Capítulo 29
Había olvidado lo mucho que odiaba las sillas de plástico, lo incómodas que podían ser. Mis ojos estaban fijos en el letrero rojo que daba a la sala de cirugía. Mis palmas sudaban y mis piernas temblaban incontrolablemente.
-Calma, Bella. Todo saldrá bien- murmuró Emmett sobando mi brazo.
Realmente quería creerle, quería tener esa calma que él poseía en este momento, pero me era imposible. Era imposible no preocuparme, era imposible no tener miedo.
Mi cabeza y mis sentimientos eran un caos, llenos de recuerdos del pasado. Imágenes, sensaciones, memorias…
-Ey, piensa en mi sobrino- me regañó pegándome más sobre su costado-. Edward va a estar bien, es un chico fuerte.
Asiento con la cabeza de manera mecánica, la realidad es que mi mente se niega a razonar las palabras de Emmett. Vuelvo a mirar el cartel rojo y luego mis manos, que están del mismo color. Extrañamente la sangre en mis manos y parte de mi ropa no hacia que sintiera nauseas o me desmayara, si no que me aferraba a ella, apretando mis manos como si ese gesto le diera fuerzas a Edward.
Me pareció una eternidad cuando la luz roja se apagó y a los pocos minutos Carlisle salía por las puertas con una enorme sonrisa. El alivio recorrió todo mi cuerpo, ablandando los tensos músculos, quedando sin fuerzas en la silla.
Emmett se levantó enseguida, abordando a su padre.
-¿Cómo está?- preguntó ansioso.
-Perfecto- Carlisle sonrió aun más -. Está un poco anémico, pero ya se está solucionando. Hemos quitado la bala, que gracias a dios no tocó ningún órgano vital. Le hemos suministrado una dosis fuerte de medicamentos, dormirá por lo que reste de día- me miró y se arrodilló frente a mí-. Te aconsejo que vayas a casa y descanses, no te ves bien y me preocupa la salud de mi nieto.
-Estoy bien- le aseguré-. Quiero verlo.
-Eso no va a ser posible ahora- negó con la cabeza-. Acaba de salir de una cirugía y debe estar aislado por unas horas…
-Tengo una idea- intervino Emmett-. Que tal si vamos a casa, te das una ducha, comes algo y luego volvemos, eso nos dará tiempo suficiente ¿verdad?- miró a su padre.
-Sí, por supuesto- sonrió y puso una mano en mi vientre-. Además no querrás que Edward te vea así- arqueó una ceja señalando mi ropa manchada.
Los miré a ambos consternada, en realidad no quería marcharme, quería entrar donde estaba Edward y quedarme con él hasta que despertara. Pero ellos tenían razón, debía ir a casa, limpiarme y descansar, lo último que quería era que Edward despertara y le diera un ataque al verme llena de sangre. Suspirando asentí con la cabeza.
-De acuerdo- acepté.
Carlisle me sonrió y besó el tope de mi cabeza, Emmett pasó un brazo por mis hombros y me llevó fuera del hospital. Subimos a un taxi ya que vinimos en la ambulancia y Jasper aun estaban con algunos problemas con Aro. De inmediato me sentí mal, yo le había prometido que tendría todo su dinero de vuelta si ayudaba a Edward, pero luego de que recibió la bala por mí había salido disparada sin importarme otra cosa que no fuera él.
Miré por la ventanilla y suspiro al ver que pronto anochecerá. Era increíble como en tan pocas horas habían pasado tantas cosas, tantas emociones… y aunque el día acabara aun quedaban cosas por resolver. Tenía la horrible sensación de que jamás terminaría, se me ponía la piel de gallina de solo imaginar a Aro arremeter contra nosotros por la muerte de su hijo.
Un escalofrío recorrió mi columna cuando a mi mente llegó la imagen de Felix tirado en el suelo con la garganta desgarrada. Había sido espeluznante, aterrador y morboso, sin embargo en aquel momento lo único en lo que pensaba en cómo saldríamos de aquello vivos. Cuando Victoria gritó que nos mataran abracé a Edward sintiendo un extraño confort de que él estaba conmigo, de que estábamos juntos… Solo deseé que acabara rápido, que ninguno de los dos sufriera, justo en ese momento llegó Aro.
Con solo dos palabras desalojó por completo el almacén, miró a su hijo muerto y a pesar de la inexpresión de su rostro yo sabía que él estaba enfadado ¿quién no lo estaría al ver a su hijo muerto? Luego todo se volvió muy rápido y hasta confuso. Emmett llamó a una ambulancia y luego los dos nos subimos dejando a Jasper solo con Aro.
-Ya llegamos- anunció Emmett bajando del auto y caminando hacia mi puerta, para luego abrirla-. Rose te ha preparado un baño- dice y extiende su mano para que la tome.
Me ayuda a bajar del auto y caminamos juntos hacia la puerta de su casa, pero esta se abre antes de que él meta la llave en la cerradura. Dos brazos me rodean y me aprietan contra un pequeño cuerpo.
-¡Bella!- grita mientras solloza, luego se aparta y me mira con el ceño fruncido- ¿Acaso estás loca? ¿Cómo pudiste irte de aquella manera? ¿Es que acaso no piensas en la salud de tu hijo? ¡Y tú!- apunta a Emmett con un dedo- ¿En que demonios pensaban en llevártela? ¿Dónde está Jasper?
Emmett y yo retrocedimos unos pasos, la verdad es que jamás había visto a Alice tan alterada. A pesar de que sus ojos estaban rebosantes de lágrimas su expresión era de puro enojo, era pequeña pero estaba segura de que sería capas de desmembrarte en un ataque de furia, y este era uno de esos.
-Cálmate, Alice- intervino Rose poniendo una mano en el pequeño hombro-. Primero atendamos a Bella.
Alice tomó una respiración profunda cerró sus ojos, como si estuviera controlándose. Luego sonrió ampliamente y tomó mi mano, tirando de ella para entrar a la casa. Me condujo por las escaleras, hacia la habitación que había usado la última vez que estuve aquí. En la cama ya había ropa limpia, bien doblada y lista para mí.
-Rose te preparó una tina con sales y aceites, así que puedes estar todo el tiempo que desees- me sonrió cálidamente y apretó ligeramente mi mano- ¿Cómo está Edward?- preguntó con calma, aunque podía distinguir su ansiedad.
-Carlisle ha dicho que está bien, la operación ha salido bien y ahora está descansando- me encogí de hombros.
-¿Y tu? ¿Cómo estás?- preguntó mirándome detenidamente.
-No, no estoy bien- cerré mis ojos y suspiré-. Soy una estúpida, actué sin pensar y por ello Edward terminó herido- las lágrimas rápidamente se acumularon en mis ojos.
-Yo creo que si tú no hubieras llegado él estaría muerto- dijo y sus dedos intentaron secar las lágrimas que no dejaban de caer.
Le asentí aunque no estaba para nada convencida de sus palabras. Yo no lo ayudé en nada, solo empeoré las cosas. No solo hice que recibiera una bala en el hombro, si no que también había echado a Aro nuevamente a sus hombros. Parecía que Edward nunca iba a estar fuera de peligro…
Enjuagando mis lágrimas entré al baño y sonreí ante el suave olor de las sales y el aceite. Cerré la puerta y me quité la ropa, mis manos estaban duras por la coagulación de la sangre. Decidí lavármelas antes de entrar en la tina y teñir todo con la sangre. Una vez que terminé con mis manos me metí dentro del agua y sisee de felicidad al sentir como el agua caliente terminaba de relajar mis músculos.
Me recosté en la tina, apoyando mi cabeza en el borde, cerré mis ojos y traté de poner mi mente en blanco, lo cual me resultó imposible, tenía demasiadas cosas en la cabeza; la desaparición de Edward, su pelea, la herida, la muerte de Felix, lo que se nos venía encima y por sobre todo mi bebé. Llevé mis manos a mi vientre y sonreí al notarlo abultado. A simple vista no había casi diferencia, pero si lo tocabas podías notar el ligero redondeo.
¿Cómo iba a decírselo a Edward? ¿Cómo iba a tomarlo? Se lo había estado ocultando durante cuatro meses, técnicamente dos que eran los meses que yo lo sabía. Suspirando me hundí más en la tina, hasta que el agua tapó mi nariz. Estaba segura de que le daría un ataque cuando vea que todo el mundo lo sabía de antes.
Cuando el agua comenzó a enfriarse salí de la tina, envuelta en una bata blanca que estaba colgada en un perchero al lado de la puerta. Dejé que la tina se vaciara y fui a mi habitación, me dejé caer en la cama y antes de darme cuenta caí en la inconciencia.
Me despertaron unos golpecitos en la puerta. Me senté sobresaltada en la cama, mi cabello estaba seco y completamente enmarañado y enredado, la bata se había movido dejando mis pechos al descubierto y mis piernas. Rápidamente acomodando mí bata al tiempo que murmuraba un "pase". La puerta se abrió y Jasper asomó la cabeza.
-Oh, lo siento, yo…- comenzó a disculparse al verme en tan deplorable facha.
-No te preocupes, pasa- dije apenada, tapándome más con la bata.
Era curioso, Jasper ya me había visto desnuda, quizá hace algún tiempo no me habría importado en siquiera arreglarme, pero ahora me sentía completamente avergonzada de que él me viera solo con una bata. Parecía que no era la única apenada.
-No quise molestarte- dijo luego de entrar y cerrar la puerta detrás de él.
-Está bien- le sonreí tratando de tranquilizarlo-. Es solo que me quedé dormida después de salir del baño. Fue realmente relajante.
-Me alegra escuchar eso- sonrió y se acercó hasta sentarse a mi lado-. Has tenido un día de terror- puso una mano sobre la mía, apretándola suavemente.
-Solo quiero que todo termine, estoy realmente cansada- suspiré cerrando mis ojos- ¡Aro!- grité al recordar que Jasper se había quedado con él- ¿Qué pasó? ¿Te dijo lo que le prometí? ¿Está muy enfadado con lo de Felix?
-Tranquila- se rió suavemente-. Estuvimos hablando, y créeme lo de Felix le importó una mierda. Está más interesado en que cumplas con tu parte del trato.
Fruncí mi ceño y lo miré como si le hubiera crecido una cabeza ¿Cómo un padre no podría importarle la muerte de un hijo? ¿Él realmente amaba más el dinero que a su sangre?
-Sé que piensas que es un desalmado, pero no vine para discutir sobre la moralidad de Aro- dijo encogiéndose de hombros-. Te vine a buscar para ir al hospital… Él está bien- se apresuró a decir al ver que abría mi boca-. Emmett me dijo que habían quedado que volverías cuando estuvieras descansada.
No pude evitar sonreír ante la consideración de Jasper. De en salto bajé de la cama y tomé la ropa que Alice había dejado preparada para mí, corrí hacia el baño escuchando la suave risa de Jasper. En menos de cinco minutos estuve lista, no había logrado domar mi cabello por lo que lo até con una colea.
-Estoy lista- dije un poco agitada, me había vestido a toda velocidad.
-Vamos entonces- dijo Jasper mientras sonreía y negaba con la cabeza.
Me sorprendió que la casa estuviera en silencio y que nadie anduviera dando vueltas, cuando miré el reloj que estaba clavado en la pared de la sala me sorprendió saber que eran las tres de la madrugada. Habían sido las seis de la tarde cuando llegamos. En silencio salimos de la casa y nos metimos dentro del auto. Jasper manejó tranquilo por las calles, no estaban completamente desiertas, pero tampoco atiborradas como durante el día.
Cuando llegamos al hospital fui la primera en bajarme, apenas escuché la voz de Jasper diciéndome que buscaría un lugar para aparcar. Cuando pasé por la recepción ninguna de las mujeres me detuvo, al parecer ya me conocían. Subí al ascensor y marqué el piso en el que se encontraba Edward. Apenas las puertas se abrieron, prácticamente corrí hacia la habitación, al llegar sentí el alma caer a mis pies…
Verlo en aquella cama fue devastador y horrible. Estaba acostado sobre una cama con sábanas blancas, su pecho estaba al descubierto pero vendado. Había cables pegados en él y una máquina monitoreando los latidos de su corazón. Estaba tan pálido que prácticamente igualaba el color de las sábanas. Sus ojos estaban cerrados y yo no pude evitar pensar lo peor.
Con lentitud me acerqué a él, mi mano tocó su mejilla, estaba cálida. Fui bajando hasta que mis dedos estuvieron en su yugular, la cual palpitaba fuerte y sana. Quise reírme de felicidad, pero lo único que conseguí fue llorar. Él estaba vivo. A pesar de que los pitidos de la máquina retumbaban en la habitación yo necesitaba tocarlo, sentirlo vivo.
Mis piernas cedieron y caí de rodillas llorando. Estaba aliviada, tanto que podría desmayarme, pero verlo así tendido en esa cama de hospital había revivido mis peores recuerdos. Sentí unos brazos rodearme, apretándome, reconfortándome.
-Está vivo- dije entre sollozos ahogados.
-Por supuesto que lo está- dijo Jasper acariciando mi cabello.
Era obvio que él no entendería el por qué de mi reacción, lo más seguro era que pensara que estaba exagerando, que era una llorona o que las hormonas me estaban controlando. No, él jamás entendería el alivio que sentía.
Una vez me hube calmado me alejé y me levanté del suelo. Mi mano volvió a subir y esta vez acaricié el cabello de Edward, me incliné hacia él y besé su mejilla, luego llevé mis labios a su oído y le susurré que lo amaba.
Giré mi cabeza cuando golpearon mi hombro. Jasper había acercado una silla, le sonreí y me senté. Tomé la mano de Edward y entrelacé nuestros dedos, apoyé mi mejilla sobre nuestras manos y cerré los ojos, cayendo nuevamente dormida.
Esta vez me despertó el insistente pitido de algo, no era como el sonido de un despertador este era más irritante. Cuando abrí mis ojos recordé donde estaba y de inmediato me senté, entonces lo vi, él estaba despierto, esta vez no sé si eran las hormonas del embarazo o qué, pero me encontré de nuevo llorando.
Jasper hiso alguna estúpida broma sobre que me deshidrataría si continuaba llorando, cosa que no presté atención solo estaba concentrada en los cálidos ojos de Edward, en su mano acariciando mi mejilla, en su hermosa, pero cansada, sonrisa. No pude evitar lloran aun más.
De un momento a otro, de estar contemplándonos y dándonos carias suaves y tiernas, estábamos discutiendo a los gritos. Sí, yo había comenzado la discusión, pero no lo hice a propósito, tampoco esperé a que él reaccionara de esa manera. Pero en verdad había sido estúpido de su parte arriesgarse de aquella manera. La discusión casi me lleva a revelarle mi estado, pero logré salir sin que se diera cuenta.
En lo mejor de la pelea Jasper entró y nos amenazó que llamaría a la enfermera si no bajábamos el volumen de nuestra discusión. Respiré hondo y traté de calmarme. De nada servía reprocharle su estupidez cuando él ya había sido herido.
Pero él tenía un punto, yo no conocía su historia, yo no sabía qué lo había orillado a tomar la decisión de vengarse. Por lo que le pedí que me lo explicara, que me contara su pasado, esa era la única forma en que lo entendería.
Y lo hiso. Me contó su triste pasado. Edward había sufrido mucho de niño, de pasar a tener una familia a quedarse solo, quizá la familia de Carlisle lo haya acogido, pero él estaba solo. Y él no sabía cuanto lo entendía, quizá no fueran las mismas situaciones pero yo sabía cómo se sentía perder a una persona amada. Sabía exactamente lo que significaba tener un hueco en el pecho, uno que jamás iba a ser llenado, una tristeza que te acompañaría para siempre.
Sabía qué era desear a un muerto, sabía qué era sentir impotencia, lo que era sentirse responsable de esa muerte. Pero eso no justificaba el querer arrancarle la vida a otro. Aro había tenido la culpa en la muerte de los padres de Edward pero matarlo no los traería de vuelta. Culparte y sentirse desdichado tampoco.
Hiciera lo que hicieras los muertos seguirían siendo eso, muertos. Lo único que había por hacer era dejarlos descansar en paz, y eso sucedería cuando uno mismo se sienta en paz… entonces lo comprendí. Entendí qué era sentirse en paz y yo no lo estaba por ello el recuerdo de James jamás me abandonaba. Y al parecer Edward también lo había entendido, con sus padres.
Una semana pasó volando y gracias a dios Edward iba recuperándose de maravilla. Lo único que quedaba era sacar los puntos, pero Carlisle había pedido que se quedara más tiempo, solo para que no hiciera esfuerzo y la herida no volviera a abrirse.
Mentiría si dijera que la visita de Aro no me tomó por sorpresa. Al principio creí que había venido a matar a Edward por lo que le había hecho a Felix, pero él comenzó diciendo había pasado demasiado tiempo y su dinero aun no era devuelto. Recordé el trato que había hecho con él sobre cómo le devolvería todo su dinero si él mantenía a Edward a salvo. Sacó unos documentos y cuando Edward los firmó se marchó contento.
.
.
.
Lo había estado pensando desde que entendí mis propias palabras. Era una decisión ya tomada, pero no podía marcharme hasta que a Edward no le dieran el alta, y por suerte hoy era ese día. Había llamado a Alice para pedirle que recogiera a Edward ya que yo iba a salir de la ciudad. Ella no me cuestionó, aceptó de buena manera.
No le conté a Edward sobre mi pequeño viaje, al cual me arrepentí de hacer en auto, tenía unos dos día en carretera, eso si no paraba para descasar en algún lugar. Sin embargo preferí no decirle a Edward, sabía que si lo hacía el querría venir conmigo y yo no quería eso. No es que no quisiera estar con Edward, pero este era un viaje privado, solo para mí, necesitaba estar sola.
Luego de unas tres paradas, dos para dormir y una para comprar comida, y unas sesenta horas, me encontraba a las afueras de Forks. Nunca pensé que alguna vez sentiría felicidad de volver a ver el pueblo. Nunca me imaginé sonriendo como una tonta mientras volvía a conducir por las mojadas calles. Todo era extraño, pero extraño de bien.
Tratando de no rebasar los límites de velocidad conduje hasta el cementerio. A mitad de camino comenzó a llover, no era una lluvia fuerte, pero era constante. Aparqué bajo un árbol y bajé del auto, caminé bajo la lluvia sin importar que me mojara, tampoco me importó que mis zapatillas se llenaran de barro.
El lugar estaba desierto, igual como el único día que vine a visitarlo. Ese día fue la primera y última vez que visité su tumba, y solo fue para decirle adiós, el adiós que no me atreví a decir cuando estaba en el hospital. Ese día lloré hasta que cayó la noche, empapada volví a casa y al día siguiente me estaba subiendo a un avión para ir a Nueva York.
Llegué a la tumba luego de caminar unos minutos bajo la lluvia. Mi ropa pesaba y estaba completamente pegada en mi cuerpo. Me dejé caer de rodillas y acaricié su nombre con dedos temblorosos.
-Hola- susurré y luego solté una risita, cualquiera que me viera pensaría que era alguna loca, pero esta era mi única manera de hablar con él. Hablar de frente, no por medio de una fotografía o de dios. Técnicamente él estaba debajo de toda esta tierra.
"Sé que he cometido muchos errores- seguí hablando en un susurro-. No cumplí con ninguna de las promesas que te hice; no seguí lo que querías estudiar, no te fui fiel y sobre todo… no te dejé descansar- mi voz se quebró y tuve que tomar varias respiraciones para poder calmarme y hablar claro-. Recuerdo que me hiciste prometer que sería feliz, que encontraría a alguien que me hiciera feliz… a pesar de que mis palabras eran vacías en aquel entonces nunca esperé encontrarlo, porque lo hice. Conocí a alguien… me enseñó muchas cosas, cosas que ni siquiera experimenté contigo- llevé mis manos a mi vientre y lo acaricié-. Lamento mucho si te até a mi todo este tiempo, no fue consciente, solo no estaba preparada para dejarte ir, pero ahora puedo hacerlo. Quizá no te ate a mi mente todo el tiempo, pero siempre estarás en mi corazón, ocupando el espacio que siempre ocupaste"
Ni siquiera yo entendí las últimas palabras, estaba llorado y desgarradores sollozos escapaban de mi garganta, mi pecho dolía horrores, se sentía como si me estuviera arrancando una parte de mí y sabía que eso era James, alejándose de mí, saliendo de mi cuerpo para seguir el camino que yo le impedí hacer tanto tiempo atrás. Era doloroso dejarlo ir, pero era necesario.
De la nada la lluvia dejó de caer y oscureció a mí alrededor. Hipando levanté mi cabeza y a pesar de estar sorprendida mi llanto aumentó cuando lo vi parado detrás de mí, sosteniendo un paraguas. Se acuclilló hasta quedar más o menos a mí altura, con su mano libre despegó los cabellos de mi cara.
-Estas empapada y helada- dijo acariciando mi mejilla con sus dedos-. Vas a enfermarte.
-Tú también te enfermarás- mis dientes castañeaban- ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cómo me encontraste?
-¿Qué tal si hablamos en un sitio donde no llueva y podamos secarnos?- preguntó con esa encantadora sonrisa ladina.
Asentí y acepté su mano cuando la ofreció para ayudarme a levantar. Me pidió que sostuviera el paraguas mientras él se quitaba su campera y la ponía sobre mis hombros. Luego me quitó el paraguas, rodeó mi cintura con su brazo y me condujo fuera del cementerio. Giré mi cabeza y con una última mirada dije adiós a la tumba de James.
.
.
.
Apartó el auto en frente de mi vieja casa, la verdad es que no se qué era lo que más me sorprendía, si el que estuviera aquí conmigo o que supiera dónde quedaba mi casa. Tuve una extraña sensación de deja bu.
-Esta es la segunda vez que sabes donde vivo- alcé una ceja, cuestionándolo- ¿Ahora sí contestarás mi pregunta?
-No tengo porque hacerlo- me respondió con una sonrisa ladina.
Se inclinó y me dio un rápido beso, luego bajó del auto y corrió hasta mi puerta. Me ayudó a bajar del auto y juntos corrimos el corto trecho hasta la puerta de mi antigua casa. La lluvia aun caía torrencialmente. Busqué con la mirada la maseta donde mamá escondía una llave adicional, la encontré detrás de otras masetas de cera más grandes. Escarbé entre la tierra y encontré la pequeña llave plateada.
Abrí la puerta e invité a Edward a entrar. Mi casa no era como la de sus padres, no era grade, tampoco ostentosa… era pequeña pero cómoda, justo para tres personas. Lo llevé hacia la sala, los pocos muebles que había estaban tapados por sabanas blancas.
-Espérame aquí, iré a ver si encuentro algo para secarnos- le dije mientras me apartaba.
-De acuerdo, veré si puedo hacerla funcionar- dijo mirando con atención la chimenea.
Subí las polvorientas escaleras hasta llegar a mi habitación. Era el único cuarto que conservaba todas sus cosas. Cuando murió James no quise llevarme nada que pudiera recordarme a él, por lo que dejé todas mis cosas, solo me llevé un bolso con mi ropa.
Fui al pequeño armario que había en el baño, en busca de algunas toallas, por suerte habían. Saqué dos y luego volví a la habitación, saqué las sábanas enrollándolas. Luego busqué algo de ropa, pero no había absolutamente nada, ni siquiera algunos pantalones o camisas de mi padre. Soltando un suspiro bajé nuevamente hacia la sala con las toallas y las sábanas en mis brazos.
Al llegar me encontré con Edward arrodillado en frete de la chimenea, sonreí al ver que había logrado encender un tronco. Se lo veía muy concentrado tratando de que la llamita no se apagara.
-Los troncos están húmedos- dijo mientras arrancaba una hoja de diario y la tiraba dentro de la llama-. Me tomé la libertad de buscar papel- se giró y me sonrió- ¿Qué conseguiste?
-No mucho, solo esta sábana y un par de toallas- me encogí de hombros y dejé caer las cosas al suelo-. No hay nada de ropa…
-Entonces tendremos que quitárnosla y esperar a que se seque- se levantó y comenzó a quitarse la camisa.
Mis ojos se clavaron en su figura, lo contemplé quitándose la ropa hasta quedar solamente en bóxer.
-¿Qué?- inquirió alzando una ceja-. No hay nada que no hayas visto antes.
Con una sonrisa comencé a quitarme mis empapadas ropas, hasta quedar solo en ropa interior. Juntamos un par de sillas y tendimos la ropa frente a la chimenea. Edward acomodó la sábana en el suelo, nos sentamos en ella. Se colocó detrás de mí y con las dos toallas se las ingenió para taparnos a ambos.
-Bueno, ya estamos listos- dijo abrazando mi cintura.
-¿Listos para qué?- incliné un poco mi cabeza para mirarlo.
-Para que me cuentes tu historia- susurró en mi oído.
Mi cuerpo se tensó y ligeramente me aparté, pero sus brazos se apretaron en torno a mi cintura y así evitar que me levantara. Sus palabras me habían tomado por sorpresa, no esperaba que él quisiera saber mi historia, no me creía capaz de contarle mis tristes recuerdos.
Pero se lo debía, él se había abierto conmigo, me había contado su historia, la de sus padres… y aunque no me sintiera del todo lista sabía que debía hacerlo.
-No es una historia agradable- le advertí.
-Créeme, estoy preparado para escuchar cualquier cosa- dijo besando mis cabello.
Era verdad, él estaba preparado para escuchar cualquier tipo de cosa, por lo que me acomodé en su pecho, cerré mis ojos y comencé a contar mi historia…con James.
Cuando vi a James por primera vez fue en la clase de literatura del primer año de preparatoria. Era la primera clase del año y él se presentaba delante del alumnado como el nuevo alumno. El profesor no le dio mucho espacio más para decir su nombre y de dónde venía, luego le asignó su lugar, el banco que estaba justo detrás de mí. Antes de tomar asiento en su lugar se detuvo frente a mí, me miró un segundo antes de sonreírme burlonamente y sentarse en su lugar.
Decir que su sonrisa no me afectó sería una mentira. Me fue difícil concentrarme en la clase y aun más sabiendo que él estaba atrás, sus constantes risitas y suspiros me pusieron nerviosa, tanto que al sonar el timbre salí corriendo de la clase.
No supe cómo de un momento a otro me había convertido en el objeto de sus bromas, todos los días recibía un chiste por su parte, ya sea por mi apellido, por el trabajo de mi padre o por mi torpeza, no pasaba un día en que no escuchara su voz haciendo algún comentario.
A pesar de sus constantes bromas yo no podía odiarlo, es más, en algún momento llegué a interesarme en él. Lo miraba más de la cuenta en la hora del almuerzo, viéndolo charlar con sus amigos, riendo, respondiendo a los coqueteos de las chicas…
Los siguientes dos años para mi fueron una tortura, de estar interesada pasé a estar enamorada, era ridículo y hasta estaba enfadada conmigo misma por ser una estúpida en enamorarme de un pendejo que lo único que hacía era hacer chistes malos.
Se supone la preparatoria que son los mejores años de tu vida. Fiestas, citas, novios, chicos, romances, aventuras… esas eran cosas que una joven debía de disfrutar en los años de su adolescencia, pero yo no pensaba así. No me interesaba salir con muchachos, todos eran superficiales, y del que estaba enamorada no se fijaba en mí; yo no era una belleza en aquel entonces. No tenía un cuerpo de infarto, tampoco tenía alguna cualidad que llamase la atención. Mi cabello era marrón, siempre atado en una coleta, mis ojos del mismo color, mi piel pálida gracias a la escases del sol, mi cuerpo estaba escondido debajo de varias capas de ropa… nada interesante para llamar la atención de James, un joven alto, apuesto, de cabello rubio que le llegaba a los hombros, una penetrante y sexy mirada azulada, un cuerpo atractivo, ni muy delgado ni muy musculoso, era lo justo.
Un día él dejó de molestar, en todo el día no lo había visto, ni siquiera en las clases que compartíamos, fue extraño, había extrañado que me dirigiera la palabra aunque solo fuera para decir una tontería. Pero algo peor que las bromas son los rumores, los cuchicheos a tus espaladas, las miradas de incredulidad y curiosidad. Estaba segura de que no había hecho nada malo, sin embargo aquellas miradas me ponían nerviosa y salía huyendo… eso empeoró las cosas.
El rumor era que James estaba enamorado de mí, al parecer aquellas palabras se habían escapado en una borrachera. Cuando yo comencé a huir pronto creyeron que él se me había confesado y que yo lo había rechazado. Dejaron de mirarme con curiosidad y comenzaron a taladrarme con la mirada.
Cinco días pasaron entre la tortura, cuando me estaba marchando del colegio James me abordó, harta de la situación le grité que dejara de molestarme y hasta me burlé cuando dijo que quería hablar conmigo, él se vio afectado por mis palabras y hablando más calmado me dijo sus sentimientos. No pude evitarlo, comencé a reír histérica, me felicité a mi misma por tener la fuerza de no llorar en frente de él, pensé que era otra de sus bromas pero no, era la verdad y me lo confirmó besándome, en frente de toda la escuela.
Desde ese día James y yo habíamos sido inseparables, él me dejó ver su verdadero lado. Era un chico encantador, amable, romántico, humilde, simpático, respetuoso, tímido… muchas cualidades que nadie conocía más que yo. Nunca me creí capaz de enamorarme más de él. Me dijo que sus bromas hacia mi eran una tonta excusa para hablarme.
James fue mi primer todo, mi primer amor, mi primer novio, mi primer beso, mi primera vez… mi primer fantasma. No teníamos más de seis meses de estar de novios cuando el doctor le detectó cáncer en el páncreas. Él no quiso decírmelo cuando se enteró…
El día que lo supo llegó a mi casa completamente empapado, era de noche y mis padres habían salido en una cena a casa de unos amigos. Él no quiso hablar solo me hiso el amor de una manera tan dulce y desgarradora a la vez. Esa fue la última vez que lo hicimos. Luego de hacerlo él me lo confesó sobre su enfermedad y yo como una idiota me negué a creerle, lo eché de mi casa y lloré por mucho tiempo. Cuando por fin caí en la cuenta de sus palabras lo busqué y le pedí disculpas, él las aceptó y dijo que había sentido lo mismo que yo.
James entró al hospital al mes de enterarse del cáncer, lo hospitalizaron y lo mantuvieron bajo observación todo el tiempo. El maldito cáncer estaba avanzando rápidamente dentro de su cuerpo, lo estaba comiendo vivo. Su cuerpo comenzó a adelgazar, su piel a ponerse amarillenta, su cabello a caerse, la vida se le estaba yendo… y yo me estaba yendo con él.
Iba a la escuela de forma mecánica, no podía pensar en otra cosa que no fuera él, al salir corría hacia mi camioneta y conducía hacia el hospital, para quedarme con él, hacerle compañía y distraerle de aquel enloquecedor lugar.
Una noche él me pidió que me quedara a su lado, que no me fuera, también me hiso prometerle que sería feliz, que seguiría adelante después de que él se fuera. Lloré demasiado porque sabía lo que estaba haciendo, entonces le hice promesas que sabía que no iba a cumplir. Esa noche fue la última vez que nos besamos, la última noche que James vivió.
A la mañana siguiente, cuando desperté él ya estaba muerto. Me quedé a su lado, contemplándolo sin dar crédito a lo que estaba viendo, hasta que la enfermera entró y me sacaron de la habitación a volandas. Caí en la cuenta de la situación, de que él se había ido, de que no volvería jamás… me desplomé en el suelo y lloré en los brazos de mi madre. Ella lloraba a mi lado intentando calmar mis gritos desgarradores, aquellos gritos que trataban de igualar el dolor que yo sentía por dentro.
No fui a su velorio, tampoco a su entierro, no encontraba manera de levantarme de la cama, no tenía fuerzas ni tampoco una razón para hacerlo. Mis padres comenzaron a ponerse nerviosos por mi depresión que tomaron la decisión de mudarnos. El día antes de marcharnos fui a visitarlo, le dejé flores, lloré y luego me marché.
Cuando eres joven sabes que tienes toda la vida por delante, que tienes todo el tiempo del mundo… piensas que serás por siempre joven, sano, fuerte, atractivo… pero yo aprendí que eso es solo una ilusión. El tiempo pasa de manera lenta pero decidida, cuando te das cuenta te encuentras que has perdido más tiempo del que creías y ya es tarde para ciertas cosas.
Edward me escuchó atento, sin interrumpirme, de vez en cuando me apretaba contra él o besaba mi cabello, o se levantaba para mantener el fuego vivo. Cuando terminé nos sumergimos en un silencio que solo era interrumpido por los chasquidos de la madera al quemarse. Miré por la ventana, la lluvia había parado y ya era de noche. La sala estaba iluminada por el fuego de la chimenea.
-Es curioso que nunca antes te haya visto en el pueblo, o en el instituto- dije rompiendo el silencio
-Con Emmett fuimos a un instituto solo para hombre- me explicó-. Alice le rogo a Carlisle que la dejara ir al instituto de aquí.
-Tampoco recuerdo haberla visto- dije buscando en mi cabeza algún recuerdo de su rostro, pero no había nada-. Tampoco reconocí a tu padre a primera vista, él fue el médico de James.
-Él quedó realmente afectado por esa perdida, no había día que no hablara de ti y ese chico- suspiró-. Lo lamento mucho.
Sonreí y dejé un pequeño beso en su brazo. Tomé aire tomé la decisión de que era hora de decírselo.
-¿Edward?- lo llamé.
-¿Si?
Con nervios y ansiedad tomé sus manos y las puse sobre mi vientre, me giré un poco para mirarlo y solté lo que hacía tiempo que quería que supiera.
-Estoy embarazada.
Sus ojos se abrieron por la sorpresa, tanto que temí que se salieran de sus cuencas, sus manos se apartaron y me tomó por los hombros, girándome para quedar cara a cara.
-¿Qué?- su voz apenas fue audible.
-Quería decírtelo desde hace tiempo, pero tenía tanto miedo. Tienes que entenderme, yo temí por el bebé, temí que nos hicieran algo- comencé a decir rápidamente, las lágrimas pronto comenzaron a agolparse-. No quería ocultártelo, pero…
-¿Desde cuándo lo sabes?- preguntó sin dejar de mirarme con asombro. Aparté mis ojos de él y jugué con mis dedos nerviosa-. Bella- presionó apretado mis hombros.
-Desde hace dos meses- solté en apenas un susurro, pero supe que me escuchó cuando tomó aire bruscamente.
Estaba enfadado, sabía que iba a ponerse así, pero él tenía que entenderme. Yo no quería ocultárselo, quise decírselo muchas veces pero en la situación en la que estábamos no era seguro para mí ni para nuestro hijo. Sin embargo me sentía completamente culpable, él era el padre y debía saberlo fueran cuales fueran las circunstancias…
-Dudaste de que pudiera protegerlos.
Levanté mi cabeza rápidamente para mirarlo, él me observaba con reproche en sus ojos.
-Jamás dudé de tu capacidad para protegerme, me lo has demostrado- dije llevando mi mano a su hombro derecho-. Sé que no justifica el ocultarlo, pero tenía miedo Edward, no puedes culparme por tener miedo.
Él cerró sus ojos y soltó un suspiro pesado, luego sin darme tiempo a reaccionar me atrajo a sus brazos y me apretó contra él. Le correspondí escondiendo mi cara en su cuello y llorando.
-Lo siento…- hipé contra su piel-. Perdóname, por favor…
Edward me apartó y tomó mi rostro entre sus manos, con sus dedos limpió las lágrimas que caían sin parar de mis ojos.
-Nunca vuelvas a ocultarme algo así- dijo mirándome fijamente-. No vuelvas a esconderme un hijo, no importa en la situación en la que estemos. No tengas miedo de lo que pueda pasar porque jamás dejaré que nada les pase- sentenció solemne- ¿Queda claro?
En vez de asentir o decir algo, me abalancé a sus labios pasando mis brazos alrededor de su cuello. Las lágrimas no dejaban de caer pero el sentimiento era distinto, ya no me sentía culpable por ocultárselo, me sentía feliz que de lo estubiera aceptado, de que me pidiera que no le escondiera de nuevo algo así… ¿eso quería decir que quería más hijos? ¿Eso significaba que quería seguir estando conmigo?
-Te amo- susurró rozando mis labios.
Le sonreí y volví a besarlo.
Esa noche no dormimos mucho, la pasamos en su mayoría hablando sobre nuestro bebé, sí, Edward lo llamaba "nuestro". Cada vez que esa palabra salía de sus labios mi corazón daba un vuelco. Me preguntó de cuánto tiempo estaba y si alguien más lo sabía, cuando le respondí que toda su familia lo sabía tuve que esperar unos minutos para que se calmara… Esta era la parte de la conversación a la que no quería llegar. Edward fue el último en enterarse de mi embarazo…
-¿Cuándo nos reconciliamos lo sabías?- preguntó suavemente.
-Si
-Estabas en la casa de Jacob…
-Si…- era solo una sílaba y yo la había tartamudeado patéticamente.
-Entonces él lo sabía antes que yo- gruñó antes de cerrar los ojos y apretar el puente de su nariz.
Era obvio que a Edward le enfadaba más que Jacob lo supiera primero, fui una egoísta al pensar solo en mí que no pensé que todo esto lo lastimaba. Edward odiaba a Jacob, y ahora aun más.
-Si te sirve de consuelo- dije tomando su mano y llevándola a mi vientre de nuevo-, aun no sé si es niño o niña…nadie lo sabe.
Sí, mis palabras habían sido estúpidas. Edward me frunció el ceño quizá más molesto de lo que ya estaba. Sin poder contenerme comencé a reírme, por la situación, por mis pobres intento de tratar de aplacarlo, por su rostro… a los pocos segundos él estaba riéndose conmigo. Luego del ataque de risa seguimos hablando y planeando cosas… sobre el día que iríamos a hacernos la ecografía, sobre el nombre que le pondríamos de ser niño o niña. Esa fue una discusión grande ya que no lográbamos ponernos de acuerdo.
En algún momento me quedé dormida, estaba demasiado cansada. Había pasado por demasiadas cosas el último mes que no había logrado dormir lo bastante bien. Cuando desperté el sol ya estaba en lo alto. Me senté en el suelo y miré a mi alrededor, Edward no estaba por ninguna parte. Su ropa ya no estaba en la silla. Me levanté y me vestí con mis ropas, estaba terminando de poner mis zapatillas cuando la puerta de en frente se abrió, y Edward entró.
-Buenos días- me saludó con una amplia sonrisa.
-Buenos días- le respondí y antes de que pudiera preguntarle donde había estado, se acercó y me rodeó con sus brazos, plantando un beso en mis labios.
-Hay algo que quiero preguntarte- se apartó, tomó mi mano y me llevó afuera.
Caminamos hasta el frente de la casa, se detuvo y nos giró para que ambos quedáramos de frente a la casa. Se colocó detrás de mí y pasó sus brazos por mi cintura, apoyando su mentón en mi hombro.
-¿Qué opinas?- murmuró en mi oído.
-¿Qué opino sobre qué?- fruncí el ceño completamente desentendida.
-La casa- soltó una risita- ¿Qué opinas sobre la casa?
-Bueno…- miré mi vieja casa e hice una mueca-. Esta vieja, despintada y sucia.
-Eso se puede arreglar- dijo haciendo un ademán con la mano, restándole importancia-. Me refería a que opinabas sobre la casa para vivir en ella. He hablado con tus padres…
-¿Hablaste con mis padres?- me giré entre sus brazos para mirarlo, mi cara debía de ser un poema de confusión.
-Fui hasta la casa de mis padres y pedí que me buscaran el número de los tuyos. Hablé con ellos porque quiero comprar esta casa- sonrió ampliamente cuando mi mandíbula cayó-. Quiero que vivamos aquí- se acercó, escondiendo su cara en mi cuello-. Quiero criar a nuestro hijo aquí… ¿qué opinas?
Mi cuerpo estaba petrificado, las palabras atoradas en mi garganta y mi cabeza un procesando las palabras de Edward. Él aun me miraba con ojos brillantes y una sonrisa deslumbrante, él realmente quería esto pero…
-¿Por qué?- pregunté aun sin caer.
-Toda tu vida está aquí, en este pueblo, en esta casa- levantó su mano hacia mi mejilla-. Yo no quiero volver a Nueva York, no quiero seguir viviendo allí donde sé que él anda merodeando. No quiero que nos vea, no quiero que se tope con mi hijo…
Me le quedé mirando, comprendiendo sus palabras. Él también tenía miedo, a pesar de que los problemas se estaban calmando aun no estábamos del todo seguros si él volvería a arremeter contra Edward… y ahora no solo yo estaba con Edward, sino que también teníamos un hijo. Quizá Aro por ahora estuviera satisfecho con su dinero de vuelta pero no sabíamos hasta cuando, si es que realmente se conformaría con ello.
-Bien- asentí reclinando mi cara contra su mano-. Pero vamos a tener que hacer una gran esfuerzo para que quede hermosa- bromeé.
-Estoy seguro de que si lo hacemos juntos lo vamos a conseguir- me sonrió y se inclinó para besarme.
Sabía que sus palabras no solo abarcaban a la casa sino que en todo respecto a nuestra vida de ahora en adelante.
Cuando me mudé con mi familia a Nueva York pensé que era una manera de olvidar mi pasado. Estaba completamente decidida a dejar en Forks todo mi sufrimiento y comenzar una nueva vida. Mi determinación era no enamorarme y estuve completamente segura de que lo conseguiría gracias a mi experiencia. Sin embargo eso no frenó mis necesidades biológicas, es más era como una escapada a la realidad. Conocí hombres, salí con ellos, jugué y follé, pero nunca me detuve a pensar en ellos como posibles parejas. Ellos eran mi escapatoria de los crueles recuerdos que parecían no querer abandonarme, pero que luego comprendí en que yo no quería dejarlos ir.
Pero entonces llegó Edward y cambió mi vida, me hiso romper mis promesas. Me hiso dar cuenta de que puedo amar mucho más de lo que me creía capaz. Me mostró sentimientos que antes no había experimentado, me hiso dar cuenta del error que había cometido al estancarme en el pasado, me enseñó a soltarlo y caminar hacia el futuro sin temer a mirar atrás.
Pero sobre todo me había dado el regalo más grande que nunca pude imaginar y que ahora crecía dentro de mi vientre.
FIN
Me he tardado bastante, pero no me culpen a mí, háganlo a las musas que les parece super divertido abandonarme en estos momentos.
¿Les soy sincera? No quiero acabar con el fic, le tengo mucho aprecio y terminarlo duele. Pero a la vez es bueno terminar cosas por que te sientes realizada y puedes comenzar con cosas nuevas. No tienen idea de los fics que tengo en mente, en puerta…
En fin, volvamos al fic. Este es el cap final, el final de la historia. Bella contó su pasado, todas ya conocían a James, sabían que era un ex de Bella muerto pero no sabía por qué murió. La verdad es que da pena. Es la primera vez que escribo sobre un James bueno, aunque creo que va a ser la única vez xD. Yo más me lo imaginaba como el actor a como el personaje…
En fin, espero que les haya gustado. Veamos que dicen sus rr…
Por cierto, aclaro, aun queda el epilogo.
Besos y gracias por leer hasta acá.
Melo
