiera encontrado alguien nuevo. Además, Violet siempre le había recordado un poco a Watson.
-¿Dónde está William? –preguntó, cuando ya llegaban a la entrada del pasadizo.
Damon hizo un ruido despectivo.
-¿No te lo imaginas? –dijo con sorna-. Manteniéndose alejado hasta estar seguro de que no soy un paria.
Scorpius puso los ojos en blanco.
-Reconforta saber que algunas cosas nunca cambian.
Damon y él se despidieron de Diana junto a la armadura y siguieron caminando. Iban sin rumbo, se trataba simplemente de que los vieran juntos, para que todos comprendieran que los Malfoy, y por extensión los Potter, no culpaban a los Pucey de lo sucedido. Algunos se quedaban mirando a Damon con curiosidad, pero nadie le dijo nada, excepto algunos que los conocían y los saludaban a ambos. Scorpius se quedó un poco más tranquilo al ver que nadie hacía tampoco mención a su borrachera, al menos hasta que se cruzó con unos antiguos Slytherin que habían estado en la fiesta y le preguntaron con sonrisas burlonas si se encontraba mejor. Scorpius se obligó a devolverles la sonrisa, sabiendo que lo peor que podía hacer delante de ellos era dejar ver lo mucho que le avergonzaba ese episodio.
-Sí, gracias –dijo sin detenerse-. Está claro que no se puede ser bueno en todo.
A ellos pareció hacerles gracia su respuesta y continuaron su camino sin decirle nada más.
-No es tan grave, ¿sabes? –comentó Damon, sonando impaciente-. La gente no va a pasar cien años recordando la vez que vomitaste en una fiesta.
-A nadie le gusta hacer el ridículo. Además, si los Parásitos hubieran atacado o si Albus y Seren me hubieran necesitado…
Damon pareció encontrar aquello más razonable.
-Bueno, por suerte eso no pasó. Albus, Seren y Britney pudieron apañarse solos. –De pronto dejó escapar una carcajada sarcástica-. Oh, Merlín, no lo había pensado, derrotados por una chica que es casi sangremuggle, una Hufflepuff y el hijo de Harry Potter… Eso tiene que ser lo peor de todo para ellos.
Scorpius los conocía lo suficiente como para saber que, efectivamente, aquello debía de escocerles de manera especial. Probablemente se alegró de ello con más sinceridad que Damon.
Cuando se cansaron de vagabundear se sentaron por el vestíbulo. Scorpius se preguntó si Albus estaría preocupado por él, por saber cómo había ido la reunión con su padre. Considerando que no había estado esperándolo fuera, la respuesta más probable era que no. Damon, ajeno a sus elucubraciones, empezó a hablar del testamento de su abuelo, pues la ley decía que si alguien era condenado a cadena perpetua, sus bienes pasaban a sus herederos. Pero Pansy también iba a pasar muchos años encerrada y el hermano de Damon era menor de edad, así que el ministerio igual le cedía el control a Adrian, con quien seguía legalmente casada.
Damon se interrumpió bruscamente. Scorpius siguió la dirección de su mirada y descubrió a Britney, que estaba cruzando el vestíbulo con Cecily como si se dirigieran al Gran Comedor. Britney se dio cuenta de que Damon estaba allí y se detuvo también. Después de decirle algo a Cecily, se dirigió hacia ellos con expresión decidida, seria. No parecía que fuera a preguntarle algo sobre sus tareas como prefectos y Scorpius se tensó ligeramente, listo para intervenir si Britney la tomaba con Damon.
-Quería hablar contigo –anunció sin más preámbulos, dirigiéndose a Damon. Scorpius se dio cuenta de que su seriedad no era hostil y se medio incorporó para marcharse, pero Britney lo detuvo con un gesto de la mano-. No, quédate si quieres, no pasa nada.
-¿Seguro?
-Sí, no hay problema. –Se mordió los labios un momento, como buscando la manera de empezar-. Quería disculparme, Damon. Cuando me dijiste que en parte habías roto así conmigo porque tenías miedo de que tu abuelo o tu madre me hicieran daño la verdad es que pensé que me estabas mintiendo. Creía que era una excusa porque no me podía imaginar que esas cosas pasaran de verdad. Pero después de lo de anoche… Está claro que no mentías y que habías tratado de protegerme. Siento no haberte creído. Ninguno de los dos puede cambiar lo que pasó y yo soy feliz ahora con Amal, pero me gustaría que las cosas entre nosotros volvieran a estar bien.
Scorpius, sorprendido, clavó la vista en Damon, pendiente de su reacción. Esperaba que el orgullo no le hiciera cagarla. Pero no, Damon estaba como si se hubiera quitado una espinita clavada. Para él debía de ser importante que Britney comprendiera que en parte había roto con ella para protegerla.
-A mí también me gustaría –dijo, extendiendo la mano.
Britney esbozó una sonrisa y se la estrechó. Cuando se la soltó, su expresión se volvió más seria, aunque seguía habiendo cariño en sus ojos oscuros.
-No dejes que te hagan más daño, ¿vale?
Damon asintió. Scorpius habría estado dispuesto a apostar que el pobre se estaba aguantando las lágrimas y quiso echarle una mano.
-Cuidaremos de él entre todos –dijo, dándole a Damon una palmada en la espalda.
Britney volvió a sonreír.
-Nos veremos luego.
Era una buena noticia, pensó Scorpius, observándola mientras se marchaba. Era una pena que no fueran a volver juntos, pero con un poco de suerte habrían terminado las malas miradas y la frialdad. Y cuando sus ojos fueron de Britney a Damon, no le cupo duda de que para él, aquello había sido un pequeño y valioso regalo en un día de mierda.
