HOLA! ESTA VEZ SI ME ATRASE... PERO SOLO UNOS DÍAS , ASÍ QUE TODO BIEN :) (creo) SOLO ESPERO QUE ESTE CAPITULO LES GUSTE YA QUE A TODOS LOS QUE ME HAN ESTADO APOYANDO Y TAMBIÉN LEYENDO ESTA HISTORIA CONMIGO TIENEN QUE SABER QUE EL PRÓXIMO CAPITULO SERA EL ULTIMO T-T ... POR ESO DISFRUTEN ESTE CAP TAAAN LARGO.
PSDT. se que había dicho que los iba a hacer mas largos, pero si hacia lo mismo con este pues ya no habría existido el capítulo 30.
LOS CRÉDITOS ABBY GLINES Y A ODA-SAMA .
La música y una voz que reconocía me llamaban. Intenté fuertemente apartar la pesada manta para que pudiera acercármele.
Conocía esa voz. La música venía de él. Su voz sonaba triste, pero sus palabras le pertenecían. Era mi canción. Luché contra la manta, pero seguía siendo demasiada pesada, y la oscuridad se apoderó de mí. La canción se desvaneció.
Mi cabeza latía con fuerza y mis brazos hormigueaban. Traté de mover mis dedos, y funcionó. Intenté mover mi pie, y lo moví. El manto oscuro se había marchado. Quería abrir los ojos, pero la idea hacía que mi cabeza palpitara más. No creía ser capaz de abrirlos aún. Por alguna razón, la oscuridad me había dado un dolor de cabeza horrible. Recordé el líquido caliente en mi cabeza, y me pregunté si eso me causó problemas.
Levanté un brazo, pero sólo conseguí levantarlo un poco antes de que cayera de nuevo.
Alguien se movió a mi lado. —¿Nami?
Mi respiración se detuvo, y esperé para ver si podía oír esa suave voz decir mi nombre otra vez.
—Nami, ¿Me oyes?
Quería hablar, pero no estaba segura de si las palabras saldrían, así que me quedé en silencio. Una mano cálida se deslizó en la mía, y mi brazo se estremeció de un modo familiar. La mano debía pertenecerle a Luffy.
—Nami, por favor, si puedes oírme, demuéstramelo. Te vi moverte. Puedes hacerlo de nuevo.
Era Luffy. Su voz sonaba preocupada y ansiosa. Moví mi mano en la suya y traté de abrir los ojos. La luz me lastimó, y dejé de intentarlo.
—Puedes oírme. De acuerdo, escucha, iré a buscar a la enfermera. ¿Enfermera? ¿Qué enfermera? No quería que se fuera. Apreté su mano con fuerza, intentado aferrarme a él, y luego le oí reírse entre dientes, y, de repente, el peso se desvaneció, y pude inhalar. Mis labios formaron una sonrisa esta vez, y su cálido aliento me hizo cosquillas en mi oído.
—No voy a dejarte. Lo juro, pero por favor, déjame buscar a la enfermera —susurró, y la piel de gallina se erizó en mis brazos. Él rió suavemente, y su mano dejó la mía.
La habitación se quedó en silencio, y la oscuridad comenzó a volver. Quería luchar contra ello. Quería ver a Luffy. Necesitaba ver su rostro. Pero venía a mí de todos modos, y una vez que dejara que se acercara, flotaría en ella, incapaz de controlar su fuerza.
Un sonido cálido apareció en mis oídos, y luché por comprenderlo. Cuanto más me acercaba, más claras parecían las palabras. Eran familiares, pero no era capaz de estar lo suficientemente cerca para entenderlas. Luché contra la oscuridad y me esforcé por escuchar las suaves palabras que parecían enviar oleadas de calor a través de mi cuerpo frío. Apreté mi mano para asegurarme de que podía controlarlo, y luego llegó el silencio. Las palabras se detuvieron, y yo quería escucharlo de nuevo. Intenté hablar, pero nada parecía salir. Apreté nuevamente y el calor en mis manos me recordó que no estaba sola.
—¿Nami? ¿Puedes oírme?
Quería decir sí, pero en cambio me las arreglé para mover la cabeza.
—No me iré esta vez, nena. Me quedaré justo aquí. ¿Puedes abrir los ojos para mí?
Su voz sonaba tan ansiosa y preocupada que quería tranquilizarlo. Pero la luz parecía demasiado brillante. Tenía que decírselo. Me concentré mucho en las palabras, y entonces recordé como hablar.
—Las luces —me oí decir con voz ronca.
—Las apagaré. Espera un segundo —Su mano se fue, y entonces pude ver la oscuridad en el otro lado de mis párpados. Su mano se deslizó de regreso en la mía, y la apretó.
—Por favor, abre los ojos para mí —rogó, y lentamente los abrí. Todo parecía borroso en la oscuridad. Parpadeé lentamente, y las cosas comenzaron a aclararse. Busqué a Luffy primero y rápidamente lo encontré justo a mi lado. Parecía agotado. Sus ojos tenían círculos negros debajo de ellos. —Ah, allí están los ojos más bellos que eh visto —murmuró con alivio en su rostro
—Hola. —Luché por hablar con mi garganta reseca. Él sonrió, y mi corazón se agitó como de costumbre.
—Hola —dije en voz baja—. ¿Porque estás aquí? —pregunté, pero deslicé mi mano libre hasta mi garganta y fue entonces cuando descubrí que tenía tubos en mis manos. Lo miré fijamente, confundida, pero ahora el hecho de que él llamaría a la enfermera tenía sentido. Me encontraba en un hospital.
—Estoy aquí por la razón por la cual me levanto cada mañana, me necesitas tanto como yo te necesito, obviamente. Cerré los ojos, tratando de entender lo que quería decir.
—Por favor, no cierres los ojos nuevamente —rogó en voz baja.
Los abrí de inmediato. No entendía su urgencia y preocupación. ¿Y porque parecía tan cansado?
—¿Por qué estoy aquí? —pregunté, a pesar de que mi garganta y boca estaban tan secas como un desierto.
Suspiró y besó la mano que sostenía. —Estabas agotada y te desmayaste mientras montabas tu bicicleta. Te golpeaste la cabeza con tanta fuerza que te la abriste. No te encontraron de inmediato —se detuvo y parecía estar luchando por las palabras—. Para cuando te trajeron aquí,
estabas inconsciente, y no podían decirme si regresarías a mí.
Luchó con la última parte, y yo apreté su mano tan fuerte como pude. —Lo hice.
Sonrió y apoyó la cabeza contra nuestras manos unidas por un momento. —Sabía que lo harías, pero eso no significa que no he estado muerto de preocupación desde que la Sra. Mary me llamó hacia una semana.
¡Una semana! He estado inconsciente una semana. Y entonces recordé a Nojiko. Comencé a sentarme. Belle-mere no podía cuidar a Nojiko toda una semana. Ella podría estar... no quiero siquiera pensarlo. Necesitaba levantarme.
—Guau, ¿Qué estás haciendo? No puedes levantarte. Todavía tengo que traer a la enfermera aquí.
Sacudí mi cabeza, y comenzó a latir con fuerza. —Nojiko —Hablé entre mi pánico. Luffy me sostuvo firmemente en la cama.
—Nojiko esta con la Sra. Mary y está muy bien. Incluso ya duerme ahora por las noches. ¿Cómo llegó Nojiko con la Sra. Mary? —Me quedé mirándolo, necesitaba respuestas, pero mi garganta seca había alcanzado su límite.
—Belle-mere está recibiendo ayuda. Está enferma, Nami. Se le llama depresión postparto, y tiene un caso muy grave. Se encuentra en la mejor clínica que el dinero puede comprar, y cuando regrese a ti, estará como nueva. Te lo juro.
Me hundí de nuevo contra la cama, y noté que me dolía la cabeza con fuerza. Me estremecí.
—Espera, iré a buscar a la enfermera. No cierres los ojos, por favor, mantenlos abiertos.
Asentí y lo vi salir de la habitación para después gritar—: ¡Está despierta!
De inmediato se dio la vuelta y regresó a mi lado, en seguida. —Las enfermeras y los médicos probablemente me echarán en un minuto, pero yo no iré a ninguna parte. Me quedaré afuera de esa puerta, y si me necesitas, estaré allí.
Asentí con la cabeza, y mi corazón se aceleró cuando él se inclinó y su aliento me hizo cosquillas en la oreja. —Nunca seré capaz de marcharme de nuevo. No soy tan fuerte.
Las puertas se abrieron y entraron rostros que nunca había visto antes.
—¿Cuánto tiempo ha estado despierta? —preguntó una señora grande, con cabello castaño oscuro, cortado en picos, mientras corría a mi lado.
Luffy me guiñó un ojo. —Um, unos minutos.
Ella sacudió su dedo y le dijo: —Correcto, chico lindo, tu canto debió de haber hecho algunas cosas bien, pero ahora quiero que salgas de aquí. Su ritmo cardíaco está por todo el lugar. No puedes hacer eso, la chica ha estado en coma. —Dije que no usaran esa palabra —La interrumpió con una voz fuerte que me sorprendió.
Ella suspiró y negó con la cabeza. —Lo siento, lo olvidé. Ella ha estado "inconsciente" durante una semana. No te necesita aquí haciendo que su corazón se acelere.
Parecía preocupado, y yo quería decirle a la señora que no lo molestara.
—¿Van a hacerle daño? ¿Se quedará despierta?
La señora me sonrió, y luego se volvió hacia Luffy. —Estará bien. Ahora vete.
Él me dio una mirada más, y luego fue sacado de la habitación por otra enfermera que acaba de entrar.
—Caray, me alegro que hayas despertado. Ese pobre chico está a punto de desmayarse de agotamiento. Aunque tengo que admitir que fue lindo escucharlo con un pequeño concierto por aquí. Manteníamos la puerta abierta y escuchábamos mientras él te cantaba. Algunas veces pasaba horas sólo cantando. Juro que canto "Don't Cry" un centenar de veces.
Sonreí ante la idea de Luffy cantándome.
—Sí, adelante, sonríe. Si yo tuviera una sexy estrella de rock cantándome y cuidándome como una mamá gallina, sonreiría también — se burló, y luego agarró un vaso de agua—. ¿Estás sedienta?
Asentí, sabiendo que mi garganta estaba demasiado seca para hablar. Se sentó en mi cama y me dio instrucciones para tomar en pequeños sorbos. Lo hice durante unos minutos.
Después de beber, dije: —Mi garganta me duele. La enfermera asintió. —Tuviste un tubo en la garganta por un tiempo. Después de que despertaras brevemente anoche, lo sacamos en caso de que despertarás de nuevo y entraras en pánico durante la noche.
Asentí y cogí el vaso.
—Recuerda, sorbos lentos —advirtió, y luego continuó trabajando sobre mí. Examinó mi cabeza y asintió—. Estarás bien, Srta. White. Antes de que lo notes, estarás lista para darte de alta. Sin embargo, esta vez las cosas deberían ser más fáciles para ti. Esta estrella de rock parece estar al
pendiente de todo.
Mi corazón se hinchó cuando recordé que Luffy estaba justo afuera de mi puerta.
—Has tenido otros visitantes que no se han quedado por períodos muy largos. Estoy segura que desean ser contactados. Puede que te anime verlos. No estoy segura de si quieres que les avise de inmediato.
Asentí y sonreí. —De acuerdo.
Ella tomó las provisiones y abrió la puerta. Luffy miró dentro de la habitación, a mí y luego a ella con ansiedad.
—Está bien. Estará fuera de aquí en un par de días —Luffy casi parecía desplomarse de alivio. Regresó a la habitación y cerró la puerta detrás de él.
—¿Estás bien? —preguntó, y en esta ocasión mi garganta funcionaba mucho mejor.
—Sí, estoy bien —le aseguré y él me miró. Acercó su taburete hasta mi lado otra vez, y me tomó la mano.
—Nami, lo siento. Te dejé aquí pensando que hacía lo mejor para ti, y yo sabía que tu no tenías una vida familiar estable. Quería darte un auto y dinero —Rió con amargura—. Quería dejarte todo lo que pudieras necesitar. Pero sabía que no lo aceptarías y te molestarías. Dejarte sin saber que no tenías a nadie fue muy duro. Pero me convencí que estarías mejor sin mí. La Sra. Mary prometió conseguirte un buen trabajo con un buen sueldo y beneficios. Quería que tuvieras un seguro y cómodo año escolar. Yo no tenía idea...
Puse mi dedo sobre su boca. —Basta. Nada es culpa tuya. Hiciste lo que tenías que hacer. Tu mundo es diferente del mío, y entiendo eso.
Besó mi dedo, y contuve mi aliento. —Supe eso cuando me permití estar contigo, que tu vida estaría patas arriba. Mi mundo iba a afectarte, pero no hice caso a esos pensamientos, y sólo viví el momento. Cuando vi tu rostro en toda la televisión, y escucharte hablar como si tu vida personal no fuera nada, perdí el control. Quería herir a alguien, y cuando comprendí que era mi culpa, quise herirme a mí mismo. Así que me lastime de la manera más profunda y posible... apartándome de ti —Hizo una pausa y sostuvo mi mano contra su rostro—. No quería lastimarte.
Trataba de salvarte de mí, pero ese fue un muy mal plan, y lo lamento tanto.
Humedecí mis labios secos y sonreí. —Gracias por estar aquí ahora.
Luché contra la oscuridad con fuerza porque no me dejaba oír algo. Era música. Recuerdo que pensé que el sonido me hacía sentir más cálida por dentro. Luché tan fuerte como pude. Ahora sé que eras tú. Si no hubieras estado aquí cantándome, no sé si podría haber luchado por algo.
Cerró los ojos por un minuto, y el dolor cruzó su rostro. —He tenido mucho tiempo para pensar en ti y en mí. Sé que mi vida no es normal y no puedo ser el chico que se sienta atrás en tu clase, no importa lo atractivo que eso suene, pero no puedo alejarme otra vez. No soy tan fuerte —Se movió más cerca de mí y tocó mi rostro con la otra mano—. Si aún me quieres, soy tuyo. Tu vida nunca volverá a ser normal. Serás el centro de atención, aunque yo intentaré mantenerte lo más segura posible. Pero aquí está la cosa, yo no fui al instituto. Me perdí todas mis experiencias porque estuve de gira por carretera. No puedo hacerte eso a ti. Necesito que tu vivas cada experiencia escolar que se te ofrezca, y disfrutes de ello... por mí. Volveré a mi casa de verano una semana de cada mes, y en cualquier otro momento en que pueda escaparme. Sé que mi horario es una locura en este momento con la gira, pero voy a hacer que esto funcione. Lo juro.
Me quedé allí, tratando de comprender sus palabras y sabiendo que haría cualquier cosa por tenerlo de vuelta en mi vida. No me importaba si mi privacidad fuera invadida, si yo lo tenía a él, eso no me importaba.
—¿Qué experiencias hay para mí en el instituto? Lo odio.
Sonrió y recorrió mi mejilla con el dedo. —Bueno, partidos de fútbol y bailes y platicar mientras caminas por el pasillo. La mala comida de la cafetería, viajes de estudios y, diablos, no sé qué más me perdí. Es sólo que no quiero que un día te arrepientas y desees haberlo vivido. Porque
cuando pase, esa será mi culpa. Te estoy pidiendo que renuncies a mucho por estar conmigo. No puedo aceptarlo todo.
Suspiré. —Pero todas esas cosas nunca las hago. Nunca voy a los juegos de fútbol, y no iré a ningún baile. Nojiko me necesita.
Luffy sacudió la cabeza. —No, cuando Belle-mere regrese a casa, Nojiko tendrá una madre, no una hermana mayor cuidando de él. Estoy en contacto con su doctor, y él dice que ella está mucho mejor, pero que se encontraba en muy mal estado.
El alivio me recorrió. Saber que Belle-mere volvería a su estado normal sonaba maravilloso. Ser madre a los diecisiete casi me mata, y yo necesitaba que ella fuera una para Nojiko.
—Todavía no quiero hacer ninguna de esas cosas.
Me sonrió con picardía.
Suspiré y cerré los ojos, deseando que él me pidiera otra cosa a cambio, no esto. Finalmente, abrí los ojos y asentí. —De acuerdo, lo haré por ti.
Él esbozó una enorme sonrisa, se inclinó y besó mis labios suavemente. —Gracias —susurró antes de volver a sentarse recto.
—La Sra. Mary está en la sala de espera, muriendo por verte, y también lo esta... um... Marcus—terminó de mala gana.
Sonreí y apreté su mano —Marcus ha sido un gran amigo en todo este tiempo.
Luffy asintió. —Sí, se aseguró de amenazarme si vuelvo a hacerte daño. Luego me dio un resumen muy descriptivo de lo que ocurrió después de que me fui —Luffy tragó saliva y apartó la mirada—. Por qué él hizo todo lo que yo tenía que hacer, le permito estar aquí. — Sonreí mientras Luffy se levantó y fue hacia la puerta. —Sin embargo, si él acerca un poco sus labios a tu cara, toda esta tregua se acaba.
Reí, y Luffy me dio una última sonrisa antes de salir por la puerta para que mis amigos entraran. La Sra. Mary entró con el ceño ansioso de una madre preocupada en su rostro. —Oh, Nami, cariño, estoy tan feliz de verte despierta. Chica, me has dado el susto de mi vida. Señor, si hubiera sabido que las cosas estaban tan mal yo podría haber hecho algo. —Tocó mi mano, se inclinó y besó mi frente.
—Estoy bien ahora. ¿Cómo está Nojiko?
Sonrió y se sentó a mi lado, en la silla en que Luffy había estado antes. —Ella es maravillosa. La inicié en un poco de cereal de arroz, y ahora duerme toda la noche. Es una bebé feliz.
—Gracias, muchas gracias. No tengo que preocuparme por ella cuando sé que está contigo. Significa mucho para mí que cuides de él — Las lágrimas picaron en mis ojos.
—No podría hacerlo de otra manera. Nami, cariño, tu eres mi familia también. Te amo como uno de mis hijos. No tienes por qué agradecerme nada.
Por sus palabras, las lágrimas cayeron. Tenía una familia ahora. Siempre hemos sido Belle-mere y yo contra el mundo, pero ahora tenía a otras a quienes amar y que me correspondían.
—Oh, Dios, si el amo Luffy te atrapa llorando va a sacarme de aquí para siempre. Deja de hacer eso ahora. Tienes a Marcus afuera con Luffy, y por la manera en que se están mirando el uno al otro, no pasará mucho tiempo antes de que comiencen a pelear. Voy a irme. —Apartó mi mano—. Me alegra que regresarás a nosotros, dulzura. Te amamos —Se giró para irse.
—Sra. Mary. Se detuvo y dijo—: ¿Sí, cariño?
Le sonreí a través de mis lágrimas. —Te amo, también.
Ella suspiró y secó una lágrima de su ojo. —Lo sé, chica, sé que lo haces. —Salió de la habitación.
Luffy volvió a entrar y frunció el ceño, preocupado. —¿Estás bien? La Sra. Mary está llorando, y tú también —Se acercó y secó las lágrimas de mi rostro.
Le sonreí. —Son lágrimas de felicidad. Ahora, deja de preocuparte y deja entrar a Marcus.
Asintió, pero no sonrió, y luego regresó al pasillo. Marcus entró con un ceño feroz en su rostro.
—Juro, Nami, que si alguna vez me asustas así de nuevo, no estoy seguro si sobreviva a ello.
Sonreí. —No tengo la intención de asustar a nadie otra vez.
Esbozó una sonrisa y se sentó a mi lado. —No pude estar mucho tiempo aquí cuando tú estabas um... inconsciente... Luffy se negó a irse de tu lado, y sólo permiten entrar a una persona a la vez. Sin embargo, Luffy me dejó entrar en una ocasión, pero él no se fue, estuvo en el pasillo tocando la guitarra y cantando. Te lo juro, tiene a todas las mujeres de este hospital enamoradas de él.
Rodé los ojos y reí. —No dejes que eso te afecte, Marcus. Él es una estrella de rock. Estarían enamoradas de él aún sin que estuviera cantándome.
Marcus suspiró y se recostó en la silla. —No lo sé, Nami. Soy un chico, y seré honesto contigo, ver a alguien como él en un rincón de un hospital, tocando sin parar y rehusándose a marcharse de tu lado, fue muy conmovedor. Me las he arreglado para dejar a un lado mi resentimiento hacia él.
Imaginé a Luffy cantando para mí, y me hubiera gustado estar despierta para observarlo. —Le quiero —susurré.
Marcus asintió. —Sé que lo haces. Lo has amado todo este tiempo que te conozco. Es algo que he llegado a aceptar. Nunca tuve una oportunidad. Él robó tu corazón primero.
Sonreí, tristemente, al amigo que siempre amaría. Él había sido mi caballero de brillante armadura cuando necesité uno.
—Te quiero, también —dije, casi con un nudo en la garganta.
Me sonrió. —Lo sé. Sólo que no de la misma manera que a él.
—Eres el mejor amigo que he tenido, Marcus. Has estado allí para mi cuando yo más te necesité. Nunca lo olvidaré. Pero él robó mi aliento en el primer momento en que hablamos. Él es mi aire.
Marcus miró el suelo por un instante, y le di su tiempo. Finalmente, levantó la mirada hacia mí.
—Pensaba que él no merecía tu amor, pero ahora creo que está tan enamorado de ti como tú de él. Quiero que seas feliz, y si él te hace feliz, entonces todo lo demás no importa.
—Él afecta todas mis emociones. Mi felicidad está conectada a él.
Marcus asintió y se levantó. —Sí, pensé lo mismo. —Miró hacia la puerta—. Va a entrar en cualquier momento y volverá a disgustarme, así que es mejor irme antes de que eso suceda.
Reí. —De acuerdo, gracias por todo. —Marcus sonrió.
—Ha sido un placer —Salió de la habitación.
Sabía que siempre estaría allí cuando lo necesitara, pero en cierto modo, yo acababa de ponerlo en libertad.
Luffy entró en la habitación, sonreía.
—¿Puedes intentar comer algo?
Pensé en comida y, de repente, estuve muy hambrienta. Asentí. —Sí, creo que sí.
Sonrió, abrió la puerta, y habló con una enfermera. —Ella quiere comer.
La enfermera asomó la cabeza y sonrió. —¿Estás lista para algo de gelatina?
Gelatina no era algo en lo que yo estuviera pensando, pero al parecer tenía que comenzar por alguna parte.
—Sí, por favor.
Asintió y salió de la habitación. Luffy tomó su guitarra de la esquina, se sentó y comenzó a tocar. Sonrió, y la suave voz que lo había hecho famoso se unió a la guitarra.
Estuve en el hospital otra semana, pero no me importó. Tener a Luffy conmigo todo el día hacía que los días pasaran más rápido. Una vez que me permitieron tener más visitas, el señor Greg vino y jugamos ajedrez. Me dejó ganar, y no se dio cuenta que ya yo sabía lo que intentaba hacer. Varias veces hablé con Belle-mere por teléfono, y parecía feliz y más como sí misma. También ella quería ver a Nojiko desesperadamente. En verdad no se le hacía nada fácil lidiar con lo que le había hecho. Luffy me aseguró que también recibiría ayuda por la culpa que sentía.
La Sra. Mary me trajo deditos de pollo con puré de papas y un pie de manzana, lo cual fue un gran respiro de la comida del hospital.
Luffy continuaba cantándome. Las enfermeras se asomaban por la puerta y suspiraban cuando lo veían. Lo entendía. El chico que amaba también tendía a ser el rompecorazones más famoso del mundo. Ya lo había aceptado.
Luffy se negaba a dejarme regresar a mi apartamento, y la Sra. Mary se negaba a permitir que Luffy me llevara a casa con él. Así que terminé yéndome a casa con ella. Me encontraba ansiosa por ver a Nojiko. Él había logrado enterrar su pequeño ser en mi corazón. Tenía que recordarme a mí misma el rol que cumplía en su vida cada vez que comenzaba a pensar en su futuro y a preocuparme por cosas de las que no debía preocuparme, ya que ése no era mi lugar. Todo mejoró al sostenerla de nuevo, y permitir que sus deditos gorditos se apretaran fuertemente alrededor de mi dedo.
Luffy se sentó a mi lado en el sofá de la Sra. Mary y bajó la mirada hacia Sam. —Es una niña adorable. Tiene tus ojos.
Le sonreí y asentí. —Aparentemente, Belle-mere tiene unos genes bastante fuertes.
Luffy tocó suavemente la nariz de Nojiko. —Bueno, amiga, entonces serás uno de las chicas más lindas que alguna vez he visto.
Me reí, y también la Sra. Mary.
—De acuerdo, ya la has visto, ahora necesitas despedirte de Luffy y descansar un poco. —Miró a Luffy—. Has estado con ella por dos semanas enteras. Necesita un descanso.
Comencé a discutir, pero Luffy sacudió la cabeza. —No, tiene razón. Necesitas descansar. El lunes ya podrás regresar a la escuela, y te quiero bien descansada para entonces.
—No creo que pueda estar mucho más descansada de lo que ya estoy. He estado en la cama por dos semanas.
—Está bien, de acuerdo —murmuré y me hundí en el sofá.
Luffy rió y se inclinó para besarme la frente. —Cancelé dos conciertos de mi gira, y tengo que reprogramarlos. No me quedaré mucho. Sólo necesito ir a casa y lidiar con las mil llamadas que he estado evitando.
No quería que se fuera, pero sabía que había renunciado a todo para poder estar a mi lado en estas dos semanas. —De acuerdo. —Forcé una sonrisa.
Suspiró. —Vamos, Nami, no pongas esa cara. Me lo haces todo más difícil. Tienes escuela el lunes, y yo voy a estar en un avión hacia Nueva York mañana por la tarde.
Sabía esto. Ya habíamos hablado sobre su programación para los próximos meses. No le iba a hacer esto aún más difícil. Me había jurado a mí misma que le haría las cosas tan fáciles como pudiera.
—Lo sé, tienes razón. No voy a hacer más pucheros, lo prometo.
Se rió, inclinó su cabeza y, esta vez, besó mis labios. Respondí de inmediato, él rompió el beso.
—Vamos, no me hagas eso en la casa de la Sra. Mary. Toda la culpa será mía si nos descubre.
Sonreí. —Lo siento.
Levantó las cejas y sonrió satisfecho. —Sí, seguro que lo sientes. Se levantó y caminó hasta la puerta, donde se detuvo y dijo: — Regresaré tan pronto como pueda. Mientras tanto, duerme, cuando regrese podremos hablar sin tener a la Sra. Mary sobre mí todo el tiempo.
Asentí, y me lanzó un beso, luego se giró y continuó caminando hacia la salida. Nuestro último día juntos se fue súper rápido. Antes de darme cuenta, Luffy se había ido de nuevo, y yo me preparaba para regresar a la escuela.
Me desperté antes que el sol saliera y tomé una ducha. Enfrentarme a la secundaria luego de estar tanto tiempo con Luffy era deprimente.
Cuando estuve vestida y entré a la cocina, la Sra. Mary ya tenía un plano de panqueques y tocino puesto en la mesa.
—Te levantaste bastante temprano. ¿Qué te tomó tanto tiempo? Ven a comer antes de que se enfríe.
Nunca nadie me había tenido el desayuno caliente antes de ir a la escuela. No pude evitar sonreírle a pesar de mi tristeza. —Gracias, Sra. Mary. Lamento que me haya tomado tanto tiempo.
No dije nada más, y ella se giró del lavado y colocó una mano llena de jabón en su cadera. —Bueno, sé que extrañas a ese chico. Puedo entenderlo completamente. Sin embargo, ya le prometiste que disfrutarías tu último año de secundaria, y no vas a lograrlo si sigues lloriqueando por ahí. —Su ceño de tía Bee había vuelto, y asentí.
—Tienes razón, por supuesto. Tengo tantas cosas por las cuales ser feliz. Comenzando contigo.
Sus mejillas se sonrojaron y ondeó una mano llena de jabón en mi dirección. —Oh, vas y dices como esas como esas. Eres especial, chica, de eso no hay duda.
Se giró y terminó de lavar los platos.
Me comí la mayoría del desayuno mientras pude y llevé al plato hasta el lavado.
—Bien, ahora ve y ten un buen día.
Asentí y recogí mi mochila. Sam lloriqueó y caminé hasta él, me incliné y besé su dulce cabecita calva.
—Pórtate bien con la Sra. Mary, pequeño. Te veré después de la escuela.
Sus brazos gorditos se alzaron, y dio pataditas. Era su pasatiempo favorito. Caminé hasta la cocina y me despedí mientras salía por la puerta.
Kane se encontraba inclinado contra la Hummer. Cuando me vio, miró la hora en su reloj, como si ya fuera tarde. Dejé de moverme, confundida por su presencia aquí. Fue entonces cuando mi teléfono sonó.
Busqué en mi bolsillo y lo saqué.
—¿Hola?
—Buenos días. Ahora, quiero que me hagas un favor y entres al vehículo con Kane. No discutas conmigo. Sucede que tengo órdenes del doctor que dicen que no podrás manejar tu bicicleta durante al menos dos meses.
Me quedé en mi lugar mirando al ahora sonriente Kane. —Órdenes del doctor, ¿ah? Por casualidad no le habrás pagado al doctor para conseguir esa orden, ¿verdad?
Rió. —Nunca, ahora entra en la Hummer antes de que Kane haga lo que se le instruido.
Me congelé y miré al gigante frente a mí. —¿Cuáles fueron esas instrucciones?
—Lograr meterte en ese vehículo sin importar qué.
Sonreí, me encogí de hombros, derrotada, y caminé hasta la Hummer. Kane abrió la puerta, y tuve que apoyarme en su mano para poder subir. —De acuerdo, Estrella de Rock, estoy dentro de tu Hummer.
—Gracias.
Había estado esperando su respuesta engreída, así que ese simple gracias hizo que mi corazón se acelerara.
—De nada.
—Te extraño —dijo con suavidad.
—También te extraño.
—Tengo un concierto el jueves por la noche, y luego otro el sábado, pero después, volveré a casa por el domingo, al menos.
—Te estaré esperando.
—Diviértete hoy en la escuela por mí, por favor. Recuérdalo, estás experimentando la secundaria por los dos.
Suspiré. —Tendré eso en mente cuando me molesten en los pasillos y coma la horrible comida de cafetería.
Rió y luego su voz se tornó bastante seria. —Si alguien te molesta, amenázalos conmigo.
Esta vez me reí a carcajadas. —Seguro, eso me ayudará a encajar perfectamente.
—Te amo, Nami.
Mi corazón todavía se aceleraba cuando decía esas palabras. — También te amo.
—Voy a dejarte porque Kane ya debe estar por llegar a la escuela.
Miré por la ventana y me di cuenta que tenía razón. —Sí, acaba de llegar. Adiós, que tengas un buen día.
—También tú, nos vemos.
Terminé la llamada y suspiré. Alcancé mi mochila justo cuando Kane abría mi puerta.
Sonriendo, le dije: —Gracias, Kane.
Asintió, y puedo jurar que vi una sonrisa. Me dirigí hasta mi casillero. Iba a tener un montón de trabajo con el que ponerme al día.
Necesitaba vaciar mi mochila para que pudiera caber todo allí.
—Nami, me alegro que hayas regresado a la escuela. Es una pena lo que sucedió. —Dylan McCovey llegó a mi lado. Miró hacia Kane yéndose y sonrió—. De veras que tienes un mucho más dulce par de ruedas ahora.
Tuve que esforzarme muy duro para no rodar los ojos. En vez de eso, asentí. —No puedo manejar mi bici por un tiempo.
Dylan rió. —Sí, bueno, dudo que vayas a conducir tu bici de nuevo. Todo el pueblo está hablando de que Monkey D Luffy se quedó en tu habitación del hospital y te cantó hasta que saliste de coma. Luego, que aparentemente no podía dejarte por un minuto. El chico suena enamorado.
Sonreí a las palabras de Dylan, pero no respondí. Entramos al edificio de la escuela.
—Debo ir a clases. Te veo después, Dylan —dije sobre mi hombro mientras me alejaba de él. No quería discutir mi vida privada con nadie.
En el momento en que puse un pie en el pasillo, la gente se detuvo y me miraron fijamente. Quería devolverme y correr hacia afuera. En lugar de eso, obligué mis pies a caminar hasta mi casillero. No hice contacto visual con nadie, pero no pareció importar. Antes de poder dar cinco pasos, las personas comenzaron a atacar.
—Me alegra mucho que estés mejor, Nami.
—Nami, ¿es verdad que Monkey D Luffy estuvo contigo en el hospital?
—¿Era esa la Hummer de Luffy que te trajo a la escuela?
—¿Estás viviendo con él?
—¿Monkey D Luffy se va a mudar para acá?
Quería colocar las manos sobre mis oídos y gritarles que se fueran. Más voces se escucharon, y la gente comenzó a hacer más pregunta que no quería contestar, ya que no era de su incumbencia.
—¡Muévanse! Todos tienen clases, así que les sugiero que se vayan a ellas —llamó el Director Farmer por encima de los buitres.
Se movieron, pero todos lo hicieron sin muchas ganas. Me giré hacia mi casillero y busqué lo que necesitaba.
—Señorita, nos alegramos que haya regresado y que se encuentre bien —dijo el señor Farmer detrás de mí.
Me giré y le sonreí. —Gracias.
Asintió y aclaró su garganta. —Quiero que sepa que si necesita algo, o si está experimentando cualquier problema como el que me acabo de encontrar, puede hacérmelo saber, y yo lo arreglaré. Quiero que su experiencia aquí en la Secundaria Sea Breeze sea placentera.
Nunca antes me había hablado, así que su súbito deseo de que me encontrara feliz era un poco extraño.
—Gracias, señor —dije, a pesar de mi confusión.
—Sí, bueno, también quiero que sepa que si su, um, novio quiere asistir a alguna de nuestras instalaciones aquí, nos encantaría tenerlo. Es más que bienvenido.
Entonces todo tuvo sentido, y quise echarme a reír. El señor Farmer sólo estaba tan asombrado por la estrella como todos los demás. No confiaba en que podría hablar, así que simplemente asentí y me dirigí a clases. Probablemente ya iba tarde.
El almuerzo en la cafetería fue una especie de mezcla entre pasta y tomates que era difícil de tragar. Hice lo mejor que pude pero luego de algunos bocados, me resigné a tomarme sólo mi agua. Encontré a Amanda y me había sentado con ella. Estábamos rodeadas por sus amigos y personas que querían saber sobre Luffy. No dije mucho. Me las arreglé para ignorar las preguntas de todos, y Amanda intentó todo lo que pude para mantenerlos lejos de mí.
—Entonces, ¿quién está listo para el Baile de Bienvenida este viernes? —preguntó Amanda, intentando distraer la mente de todos hacia otra cosa.
—Encontré el vestido más lindo en Mobile la semana pasada. —Saltó una chica frente a Amanda. Algunas otras chicas hablaron sobre sus vestidos y cómo planeaban arreglarse el cabello. Yo sólo escuché, pero no tuve nada que añadir a la conversación, ya que no iba a asistir.
—Nami, ¿vas a ir al juego? —preguntó Amanda antes de darle un mordisco a su manzana.
Comencé a responderle que no, pero luego recordé mi promesa a Luffy y sus ganas de que fuera a los juegos de fútbol americano. —Um, no lo sé —dije por encima de mi botella de agua.
Amanda tragó. —Por favor, ven conmigo. Después voy a ir al baile con Jeff Garner, pero él está en el equipo, así que no voy a tener cita durante el juego.
Eso sonaba bien para mí. Podría ir al juego y contarle a Luffy, y tal vez satisfacerlo por un tiempo.
—Seguro, suena bien.
Amanda sonrió feliz. —¡Genial! ¡Puedes venir a mi casa después de la escuela, y podremos jugar a un modo de arreglarte el cabello, y luego puedes ayudarme con mi cabello tan recto como una tabla!
Fruncí el ceño. —Um, ¿importa cómo se ve mi cabello para el juego de fútbol?
Sonrió y asintió. —Sí, porque no vas a tener tiempo de hacer nada más que cambiarte para el baile.
—Oh, bueno, no voy a ir al baile, así que no hay que hacer gran cosa.
Amando me frunció el ceño. —¿Por qué no?
Bueno, porque no quería ir al baile sin Luffy. Me encogí de hombros en vez de decirle la verdad.
Se inclinó sobre mí y susurró. —Si quieres una cita, lo único que tienes que hacer es llamar con tu dedo y cada chico vendrá corriendo.
Sacudí la cabeza. —No, no es eso. Simplemente no quiero ir.
Suspiró. —Así que vas a dejarme sola. Pensé que dijiste que Luffy quería que disfrutaras todas las experiencias de la secundaria.
Asentí sin muchas ganas.
—Bueno, noticia de última hora, el Baile de Bienvenida es la mayor experiencia del año.
Exhalé. Tenía razón. Él había mencionado los bailes. Podría venir e irme en un rato. —De acuerdo, vendré.
Amanda sonrió. —¡Perfecto! ¿Quieres una cita?
Sacudí la aveza. —No, voy a ir sola.
Suspiró y se encogió de hombros. —Como sea. Sólo estoy feliz de que vayas.
CONTINUARA...
ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO EL PENÚLTIMO CAP ME ESFORZE UN MONTÓN MIS DEDITOS ME DUELEN XD... PROXIMO CAP ¨EL BAILE ¨ QUE SERA ESTRENADO EL DIA...
PSDT2. se que esto es cruel pero ya que hice este capitulo taaan largo pues el ultimo capitulo sera muy muy corto por que es como un extra... así que lo que tiene este cap de largo de corto lo tendrá el otro(espero que me entiendan :(
