DE AMOR Y TRAICIÓN
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CAPÍTULO XXVIII
Breves notas de las autoras:
Créditos financieros al imperio DISNEY.
Agradecemos los comentarios que nos han dejado en el capítulo anterior, fueron muy divertidos de leer y nos animaron mucho. Gracias por tomarse su tiempo para dejarlo, pues ya saben, son el combustible de toda historia :3 Gracias igual a los que nos dieron favorite y follow, a los que envían pm's y whats'app también. Je.
Por cierto, a la pregunta de "¿De donde sacan tantos platillos y postres?", la respuesta es: De un libro de cocina de Canción de Hielo y Fuego, o sea el libro oficial de la comida de la saga de Juego de Tronos. Otro de cocina llamado "Afrodita" de Isabel Allende, y por último, pues lo que se nos ocurra en el momento con platillos verdaderos que si hemos probado.
No hay mucho que decir sobre este capítulo, y además tenemos el cerebro frito; salvo…
ADVERTENCIAS: AU, seidh, política, elfos, fluff a la manera de Hagen (si estás pasando el capítulo por un narrador, cuidado con los diálogos del dragón).
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Capítulo XXVIII:
Thor se enteró por la noche de la algarabía de los elfos oscuros por boca de Heimdall, también le dijo que Loki ya había tomado cartas en el asunto enviando a Geirolf para que cuidara que no se desataran disturbios dentro de la ciudad. El guardián le dijo el motivo de la celebración: Svadilfari era descendiente de Malekith y los elfos oscuros celebraban el renacimiento de su linaje perdido. Thor esperaba que no les diera por celebrar cerca de elfos de luz ni que se desataran riñas en su ciudad.
A la mañana siguiente, ya estando en su despacho, Heimdall le avisó del desfile que escoltaba a Svadilfari hasta su palacio. Hallgeir entró de golpe unos minutos después, antes de poder hablar tuvo que agacharse para recuperar el aliento.
–Un desfile… de elfos oscuros –dijo y pausó –viene hacia acá. –Thor se acercó a uno de los grandes ventanales, no podía distinguir al arquitecto desde donde estaba pero si escuchaba el alboroto y veía la columna que lo seguía. Se preguntó si habría ases–alfh también con ellos.
–¿Ya se ha enterado Eyvindur? –Quiso saber.
–El rey Eyvindur continúa en sus alcobas pero según me dijo un paje, está mirando el desfile junto con su corte.
–¡Por los cuernos de Surtur! –maldijo Thor. –Yo a este elfo oscuro lo mato, le estrangulo con mis propias manos –dijo el dios del trueno esperando que su homónimo élfico no se sintiera amenazado ni reconsiderara la propuesta de paz de la que le habló. Los elfos oscuros estaban transmitiendo un mensaje, uno que no le gustaba a Thor, de pronto se cuestionó si no sería un error expedir permisos de navegación.
–¿Qué hacemos con ellos? –Le preguntó Hallgeir un poco nervioso.
–¿Geirolf sigue vigilando que no haya problemas? –El secretario asintió –entonces no hay nada que hacer. Cuando arriben a la explanada de Valaskialf recíbelos con cortesía pero aclara que no está permitido que entre su escolta, sólo Svadilfari; y que no lo esperen, que regresen a sus casas. –Lo que le faltaba es que decidieran acampar frente al palacio. Hallgeir asintió y corrió a hacer su trabajo.
Thor observó unos instantes más antes de dirigirse al salón de sus aposentos privados. Había solicitado que Karnilla estuviera también presente en la reunión, como testigo y mediadora; pero también era parte de su formación como reina. Mirelle, la mayordoma, venía saliendo de la sala, había llevado una jarra de vino vanir del cual el dios del trueno bebió de golpe. Karnilla llegó vestida reluciente, por obra de Héroïque, que la había obligado a enjoyarse y usar un vestido nuevo de seda y satén, muy norn, en rojo y dorado; para aquella reunión.
–¿Nervioso? –Le preguntó ella.
–Una palabra inconveniente, una broma en mal momento, una simple mirada… pienso que no hará falta más para que nuestros nobles amigos se saquen los ojos. –Porque Thor no era tan ingenuo como Loki creía, estaba seguro de que así como Eyvindur odiaba a todos los elfos oscuros, éstos no le guardaban mejor voluntad y Svadilfari seguramente era uno de ellos. Esperaba que su amigo olvidara que hablaría con el hijo de Hrimthurs, aquel que le marcó el rostro.
Tomaron asiento. Valdis apareció pronto, Thor esperaba que no para decirle que Eyvindur cancelaba la reunión.
–El arquitecto real ha venido con dos acompañantes. Tulk el ingeniero y una dama, Vanima. –Thor reconoció los nombres. También le contó que la escolta se había quedado en los niveles inferiores a la espera de Svadilfari, no así la muchedumbre del desfile ya se ha dispersado. –¿Qué hacemos con ellos?
–¿Loki?
–Su alteza no se encuentra, salió con el dragón negro antes de que iniciara el desfile. –Thor no tenía ni idea de que Loki no estaría en palacio.
–Pídele a Héroïque que les haga compañía –le dijo. Valdis hizo una reverencia y desapareció.
Eyvindur llegó en ese momento seguido por Belegaer pero entró a la sala solo. Saludó a ambos con un movimiento de la cabeza y se sentó en completo silencio con semblante serio. Thor hubiera querido decirle algo, saber sobre todo que era lo que pensaba pero él se adelantó a preguntar algo.
–¿Así es Svadilfari? ¿Se considera y se conduce como el heredero de Malekith? –Les preguntó a ambos. –En las misivas de Eredlindon solía decir que controlaba a los elfos oscuros de tu ciudad, que su actitud era inapropiada hacia Loki y que tenía poder de convocatoria pero jamás mencionó que gustara del fasto en sus presentaciones.
–Svadilfari no es así –respondió Karnilla defendiendo a su amigo. –Es mesurado y serio, humilde en su persona y de modales corteses. No es alguien que tenga ínfulas ni pretenda ser alguien más. Dudo que este desfile lo haya organizado personalmente. –La bruja norn conocía el secreto de su amigo por boca de éste, quien se lo reveló en el transcurso en que ella se hizo pasar por Loki, pero también le había pedido que no lo compartiera con nadie y eso había hecho.
Hallgeir abrió la puerta en ese momento, dejó pasar a Svadilfari y lo presentó.
–Mi rey Thor, su majestad Eyvindur, su alteza Karnilla. El arquitecto real, Svadilfari –lo presentó con el único título que poseía y que ellos le reconocerían.
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–¿Vienes conmigo?
–¿Solos tú y yo? Lo lamento pero no.
–Prometo no aprovecharme de ti –dijo Loki con una mirada exasperada.
–Te acompaño si alguien más viene. –Hagen recibió una nueva mirada de censura. –Es que… –Hagen se explicó en pocas palabras. –Tengo antecedentes contigo y no debo hacer cosas que me metan en líos gratuitos.
Loki lo entendió. Eyvindur podría ponerse celoso y Hagen había decidido que no valía la pena buscarse una pelea por un amigo, así fuese Loki. No estaba seguro de que eso fuera algo necio o algo sabio.
–Te mostraré un secreto de la familia real, si gustas yo hablaré con Eyvindur para decirle lo horrendo que me resultas, lo aburrido que ahora eres y lo nauseabundo de tus interminables cumplidos hacia su persona.
Así fue como embarcó al norn y salieron de palacio. Por el camino lo puso al corriente de a quién iban a visitar y porqué.
Sabía que Thor no había visto a Magni desde que Eyvindur había llegado a la ciudad. El problema respecto a la guerra con los enanos y la cacería de los elfos oscuros, lo tenía acaparado. Encima esa mañana habían acordado reunirse con Svadilfari y Loki no quería meterse. Había reñido a Ari por escaquearse de su trabajo el día anterior y lo había dejado para vigilar la situación, con la instrucción clarísima de enviarlo a buscar si hacían arrestar a Svadilfari. Igual tenía a Geirolf vigilando que no hubiese motines, ya sabía que los elfos oscuros se habían pasado la noche festejando. Se le hacía una tontería todo aquello, así que entre menos se inmiscuyera mejor.
Llegaron a la casa de Volstagg bastante rápido. Fueron recibidos con sorpresa pues Loki no había anunciado su visita. Sospechaba que Thor no le habría prohibido a Volstagg dejarlo ver a Magni por sí mismo; eso a pesar de que Loki había amenazado la vida del infante en el pasado. Thor era así de simplón, dado a perdonar y a pasar por alto las provocaciones. Lo mejor y lo peor de él, desde el punto de vista de Loki.
El león de Asgard no estaba en casa, pero Margrét los recibió junto con su hermana Asdis, la tutora de Magni.
–Deseo ver al pequeño –anunció Loki instalándose con sus gestos elegantes y dominantes en la sala de la casa, como si fuera suya.
–Por supuesto alteza –dijo Asdis y fue en su búsqueda. El niño llegó poco después. Iba vestido de color negro, todo pulcro, sin una sola mancha de barro, comida o polvo. Se acercó a paso militar a ellos y le hizo una reverencia bien marcada a Loki.
–Buen día alteza –lo saludó.
Margrét se retiró pero Asdis ocupó un sillón un poco apartada.
–Magni, te presento a un amigo mío. Este es Hagen. –Magni se enderezó de su reverencia y miró al norn de los pies a la cabeza.
–¿Hagen? ¿El dragón negro? –Loki sonrió triunfal. –No lo reconocí sin su armadura, ni su espada Rúnya.
–¿Mi espada Rúnya? –Dijo Hagen mirando a Loki de soslayo. El aesir amplió su sonrisa de suficiencia. La espada que Eyvindur le había obsequiado no tenía nombre oficial, hasta ese momento. Hagen resopló. Se metió en su papel. –Tuve que dejarla pequeño Magni, tengo elfos que la pulen todos los días, e igualmente bruñen mi armadura. Quise visitarte sin todos mis ornamentos para mostrarte algo más interesante.
Le tendió una mano a Magni y dejó que se recubriera de escamas.
–¡Anda mi madre! –Magni retrocedió un paso y Loki se preocupó de que lo hubieran asustado, pero un instante después volvió a acercarse mirando analíticamente la extremidad ennegrecida del norn. –Tiene garras y todo. –Hagen soltó una risa complacida que el niño interpretó como una burla. Volvió a su sitio. –Perdón alteza y señor dragón, no quería portarme como un chiquillo.
–¿Por qué no vamos al jardín? –Inquirió el norn compensando su desliz, tratando de que Loki dejase de apuñalarlo con sus ojos verdes. –Un dragón no es tal si no demuestra que puede lanzar fuego.
Asdis los condujo afuera.
Hagen dejó a Magni mirar sus ojos ambarinos de serpiente. Se rehusó a generar fuego maldito, eso era muy peligroso pero, para salvar ese obstáculo, le pidió a Loki producir una serie de bolas de fuego en sus manos que luego le pasó a Hagen. Pronto el norn estaba haciendo malabarismos con las llamas. Magni lo miraba fascinado. Hagen le fue dando forma al fuego, hasta hacer un pequeño dragón que revoloteó sobre ellos antes de que el norn lo atrapara en un puño y lo disolviera.
–Alteza Loki, muchas gracias –le dijo Magni con sinceridad y esbozó una pequeña sonrisa.
Hagen se sentó en el pasto para hablar con Magni. Le contó lo que denominó "mis aventuras dragonarias". Magni preguntó si podía volverse dragón y volar sobre Asgard, pero Hagen le dio por respuesta que tenía prohibido atemorizar a la población. Le dijo que ya sería en otra ocasión.
Asdis volvió para decirles que el almuerzo estaba servido.
–¿Tienes hambre Magni? –Inquirió Hagen. El niño negó, era claro que prefería jugar con él que comer. –¿Ya almorzaste? Eres un aesir, los aesir deben alimentarse bien para ser buenos guerreros.
–Mi tío decía algo parecido –aseveró y se dejó conducir al comedor. Asdis hizo que les sirvieran pero no se quedó esta vez.
–¿Vivías con tu tío? –Inquirió Hagen y recibió una mirada de advertencia de parte de Loki.
–Sí. En Gladsheim, en una casa que él nombró "Final del verano", pero si estaba de malas decía que era "la jaula del bastardo". –Hagen se molestó pues sabía sumar uno más uno.
–¿Sabes la definición de bastardo? –Le inquirió Hagen a Magni.
–Sí, bastardo soy yo. –El dragón se mostró contrariado pero no supo que replicar.
–Bastardo no es una persona, es un adjetivo para llamar a aquellos niños que no tienen padre. –Loki retorció la definición, pues oficialmente eran los hijos nacidos fuera del matrimonio. –Y tú tienes un padre. Thor.
–Mi tío dijo que…
–Tu tío no lo sabía todo –lo atajó Loki. Magni empequeñeció en su silla.
–Alteza, ¿puedo retirarme?
–No, deseo que te quedes y me escuches –le dijo Loki. El niño le dio uno de sus "sí alteza" y no se movió. El aesir lo meditó un momento. Él no había odiado a Laufey desde niño. Al contrario, cuando era del tamaño de Magni lo que más anhelaba era su aprobación y su atención. No fue sino hasta que creció que su amor se transformó en un rencor enfermizo. No podía decirle a Magni que Leidolf era un imbécil e instarlo a odiarlo o a olvidarlo. Para el niño su tío era un dios al cual deseaba complacer. Era apremiante que Thor ocupase ese lugar. –Tú eres tú, y deberás averiguar lo que eso significa. –Magni lo miró interesado. –Me imagino que hubo ocasiones en que tu tío te hizo enojar con lo que te decía.
Magni apretó los labios.
–Decía que mi madre… Decía que mi madre había cometido una deshonra. –Deshonra que había enriquecido a su familia. –Una vez la llamó…
–¿Qué cosa? Dilo.
–Loki –Hagen lo llamó y le hizo un gesto con la mano de moderarse.
–Dijo que era una furcia. Me enojé tanto que traté de escaparme, me rompí un brazo, me caí del caballo. Él dijo que era un castigo de las nornas por retarlo.
–¿Y tú así lo crees? Hagen –el aludido pareció alarmado cuando Loki lo metió en la conversación– ¿te has caído del caballo alguna vez?
–Una vez –reconoció Hagen.
–¿Por qué fue?
–Porque –había estado muy pero muy borracho –no era dueño de mí mismo. No te preocupes pequeño, a cualquiera le puede pasar, te aseguro que soy un jinete excelente y me ocurrió siendo ya mayor. Debes dispensarte por ese yerro, las nornas tienen otras prioridades que aplacar rebeliones, sobre todo cuando éstas tienen razón de ser. Si a mi madre la hubiesen llamado furcia yo hubiera des… bueno yo soy un dragón.
–Le hubieras echado fuego encima –dijo Magni en un tono de perfecto rencor que daba a entender que él hubiera hecho lo mismo.
–No hiciste nada malo por querer huir ese día. Querías marcharte porque no podías agredir a tu tío para proteger el honor de tu madre –le explicó Loki reinterpretando el episodio. –Un día no tendrás que tolerar las afrentas.
–Jamás podría vencer a mi tío. A veces la reprendía mucho y yo quería que parase. Yo hacía cosas para que la dejara y mejor se fijase en mí, él pensaba que yo era muy torpe, torpe por ser bastardo.
–Pero no lo eras. Estabas protegiendo a Lilja –Loki inclusive dijo el nombre. –Sin embargo a tu tío se le olvidó una sola cosa, muy importante.
–¿Qué cosa?
–Que eres Magni, eres el héroe de Lilja. –Magni se encogió en su sitio y le rodaron varias lágrimas incontenibles por las mejillas. –Y un día vas a crecer.
–¿Puedo retirarme alteza? –Inquirió enjugándose.
–Déjalo tranquilo –le pidió Hagen.
Loki se puso de pie. Sabía lo que era sentirte avergonzado de tu debilidad. Tomó de la mano a Magni y lo condujo a la puerta. Asdis estaba al pendiente y se acercó.
–Llévalo a su alcoba, dale un momento para serenarse y haz que venga de nuevo.
Volvió al comedor sintiendo que no estuvo nada mal para alguien con habilidades paternas recién estrenadas.
–Estás demente –le dijo Hagen en norn. –¿Qué pretendes?
–Nada, sólo quiero desbancar al falso ídolo que adora y entronizar a Thor en su sitio.
–Lo estás haciendo sufrir.
–Lo ayudé a confrontar un evento doloroso, eso es todo. No pretendo torturarlo, de aquí en adelante todo serán juegos y diversión.
Estaban en ello cuando escucharon el sonido de música, cantos y algarabía proveniente de la calle. Hagen se paró y fue a ver seguido de Loki. Margrét se les unió. Era el desfile de los elfos oscuros.
–¿Svadilfari? –Murmuró Loki mirando a quién los encabezaba. –No sé qué demonios pretende.
–¿Ese es el príncipe perdido? –Le preguntó Hagen escudriñando al elfo oscuro desde lejos. Loki no respondió.
–¿Quiénes son? –Preguntó la vocecita de Magni. Aún tenía los ojos enrojecidos pero esa distracción lo había ayudado a salir rápidamente de su ensimismamiento.
–Los elfos oscuros. ¿Has oído hablar de ellos?
–Sí, mi tío me contó que son piratas…
Se quedaron viéndolos hasta que Magni se cansó. Quiso mostrarle sus perros a Hagen. El norn tenía buena mano para los animales, lo cual no sorprendía a Loki. Le dio consejos a Magni para que Therion hiciera el truco de andar en dos patas. Le rascó la barriga a Acerina. Hagen era espontáneo, se reía a carcajadas y correteaba como un niño más. A Magni parecía hacerle ilusión tener semejante compañero de juegos; y Loki pensó que eso le hacía falta a Thor.
Su consorte estaba tan preocupado por el bienestar del niño y se sentía tan culpable por haberlo dejado de lado tantos años que no lograba ser así de ameno. Porque, Loki lo conocía, él también tenía muchas historias emocionantes, muchos trucos y seguramente no le importaría hacer igual que Hagen y pretender que la cachorra, Acerina, se le lanzaba a la yugular mientras rodaba por el pasto. El niño se reía, no a carcajadas, pero se veía contento.
Se fueron empezando la tarde. Cuando estaban por partir Magni pidió permiso a Hagen para llamarlo su "entrañable amigo" y para escribirle cartas. El norn accedió muy complacido.
Al despedirse Loki se inclinó para quedar a la altura de Magni, como hacía Skadi cuando hablaba con él.
–Tu padre te envía sus saludos –le dijo. Magni pareció confundirse un segundo antes de acordarse de que su padre era Thor.
–Dele saludos de mi parte también, alteza. –Loki le aseguró que lo haría. –Alteza Loki, ¿cuándo vendrá él? Quiero salir de la casa, estoy aburrido, si él me permitiera ir a cabalgar yo me sentiría muy honrado.
–Vendrá pronto –aseguró el aesir pero no dijo cuándo.
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Svadilfari hizo una reverencia respetuosa pero no sumisa. Thor le indicó un sitio en la mesa y Karnilla le dispenso una sonrisa. Si estaba sorprendido, al elfo no se le notó, se sentó con aplomo y gesto solemne; como si estuviera acostumbrado a verse con ellos un día sí y el otro también. Thor se sirvió otra copa de vino, al pasarlo de nuevo, el vino vanir le supo a zumo de uvas.
Bebió en silencio mientras Hallgeir recitaba títulos con voz solemne y luego tomaba asiento a su derecha para fungir como escriba de aquella reunión. Thor como anfitrión, fue el primero en hablar.
–Conozco la historia de las sangrientas guerras entre elfos oscuros y elfos de luz sin que se llegara a una solución definitiva pero quisiera recordarles que mi padre, siempre desempeñó una función mediadora, y que desde hace años el único objetivo que tenemos los reyes de Asgard es consolidar la hegemonía en los nueve; un deseo que proporcionará estabilidad por medio del tráfico y del comercio, vital para todos. Es por ello que les pido un cese de las hostilidades apelando a la conciencia de los orígenes comunes que tienen, de sus dioses… –Los tres lo escuchaban con atención, en especial Svadilfari que parecía tratar de comprender qué se escondía detrás de sus palabras.
Terminó su discurso cediendo la palabra a Eyvindur. El rey elfo mantenía las manos sobre su regazo, mostraba un aspecto sereno que le hizo pensar a Thor que a pesar del desfile, iba a seguir con lo que habían pactado. Ese Lord Aldor la había hecho buena convenciéndolo.
–Svadilfari, me alegra conocerte –dijo el rey svartá. El elfo oscuro recorrió veloz con los ojos las cicatrices que marcaban el semblante de éste y pareció quedarse prendado de ellas por varios segundos; eso no hizo que Eyvindur se interrumpiera. –Durante mucho tiempo creí estar mal informado sobre las disputas y muertes indiscriminadas que se sucedían en el espacio y efectivamente lo estaba. Thor me ha contado lo que en verdad acontece; y estoy persuadido de que mi causa de justicia se transformó en una sádica venganza. –El arquitecto lo miró entre receloso y sorprendido. –Deseo la paz con tu gente y Thor me ha dicho que eres líder entre ellos.
Svadilfari se removió inquieto en su asiento. Tenía compuesto su rostro de hijo de mil dísir que usaba para hacerse obedecer pero estaba fuera de su elemento, y presentía que ellos lo notaban. Por ser elfo oscuro estaba acostumbrado a que la gente lo mirara con obscena morbosidad o por el contrario, se detuviera por un momento en sus escleróticas negras y después apartara los ojos; como si no existiera. Había vivido con ello toda su vida. Y esperaba esa reacción en el rey elfo, pero al contrario, tenía una mirada que parecía abarcarlo todo pero que a la vez hipnotizaba.
Carraspeó un poco antes de hablar, miró a Karnilla y ella asintió con la cabeza.
–Soy el capitán de una flota reducida, fui el primero en llegar a Asgard y ser acogido por la generosidad de sus reyes –procuró no decir sólo: Loki. –Así que mi raza me ha cogido estima y respeto, y puedo hablar en nombre de ellos.
Eyvindur asintió y continuó.
–Le he pedido a Thor y a Karnilla que funjan como mediadores y a la vez como testigos de que mis palabras son ciertas. Quisiera ofrecer libremente la reducción de unidades en mi flota espacial, la remoción del general Telenma en sus obligaciones; y el cese de esta cacería.
–¿En serio? –No pudo evitar soltar Svadilfari.
–¿Y firmado el tratado cuándo empezarían a cumplirse estas condiciones? –Preguntó Karnilla casi a su vez.
–Desmantelar parte de la flota requerirá al menos tres meses pero puedo hacer que abandonen esta zona y se replieguen únicamente a Svartálfheim. En cuanto al cese de hostilidades puedo ordenarlo ahora mismo, aún antes de que se firme el acuerdo, como gesto de buena voluntad. –Eyvindur miró fijamente a Karnilla.
–La oferta es tentadora pero no entiendo… –dijo Svadilfari alentado por la intervención de Karnilla. –¿Qué esperan que mi gente haga a cambio? ¿Cuáles son las condiciones?
–Amistad, muestras de hospitalidad, que renieguen de la vida de piratas y contrabandistas que llevan. Que no cometan ilícitos en los distintos reinos ni se asocien con mercenarios ni traidores. Está prohibido que entren a Svartálfheim y es una veda que no levantaré –aclaró Eyvindur.
Svadilfari levantó una mano interrumpiéndolo.
–Somos parias y culpables de ser elfos oscuros…
–Svadilfari, no te juzgan por ser elfo oscuro –dijo la bruja norn en tono suave.
–Te equivocas Karnilla, se me ha juzgado por ser elfo oscuro toda mi vida. Tenía una flota, una que era aceptada en distintos reinos debido a un arduo trabajo y a honorabilidad. No cometíamos ilícitos y sobrevivimos con esfuerzo, ¿y de qué sirvió? Fuimos derribados cuando los reyes que nos protegían perecieron –dijo apasionadamente, de pronto había recordado la desesperación de su padre al ver el trabajo de toda una vida, destruido. –¿Qué será diferente en esta ocasión?
Thor intervino en ese momento antes de que la reunión se fuera a pique.
–Eyvindur y yo derogaremos los tratados que hicieron nuestros abuelos, trazaremos uno diferente donde no se legitime la destrucción de tu raza y además de ello, expediremos permisos de navegación para que puedan transitar por el espacio y fondear en cualquier puerto de mi ciudad o de sus reinos avasallados, excepto en Svartálfheim.
–¿Los permisos serían dados aquí en Asgard? –Tuvo que preguntar el arquitecto.
–Así es. Éstos protegerán a la flota en cuestión dentro del espacio, si cometieran un ilícito sería la flota de Eyvindur quien los arrestaría y remolcaría hasta Asgard donde se les juzgaría.
–Entonces, ¿serás nuestro señor?
–No –el dios del trueno se mostró tajante en ello –pero si soy yo quien los protege, es justo que sea a mí a quien le rindan cuentas si rompen la ley. Estos permisos de navegación sin embargo no son extensibles en tierra, al desembarcar entran en la soberanía de otro rey y tendrían que atenerse a sus normas y costumbres.
Svadilfari asintió, había comprendido. Le gustaría poder contar con tiempo, pensar lo que le estaban diciendo y consultarlo con Loki, con Nulka o con Tulk pero supuso que no le dejarían salir de esa sala sin dar una respuesta. Observó a Karnilla, que aunque silenciosa estaba muy concentrada. Enderezó aún más los hombros. Había dos cosas que había entendido muy bien: No podía poner ni un pie en Svartálfheim ni promover la guerra.
–No quieren que vaya a reunirme con mi padre –pensó de golpe. Si firmaba ese dichoso pacto y lo rompía, sería un traidor y entonces Thor no dudaría en expulsarlo de Asgard ni Eyvindur en matarlo. –Ellos saben de dónde vengo –se dijo, y no le sorprendía, menos con el vergonzoso desfile que había protagonizado aquella mañana. Inconscientemente se ajustó el anillo de Malekith, juraría que vio a Eyvindur fijarse en ese gesto, así que mejor ocultó sus manos.
Lo que decían sobre el tratado de paz era tentador, no aceptarlo sería una necedad y podrían considerarlo como que promovía la guerra, algo con lo que estaba totalmente en contra.
–¿Y si la flota de Svartálfheim derribara un drakar? –Preguntó, no podía evitar hacerlo, tenía muchas dudas.
–Se castigaría al capitán o general que hubiera dado la orden y se pagaría una indemnización a los sobrevivientes. –Svadilfari no pudo evitar lanzarle una mirada fría que Eyvindur comprendió en el acto. –Si pudiera, les devolvería a sus caídos, traería de regreso a Válk –y dicho eso sacó un dibujo que llevaba entre las ropas y que, después de extender sobre la mesa, se lo dio a Svadilfari. Él reconoció al hermano de Vanima. –Pero hay cosas que no están en las manos de nadie, ni siquiera en las de los reyes. No olvidaré su rostro ni su nombre, lo tengo presente en mis oraciones a Naira Anar y a las nornas.
Svadilfari tomó aquel boceto y asintió apretando los labios.
–Acepto –dijo Svadilfari –pero a cambio de mi alianza, hay una petición personal que quisiera hacer.
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Thor le dio instrucciones a Héroïque de organizar la comida de manera solemne, pues había invitado a los elfos oscuros a quedarse. La pequeña norn sonrió ante el reto, pues le avisaba sin nada de anticipación. Entretanto se dirigió a su despacho seguido de Hallgeir.
–Redacta el tratado de paz, ¿sabrás hacerlo? –El joven asintió. Había sido bien instruido. –¿Pendientes importantes? –Le inquirió Thor pues pretendía pasarse el resto de la tarde con los elfos.
–Carta de Leidolf –dijo Hallgeir pasándosela. El secretario se retiró. Thor abrió aquella misiva, la leyó velozmente, casi acababa cuando la puerta se abrió. Sintió cierta emoción previa a un evento feliz al reconocer los pasos de Loki acercándose.
–Salud a mi rey –lo saludó Thor, porque le fastidiaba que Loki le diera la fórmula oficial, así que se adelantó a hacerlo él primero.
–Saludos alteza. ¿Qué tal tu reunión? Nadie me dijo nada de un cadáver de elfo oscuro siendo sacado por la puerta principal. ¿Eyvindur está bien? ¿No tuvo un colapso nervioso?
–Mi reunión estuvo bien, Eyvindur y Svadilfari llegaron a un acuerdo de paz. –Loki sonrió complacido. –No ha habido elfos oscuros fenecidos que yo sepa; y sí, Eyvindur está bien.
–Debe estarlo aún más si ya está en brazos de Hagen –se mofó Loki. Thor puso mirada de entendido. Así que esos dos se traían un amorío entre manos. –Hoy salimos de paseo y a nuestro retorno ese necio norn se la pasó quejándose de lo complicado que es ser pareja, por no decir cuasi–consorte, de un rey. Le expliqué como me las apaño para mantenerte a ti domado y sin darme demasiada murga. Le dije que debe tratar a Eyvindur con mano dura, nada de consentirle caprichos, ni de darle a entender que él manda. –Thor lo estaba mirando entre exasperado y fascinado.
–¿Y con eso mantendrá el amor de Eyvindur?
–¿Cuál amor? Yo nunca mencioné siquiera esa palabra, sólo dije que le di consejos para mantener a Eyvindur sosegado. Pobre Hagen, mira que enredarse con alguien tan…
–¿Rencoroso? ¿Difícil? ¿Caprichoso? ¿Incomprensible? –Ofreció Thor. –Sí, es todo un tormento. –Fue el turno de Loki de exasperarse.
–Valdis me informó que estabas aquí. Mencionó algo de que los elfos oscuros y de luz comerán con nosotros. –Thor asintió. –Asumo que para festejar el tratado de paz. Si tal es el caso voy a asearme. –Se fijó en la carta que Thor tenía en las manos –¿Aún trabajas?
–Es una carta –Thor se la tendió pero Loki se rehusó a tomarla. –De Leidolf –ahora se la arrancó de las manos.
"Mi amadísimo rey", leyó.
"Lamento profundamente haber malinterpretado tus intenciones para con mi sobrino. Deseo, mediante esta misiva, implorar tu perdón, a la vez que deseo solicitar tu permiso para ver a Magni. Echo en falta al pequeño, a quien eduqué como mejor pude en los valores que tengo en más alta estima. Si obré mal en algo, fue en tratarlo con excesiva dureza. Sin embargo, lo hice así para volverlo fuerte, pues debido a su origen, él se verá a lo largo de su vida en la posición de tener que defender su honor, siendo como es fruto de la vergüenza. Sé que está ahora en Asgard, así que nuevamente imploro consentimiento para visitarlo. Reitero mi petición de perdón si di a entender que me gobernaba la codicia, cuando mi preocupación por mi sobrino, quién es lo único que me queda para recordar a mi hermana, es lo único que me guía".
–¿Fruto de la vergüenza? –Loki prendió aquella carta en llamas. –¡Voy a matar a ese malnacido! ¡Si le permites acercarse a Magni también arrearé contigo!
Thor salió de detrás de su escritorio para ir a por él y Loki le permitió tomarle las manos.
El hechicero cavilaba. Previamente había resuelto hacer matar a Leidolf, lejos de Asgard de preferencia. Pero, viendo lo mucho que Magni lo mencionaba y la estima que le tenía eso no sería conveniente. Leidolf debía morir cuando Magni lo tuviese superado o cuando lo odiara. Loki pensó en esa posibilidad. Tomó una decisión. Mantendría con vida al infame para cedérselo a Magni cuando creciera. Un regalo de su parte para el pequeño. La venganza se disfruta más si se cobra por la propia mano.
–Lo acorralé como me aconsejaste, estas no son más que las palabras de un hombre deshonrado y empobrecido que trata de enmendar sus errores para disfrutar nuevamente de una vida holgada. No es en lo más mínimo un familiar extrañando a su sobrino, y aunque lo fuera, ¿crees que acercaría a mi hijo al hombre que lo maltrató con saña? –Loki se alejó de él. Respiró y volvió a sus cabales. –Laufey, ¿solía llamarte así? ¿Fruto de su vergüenza?
El hechicero se dirigió a la salida.
–Te veré en el banquete.
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En cuanto Svadilfari había salido de la reunión, la mayordoma lo escoltó hasta donde se encontraban Vanima y Tulk. Había acordado aguardar al tratado para firmarlo así como aceptó la invitación a comer que Thor le había hecho, eso le hizo recordar un día muy lejano en que su madre le dijo que nadie en su sano juicio lo invitaría a su mesa. Les contó a Tulk y a Vanima cada palabra que se dijo y las promesas que Eyvindur realizó. Los otros mostraron extrañeza y sorpresa combinadas.
–No lo creo, es demasiado bueno para ser verdad –dijo Tulk. –Aunque eso explicaría lo que nos sucedió a nosotros. Nos entretuvieron con vino y entonces apareció la tesorera Sula a endilgarme trabajo: la supervisión de la represa de Nidavelir que está retrasada desde hace años, la dichosa ampliación de la academia de hechiceros en el invernadero, una nueva fortaleza en Harokim y la restauración del puente de Bor. O sea que tenemos trabajo para varios siglos más.
Svadilfari asintió. Le darían trabajo, lo que él siempre había deseado, para que no se fuera a buscar a su padre.
–No podía negarme a aceptar, es una oportunidad única –y al decir eso miró un momento a Vanima.
–Pero no es eso lo que diremos a nuestro pueblo –meditó Tulk. –El que seas del linaje de Malekith les ha dado esperanza, la que además todos sentíamos perdida; hay que decir que conseguiste este tratado de paz. Todos se alegrarán al saber que Telenma, esa hija de mala dísir, ya no estará en el espacio.
Su pequeña conferencia no duró demasiado. La mayordoma volvió por ellos para llevarlos al comedor pero Svadilfari le pidió enviar una nota. Quería avisarle a su madre que se encontraba con bien, lo que iba igual para Nulka y Aryante. Mirelle llamó a un heraldo para que llevara lo que él deseaba; igual le comentó que la escolta que lo acompañaba, estaba en los barracones de los einheriar y les agasajarían también con vino y comida. Svadilfari empezaba a creer que realmente estaban en un extraño universo paralelo.
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Loki entró en el salón de banquetes, iba ataviado entre aesir y elfo, con botas claveteadas y pantalones oscuros, pero con una túnica verde. Llevaba en brazos a Nari y de la mano a Hërin. Las niñeras de los pequeños príncipes lo seguían como si fuesen su guardia. Svadilfari procuró ser discreto en su modo de mirar a Loki. Lo miró saludar cariñosamente a Lord Aldor y a la reina Frigga, antes de ocupar su lugar a la diestra de Thor. Los niños pronto fueron acomodados, Hërin en el regazo de Loki y Nari en el de Thor. El ojiverde no volteó a mirar a su amigo en ningún momento.
Mientras comían Héroïque hacía fluir la conversación, le inquirió a Vanima por los festivales en los que había estado con lo cual la hizo charlar con Hagen; a Tulk por el invernadero haciéndolo conversar con Karnilla. Las reinas madre hablaban de los pequeños príncipes y Lord Aldor hizo conversación por iniciativa propia con Svadilfari. El elfo oscuro temió que el sabio le preguntase por su padre, dejando notar que ellos se conocían desde antes, pero el istyar era perfectamente diplomático y parecía poco importarle lo que los otros pensaran.
–¿Cómo está Bjarni?
–No se ha sentido bien –le respondió Svadilfari y habló de su madre con discreción. El sabio se mostró preocupado por ella y elogió los talentos para curar de Karnilla.
–Si fuera posible me gustaría visitarla.
–No sé si sea prudente, aun con el tratado de paz, no me imagino a un elfo de luz andando por las calles de pequeño Alfheim, podría ser peligroso.
–¿Pequeño Alfheim? –Svadilfari se apenó un poco. Le explicó a Lord Aldor la manera en la que estaban viviendo en Asgard.
–Lord Aldor –lo atrajo Hagen. –¿Tenemos festivales en honor de la diosa Isil? –El istyar se giró hacia Vanima.
–Uno que está casi olvidado, pocos lo festejan pero en mi señorío lo rememoramos. Es en verano.
Svadilfari miró a Loki acercarle su copa vacía a Thor en lugar de a algún siervo, de los cuales había varios al pendiente. El dios del trueno se la rellenó sin meditarlo siquiera, sin apenas dejar de hablar con Eyvindur.
El postre llegó, era pastel de fresas.
–Tal cómo ordenaste alteza –comentó Thor a su consorte. Svadilfari hizo como que no los estaba viendo fijamente pero no le hizo falta ponerse a disimular pues el pequeño príncipe se embadurnó las manos con aquel postre antes de girarse en el regazo de su padre.
–¿Quieres probar? –Preguntó el niño y sujetó de las mejillas a Loki llenándolo de crema.
–Hërin –lo llamó Loki en tono de advertencia. La niñera se apresuró a tomar al pequeño en brazos pero éste se sujetó de la túnica de su padre protestando.
–No, yo voy a comer pastel con papá. –Loki se lo desprendió de la ropa visiblemente avergonzado. –No, papá, no papá –la protesta fue subiendo de volumen.
Thor puso a Nari en los brazos de Eyvindur, que era quien tenía más cerca y se levantó para sujetar a su hijo en lugar de la niñera. Lo apartó consigo mientras Loki limpiaba parte del estropicio. Cada cual volvió a su conversación. Svadilfari notó que Thor hablaba en voz baja con su hijo a quien sostenía en brazos. El niño no lloró y no se quejó más. Y Loki parecía hondamente conmovido por algo tan simple. Cuando Hërin volvió a la mesa fue para pedir disculpas a Loki y para despedirse. Las niñeras se llevaron a los pequeños poco después.
Thor le quitó algo de crema del cabello a Loki y se la llevó a los labios, el ojiverde no se inmutó, como si hubiese estado esperando aquel gesto.
–Están juntos de nuevo –pensó Svadilfari con dolor.
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–Los niños, niños son –dijo Thor zanjando el asunto. La comida terminaba y el vino fluía entre pequeñas conversaciones. Había música tocada por un hábil arpista, Héroïque se había lucido en poco tiempo. La pequeña norn había levantado a los elfos oscuros de la mesa para mostrarles la vista de la ciudad desde uno de los ventanales del comedor. Eyvindur se había acercado a Hagen y las reinas madres conversaban entre ellas, así que nadie prestaba atención a lo que los consortes reales se decían.
–¿Cómo lo tranquilizaste?
–Pues, hablé con él.
–Quizás necesita continuar con las lecciones de etiqueta. –Thor asintió. –Cuando vi a Magni hoy, fue tan ceremonioso…
–¿Viste a Magni?
–Sí, te dije salí a dar un paseo con Hagen. Fuimos a visitarlo. –Thor estaba muy extrañado. –Se me ocurrió que le gustaría conocer a un dragón de verdad, aunque si me lo preguntas a nuestro reptil predilecto le queda poca sustancia, lo aporreamos y bien en la última guerra. –Thor sonrió y Loki se acercó un poco más a él. –Hagen hizo reír a nuestro pequeño sepulturero –le dijo Loki como si fuese lo más. A Thor no le encantó la noticia. –No lo envidies, ya llegará tu momento. Te envía saludos y también requiere que te diga que se aburre. Sé que no estás avergonzado de él. –Dijo Loki bebiendo un poco más. –Pero aunque no lo estés, ocultarlo así… un niño no puede entender los motivos de su padre, tan sólo sus acciones.
Thor bebió algo de vino en silencio. Se imaginaba que después de la vida en Gladsheim, donde podía salir a cabalgar y a jugar con sus perros, estar en Asgard resultaría un encierro para Magni. Loki seguía fascinado por su hijo, como si al salvarlo su pasado atroz se redimiera en algo. Eso le dio confianza al dios del trueno.
–Quizás podría dejarlo salir poco a poco. La razón de que esté en casa de Volstagg, además de su seguridad, es que pocos lo vean, se parece demasiado a Hërin. –No quería pelear pero debía decirlo. –No estoy avergonzado pero temía enfurecerte si insistía en permitirle mostrarse en público.
–¿Lo ocultas por mí? ¿Me echarás la culpa?
–No, no la culpa, sólo… antes no querías ni oír hablar de él, dijiste que era una amenaza para Hërin, inclusive llegaste a amenazarlo. ¿Ya olvidaste todo eso? Sin embargo haz cambiado en tu disposición para con él. Quizás, si te parece bien, podría…
–¿Reconocerlo? ¿Hacer una proclamación?
–Algo así, si te sientes listo.
–Yo no seré el motivo por el cual hagas desgraciado a tu hijo. Haz lo que te venga en gana.
–No te enfades. –Loki se quedó estático y algo frío. Como si sus temores acerca de Magni hubiesen vuelto a despertarse luego de un largo letargo.
–Loki –Lord Aldor escogió ese momento para intervenir. –Si te parece bien, mañana podríamos hacer la prueba con el campo de fuerza. –Le preguntaba a Loki pero iba también a por Thor.
–Mi maestro quiere comprobar la fuerza de Gungnir y de Mjölnir –se explicó Loki dejando de lado completamente lo que antes hablaban.
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Svadilfari ya había contemplado en otras ocasiones la vista que Valaskialf ofrecía de la ciudad, así que no se sintió impresionado como Tulk o Vanima. Retrocedió, quería hablar con Karnilla y tal vez así cruzar alguna palabra con Loki pero cuando se giró, quedó de frente a Eyvindur.
No había nadie que mediara entre ellos dos.
–El estandarte que ondeaba hoy delante de ti, era el de Malekith y ese anillo en tu mano igual fue suyo.
–Así es alteza.
–Yo sé cómo lucía pues he visto pinturas suyas, debo decir que no te pareces a él.
–Heredé los rasgos de mi madre, no los de mi padre –dijo Svadilfari, no iba a negar que descendiera del legendario tirano.
–Eso espero. –Eyvindur le sonrió brevemente y los ojos del arquitecto se posaron en la cicatriz junto a su boca.
–Majestad, ¿encontraste demasiado osada la petición que te hice? –Se atrevió a preguntarle. Para acceder al tratado de paz, Svadilfari solicitó que Eyvindur borrase las cicatrices de su rostro, pues eran el símbolo visible de la discordia entre ambas razas.
–Sí, fue algo demasiado osado de tu parte, pero entiendo que sea necesario en aras de la amistad que ahora existe entre nosotros. –Svadilfari intuía que no por eso Eyvindur iba a perdonar a Hrimthurs.
–Así es cómo los reyes hacen amigos, aceptando peticiones –pensó el elfo oscuro. Pues si Eyvindur quería llamarlo así… –Hay algo de lo cual quisiera hablar contigo alteza. Estuve pensándolo mucho tiempo y no hay nadie mejor que tú para hablar de esto. El término "reloj cósmico" está mal empleado –soltó casi de golpe. Eyvindur había inventado y fabricaba esos artefactos. –En realidad la magia de tiempo está perdida por lo que es imposible emplear seidh y nombrarlo en consecuencia. –Eyvindur no se ofendió, estaba intrigado. –Tuve la oportunidad de desmontar uno de los relojes que fábricas. Me temo que no pude comprender su funcionamiento aunque conseguí volver a armarlo con todas sus piezas de vuelta en su sitio. Lo que es en realidad, es un mapa estelar. Elaborarlo no es poco mérito y no pretendo ofensas, aunque hay ciertas imprecisiones.
–Dijiste que desmontaste uno. ¿De dónde lo sacaste? Son objetos que no están a la venta, quien tiene uno sólo puede haberlo obtenido de mí porque se lo obsequiase. –Svadilfari enrojeció.
–Pues bien, estábamos en Alfheim, había un lord que lo tenía.
–¿Lo robaste? –Inquirió Eyvindur pero no parecía molesto por ello.
–Lo tomé prestado –precisó Svadilfari. –Fue devuelto íntegramente o al menos una copia muy exacta. De todos modos el lord en cuestión no sabía cómo se usaba, no lo echó en falta cuando me marché. –Ya no lo tenía, se había perdido cuando su flota fue derribada.
–Entonces ¿tiene imprecisiones? –Lo alentó a seguir. Svadilfari asintió.
–Pueden observarse a través de él diversas constelaciones respecto a los nueve pero estando en espacio abierto, uno puede percatarse que faltan las diversas desembocaduras. Si nos guiáramos únicamente por este "reloj cósmico" sin prestar atención a lo que nuestros ojos perciben, caeríamos en alguno de los vertiginosos remolinos de tinieblas que existen. –El arquitecto añadió: –Pienso que su alteza no ha viajado en drakar jamás.
–No lo he hecho –aceptó Eyvindur. No lo necesitaba, para ello existía el observatorio. –Aunque me atrevo a decir que nadie logra retratar el cosmos con tanta precisión como yo. Inclusive he considerado el cambio en la posición de las estrellas debido al tiempo que toma a la luz que emiten viajar por el espacio hasta la posición del observador.
Svadilfari sonrió, estaban hablando de ingeniero a ingeniero.
–¿También consideró su alteza que la gravedad de cada mundo modifica el ángulo de la luz? ¿Y que por lo tanto las estrellas no están donde se observan?
–Por supuesto que lo consideré. Hay magia en el observatorio de mi mundo que permite corregir ese efecto, y también el de la rotación de cada mundo así como su paso por Yggdrasil. Mi reloj es cercano a ser perfecto.
–Mapa –no se resistió de corregirlo. –Su mapa estelar es cercano a ser perfecto.
El svartá desvió la vista hacia el ventanal a espaldas de Svadilfari. Si el elfo oscuro cuestionaba el reloj cósmico…
–Me dijeron que fuiste tú quien reconstruyó el muro de Bor y varios de los edificios de Asgard. ¿Cuáles fueron?
Svadilfari buscó el cuartel de los einheriar y se lo señaló al igual que su torre del ocaso. No se podía apreciar demasiado desde la distancia donde se encontraban.
–Si me lo permitieran, quitaría una línea de edificios para la construcción de un camino arbolado que dejaría que, quien admira la ciudad tenga un descanso entre tanto inmueble dorado. Quizás algo más vanir, donde hay ciertos elementos de la naturaleza que se funden con la arquitectura, no sé si haya visto alguna vez la casa de veraneo vanir. –Eyvindur asintió –hay una pared azul que imita la bruma del mar, pues es completamente lisa pero tiene una breve inclinación que uno no nota, sino hasta que está debajo de ella. Y entonces pareciera que la ola está a punto de aplastarte.
El elfo oscuro calló, y luego se dio cuenta de que no había parado de hablar en todo ese tiempo y más aún que le resultaba sencillo. El rey elfo parecía estar intentando imaginar lo que él había dicho pues tenía los ojos en la ciudad de Asgard y eso le permitió al arquitecto observarlo sin demasiado pudor. Desde que entró a la sala, se había preguntado cómo Eyvindur hubiese ordenado la muerte de su raza, pues estaba seguro que Telenma obedecía órdenes de alguien; pero parecía imposible que fuera él. Él, quien estaba hablándole sobre edificios y que no se enojaba porque le soltara una disertación sobre uno de sus inventos. Svadilfari había oído que Eyvindur era la criatura más hermosa de los nueve, pero también, había oído decir que encarnaba el epítome de la raza élfica, con su poder, su apariencia y su intelecto. Ahora comprendía más a Vanima cuando dijo: "No puedo odiarlo".
Se preguntó si podría llegar a conocerlo en realidad, por dentro. Era algo que jamás sabría. Vanima se les acercó con algo de timidez.
–Su majestad Eyvindur –lo llamó. El rey se giró a ella, Svadilfari vio la mirada de artista de Vanima encenderse de gozo. –Estoy haciendo un retrato suyo. –Acaparó la conversación.
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Hallgeir entró en ese momento para decirle a Thor que el tratado estaba listo. Hicieron colocar una mesa en medio del salón y ahí fueron colocados tres grandes pergaminos, con sendas decoraciones en oro y vivos colores que enmarcaban promesas de amistad y bienestar, a la vez que se renunciaba a la guerra. Era meramente una formalidad pues las demás juramentos y condiciones, estarían en un tratado mucho más extenso que sería entregado a cada una de las partes.
Svadilfari y Eyvindur se pararon uno al lado del otro mientras que los demás se acomodaron alrededor para atestiguar aquel acto solemne que prometía poner fin a las disputas entre elfos de luz y elfos oscuros, o al menos la facción que el arquitecto real representaba. Ambos elfos signaron aquellos papeles. Karnilla y Thor hicieron otro tanto como testigos de la veracidad de aquellas palabras.
–Un brindis en aras de una paz duradera –propuso Thor y a todos les tendieron copas para que imitaran al dios del trueno.
Hallgeir tomó cada uno de los pliegos y los enrolló con cuidado. Uno sería resguardado en Asgard, y entregó los otros dos, uno a Eyvindur y el otro a Svadilfari. Eydís llegó al momento para tomar el que tenía en manos su rey, y Svadilfari se lo tendió a Tulk que lo aferró con un poco de fuerza, parecía aún no creer lo que estaba pasando.
Sirvieron más vino pues la firma del tratado no significaba el final de aquella velada.
–Te felicito por este tratado de paz que acabas de firmar –le dijo Lord Aldor acercándose a Eyvindur. Estaba orgulloso por lo que había hecho, así hubiera sido orillado por las circunstancias. Todavía tenía mucho que enseñarle y debía canalizar la disposición de Eyvindur hacia los elfos oscuros a una meta y un objetivo: la pacificación completa y convivencia entre ambas razas. Tenía que terminar de formar a ese discípulo suyo, sólo así llevaría a cabo su gran obra maestra.
Iba a añadir algo más pero su joven rey, lo miró sólo una vez antes de dar media vuelta y dejarlo hablando solo. A Lord Aldor le dolió aquel desplante.
–Me parece que su rey no está muy feliz de haber firmado este acuerdo –dijo una voz detrás del istyar. Era Tulk, a quien había conocido al lado de Hrimthurs cuándo éste aún era arquitecto.
–No es debido a ello, está enfadado por motivos personales que no me siento inclinado a compartir; pero él estaba al tanto de que este acuerdo de paz ya era necesario. –El ingeniero se mostró escéptico –sé que su reinado ha parecido una continuación exacta del de su padre, pero esto es debido a Lord Lúne, su consejero real, a quien le gusta en demasía la guerra.
–El hermano del extinto rey Larus. –Tulk había escuchado de él pero casi nunca se acordaban de mentarlo. Lord Aldor no le guardaba ninguna simpatía al lord consejero, como antes no lo hizo con su hermano aunque eso jamás lo diría en voz alta; asintió a cualquier pensamiento que Tulk tuviera acerca de él. –Me imagino que éste Lord Lúne no olvidará que los elfos oscuros mataron a su hermano y a su padre también.
–No, no lo olvida –confirmó Aldor. Si hacía falta desviar el rencor de los elfos oscuros hacia Lúne, a él le parecía bien. Igual estaba convencido de que debía alejar a su rey de la influencia de éste.
–Es por tanto importante, que ellos dos se acerquen –dijo señalando tanto a Svadilfari como a Eyvindur. Había presenciado las breves palabras que intercambiaron, le habían parecido un buen comienzo.
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Karnilla le había hecho una señal de acercarse. Loki así lo hizo.
–Así que, ¿príncipe svartá? –Le dijo a Svadilfari. –Enhorabuena, haz logrado sacar a Telenma del espacio, una vez me dijiste que no sabías como podía lograrse eso, pero al final diste con la respuesta.
–Gracias. –Dijo Svadilfari. Se ajustó el anillo de Malekith en la mano como si así se infundiera aplomo. –Te envíe un mensaje esta mañana, con Sindri.
–Estuve fuera de palacio, no recibí nada, aunque debo culpar en parte a Ari, se ha vuelto algo descuidado últimamente. –Svadilfari pareció un poco aliviado de oír eso. –¿Qué ponía? ¿Me pedías exequias fúnebres honrosas? No debes temerle tanto a Eyvindur, parece que le agradas.
–Pues sí, ponía algo así, sobre todo después del mensaje que me hiciste llegar. Últimamente ya no me pides que venga a ti, ni sales de tu palacio a visitarme. Pensé que me estabas evitando, que Thor te había prohibido hablar conmigo.
–Necio –dijo Loki con conmiseración que irritaba. –Lo que menos te conviene es enfadar a mi esposo en este momento. Es un hombre que con todo su inmenso poder podría aplastar a cualquiera. Ha sufrido molestias, frustración e insultos por parte de personajes que le desagradan o de los que desconfía abiertamente, sin embargo eso no ha evitado que sea justo. Él te ha favorecido por sí mismo pues tal es su carácter. No necesitas que nadie le recuerde los rumores acerca de ti siendo mi amante.
–¿Quién dirá tal cosa? Él mató a todos los que rumoraban en nuestra contra. –Los ojos de Loki se tornaron en absoluta frialdad. –Te has reconciliado con él.
–¿Qué dices?
–Acabo de verlos juntos. Sólo te faltó besarlo delante de todos.
–Svadilfari –Karnilla dijo su nombre llamándolo a moderarse pero su amigo estaba fuera de sí, no elevó el tono de voz pero su rostro traslucía que se sentía traicionado.
–No irás a Svartálfheim, no serás istyar. Te quedarás aquí con tu amo.
–Thor no es mi amo y mi partida al reino de los elfos no se pone en entredicho. No te atrevas a retarme, jamás te prometí nada, no te dije que podrías irte conmigo.
–Cierto, no diste seguridad de nada porque, ahora lo veo, tus palabras fueron dichas sólo porque te dejaste llevar por la ira, no por una verdadera convicción de llevarlas a cabo. Tampoco te recriminaré que prefieras conservar el afecto de tu rey y vivir en esta jaula dorada a realizar tu anhelo de magia y libertad. Pero sólo quiero recordarte que él es el hombre que Laufey escogió para ti.
Loki retrocedió. Svadilfari iba a sujetarlo pero Karnilla le alcanzó la muñeca.
–Ya basta, no vayas a hacer una escena. –El ojiverde se alejó de ellos pretendiendo que nada había ocurrido.
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Thor observó por el rabillo del ojo a Loki hablando con sus amigos. El elfo oscuro parecía algo cabreado. El dios del trueno no se sintió agraviado ni pensó que debía correr a defender a su consorte. Si Svadilfari no conocía lo frustrante que era batirse en duelo contra la afilada labia de Loki, ya iba siendo hora de que lo hiciera.
–Se va a enterar de porqué lo llaman lengua de plata.
–¿Perdona? –Inquirió Eyvindur. Se giró un momento y notó lo que Thor miraba. –Lo vas a desgastar de tanto mirarlo. –Thor se rió y no pudo evitar embromar a su amigo.
–Y Hagen enmohecerá de tanto que lo tienes guardado. –Eyvindur se sonrojó. –Loki me dijo, porque Hagen le dijo.
–¡Ese bocazas! –Se indignó.
Thor dejó las bromas atrás.
–Eyvindur, hay algo que quiero decirte. –No se lo había podido decir en la reunión pero había meditado los temores de Eyvindur acerca de que él no renunciaría a darle muerte a Hrimthurs y temía que Svadilfari tomara represalias en su contra, era un tema que no podía discutirse porque había dos variables insalvables: Eyvindur no renunciaría a su venganza y Svadilfari era hijo del regicida. El dios del trueno se inclinó un poco más hacia su amigo, con todos ocupados en sus conversaciones, nadie les estaba prestando mayor atención. –Yo mataré al regicida –le dijo. Eyvindur le prestó su total atención –sé que es un asunto personal, pero si lo haces, los elfos oscuros en Asgard no lo verán como el final de tu anhelada justicia sino como un acto de traición a la paz. Te ayudaré a buscarlo y a condenarlo. Los elfos oscuros no podrán enojarse en demasía conmigo –no después de todo lo que hacía por ellos –y en dado caso, un regicida, es un traidor a ojos de todo rey.
Eyvindur lo meditó pero pareció asentir imperceptiblemente.
–Dirán que eres mi cómplice.
–Yo diría que más bien tu aliado.
Eyvindur tomó su copa de vino y bebió un poco de ella.
–Pronto te empezaremos a llamar Thor, Padre de Todo –dijo Eyvindur serio.
Thor pensó que lo estaba embromando pero comprendió al fin porque los reyes de Asgard, llegado el momento, se hacían llamar Padre de Todo. Debían ser la imagen de un conquistador poderoso y misericordioso, capaz de infundir temor hasta el extremo de que nadie osara oponerse pero que a la vez, fueran capaces de despertar un deseo tan profundo de satisfacerlo, que todos querrían dejarse gobernar por su voluntad, aclamándolo como un padre. Un progenitor con el que podrías enfadarte pero jamás desafiar.
–Una vez mi padre me dijo que un gobernante no sólo debe ser mejor que sus súbditos sino que ha de hechizarlos. En ello tú eres mejor.
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Hagen estaba metido en la tina de su habitación. El banquete había terminado algo tarde. Estaba aseándose antes de dirigirse a pasar la noche con Eyvindur, tenía junto a él su navaja y la crema de afeitar que Karnilla solía regalarle. Estaba por tomarlas cuando su amado irrumpió en su privacidad.
–Tardas tanto en venir a mí, que temí te hubieses ahogado en la tina –le dijo Eyvindur. –¿Haz terminado?
–No. –Eyvindur parecía algo impaciente pero también cohibido. –Ven, únete a mí. –Le pidió Hagen.
Eyvindur se lo pensó un poco y cuando el norn pensó que iba a negarse, su elfo empezó a quitarse la ropa. Hagen se le quedó mirando fijamente mientras las prendas eran retiradas, Eyvindur las iba acomodando sobre una silla cercana. Cuando se agachó para despojarse de la ropa interior Hagen no pudo evitar mirar con ansiedad la curva del trasero de Eyvindur. Pero cuando su elfo se enderezó, él pretendió que era todo recato, le dio una sonrisa de circunstancias.
El agua se desparramó sobre el suelo baldosado cuando Eyvindur se sumergió. Aquella tina era tan amplia que cabían sin estar incómodos.
–Entonces, saliste de paseo con Loki y encima le contaste acerca de nosotros. –Inició la conversación Eyvindur mientras se acomodaba en el agua caliente.
–Fue culpa suya, él me indujo a salir juntos, casi me lo imploró. Me llevó a conocer al hijo ilegítimo de Thor. –Eyvindur arqueó las cejas. –Y así todos nos guardamos los secretos. Por cierto, Hjörtur le ha escrito una carta romántica a Karnilla.
–¿Hjörtur?
–Sí, le dijo que "Tenemos que conquistar juntos la felicidad que el destino nos ha regalado", entre otras cursiladas vomitivas acerca de lo hermosa que es en el retrato que Hrafn le llevó después de su última visita. Igual le dijo que siempre aguarda por sus cartas con impaciencia.
–Hagen… –El norn le dio una sonrisa de "no pasa nada".
–Mi nuevo amigo se llama Magni, es algo serio, tiene una personalidad que me hace pensar más en Loki que en Thor. Estuvimos jugando juntos. Tiene una cachorra con la que nos divertimos bastante, igual le va el humor negro porque yo fingía que me desangraba y él se reía más que con ninguna otra cosa. –Hagen iba diciendo eso mientras le tomaba un brazo a Eyvindur para frotárselo con una esponja.
–Thor puso a su hija en mis brazos hoy. –Le contó a su vez Eyvindur. La misma criatura que él alguna vez había condenado a muerte. Hagen asintió, lo había visto. –Se quedó azorada mirándome, sin ninguna reserva jugó con mi cabello y me dijo: "qué bonita princesa". –Hagen se carcajeó y Eyvindur le lanzó agua a la cara. Hagen se pasó una mano limpiándose.
–Hay que invitarlos a todos juntos a Enya, me encantaría ver el semblante de nuestro pueblo cuando esos niños se metan a corretear en la fuente de las nornas, o algo parecido. –Comentó mientras seguía riéndose.
–¿Te gustaría tener hijos? –Inquirió Eyvindur.
–¿Por qué lo preguntas? ¿Temes estar preñado? –El elfo se cruzó de brazos bastante serio. –Lo que quiero es a ti. Eso ya lo sabes.
–¿Entonces tener descendencia no es algo que desees? –Hagen se encogió de hombros.
–Tú tendrás que tomar una reina y dejarla embarazada, yo seré maestro de armas de tu hijo, lo querré como Aldor te quiere a ti. –Dijo el norn con formalidad.
–Me preocupa que te resulte cada vez más oneroso pagar el precio de estar conmigo. Esconderte, no poder casarte, renunciar a tener tu propia familia, temo que un día me mires y te preguntes si ha valido la pena.
–Por no hablar de la abstinencia –masculló Hagen.
–Sí, por no mencionar la abstinencia a la que te someto. –El norn negó con seguridad. Tomó las manos de Eyvindur y lo haló hasta montarlo sobre él. Le apartó el cabello mojado a un lado y se lanzó a besarlo demandantemente mientras lo sostenía de la cintura.
–Tú eres todo lo que necesito, si estás conmigo no quiero nada más. –Eyvindur se inclinó a por otro beso y otro más. Sintió las manos de Hagen sujetarlo del trasero para mantenerlo firmemente en su sitio, y la hombría de su amado despertándose. Se puso nervioso en el acto. –No temas, no te haré nada. –Eyvindur lo miró dubitativo. –Eso no es culpa mía, eres demasiado sensual, estás aquí cubierto de espuma, desnudo y te ves tan… –Hagen lo recorrió con los ojos. –Pero no pasará nada hasta que no estés listo, hoy tan sólo deseo que nos bañemos uno al otro y por supuesto demando bastantes besos.
Eyvindur sonrió. Se enjabonaron uno al otro, Hagen consiguió que Eyvindur le frotase la espalda, lo cual aparentemente era uno de sus grandes sueños. Hizo lo mismo por el elfo convenciéndolo de que aquello era uno de los mejores placeres de la vida. Se apartaron un poco para que el elfo pudiese lavar su largo cabello y Hagen tomó sus utensilios para afeitarse. Notó la manera en que Eyvindur lo miraba.
–¿Cómo te gusto más? ¿Afeitado o con barba?
–Me gusta tu barba –Hagen sonrió, típico de sus conquistas élficas, pero eso no lo dijo.
–¿Quieres ayudarme? –Le tendió la navaja a Eyvindur.
–¿Y si te corto?
–No importa, se cerrará en el acto, sólo no hagas demasiada presión, no vaya a ser que me degüelles. –Eyvindur se mostró muy inseguro. –Vamos, hazlo, consiénteme. –El elfo se subió en su regazo y Hagen se llenó el mentón de crema. –Dale forma y procura que te quede simétrica.
–Silencio, si hablas no puedo hacer esto. –Hagen se calló. Eyvindur fue afeitándolo con movimientos precisos, por algo era bueno armando armatostes delicados. Hagen echó atrás la cabeza y Eyvindur apoyó la hoja con cuidado bajo la barbilla.
–¡Ouch! –Hagen respingó llevándose las manos al cuello. Eyvindur se alejó asustado. El norn hizo ademanes con las manos de estarse desangrando pero no tenía nada.
–¡Imbécil! –El dragón se carcajeó de lo lindo.
–A Magni le hacía gracia esto.
–¿Tengo seis años? ¿Magni te estaba pasando una navaja por el cuello? –Hagen recobró la compostura.
–Ya termino yo –dijo con gesto contrito. Eyvindur se lo quedó mirando y de pronto empezó a reírse, sus carcajadas hacían eco en las paredes del cuarto de baño. Dejó la navaja de lado y se arrojó a los brazos de Hagen. Le besó el cuello y luego el mentón. –Esta crema de afeitar sabe deliciosa. –Eyvindur estaba de acuerdo.
Apoyó las manos en los brazos de Hagen y las fue bajando por su abdomen hasta sus muslos, le gustaba el físico del norn.
–Si te deseo –le dijo. –Sólo no sé cómo…
Hagen se mordió los labios, le tomó una mano a Eyvindur guiándola a su hombría que empezó a endurecerse con apenas ese roce; se acercó al oído de Eyvindur. Le susurró la frase más obscena que el elfo hubiera escuchado en toda su vida:
–Tócame y pregúntate si no se te antoja probar esto. –Eyvindur hizo lo que le decía sintiéndole endurecerse por completo entre su mano. –Pregúntate si no te gustaría ensartarte aquí y sentirte repleto de mí.
Eyvindur seguía acariciándolo.
–Sí, si se me antoja –le respondió en sus propios términos.
–Te complicas demasiado, el sexo entre nosotros será algo simple, sólo tú y yo tomando lo que queremos. –Eyvindur sonrió y retiró su mano.
–Pero no será hoy. –Hagen no se mostró decepcionado.
–No, no será hoy.
Terminaron de bañarse. Eyvindur salió de la tina para poder aclararse el cabello, Hagen nunca lo había visto hacer tal cosa. El elfo se inclinó hacia adelante pasando aquellas largas hebras delante suyo. La forma en que se curvaba su espalda mientras hacía eso debería estar prohibida, había desenfado en su postura. Hagen no se atrevió a salir de la tina, porque sentía que si lo hacía no podría resistirse a hacer que Eyvindur se agachase para clavarle la polla bien hondo, sin importar si protestaba por ello o no.
El elfo se veía bastante seguro por la dispensa de Hagen respecto al sexo. Se giró a mirarlo sin saber que el norn se estaba debatiendo contra el demonio de la lujuria.
–Con ayuda de Karnilla, borraré las cicatrices de mi rostro. –El deseo se le aplacó a Hagen.
–¿En verdad? –Eyvindur asintió, todo candidez mientras se cubría con una toalla.
–Sí. –Hagen supo que lo amaba más de lo que había amado a nadie, pues aquella decisión le resultó una muestra de la sabiduría de la que su amado era capaz. ¿Existía alguien más perfecto en los nueve? –Y ahora me voy para que puedas pajearte en mi honor a gusto. –Finalizó saliendo.
–Tú ve a hacer lo mismo –le dijo Hagen en voz bien audible.
.
Ari se desperezó. El sol ya había salido lo cual lo hizo salir corriendo de la cama. Se quitó de encima los brazos de Ertan que aún lo abrazaban y se apresuró a vestirse.
–¿Debes irte ya? –Le preguntó el joven.
–Sí, hay una reunión de sabios y seré el escriba oficial –le contó metiéndose las botas en dos tirones.
–¿Cuándo te veré de nuevo?
–Loki me reprendió por escaparme anteriormente. Y eso fue apenas hace dos días. Quizás debamos espaciar nuestros encuentros en aras de nuestras obligaciones. –Ertan siempre había sido muy responsable.
El hijo de Erwel salió de la cama y se acercó por un beso breve.
–Quizás, pero si pudieses venir antes de que finalice la semana, házmelo saber.
–Tú también estás muy ocupado. Con todo este asunto de los elfos oscuros que entran de incógnito y con todo el contrabando que descubriste en el puerto.
Thor y Loki le habían dado el puesto de jefe de puertos a Ertan para no denigrarlo por ser hijo de un traidor y para recompensar en cierto grado su lealtad. Era un cargo importante aunque no tanto como el anterior que había ostentado. Durante su primer semana en ese trabajo a Ertan trataron de sobornarlo no menos de ochenta y tres veces para que hiciera ojos ciegos y oídos sordos a un montón de irregularidades con impuestos, mercancías, drakares, armas y así. Se había negado a aceptar un solo sou y había hecho cumplir la ley con bastante rigidez. Ahora tenía un montón de comerciantes y capitanes resentidos que lo odiaban. Ari pensaba que ocupaba un puesto para el cual, su personalidad incorruptible y su elevado sentido del deber, no eran adecuados. El joven secretario a veces se preguntaba si Loki no habría puesto a Ertan ahí para que se hiciera de enemigos que lo mataran sin que se pudiera decir que era obra suya.
–Sí, estoy hasta el cuello, pero… –Ari retrocedió. No quería ni hablar oír de amor. No se suponía que ellos dos se involucraran. Lo que empezó como un acostón de consolación había evolucionado en una relación en toda forma. Mejor besó a Ertan para que se callase.
–Ten cuidado.
–Siempre lo tengo. Esperaré una palabra tuya. –Insistió.
Ari entró con la máxima discreción que pudo en Valaskialf. Se dirigió a la sala de audiencias con prisa.
–Lord Ari –lo frenó Héroïque cuando casi alcanzaba su destino.
–Mi lady –la saludó con cortesía. Desde que Ari había sido nombrado Lord un montón de gente lo convidaba a sus mesas y lo halagaba. Ari sabía que no por eso podía considerar a todas esas personas sus amigos. Pero Héroïque… costaba resistirse a su encanto. Porque además ella era la única persona en palacio que le preguntaba por Ertan, y que parecía sincera en su interés. Ari le contó que seguía frecuentándolo y ella aseguraba que le gustaría que cenasen los tres juntos fuera de palacio, invitación que Ari no mencionaba a Ertan, pues pensaba que los recordatorios de su vida antes de caer en la deshonra no serían bienvenidos. –¿Haz visto a Ertan estos días? Pronto será su día del nombre y le tengo un presente.
–¿Su día del nombre? –Ari no lo sabía. –Héroïque disculpa debo acudir pronto donde su alteza.
–Claro, la reunión de eruditos acerca de la academia, acabo de enviarles vino y un tentempié, que los disfruten. –Se despidió orgullosa de su labor.
Ari entró presuroso. En la sala de audiencias estaban Lord Aldor, Karnilla, Velaryon y Loki. Su amo no lo riñó, llegaba justo a tiempo. Ari los saludó con reverencias a todos y tomó asiento junto a Velaryon.
La reunión inició con el gran maestre hablando de la ubicación e infraestructura de la academia. Le mostró al sabio los planos que ya habían sido preparados. El istyar reparó en que fue Svadilfari quien los diseñó, inquirió por ello con tono casual. El Lord comparó el diseño con el de su mundo natal, el observatorio en la confluencia de los ríos. Ari iba tomando notas, anotando de prisa sin resumir. Loki le exigía no pasar por alto ninguna palabra. Estuvieron hablando de ello un buen rato antes de que abordaran otras cuestiones.
–¿Qué código de ética los regirá? –Quiso saber Lord Aldor, era inevitable que se metieran en temas algo espinosos. El elfo era algo pomposo en su manera de conducirse, pero Loki lo tenía en tan alta estima que, aunque Ari no entendía de magia, suponía que Lord Aldor podía permitirse ser soberbio por ser poderoso.
–¿Se refiere a dividir la magia en negra y blanca? Los norn no creemos en tal división –dijo Karnilla en el acto.
–Pero esta academia no será norn, sino as. Y no, no estoy pidiendo que dividan la magia pero sí deseo conocer la finalidad de sus enseñanzas. Los istyar buscamos proteger con nuestro seidh, acrecentar paulatinamente nuestros conocimientos y transmitirlos, así como curar. Las doulas norn –dijo Lord Aldor demostrando que sabía de todo –se dedican a auxiliar en el parto y en las enfermedades; aunque también han conjurado, a lo largo del tiempo, otros tipos de magia como la adivinación, la manipulación mediante pociones e inclusive han facilitado asesinatos. ¿Cuál será la senda a seguir por los aesir? –Ari miró a Loki pero no fue su señor quien respondió, sino Velaryon.
–Deseamos emular a los istyar –dijo Velaryon, –aunque también deseamos adoptar ciertos conocimientos de la magia norn –todos en Asgard sabían que Karnilla y él eran muy amigos, –principalmente para curar.
–¿Qué tipo de seidh prevalece en Asgard? Su alteza Frigga, hasta donde sé, posee magia protectora.
–Eso está poco estudiado, no sabemos bien a bien que habilidades predominan entre los ases, los hechiceros suelen ocultarse pues en el pasado no se les ha visto con buenos ojos. Lord Aldor, ¿qué clase de magia es la que usted consideraría inadecuada de transmitirse? –Velaryon hacía bien en poner las cartas sobre la mesa, si Lord Aldor iba a ponerles condiciones mejor que fuera pronto.
–Toda magia que transgreda el libre albedrío –explicó el istyar. –Cómo la necromancia, el uso de pociones que manipulen, hagan olvidar o rebajen a los hombres a los instintos más básicos. –Ari levantó la mirada, hablaban de pociones como la que Amora había empleado para seducir a Thor.
–Eso deja fuera los filtros para olvidar, los afrodisiacos y otras pociones como "despierta–sombra" –dijo Karnilla. Lord Aldor asintió. Velaryon se mostró conforme y Loki, él no dijo nada. A Ari le pareció que su señor realmente no deseaba estar ahí.
–Igual incluiría como magia prohibida aquella que rompe lazos mágicos establecidos para salvar vidas. –Loki levantó la mirada hacia su maestro. –Cómo ya sabrán en mi reino, cuando nos enfrentamos a situaciones de vida o muerte, podemos enlazar a alguien sano e ileso con el herido, le da soporte con su seidh hasta que logramos curarlo. Ese tipo de lazos son sagrados y no deben romperse.
Velaryon parecía algo confundido.
–¿Bajo qué circunstancias…
–No creo que se deba sancionar tal hechizo pues la ocasión en que sea necesario emplearlo sería escasa, hasta donde yo sé no hay más foreldrar. –Interrumpió Karnilla. Velaryon se mostró aún más intrigado. La norn miró a Loki pero este no dijo nada, de nuevo. –Los istyar fueron cuestionados hace tiempo, acerca de la manera de salvar la vida de Loki cuando estaba gestando a Hërin, había que deshacer el lazo que unía su magia a su hijo, y los elfos de luz se negaron a brindar ayuda pues transgredía sus principios. Sin embargo, como ya decía no creo…
–No me refiero solamente a los foreldrar. Hay sanadores que desean desvincularse, cuando sienten que se les agotan las fuerzas y que sus vidas corren peligro, pero eso es deshonroso de concederse –habló Lord Aldor.
–Estamos adelantándonos un poco –dijo Velaryon. Ni siquiera tenían estudiantes y ya estaban riñendo por las enseñanzas.
–Eso es transgredir la voluntad del sanador –dijo Karnilla sin hacerle caso al maestre. –No todos tienen vocación de mártires.
–Y ni siquiera he comenzado a hablar de la deleznable práctica de la adivinación mediante la invocación de los muertos. –Ari juraría que Karnilla se sonrojó.
–Mi Lord, esa magia no puede enseñarse a menos que el discípulo tenga el don. Ya podría yo darle miles de lecciones a Loki y no lograría conjurar ni un pálido atisbo de la sombra más débil emergida del Hel.
–Magia de Hela, no es otra cosa que magia oscura.
–La diosa es sagrada, tan sagrada como su Naira Anar. –El istyar se cruzó de brazos ofendido. –Veo que lo que trata de decir es que no debe enseñarse la magia norn. Pues ya veremos lo que dirán los reyes de Asgard al respecto. Loki –ella se giró a pedirle su opinión.
–Sea, que mi discípulo, educado a la manera de los istyar nos diga, que enseñanzas considera más aptas. –Velaryon y Ari se hicieron hacia atrás como si temieran salir chamuscados de tal enfrentamiento.
–Pregúntenselo a Thor. –Fue la respuesta de Loki.
–Pero hay que ver… mi magia te salvó la vida, no puedes penalizarla, soy la hechicera real…
–Loki, puedes decir lo que piensas no temas ofender a una amiga o a tu maestro. Si la magia norn ha hecho de ti mejor hechicero dilo ahora mismo…
Loki se puso de pie.
–¿Alteza qué haces? –Le inquirió Velaryon.
–Estoy dando por finalizada la reunión. No se puede dar una respuesta sencilla a este complejo problema moral –los ánimos se aplacaron un poco. –Lo consultaré con Thor igualmente, no es hechicero pero es de su reino del que hablamos.
Loki se despidió y Ari se dispuso a seguirlo en el acto.
–Lord Aldor, separar la magia transgrede el principio de inmutabilidad, por no hablar del Decamerón de la magia curativa de Keméntari. –Escuchó que Karnilla proseguía el debate.
Su amo no se fue a discutir con Thor acerca del tipo de magia que debía enseñarse en Asgard. En cambio le dijo que atendería otros asuntos.
–Cancela mis reuniones del día –le ordenó. Aunque en realidad no eran muchas. Había una con Geirolf quien iba a presentar un informe de la seguridad en la ciudad; y otra con Yrsa, la comerciante. Y así era últimamente. Ari transmitió sus negativas y luego volvió al despacho de Loki. Lo encontró ahí pero no estaba trabajando, tenía a su hijo en las piernas. Hërin estaba escribiendo con tinta de colores, haciendo dibujos en los pergaminos mientras que su padre escribía con su mano izquierda algo inteligible para Ari.
Su señor dedicaba mucho de su tiempo a dos cosas: criar a sus hijos y vigilar la vida de palacio. Ari no podía evitar rechinar los dientes ante ello. Le hizo una reverencia y le anunció que ya estaba ahí, listo para trabajar. Loki lo despachó con un gesto de su mano.
Ari se fue a su propio espacio. Se dejó caer en el sofá bastante desconcertado.
De cara al pueblo y a los nobles, Loki y Thor parecían ser una sólida pareja. Pero era imposible que ocultasen los términos de su relación a gente como Héroïque, Hallgeir, Valdis y él. Gente que los observaba de cerca en su vida privada. Ari sabía que seguían sin dormir juntos y que su amo procuraba involucrarse lo menos posible en los asuntos del reino.
Ari había supuesto que después de las ejecuciones, Loki retomaría los juegos de poder que tanto le gustaban. Se imaginó que aplastaría a Ragnheidur, el único de sus rivales que conservó la cabeza; y que subyugaría a los nuevos concejales a su voluntad. Pero no pasó nada de eso. Su amo tenía de nuevo el afecto de Thor; el respaldo de las familias reales de Vanaheim, Nornheim y Jötunheim, la amistad de los elfos, el apoyo del pueblo, de los ases–alfh y de los elfos oscuros. Ostentaba más poder que nunca y sin embargo no hacía nada con ello.
–No lo entiendo. –Se dijo Ari.
La puerta de su pequeño despacho se abrió e Yrsa entró. La comerciante llevaba una gran sonrisa. Insistió en que Ari la colase en la agenda de Loki pero el secretario se negó.
–Lo lamento pero se encuentra sumamente ocupado. –Benditas las barreras de sonido que circundaban el despacho de Loki, pues hubiera sido vergonzoso decir eso y que Yrsa escuchase las risas de Hërin provenientes de la oficina de su padre.
Yrsa se lamentó hondamente.
–Quiero hablar con él. Hay elfos oscuros infiltrando mercancías en Gundersheim, y no me estoy quejando de ello pero Ragnheidur se dará cuenta más temprano que tarde. Se están cebando de lo lindo aprovechando que nuestro enfurruñado concejal anda lejos, ¿dónde está ahora mismo Ari? –Estaba en Nornheim pero Ari se rehusó a decírselo. –Entre estos elfos oscuros hay personas que aprecio, son esencialmente buena gente pero están desacostumbrados a obrar bajo el amparo de la ley. No creo que sea nocivo que comercien entre los ases pero hay quienes son hostiles contra ellos, y la persona que debería hacer prevalecer la paz, o sea, de nuevo Ragnheidur, se pondrá en su contra. ¿Si me entiendes? ¿Verdad Ari?
–Por supuesto que la entiendo.
–Pues díselo a Loki, dado que está tan ocupado como para recibirme.
–Lo haré. –La comerciante ya se iba –Yrsa –pero él la detuvo. –Nunca le he comprado nada, pero ahora me veo en una situación económica holgada, hay un amigo que deseo halagar y no sé si podría ayudarme. Su día del nombre será pronto.
–¿Alguien que yo conozca? –Ari negó de prisa.
–Estuvo en el ejército –se atrevió a revelar Ari. –Y tiene gustos sencillos –le gustaba Ari, lo cual probaba su punto. –Si tuviera algo que sugerirme se lo agradecería.
–Una funda de espada engarzada en rubíes –Ari negó. –Un anillo de plata élfica con diamantes incrustados –otra negación. –Un juego de dagas de enanos. El dragón negro me hizo llegar varias para ponerlas en venta precisamente entre miembros del ejército. Hay un par hermosamente trabajado e inigualable, dicen que el acero de los enanos jamás pierde el filo ni su brillo. Las puedo poner en un estuche decorativo –siguió ella viendo que esa idea le gustaba a Ari. –Engarzado en esmeraldas u otra gema a juego con él, ¿de qué color son los ojos de tu amigo?
–¿Podemos dejar de lado las gemas? –Yrsa se rió.
–Sí podemos. Podría ponerle una dedicatoria grabada en la madera del estuche.
–Sí, eso podría funcionar.
–¿Un poema de Mikal? –Ese escritor hacía poemas de amor. Ari se sonrojó. Yrsa había adivinado que aquel obsequio no iba para un amigo sino para un amante.
–¿Cómo supo?
–Eres un nuevo Lord, lo primero que hacen es meter en su cama doncellas deslumbradas por la riqueza. Si quieres disimular, empieza a cortejar a alguna dama de inmediato, de preferencia una que sepas que no te va a corresponder jamás.
Ari le agradeció el consejo, le pagó por anticipado y después volvió donde Loki.
Hërin moría de risa tiñéndole de naranja las mejillas. Lo hacía remojándolas en tinta y luego agarrándole la cara. Loki lo dejaba hacer impertérrito. Había dejado de lado lo que escribía anteriormente.
–Llama a Ásta –le ordenó. –Y envía esta carta a Vanaheim –le pidió pasándole una misiva sellada para la reina madre Hanne.
–Sí mi señor.
–¡Ari! –Lo llamó la vocecita de Hërin. El niño se agachó por los pergaminos que había pintado, había dos. –Toma, envía esto –le ordenó emulando a su padre. Loki sonrió con orgullo.
El secretario tomó el pergamino de manos del pequeño príncipe. Miró a Loki interrogante.
–Entrégale uno a mi madre y el otro a Thor.
–Sí mis señores –les hizo una reverencia y partió.
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Hallgeir recibió aquel dibujo pues Thor estaba ocupado con unos comerciantes. Ari se había enterado de que se trataba de capitanes de drakares que comerciaban con Vanaheim. Temía que fuesen a quejarse de Ertan con el dios del trueno. Sabía todo eso a pesar de que Hallgeir no revelaba nunca nada, porque la red de espías con la que contaba en palacio seguía funcionando a pesar de que Loki ya no la usaba para nada. Un montón de dinero tirado al vacío.
–Se lo daré cuando termine su reunión –le prometió a Ari. –¿Está muy ocupado tu señor? –Inquirió el hijo de Hagbard mirando el dibujo de Hërin.
–Lo está, sí –mintió Ari deseando que Loki no se hubiera puesto a hacer la siesta.
–Mi señor desea comer con él antes de la práctica en la arena que tienen agendada, ¿se lo puedes referir? –Ari asintió y bajó la vista a los documentos en los que Hallgeir trabajaba, al notarlo el secretario de Thor se apresuró a enrollarlos. –Lo siento pero es sumamente confidencial. –Ari no se ofendió. –¿Sabes? Estuve en la reunión del rey elfo con nuestro rey Thor y el capitán de los elfos oscuros –le reveló. –Sinceramente no podía creer que mi humilde persona estuviese ahí entre personajes tan poderosos y trascendentales. Supongo que eso también te ocurre a ti. Es emocionante estar en el centro de todo, aunque no seas propiamente partícipe. Hace que sientas que algo de la dignidad de la nobleza se te adhiere y todo cobra sentido.
Ari odió a Hallgeir. Lo entendía, así se sentía cuando Loki dirigía Asgard, cuando era para todo efecto el rey pues Thor lo escuchaba y hacía lo que le sugería cada vez.
Se topó con Lady Vilda cuando estaba por irse.
–¡Ari! –Ella le sonrió con calidez, pues lo había conocido tiempo atrás de cuando Ari le llevaba su casa en Gladsheim. –Loadas sean las nornas. Me place mucho verte, un día debemos cenar juntos. –Él asintió y siguiendo el consejo de Yrsa decidió cortejarla un poco.
–Será un honor poder cenar en presencia de su belleza –se le ocurrió. –¿Mañana? –Lo dijo por decirlo pues no le importaba que ella dijese que no.
–Mañana será –inesperado pero Vilda le era muy apreciada, no implicaba un sacrificio verse con ella. Le besó la mano para despedirse. Alcanzó a notar que Hallgeir lo miraba sin rastro del aprecio que previamente le había mostrado.
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Volvió al despacho. Entró para decirle a Loki lo que Yrsa le había referido, para ponerlo al tanto de la reunión de Thor con los capitanes, y para decirle que Hallgeir estaba demasiado ufano así que mejor iban comploteando algo glorioso. Su amo estaba leyendo un libro. No le prestó demasiada atención cuando le contó lo de los elfos oscuros en Gundersheim.
–Se echarán a Ragnheidur encima, su ausencia podría ser benéfica para conseguirles algún permiso de parte de su alteza Thor para comerciar. Así cuando el concejal regrese, aunque los encuentre en su provincia no podrá obrar en su contra. –Aguardó a que Loki le dijese qué le parecía su idea.
–Que Ragnheidur se ocupe de ellos como le plazca.
–Pero mi señor, se trata de elfos oscuros, sus protegidos. Y podríamos aprovechar para socavar la posición del concejal en la estima de Thor. –Loki dejó de leer.
–¿Cómo dices?
–Usted debería aprovechar la ocasión, de esas maneras que sólo a usted se le ocurren, pues no hay nada que pase en Asgard a lo que usted no pueda sacarle un uso ventajoso. Ragnheidur es el último rival que le queda, podría ser peligroso, su cercanía con su alteza Thor no fue disminuida por las ejecuciones de los traidores, pues él supo distanciarse oportunamente de las conjuras.
Loki se carcajeó.
–Creo que te he influido demasiado y para mal. No te atrevas a actuar por tu cuenta, la última vez casi te matan –cuando Ari había tratado de asesinar a Amora.
–No lo haría mi señor, es sólo qué… me cuesta trabajo creer tanta pasividad de su parte. Si está planeando algo por favor dígamelo, quiero ayudarlo.
–Pienso que te aburres. Y sí, estoy planeando algo –dijo Loki. –Quizás en efecto puedas ayudarme. Pronto partiré a Svartálfheim –le reveló. –Pero esta vez será para hacerme un istyar. –Ari enmudeció. –¿Entiendes por qué no me involucro más? –Ari estaba desconcertado y ofendido.
–Su alteza Thor desea comer con usted. –Barbotó.
–Rechaza la invitación –se rehusó, lo cual no sorprendió a Ari. –Y cuando venga a insistir –que seguramente eso haría. –Dile que no me encuentro en palacio y que no sabes a dónde fui.
–Mi señor… –Ari le dirigió una mirada de censura.
–Ari, si vuelves a mirarme como lo estás haciendo tendré que recordarte que soy tu rey. Déjame solo.
–Alteza, tú no te irás. –Loki parpadeó como si no hubiese escuchado bien. –Es una broma de mal gusto decir eso y seguramente ya se lo haz dicho a Thor tan sólo para hacerlo rabiar.
–¿Qué haz dicho?
–Es que me haces pensar que sólo querías a tu esposo cuando tenías rivales. Cuando volviste para quitar a Amora de tu camino, parecías dispuesto a todo con tal de retener a Thor a tu lado pero al final… ¿De qué sirvió que Thor matase a tanta gente, tantas familias arruinadas y vidas truncadas? Si de todos modos ibas a hacer esto que haces. Mejor te hubieras hecho a un lado para que Thor hiciera lo suyo con su amante y para que Erwel gobernase el reino. De todos modos parece que no quieres ni una cosa ni otra.
–¿Qué? –Loki no se podía creer que su secretario lo estuviese riñendo. ¡A él!
–Debes dejar estas tonterías de querer marcharte y en cambio esforzarte en reconciliarte con tu esposo. –Loki se enderezó en su asiento. Ari se dio valor porque sabía que ya había hecho enojar a su amo, así que echarle más leña al fuego era lo único que podía hacer. –Debes hacerlo por múltiples y variadas razones. En primer lugar debes hacerlo porque eres rey y eres el ejemplo a seguir de tus súbditos. ¿Cómo se espera de ellos que vivan en armonía cuando sus reyes no son capaces de conciliar sus propias diferencias? En segundo lugar debes hacerlo por tus hijos y por su futuro; no sólo porque todo infante necesita crecer en un hogar, así sea este palacio, sin imbuirse de la discordia de sus progenitores. Para que puedas trazarles un futuro brillante debes estar en armonía con Thor, cuya opinión tendrá más peso que la tuya por el simple hecho de que estamos en Asgard y él es el rey. Para seguir debes reconciliarte con él, porque juntos gobiernan el reino eterno y aunque no pareces nada interesado en ello en este momento, Asgard te necesita. Su fuerza y tu inteligencia son indispensables para nosotros.
–¿Cómo te atreves? ¿Cómo te atreves a interpelarme de esta manera?
–Y por último –insistió Ari a pesar de que Loki acababa de abrir la puerta. –Debes reconciliarte con él porque lo extrañas mi señor. Me doy cuenta de la forma en que al negarte a él se te ensombrece el semblante, y también de la forma en que te transformas cuando él viene a verte. Cuando lo ves entrar a tu despacho parece que vuelves a ser tú mismo, ávido de gloria y lleno de ganas de reinar, destilas toda esa fuerza que siempre he admirado en ti.
Loki lo agarró del brazo y lo echó de su despacho.
–Lárgate –le siseó peligrosamente. –No quiero verte.
Ari le hizo una reverencia y cumplió aquella orden, después de todo sí llegaría a dormir con Ertan esa noche.
.
Thor tomó a Gungnir entre las manos y se dirigió a la arena de combate. Sabía que Loki lo aguardaba ahí. El dios del engaño no estaba sólo. Lo acompañaban Karnilla, Lord Aldor y Hagen. El istyar tenía algo entre las manos, un diagrama trazado en el aire con runas de luz. Karnilla y Loki estaban tomando notas de aquel hechizo como buenos alumnos. Cuando acabaron, Thor vio al sabio poner una copa de oro y rodearla con una burbuja protectora.
Thor se detuvo al pie de la arena para no interrumpir.
–Hijo –lo llamó la voz de su madre. Thor la saludó y los dos observaron con atención.
Los hechiceros se apartaron y Hagen le lanzó una llamarada de fuego maldito a aquella barrera, la cual resistió el primer ataque. El norn hizo un segundo intento con más potencia y esta vez quebró el escudo y fundió la copa. Hagen se cruzó de brazos muy ufano. Lord Aldor le pidió que se apartara y lanzó al ruedo a Karnilla y a Loki.
La bruja encendió sus manos en llamas, Loki se dirigió a ella y generó aquel escudo alrededor de él.
Thor notó que no era el único que observaba al pie de la arena. Vio a Sif, a Svana, a Sindri y a otros miembros del ejército atentos a lo que sucedía. Había varios ulfhednar y skjaldmö. Igual había nobles, incluidas Ragni, Finduilas y Vilda.
–Es un laitale protector, similar al que rodea Valaskialf. –Explicó Frigga. Karnilla murmuró algo y las llamas en sus manos se volvieron negras. –Eso es una maldición.
Thor miró a Loki y se preguntó si debería preocuparse por él. Las nornas sabían que su dios del engaño jamás ponía pie en la arena de entrenamiento, estaba deshabituado a verlo hacer magia en combate.
Karnilla atacó, el escudo de Loki resistió bien. La norn asintió satisfecha y luego se puso creativa, parecía que danzaba, moviendo los brazos en movimientos amplios y armoniosos. Sus llamas volvieron a ser negras pero se alargaron y se tornaron en delgados zarcillos. Loki volvió a crear aquel escudo que estaban probando. La magia oscura de Karnilla rodeó la burbuja hasta cubrirla toda y luego hizo presión empequeñeciéndola. Junto a Thor, Frigga se estrujaba las manos emocionada por tal despliegue de seidh. Súbitamente Loki surgió tras Karnilla, ella se mostró tan sorprendida que perdió la concentración. La proyección se deshizo y el verdadero Loki emergió de la prisión en que la bruja lo había metido. La atacó con hielo, tratando de congelarla en su sitio, pero ella lo deshizo antes de que la tocara generando nuevas llamaradas. Una enorme voluta de vapor cubrió la arena.
–El sello de su magia lo limita –dijo Frigga. –Y le vendrían bien algunas lecciones de defensa –completó la reina.
Lord Aldor dio por terminado el ejercicio. Hagen le palmeó la espalda a Loki y luego rodeó por la cintura a su prima para acercarla a él y decirle algo que le ganó un codazo en las costillas. El ojiverde los notó y fue hacia ellos. Olía a humo y a algo más, un olor penetrante como de azufre.
–Hijo, necesitas más práctica.
–Karnilla es dura –dijo Loki recobrando el aliento.
–Yo también puedo entrenar contigo, podemos aprovechar la presencia de Lord Aldor aquí. –Se ofreció la reina madre. El hechicero se mostró de acuerdo con entusiasmo.
–Thor, necesito a Gungnir, si fueras tan gentil. –El dios del trueno se la tendió y Loki se mostró confundido. –Pensé que me ayudarías.
–Estoy seguro de que puedes esgrimirla –y además estaba seguro de que le gustaría hacerlo.
Loki llevó la lanza del Padre de Todo donde su maestro. El istyar la tomó entre sus manos un momento señalándole las runas que la cubrían. Loki sacó pergamino y se puso a escribir algo. Se veía sumamente feliz haciendo aquello, estudiando magia. El hechicero tomó la lanza, volvían a hablar en élfico. A Thor no le sorprendió que Hagen diese un paso al frente ofreciéndose a servir de blanco.
–Ese idiota lucido –pensó Thor. Notó que Vilda, Finduilas y varias skjaldmö no le quitaban los ojos de encima al norn. –¿Dónde está Eyvindur para ver esto?
Lord Aldor levantó el campo de fuerza que probaban alrededor del norn.
–Espero que Loki no lastime a Hagen. –Dijo Frigga.
El dragón no era tan osado, se cubrió a si mismo de escamas de dragón por si las dudas. Loki apuntó casi con deleite y le lanzó un rayo de la lanza. El campo de fuerza se fundió, el norn se cubrió con los brazos pero aún así fue derribado. Se quedó tumbado en medio de un cráter humeante. Karnilla corrió a él. Loki y Lord Aldor no se veían mínimamente preocupados. Hagen ya se ponía de pie.
–¿Eso es todo lo que tienes? –Le inquirió a Loki mientras sendas quemaduras en sus brazos se cerraban.
–¿Quieres probar de nuevo?
–No hace falta –interrumpió el istyar, moderándolos como si fuesen niños. El elfo miró a Thor.
–Creo que es mi turno –le dijo a su madre yendo hacia el grupo de hechiceros. Alzó un brazo invocando a Mjölnir. El martillo llegó pronto a su mano. Lo sostuvo para el istyar que estaba sumamente intrigado.
–Una reliquia y un hechicero son la misma cosa, tan sólo hechos de distinta sustancia. Cada reliquia obedece sus propias reglas, aquí tenemos el gran martillo forjado en el corazón de una estrella moribunda –habló el elfo. –Y sólo aquel que sea digno podrá levantarlo y poseer el poder de Thor. –El dios del trueno asintió mientras el elfo anotaba con manos ágiles cada runa que cubría el martillo. A Thor no le preocupaba el análisis de su arma. –Un buen hechicero –siguió el lord –tiene dos aspectos fundamentales, poder y precisión. Un buen ejemplo de la importancia de este concepto es mi necio discípulo, cuyo sello lo vuelve débil. –Loki miró mal a Lord Aldor. –Sin embargo, gracias a mis lecciones de magia, se ha vuelto tan preciso que con poco seidh puede hacer cosas bastante aceptables. Eso me lleva a preguntarte alteza, el Mjölnir es poderoso, ¿pero es preciso? –Thor sonrió.
–Ambos –dijo con confianza.
–Cuando se trata de experimentar con rayos los resultados pueden ser letales. En Svartálfheim hubo un hechicero que tratando de emular tu tormentoso seidh se frió a sí mismo. –Thor bajó un poco la voz explicando algo al sabio.
Hagen estaba junto a Loki.
–Y así Lord Aldor se volvió admirador de Thor. –El norn se puso a imitar al istyar en su tono ronco de voz. –Oh Thor es maravilloso, es poderoso y preciso, la tiene más grande que todos.
Karnilla soltó una risita por lo bajo y Loki rodó los ojos. Juntar a Thor y a Hagen en el mismo sitio a hacer demostraciones de fuerza no era la idea más acertada.
–Loki –lo llamó Lord Aldor. El hechicero se acercó. –Convoca el campo de fuerza alrededor de Thor y de ti. Tu rey asegura que puede tirarles un rayo encima a ambos sin que resulten heridos si llega a traspasar el escudo.
Loki se mostró algo alarmado pero Thor le sonreía con suficiencia. El ojiverde obedeció.
–No quieres que tu maestro piense que te faltan agallas.
–Exacto, no es que mi confianza en ti sea lo que me mantiene de pie en este sitio. –Estamos probando distintas longitudes de onda para distintos tipos de ataques –explicó Loki.
Thor levantó el Mjölnir por encima de ellos.
–¿Preparado? –Loki se concentró lo mejor que pudo.
–¿Cómo se puede estar preparado para que un rayo te parta?
Nubes oscuras cubrieron el cielo bloqueando la luz del sol. El aire se llenó con electricidad que podía palparse. Hagen y los hechiceros retrocedieron. Loki notó que el vello de sus brazos se erizó, sintió que un seidh poderoso lo rodeaba. Thor lo apretó por la cintura.
–Sólo hay una manera de mostrarte esto –le dijo y antes de que el hechicero pudiera protestar, el rubio hizo girar el martillo y despegaron del suelo.
Mientras volaban Thor se veía gozoso y libre, sus ojos brillando mientras el viento golpeaba su rostro. Se veía peligroso y Loki sintió una vorágine de deseo recorrerlo, a pesar del sello, era un hechicero talentoso así que sabía reconocer el poder cuando lo veía.
Las nubes relampaguearon a su alrededor y comenzó a lloviznar.
–Hazlo –le gritó Loki por encima del retumbar de las nubes, los rodeó con su campo de fuerza.
Thor lo apretó más fuerte riéndose. El corazón de Loki se sintió ligero. Se movían velozmente pero tenía la certeza de que Thor no lo dejaría caer. El dios del trueno fue directo al centro de la tormenta que había conjurado. Aunque estaba esperándolo, Loki no pudo evitar encogerse y contener la respiración cuando un flash brillante corrió por el cielo encendiéndolo todo en luz seguida por un trueno ensordecedor. Todo acabó tan rápido que no pudo ni captar bien a bien el suceso. A pesar de que había cerrado los ojos, estaba momentáneamente deslumbrado. Aunque el escudo había sido reducido a nada no podía recordar la última vez que se sintió tan vivo.
Thor lo condujo de vuelta. Aterrizaron con una gracia que sorprendió a Loki. La gente se dispersaba de la arena de entrenamiento debido a la lluvia, aunque aún quedaban Frigga, Aldor, Karnilla y Hagen.
Thor soltó a Loki que necesitó sujetarse de su brazo para no caer de bruces. El dios del trueno dejo caer su martillo a tierra.
–Loki –lo llamó y cuando éste lo miró, Thor movió una mano hacia el cielo y una tenue corriente eléctrica surgió de sus dedos corriendo como destellos por la cortina de lluvia a su alrededor.
–Precisión y poder –dijo Loki fascinado, justo un segundo antes de envidiar a Thor con todas sus fuerzas.
Los hechiceros volvieron al interior del castillo hasta una sala de estar. Mirelle, la mayordoma, les llevó toallas para secarse todos e hizo que les sirvieran vino especiado caliente y la cena. Lord Aldor comentaba con Frigga cada detalle de lo que habían visto. Karnilla no participaba de la conversación, pues seguía resentida con el istyar por el asunto de la academia de magia. En cambio se puso a hablar con Loki de lo acontecido en la reunión de esa mañana.
–Si somos proyecciones del Yggdrasil, simplemente debemos dejarnos llevar –esa era la postura de la norn. –Pero para los elfos no es así, ellos piensan que el seidh debe encausarse con mucha cautela. ¿Tú que piensas Loki? ¿O enmudecerás nuevamente?
Thor y Hagen hincaban el diente a sendas piezas de corzo aderezado generosamente.
–Pienso que se puede hacer de las dos maneras, los istyar tienen magia que no se puede ejecutar simplemente dejándose llevar. Y por el contrario, hay magia que sólo puede sentirse, no conjurarse.
–No dijiste nada –concluyó Karnilla. –Así no podremos avanzar el proyecto de la academia.
–No me importa. –Thor alzó la vista al oírlo decir eso. –Mi deseo, cómo tú ya sabes es partir y pronto.
–¿A dónde irás? –Inquirió Lord Aldor interesado de repente. Loki enrojeció. Le había dicho que deseaba irse a todos menos a su maestro ni a su madre, que lo miraba con intensidad.
–He decidido aceptar el ofrecimiento de convertirme en el sexto istyar reveló. –Frigga lo miró dolida y Thor apartó los ojos de él.
–Magnifico –aseguró el sabio aunque su entusiasmo no hizo eco en los demás. –Sólo hay una manera de festejar tal cosa. Rompamos el sello de tu magia. –Lord Aldor podía ser de lo más impaciente. –Ahora mismo, sígueme a mis aposentos, así podremos practicar nuevamente con el campo de fuerza mañana, podrás realizarlo con mayor potencia.
–Loki –lo llamó Frigga. No dijo nada más pero en sus ojos había un "¿estás seguro?"
Loki miró a Thor que trataba en vano de iniciar una conversación con Hagen y Karnilla, pretendiendo que no había oído nada.
–Pues sábelo bien Thor. Aunque he cedido en todo lo demás, no me quitarás esto. No siempre puedes tener todo lo que quieras. –Pensó.
Besó a Frigga en la mejilla susurrándole que hablaría con ella después y luego siguió al sabio.
.
Entraron en los aposentos de Lord Aldor, el istyar buscó un libro de magia y se puso a repasar el conjuro que estaba por efectuar. Mientras lo hacía le lanzó una pregunta a Loki.
–¿Por qué no te importa la academia de magia? –Inquirió.
–Fue idea de Thor, no mía –confesó Loki. –Mi deseo es irme, ser istyar, dedicar a la magia mi esencia vital y materializar la energía del Yggdrasil que fluye por mi cuerpo. –Esas últimas palabras se las había dicho Lord Aldor durante la breve temporada que Loki vivió entre los elfos.
–Idea de Thor –el sabio se rió. –Tu esposo es de lo más interesante. –Loki pensó en lo que Hagen dijo: "Lord Aldor ahora es admirador de Thor". El dios del trueno, siempre deslumbrante, fascinando a todo el mundo; en cambio Loki se abría paso a la fuerza, despertando recelos y desprecios. Otra vez sintió que envidiaba a Thor. –¿Por qué será que a Odín nunca se le ocurrió crear una academia de magia? Él tiene seidh, su esposa Frigga también, incluso su hijo tiene algo de ello, pero no lo hizo. ¿Crees que Thor sea más inteligente que su padre?
Parecía una de esas preguntas tramposas que Lord Aldor le hacía para ponerlo a prueba.
–Nadie jamás diría que Thor es más listo que su padre. Seguramente Odín tenía alguna razón para no hacer tal cosa. Se dice que Cul causó tan mala impresión con su seidh casi demoniaco que por eso se les teme a los hechiceros en Asgard.
–Los aesir son guerreros, esa es su verdadera profesión; lo que hagan con su gran poderío depende de quién los comande. En tiempos de Bor, los ases no eran un pueblo sobresaliente. La fuerza más considerable de los nueve la ostentaban los elfos de Svartálfheim y su rey, Malekith.
–Así que el hecho de que Bor ayudase a Eyrikur a derrocar a Malekith, no fue un acto misericordioso.
–En efecto, Bor quería ser el más fuerte. Pero cuando Malekith desapareció, descubrió que Eyrikur era una serpiente más ponzoñosa de lo que esperaba. Bor incitó la inquina entre los enanos y los elfos de luz pero el abuelo de Thyra decidió que era mejor ser gobernado por alguien conocido que descubrir en Bor a un nuevo Malekith. Así que no riñó con Eyrikur y se sometió. Quedan pocos registros de testigos del reinado de Bor y de Eyrikur, pero en la biblioteca del templo de Isil existe uno, narrado por Tyr, gran general de Bor; y ahí menciona que Bor le temía a su aliado elfo, porque Eyrikur era mejor hechicero que él. –Lord Aldor miró a Loki con insistencia como deseando que sus palabras calaran hondo en su discípulo. –Odín le temió a Cul en su momento.
–Así que Odín permite la magia por amor a Frigga, pero no alienta que los ases la aprenden por el recuerdo de su temor a Cul. –Lord Aldor asintió. –Ya quiero que despierte y vea entonces lo que Thor está haciendo al respecto.
–La diosa de la guerra, es poderosa y una gran guerrera. Si combatiera, no lo sé, digamos con Karnilla, ¿quién vencería?
–Supongo que depende de las circunstancias. Karnilla podría maldecirla o envenenarla, pero Sif, bien, Sif es Sif, podría partirla en dos con su espada en un parpadeo.
–Pero no pusiste en duda que una hechicera como Karnilla, que no sabe esgrimir un arma, que no tiene entrenamiento militar, pueda ser rival para el epítome de los combatientes aesir. –Aldor tenía razón, como usualmente pasaba. –¿Entiendes por qué no les gusta la magia?
–Thor se saldrá con la suya aunque no le guste a su pueblo. Lo aman a pesar de sus fallos, le consentirán todo.
–Por eso es importante tener un código que rija a los futuros hechiceros guerreros de Asgard. Serán una fuerza a temer. El seidh es peligroso y nadie puede presumir que lo comprenda bien. Karnilla es una doula, ejerce la magia educada bajo el principio de Kaarina: compartir la fuerza del Yggdrasil con compasión. Está formada para ayudar a todos cuantos las rodean, usando su seidh para servir y no para oprimir. Pero en Nornheim, no todos los hechiceros son así. Hay quienes usan su seidh en la lucha entre clanes, causando tremendo daño. Gente que puede matarte a distancia, espiar tus sueños, manipular tus deseos y enfermarte con una mala mirada. Los ases no deben seguir esa senda. Deben ser más como nosotros. Moderarse y restringirse por su propio bien.
–Dile todo eso a Thor –habló cínicamente Loki. –A mí no me importa. A menos que estés tratando de decirme que me quede en Asgard a cumplir, otra vez, el sueño de mi esposo.
No podía comprender a Loki porque en otro tiempo hubiera escuchado con suma atención pues siempre le habían interesado las gestas de los reyes.
–Lo que digo es que aquí haces falta. Además de que no te quiero en Svartálfheim colmado de dudas, sufriendo por haber dejado atrás a tu familia. Esta tarde, mientras Thor conjuraba una tormenta, tú lo observabas con avidez. Si lo amas…
–Thor me traicionó. –Lo interrumpió Loki.
–El espinoso asunto de su amante.
–Y además no le pertenezco.
–Escúchame. No deseo quitar el sello de tu magia y conseguir con ello únicamente que vuelvas a preñarte y a dejar todo de lado.
–Sólo hazlo –Loki se estaba impacientando.
–Cuando te conocí me dijiste que la magia te era tan indispensable como respirar. Ser istyar no implica que no puedas amar a nadie, pero sí significa que debes amar la magia por encima de todo. Lo que pase será tu responsabilidad y tendrás que vivir con ello para tu satisfacción o para causarte arrepentimiento. Ya te lo había dicho antes.
Loki lo miró desafiante.
La magia del sabio inundo la habitación. Lord Aldor levantó sus manos uniendo sus dedos formando un triángulo a través del cual miró a Loki.
–Puedo ver el seidh en tu cuerpo, como un aura que te rodea. Puedo ver tu sello y ciertamente puedo deshacerlo. Igual veo como tu magia está encerrada dentro de ti y grietas por las cuales escapa. ¿Repasaste el principio de desintegración?
–Sí. Sé que mi magia se vuelca en mi contra porque al estar restringida, al forzarla a fluir a través de mí me desconoce y me agrede.
–¿Has causado más explosiones y heridas a ti mismo?
–No. He sido cuidadoso. Aunque, he tenido sueños extraños, pesadillas y también, parece ser que Thor y yo soñamos lo mismo. No sé si mi seidh sea la raíz de ello.
–Es posible, tu magia podría estar mostrándote lo que más temes y lo que más anhelas. De lo otro que me refieres, ¿sigues intimando con Thor?
–¿Qué parte de "Thor me traicionó…"?
–Es que los hechiceros tendemos a crear lazos con quienes amamos, aun sin percatarnos de ello; y si ese amor además conlleva cercanía física… a veces incluso un hechicero y su amante están tan unidos que se pueden leer la mente. –Loki pensó en los sueños que tenía, si no estaba soñando con Laufey y su atroz infancia, soñaba que estaba preñado contando un cuento a sus tres hijos.
–Mis tres hijos –pensó y desechó esa idea en el acto.
–Estoy listo. ¿Lo estás tú? Nunca yacerás de nuevo con Thor, pues…
–Sólo hazlo –Lord Aldor esbozó un "como digas". Lanzó su mano derecha hacia Loki y la clavó dentro de su pecho. El aesir se sorprendió mucho. No es que Lord Aldor hubiese atravesado su piel y huesos, había convertido su mano en algo puramente hecho de seidh y lo que atravesaba era el seidh del cuerpo de Loki.
No dolía pero Loki podía sentir la energía del sabio fluyendo a través de él. Se le cortó la respiración al sentir que el sabio le apretaba, figuradamente, el corazón. Entró en pánico y su magia respondió atacando, lanzando a Lord Aldor hacia atrás. La explosión fue tan fuerte que todos los objetos en la habitación del istyar quedaron destrozados.
El sabio se levantó y se acomodó la túnica. Con un movimiento de la mano apagó el libro que previamente había consultado el cual ardía levemente. Loki estaba avergonzado, por decir lo menos.
–Muchacho necio.
–Estoy listo –insistió –deseo, yo deseo… Por favor, debemos intentarlo de nuevo, esto fue un accidente, puedo controlarme.
–Loki, no –con una sola palabra de su maestro, el sueño de ser istyar murió. El rostro del aesir se desencajó decepcionado. –Estas oscilando entre dos sendas, sería una gran irresponsabilidad de mi parte desatar tu magia en el estado mental en el que te encuentras. Resuelve tus problemas primero.
–Maestro –insistió Loki. –Necesito alejarme de Thor. No puedo quedarme a su lado.
–Ese no es un motivo suficiente para que te conviertas en el sexto istyar. –Lord Aldor volvió a acercársele y lo tomó de los hombros. –Como líder de los sabios, te rechazo.
–¡No!
–Tomate tu tiempo, resuelve tu ambivalencia. –Lord Aldor le dio la espalda, Loki lo agarró de un brazo y lo haló para encararlo. Cuando lo hizo las manos del sabio fulguraron y volvió a clavar una en el cuerpo de Loki. –¿Esto es lo que deseas? –Lo interpeló Lord Aldor ahora sí, bastante enojado. El aesir jadeó por aire. Su propia magia envolvió su cuerpo tratando de defenderlo pero esta vez el istyar estaba prevenido, aumentó la fuerza de su seidh aplastando por completo la de Loki. –¿Pensaste que deshacer tu sello sería fácil? Subestimas la magia, siempre lo haz hecho. Te falta convicción. –Loki sujetó la mano de su maestro tratando de retirarla. –Sin embargo, sería un mal maestro si no ayudase a mi tonto alumno en esta prueba que la vida le impone.
Loki sintió que se quemaba, que su sangre se volvía lava ardiente. Gritó y finalmente logró zafarse del agarre de Lord Aldor y cayó de espaldas. Vio el rostro del sabio asomando sobre su cabeza.
–¿Qué me hiciste?
–Embrujarte. Los norn no son los únicos que saben cómo despertar la sombra de una persona. Ve y confronta tus demonios durante un día entero. Hablaremos mañana, tengo la esperanza de que hayas encontrado sensatez para entonces.
Lord Aldor lo ayudó a ponerse de pie y luego prácticamente lo echó fuera de su habitación. Loki aun sentía que ardía.
Sintió el terror absoluto que le infundía Laufey mezclado con su odio por su padre, la ansiedad previa a un ataque de pánico, todo el amor que le prodigaba a Hërin y Nari, su compasión por Magni. Y Thor, sintió a Thor tatuado en cada parte de su ser, sintió que lo deseaba, que aquella pasión iba a incinerarlo hasta convertirlo en cenizas. Sintió todo eso a la vez. Huyó a sus alcobas, no quería que nadie lo viese en tal estado.
.
Thor llegó a la puerta de la habitación de Loki. Había llegado como su consorte solía hacer, a través de la habitación en común que ya nunca usaban, pero que seguía pulcra. Los siervos no dejaban que se acumulase polvo en los muebles, Valdis hacía que la caldearan encendiendo la chimenea. La cama tenía sábanas limpias. Nadie vivía ahí pero la estancia parecía estar dispuesta para recibirlos de vuelta en cualquier momento. El dios del trueno se detuvo a meditar sobre ello. Quien había dado la orden de no cubrir los muebles con mantas, dejar apagar la chimenea y sumir la estancia en sombras y abandono, no podía ser otro más que Loki.
Necesitaba hablar con él, acerca de Magni, acerca del sello de su magia, de su resolución de partir.
–Pero antes que todo, me debes un beso. –Se dijo Thor y entró en los aposentos de su amado.
Su dios del engaño tenía libros junto a su lecho que se veía leía antes de dormir, libros en el sillón cerca de la chimenea, libros sobre su escritorio y libros apilados sobre la alfombra. Había cartas a medio terminar. Pero todo lo demás estaba muy ordenado, su ropa, sus efectos personales. Sobre la cama había un pergamino arrugado, estaba algo ajado de tantas veces que sin duda Loki lo había doblado y desdoblado para leer su contenido. Thor no pudo resistirse a acercarse a ver de qué se trataba; el sitio en el que estaba y el estado en que se encontraba hacia ver que era muy importante para Loki.
"No temas que el contenido de esta carta sea una continuación de la pelea de anoche, ni que contenga una reiteración de los sentimientos que guardo por ti, pues sé de sobra que los conoces a la perfección". Leyó Thor.
¡Era su carta! Aquella para la que su consorte jamás tuvo una respuesta. La levantó con cuidado.
La puerta se abrió de golpe y Loki entró cual tromba.
–¿Qué haces aquí? –Bramó el hechicero al hallar a Thor ahí.
–Necesito hablar contigo.
–Vete –le ordenó con brusquedad. Thor se sintió injuriado pero entonces notó que Loki tenía el semblante sonrojado, su cuerpo se veía tenso, tenía las pupilas dilatadas que oscurecían su mirada.
–¿Estás bien? –Le preguntó alzando una mano para tocarlo y cuando lo hizo Loki perdió el control de sí mismo.
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CONTINUARÁ…
