Historia perteneicente a the-glory-days (/u/1638201/the_glory_days)
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Capítulo XXVII: U es para Inolvidable
(U is for Unforgettable)
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«Inolvidable, eso es lo que eres.
Inolvidable, aun cerca o lejos.
Como una canción de amor, que se aferra a mí.
Como el pensar en ti me hace cosas
Nunca antes nadie ha sido más…»
'Inolvidable', por Nat King Cole
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Edward nunca había estado tanto contento como en la mañana del lunes. Era tonto, daba lástima, y estaba muy seguro de que Emmett diría que era algo gay, pero haber despertado con Bella a su lado había sido increíble.
El lunes en el trabajo, no había sido capaz de ocultar la sonrisa en su rostro. Las personas a su alrededor sospechaban que estaba feliz por la campaña de Adidas que habían firmado y adquirido en el fin de semana —todos sabían que el señor Austen no había hecho gran cosa; sino que todo era mérito de Edward—. Ninguno tenía ni idea de lo que estaba pasando en su cabeza, lo que esa sonrisa representaba de verdad. Ni siquiera podía recordar cuándo había sido la última vez que había estado tan feliz.
En su cabeza, en constantes repeticiones, estaban imágenes de Bella y él besándose todo el día. Todavía podía sentir la calidez de su cuerpo presionado contra el suyo y la manera en que sus manos tiraban de las raíces de sus cabellos mientras se besaban. El dolor punzante de sus labios era un recordatorio constante de ello y era lo único importante. A lo largo del camino de veinte minutos al trabajo el lunes por la mañana, mantuvo una mano en el volante y la otra frotando el punzante, pero muy bien recibido, dolor en sus labios.
Aunque nadie sabía lo que había pasado la noche anterior, él sabía el significado de las presentes sonrisas que había en otros. Algunos en el trabajo habían comentado la posibilidad de un acenso a Edward. Era un tópico traído frecuentemente por aquellas personas que admiraban su trabajo y por las personas que envidiaban su progreso. Todos sabían que era cuestión de tiempo para que Edward se volviera socio; no habían dudas de ello.
Independientemente de su edad, Edward había aportado mucho más a la compañía que otras personas que habían estado el triple del tiempo que Edward llevaba allí. Tan sólo este año, Edward había hecho ganar a la compañía cinco millones de dólares por las campañas, desde los más pequeños anuncios en el periódico hasta la nueva campaña de Adidas que se abriría paso mundialmente.
Algunos de los más crudos y envidiosos miembros de la compañía comentaban el hecho de que Edward simplemente aparentaba sobre la campaña y sobre su suerte la noche anterior mientras Riley Smith era escuchado chismoseando en el salón. Esa era su razón por la que él se había 'pavoneado' en el edificio con esa sonrisa de mierda en la cara y viéndose 'como si acabara de tener el mejor sexo de su vida'.
Alice, sin embargo, fui la única que sospechó el real motivo del buen humor de Edward. En el momento en el que Edward había caminado hacia ella con ese paso grácil y esa resplandeciente sonrisa, Alice lo había seguido hasta su oficina dando zancadas para atraparlo antes de que cerrara la puerta.
—Aunque sé que estás feliz por la campaña, ¿cuál es la verdadera razón? —preguntó Alice mientras se sentaba enfrente de un extasiado Edward.
—¿A qué te refieres siquiera, Alice? —replicó tímido, deliberadamente intentando evadir la pregunta. La sonrisa todavía estaba presente en su rostro, y sus pies encima de su escritorio; algo que nunca hacía.
—Sé que esto tiene que ver con Bella. Deberías de saber que tu hermano tiene muy difícil mantener su boca cerrada, especialmente cuando Jasper mete whisky a su sistema.
Los ojos de Edward se abrieron y sus pies bajaron inmediatamente del escritorio con un ruido sordo. Pasó de relajado a tenso en el parpadeo de un ojo.
—¿Qué es lo que sabes? —preguntó con aprehensión.
Alice sonrió brillantemente a su primo. Sus manos estaban juntas y pegadas a su pecho firmemente. Se veía increíblemente feliz.
—Así que, es verdad. ¿Tú y Bella están juntos?
—¿Eso es lo que te dijo? —preguntó Edward, tratando de averiguar si su desleal hermano había regado más secretos.
—Sí, ¿por qué? ¿Hay más historia que debería de saber? —preguntó recelosa y Edward se reprendió mentalmente por siquiera dar una pista de esa posibilidad. Alice era muy perspicaz.
—No, sólo pensé que quizá había dicho cómo lo averiguó.
—¿Cuánto tiempo lleva esto? —preguntó Alice, sus ojos muy abiertos y demandantes. Los ojos de Edward se entrecerraron mientras pensaba sobre cuándo había comenzado el juego. Tuvo que pararse a sí mismo de pensarlo mucho cuando imágenes de él y Bella en el sofá, la ducha, contra el frigorífico, en la cama de ella, en su cama, en el parque, comenzaron a rodar por su cabeza.
—Son casi cuatro meses ahora —replicó y Alice gruñó.
—¡Cuatro meses! ¿Cómo esto se deslizó por mi radar? —se preguntó, perpleja.
—Fuimos muy discretos. La única razón por la que Emmett sabe es porque Bella le dijo accidentalmente a Rose.
—No trates de consolarme, Edward. Nunca dejo esas cosas pasar por alto. Debí de haberlo sabido el día que trajiste el álbum. Maldición, estoy perdiendo mi toque —gimió y Edward se rió.
—No estás perdiendo tu toque, pequeña niña. Sólo estás estresada por la planeación de la boda. ¿Cómo está yendo?
—No me llames 'pequeña niña'. Y la planeación está yendo bien, no puedo creer que ya se venga tan pronto. Sólo dos meses y medio más.
—Sí… sólo dos meses y medio más —bromeó Edward y Alice rodó los ojos.
—¡Cállate! ¿Le has dicho a Bella que la amas? —preguntó Alice y un humor sombrío llegó a Edward, rápidamente borrando la brillantez de sus ojos; no pasó desapercibido.
—Sí —susurró él y Alice sonrió tímida.
—Sabes que he esperado escucharte admitir que amas a Bella por años, pero nunca esperé que sonarías así de taciturno.
—No estoy taciturno, Alice. Es sólo que… le dije a Bella que la amo, pero ella… ella no lo ha dicho —dijo y Alice asintió la cabeza en comprensión.
—Todavía.
—¿Perdona? —preguntó Edward.
—No lo ha dicho todavía, Edward —expresó su prima. —Conoces a Bella, la conoces mejor que nadie. Le va a tomar su tiempo.
—Lo sé, es sólo que ella fue la que inició la conversación sobre nuestra relación y de llevarla a más…
—¿Bella fue la que trajo el tema? —interrumpió Alice antes de que Edward terminara de explicar.
—Sí, ella era la que quería llevar nuestra relación al siguiente nivel.
—Estoy confundida. ¿Cómo es que ustedes llegaron a ese punto para siquiera hablarlo?
—¡Mierda! —siseó Edward por lo bajo.
—¿Qué? ¿Por qué blasfemias?
—¿No tengo reuniones esta mañana? —preguntó y ella sacudió la cabeza.
—Ninguna, pero tienes que ver al señor Meyers en la sala de conferencia después. Van a sorprenderte con un pastel y probablemente un buen reloj. Sabes cómo operan.
Edward suspiró, reclinándose en su silla, golpeteando en el reposabrazos y contemplando cuán mucho debería de decirle a Alice. Sacudió su cabeza, frustrado con todo, y decidió ir con todo.
—Bien, Bella y yo hemos estado… jugando en los últimos cuatro meses —comenzó y Alice se sentó en silencio mientras escuchaba a Edward decirle la historia. Sólo dejó afuera los detalles explícitos y Alice no lo cuestionó ni una vez. Le dijo acerca del comienzo del juego, cómo fue su idea hacerlo. Le dejó saber sobre las letras que habían usado y, por supuesto, le dijo sobre su regreso a casa, el collar y la conversación.
—Esa es toda la historia, Alice.
—Wow, ¿cómo no vi nada de esto? —sacudió la cabeza con incredulidad. —Estuvo bajo mis narices todo el tiempo. ¿Y en qué estabas pensando, Edward? Esto se pudo haber tornado en algo terrible. Pudieron haber arruinado toda su amistad.
—Lo sé, Alice, pero tuve fe en ello. Sabía que, si las cosas se tornaban feas, lo hubiera detenido.
—¿Lo hubieras hecho? ¿Lo hubieras terminado por completo? —dijo mirando fijamente a Edward antes de continuar. —Por lo que me dijiste, la primera vez se sintió bien, incluso te disfrazaste. Ustedes fueron capaces de eliminar toda extrañeza antes de comenzar. La mayoría de las personas hubiera pasado la mayor parte del tiempo riéndose como pequeños niños. Suena como si nunca hubiera sido un juego para ustedes dos.
Edward se quedó en silencio mientras procesaba las palabras de Alice. Comenzaron con reglas y vivieron con ellas, pero rápidamente las desecharon. Ni siquiera abarcaron todo el abecedario.
—Voy a tomar ese silencio como un sí. —Miró su reloj y suspiró. —Deberías de dirigirte ya al salón de conferencias para celebración. Te quieren allí un poco después de las diez.
—Gracias, Alice, estaré allí pronto. Sólo necesito revisar algo.
—No hay problema. Ah y no estaría contrariada si le comentaras a Jasper acerca de ese collar de Tiffany's. Tal vez lo tomé como una pista —dijo riéndose mientras salía de la oficina.
Edward revisó sus fluctuantes emociones mientras se sentaba en su oficina para mirar por la ventana. Sabía que a Bella le tomaría tiempo poder decir 'Te amo' y dolía, pero tenía que esperar.
Fue mientras caminaba hacia el elevador que supo que esperaría lo que fuera para escuchar las palabras porque, incluso si ella no las decía, aún podría despertar a su lado y eso era más que suficiente por ahora.
La mañana del martes comenzó igual que la del lunes, pero esta vez fue Edward el primero que despertó.
Fue capaz de ver a Bella dormir en sus brazos, aunque era realmente algo difícil verla bien, pues su cabeza estaba enterrada en su pecho. Era su calidez la que estrujó su corazón. El hecho de que ella estuviera allí antes de que abriera los ojos era suficiente para regresar una sonrisa brillante a su cara.
Hizo su cabello a un lado mientras observaba la luz del día filtrarse por la ventana contra su mejilla y la despertaba.
—Buenos días, bonita —saludó a su perezoso bostezo y rio mientras ella se sonrojaba.
—Buenos días —murmuró contra su pecho.
—¿Cómo te sientes?
—Adolorida. El techo no es precisamente el mejor lugar para recostarse —se rió y Edward acarició su mejilla con una mano.
—Lo sé; pero al menos no nos quedamos dormidos allí, nos hubiéramos empapado.
—Cierto —gruñó ella mientras se alejaba de Edward.
—¿Qué pasa?
—Mis labios duelen. Dolían ayer y ahora es mucho peor —se quejó ella y Edward se rió.
—Sé a lo que te refieres —concordó frotando su mano contra sus labios.
—Realmente no quiero salir de la cama —anunció mientras se estiraba. Edward observó como la piel de su vientre se estiraba mientras arqueaba la espalda.
—Tampoco yo, pero creo que tengo un SDC esperando en mi escritorio, o al menos eso es lo que me dijo Alice ayer por la tarde después de que dejé la oficina.
—¿Qué demonios es un SDC? —preguntó Bella mientras se giraba y se recargaba en su mano. Edward imitó su acción, los quedaron recostados viéndose uno al otro.
—Solicitud de Calificación. En otras palabras, quieren que les mandemos panfletos antes de que puedan mandarnos posibles paquetes informativos para la campaña.
Bella se rió mientras estiraba su mano libre para tocar los labios de Edward.
—Tus labios están hinchados —comentó ella, mientras pasaba su pulgar a lo largo de ellos.
—Mira quién lo dice —replicó, tirando su labio inferior con el pulgar y el índice, obteniendo un chillido de dolor de Bella.
—¡Ay! —gritó mientras le pegaba en su hombro.
—Pareciera que una abeja te picó en el labio.
—Bueno, si alguien dejara de morderme todo el tiempo —murmuró y Edward se rió mientras se inclinaba para tomar entre sus dientes su labio inferior.
Mientras mordisqueaba su labio inferior, Bella gruñó y Edward siseó —Nunca.
—No quiero que te detengas —murmuró mientras presionaba sus labios contra los suyos en un dulce beso.
—Nunca —repitió.
Eventualmente los dos se separaron y se levantaron de la cama para prepararse para el trabajo.
—¿Te unes a la ducha? —preguntó Bella y Edward se rió.
—¿Me preguntaste eso? Como si necesitara invitación —respondió con suficiencia y Bella le lanzó una almohada.
—Vamos, apestoso. Hay que darte un baño —bromeó ella y Edward la siguió al cuarto de baño.
—Antes de que nos metamos… olvidé decirte algo.
—¿Se tratan de las raras noticias que has oído en el trabajo? —preguntó.
—No, pero encontré que los rumores que había escuchado en el trabajo sobre el señor Meyers teniendo una aventura con su secretaria son reales. No quería creerlos pero, aparentemente, fueron atrapados el viernes cuando el conserje llegó a vaciar las papeleras.
Bella miró a Edward con los ojos abiertos al máximo.
—¿El señor Meyers? Pero ¿no tiene como sesenta?
—Oye, la edad sólo es un número —argumentó Edward y Bella se rió.
—Su secretaria tiene treinta. La conocí en la fiesta de Navidad el año pasado. Oh, eww —gruñó ella en desagrado. —Eso es grave y su esposa es tan agradable. ¿Cuál es su nombre? Ste-Sti-Stacy! Una mujer muy dulce, algo religiosa, pero de todas formas agradable.
Edward se quedó riéndose enfrente de Bella antes de tomarla por los hombros para llamar su atención.
—¿Quieres oír lo que tengo que decirte o no? —preguntó con severidad.
—Depende —negoció Bella. —¿Me va a gustar lo que vas a decir?
—Depende —replicó Edward y Bella se encogió de hombros.
—Ummm… Ehhh… —comenzó Edward y Bella le apremió.
—Vamos, ¿qué?
—Alice sabe todo sobre nosotros —respondió rápidamente. —Y también Jasper.
—¿Cómo? —gritó Bella.
—Bueno, verás, Jasper, en vez de darle comida a Emmett, le dio whisky y sabes que Emmett y el alcohol… los dos juntos son como el maní y la salsa de tomate.
—¿Así que le dijo sobre nuestras… actividades?
—No, sólo que estamos juntos —replicó Edward, pero Bella sintió que era más.
—¿Qué no me estás diciendo?
—Bueno, Alice me preguntó sobre lo que Emmett les dijo y terminé contándole sobre el juego —dijo haciendo una mueca y con mucha razón. La cara de Bella se tornó inmediatamente a rojo y sus cejas se fruncieron.
—¿Sabes lo vergonzoso que es esto, Edward? Ni siquiera conozco mucho a Jasper.
—Sólo le dije a Alice, además tú le dijiste a Rosalie —contraatacó y Bella bufó en frustración.
—Sí y mira lo que pasó. Alice le dirá a Jasper.
—Lo siento —se disculpó y Bella sacudió la cabeza en desdén.
—No puedo creerte, Edward.
—Realmente lo siento —dijo él. Bella sacudió la cabeza y se alejó.
—Vamos, Bells. ¿De verdad importa?
—Sí, sí importa —argumentó. —¿Sabes cómo eso me hace ver delante de mi futuro primo política?
La mandíbula de Edward se desencajó por un momento antes de que una deslumbrante sonrisa apareciera en su rostro.
—¿Futura prima política? —preguntó con una sonrisa de suficiencia. Esta vez, la mandíbula de Bella se desencajó. Sus ojos se abrieron al máximo antes de que cerrara la boca y tragara audiblemente.
—¿Qué? —preguntó con shock.
—Dijiste futura prima política. Jasper será mi futuro primo político, no tuyo —replicó, con una gran sonrisa en su cara. Esas palabras aceleraron su corazón. Saber que Bella pensaba de esa manera sobre Jasper significaba que estaba considerando casarse algún día con él.
—¿Qué hay de esa ducha? —trató Bella de evadir la conversación y Edward se rió mientras sacudía su cabeza.
—Sí, eso suena bien. Vamos, señora Cullen —bromeó él y Bella se sonrojó furiosamente. No pudo sino sonreír ante lo encantador que sonaba 'Isabella Cullen' en su cabeza.
—Cállate —espetó ella mientras se dirigía al baño.
Edward rápidamente la atrapó antes de que alcanzara la puerta del baño y la tomó de la cintura. Su espalda estaba contra su pecho y los sacudió de lado a lado suavemente antes de inclinarse hacia su oído.
—Me encanta que tengas ese pensamiento sobre casarte porque he pensado en lo mismo —confesó y sintió a Bella estremecerse contra él.
—Te amo, Isabella Swan.
—Edward —dijo ella triste y Edward la giró.
—El tiempo que tome, Bella.
El resto de la semana pasó sin ningún evento importante y, antes de que Edward lo supiera, eran las seis de la mañana del sábado, y estaba siendo despertado por Bella haciéndole cosquillas en los pies.
—¿Qué carajos, Bella? —medio gruñó, medio se rió mientras alejaba sus pies de los dedos de Bella.
—Despiértate, sol. Nos espera un largo día.
—Ya estás vestida. ¿Cuándo pasó eso? No te sentí dejar la cama —dijo perezoso mientras se esforzaba por sentarse, eventualmente pudiendo.
—Yo también puedo ser sigilosa a veces. Es raro, pero sucede. Ahora mueve ese lindo trasero y alístate. Tengo muchas cosas planeadas para hoy —ordenó ella, quitando el cobertor que todavía cubría el torso de Edward.
—De acuerdo. ¿Por lo menos podrías decirme que vamos a hacer? ¿O a dónde vamos a ir? —preguntó Edward mientras se deslizaba en unos jeans.
—Ya verás —bromeó Bella y él la miró burlón.
Quince minutos después Edward estaba vestido y parado junto a Bella en la cocina mientras sorbían su café.
—¿Al menos vas a darme una pequeña pista de lo que vamos a hacer?
—No debería. —Bella hizo una mueca cuando el café caliente quemó su lengua y Edward se estremeció por un momento. —Pero te daré una pista sobre a dónde vamos a ir.
Edward se relajó viendo que Bella estaba bien y observó mientras ella sacaba un tenedor de los cajones.
—¿Un tenedor? —preguntó Edward y Bella asintió.
—Piensa un poco, Edward.
—Vamos a comer —asumió y Bella sacudió la cabeza y sacó otro tenedor del cajón.
—¿Qué demonios, Bella? ¿Dos tenedores? ¿Vamos a ir dos tenedores? —cuestionó Edward y los ojos de Bella se abrieron intentando darle una pista y Edward finalmente entendió la pista que le daba.
—Vamos a ir a Forks. Yo… Es temprano —se defendió a sí mismo y Bella se echó a reír a carcajadas, avergonzando a Edward.
—Te tomaste tu tiempo, Cullen —dijo lastimando a su ego y Edward le sacó la lengua.
—Bueno, lo siento. Es la inoportuna hora de las seis veinte de la mañana en sábado. Mis disculpas, señorita, por no resolver el acertijo —se burló y Bella simplemente le sonrió.
—Así que, ¿por qué vamos a Forks?
—Ya verás —respondió mientras se dirigía hacia la puerta. Tomó las llaves del auto de la mesa y miró hacia atrás. Por un momento, Edward estuvo asombrado por la manera en que sus ojos le llamaban.
—¿Vienes?
—Si vas, yo ya estoy allí —declaró mientras atravesaba la puerta abierta. Podía escuchar las risitas que dejó salir mientras cerraba la puerta.
—Escuché eso —susurró en su oreja y ella saltó lejos de él.
—¿Qué te he dicho de estar llegándole así a las personas?
—No hacerlo —le contestó con petulancia.
—Malhumorado —murmuró ella bromista mientras entraban al elevador.
—No lo soy.
—Claro, claro, Edward.
Tres horas y media después Edward se sintió ser sacudido para despertarse por Bella. Le tomó un momento darse cuenta de su alrededor y se dio cuenta de que Bella había estacionado el auto enfrente del supermercado de Forks.
—¿Qué estamos haciendo aquí? —preguntó en medio de un bostezo.
—Ya verás, dormilón —fue todo lo que dijo mientras salía del auto y se dirigía al lado del auto de Edward. Se sacó de su estupor y salió del auto. Siguió a Bella al supermercado y escuchó la alarma del auto mientras lo cerraba con la llave desde lejos.
—¿Qué planeas comprar? —preguntó Edward mientras observaba a Bella dirigirse hacia el pasillo de galletas. Tuvo que detener sus pasos cuando ella se detuvo abruptamente y se giró para mirarlo.
—Bella… —llamó su nombre suavemente, la preocupación comenzando a llegar cuando vio lágrimas formarse en los ojos de Bella.
—Hace casi veintidós años, mi despistada madre decidió no poner atención hacia dónde estaba empujando su carro de compras, sino poner atención a mi lloriqueo y terminó chocando contra otro carro —comenzó mientras Edward miraba como lágrimas caían por su rostro.
—Agradece eso, porque eso me trajo hasta ti. Teníamos cuatro y hasta en esa entonces sabías cómo hacerme sonreír —continuó entre sus lágrimas, deteniéndose para respirar profundamente. Edward sólo se quedó silencioso mientras miraba cómo sacaba algo de su bolsillo.
—Estaba llorando y te giraste hacia mí —dijo y estiró su mano. En su palma estaba una envoltura de caramelo de fresa. —Te giraste hacia mí y me diste un caramelo de fresa y dijiste…
—Las niñas bonitas no deberían de llorar —intervino Edward mientras acercaba a Bella hacia él y la abrazaba con fuerza, sin importar que sus lágrimas estaban mojando su camisa. Momentos después, Bella se alejó y Edward limpió algunas lágrimas de su rostro.
—Cada momento que hemos compartido está fuertemente guardado en mi memoria. El sólo pensar en ti me hace cosas, Edward. Nunca olvidaré el momento de aquí, el momento en el que te conocí. Edward Cullen, eres inolvidable para mí. Nunca nadie antes ha significado tanto o me ha hecho sentir de esta manera. Sólo eres tú Edward, sólo tú me has hecho sentir así —declaró, las lágrimas bajando por su rostro de nuevo. Edward no dejó de limpiarlas.
—Bella, es lo mismo para mí. Me siento exactamente de la misma manera; siempre has sido tú.
Bella se abalanzó hacia él y la sostuvo con fuerza mientras ella pasaba sus manos alrededor de su cuello. Cada parte de su cuerpo se sintió viva. Su corazón lleno. Sin siquiera decir 'Te amo', Bella le había hecho el hombre vivo más feliz.
—¿Ahora qué, Bella?
—Ahora —sorbió ella mientras se alejaba. —Ahora estoy de humor para algunas tortitas de banana.
—Forks Diner —gritó Edward alegremente e incluso entre lágrimas y sollozos Bella pudo sonreír. Edward le sonrió de vuelta y tomó su mano mientras salían del supermercado e iban al auto. Esta vez Edward condujo.
Estuvieron en el restaurante en cinco minutos.
—¿Por qué siempre conduces como maniaco? —regañó Bella, no del todo en serio. Edward se encogió de hombros.
—Ya sabes cómo me gusta conducir.
Caminar hacia el restaurante fue como un déjà vu. Era casi como ser golpeado en la cara por incontables recuerdos.
—¡Edward! ¡Bella! —un hombre mayor les dio la bienvenida mientras entraban al lugar.
—Hey, señor Jones. ¿Cómo está? —saludó Edward al dueño del restaurante mientras se sentaban en los taburetes de la barra.
—Muy bien, muchacho. ¿Cómo han estado ustedes dos? No los he visto en años. ¿Siguen siendo mejores amigos? —preguntó, sonriéndoles.
—Estamos muy bien, señor Jones —respondió Bella, tomando la mano de Edward y mostrándosela. El señor Jones sonrió mientras veía sus manos unidas.
—Siempre supe que ustedes tenían algo especial —sonrió y les guiñó un ojo.
—¿En serio? —preguntó Edward y vio al señor Jones asentir.
—Oh, muchacho, era tan claro como el día lo mucho que se importaban uno al otro. Aunque no creía que supieran lo mucho que se importaban realmente. Lo supe por la forma en que le mirabas. —El señor Jones señaló a Edward.
—¿Yo?
—Sí, tú —replicó. —Mirabas a Bella como si fuera la única chica en la habitación, sin importar que tuvieras en el brazo a una linda chica, nunca la mirabas como mirabas a Bella. O, debería decir, como la miras.
Edward le sonrió al señor Jones mientras veía a Bella mirar al señor Jones.
—¿Qué hay de mí? —preguntó Bella.
—También tú, Bella. Era la forma en que te aferrabas a cada palabra que Edward decía. No importaba si hablaba de unas papas fritas con queso para comer; escuchabas como si escucharas tus alabanzas.
Edward se rió y miró alrededor del nada cambiado y acogedor restaurante. Todavía se sentía como en casa en el restaurante como pasó muchos años atrás. El señor Jones todavía tenía su tablero en la esquina y Edward se levantó para verlo, ubicando un papel con un nombre y fecha familiar.
—Oh, Dios mío. Todavía te debo cinco dólares por dos sodas y una canasta de papas fritas —anunció Edward, mientras quitaba el papel de la pared.
—No te preocupes por eso, Edward. ¿Por qué no tú y Bella se sientan y mando a Julie para que tome sus órdenes?
—Claro, señor Jones, pero sólo tráiganos dos jugos de naranja y una gran orden doble de tortitas de banana —respondió Bella y se dirigió a un gabinete enfrente de la ventana y Edward hizo lo mismo con el recibo en la mano.
—Mira esto —dijo, pasándoselo a Bella, quien tomo el viejo y amarillento papel y lo leyó rápidamente.
—Oh, Dios mío —murmuró mientras miraba a Edward y él asintió.
—Este fue el día en que me pediste que perdiéramos la virginidad —Bella dijo y asintió de nuevo.
—Lo sé. No puedo creer que haya estado aquí todo este tiempo.
—No puedo creer que no le hayas pagado al hombre —bromeó Bella y Edward gruñó.
—Si la memoria sirve, tú te comiste la última papa frita.
—¡Semántica! —argumentó Bella mientras Edward miraba su mano mientras pasaba una y otra vez los dedos por la fecha del recibo.
—¿Recuerdas ese día? —le preguntó a ella.
—¿Cómo podría olvidarlo? Pensé que habías enloquecido —se rió Bella y Edward se unió a su alegría.
—Sí, éramos tan tontos. Me refiero a que, ¿quién se para allí y pide que te quites la ropa? —detalló Edward y Bella se rió de nuevo.
—Pienso sobre ese día mucho —admitió Bella quedamente.
—¿En serio?
—Sí. He escuchado muchas historias horrorosas sobre las primeras veces de algunas chicas, pero la mía fue bonita. Por más torpe que fue, fue bonita. Me hiciste sentir cómoda, segura, y aunque dolió, me hiciste sentir increíble. Valoro mucho el recuerdo de ese día —murmuró mientras nuevas lágrimas surgían de sus ojos.
—¿Alguna vez piensas todo el tiempo que fue perdido por ese día? —preguntó Edward y Bella musitó un 'Sí'.
—Estúpido Emmett y su estúpida regla de no besarse —Bella protestó y Edward se rió en afirmación. —Me encanta besarte.
—Me encanta besarte.
—Me encanta ser besada por ti. Me siento muy hermosa y muy amada cuando me besas —dijo y comenzó a llorar de nuevo. —Incluso mi primer beso fue mejor. Aunque la clase entera lo vio, sentí que sólo estábamos tú y yo en la habitación.
Edward alcanzó a Bella a través de la mesa y limpió sus lágrimas con una servilleta y luego se inclinó y le dio un dulce beso.
—Te amo —murmuró y otra lágrima resbaló mientras Bella hacía una mueca.
—El tiempo que tome —la reconfortó. —El tiempo que tome…
Dejaron el restaurante, llenos hasta el borde y felices. Edward pagó por el desayuno y su deuda y los dos le desearon al señor Jones un buen día.
—¿Ahora a dónde? —preguntó Edward mientras se metían al auto, Bella tomando el volante.
—A los acantilados de la Reservación Quileute..
El cuerpo entero de Edward se congeló mientras ella giraba en la familiar carretera.
—¿Por qué? —preguntó. Sus manos estaban crispadas en puños en sus muslos. Estaba enterrando sus uñas en sus palmas y sus nudillos estaban más blancos de lo normal.
—Confía en mí, Edward —Bella se giró hacia Edward, pero él no la miró.
—No puedo regresar allí, Bella —murmuró. —Cada vez que pienso en ese día, pienso en perderte. Fui tan idiota.
—Hey —dijo Bella, relajando el puño de Edward y metiendo su mano entre la suya. —Aún estoy aquí y aunque el día terminó con amargura, todavía recuerdo la emoción de irnos de pinta y escapando en tu auto como un par de idiotas. Puedo recordar manejando hacia el acantilado, con Nirvana resonando en el radio. Puedo recordar lo feliz que parecías y la sonrisa que no podías quitar de tu cara a pesar de lo nerviosa que estaba pensando que seríamos atrapados. Esas son las cosas que recuerdo de ese día.
Edward permaneció en silencio mientras Bella sostenía su mano y conducía. El camino hacia el acantilado fue el camino más largo de la vida de Edward. Sólo fue una manejada de veinticinco minutos, pero en ese momento y ahí se sintió mucho más larga. En el momento en el que el acantilado vino a la vista, la imagen de Bella cayendo como un montón de ladrillos vino a su mente y apretó su agarre en Bella.
—Bella, ¿podemos irnos por favor? —suplicó y Bella replicó que no lo harían.
—¿Por favor, Bella?
—No —repitió. —Necesitamos estar aquí —dijo mientras aparcaba el auto a unos pies de la colina que iba hacia los acantilados. Edward miró con asombro mientras ella salía del auto y caminaba a su lado para sacarlo también. Era como si estuviera hipnotizado cuando salió y tomó su mano. Dejó que lo guiara en todo el camino hacia el acantilado en donde habían saltado ocho años atrás.
—Edward, ese día nunca podrá ser borrado de nuestras memorias —comenzó Bella mientras Edward tomaba su mano. El besó la cicatriz en su muñeca con amor.
—Lo siento, Bella —murmuró Edward y Bella lo desechó. —Siempre y por siempre perdón.
—Te he perdonado por ese día incontables veces. No fue tu culpa así que, por favor, deja de disculparte —habló. —El momento es inolvidable, desafortunadamente y, aunque no podemos borrarlo, quiero hacer un nuevo recuerdo del acantilado.
—¿Qué estás diciendo?
—Salta conmigo —dijo Bella y Edward dio un paso hacia atrás.
—¿Qué? —preguntó Edward y Bella tomó su mano.
—Salta conmigo —repitió. —No podemos borrar ese día, pero podemos crear un nuevo recuerdo inolvidable. Salta conmigo.
Edward miró a Bella a los ojos y vio el anhelo en ellos y accedió. Bella le sonrió y dio un paso hacia el borde, agarrando la mano de Edward fuertemente.
—A la cuenta de tres. Uno —comenzó Bella.
—Dos —continuó Edward.
—Tres —los dos gritaron y saltaron del borde.
Mientras caían, Edward escuchó a Bella gritar algo, el viento llevándolo a su alrededor.
—Te amo, Edward Cullen.
.
|Nota de Traductor:
.
+Hey!
De nuevo agradezco todo. Y vuelvo a mencionar para despistads (ya que aquí Edward y Bella hablan mucho de la regla de no besarse, su primera vez y su primer beso) Hay dos Outtakes publicados por la autora en donde se relatan esas cosas. Cuando finalice la traducción (solo tres caps más y un epílogo) voy a volver a hacer la encuesta para ver cuál quieren leer primero y le voy a pedir permiso a la autora (Intentaré pedirle permiso para los dos) Estoy dispuesta a traducirlos ambos, pero el que puedan leerlos o no depende por completo de la autora =/
Me despido y le suplico que por favor dejen revs =) Cuando son mis fics no importa mucho eso, pero esta es una traducción de una historia que me parece muy valiosa =) Sería genialoso poder llegar por lo menos a los 2,000.
Gracias por todo,
Leon.
Miércoles 22 de junio de 2011.
