¡Hola! ¿Alguien me extraño? *le tiran cosas* ¡De acuerdo, de acuerdo! Disculpen la demora, pero ¡wow! Pasaron muchas cosas para poder terminar este capítulo, es como si el mundo se pusiera en mi contra :´v es tan triste, pero aquí estoy y aquí está el capítulo, espero lo disfruten y no quieran tirarme a un barranco.
Disclaimer: InuYasha no me pertenece ni ninguno de sus personajes, excepto los creados.
Advertencia: Posible OoC. Faltas de ortografía que se me hayan escapado.
Dedicatoria: A Micheel Martinez, no puedo acordarme por qué, pero todo para ti, preciosa.
Viaje al pasado
…antes de la tormenta
Los pasos amortiguados por la hierba se detuvieron a unos metros de InuYasha, quien parecía sufrir al ver que no se acercaba más, pero no iba a arriesgarse, no con Sesshōmaru mirando todo desde una distancia donde sus voces no podían llegarle.
—Si apareciste.
Ella se encogió de hombros algo tensa.
—Te dije que hablaríamos hoy, eso haremos.
—¿Y los demás?
—Se quedaron a descansar —aunque ella no sabía muy bien eso, cuando despertó en la mañana se encontró rodeada por la estola de Sesshōmaru, lo cual se sintió tan bien y perfecto, eso es lo que quería, que al despertar él estuviera siempre a su lado; cuando levantó su mano fue tomada por una más grande y firme, sí, eso es lo que quería. Por eso, al quedarse un rato de esa manera Kagome no pudo regresar a ver como estaban sus amigos, sin embargo, confiaba en que los kitsunes no les harían nada.
—Debiste traerlos, así podríamos escapar, no supondría problema, no hay ningún kitsune cerca así que sólo distraeríamos a Sesshōmaru y serías libre, y-
—No lo entiendes, ¿verdad? —Kagome cerró los ojos cansada, sabiendo que la conversación no iba a poder acabar rápidamente como creía, él estaba cegado por su propio egoísmo.
—¿Qué debo entender? —Su ceño fruncido no dictaba nada bueno para su charla, ella suspiró.
Sus ojos celestes se clavaron profunda y firmemente en los dorados del hanyō, hubo un tiempo en que ellos le brindaron tanto confort y seguridad, que simplemente el verlos hacia que su alma se relajara; luego sólo le proporcionaron dolor, cada vez que él mentía desviaba la mirada, no antes de que esos transparentes sentimientos se dejaran ver, dolor y más dolor. Simplemente se acostumbró al punzante sentimiento y caminó con ello, sin embargo, hasta la persona más fuerte se cansa de sufrir, ella lo hizo y se alejó. Y entre todos esos sentimientos de angustia y rabia, encontró una luz, el mismo color brillante, más frío, y dudó, hubo un momento en que ese color tan similar le causo dolor, se parecían tanto… o eso pensó al principio. Aprendió a conocerlo y luego a quererlo, fue aterrador saberlo, volver amar le asustaba, sin embargo, no luchó… Y amar a Sesshōmaru es la cosa más cansada que ha hecho, pero no le importaba, no cuando su corazón y alma se sentía tan bien haciéndolo.
¡Ah, sí! Estaba enamorada de Sesshōmaru.
—No voy a ir contigo, ni ahora, ni nunca —le sonrió con suavidad, no en forma de burla, simplemente le mostró lo natural y feliz que ahora—. Me quedaré aquí, con Sesshōmaru. Los demás… bueno, no sé muy bien que harán —aunque técnicamente Sango, Shippō y Kirara no podía irse—, pero si se quieren quedar, no lo impediré.
InuYasha estaba teniendo problemas en contenerse, sus palabras le herían y le enfadaban en partes iguales, a pesar de todo tenía sentido, sabía del dolor que le causaba cuando iba con Kikyō, del dolor de atarla a su lado, aún así… aún así él la quería a su lado. De verdad, ¡la necesitaba!
—Entonces, ¿es todo?
—¿Eh?
—4 años juntos y sólo te irás con él —su voz iba cargada de enojo.
Kagome frunció el ceño y dio un paso atrás, algo en la postura del contrario le alarmaba.
—Me heriste, InuYasha; el amor que te tuve me lastimo mucho… no sabes lo duro que fue verte irte tras Kikyō una y otra y otra vez, no puedes simplemente venir a reclamarme algo. Así que escúchalo y grábatelo: Me quedaré al lado de Sesshōmaru. Eso es todo.
Y ese es el punto donde sus caminos se cortaban, aquel destino que una vez los unió cuando fue arrastrada al pasado y de repente se encontró frente a un ser para el cual no tenía nombre, en un árbol que había visto mil destinos cruzarse bajo el acobijo de sus ramas; acababa ahí, en la frontera del Oeste con el yōkai que tenía su corazón esperando por su regreso. Era el adiós.
—Adiós, InuYasha, espero que algún día podamos hablar sin herirnos.
Kagome sonrió, dio un paso atrás y cuando se disponía a girar y darle la espalda, esas siguientes palabras le paralizaron.
—¿Lo elegirás antes que a tu familia?
Los ojos celestes se abrieron sorprendidos y horrorizados, había algo en ese tono que le asustaba, y mucho, como el presagio de una tormenta. Una grande.
—¿Mi familia? ¿De qué estás hablando? ¿Qué…?
—¿No lo sabes? ¿No te lo dijeron los demás?
Los labios de ella temblaron.
—N-no… ¿qué?
—Tu madre está enferma, morirá en cualquier momento.
—¿Qué?
Kagome sentía que sus rodillas temblaban amenazando con mandarla al suelo en cualquier momento, simplemente eso no podía ser verdad, no; su madre estaba bien, fuerte, hermosa y sonriente, esperándola para preguntarle sobre su día como si no se hubiera ido por semanas y hasta meses; le haría su comida favorita mientras la mandaba a bañarse y luego vendría a su habitación en la noche para poder escuchar lo que no contaba en la mesa familiar, entonces le sonreiría y besaría su sien asegurándole que todo saldría bien y… y…
—No. No es verdad —Kagome dio otro paso hacia atrás, inconscientemente buscando la presencia de Sesshōmaru—, mi madre está bien, ella-
—¡Ella va a morir! —Las lágrimas se agolparon en sus ojos celestes—. ¡¿Acaso las has ido a ver estos meses?! ¿Has pensado en ella? ¿Has-?
—¡Cállate! ¡Tú no tienes idea de cómo ha sido esto! ¡¿Crees que no pienso en mi madre?! ¡Cada maldito minutos pienso en mi familia! —ella se negó a dejar salir sus lágrimas—. No sabes cuánto la extraño, los extraño.
—Entonces, ven —InuYasha extendió su mano—, yo te llevaré con ellos.
La morena negó automáticamente, sin pensarlo; él apretó los dientes.
—¿Es así? Sesshōmaru está por encima del amor a tu madre.
—¡No! No lo entiendes —se restregó la cara antes de hundirla en sus manos por unos segundos, inhaló profundamente antes de volver a encarar al hanyō—. Iré a ver a mi madre.
—Bien, entonces podemos i-
—Iré con Sesshōmaru.
InuYasha se tensó antes de sonreír, algo que le dejo un sentimiento desagradable en la boca del estómago.
—¿Irás con él?
—Hablaré con Sesshōmaru y-
La risa de InuYasha le interrumpió, vio como a pesar de reírse ese sentimiento no llegaba a sus ojos, éstos lucían tan vacíos que le hizo retroceder.
—¿De verdad eres tan ingenua?
Algo dentro de ella le dijo que era mejor huir, que fuera lo que InuYasha le dijera iba a trastornarla, pero se quedó ahí, con la piel de gallina y la boca seca.
—¿Por qué dices eso?
Él sacudió la cabeza.
—¿Crees que él te llevará?
—Lo hará.
Dio un paso hacia ella.
—No. Él no lo hará. ¿Y sabes por qué lo sé? —Sus ojos se encontraron—. Porque no te ama.
La seguridad con la que dijo eso fue como una bofetada limpia, la sensación de ardor recorrió su cuerpo.
—Tú no sabes nada, nuestra relación es-
—¿Relación, dices? —Kagome empezaba a sentirse ahogada, la sonrisa de él parecía un arma—. Kagome, Kagome, Kagome —su nombre le sonó amargo y escalofriante—, él no ama, nunca lo ha hecho y no lo va hacer, ¿de verdad creíste que había espacio en su corazón para el amor?
—Mientes, ¿me crees tan estúpida, InuYasha? Soy humana, ¿y qué crees? A él no le importa.
—¿Sigues sin entenderlo? Tú no le importas, lo único por lo que te deja estar cerca es por tu poder de sacerdotisa —dio un paso más, ella no se movió—, porque ha comprobado lo que resulta de estar con una, ¿o qué? ¿Olvidaste que Sayumi es producto de su unión con una sacerdotisa? —Kagome empuñó ambas manos—. ¿Olvidas que la abandonó? ¿A ambas?
—Sayumi dijo que-
—¿Qué? ¿Qué dijo? ¿Acaso ella estaba ahí cuando ocurrió o sólo sabe lo que su madre quería? ¿Quién le va a decir a su hija que su padre la odia? ¿Lo harás tú?
—¿Qué? ¿De qué-?
—¡Ah! Cierto, esta vez dudo que dejé a la niña contigo, no cuando sabe el resultado de esa unión, un yōkai que no sólo tiene un gran poder, sino que es inmune a los poderes de una sacerdotisa porque los posee, ¿te imaginas el poder que tendrá al ser mayor? No, Kagome, no lo sabes, pero lo que debes saber es que tú sólo serás una de las que vendrán. Sólo una. Una sacerdotisa que servirá para sus propósitos y al lograrlo te desechará como a la madre de Sayumi —Kagome no quería creerlo, claro que no, ella había convivido con Sesshōmaru por esos meses, había visto el cambió en su mirada, pero al clavar sus ojos en los de InuYasha toda esa seguridad se derrumbó, porque después de todo, ¿quién querría estar con ella? Con alguien que simplemente puede romperse y que llegó a poner su vida al filo sólo por no tener el amor de alguien. Tonta, torpe y sin ningún otro atributo que no sean sus poderes espirituales—. Pero claro, lo amas, ¿no? Él te llevara a ver a tu madre, ¿no? Sin embargo, sólo te advierto, él no te dejara salir del Oeste, eres su prisionera hasta que se canse de ti. Así que te lo propongo por última vez —estiró su mano hacia ella—, ven conmigo.
Los labios de Kagome temblaron, simplemente no podía decirle que sí, todo su cuerpo le gritaba que aceptara que las palabras de él sonaban ciertas y que si daba un paso atrás estar con Sesshōmaru le causaría mucho dolor, porque no podría vivir sin él, pero otra parte una que resonaba en su pecho le decía que volviera, que se refugiara en los brazos del yōkai y hablara con él, que se dejara envolver en su calidez, sin embargo, su mente no podía pensar con claridad, las palabras de InuYasha se mezclaban con las escena que había vivido con Sesshōmaru, todo se convertía en dolor y lágrimas; y recordó a su madre, ella necesitaba a su madre. Y si su madre la necesitaba, ella… ella…
InuYasha sonrió cuando la mano de Kagome alcanzó la suya.
Él había ganado.
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Sesshōmaru había crecido entre guerras y conflictos hasta que su progenitor logró la paz en el Oeste, entre yōkais y humanos; sus primeros años de enseñanza con el general perro fueron sobre política y la forma de tratar los conflictos, creció admirando a su padre, a ese yōkai que siempre lucía imponente y sin miedo alguno, él quería llegar a ser y lucir así, sin embargo, cuando iba cumpliendo su segunda centena de años, su padre le falló, todo su imagen fue destruida al saber que una humana robó el amor y la atención de su padre.
Él le falló.
Si alguna vez sintió amor o cariño hacia su padre todo fue remplazado por odio y al morir éste, todo se trasladó al hibrido causante de su fallecimiento, si no le asesinó cuando niño fue únicamente porque no sentiría placer al hacerlo, matar un infante le sabía a poco así que espero, pero mientras eso ocurría sus deberes como gobernante del Oeste requirieron su atención y tiempo; repudió a los humanos y los acuerdos que trajeron alguna vez paz se rompieron, su madre se alejó de todo contacto que no fuera con sus criados más cercanos y él, sin embargo, nunca olvidaría las últimas palabras que le dirigió.
No entregues nada de ti, porque el dolor al ser traicionado será grande.
Siguió al pie esas palabras, nunca dio nada de él que no fueran heridas y dolor, si lo seguían lo permitía podrían servirle en batalla, poco a poco fue llenándose de aliados, pero nunca de amigos, luego llegó Rin, una humana que era ingenua, muy inocente; blanca y pura, ella le entregó su cariño sin reservas, él le otorgó protección. Fue la primera en tener algo de él, aunque nunca lo pidió y así estaba bien.
De alguna forma le gustaba ese pequeño grupo de acompañantes, todo parecía perfecto y debió seguir así, pero la vida parecía empeñada en complicársela, y la primera señal que daba comienzo a todo sería Tenseiga, esa reacción ajena a él y cuando Tōtōsai confirmó que algo extraño pasaba simplemente decidió ignorar a donde su espada le pedía ir y los latidos que se harían cada vez más fuertes y exigentes, hasta que la presencia de Naraku le obligó a cambiar de dirección y ahí apareció.
Sayumi.
Lo primero que vio fue su diminuta espalda que temblaba cuando su presencia se hizo notar, humana fue lo primero que pensó hasta que ella giró y su yōki se desató por completo, sabía lo doloroso que podía ser una liberación de tal magnitud y cuando todo se calmó y sus sentidos se enfocaron en ella, era imposible no reconocerse en la cachorra. Debió ignorarla, eso debió hacer, sin embargo, le atrajo el poder que despedía. Tanto y todo concentrado en una cachorra que apenas conocía el mundo y que sus ojos lucían tan claros y libres de la oscuridad que deja la muerte.
La aceptó.
No había razón alguna para no hacerlo, las circunstancias eran extrañas, sí; pero seguía siendo su sangre y podría enseñarle a ser como él. Letal y furiosa con sus oponentes, podría moldearla a su gusto. A pesar de que casi enseguida se dio cuenta que la niña tenía arraigada muchas costumbres y sentimientos humanos, era tan obvia al ver como su rostro y ojos reflejaban sus emociones, tan transparente, algo sumamente raro de ver en un yōkai, todos eran entrenados desde pequeños para no mostrar temor en batalla, los sentimientos eran peligrosos en medio de una guerra. Sin embargo, ahí estaba ella, tan poderosa y vulnerable a la vez.
Así que una vez superado el problema con la humana de InuYasha, es decir, ¿quién se atrevía a siquiera pensar en contradecir alguna de sus palabras o decisiones? Por eso esa mujer le era tan desesperante, parecía hecha para molestarlo, cada vez que se la topaba siempre acababa por entrometerse en sus planes; así que el simple hecho que fuera tras ellos para pedirle dejar a Sayumi con ella le enfureció, primero que nada, él no aceptaba tratos con humanos y segundo, ¿ella de verdad creía que iba a dejar a InuYasha acercarse a la niña? ¿Era así de estúpida o demasiado ingenua? Cualquiera de las dos no le interesaba, simplemente la eliminaría, pero su intentó fue detenido por Sayumi… demasiado apegada a sus emociones, se dijo al verla proteger a la sacerdotisa, pero igual de firme en sus convicciones pues no retrocedió ni un poco a pesar de apuntarla con Tōkijin, sería una excelente guerrera si lograba hacer que se despegara de sus emociones. Fue por esa razón que decidió regresar al Oeste con ella y dejarla por el momento con los que fueron sus instructores secundarios cuando Inu no Taishō tenía que salir, ellos la prepararían y cuando llegara el momento la presentaría como su heredera.
Pero eso fue antes de pelear brevemente con ella, más que nada para probar como se había adaptado a sus poderes yōkai y el resultado fue más que desconcertante, su técnica mejoró de eso no quedaba la menor duda, sin embargo, mientras más confianza ganaba Sayumi, sus ademanes y palabras iban reflejando su educación y hábitos aprendidos que le resultaban conocidos, aunque no lograba poner un rostro y nombre, no hasta su enfrentamiento, cuando esa frase escapó de los labios indignados de Sayumi.
La humana de InuYasha.
No lo podía creer, simplemente no era posible. Pero las pruebas ahí estaban, esos rasgos que no reconocía como suyos en Sayumi se complementaban perfectos cuando la cara de la humana acudía a su mente.
¿Él y una humana?
¿Era una mala broma?
Inconcebible.
Imposible.
Pero la cara de sorpresa de Jaken tan sólo confirmó sus suposiciones, por lo que rápidamente decidió marcharse de la Casa de la Luna, no iba a permitir que se encariñaran más con la niña, no sabiendo ahora de donde procedía. Él simplemente no estaría con una humana. Nunca. No después de haber visto lo que el amor hacia una puede causar.
Sin embargo, toda esa determinación fue burlada sin esfuerzo cuando por azares del maldito destino, ese que parecía empedernido en reírse de él, cuando sin poder evitarlo tuvo que aceptar a la humana a su cuidado, además de haberla salvado usando su sangre. De esa manera, su convivencia comenzó.
Era todo un desafió el contenerse para no asesinarla.
Era terca, mandona y demasiado humana.
Era… insistente.
Y sin poder evitarlo -porque maldición, él hizo todo lo posible para mantener su distancia, pero ella lo hizo imposible-, pronto se vio cediendo ante su presencia. Se vio apreciando lo que ella podía ser y darle. Tan humana, pero sumamente única.
Las palabras de su madre resonaban con fuerza cada vez que Kagome daba un paso más hacia su corazón, sabía que debía detenerla y ponerle un alto, pero no lo hizo, dejó que ella llegara hasta él y le tocara con sus manos puras y cálidas.
Y cedió. Se dejó envolver en ese remolino que era el aceptar a alguien para compartir su vida, entregar algo que ocultó a todos, algo que sabía era débil una vez lo dejarás al aire. Ella parecía ser la indicada, por más irónico que eso le pareciera, Kagome era la única que podía vislumbrar estar a su lado, por eso había mandado a Jaken a la Casa de la Luna, para que preparara la presentación oficial de Sayumi como heredera y de Kagome como su pareja, su única pareja.
Tan estúpido.
Ahora, todo era absurdo.
La mujer en la que por primera vez confiaba, se alejaba con el hibrido que odiaba.
Él le quitó a su padre y ahora le quitaba su corazón.
InuYasha siempre fue una molestia y ahora, simplemente, era un estorbo. Si antes le odiaba no sabía cómo llamar al sentimiento tan abrasivo que nació de sus entrañas hasta que cada parte de su cuerpo ardía de furia y rabia.
Sin embargo, no los siguió, ni cuando ella volteó se movió, la dejó ir porque a pesar de todo, los sentimientos que tenía por Kagome seguían presentes y el solo pensar en herirla de alguna forma le paralizaba, había estado protegiéndola por un largo tiempo para hacerle daño por causa de InuYasha, pero nunca podría perdonarle esta traición. Nunca.
Dio media vuelta y les dio la espalda.
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Sango nunca se había sentido más tensa en su vida, las manos le cosquilleaban con ansias de tomar alguna de sus armas para sentirse más segura y calmada, sin embargo, eso no era una opción -además de que sólo le habían permitido quedarse con su espada y las cuchillas que portaba escondidas en sus antebrazos, su boomerang estaba en la cueva principal-, no cuando estaba prácticamente rodeada de kitsunes que le miraban con mucha atención y desconfianza, sentía que cada mirada era un peso extra en sus hombros, pero ella había sido entrenada desde niña, así que su rostro se mostraba neutro y calmado.
—¿Nerviosa?
La castaña miró de reojo a la pareja de Sef que le sonreía, desde que despertó no se había separado de ella, aunque de cierta forma lo agradecía porque por su presencia los kitsunes no habían intentado acercarse, pero de la misma forma le incomodaba mucho, pues sentía que ella le suplantó como amiga de Kagome y la incomodidad le embargaba mucho.
—No… yo-
—¿Te incomoda mi presencia?
Sango se sobresaltó al ser tan evidente para la yōkai, quien rió ligeramente al haber acertado a su suposición.
—Lo siento, no es me desagrades, es sólo que… bueno…
—¿Kagome, no?
Al verla asentir ligeramente, suspiró sabiendo lo que sucedía con la exterminadora, miró a su alrededor antes de apartarse ligeramente de ella para acercarse a los yōkais que entrenaban a Sayumi como todos los días, aunque esta vez Shippō y humano monje se habían unido, lo cual no pareció molestar a la heredera sino que la animó aún más, lo cual se mostraba claramente con los kitsunes repartidos por el suelo tratando de tomar un respiro mientras otros tomaban sus lugares contra los tres, sabía que la exterminadora hubiera participado con igual entusiasmo, pero era mejor no tentar a la suerte y que alguno de ellos la hiriera en un arrebato.
Sus pasos captaron la atención del instructor encargado de Sayumi, quien no dudó en acercarse.
—¿Sucede algo, Kitzuna-sama?
—No —le tranquilizó al ver como mandaba una sutil mirada a la exterminadora—, es sólo que me llevaré a la exterminadora un rato, hay cosas que debe aprender antes de que nuestra señora regrese, así que necesitaré que Sayumi no se mueva de aquí hasta nuestro retorno, ¿entendido?
—Entendido —replicó en el acto cabeceando levemente—. ¿Quiere que alguien la acompañe?
Kitzuna sonrió.
—No. Estaré bien —dio unos pasos hacia atrás antes de agregar con tono juguetón—: Por cierto, deberías estar corrigiendo la postura del kitsune de las ilusiones, tiene su flanco izquierdo totalmente desprotegido.
El yōkai de inmediato centró su atención en la práctica antes de fruncir el ceño y comenzar a gritar instrucciones para que atacaran a Shippō, él no era de los que explicaban, creía que el ejemplo era una mejor instrucción. Kitzuna se sintió ligeramente culpable, pero se dijo que era mejor así, el pequeño aprendería más rápido y no había peligro de que saliera herido de gravedad.
Sango frunció levemente el ceño al ver como los ataque se empezaban a centrar en Shippō, quien intentaba por todos los medios defenderse, pero hasta ahí llegaba, en meros intentos, sus pies no tenían la agilidad y ligereza de Sayumi que parecía danzar entre sus contrincantes, empezaba a ver los avances de la niña sin problemas, el estilo de pelea de las kitsunes hembra era algo digno de ver, pero nunca en una batalla real, porque sería lo último que verías antes de que te desgarraran la garganta… sin embargo, su padre tenía razón, era muy interesante fuera de un enfrentamiento, con eso Sayumi se haría mucho más letal.
—¿Era necesario poner en el punto de mira a Shippō? —preguntó la castaña cuando Kitzuna llegó a su lado nuevamente.
—Sí, lo era —respondió—, si va a querer estar junto a Sayumi con su nivel actual sería una carga y lo sabes, y él igual —miró al cachorro que ya empezaba agarrar el ritmo de la situación—, aunque es un rápido aprendiz. Estará bien.
—Supongo —murmuró no muy convencida.
—Bien, acompáñame.
—¿Qué?
Sango siguió los pasos de la yōkai que empezaba a alejarse del área.
—Necesitamos hablar —se detuvo unos momentos y le miró—, hay cosas que seguro quieres preguntar al igual que yo —movió su mano.
La castaña le siguió después de un leve titubeo, porque sí, había cosas que quería saber. No paso mucho antes de encontrarse rodeada de árboles y un silencio natural y relajante. Eso era estar en un territorio protegido, pero toda esa calma en cualquier momento podría ser rota.
—Entonces —Kitzuna se sentó en un tronco caído mientras cruzaba sus piernas—, ¿qué quieres saber?
Había tantas cosas que quería preguntar, tantas dudas rondando su mente desde que se enteró que su amiga estaba viva, desde cómo había estado; si la había tratado bien, pues la morena nunca diría nada que la haya molestado, siempre ocultando las cosas para no preocupar a nadie; si había estado alimentándose bien, porque muchas veces prefería saltarse las comidas mientras revisaba que todos estuvieran comiendo y llenos; si era feliz, porque es todo lo que merecía después de lo que pasó, ella merecía todo lo bueno del mundo… pero sobre todo había una pregunta que sobresalía de todas, una egoísta.
—Ella —la yōkai le miró al por fin oír su voz pues ya habían pasado varios minutos en silencio—… Kagome… ¿me- nos extrañó?
Kitzuna sonrió, era obvio lo que ella buscaba, una confirmación de que seguía siendo y teniendo una conexión con la morena, las relaciones humanas eran igual de frágiles cuando la desconfianza llenaba una parte del corazón.
—Creo que lo más le dolía era no estar con ustedes —Sango le miró y Kitzuna le sonrió—. Contigo. Kagome es una persona fuerte, pero durante el tiempo que estuvo entrenando conmigo a pesar de ser amable y accesible hasta cierto punto, siempre sentía que le hacía falta algo para ser completamente feliz. Ayer cuando la vi con ustedes, por fin, descubrí que era. Ustedes. A ti. Necesita de ese apoyo que sólo tú puedes darle —No mentía, consideraba que se llevaba bien con Kagome, pero nunca podría darle lo que necesitaba como sabía que la exterminadora lo haría, después de todo entendía esa conexión tan especial que tenías con la primera amiga a la que le abres tu corazón, como ella lo hizo con Kaede y viceversa, nunca iba a ocupar ese lugar con Kagome, pero podía ser quien la cuidara—. ¿no crees?
Sango se dejó caer de rodillas, toda la tensión que se había acumulado hasta ahora, por fin, salió y se sintió más ligera, tanto que algunas lágrimas escaparon de sus ojos, la yōkai esperó pacientemente mientras la otra lograba controlarse.
—Lo siento —murmuró después de unos minutos, levantándose y aceptando la invitación de Kitzuna para sentarse a su lado—, es sólo que-
—Ni lo menciones —palmeó el hombro de la castaña—, entiendo tus sentimientos y yo estoy aquí como una protectora de Kagome-sama y Sayumi-sama, velo por ellas y su felicidad, como todos aquí. Tú, ahora, tienes una misión, pero antes de eso eres su amiga. Así que sólo debes hacer una cosa —Sango al miró—, nunca la dejes sola.
—Eso no tienes ni que pedirlo.
—No. Pero a veces es bueno poner en claro las cosas.
Sango rió.
—Supongo que sí. Entonces, ¿igual querías hacerme alguna pregunta?
—… sí. La relación que hay entre InuYasha y Kagome, ella me ha comentado algo, pero siempre he creído que cuando es una de las partes involucradas no se puede ser cien por ciento objetiva, así que supongo de una persona exterior la cosa podría cambiar.
—¿Su relación? —Sango dirigió su mirada hacia arriba, era una pregunta un tanto complicada—. Será un poco largo de explicar.
Kitzuna sonrió.
—El entrenamiento de Sayumi tomará un rato.
—Bueno… fui la última en unirme al grupo, pero supongo que puedo darte una buena perspectiva —se acomodó mientras cruzaba las piernas como Kitzuna—. Kagome me pareció al inicio algo ingenua, ¿sabes? En un mundo donde debes matar para sobrevivir es extraño encontrar a una persona como ella, fue una de las razones por las que me uní a ellos, creo que-
Y la voz de Sango siguió sonando mientras las hojas caían a su alrededor, y Kitzuna comenzaba a entender muchas cosas más, pero una sobresalía de todas.
InuYasha simplemente no se merecía el amor de Kagome.
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—¡Eso es todo por hoy!
Miroku respiró con alivio al ver como los kitsunes que antes le habían atacado sin descanso se detenían y les hacían una reverencia antes de retirarse, dejando que Shippō pudiera dejarse caer tan largo como era en el suelo, lo cual le causó cierta ternura, porque hasta él deseaba hacerlo, pero estando rodeado de guerreros simplemente no iba a mostrar lo cansado que su cuerpo estaba. Miró a su alrededor, encontrándose con Sayumi frente a su instructor con quien intercambiaba palabras, el yōkai parecía bastante satisfecho con ella, ni que decir del hermano menor de Sef, Renard, que no se separaba con nada, ya que apenas terminó el entrenamiento, él se apresuró a ponerse a su lado. Era bastante obvio para todos el por qué actuaba de ese modo, pero no para Sayumi, era dulce.
—¿Ya acabaron?
Todos voltearon a ver a Kitzuna que regresaba junto a la exterminadora, ambas parecían más… relajadas y sonrientes.
—Así es —cabeceó en dirección a la kitsune—. Sayumi-sama ya está lista para intentar luchar contra usted, será una batalla interesante de presenciar.
—De acuerdo, una vez regresen nuestros señores lo informaré y podemos decidir cuándo nos enfrentaremos, ¿estás lista, Sayumi-sama?
Ella sonrió emocionada, cuando había empezado a entrenar con los kitsunes, el instructor le dijo que llegaría un punto donde se enfrentaría con Kitzuna y por último a Sef, dependiendo de su desempeño con la anterior; al principio pensó que bromeaba, pero al aparecer era una prueba que se hacía a todos para poder entrar a las filas como un guerrero, si Kitzuna no te aprueba no puedes siquiera pensar en ir contra Sef, así que en definitiva estaba más que lista para intentar ir contra la kitsune.
—Los veo muy animados por aquí, ¿pueden compartirme el por qué?
Todos cabecearon al ver a Sef acercarse con una sonrisa y las manos detrás, posadas en su espalda baja, la única que no inclinó la cabeza fue Sayumi, quien se acercó emocionada al líder, el cual casi ríe al verla tan animada, casi parecía que se pondría a saltar.
—¡Podré enfrentarme a Kitzuna!
—Oh —Él alzó la vista hacia el yōkai a quien había puesto como supervisor de los progresos de la heredera, él le dio un asentimiento, corroborando las palabras—. Eso es sorprendente, ¿estás lista? Kitzuna no es tan dulce cuando combate.
Sayumi infló su pecho.
—Quiero hacerlo.
—Entonces, lo harás y-
Toda palabra fue cortada cuando el yōki de Sesshōmaru se hizo evidente, todo se estremecieron al sentirlo, eso sólo podía significar una cosa, problemas. Nada bueno salía si su señor estaba enojado, miró a su alrededor y los notó tensos, frunció el ceño.
—Retírense, agradezco su esfuerzo de hoy, vuelvan a sus posiciones —ordenó con un movimiento de mano.
Los kitsunes cabecearon antes de marcharse, no sin antes de darle una mirada a Sayumi con la preocupación sin ocultar en sus ojos; y es que Sef no podía culparlos, la heredera se encontraba en blanco, casi literalmente, tenía la mirada perdida y su cuerpo rígido, y no era para menos, el enojo que sentían sólo quería decir que las cosas no salieron nada bien en el encuentro de InuYasha y Kagome, y Sayumi lo sabía, o por lo menos lo intuía. Y a pesar, de querer ir primero para asegurarse que a pesar de la rabia todo estaba bajo control, Sayumi simplemente no se quedaría con los brazos cruzados, menos sin saber nada de su madre.
—Si vas conmigo irás detrás de mí, ¿correcto?
Sayumi asintió sin realmente prestar atención a lo que Sef dijo, su mente estaba más preocupada por hacer un escenario favorable para explicar lo que sentía, pero simplemente nada se le venía, algo en su interior le decía que debía prepararse.
Sef hizo un movimiento para que le siguieran, los únicos que quedaban ahí de los cuales debía estar atento son los compañeros de Kagome, aún no sabía cómo reaccionarían, esperaba que actuaran con prudencia por su seguridad y la de Sayumi. Se internaron rápidamente entre los árboles y cuando se iban acercando a la frontera se encontraron con Sesshōmaru que caminaba en su dirección.
A simple vista no había nada extraño, sin embargo, para él, acostumbrado a ver los más ligeros cambios en cualquier situación pudo notarlo, sus ojos habían perdido la suave calidez que adquirió al estar con Kagome, su antigua mirada hostil y fría volvía a estar presente anunciando una tormenta inminente, y al notar como esos ojos se movían hacia Sayumi, él hizo lo mismo casi de manera automática, pero con su cuerpo, protegiéndola de algún ataque. Sin embargo, eso no pareció pasar desapercibido para el yōkai que afiló su mirada antes de que toda su mandíbula se tensara.
—Nos vamos —fue lo primero que salió de su boca al retomar sus pasos, abriéndose paso en medio de todos que se apartaron enseguida de su camino, aunque no supieran leer esos cambios que Sef notaba, sabían percibir el peligro.
La orden estaba dada, porque es lo que era, no una sugerencia o pregunta, una orden directa y nadie debía cuestionarle, sólo acatarla y esperar que su humor no se volviera en tu contra; Sef lo sabía, Kitzuna lo sabía, Renard y Kitto igual, y aunque en menor medida los compañeros de Kagome también, sin embargo, no Sayumi, no porque fuera tonta, reconocía una orden al escucharla, pero simplemente no iba a seguirla, no sin saber sobre su madre que brillaba por su ausencia y eso la tenía inquieta. Muy inquieta.
—¿Dónde está Kagome?
Nunca cuestionar.
Siempre obedecer.
Todos sabían.
Sesshōmaru no era él. Por lo menos no, quien el día anterior pasó su mano sobre la cabellera femenina dándole una muestra física de cariño, y ella lo entendió todo cuando tuvo que saltar hacia atrás evitando ese látigo de veneno, que si bien no iba a dañarla seriamente el dolor iba a estar palpitando en su piel y al observar el daño que causó al suelo posiblemente le quedaría una cicatriz que su poder de curación no iba a borrar, después de todo no era inmune al veneno como su padre, y ese tipo de ataque -de esa magnitud- dejaban marca.
—Fue una advertencia —habló mirándola fijamente—, a la próxima no fallaré.
Le dio la espalda y Sayumi apretó la mandíbula.
No.
Ella necesitaba respuestas.
Sango y Kitzuna se movieron al mismo tiempo al ver como Sayumi daba un paso hacia delante abriendo la boca simultáneamente.
—¿Dónde está Kagome? —repitió.
Fue una fracción de segundo y eso bastó para que la sangre salpicara su rostro, el dolor recorrió su brazo izquierdo, el cual le ayudó a cubrir su cara, sus dedos rápidamente apretaron la herida, no era profunda, pero como bien intuyó el dolor era nítido y profundo, sin embargo, ningún sonido dejo escapar; pudo ver el momento en que Sango se crispaba por lo que dejó fluir su sangre para detenerla con un movimiento de su mano derecha, no iba a dejar que nadie se metiera; primero, porque había una alta probabilidad de que salieran heridos -y siendo humanos, el dolor podría llegar a ser hasta el triple-, y segundo, ella velaba por su madre.
—¿Dónde está Kagome?
Sesshōmaru gruñó, ¿por qué no hacia lo que ordenaba y ya? ¿Por qué tenía que ser tan terca como Kagome? Pero, ¿qué esperaba? Era su hija, terca, orgullosa y leal, nunca retrocedería ante nadie, ni siquiera ante él. Sus ojos dorados brillaban con determinación mientras la sangre seguía bajando por su brazo izquierdo, donde se acumulaba en sus dedos antes de caer al suelo, no parecía importarle.
—Se fue.
—¿Qué? —Sayumi no lo procesó, esas dos palabras le tomaron desprevenida, simplemente no entendía.
—Eso. Se fue —sus palabras eran suaves, pero cargadas de un notable resentimiento, aunque sólo visible para Sef y Miroku, quien estaba realmente sorprendido, seguía teniendo sus dudas hacia el yōkai, pero ahora, observando como todo su cuerpo se tensaba cada vez que el nombre de la morena se mencionaba, no quedaba espacio para dudas—. Se marcho con el híbrido.
Kitzuna cruzó mirada con la castaña consternada y sorprendida, eso no era posible; buscó a Sef, quien estaba igual de confundido; todos lo estaban. Lo que oían no tenía ningún sentido, era imposible, no conociendo a Kagome, no viendo como ella parecía brillar al ver a Sesshōmaru.
—No —Sayumi se dio la vuelta decidida a ir tras su madre, pero apenas dio un paso sintió como su cuerpo era golpeado haciendo que tropezara, pero logró poder sus manos, aunque la herida de su brazo izquierdo le impidió sostenerse, por lo que se dio de bruces contra el suelo.
—¡Sayumi! —Sango reaccionó rápido corriendo hacia la niña, siendo seguida por Shippō -con Kirara en brazos-, Kitto y Miroku; la exterminadora la ayudo a reincorporarse mirándola con preocupación antes de dirigir sus ojos cargados de furia al yōkai que tenía desenvainada su espada y el causante del dolor de la niña.
Sayumi se encontró desorientada por unos segundos antes de poder centrarse en su padre que la miraba con advertencia, por un momento sintió como la garganta se le cerraba y su cuerpo se paralizaba, todo en él decía peligro, y nunca sentido todo ese yōki tan amenazante. Sintió miedo, como ese miedo se le metía debajo de la piel, deslizándose por todo su cuerpo, se ahogaba; se aferró a Sango buscando algo de protección.
—Nos vamos y eso te incluye, Sayumi —declaró antes de dirigirle una mirada a Sef, quien dio un paso hacia adelante, atendiendo a la silenciosa llamada—. Busquen a Rin, la quiero list-
—No.
Sayumi usó a Sango como apoyo para levantarse, aún con la sensación de miedo en su cuerpo que hacía que le temblaran las piernas, aún con eso se puso de pie, enfrentó a su padre con la mirada, podría tener miedo, pero no por eso se dejaría vencer.
—Sayumi no cre- —ésta movió la cabeza para silenciar a Sango, quien frunció el ceño de preocupación, sin embargo, se apartó de la niña cosa que imitaron los demás; había algo que le obligaba a retroceder, una orden muda.
La silenciosa voz de una heredera.
—Iré tras Kagome.
—No.
—Iré. Aún si tengo que ir contra tus órdenes.
Sef hizo una mueca de dolor, había maneras de decir las cosas, había reglas y protocolos, pero cuando esas palabras salieron de su boca intrépida, simplemente se encontró sorprendentemente inclinándose a favor de ella y le asustaba darse cuenta del por qué.
—Sayumi —la advertencia era clara y ella inhaló profundamente antes de sacar una cinta de sus ropas -una de las que le dio Ara, esa amable aldeana- y atarse el cabello, antes de dirigir su mano a la cintura y desenvainar su espada con la mirada decidida, no iba retroceder y él lo sabía por lo que sacudió a Tōkijin como última advertencia, Sayumi no se inmuto—. Será a tu modo, entonces.
La sangre aún resbalaba de su brazo, ya no era tan abundante pero las gotas seguían cayendo lentas y silenciosas, con un suave ritmo, hasta que la última gota cayó y el choque de espadas estremeció a los presentes, que tuvieron que dar varios pasos hacia atrás evitando las ráfagas de descargas que parecían no almendrar a los dos involucrados que friccionaban las espadas hasta el límite y Sayumi iba perdiendo terreno; apretó la mandíbula mientras clavaba las puntas de sus pies en el suelo tratando de detener la fuerza de su padre, pero parecía imposible, sus manos se iban entumiendo por lo que inclinó la espada para que la de su padre pasará por encima de su cabeza, se impulsó girando el tobillo izquierdo para intentar conectar contra la pantorrilla de su padre, sin embargo, su pierna derecha no fue lo suficientemente rápida pues Sesshōmaru se giró sobre su eje para evitar la patada; Sayumi chasqueó la lengua antes de saltar hacia atrás poniendo la mayor distancia para que pudiera recuperar un poco el control, sin embargo, tuvo que levantar su espada cuando Sesshōmaru se abalanzó sin perder ni un segundo.
Sango tuvo que se retenida por Miroku cuando Sayumi salió despedida hacia atrás varios metros por el impacto tan fuerte, no entendía por qué nadie intervenía, ni ella misma se explicaba porque cuando intentaba dar un paso se congelaba, podría deshacer el agarre de su prometido sin ningún problema, claro que podía, pero cuando veía como la niña volvía a ponerse de pie, un nudo se formaba en su garganta, no podía intervenir, nadie podía; no cuando la sangre y el sudor bajando por su pequeña frente no la detenían de volver a dar un paso hacia adelante.
La batalla se extendía poco a poco, los segundos comenzaban a pesarle a la Inu, había perdido la cuenta de cuantas veces se tuvo que levantar para evitar un ataque de su padre, no iba a ganar, ni siquiera podía mantener firme el agarre en su espada, su brazo izquierdo empezaba a fallarle pues cada que detenía una estocada la herida -que aún no se cerraba correctamente- se abría y se hacía más grande y dolía aún más.
—¿Ya vas a rendirte? No vas a durar más —Sesshōmaru no estaba ni cerca de sentir cansancio, su ritmo de pelea era muy diferente al de Sayumi, la experiencia con la que contaba contra la que apenas empezaba a desarrollar ella era un gran trecho, simplemente estaba perdiendo el tiempo, nunca iba a derrotarlo.
—Sabe mi respuesta —su respiración era pesada, le costaba poder mantenerse al ritmo, era casi doloroso como el aire pasaba a sus pulmones, pero no iba a rendirse.
Sesshōmaru sabía que debía acabar con todo ese asunto ya, sin embargo, cada que la atacaba, cada gota de sangre, cada gesto de dolor era como una punzada para él, algo que le enojaba, esos impulsos, esos sentimientos que provenían de su conexión con Kagome, ¿por qué no podía simplemente acabar con todo? ¡¿Por qué?! Se movió en una milésima de segundo y al siguiente Sayumi estaba de nuevo en el suelo, con el dolor dibujado en su rostro, sus ropas llenas de tierra y sangre, podía oírla intentar coger aire mientras se volvía a levantar, ¿por qué no se rendía? Era tan estúpido seguir levantándose por una causa perdida, y sin embargo verla llevar su cuerpo hasta ese estado le recordó a Kagome, a como parecía tener una sonrisa para todo a pesar de estar quebrándose internamente y ese recuerdo sembró el enojo aún más profundo, tanto que sólo por un momento su bestia pareció emerger buscando dolor y muerte para enmascarar el dolor y la decepción, por lo que no se percató hasta el último segundo que se había abalanzado contra Sayumi, sorprendiéndola con la rapidez tan repentina que no tuvo tiempo para sostener el agarre de su espada que salió despendida hacia atrás, muchos metros fuera de su alcance y fue en ese mismo instante que supo que la asesinaría.
Y no podía detenerse, su espada ya estaba bajando y aunque quisiera desviar el cuerpo de Sayumi ya se encontraba demasiado cerca; ambas miradas se encontraron, él vio el miedo a morir en esas fosas de miel liquida, había visto esa misma mirada muchas veces, demasiadas como para decir un número exacto, y sabía que seguía después, la sangre salpicando, el gemido agónico, el olor a agua salda y por último, un cuerpo cayendo mientras el vacío llena las cuencas que habían brillado segundos antes, sí. Sus manos han estado llenas de muertes desde temprana edad, sin embargo, algo se congelo en el instante que comprendió lo que sucedería.
Sayumi cerró los ojos en el último instante, desde que llegó al pasado nunca pensó realmente en morir, aunque hubo situaciones que la pusieran en peligro tanto física como mentalmente, sinceramente nunca pensó en morir… desaparecer sí, rayos, se hizo a la idea de que su existencia sería desvanecida, se preparó para eso, no para morir por la espada de su padre, por lo que no quiso ver ni dejar ver el momento en que el dolor extinguiera su alma, y por eso mismo no notó el momento en que Sango logró llegar hasta ellos interponiendo su propia espada que si no fue suficiente para detener la de Sesshōmaru, le dio la oportunidad a éste de cambiar la dirección de su ataque, sin embargo, la fuerza que venía imprimida fue suficiente para romper en dos la hoja de acero y hacer que ambas se precipitaran hacia atrás, la exterminadora fue atajada por el monje, quien se fue de espaldas por el impulso en que venía su prometida, pero en ningún momento la dejo caer mientras que Sayumi fue acobijada por los brazos de Renard que logró soportar el impulso y el impacto.
El kitsune menor se arrodilló teniendo cuidado en no mover de alguna manera brusca a Sayumi, acunándola en sus brazos, la sintió temblar mientras intentaba recuperar el aire que perdió pues a pesar de intentar recibirla con cuidado, aún así acabo estrellándose contra su pecho, no tan fuerte gracias a la intervención de sus brazos, pero con las heridas ese último golpe había sido lo último que pudo soportar; y Renard, él se encontraba tan enojado, tan furioso que de no ser por su hermano hubiera intervenido desde el primer ataque, el verla sufrir era tan doloroso que aún teniéndola en sus brazos la sensación sólo se incrementó, logró apartar sus mechones, que se escaparon de la cola que se hizo, para encontrarse con sus ojos mirándole cansada, frunció el ceño al ver cómo ni las heridas más superficiales se cerraban, eso quería decir que su condición era más precaria de lo que intuía, todo su poder de regeneración y curativo debía estar centrado en zonas internas que podrían estar amenazando su vida, sus dedos se cerraron con el miedo a perderla y el amor que aún no confesaba.
—Sayumi, ¿me escuchas? —murmuró pasando sus nudillos por sus mejillas pálidas y llenas de sangre y tierra; ella siguió la voz sin ser realmente consiente de su alrededor, tenía la mente embutada por el dolor y el alivió de estar viva, entonces se encontró con unos ojos preocupados sobre ella.
—… ¿Renard?
Pronto se encontró siendo empujada contra su pecho mientras él hundía su rostro y la abrazaba contra su cuerpo, quiso regresar esa acción desesperada, pero sólo pudo levantar un poco sus brazos cuando la presencia de Sesshōmaru se hizo notar, Sayumi ladeó su rostro para verlo acercarse, sintió con Renard se tensaba a cada paso.
—Has perdido, prepárate para irnos.
Las palabras le atravesaron de la forma que no lo hizo Tōkijin, el pánico volvió a inundarle por lo que si detenerse a pensar en sus heridas se removió con fuerza entre los brazos de Renard.
—Sayumi, espera tú no-
—¡Suéltame!
Sesshōmaru se volteó, pues ya se marchaba, en el momento que se soltaba de Renard para dirigirse a él, con sus garras preparadas para desgarrar y atravesar lo que se le pusiera en frente, sin embargo, todo acabo siendo un mísero intento, pues sus piernas colapsaron y se derrumbó sin poder evitarlo, la vio intentar levantarse, pero sus antebrazos le fallaron y volvió al suelo; y no tardó en sentir el aroma salado que el aire le traía.
—Sayumi…
Renard intentó tomarla de los hombros, pero ella se retiró bruscamente del contacto, no quería que la tocaran, no quería ver la lástima en sus rostros; levantó su cabeza para enfrentarse a la mirada de su padre, distante, muy distante y, sin embargo, la sintió tan cercana.
—Quiero ir tras Kagome —inclinó su cabeza mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas—, déjame ir, por favor.
Todos retuvieron el aire, aún con su orgullo destrozado y herido, aún habiendo perdido la batalla seguía queriendo irse; cualquier guerrero hubiera agachado la cabeza y obedecido tras una derrota tan aplastante, muchos se suicidarían por su honor manchado, pero ella, esa pequeña con sus ropas rasgadas salpicadas de rojo seguía luchando, aunque ya no tuviera fuerzas ni para levantarse.
—No —Sesshōmaru no iba a ceder en eso—, mientras estés en mis territorios y sigas siendo mi heredera acataras cada orden que dé —se volteó—. Ayúdenla a levantarse.
Renard se inclinó para sujetarla de la cintura, ella esta vez no se negó a la ayuda aunque ni siquiera se dio cuenta de nada, las palabras de su padre se seguían repitiendo en su mente una y otra vez, ni siquiera oía la voz de Renard preguntando sobre su estado, ni la caricia de Kitto en su tobillo derecho, nada, las lágrimas bajaban y bajaban tanta impotencia, quería ir tras su madre, lo necesitaba… necesitaba saber que ella estaba bien, oír su versión, ella creía en Kagome, siempre lo hizo, pero ahora, simplemente le prohibían ir tras ella y… y…
Entrecerró sus ojos cuando un resplandor la cegó por unos momentos, prono se dio cuenta que era, la hoja rota de la espada de Sango clavada en la tierra, por unos segundos quedó embelesada por el brillo hasta que un recuerdo afloró de sus memorias infantiles y entonces, lo decidió, ella en los últimas semanas había comenzado a amar a su padre, esa seriedad que se rompía cuando las tenía a su alrededor, pero antes que todo estaba su madre, con todo el dolor del mundo antepondría a Kagome ante cualquiera, hasta su vida misma si era necesario por lo que iría detrás de la morena, nadie lo iba a impedir; por lo que con toda la fuerza que aún le quedaba, sumada a la determinación que volvió a brotar más fuerte que nunca se libró del agarre de Renard, sorprendiéndolo y antes de que pudiera volver a tomarla en brazos ella se adelantó, arrastrando sus pies hasta que se inclinó para tomar ese pedazo de espada entre sus dedos hiriéndose levemente cuando la sacó, las gotas de sangre brotaron y no le interesó, tenía su vista fija en el filo de la hoja y su mente ya se había decidido, por lo que limpió su rostro borrando todo rastro de húmedas y tierra.
—¡Sesshōmaru-sama! —su voz se escuchó fuerte y clara, él se detuvo, pero no se giró—. Gracias por todo.
Él se volteó, ligeramente confundido por el cambio tan radical de sus palabras y el tono de su voz; la vio erguida antes de que se inclinara en una reverencia.
Todos aguantaron la respiración cuando vieron como ella se llevaba la hoja de acero quebrada hasta su pecho cerrando brevemente los ojos, antes de levantarse y enfrentarse a la mirada de Sesshōmaru y tomar una gran bocanada de aire.
—¡Pero no puedo obedecerte!
El sonido de un corte rasgó el aire y el filo cortó de un tajo la hermosa cabellera de Sayumi.
Toda su vida la cuidó y amo por las palabras que le dijo su madre, pero aun cuando varios cabellos revolotearan sobre su cara no se arrepintió de su decisión, miró su cabello que era sostenido por la cinta de Ara, su larga y amada cabellera ya no lo sería más.
—Sayumi —ella miró a Sef que tenía escrito la sorpresa en todo su rostro—, tú-
—Renunció —Sayumi se dirigió a Sesshōmaru—. Renunció a mi título de heredera.
Sef podía contar con sus dedos las veces que había llorado y ni siquiera superaría una mano, y ahora, mirando la acción a la que tuvo que recurrir Sayumi sintió ese ardor casi desconocido llenar sus ojos y nariz, y es que ver como sostenía lo que fue su larga cabellera le llenaba de tanto dolor porque había visto la tristeza en el rostro de ella al pasar el filo por sus hebras, eso quería decir que sabía lo que hacía y el valor que tenía; ella era la hija de sus señores por lo tanto el respeto y cuidado que le procuraban era obvio, sin embargo, había una enorme diferencia entre tener ese respeto por alguien obligatoriamente a tenerlo porque esa persona se lo hubiera ganado y ella, Sayumi, simplemente Sayumi, lo tenía, tenía toda su admiración y respeto, se postraría a sus pies y le ofrecería su espada de ser necesario, pero antes de que pudiera moverse, Sesshōmaru lo hizo.
Y todos se horrorizaron al ver como Sayumi era mandada bruscamente hacia atrás, después de ser alcanzada por unas descargas de Tōkijin, quisieron ir en su auxilio, pero otras descargas los detuvieron en sus lugares, y le vieron avanzar hacia donde Sayumi intentaba levantarse, tosía y cuando apenas se alzaba con la ayuda de sus antebrazos, otro golpe dio directo en su pecho, arrastrándola más metros, rasgando sus ropas y abriendo sus heridas.
—¿Crees que es tan fácil? —Sesshōmaru caminaba con pasos lentos y calculados, con espada en la mano, sin quitar la vista de Sayumi, quien se encontraba bocabajo después de su último ataque, aún sostenía su cabello en su puño izquierdo—. Estás en mis tierras, matarte sería lo más piadoso que podría hacer después de tal acción.
Sayumi escupió la sangre que se acumuló en su boca, arrastró su cuerpo hacia arriba, con los brazos temblorosos y la vista borrosa, ese último golpe posiblemente fracturo algo, o eso deducía al sentir una punzada especialmente dolorosa extendiéndose por todo su pecho, nunca se sintió tan vulnerable y frágil como en ese momento, levantó la cabeza y lo vio acercarse, como la muerte, sin prisas, porque sabía que no tiene un lugar al cual huir. Al intentar levantarse el brillo de algo llamó su atención y sintió como el aire escapaba de sus pulmones, su espada estaba a unos metros de ella, si pudiera llegar hasta ese lugar, tal vez, sólo tal vez tendría alguna oportunidad -aunque era simplemente su instinto de supervivencia gritando-, con todas las fuerzas que pudo juntar, ignorando el dolor que le decía detente, sin embargo, aún con toda su determinación su cuerpo ya estaba en su límite y colapso sólo a unos pasos de llegar. Ella gruñó de impotencia y rabia, tan cerca.
Las pisadas le erizaron, sus ojos se abrieron al verlo venir, no quería morir.
Un paso.
No quería morir.
Otro paso.
No así.
El destello de una espada.
No ahora.
El sonido del aire siendo cortado.
Quería vivir.
¡Quería vivir!
Sesshōmaru se sorprendió cuando Elu Valgus se interpuso en su trayectoria, Sayumi aunque sorprendida logró sujetarla en el aire y el impacto provocó la acumulación de energía que explotó, mandándola a volar hasta que su espalda se estrelló y perdió su espada. Por unos segundos en los que perdió todo el aire, su mente divagó en todo lo que había pasado hasta ese momento, el cielo azul se abría antes sus ojos, hermoso y vasto, como los ojos de su madre, quería verla, aunque fuera una última vez… pero su cuerpo ya no daba para más, ese fue el último ataque que podía soportar, una vez su padre volviera a ir por ella moriría, y esta vez nada ni nadie lo evitaría.
—¡Sayumi!
Ya no podía distinguir de quien era la voz que llamaba su nombre, pero si vio el momento en que Sesshōmaru se detenía a unos pasos de ella, sus miras se cruzaron y él alzó de nuevo a Tōkijin.
¿Dolería la muerte?
—Vete —Sayumi ladeó la cabeza pues había vuelto sus ojos al cielo—. Ya no estás en el Oeste, sigue tu camino.
Sesshōmaru guardó a Tōkijin mientras le daba la espalda, para enfrentar a las personas que tenían las manos empuñadas y el ceño fruncido, mientras apretaban sus mandíbulas, sus ojos repasaron todos esos detalles.
—¿Por qué siguen aquí? —se dirigió a la exterminadora que le miró con furia—. ¿Qué orden di para que conservaran sus vidas?
—Que mis nuestras vidas y servicios son para Kagome y Sayumi.
—Bien, entonces lo repetiré, ¿por qué siguen aquí? —Ella abrió los ojos al entender—. Lárguense.
Sango titubeó al dar el primer paso, pensando en su boomerang que iba a dejar atrás cuando cruzara la frontera, pero sólo fue por un segundo, Sayumi era más importante y ésta ya había sacrificado mucho para obtener esa libertad; corrió hasta donde la niña se encontraba sin poder moverse siendo seguida al instante por su prometido, Shippō y Kirara, que no desperdiciaron ni un segundo en abalanzarse sobre la niña, quien sólo pudo sonreír al ver su preocupación y alegría al verla… viva.
Pero ella seguía viendo la espalda de su padre y las lágrimas inundaron sus mejillas.
—Sayumi, ¿qué pasa? ¿Dónde duele? ¿Qué necesitas?
—Levántenme.
—¿Qué?
—Ayúdenme a levantarme.
Sango miró a Miroku, quien asintió para ayudarla a reincorporarla; Sayumi se mordió el labio inferior antes de avanzar con cuidado hasta detenerse antes de cruzar la frontera, estiró su mano para que Sango entendiera que quería su espada, cosa que funcionó porque al instante la castaña la dejó que Miroku sostuviera su peso para ir por la espada de la niña y entregársela.
—¡Sesshōmaru-sama! — él no se volteó, ella se apartó de las manos de los amigos de su madre para dejarse caer de rodillas, lo odiaba, odiaba entender todo lo que su padre hizo, ¿por qué tenía que ser tan… tan… él? Era estúpido, y ella, ella simplemente quería cruzar y golpearlo, golpearlo hasta que su mano doliera -no es que no doliera ahora, Dios, tal vez hasta tuviera rota o fisurada la muñeca a esas alturas- y pudiera hacerle cambiar esa estoica expresión suya y… y…—. ¡Padre! —era la primera vez que lo llamaba así en voz alta y le resultó tan doloroso por la situación en que ambos se habían puesto y él siguió sin voltear, pero vio cómo se tensaba—, yo… yo… —se inclinó hasta que su frente tocó el suelo—, sólo gracias…
Se levantó, clavó su espada en la línea fronteriza y dejó su cabello a un lado, sólo miró por última vez la espalda de Sesshōmaru antes de que Kitto corriera a su encuentro, pasando al lado del yōkai que ni se inmutó, y ella pudiera, por fin, desplomarse en la espalda peluda de su protector y sumiéndose en la inconciencia que aliviaría su mente y reforzaría su corazón.
Nadie necesito decir algo, todos sabían a donde ir, Kirara se transformó para que Sango y Miroku, pues Shippō había trepado para acompañar a Sayumi; y nadie volteó a excepción de la exterminadora, que a pesar de su palpable enojo no pudo evitar regresar su mirada y la última imagen que pudo observar nítidamente fue la de Sesshōmaru arrodillado y tomando el cabello de Sayumi.
Y, tal vez fue la distancia, o simplemente su mente jugando con ella porque casi pudo jurar ver a Sesshōmaru formar la palabra protégela.
Y eso iba hacer, aún si ella se lo hubiera imaginado.
Continuará.
Detrás de cámaras
Lili se movía entre los actores y ayudantes que parecían exhaustos, pues nunca sabían cuando Fira llegaría con un capítulo y cuando lo hacía todos debían prepararse a la orden de "ya", pues la productora podría ser calmada y centrada, pero cuando le llegaba todo el guion a las manos era muy intensa, así que una vez terminado la dejaban seguir su camino.
Fira se sobresaltó al oír la puerta de su estudio abrirse bruscamente, por lo que levantó su vista de la laptop que tenía sobre su regazo mientras hablaba con una de sus acosadoras personales que era súper divertida y además le había acompañado esos días hasta la madrugada para animarla a terminar por fin.
—¿Lili?
Ésta sólo suspiró con cansancio antes de ir, hacia Fira y terminar sentándose a su lado y llevando la cabeza hacia atrás.
—Eres un monstruo.
Fira rió al tiempo que cerraba su laptop y la dejaba en la mesa de centro.
—Gracias, me esfuerzo por eso —musitó divertida antes de recargar su hombro contra el de Lili—. ¿Fue mucho trabajo?
—Mmm… un poco, pero ya estoy acostumbrada a tus guiones esporádicos, ¿y cómo estás tú?
—Cansada, agobiada, pero bien, sólo necesito un poco de tiempo y regresaré en forma, eso si la tesis lo permite.
Lili sonrió la universidad estaba matando a su amiga, pero se esforzaba en seguir escribiendo todo lo que pudiera y era dulce, aunque sus ojeras indicaban que necesitaba dormir más.
Mucho más, pensó al sentir como la cabeza de Fira caía contra la suya y su respiración se acompasaba.
Mucho, pero mucho más.
¡Muchas gracias por la preocupación y el amor que han tenido por mí, estoy bien, algo cansada, pero bien! No voy a contestar los reviews, no porque me parezca necesario, leo cada uno de ellos y los atesoro en mi corazón, cada palabra me ha animado a seguir escribiendo y traerles la continuación, muchas gracias, ¡las adoro! Y adoro cada uno de sus comentarios.
Con todo el amor que puedo darles, nos vemos en la próxima actualización.
FiraLili
