Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, cuya historia y personajes han inspirado este fanfic.


No sabes lo que tienes… hasta que lo pierdes.

XXIX

¿Qué haces?

—Nada.

Edward contuvo la risa.

—¿Qué...?

—Espera...

Noté unas ligeras cosquillas en el cuello me moví evitándolas pero eran persistentes.

—¿Qué hora es?—dije sin abrir los ojos, estaba tan a gusto, quería dormir un poco más.

La sábana se deslizó lentamente hasta mi cintura antes de sentir sus manos en mi cintura y después deslizándose por mis costados hasta mis muslos. La sábana desaparecía sustituida por sus dedos, hasta que ya no la noté sobre mi cuerpo y sus manos volvían a subir por mis piernas lentamente hasta llegar al borde de la camiseta que usaba para dormir.

—Son casi las cinco.

—Mmmmm... ¿Y no estás cansado? ¿Acabas de llegar?

Noté como subía la camiseta hasta la mitad de mis muslos.

—¿Estas despierta?

—No...—intenté darme la vuelta para seguir durmiendo pero no pude.

Edward seguía dejando delicados besos por mis piernas hasta los pies y volviendo a subir hacia arriba.

Me acomodé en las almohadas y le observé mientras lentamente deslizaba la camiseta hasta mi cintura.

Cuando terminó me miró.

—Oh, ¿Ya te has despertado?.

—Si—contesté intentando parecer enfadada, pero no pude evitar sonreírle mientras se acercaba a mí, besándome apasionadamente, mientras descansaba el peso justo de su cuerpo sobre el mío.

—Llevó todo el día pensando en lo que me iba a encontrar debajo de está camiseta, ¿sabes?—dijo mientras tiraba de ella mientras miraba entre nuestros cuerpos. Vi en su expresión el momento justo en el que la camiseta descubrió que no había nada debajo de ella—. Wow,¿y eso?—dijo arqueando una ceja mientras me miraba sorprendido.

Me encogí de hombros inocentemente.

Volvió a besarme hasta que tuvo que dejar de hacerlo para quitar la camiseta que había ido subiendo por mi cuerpo poco a poco. Él estaba ya desnudo a falta de su ropa interior.

Me beso los labios y después fue descendido por el cuello hasta mis pechos, que empezó a besar y masajear con insistente delicadeza, consiguiendo que yo gimiera extasiada.

—¿Sabes que días es hoy?

—No.

Me miró apoyando la barbilla en el valle que quedaba entre mis pechos.

—Hoy es el día en que oficialmente he dejado de ser estudiante.

—Pero... ¿no queda un mes para tu graduación?

—Si, pero... en realidad es una formalidad—me guiñó un ojo—. Así que a partir de mañana todo el mundo me llamará Doctor Cullen.

Que es realmente lo importante, ¿no?

—Claro—dijo guiñándome un ojo antes de seguir con sus atenciones.

—Edward... me haces cosquillas

—Dame mi almohada—Agarré la almohada sin mirarla y le dí con ella en la cabeza—. ¡Hey! No te pases—Le sonreí pícaramente mientras él se ponía de rodillas entre mis piernas—. Levanta las caderas.

Hice lo que me decía y coloco la almohada debajo de mi cuerpo y después con la mano en mi vientre me indicó que me tumbara de nuevo.

—¿Un nuevo remedio de la abuela?

Sonrió.

Doctor Cullen, resulta realmente cómico que te dediques a investigar en el saber popular en lo que a asuntos de salud se refiere.

—Ya... bueno, pero en realidad no lo investigo, las enfermeras me han preguntado varias veces hoy si ya te habías quedado embarazada, y tres de ellas me confirmaron que esto al parecer les funcionó a ellas, y aunque no me lo creo... del todo, estoy seguro de que al menos ayudará a que tu lo disfrutes mucho más... esta inclinación es... perfecta— las últimas palabras las dijo acariciando mi vientre y deslizando sus dedos entre mis piernas, que cerré instintivamente atrapando su mano entre ellas.

—¿Has mirado el calendario?—Yo ni siquiera lo había hecho...

—Si—me sonrió.

—¿Hoy?

—Desde ayer.

—¿En serio? ¿Y que pasó ayer?

—Ayer nos quedamos dormidos al parecer.

—Ya... eso parece.

—Por eso, hoy—separó mis piernas—no vamos a dormir—dijo antes de besar mi ombligo y descender con besos hasta el lugar exacto donde le quería. Y le dejé hacer lo que él quería, y hasta que no consiguió que un segundo clímax por mi parte no se dispuso a buscar él suyo.

—Eso ha sido increíble—le susurré mientras me besaba logrando excitarme aún más al pensar donde habían estado sus labios.

Impacientemente y con fluidez me penetró consiguiendo rozar parte de mi interior que aún estaban dormidas y gemí sorprendida.

—¿Qué?—dijo buscando en mi cara preocupado.

—Tenías razón... la inclinación...

—¿Sí?

—Mmmhmmmm—dije cerrando los ojos, hundiendo mi cabeza en mi almohada disfrutando centímetro a centímetro el vaivén de sus caderas.

La dichosa inclinación hacía que el pudiera hundirse en mi por completo y no tardó en alcanzar el orgasmo provocando el mío con ayuda de los dedos.

Se desplomó sobre mí y los dos respiramos sofocados entre besos y más caricias mientras él se tumbaba en la cama a mi lado.

—Quédate así... mientras me recupero ¿vale?

—¿Lo de no dormir iba en serio?—le miré el giró la cabeza y entre el pelo alborotado por la cara me sonrió lascivamente.

—Claro que iba en serio, Bella.


Esos remedios de la abuela son los que no quieres oírle decir a la tuya... y a veces ocurren... esos momentos en los que no sabes si reír, llorar o esconderte debajo de la mesa. Jejejejeje

Regalito, que hacía mucho que estos dos no mojaban en vuestra presencia ;P