Espero que les guste. Saludos y besos.
Hermione se despertó esa mañana, con una sensación de depresión. Su cabeza había estado dando vueltas durante toda la noche y resultaba ser poco lo que había podido dormir. Se imaginaba las enormes sonrisas de los gemelos mientras "entretenía" al comedor entero, vestida de aquella forma. Soltó un gemido de exclamación a medio amanecer, que había despertado a su profesor de pociones.
¿Aparte de que le permitía quedarse, tampoco podría dormir porque la pequeña tenía pesadillas? Apenas giró su cabeza unos tres cuartos, para mirarla.
— ¿Sucede algo, señorita Granger? ¿Aparte de que no me deja dormir?
— Solo fue una pesadilla. Recordé que tenía que hacer algo que no quiero y entonces, sentí el estrés inherente.
Snape había vuelto a chascar con la lengua y se había acomodado en la cama para seguir durmiendo.
— Si no está de acuerdo, no le gusta, pues no lo haga.
— Es una especie de... trato que me pidieron que hiciera. ¡Creo que estoy en problemas!
— Pues si no está escrito ni firmado por ambas partes, ¿por qué se preocupa? Es su palabra contra la de ellos. No podrían obligarla ni usted a ellos o a esa persona. Lo que sea. ¿Contenta?
La jovencita no contestó mientras Snape regresaba a sus asuntos. Aquellas palabras le habían dado varias ideas.
De hecho, ellos nunca habían hecho un trato al respecto. Solo era una tonta apuesta verbal, no podían obligarla.
¿O sí?
— Sí. Hasta más tarde, señor.
Hermione había puesto un pie fuera de la cama, cuando Snape se había dirigido a ella en un bostezo ahogado.
— Si sale a esta hora, la atraparán deambulando por los pasillos del colegio. Le sugiero que se quede y espere hasta las siete en punto cuando todos despiertan y se pueda mezclar con la multitud.
Tenía razón. Si la pescaban a las cinco en punto, iba a terminar castigada una vez más. Se dejó caer en la cama una vez más y Snape había girado sobre sí mismo, contemplando el techo sobre ellos.
— ¿Se trataba de eso lo que quería hablar anoche?
— No precisamente. No solo "eso", señor.
No, no solo eso.
Severus se dio la vuelta una vez más y se quedó dormido al poco tiempo. Hermione sentía dentro de sí, un rayito de esperanza que comenzaba a brotar desde la boca de su estómago. Podía encontrar una forma de conseguirlo. Quizá si hacían un contrato "legal", tendría más tiempo y podría rogarle a Snape por un poco de ayuda.
Durmió un par de horas más y luego sintió el movimiento en la cama. Su profesor de pociones se preparaba para el día a día. Era el momento de que ella hiciera lo mismo.
Se estiró en la cama y se percató de que el hombre ya estaba vestido y en su despacho, abotonaba los botones de sus mangas en la túnica. ¿Cuánto tiempo había estado despierto?
— Vaya, al fin se despertó. Me preguntaba si tenía que despertarla yo, Granger.
— Lo siento. Es solo que estuve pensando y creo que divagué mucho dentro de mis sueños.
La jovencita se había puesto en pie, mientras acomodaba su lado en la cama. Snape la había mirado caminar hasta él y detenerse frente a frente.
— ¿Quería decirme algo, Granger?
Hermione se mordió el labio inferior y se hizo dos preguntas a la vez.
¿Qué decía primero?
— Profesor Snape, sé que esto le sonará gracioso. Muy divertido y seguro querrá reírse de mí en cuanto se lo diga.
Snape arqueó una ceja en respuesta y Hermione inspiró, tosiendo ligeramente y aclarándose la garganta con suavidad.
— Desde que he estado castigada, hemos estado "compartiendo" horas juntos, hay muchas cosas que no me he podido quitar de la cabeza. Usted creerá que soy tonta con decirle esto, pero he sentido que hemos estado "conectados" en algunas cosas. Quitando el agravante de que le gusta leer como a mí, estudiar... y entonces...
Un momento.
— ¿Qué está queriendo decirme con todo eso?
No sabía cómo abordar el punto de que apreciaba su amistad y que rogaba que no la odiara luego de que le dijera lo que estaba sucediendo en realidad.
— En realidad, aprecio la confianza que deposita en mí al decirme sus secretos. Incluso luego de que me encontrara husmeando en su habitación. Y bueno, de una u otra forma me gustaría agradecerle por los consejos y todas esas horas que pasó "soportándome".
— Granger, ¿a quién diablos asesinó? Sus palabras suenan a una larga carta de disculpa.
Hermione respiró pesadamente y se dijo que se acercaba el momento donde tenía que decir la verdad.
— Y bueno, me gustaría pedirle que no me malinterpretara. Sin importar que pasara. Quiero decir... no sé si usted es mi "amigo" o no, pero me gustaría que mantuviésemos esta "relación" o como lo quiera llamar, sin que termine enfadándose conmigo y termine siendo la misma persona que siempre es...conmigo.
Ya lo tenía en ascuas. ¿Qué era eso tan grave? Era idea suya o...¿ese curso había vuelto loca a Hermione Granger?
— ¿De qué diablos está hablando, señorita Granger? Es que...¿acaso está delirando? Ya comienza a preocuparme. Suena como si fuera a correr hasta la torre de astronomía y lanzarse por una ventana.
— Algo así, profesor Snape.
— ¿Y ahora qué se supone que ha hecho como para una reacción de esta índole?
Ese era el momento de la verdad. Apretó los puños y sus mejillas se habían tornado de un intenso tono carmín, mientras Severus Snape la observaba atentamente. Frunció los labios en una palabra y estaba a punto de decirlo.
— Ya sé. Ya sé qué es lo que sucede...
¿Ah sí?
— ¿Ya lo sabe, profesor Snape?
— Sí por supuesto. Ahora todo tiene sentido. Las persecuciones, quedarse en mi despacho. Las horas de castigo.
Sudaba frío. ¿Qué sabía Snape al respecto que la estaba acusando? Había arqueado sus cejas y una sonrisa sarcástica se había posado sobre sus delgados labios.
— Hubiera comenzado por decírmelo, Granger.
— ¿Ah sí? ¡Qué alivio señor! Entonces...
Había asentido. Claro, eso era el problema. ¿Cómo había sido tan tonto como para no haberse dado cuenta antes? ¡Si era muy obvio! Su trabajo como espía estaba fallándole. Esa intuición con la que contaba.
Estaba envejeciendo.
— Hubiera comenzado por decirme que estaba sintiendo afecto hacia mi persona. Que está enamorada de mí.
¿¡QUÉ!
